Tema 13. Calidad en el Sistema Sanitario. El Plan de Calidad vigente en el SSPA. Instrumentos de evaluación y mejora continua de la asistencia. Las Comisiones de Calidad, Comisiones Clínicas y Grupos de Mejora en los centros asistenciales. La Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía (ACSA) y el modelo andaluz de calidad sanitaria. Acreditación de centros, servicios y unidades. Estrategia para la Seguridad del Paciente en Andalucía. Diseño y mejora continua de los procesos asistenciales en el SSPA: guías y protocolos

46 min julio 15, 2026 Media Nuevo

Tema 13. Calidad en el Sistema Sanitario. El Plan de Calidad vigente en el SSPA. Instrumentos de evaluación y mejora continua de la asistencia. Las Comisiones de Calidad, Comisiones Clínicas y Grupos de Mejora en los centros asistenciales. La Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía (ACSA) y el modelo andaluz de calidad sanitaria. Acreditación de centros, servicios y unidades. Estrategia para la Seguridad del Paciente en Andalucía. Diseño y mejora continua de los procesos asistenciales en el SSPA: guías y protocolos

Cómo el SSPA mide, evalúa, acredita y mejora la calidad y la seguridad de la asistencia que recibe cada paciente
Oposición: Terapeuta Ocupacional – Servicio Andaluz de Salud (SAS)
Bloque: Temario Específico — Gestión sanitaria, salud pública e investigación | Última actualización: Julio 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN: QUÉ ES LA CALIDAD ASISTENCIAL Y POR QUÉ SE EVALÚA

Hablar de «calidad» en el sistema sanitario suena, a primera vista, a una palabra de gestión que poco tiene que ver con el trabajo diario junto al paciente. Sin embargo, para cualquier profesional del Servicio Andaluz de Salud (SAS) —y muy en particular para el/la logopeda, cuya intervención depende de protocolos de evaluación, escalas validadas y criterios de derivación compartidos con otros especialistas— la calidad no es un adorno administrativo, sino el marco que ordena, mide y mejora aquello que se hace cada día en consulta. Un sistema sanitario de calidad es, sencillamente, aquel que consigue que la atención prestada produzca el mejor resultado posible en salud, con los recursos disponibles, minimizando el riesgo y respetando las preferencias de la persona atendida.

La referencia conceptual clásica, todavía vigente en cualquier manual de gestión sanitaria, es el modelo del médico y epidemiólogo Avedis Donabedian, que propuso evaluar la calidad asistencial a través de tres dimensiones interrelacionadas:

  • Estructura: los recursos disponibles para prestar la asistencia (instalaciones, equipamiento, personal, organización, sistemas de información).
  • Proceso: lo que realmente se hace con esos recursos (la adecuación de las actuaciones diagnósticas, terapéuticas y de cuidados a la evidencia disponible y a las necesidades del paciente).
  • Resultado: el efecto final de la asistencia sobre el estado de salud, la funcionalidad y la satisfacción de la persona atendida.
Idea clave — el modelo de Donabedian: estructura, proceso y resultado no son tres compartimentos aislados sino una cadena causal: una buena estructura facilita un buen proceso, y un buen proceso tiende a producir un buen resultado. Toda la arquitectura de calidad del SSPA que vas a estudiar en este tema —planes, comisiones, acreditación, procesos asistenciales— se puede releer como un esfuerzo por intervenir en uno o varios de estos tres eslabones.

A ese esquema clásico se añade hoy un consenso internacional, popularizado por el Institute of Medicine estadounidense y asumido por el Sistema Nacional de Salud (SNS) y por el propio SSPA, sobre las dimensiones que debe cumplir una atención sanitaria de calidad, resumidas en el acrónimo inglés STEEEP: que sea segura (Safe, sin dañar al paciente), oportuna (Timely, sin esperas ni retrasos que perjudiquen), efectiva (Effective, basada en la evidencia científica), eficiente (Efficient, sin desperdiciar recursos), equitativa (Equitable, igual con independencia del origen, sexo o nivel socioeconómico) y centrada en el paciente (Patient-centered, respetuosa con sus valores y preferencias). Estas seis dimensiones reaparecen, con distintos nombres, en el Plan de Calidad del SSPA, en los estándares de acreditación de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía (ACSA) y en la Estrategia de Seguridad del Paciente que se estudian más adelante en este mismo tema.

