Tema 27. Gestión de casos. Modelo Andaluz de Gestión de Casos. Enfermera gestora de casos hospitalaria y comunitaria. Desarrollo competencial en el SSPA. La gestión de casos como intervención para la atención a personas con alta complejidad clínica y dependencia. Criterios, estratificación y herramientas de cribaje de la complejidad. BRASS. INTERMED.
1. INTRODUCCIÓN: GESTIÓN DE CASOS Y COMPLEJIDAD ASISTENCIAL
La gestión de casos es una modalidad de atención destinada a personas cuya situación de salud no puede resolverse adecuadamente mediante una suma de intervenciones aisladas. Su necesidad aparece cuando coinciden enfermedades crónicas, deterioro funcional, dependencia, problemas cognitivos o emocionales, tratamientos complejos, necesidad de múltiples profesionales, utilización frecuente de servicios, dificultades sociales o una red de apoyo insuficiente. La característica decisiva no es, por tanto, tener muchas enfermedades, sino la existencia de una complejidad que exige coordinación y cuidados de elevada intensidad.
Una persona puede tener varias patologías crónicas estables, conservar autonomía, disponer de una familia capaz de apoyar sus cuidados y manejar correctamente su tratamiento. Tendrá multimorbilidad, pero quizá no precise gestión de casos. En cambio, otra persona con menos diagnósticos puede presentar deterioro cognitivo, dependencia para actividades básicas, polifarmacia, dificultades económicas, soledad, problemas para acudir a consultas y varias transiciones entre hospital y domicilio. En ella, la dificultad principal no es una enfermedad concreta: es la interacción de problemas clínicos, funcionales, psicosociales y organizativos. Esa es la lógica que justifica la gestión de casos.
El Modelo de Gestión de Casos del Servicio Andaluz de Salud define esta modalidad para personas con elevada complejidad clínica y necesidades de cuidados de alta intensidad. Su propósito es conseguir que reciban los servicios adecuados de forma integrada mediante un Plan de Gestión del Caso personalizado, acordado con la propia persona y su red de apoyo y ejecutado con la colaboración del conjunto de profesionales implicados. La Enfermera Gestora de Casos, en adelante EGC, no sustituye a esos profesionales: actúa como elemento integrador del proceso.
Este enfoque modifica la pregunta tradicional de «¿qué enfermedad tiene?» por otra más amplia: «¿qué hace difícil atender adecuadamente a esta persona y qué combinación de servicios necesita para alcanzar sus objetivos?». Ello conduce a una valoración centrada en la persona que contempla el estado clínico, la capacidad funcional, la cognición, la situación emocional, el entorno familiar y social, la capacidad de autocuidado, las características de la persona cuidadora y las barreras generadas por el propio sistema sanitario.
La gestión de casos tiene especial relevancia en los sistemas sanitarios que atienden una población envejecida, con elevada prevalencia de enfermedades crónicas y multimorbilidad. Los modelos asistenciales diseñados para episodios agudos funcionan mal cuando una persona necesita simultáneamente seguimiento longitudinal, conciliación terapéutica, rehabilitación, apoyo domiciliario, recursos sociales, atención especializada y capacidad para responder rápidamente a una descompensación. Si cada profesional actúa de forma independiente, aparecen duplicidades, omisiones, mensajes contradictorios y transiciones inseguras.
Por ello, el concepto de continuidad está inseparablemente unido a la gestión de casos. La continuidad no consiste solamente en transmitir un informe. Exige que exista coherencia entre las decisiones adoptadas, que los profesionales conozcan los objetivos acordados, que se identifique quién asumirá cada intervención, que los cambios terapéuticos lleguen al siguiente nivel asistencial y que la persona y quienes la cuidan sepan qué hacer ante problemas previsibles.
El modelo andaluz nació además con una característica especialmente importante: reconocer que la complejidad se manifiesta tanto en el hospital como en la comunidad. De ahí el desarrollo de EGC vinculadas a Atención Primaria y a Atención Hospitalaria. Sus escenarios inmediatos son diferentes, pero no forman dos sistemas independientes. Su efectividad depende precisamente de que puedan cooperar y atravesar las fronteras organizativas cuando la trayectoria del paciente lo requiera.
El temario oficial concede además importancia expresa a BRASS e INTERMED. No deben estudiarse como dos escalas intercambiables. BRASS se vincula fundamentalmente al cribado precoz, durante un ingreso, de pacientes con riesgo de necesitar una planificación compleja del alta. INTERMED, por el contrario, ofrece una valoración estructurada de la complejidad biopsicosocial y de los problemas relacionados con la atención sanitaria. Conocer qué mide cada instrumento, su rango y su finalidad evita numerosos distractores.
Finalmente, debe entenderse que la gestión de casos es una intervención de intensidad variable y generalmente limitada en el tiempo. Cuando la persona alcanza una situación estable y ya no precisa coordinación intensiva, la EGC puede devolver el seguimiento ordinario al equipo de referencia. Mantener indefinidamente en una cartera de alta intensidad a personas que ya no reúnen los criterios impediría dedicar los recursos especializados a quienes realmente los necesitan.
2. FUNDAMENTOS Y PRINCIPIOS DE LA GESTIÓN DE CASOS
La gestión de casos parte de un principio organizativo sencillo: a mayor complejidad, mayor necesidad de integración. En situaciones simples puede bastar con que cada profesional ejerza adecuadamente sus competencias. Cuando aumentan el número de necesidades, los profesionales implicados, los cambios de nivel asistencial y la vulnerabilidad de la persona, aparece un riesgo creciente de fragmentación. La función de la gestión de casos es reducir esa fragmentación.
2.1. Atención centrada en la persona
La persona no es un conjunto de enfermedades ni un receptor pasivo de prestaciones. El plan debe incorporar sus objetivos, preferencias, valores y capacidad real para llevar a cabo las intervenciones propuestas. Una estrategia clínicamente impecable puede fracasar si exige un régimen terapéutico imposible de asumir, si ignora las capacidades cognitivas de la persona o si depende de una cuidadora sobrecargada. Por ello, la toma de decisiones compartida constituye un componente esencial.
La personalización obliga también a diferenciar entre necesidades detectadas por los profesionales y prioridades expresadas por la persona. El trabajo de la EGC consiste en hacer compatibles, siempre que sea posible, seguridad clínica, evidencia disponible, preferencias, autonomía y recursos existentes. Esto requiere habilidades de comunicación, negociación y razonamiento clínico que exceden una mera función administrativa.
2.2. Perspectiva biopsicosocial
El estado biológico explica solo una parte de la complejidad. El mismo grado de insuficiencia cardiaca puede generar necesidades completamente distintas en dos personas según su autonomía, cognición, alfabetización en salud, situación económica, aislamiento, barreras arquitectónicas, disponibilidad de apoyo o facilidad para acceder a los servicios. Por ello, el modelo incorpora sistemáticamente las dimensiones biológica, psicológica, social y asistencial.
Esta perspectiva evita un error frecuente: equiparar complejidad con gravedad. Una enfermedad puede ser grave y, sin embargo, disponer de una trayectoria asistencial bien definida y una red de apoyo suficiente. A la inversa, una enfermedad de menor gravedad puede originar una gran complejidad si concurren vulnerabilidad social, falta de adherencia, deterioro funcional, dificultades de comunicación y descoordinación entre servicios.
2.3. Proactividad y anticipación
La gestión de casos pretende pasar de una organización reactiva, que responde cuando aparece una crisis, a una actuación proactiva. La EGC identifica riesgos, prevé transiciones, facilita recursos antes de que sean imprescindibles y establece mecanismos de seguimiento proporcionales a la situación. En el hospital, esta lógica explica por qué la planificación del alta debe comenzar precozmente y no el día en que se decide que el paciente puede marcharse.
En la comunidad, la anticipación supone identificar signos de descompensación, revisar la capacidad de autocuidado, garantizar que la persona conoce el circuito de atención, detectar sobrecarga de quien cuida y adaptar el plan cuando la situación cambia. La prevención de una crisis no depende exclusivamente de parámetros clínicos; muchas hospitalizaciones potencialmente evitables se relacionan con problemas funcionales, terapéuticos o sociales detectables previamente.
