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Sanidad de 2025 · Pruebas selectivas de especialistas
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Enunciado
Un varón de 52 años, con antecedentes de hipertensión arterial bien controlada y sobrepeso (IMC 32 kg/m²), fue valorado recientemente en consulta de neumología por somnolencia diurna excesiva, dificultad para mantener la atención, fatiga persistente y bajo rendimiento laboral. Desde hacía varios años, su pareja había notado ronquidos intensos, pausas respiratorias nocturnas y movimientos inquietos durante el sueño. En la entrevista clínica se recogió una puntuación en la escala de Epworth de 18, y los cuestionarios SAQLI y FOSQ reflejaban un impacto grave en la calidad de vida relacionada con el sueño.
Se realizó una poligrafía respiratoria domiciliaria, que reveló un índice de apneas‑hipopneas (IAH) de 35 eventos/hora, con desaturaciones intermitentes hasta un nadir del 82 % (índice de desaturaciones 42 eventos/hora), sin un predominio postural claro. Con el diagnóstico de apnea obstructiva del sueño grave, se realizó titulación de presión con autoCPAP, lo que permitió estimar una presión terapéutica óptima de 9 cmH₂O, correspondiente al percentil 95, con un control adecuado de eventos respiratorios y sin evidencia de apneas centrales emergentes. Las fugas se mantuvieron por debajo del umbral clínicamente relevante, con una media de 6 L/min. Tras confirmar la eficacia del dispositivo en modo automático, se estableció tratamiento con CPAP convencional a 9 cmH₂O y se añadió humidificador térmico. El seguimiento se realizó mediante telemonitorización. Al mes de iniciada la terapia, el paciente presentaba una media de uso de 6,2 horas por noche, con cumplimiento terapéutico (>4 h/noche) en el 92 % de los días. Las fugas continuaban siendo bajas (media 6 L/min), y el IAH residual registrado fue de 2,3 eventos/hora.
A los tres meses, en una nueva evaluación presencial, el paciente refirió una mejoría leve en la fragmentación del sueño y en el ronquido nocturno, pero persistía con somnolencia diurna significativa (Epworth 15), sin cambios relevantes en los parámetros de calidad de vida. No había experimentado modificaciones sustanciales en su peso, tratamiento antihipertensivo ni en su estado de ánimo. Se realizó una evaluación clínica orientada para descartar causas secundarias de somnolencia, incluyendo alteraciones tiroideas, anemia, déficit vitamínico o síntomas depresivos, sin hallazgos patológicos. Ante la persistencia del cuadro clínico, a pesar de una adherencia adecuada, una presión óptima y ausencia de fugas o eventos residuales relevantes, se consideró necesario ampliar el estudio diagnóstico y valorar opciones terapéuticas adyuvantes.
1.¿Qué prueba diagnóstica sería más adecuada en este momento para evaluar la persistencia de la somnolencia diurna?
2.¿Qué hallazgos justificarían una nueva titulación del CPAP en laboratorio, pese a los datos óptimos obtenidos mediante autoCPAP y telemonitorización?
3.¿Qué criterios clínicos permiten iniciar tratamiento farmacológico con estimulantes del sistema nervioso central en pacientes con AOS bajo tratamiento con CPAP?
4.¿Qué situaciones clínicas justificarían el cambio de CPAP a modos ventilatorios como BiPAP o servoventilación adaptativa (ASV)?