Conviene distinguir también dos términos que el temario cita de forma diferenciada y que conviene no confundir en el examen: la evaluación (medir sistemáticamente cómo se está haciendo algo, comparándolo con un estándar o criterio) y la mejora continua (el conjunto de acciones organizadas para, a partir de esa medición, cambiar la práctica y volver a medir). Sin evaluación no hay mejora posible porque no se sabe dónde está el problema; sin mejora, la evaluación se queda en un ejercicio estéril de recogida de datos. El SSPA articula ambos momentos —evaluar y mejorar— a través de un entramado de instrumentos, órganos y programas que este tema recorre de forma ordenada: primero el marco normativo y estratégico (Plan de Calidad), después los instrumentos técnicos de evaluación, los órganos de participación profesional (comisiones y grupos de mejora), la agencia especializada (ACSA) y su modelo de acreditación, la estrategia específica de seguridad del paciente, y finalmente la gestión por procesos asistenciales como forma concreta de traducir todo lo anterior en la práctica clínica diaria.

Por qué importa para el logopeda del SAS: aunque la calidad se presente como una materia de gestión, en la práctica determina aspectos muy concretos del ejercicio profesional: qué escalas de evaluación se usan porque están validadas y recomendadas por una guía de práctica clínica, cómo se registra la actividad para poder auditarla, en qué comisiones puede participar un/a logopeda de un hospital o distrito, y qué estándares evalúa un evaluador de la ACSA cuando visita una Unidad de Gestión Clínica en la que se presta atención logopédica.

2. MARCO NORMATIVO DE LA CALIDAD: DE LA LEY GENERAL DE SANIDAD A LA LEY DE COHESIÓN Y CALIDAD

La preocupación normativa por la calidad asistencial en España no nace con la Ley 16/2003; ya la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, fundacional del Sistema Nacional de Salud, incluyó entre las actuaciones sanitarias del sistema de salud, en su artículo 18, «el control de calidad de la asistencia sanitaria en todos sus niveles», situando así la evaluación de la calidad como una función pública del sistema desde su origen, junto a la ordenación de las actividades sanitarias, la asistencia primaria y especializada, o los programas de prevención. Este mandato genérico se fue desarrollando después, tanto a nivel estatal como en cada comunidad autónoma tras las transferencias sanitarias.

En Andalucía, la Ley 2/1998, de 15 de junio, de Salud de Andalucía —norma que ya has estudiado en profundidad en el Tema 3 de este temario— recoge entre sus principios inspiradores la concepción integral de la salud, la mejora continua de la calidad de los servicios y la orientación de todo el sistema sanitario público de Andalucía (SSPA) hacia la satisfacción de las necesidades de salud de la ciudadanía. Ese mandato legal de origen autonómico es el que, en el plano organizativo, la Consejería competente en materia de salud y el SAS despliegan a través de sus sucesivos instrumentos de planificación: el Plan Andaluz de Salud (marco general de salud pública) y, específicamente en el terreno que ocupa este tema, el Plan de Calidad del SSPA.

A nivel estatal, la pieza normativa de referencia sigue siendo la Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud, que ya conoces del Tema 11 como la norma que cohesiona los diecisiete servicios de salud autonómicos. Dentro de su arquitectura, la ley dedica un capítulo específico —el Capítulo VI, «De la calidad del Sistema Nacional de Salud»— a fijar el marco general de la calidad como política de Estado. Ese capítulo crea instrumentos que operan a escala de todo el SNS y que sirven de referencia obligada a cualquier plan autonómico de calidad, entre ellos:

  • Los indicadores clave del SNS (el conjunto de indicadores comparables entre comunidades autónomas, la base sobre la que se construye el INCLASNS-BD que estudiaste en el Tema 11).
  • Las guías de práctica clínica y los registros de buenas prácticas, elaborados con la participación de las sociedades científicas.
  • Los informes anuales de calidad, que evalúan el conjunto del sistema en dimensiones como la efectividad, la seguridad, la accesibilidad o la satisfacción de la ciudadanía.
  • La acreditación de centros, servicios y unidades asistenciales, cuyo desarrollo detallado corresponde a cada comunidad autónoma —en Andalucía, a la ACSA, como se estudia en el epígrafe 6 de este tema.
Idea clave: el Capítulo VI de la Ley 16/2003 fija el qué a escala estatal (indicadores comunes, guías de práctica clínica, informes de calidad, acreditación), pero es cada comunidad autónoma la que decide el cómo dentro de su territorio. En Andalucía ese «cómo» tiene nombre propio: el Plan de Calidad del SSPA como instrumento estratégico y la ACSA como agencia técnica encargada de ejecutarlo.

Esta arquitectura de dos niveles —marco estatal de cohesión y calidad, desarrollo autonómico propio— es exactamente el mismo patrón que ya viste al estudiar la relación entre la Ley General de Sanidad, la Ley de cohesión y calidad y la Ley de Salud de Andalucía en temas anteriores, y conviene tenerlo presente porque el examen suele plantear preguntas que exigen distinguir qué corresponde al nivel estatal y qué al nivel autonómico dentro de la política de calidad.

3. EL PLAN DE CALIDAD VIGENTE EN EL SSPA

El Plan de Calidad del Sistema Sanitario Público de Andalucía es el instrumento estratégico con el que la Consejería competente en materia de salud y el SAS traducen el mandato legal de mejora continua en objetivos, líneas de actuación y compromisos concretos, alineados con el Plan Andaluz de Salud vigente y con el resto de estrategias y planes integrales del SSPA. No es un documento aislado: se articula con el Contrato Programa entre la Consejería y el SAS y con los Acuerdos de Gestión que descienden hasta cada centro, distrito y unidad de gestión clínica, de modo que los objetivos de calidad no queden en un plano puramente estratégico sino que se conviertan en indicadores exigibles y evaluables en la práctica asistencial diaria.

Aunque la denominación y el periodo de vigencia de los sucesivos planes de calidad han ido cambiando —el SSPA ha contado históricamente con varias ediciones desde comienzos de la década de 2000—, sus líneas estratégicas mantienen una lógica estable que conviene fijar por bloques, porque es el esquema que mejor resiste al examen tipo test:

Línea estratégica Qué persigue Ejemplos de despliegue
Seguridad del paciente Reducir el riesgo de daño evitable asociado a la asistencia Estrategia para la Seguridad del Paciente en Andalucía (epígrafe 9)
Efectividad clínica y gestión del conocimiento Que la práctica se base en la mejor evidencia disponible Guías de práctica clínica, procesos asistenciales integrados (epígrafe 10)
Participación ciudadana y profesional Incorporar la voz de pacientes, familias y profesionales al diseño de los servicios Escuela de Pacientes, foros de participación, grupos de mejora
Acreditación y reconocimiento Certificar externamente que centros, unidades y profesionales cumplen estándares de calidad Programas de acreditación de la ACSA (epígrafes 6-8)
Innovación y resultados en salud Orientar la gestión hacia los resultados que importan al paciente, no solo hacia la actividad Indicadores de resultados percibidos por el paciente (PROMs/PREMs), historia digital, telemedicina
Perla de examen: el IV Plan Andaluz de Salud incluye entre sus compromisos estratégicos «situar el Sistema Sanitario Público de Andalucía al servicio de la ciudadanía con el liderazgo de los y las profesionales, potenciando el espacio compartido de la gestión clínica». No confundas este tipo de declaraciones estratégicas —propias de un plan de salud o de calidad como instrumento de planificación— con un precepto legal de la Ley de Salud de Andalucía ni con un objetivo del Estatuto de Autonomía: son niveles normativos distintos y el examen suele tender la trampa de mezclarlos.

Un elemento que conviene subrayar es que el Plan de Calidad del SSPA no es un documento que «se aplica» desde fuera a los centros, sino que se construye y despliega en cascada: la Consejería fija las líneas estratégicas generales, el Contrato Programa las traduce en objetivos y financiación para el SAS, y los Acuerdos de Gestión de cada centro y unidad las concretan en indicadores anuales sobre los que se evalúa a los equipos directivos y, en gran medida, a los propios profesionales a través de la carrera profesional y de los complementos de productividad ligados a la calidad. Esta cascada explica por qué la calidad, lejos de ser un concepto abstracto, condiciona aspectos muy tangibles del día a día de cualquier profesional del SAS, incluido el/la logopeda: registro sistemático de la actividad, cumplimentación de escalas validadas, participación en auditorías o en la implantación de un proceso asistencial integrado.