2.4. Coordinación e interdisciplinariedad
La gestión de casos es necesariamente interdisciplinar. Medicina, enfermería, trabajo social, farmacia, fisioterapia, rehabilitación, salud mental, cuidados paliativos y otros recursos pueden ser necesarios según el problema. Coordinar no significa asumir las competencias de los demás, sino conseguir que las actuaciones formen parte de un plan coherente.
Una coordinación útil define objetivos, responsables, plazos, mecanismos de intercambio de información y criterios de reevaluación. Una simple derivación no garantiza coordinación: enviar una solicitud a otro profesional sin compartir el contexto, sin determinar qué se espera de la intervención y sin integrar después sus conclusiones puede aumentar la fragmentación en lugar de reducirla.
2.5. Continuidad y transversalidad
La persona compleja atraviesa fronteras que son administrativas para la organización pero irrelevantes para su experiencia: domicilio, centro de salud, urgencias, hospitalización, consultas externas, rehabilitación o residencia. El modelo pretende que la atención sea transversal, de forma que esas fronteras no provoquen interrupciones. La continuidad se construye mediante información clínica disponible, comunicación entre profesionales, planificación anticipada y responsabilidades explícitas.
2.6. Corresponsabilidad, autocuidado y apoyo a quien cuida
La gestión de casos no pretende generar dependencia del sistema. Cuando las condiciones lo permiten, promueve la capacidad de la persona para comprender su enfermedad, participar en decisiones, manejar tratamientos, reconocer signos de alarma y utilizar apropiadamente los servicios. El grado de autonomía perseguido debe ser realista y adaptado al deterioro funcional o cognitivo existente.
La persona cuidadora también es sujeto de atención. En el modelo andaluz se reconoce que el cuidado informal sostiene una parte importante de la atención domiciliaria y puede producir sobrecarga física, emocional y social. La valoración del caso debe, por ello, incluir la capacidad de la red de cuidados, sus necesidades y los riesgos para su propia salud.
3. MARCO PROFESIONAL, ORGANIZATIVO Y ESTRATÉGICO EN ANDALUCÍA
La gestión de casos se integra en el marco general de competencias de la profesión enfermera y en las estrategias del Sistema Sanitario Público de Andalucía orientadas a la cronicidad, la continuidad, la personalización y el desarrollo de nuevos perfiles profesionales. No existe una única ley que cree aisladamente la figura de la EGC; su configuración procede de la combinación del marco profesional sanitario con el desarrollo organizativo realizado por el SSPA.
3.1. Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias
La Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias, establece el marco de ejercicio profesional de enfermería. La gestión de casos debe entenderse dentro de ese campo profesional y no como una profesión independiente.
Ley 44/2003, de ordenación de las profesiones sanitarias, artículo 7.2.a
La existencia de perfiles avanzados no elimina las competencias generales de la profesión. Lo que cambia es la profundidad con la que se ejercen determinadas capacidades en un ámbito definido de complejidad: valoración avanzada, liderazgo clínico, coordinación de la atención, utilización de evidencia, autonomía profesional, gestión de cuidados y trabajo interprofesional.
3.2. Implantación en el SSPA
El servicio de gestión de casos se introdujo en Andalucía en 2002, inicialmente vinculado a las estrategias de mejora de la atención domiciliaria y posteriormente extendido al ámbito hospitalario. Esa evolución explica los dos perfiles organizativos clásicos: EGC de Atención Primaria y EGC de Atención Hospitalaria.
La experiencia acumulada llevó al SAS a publicar el Modelo de Gestión de Casos del Servicio Andaluz de Salud. Guía de reorientación de las prácticas profesionales, que sistematiza población diana, cartera de servicios, valoración, intensidad de intervención, planificación y evaluación. Este documento constituye una referencia esencial para preparar el tema porque describe específicamente cómo entiende el SAS la gestión de casos.
3.3. Estrategia de Cuidados de Andalucía
La Estrategia de Cuidados de Andalucía sitúa la personalización, la continuidad, la atención a la cronicidad y el desarrollo de nuevas competencias profesionales entre los ejes de avance de los cuidados. En este contexto se consolidan distintos perfiles de Enfermería de Práctica Avanzada, entre ellos la gestión de casos.
Debe distinguirse una especialidad enfermera de un perfil de práctica avanzada. La EGC se desarrolla organizativamente como perfil avanzado para responder a necesidades complejas. No constituye por sí misma una nueva especialidad oficial de Enfermería regulada mediante el sistema estatal de formación sanitaria especializada.
3.4. Plan Andaluz de Atención a la Cronicidad 2025-2028
El marco autonómico vigente para la cronicidad es el Plan Andaluz de Atención a la Cronicidad 2025-2028, PAdAC, aprobado por Orden de 3 de marzo de 2025. Su orientación refuerza la personalización, la atención integrada, la anticipación y la adecuación de los recursos a las necesidades de las personas con enfermedades crónicas.
Este dato requiere actualizar materiales anteriores que todavía presentan como marco vigente el antiguo Plan Andaluz de Atención Integrada a Pacientes con Enfermedades Crónicas. Ese plan forma parte de la evolución histórica de la estrategia andaluza, pero para un examen actual debe reconocerse el PAdAC 2025-2028 como referencia vigente.
3.5. Relación con dependencia y atención sociosanitaria
La elevada dependencia puede incrementar la complejidad, pero dependencia y complejidad no son sinónimos. La dependencia describe la necesidad de apoyo para determinadas actividades y tiene, además, una vertiente jurídica y social regulada por la Ley 39/2006. La complejidad asistencial incorpora otros factores: morbilidad, carga terapéutica, cognición, situación emocional, entorno social, capacidad cuidadora, utilización de recursos y dificultades del propio sistema.
La EGC puede detectar necesidades sociales, colaborar con trabajo social y favorecer la coordinación con recursos de dependencia, pero no sustituye los procedimientos administrativos de reconocimiento de grado ni las competencias de los servicios sociales. La lógica es de coordinación sociosanitaria, no de absorción de funciones.
4. MODELO ANDALUZ DE GESTIÓN DE CASOS
El Modelo Andaluz de Gestión de Casos configura una intervención orientada a proporcionar una respuesta integrada a personas con necesidades complejas. Su diseño evita reducir la EGC a una figura de enlace encargada únicamente de tramitar derivaciones. El modelo atribuye a la gestión de casos funciones de identificación, valoración, planificación, coordinación, intervención, seguimiento, defensa de derechos y evaluación de resultados.
4.1. Cinco componentes del proceso
El proceso de gestión del caso se organiza en cinco componentes clave:
- Identificación del caso: detectar a las personas que pueden beneficiarse de la intervención.
- Valoración personalizada: determinar el nivel de complejidad y realizar una evaluación integral de necesidades actuales y previsibles.
- Diseño del Plan de Gestión del Caso: acordar objetivos e intervenciones con la persona, su red de cuidados y el equipo.
- Coordinación de las intervenciones: integrar profesionales y recursos y monitorizar el desarrollo del plan.
- Cierre del caso: finalizar la intervención intensiva cuando deja de ser necesaria, garantizando la continuidad posterior.
Estos componentes no forman una secuencia rígida que solo pueda recorrerse una vez. La situación de una persona compleja es dinámica. Una descompensación, un nuevo diagnóstico, un cambio de domicilio, el fallecimiento de quien cuidaba o una pérdida funcional pueden obligar a repetir la valoración y rediseñar el plan. La reevaluación es, por tanto, consustancial al modelo.
4.2. Identificación y captación
La identificación puede producirse desde distintos escenarios: Atención Primaria, domicilio, urgencias, hospitalización, consultas, centros sociosanitarios o mediante otro profesional que detecta una situación difícil de manejar con el circuito ordinario. Esto impide considerar la gestión de casos como un programa al que solo se accede por una vía determinada.
Entre los grupos en los que es razonable buscar activamente complejidad se encuentran personas con pluripatología, insuficiencia cardiaca, EPOC, enfermedad renal avanzada, enfermedades neurodegenerativas, cáncer, enfermedades raras, necesidades paliativas, fragilidad, dependencia, síndromes geriátricos o secuelas de procesos agudos con gran repercusión funcional. La pertenencia a uno de estos grupos no implica automáticamente gestión de casos: debe demostrarse la existencia de necesidades que justifiquen esa intensidad asistencial.
4.3. Cartera funcional de la EGC
El modelo agrupa las actuaciones en grandes áreas. En primer lugar aparecen los servicios destinados a facilitar el acceso: captación, valoración y estratificación, revisión periódica de la complejidad, anticipación de necesidades y evaluación de la red de apoyo.
En segundo lugar están los servicios dirigidos a asegurar una respuesta multidisciplinar adecuada: diseño del plan, supervisión, seguimiento proporcional al riesgo, intervenciones preventivas, educación terapéutica y movilización de recursos. La intensidad del seguimiento puede combinar contactos presenciales, domicilio, hospitalización, consulta y medios telemáticos según las necesidades.
Un tercer grupo se orienta a la continuidad y eficiencia: crear circuitos de comunicación, coordinar relaciones y derivaciones, planificar transiciones y anticipar el alta. Aquí se encuentra una de las aportaciones más visibles de la EGC hospitalaria.
El cuarto grupo incluye atención directa a la persona y a su entorno: educación sobre medicación y dispositivos, reconocimiento de síntomas, prevención, rehabilitación, afrontamiento, apoyo a quien cuida, toma de decisiones y, cuando procede, colaboración en la atención al final de la vida.
Finalmente, el modelo incluye servicios orientados a la protección de derechos. La EGC puede ejercer una función de abogacía, facilitar que la persona exprese sus preferencias, detectar dilemas éticos y favorecer que las decisiones respeten autonomía y consentimiento.
4.4. Intensidad proporcional a la complejidad
No todas las personas identificadas requieren el mismo grado de intervención. El modelo utiliza la complejidad para ajustar tiempo profesional, frecuencia de contactos, profundidad de la valoración y número de recursos coordinados. Los casos de complejidad elevada precisan una intervención intensiva; los de complejidad intermedia pueden mantenerse con menor frecuencia; y los de baja complejidad pueden recibir asesoramiento puntual y ser devueltos al circuito ordinario.
Esta lógica evita dos errores opuestos. El primero es la infrautilización: reservar la EGC únicamente para situaciones ya desbordadas, cuando la intervención precoz podría evitar deterioro. El segundo es la sobreutilización: incorporar de forma indefinida a personas estables que pueden ser atendidas adecuadamente por sus equipos de referencia.
5. ENFERMERA GESTORA DE CASOS COMUNITARIA Y HOSPITALARIA
La diferenciación entre EGC comunitaria y hospitalaria responde principalmente al escenario organizativo desde el que trabajan, no a la existencia de dos modelos conceptuales diferentes. Ambas comparten principios, metodología y finalidad. La diferencia fundamental reside en el punto de la trayectoria asistencial donde captan con mayor frecuencia a las personas y en los problemas de coordinación que predominan en cada entorno.
5.1. EGC en Atención Primaria y ámbito comunitario
La EGC comunitaria desarrolla buena parte de su actividad alrededor de la longitudinalidad. Atiende a personas cuya complejidad se mantiene en el tiempo y se manifiesta en el domicilio, el centro de salud y la relación con recursos comunitarios y sociales. Entre sus funciones destacan la identificación de personas vulnerables, valoración multidimensional, seguimiento de situaciones inestables, apoyo al autocuidado, coordinación con la enfermera y el médico de familia, movilización de recursos y apoyo a quienes cuidan.
El domicilio aporta información difícil de obtener en una consulta: barreras arquitectónicas, disponibilidad real de alimentos, manejo de medicación, condiciones higiénicas, capacidad de transferencia, riesgos de caída, aislamiento, convivencia, distribución del cuidado o disponibilidad de ayudas técnicas. Por ello, la visita domiciliaria puede tener un valor diagnóstico organizativo considerable en la gestión de casos.
La EGC comunitaria desempeña también una función de conexión con el hospital. Cuando una persona de su cartera ingresa, la comunicación precoz permite trasladar información sobre su situación basal, funcionalidad, red de apoyo, preferencias y recursos ya activados. Tras el alta, facilita la ejecución del plan de continuidad y comprueba si la situación real del domicilio permite sostenerlo.
5.2. EGC hospitalaria
La EGC hospitalaria trabaja en un entorno caracterizado por episodios agudos, alta intensidad diagnóstica y terapéutica y decisiones rápidas sobre el destino del paciente. Su aportación fundamental es detectar, desde fases precoces del ingreso, a quienes presentan riesgo de una transición compleja.
La planificación del alta no comienza cuando aparece una orden administrativa de salida. En una persona frágil o dependiente, la capacidad para volver al domicilio puede depender de la recuperación funcional, disponibilidad de cuidador, oxigenoterapia, nutrición, productos sanitarios, adaptación de la vivienda, seguimiento por Atención Primaria o necesidad de otro recurso asistencial. Resolver estas necesidades requiere tiempo, de ahí la importancia de herramientas de cribado precoz como BRASS.
La EGC hospitalaria colabora con las unidades clínicas, trabajo social, rehabilitación, farmacia y los equipos comunitarios para preparar una transición segura. También puede intervenir cuando la complejidad se genera dentro del propio hospital por la participación de múltiples servicios, discrepancias en objetivos o necesidad de organizar un plan común.
5.3. Diferencias y complementariedad
| Aspecto | EGC comunitaria | EGC hospitalaria |
|---|---|---|
| Escenario predominante | Centro de salud, domicilio y entorno comunitario | Hospitalización y circuitos hospitalarios |
| Perspectiva temporal | Longitudinal y seguimiento en la comunidad | Episodio hospitalario y transición hacia el siguiente nivel |
| Problema típico | Complejidad crónica, dependencia, autocuidado y soporte familiar | Alta compleja, deterioro tras proceso agudo y coordinación interprofesional |
| Herramientas | Valoración integral, INTERMED y escalas específicas según necesidad | Cribado precoz de alta, BRASS, valoración integral e INTERMED cuando procede |
| Objetivo compartido | Continuidad, personalización y respuesta proporcional a la complejidad | Continuidad, personalización y respuesta proporcional a la complejidad |
La tabla es útil para estudiar, pero no debe interpretarse como una frontera absoluta. El propio modelo insiste en la transversalidad: una EGC eficaz debe poder relacionarse con profesionales de otros ámbitos y favorecer que la persona reciba el recurso adecuado con independencia de dónde se encuentre administrativamente.
5.4. Relación con la enfermera referente y la enfermera de familia
La personalización de cuidados exige que exista un profesional de referencia que conozca a la persona y asegure continuidad dentro de su ámbito. La EGC no debe desplazar esta relación. En una persona compleja, la enfermera de familia continúa siendo responsable de cuidados longitudinales propios de Atención Primaria, mientras que la EGC aporta competencias avanzadas para gestionar los elementos de mayor complejidad.
La diferencia puede entenderse mediante dos planos complementarios: responsabilidad asistencial ordinaria y gestión intensiva de la complejidad. Cuando la complejidad disminuye, la segunda puede retirarse sin perder la primera.
6. DESARROLLO COMPETENCIAL Y ENFERMERÍA DE PRÁCTICA AVANZADA
En el SSPA, la gestión de casos se ha desarrollado como un perfil de Enfermería de Práctica Avanzada, EPA. La práctica avanzada implica utilizar un conocimiento experto para resolver problemas complejos, ejercer liderazgo clínico, tomar decisiones con autonomía dentro del marco profesional, coordinar la atención y contribuir a mejorar la calidad del sistema.
No debe reducirse la EPA a «hacer técnicas más complejas». Una técnica puede requerir gran destreza y seguir formando parte de la práctica clínica general. El componente avanzado aparece cuando se combinan conocimiento experto, razonamiento de alta complejidad, autonomía, coordinación, liderazgo, evidencia, docencia y capacidad para influir sobre resultados asistenciales.
6.1. Dominios competenciales
El desarrollo competencial enfermero del SSPA identifica dominios que permiten comprender el perfil de práctica avanzada:
- Investigación y práctica basada en evidencias: localizar, valorar e integrar conocimiento científico para reducir variabilidad.
- Liderazgo clínico y profesional: actuar como referente ante situaciones complejas y promover cambios organizativos.
- Relaciones interprofesionales y mentoría: facilitar cooperación, asesorar y compartir conocimiento.
- Autonomía profesional: tomar decisiones dentro del marco competencial con responsabilidad sobre sus resultados.
- Gestión de la calidad: medir resultados, detectar áreas de mejora y participar en rediseño de procesos.
- Gestión de cuidados: integrar necesidades, recursos y objetivos en planes personalizados.
- Educación y docencia: capacitar a pacientes, cuidadores y profesionales.
- Promoción de la salud: incorporar prevención y autocuidado incluso en personas de elevada complejidad.
En gestión de casos estos dominios se concretan, por ejemplo, cuando la EGC detecta una transición insegura, revisa la información disponible, identifica las necesidades, acuerda con distintos profesionales una estrategia, prepara a la familia, moviliza recursos y evalúa después si la intervención ha conseguido evitar crisis o mejorar la capacidad de manejo.
6.2. Liderazgo clínico
El liderazgo clínico no debe confundirse con una jefatura jerárquica. La EGC puede liderar la resolución de un caso sin tener autoridad administrativa sobre quienes participan. Su liderazgo deriva del conocimiento experto, de la capacidad para construir una visión global del problema y de facilitar que el equipo alcance objetivos compartidos.
Esta distinción es importante porque gran parte de la gestión de casos se realiza mediante influencia profesional y coordinación lateral. La EGC necesita negociar prioridades con unidades, servicios y profesionales que conservan sus propias responsabilidades clínicas.
6.3. Razonamiento clínico avanzado
El razonamiento avanzado consiste en integrar información heterogénea y anticipar consecuencias. Una persona puede estar clínicamente preparada para el alta pero no disponer de capacidad funcional para vivir sola. Otra puede tener buen soporte familiar, pero un régimen terapéutico que supera las capacidades cognitivas de quien lo administra. El riesgo surge de la interacción, y reconocerlo exige comprender el sistema completo.
6.4. Competencia consultora
La EGC no necesita incorporar a su cartera intensiva a todas las personas sobre las que se le consulta. En situaciones de menor complejidad puede ejercer como consultora, aportar recomendaciones al equipo de referencia, facilitar un recurso o ayudar a clarificar el plan y cerrar posteriormente su intervención.
Esta capacidad consultora es esencial para utilizar eficientemente el perfil avanzado. Una cartera saturada con casos de baja complejidad reduce la disponibilidad para las personas que requieren verdadera coordinación intensiva.
6.5. Formación y actualización
El desempeño avanzado exige experiencia clínica y formación específica. La complejidad cambia con los modelos asistenciales, las tecnologías y las características poblacionales, por lo que las competencias no pueden entenderse como una lista cerrada adquirida una sola vez. Son especialmente relevantes la entrevista clínica, clinimetría, cronicidad, farmacoterapia, fragilidad, dependencia, comunicación, bioética, atención al cuidador, recursos sociales, práctica basada en evidencias y herramientas digitales.
El objetivo último del desarrollo competencial no es ampliar funciones por sí mismo, sino generar mejores resultados para personas con necesidades complejas. El valor del perfil avanzado debe demostrarse mediante resultados clínicos, experiencia de pacientes y familias, continuidad, seguridad y utilización adecuada de recursos.
7. COMPLEJIDAD CLÍNICA, DEPENDENCIA Y POBLACIÓN DIANA
Uno de los errores conceptuales más importantes es utilizar como equivalentes los términos comorbilidad, multimorbilidad, pluripatología, fragilidad, dependencia y complejidad. Pueden coexistir y relacionarse, pero describen fenómenos distintos.
7.1. Multimorbilidad y pluripatología
La multimorbilidad describe la presencia simultánea de múltiples condiciones de salud. La pluripatología, en el contexto asistencial español y andaluz, incorpora además una especial vulnerabilidad clínica y se ha operacionalizado mediante categorías en el PAI de Atención a Pacientes Pluripatológicos. Ambas situaciones aumentan la probabilidad de complejidad, pero no son suficientes por sí solas para definirla.
Contar diagnósticos tiene una capacidad limitada para predecir qué atención necesita una persona. Dos pacientes con idéntico número de enfermedades pueden diferir radicalmente en autonomía, apoyo social, carga terapéutica y acceso al sistema. La gestión de casos debe responder a esas diferencias.
7.2. Fragilidad
La fragilidad expresa una disminución de la reserva fisiológica y de la capacidad de responder a factores estresantes. Una infección leve, una caída o un cambio de medicación pueden provocar un deterioro desproporcionado en una persona frágil. Por ello, la fragilidad aumenta el riesgo de dependencia, hospitalización y transiciones complejas.
No obstante, fragilidad tampoco significa automáticamente necesidad de EGC. Debe evaluarse el conjunto de necesidades y si el circuito asistencial ordinario dispone de capacidad suficiente para responder.
7.3. Dependencia funcional
La dependencia se relaciona con la necesidad de ayuda para realizar actividades básicas o instrumentales. El índice de Barthel es una herramienta frecuente para cuantificar capacidad en actividades básicas, mientras que escalas como Lawton y Brody se orientan a actividades instrumentales.
La pérdida funcional condiciona el lugar donde una persona puede vivir, la intensidad de apoyo necesaria y el riesgo de sobrecarga familiar. Por ello es un componente fundamental de la valoración de complejidad. Sin embargo, la misma puntuación funcional puede tener consecuencias distintas según la existencia de ayudas técnicas, adaptación del domicilio, convivencia y red familiar.
7.4. Deterioro cognitivo y delirium
La cognición influye en el manejo de medicación, comprensión de indicaciones, capacidad para identificar signos de alarma, adherencia y toma de decisiones. El deterioro cognitivo puede transformar un tratamiento aparentemente sencillo en una intervención de gran complejidad organizativa.
El delirium merece especial atención por su carácter agudo y por el riesgo que implica durante hospitalización y transición. El PAI de pluripatología ha incluido tanto el delirium actual como antecedentes de episodios durante ingresos previos entre los elementos que incrementan la complejidad.
7.5. Factores psicológicos y conductuales
Depresión, ansiedad, trastorno mental grave, problemas de afrontamiento, consumo perjudicial de alcohol o resistencia a determinados tratamientos pueden modificar de forma decisiva la capacidad para aplicar un plan. La valoración no debe etiquetar estas situaciones como «falta de colaboración» sin explorar sus causas.
7.6. Factores sociales
Soledad, pobreza, precariedad residencial, barreras arquitectónicas, ausencia de transporte, conflictos familiares o insuficiencia de apoyo pueden aumentar la complejidad incluso cuando la enfermedad está razonablemente controlada. La atención integrada requiere reconocer estos determinantes y trabajar de manera coordinada con los recursos sociales.
7.7. Complejidad generada por el sistema
INTERMED y los modelos contemporáneos incorporan un elemento decisivo: el propio sistema puede producir complejidad. Múltiples especialistas sin coordinación, mensajes contradictorios, dificultades de acceso, fragmentación de información, duplicación de pruebas o transiciones mal organizadas pueden convertir una situación manejable en un caso complejo.
7.8. Persona cuidadora
La red de apoyo debe valorarse como parte del caso. Es necesario conocer quién cuida, qué tareas realiza, cuánto tiempo dedica, su estado de salud, conocimientos, disponibilidad, capacidad emocional y deseo de continuar. Una cuidadora exhausta puede constituir el punto crítico de todo el plan asistencial.
El modelo andaluz reconoce a las personas cuidadoras como destinatarias de actuaciones sanitarias: educación, prevención de sobrecarga, apoyo, orientación y acceso a recursos. Evaluar únicamente al paciente deja incompleta la valoración del caso.
8. ESTRATIFICACIÓN POBLACIONAL Y CRITERIOS DE COMPLEJIDAD
La estratificación agrupa a la población según riesgo o complejidad para adecuar la intensidad de las intervenciones. No sustituye la valoración clínica individual. Su función es ayudar a localizar grupos donde es más probable encontrar necesidades determinadas y organizar los recursos de forma proporcional.
8.1. Pirámide de Kaiser
El modelo de Kaiser Permanente representa gráficamente diferentes niveles de intervención. En la base se sitúa la mayoría de personas con enfermedad crónica, en quienes predominan promoción, autocuidado y soporte a la autogestión. En niveles intermedios aumenta la necesidad de gestión de la enfermedad. En el vértice aparecen las personas de mayor riesgo o complejidad, donde adquiere especial relevancia la gestión de casos.
La idea importante no son los porcentajes históricos asociados a determinadas representaciones de la pirámide, sino la relación entre riesgo e intensidad de atención. El recurso más intensivo debe reservarse a una población proporcionalmente menor con necesidades superiores.
8.2. Grupos de Morbilidad Ajustados
El PAdAC 2025-2028 incorpora la estratificación mediante Grupos de Morbilidad Ajustados, GMA. Este agrupador utiliza información sobre morbilidad y consumo esperado de recursos para clasificar a la población y facilitar la identificación de grupos de riesgo.
En la estratificación piramidal descrita por el Plan se distinguen:
| Estrato | Descripción |
|---|---|
| A | Población sin patología crónica |
| B | Población crónica de bajo riesgo: complejidad individual por debajo del percentil 80 de la población con enfermedad crónica |
| C | Población crónica de riesgo moderado: valor individual entre los percentiles 80 y 95 |
| D | Población crónica de alto riesgo: valor individual superior al percentil 95 |
Este sistema es útil para gestión poblacional, pero el propio PAdAC advierte de que la complejidad individual no puede identificarse exclusivamente mediante GMA. Para catalogar la cronicidad compleja deben integrarse tres grandes dimensiones:
- Factores relacionados con la enfermedad.
- Contexto o necesidades psicosociales.
- Factores relacionados con el sistema asistencial.
Esta precisión es muy relevante. Un algoritmo basado en utilización y diagnósticos puede identificar riesgo poblacional, pero puede no captar adecuadamente aislamiento, precariedad, rechazo terapéutico, deterioro del cuidador o barreras organizativas. La estratificación orienta; la valoración personalizada decide.
8.3. EPADI-ANTEQUERA
El PAdAC recoge también la escala EPADI-ANTEQUERA como herramienta validada para estratificar complejidad en situación basal. Integra edad, deterioro cognitivo mediante Pfeiffer, dependencia mediante Barthel, comorbilidad con Charlson abreviado, valoración sociofamiliar de Gijón y criterios de pluripatología.
Su interés didáctico es mostrar hacia dónde evolucionan las herramientas de complejidad: en lugar de limitarse al diagnóstico, combinan dimensiones clínicas, cognitivas, funcionales y sociales. El Plan describe cuatro niveles resultantes: no complejo, complejidad baja, intermedia y alta.
8.4. Criterios de complejidad del PAI de pluripatología
El PAI de Atención a Pacientes Pluripatológicos, en su tercera edición de 2018, incorporó criterios que ayudan a identificar necesidades complejas. El PAdAC vigente reproduce entre ellos:
- Trastorno mental grave.
- Polimedicación extrema, definida en este contexto como 10 o más principios activos de prescripción crónica.
- Riesgo sociofamiliar con Gijón superior a 10 puntos.
- Úlceras por presión en estadio II o superior según la terminología del documento.
- Delirium actual o antecedentes de delirium en ingresos previos.
- Desnutrición, utilizando como criterio IMC inferior a 18,5 kg/m².
- Alimentación mediante sonda de prescripción crónica durante tres o más meses.
- Dos o más ingresos hospitalarios en los doce meses anteriores.
- Alcoholismo.
Estos elementos deben estudiarse como criterios de complejidad del PAI, no como una definición universal aplicable a cualquier paciente. Tampoco significa que sea necesario reunir todos ellos. Su presencia alerta de que la atención puede requerir un abordaje más integrado.
8.5. Estratificar no es etiquetar de forma permanente
La complejidad cambia. Una fractura puede transformar temporalmente a una persona autónoma en dependiente; la rehabilitación puede devolverle autonomía. Una cuidadora puede enfermar; una vivienda puede adaptarse; una depresión puede mejorar; un tratamiento puede simplificarse. Por ello, todo nivel de riesgo requiere reevaluación.
La consecuencia organizativa es que la cartera de gestión de casos debe ser dinámica. La entrada se produce cuando la intensidad del recurso aporta valor; la salida, cuando el circuito ordinario puede volver a asumir adecuadamente el seguimiento.
9. BRASS: CRIBADO PRECOZ DEL RIESGO DE ALTA COMPLEJA
El Blaylock Risk Assessment Screening Score, BRASS, es un instrumento diseñado para identificar precozmente, en personas hospitalizadas, situaciones que pueden requerir una planificación más compleja del alta. Su lógica consiste en detectar durante las primeras fases del ingreso factores que dificultarán una transición sencilla hacia el domicilio.
BRASS no pretende realizar una valoración biopsicosocial completa equivalente a INTERMED. Funciona principalmente como cribado. Si detecta riesgo, debe desencadenar una valoración más profunda y la planificación correspondiente. Confundir cribado con diagnóstico o con valoración integral es un error frecuente.
9.1. Finalidad
Su objetivo principal es identificar pacientes con mayor probabilidad de presentar necesidades de planificación del alta, estancia prolongada o dificultad para regresar directamente a su situación previa. Aplicarlo precozmente permite iniciar la coordinación antes de que el alta sea inminente.
Un resultado elevado no determina automáticamente el destino del paciente ni sustituye el juicio profesional. Señala que existen suficientes factores de riesgo como para justificar una evaluación y planificación específica.
9.2. Estructura
El BRASS clásico integra 10 elementos relacionados con variables como edad, situación de convivencia y apoyo, funcionalidad, estado cognitivo, conducta, movilidad, déficits sensoriales, utilización hospitalaria previa, problemas médicos activos y medicación. Estas variables combinan aspectos clínicos, funcionales y sociales especialmente relevantes para el alta.
La puntuación total se encuentra entre 0 y 40 puntos. A mayor puntuación, mayor necesidad potencial de planificación y coordinación. Diferentes versiones y entornos han empleado agrupaciones operativas ligeramente diferentes, por lo que los intervalos intermedios deben interpretarse conforme a la versión utilizada.
De forma habitual, las puntuaciones bajas identifican pocas necesidades específicas, las intermedias justifican una planificación formal y las más altas advierten de riesgo importante de alta compleja o necesidad de un recurso distinto al domicilio previo. En formularios operativos se utiliza con frecuencia un valor alrededor de 10 puntos para activar coordinación del alta, pero para un examen SAS conviene priorizar los datos inequívocos del instrumento: 10 elementos, rango 0-40 y uso hospitalario para detección precoz de necesidades de alta.
9.3. Qué aporta cada grupo de variables
La situación funcional es esencial porque una persona que antes del ingreso ya necesitaba ayuda tiene menos margen para absorber una pérdida funcional aguda. La movilidad informa sobre la posibilidad real de desenvolverse en el entorno. Los déficits sensoriales pueden dificultar aprendizaje, comunicación y manejo terapéutico.
El estado cognitivo condiciona la comprensión del régimen terapéutico, seguridad con la medicación y capacidad para pedir ayuda. Los problemas de conducta pueden dificultar el cuidado. La situación de convivencia permite anticipar si existirá una persona capaz de asumir tareas tras el alta.
La utilización hospitalaria previa, la carga de problemas médicos y el número de medicamentos actúan como indicadores de vulnerabilidad clínica y complejidad terapéutica. Ninguno de estos elementos aislado explica la transición, pero su combinación aumenta la capacidad del cribado.
9.4. Momento de aplicación
El valor del BRASS reside precisamente en su aplicación precoz. Utilizarlo cuando el alta ya está decidida transforma una herramienta preventiva en un mero registro retrospectivo. Cuando se aplica al inicio del ingreso, ofrece tiempo para contactar con Atención Primaria, valorar el domicilio, coordinar trabajo social, preparar al cuidador, conseguir material o planificar rehabilitación.
9.5. Limitaciones
Como cualquier cribado, BRASS puede generar falsos positivos y falsos negativos. Además, una puntuación no incorpora toda la información relevante sobre preferencias, evolución clínica o recursos locales. Debe integrarse con la valoración profesional.
Tampoco debe utilizarse como sustituto de INTERMED. BRASS responde fundamentalmente a la pregunta «¿existe riesgo de que esta alta requiera una planificación especial?». INTERMED pregunta «¿qué nivel y qué dimensiones de complejidad presenta esta persona?». Son cuestiones relacionadas, pero diferentes.
10. INTERMED: VALORACIÓN BIOPSICOSOCIAL DE LA COMPLEJIDAD
INTERMED es una herramienta destinada a evaluar de manera estructurada la complejidad de la atención desde una perspectiva biopsicosocial. Su principal valor es obligar a mirar simultáneamente factores biológicos, psicológicos, sociales y relacionados con el sistema sanitario, incorporando además la trayectoria temporal de la situación.
El Modelo de Gestión de Casos del SAS incluye en su anexo la versión española validada de INTERMED y adapta determinados criterios de acceso al contexto sanitario andaluz. Por ello, es una de las herramientas de mayor relevancia para este tema.
10.1. Estructura: cuatro dominios
INTERMED organiza la información en cuatro dominios:
- Biológico: cronicidad, severidad, incertidumbre diagnóstica, retos diagnósticos o terapéuticos y pronóstico biológico.
- Psicológico: afrontamiento, síntomas o antecedentes psiquiátricos, resistencia al tratamiento y vulnerabilidad de salud mental.
- Social: funcionamiento social, situación residencial, red de apoyo, vulnerabilidad y capacidad del entorno.
- Atención sanitaria: experiencias previas con servicios, acceso, intensidad de recursos necesarios, coordinación y barreras del sistema.
Un error especialmente importante sería afirmar que INTERMED solo integra las dimensiones biológica, psicológica y social. El componente relacionado con la atención sanitaria es precisamente uno de sus rasgos distintivos porque reconoce que la fragmentación, el acceso y la coordinación también generan complejidad.
10.2. Perspectiva temporal
INTERMED no utiliza cuatro «dimensiones temporales». La estructura adecuada contempla antecedentes, estado actual y pronóstico o vulnerabilidad futura dentro de los distintos dominios. Así puede detectar no solo problemas presentes, sino elementos históricos que condicionan la atención y riesgos previsibles.
Esta perspectiva es especialmente útil en cronicidad. Una persona puede encontrarse estable durante la entrevista y, sin embargo, tener antecedentes de repetidas descompensaciones, mala coordinación y soporte social frágil que anticipen una elevada vulnerabilidad futura.
10.3. Puntuación
INTERMED contiene 20 variables, puntuadas de 0 a 3. La puntuación global se sitúa por tanto entre 0 y 60 puntos. A mayor puntuación, mayor complejidad.
Este dato corrige una imprecisión que aparece en algunos materiales docentes que atribuyen a la escala un máximo de 63. Para el Modelo Andaluz deben memorizarse 60 puntos como puntuación máxima.
10.4. Clasificación utilizada en el Modelo de Gestión de Casos del SAS
El anexo del modelo andaluz establece una interpretación operativa directamente vinculada a la intensidad de gestión:
| Puntuación INTERMED | Nivel | Orientación de la intervención |
|---|---|---|
| Menos de 30 | Complejidad baja | Intervención de baja intensidad, con predominio del papel consultor y posibilidad de devolución al equipo de origen |
| 30-39 | Complejidad media | Gestión del caso con intensidad menor que en el nivel alto y seguimiento adaptado |
| Más de 39 | Complejidad alta | Intervención de alta intensidad, mayor dedicación y reevaluación frecuente |
10.5. Interpretación clínica
El total es útil para determinar intensidad, pero una lectura avanzada exige observar dónde se acumulan los puntos. Dos personas con el mismo resultado global pueden necesitar planes muy diferentes. Si predominan problemas biológicos será necesario reforzar el control clínico; si predominan problemas sociales, la intervención requerirá coordinación social; si el dominio asistencial presenta gran puntuación, quizá el problema sea la fragmentación del propio sistema.
Por ello, INTERMED no es solamente una «calculadora de complejidad». Su estructura orienta la planificación multidisciplinar al mostrar qué dimensiones contribuyen al problema.
10.6. INTERMED y multidisciplinariedad
Una puntuación alta sugiere que el caso excede con frecuencia la capacidad de una única disciplina. La EGC puede coordinar, pero la resolución de cada necesidad corresponderá al profesional competente. La complejidad social requerirá trabajo social; la inestabilidad clínica, intervención médica; la pérdida funcional puede exigir rehabilitación; un trastorno mental, participación de salud mental.
Este enfoque evita dos extremos: considerar que la EGC solo «deriva» o, por el contrario, pretender que resuelva autónomamente cualquier problema. Su función es mantener una visión integrada y asegurar que las intervenciones necesarias realmente se producen y convergen hacia objetivos comunes.
10.7. Diferencias entre BRASS e INTERMED
| Característica | BRASS | INTERMED |
|---|---|---|
| Finalidad principal | Cribado de riesgo asociado a planificación compleja del alta | Valoración estructurada de la complejidad biopsicosocial y asistencial |
| Entorno característico | Ingreso hospitalario | Diferentes contextos asistenciales |
| Estructura | 10 elementos | 20 variables en cuatro dominios |
| Rango | 0-40 | 0-60 |
| Resultado | Identifica necesidad potencial de planificación | Cuantifica y caracteriza la complejidad |
11. VALORACIÓN INTEGRAL Y HERRAMIENTAS COMPLEMENTARIAS
Ni BRASS ni INTERMED sustituyen la valoración integral. Una vez identificado un caso de complejidad media o alta, la EGC debe profundizar en las dimensiones relevantes utilizando entrevista clínica, exploración, historia asistencial y escalas específicas cuando aporten información para tomar decisiones.
11.1. Dimensión clínica
La valoración clínica incluye enfermedades activas, trayectoria, síntomas, descompensaciones previas, pronóstico, medicación, adherencia, dispositivos, alergias y necesidades de monitorización. La finalidad no es repetir una historia médica completa, sino identificar qué elementos condicionan cuidados, autocuidado y coordinación.
La polifarmacia requiere especial atención por el riesgo de interacciones, duplicidades, errores de administración y falta de adherencia. La conciliación en transiciones asistenciales es crítica porque los cambios realizados durante un ingreso pueden no coincidir con la medicación conservada en el domicilio.
11.2. Función
El índice de Barthel permite estimar capacidad para actividades básicas. Lawton y Brody puede aportar información sobre actividades instrumentales. Sin embargo, la puntuación debe interpretarse junto con las condiciones del entorno. Ser dependiente para el baño tiene consecuencias distintas si existe una cuidadora disponible, un baño adaptado y ayuda domiciliaria que si la persona vive sola.
11.3. Cognición
Herramientas como Pfeiffer ayudan a detectar deterioro cognitivo. Cuando existe alteración cognitiva debe evaluarse además su repercusión práctica: capacidad para comprender información, administrar medicamentos, manejar dispositivos, reconocer peligros, utilizar el teléfono o permanecer solo con seguridad.
11.4. Estado afectivo y afrontamiento
Ansiedad, depresión, miedo, desesperanza o negación pueden comprometer la capacidad para seguir el plan. Las escalas de cribado pueden ser útiles, pero su resultado debe conducir a una valoración clínica cuando se detectan problemas significativos. INTERMED incorpora directamente elementos relacionados con afrontamiento y salud mental.
11.5. Riesgo sociofamiliar
La escala sociofamiliar de Gijón puede ayudar a detectar problemas en estructura familiar, relaciones, vivienda, economía y apoyo. El dato cobra especial relevancia en el PAI de pluripatología, donde una puntuación superior a 10 aparece entre los criterios de complejidad.
11.6. Sobrecarga de quien cuida
La escala de Zarit es una herramienta clásica para explorar sobrecarga en personas cuidadoras. Su aplicación no debe convertirse en un trámite numérico: es preciso conocer qué tareas producen mayor tensión, si existen descansos, cómo afecta el cuidado al sueño, salud física, empleo y relaciones sociales, y qué recursos podrían aliviar la carga.
La capacidad cuidadora es dinámica. Una persona puede asumir adecuadamente el cuidado durante meses y agotarse tras una progresión de la dependencia. Por eso, la red de apoyo debe reevaluarse, especialmente después de hospitalizaciones, nuevas pérdidas funcionales o aparición de alteraciones conductuales.
11.7. Nutrición y riesgo funcional
La desnutrición aumenta fragilidad, deterioro muscular, riesgo de caídas y dificultad para recuperarse de procesos agudos. En personas mayores pueden utilizarse herramientas de cribado nutricional adaptadas al contexto. El PAI de pluripatología utiliza además un IMC inferior a 18,5 kg/m² entre sus criterios de complejidad.
11.8. Vivienda y entorno
La valoración domiciliaria debe explorar accesibilidad, barreras, calefacción o refrigeración cuando sean relevantes, seguridad, posibilidad de almacenamiento de medicación, ayudas técnicas y distancia a recursos. El objetivo es comprobar si el plan diseñado desde el sistema puede realmente ejecutarse en la vida cotidiana.
11.9. Uso racional de escalas
Una escala está indicada cuando su resultado modifica una decisión. Aplicar numerosos instrumentos sin traducirlos a un plan aumenta carga documental sin mejorar la atención. La EGC debe seleccionar las herramientas pertinentes, conocer sus límites y combinar los resultados con juicio clínico.
12. PLAN DE GESTIÓN DEL CASO, COORDINACIÓN Y TRANSICIONES ASISTENCIALES
El Plan de Gestión del Caso convierte la valoración en acción. Una valoración exhaustiva sin objetivos, responsables y seguimiento no constituye gestión de casos. El plan debe ser compartido, realista, revisable y comprensible para la persona y para los profesionales implicados.
12.1. Diseño del plan
El punto de partida son las necesidades y objetivos priorizados. No todas las alteraciones detectadas pueden abordarse simultáneamente. Deben priorizarse aquellas con mayor repercusión sobre seguridad, autonomía, calidad de vida o riesgo de crisis.
Cada objetivo debe asociarse a intervenciones concretas, responsables y mecanismos de evaluación. Por ejemplo, «reducir riesgo de reingreso» es demasiado genérico si no se concreta mediante control de síntomas, conciliación de medicación, educación, seguimiento precoz y circuito ante descompensación.
12.2. Participación de la persona
El plan debe acordarse con la persona siempre que sea posible. La aceptación de una intervención depende de sus preferencias y de su proyecto vital. Una recomendación técnicamente adecuada que la persona no desea o no puede cumplir debe ser revisada y negociada.
Cuando exista deterioro cognitivo o limitación en la capacidad de decisión, se aplicarán las normas de representación y apoyo correspondientes, intentando conservar el mayor grado posible de participación de la propia persona.
12.3. Coordinación profesional
La coordinación exige saber qué profesionales intervienen, qué información necesitan y qué resultado se espera de cada actuación. La EGC debe evitar duplicidades y lagunas. Cuando varios especialistas modifican simultáneamente tratamientos, por ejemplo, adquiere especial importancia garantizar una visión global y una conciliación coherente.
Las reuniones multidisciplinares pueden ser especialmente útiles en casos de elevada complejidad, pero no son un fin en sí mismas. Deben conducir a decisiones, asignación de responsabilidades y registro de acuerdos.
12.4. Transición hospital-domicilio
El alta es uno de los momentos de mayor riesgo. Se modifican tratamientos, desaparece la supervisión hospitalaria continua y aumenta la responsabilidad de la persona o familia. Si existen dependencia, deterioro cognitivo o problemas sociales, la vulnerabilidad es aún mayor.
Una transición segura exige comprobar al menos la situación funcional, destino, disponibilidad de apoyo, comprensión de medicación, necesidades de material, citas, seguimiento por Atención Primaria, signos de alarma y vías de contacto. Cuando se precisan recursos que tardan en activarse, la planificación debe comenzar antes.
12.5. Transferencia de información
La continuidad documental es necesaria pero insuficiente. Un informe técnicamente completo no garantiza que el siguiente profesional lo reciba a tiempo, identifique las prioridades o disponga de capacidad para ejecutar el plan. En casos de alta complejidad puede ser necesaria una comunicación directa además del registro en la historia clínica.
La historia clínica digital y los sistemas de información compartidos facilitan continuidad, pero no sustituyen la responsabilidad de coordinar. La tecnología reduce barreras de información; no elimina por sí misma las barreras organizativas.
12.6. Seguimiento proporcional
La frecuencia del seguimiento debe adaptarse a la complejidad y estabilidad. Una persona recién dada de alta tras una descompensación y con cambios importantes de tratamiento puede necesitar un contacto muy precoz. A medida que aumenta la estabilidad, puede espaciarse el seguimiento.
Los contactos pueden ser presenciales, domiciliarios, telefónicos o apoyados por herramientas digitales. La elección del canal depende del objetivo. Un problema de adherencia puede abordarse inicialmente por teléfono; valorar si una persona dependiente puede desenvolverse en su vivienda puede requerir observación directa.
12.7. Cierre del caso
El cierre es una fase formal del proceso y no un abandono. Debe producirse cuando se han alcanzado los objetivos, la complejidad se ha reducido, la situación se ha estabilizado o el equipo ordinario puede continuar el seguimiento sin intervención intensiva de la EGC. También puede producirse por traslado, decisión de la persona o fallecimiento.
El cierre debe dejar clara la situación, las recomendaciones y quién continuará la atención. Si posteriormente reaparece una situación compleja, el caso puede ser reevaluado y reactivado.
13. RESULTADOS, CALIDAD, SEGURIDAD Y ASPECTOS ÉTICOS
La gestión de casos debe evaluarse por resultados. La mera existencia de una EGC o el número de contactos realizados no demuestra que el modelo funcione. Es necesario valorar qué cambia para pacientes, familias, profesionales y sistema sanitario.
13.1. Resultados centrados en la persona
Entre los resultados relevantes se encuentran calidad de vida, control sintomático, capacidad de autocuidado, autonomía, satisfacción, experiencia de atención y cumplimiento de objetivos personales. En situaciones avanzadas, evitar intervenciones desproporcionadas y favorecer que la persona reciba atención en el entorno preferido puede ser un resultado más importante que reducir cualquier indicador de utilización.
13.2. Resultados sobre continuidad
Puede evaluarse si las transiciones se producen con información suficiente, si Atención Primaria conoce el plan, si los cambios de medicación se concilian, si el material necesario está disponible y si se producen interrupciones evitables. Estos indicadores miden mejor la esencia de la gestión de casos que el simple número de derivaciones.
13.3. Utilización de servicios
En determinados grupos pueden estudiarse ingresos, reingresos, urgencias, estancias o frecuentación. Sin embargo, reducir actividad no debe convertirse en un objetivo aislado. Una persona compleja puede necesitar legítimamente más recursos. La finalidad es evitar utilización evitable y conseguir que cada recurso se utilice cuando aporta valor.
13.4. Seguridad del paciente
Las transiciones son puntos especialmente vulnerables a errores de medicación, pérdida de información y fallos de seguimiento. La EGC puede contribuir a la seguridad mediante conciliación, verificación de comprensión, comunicación de cambios y anticipación de riesgos.
La seguridad incluye también riesgos funcionales y sociales: caídas, deterioro nutricional, problemas con dispositivos, agotamiento de quien cuida o incapacidad para acceder a un recurso. En población compleja, un enfoque exclusivamente farmacológico de seguridad resulta insuficiente.
13.5. Equidad
La complejidad está influida por determinantes sociales. Si la gestión de casos solo capta a quienes demandan activamente ayuda, puede dejar fuera a personas aisladas, con menor alfabetización o con dificultades de acceso. La captación activa contribuye a reducir ese sesgo.
13.6. Autonomía y consentimiento
La coordinación no autoriza a ignorar la voluntad de la persona. Intercambiar información, activar recursos o negociar actuaciones debe hacerse dentro del marco jurídico de confidencialidad, autonomía y protección de datos. La persona debe conocer, en términos comprensibles, qué se propone y participar en las decisiones que le afectan.
La función de abogacía de la EGC busca precisamente evitar que la complejidad organizativa silencie las preferencias del paciente. En ocasiones, distintos profesionales pueden priorizar objetivos diferentes; el plan debe recuperar la perspectiva de la persona y permitir deliberar sobre beneficios, riesgos y carga de tratamiento.
13.7. Protección de la persona cuidadora
No debe asumirse automáticamente que la familia puede absorber toda necesidad que el sistema no cubra. La capacidad, voluntad y salud de quien cuida deben evaluarse. Distribuir tareas de manera insostenible puede provocar sobrecarga, enfermedad de la cuidadora y finalmente fracaso del plan domiciliario.
13.8. Eficiencia
La gestión de casos busca utilizar recursos de manera racional, pero eficiencia no significa simplemente «gastar menos». Una intervención adicional de la EGC puede ser eficiente si evita duplicidades, facilita una transición segura o permite que la persona reciba el recurso apropiado. La eficiencia relaciona resultados con recursos, no ahorro indiscriminado.
13.9. Evaluación y mejora continua
Los resultados deben alimentar procesos de mejora. Un incremento de reingresos puede obligar a analizar transiciones; una acumulación de problemas de acceso puede revelar barreras organizativas; una alta sobrecarga cuidadora puede justificar rediseñar programas de apoyo.
La EGC, como perfil de práctica avanzada, participa no solo en la resolución de casos individuales sino también en la identificación de patrones. Esta capacidad transforma la experiencia clínica en conocimiento útil para mejorar procesos asistenciales.
14. SÍNTESIS E IDEAS CLAVE PARA EL EXAMEN
La gestión de casos debe estudiarse como un modelo de respuesta a la complejidad. Su objeto no es una enfermedad concreta ni toda persona dependiente, sino aquellas situaciones en las que la interacción entre necesidades clínicas, funcionales, psicológicas, sociales y organizativas exige una coordinación de mayor intensidad.
El Modelo Andaluz sitúa a la EGC como una profesional de práctica avanzada. Su misión es asegurar que la persona recibe una respuesta integrada, personalizada y coherente a lo largo de su trayectoria. Para ello identifica el caso, valora la complejidad y necesidades, diseña el plan, coordina las intervenciones y cierra el caso cuando deja de ser necesaria la intervención intensiva.
La EGC comunitaria se asocia especialmente al seguimiento longitudinal, domicilio, autocuidado, dependencia y coordinación de recursos comunitarios. La EGC hospitalaria adquiere especial protagonismo en la identificación precoz de altas complejas, coordinación intrahospitalaria y transición hacia Atención Primaria. Ambas pertenecen al mismo modelo y deben funcionar transversalmente.
El marco actual de cronicidad en Andalucía es el PAdAC 2025-2028. Este Plan mantiene la relevancia de la estratificación, la personalización y la coordinación. En la estratificación GMA distingue población sin patología crónica, bajo riesgo por debajo del percentil 80, riesgo moderado entre los percentiles 80 y 95 y alto riesgo por encima del percentil 95.
Pero el GMA no basta para decidir complejidad. El PAdAC recuerda que deben valorarse factores de enfermedad, contexto psicosocial y factores del sistema asistencial. Esta idea conecta directamente con INTERMED.
Respecto al BRASS, memoriza cinco asociaciones: hospitalización, aplicación precoz, riesgo de alta compleja, 10 elementos y rango 0-40. No es una herramienta exclusiva de pacientes domiciliarios. Su función es cribado, no valoración integral.
Respecto a INTERMED, memoriza cuatro dominios: biológico, psicológico, social y atención sanitaria. Contiene 20 variables de 0 a 3, por lo que alcanza 60 puntos. En el Modelo Andaluz, menos de 30 indica complejidad baja, 30-39 complejidad media y más de 39 complejidad alta.
| Concepto | Dato que debes retener |
|---|---|
| Gestión de casos | Respuesta integrada para elevada complejidad y alta necesidad de cuidados |
| Proceso | Identificación, valoración, plan, coordinación y cierre |
| EGC | Perfil de Enfermería de Práctica Avanzada |
| Pirámide de riesgo | A mayor riesgo, mayor intensidad; gestión de casos en el nivel superior |
| GMA | Bajo <P80; moderado P80-P95; alto >P95 entre población crónica |
| BRASS | 10 elementos; 0-40; cribado hospitalario de necesidades de alta |
| INTERMED | 20 variables; 0-60; cuatro dominios |
| INTERMED bajo | <30 |
| INTERMED medio | 30-39 |
| INTERMED alto | >39 |
| Complejidad actual | Enfermedad + necesidades psicosociales + factores del sistema asistencial |
15. MAPA CONCEPTUAL
|
+– FINALIDAD
| +– Atender alta complejidad
| +– Integrar servicios
| +– Personalizar la atencion
| +– Garantizar continuidad
| +– Anticipar necesidades
|
+– PROCESO
| +– 1. Identificacion
| +– 2. Valoracion personalizada
| +– 3. Plan de Gestion del Caso
| +– 4. Coordinacion
| +– 5. Cierre
|
+– ENFERMERA GESTORA DE CASOS
| +– Practica avanzada
| +– Liderazgo clinico
| +– Razonamiento avanzado
| +– Coordinacion interdisciplinar
| +– Educacion y autocuidado
| +– Abogacia de la persona
|
+– AMBITOS
| +– Comunitario
| | +– Longitudinalidad
| | +– Domicilio
| | +– Dependencia
| | +– Cuidador
| | +– Recursos comunitarios
| |
| +– Hospitalario
| +– Captacion precoz
| +– Alta compleja
| +– Coordinacion interna
| +– Transicion hospital-AP
|
+– COMPLEJIDAD
| +– Clinica
| +– Funcional
| +– Cognitiva
| +– Psicologica
| +– Social
| +– Sistema asistencial
|
+– ESTRATIFICACION
| +– Piramide de riesgo
| | +– Autogestion
| | +– Gestion de enfermedad
| | +– Gestion de casos
| |
| +– GMA
| +– B: menor P80
| +– C: P80-P95
| +– D: mayor P95
|
+– CRIBADO Y VALORACION
| +– BRASS
| | +– Hospital
| | +– Alta compleja
| | +– 10 elementos
| | +– 0-40 puntos
| |
| +– INTERMED
| +– Biologico
| +– Psicologico
| +– Social
| +– Atencion sanitaria
| +– 20 variables
| +– 0-60 puntos
| +– Baja: menor 30
| +– Media: 30-39
| +– Alta: mayor 39
|
+– VALORACION INTEGRAL
| +– Barthel
| +– Pfeiffer
| +– Gijon
| +– Zarit
| +– Nutricion
| +– Medicacion
| +– Vivienda y apoyo
|
+– RESULTADOS
+– Continuidad
+– Seguridad
+– Autonomia
+– Calidad de vida
+– Menos fragmentacion
+– Uso adecuado de recursos
16. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
- Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias. Marco básico de las competencias profesionales de enfermería.
- Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad. Marco general del Sistema Nacional de Salud y de la organización integrada de la asistencia.
- Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud. Coordinación, calidad, continuidad y cooperación del SNS.
- Ley 41/2002, de 14 de noviembre. Autonomía del paciente, información, consentimiento y documentación clínica.
- Ley 2/1998, de 15 de junio, de Salud de Andalucía. Marco del Sistema Sanitario Público de Andalucía.
- Ley 39/2006, de 14 de diciembre. Promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia.
- Servicio Andaluz de Salud. Modelo de Gestión de Casos del Servicio Andaluz de Salud. Guía de reorientación de las prácticas profesionales de la Gestión de Casos. Edición 2017.
- Servicio Andaluz de Salud. Desarrollo competencial de las enfermeras y enfermeros en el Sistema Sanitario Público de Andalucía. Edición 2018.
- Estrategia de Cuidados de Andalucía. Marco del SSPA para personalización, continuidad, cronicidad y desarrollo de perfiles de Enfermería de Práctica Avanzada.
- Consejería competente en materia de salud de la Junta de Andalucía. Plan Andaluz de Atención a la Cronicidad 2025-2028, aprobado por Orden de 3 de marzo de 2025.
- Consejería de Salud, Junta de Andalucía. Proceso Asistencial Integrado Atención a Pacientes Pluripatológicos, 3.ª edición, 2018.
- Blaylock A, Cason CL. Desarrollo del Blaylock Risk Assessment Screening Score como instrumento de detección de necesidades relacionadas con la planificación del alta.
- Mistiaen P y colaboradores. Estudios de validación predictiva del índice BRASS para identificar pacientes con necesidades complejas al alta hospitalaria.
- Huyse FJ, Stiefel FC y colaboradores. Desarrollo de INTERMED como método de valoración de necesidades asistenciales y complejidad biopsicosocial.
- Lobo E, Bellido ML, Campos R, Saz P, Huyse FJ, De Jonge P. Validación española de INTERMED, referencia incorporada al Modelo de Gestión de Casos del SAS.
- International Council of Nurses. Marcos conceptuales sobre Advanced Practice Nursing utilizados como referencia para el desarrollo de la práctica avanzada.
- Sastre-Fullana P, Morales-Asencio JM y colaboradores. Desarrollo y validación del instrumento APNCAI para evaluación de competencias de Enfermería de Práctica Avanzada.
- Ministerio de Sanidad. Proyecto de Estratificación de la Población por Grupos de Morbilidad Ajustados en el Sistema Nacional de Salud.
Enfermera Gestora de Casos
Enfermería de Práctica Avanzada
complejidad
BRASS
INTERMED
GMA
estratificación de riesgo
dependencia
continuidad asistencial
PAdAC 2025-2028