Recuerda: el Contrato Programa (Consejería-SAS) y los Acuerdos de Gestión (centro-Consejería/SAS) son los instrumentos de planificación estratégica que ya estudiaste en el Tema 3 y en el Tema 18; el Plan de Calidad es el contenido temático que, entre otros, viaja a través de esos instrumentos.

4. INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN Y MEJORA CONTINUA DE LA ASISTENCIA

Si el Plan de Calidad fija el «hacia dónde», los instrumentos de evaluación y mejora continua son el «cómo» operativo con el que el SSPA comprueba si se avanza en esa dirección y corrige el rumbo cuando no es así. El esquema conceptual más citado para organizar cualquier proceso de mejora continua es el ciclo PDCA o ciclo de Deming (Plan-Do-Check-Act; en español, Planificar-Hacer-Verificar-Actuar), que estructura la mejora como un bucle permanente y no como una acción puntual:

  • Planificar (Plan): identificar el problema o la oportunidad de mejora, analizar sus causas y diseñar la intervención.
  • Hacer (Do): implantar la intervención, preferiblemente a pequeña escala o de forma piloto.
  • Verificar (Check): medir los resultados obtenidos y compararlos con los objetivos previstos mediante indicadores.
  • Actuar (Act): estandarizar la mejora si ha funcionado, o replantear el ciclo si no se han alcanzado los resultados esperados.
Idea clave: el ciclo PDCA no es exclusivo del ámbito sanitario, pero es el esqueleto conceptual que subyace a la mayoría de los instrumentos concretos de evaluación y mejora que vas a ver a continuación: cada uno de ellos, en el fondo, es una forma distinta de recorrer las cuatro fases de planificar, hacer, verificar y actuar.

Entre los instrumentos concretos que el SSPA emplea para evaluar y mejorar la asistencia, destacan los siguientes:

Indicadores de calidad. Son medidas cuantitativas que permiten comparar la práctica real con un estándar o criterio previamente definido. Se clasifican, siguiendo el propio modelo de Donabedian, en indicadores de estructura (por ejemplo, ratio de profesionales por población atendida), de proceso (porcentaje de pacientes a los que se aplica una escala de cribado recomendada) y de resultado (tasa de reingresos, mejora funcional tras la intervención, satisfacción percibida). Un buen indicador debe ser válido, fiable, sensible al cambio y factible de obtener con los sistemas de información disponibles (fundamentalmente, en el SSPA, a través de DIRAYA).

Auditorías clínicas. Consisten en la revisión sistemática, por pares o por evaluadores externos, de una muestra de historias clínicas o de procesos asistenciales para verificar el grado de cumplimiento de un estándar o de una guía de práctica clínica. Pueden ser internas (realizadas por el propio servicio o unidad) o externas (realizadas por la Inspección de Servicios Sanitarios o por evaluadores de la ACSA en el marco de un proceso de acreditación).

Autoevaluación institucional. Es el ejercicio mediante el cual una unidad, servicio o centro analiza su propio funcionamiento frente a un modelo o unos estándares de referencia, aportando evidencias documentales de su propia práctica. Este mecanismo es la base tanto de los programas de certificación de competencias profesionales de la ACSA como de modelos de gestión de calidad de referencia internacional como el modelo EFQM (European Foundation for Quality Management), que estructura la autoevaluación en torno a «agentes facilitadores» (liderazgo, estrategia, personas, alianzas y recursos, procesos) y «resultados» (en personas, clientes, sociedad y resultados clave).

Perla de examen: según el temario oficial del programa de Certificación de Competencias Profesionales de la ACSA, la segunda fase del proceso es la Autoevaluación, en la que el/la profesional recopila y aporta pruebas de su propia práctica real y diaria: autoauditorías, informes de reflexión y certificados son ejemplos válidos de esas evidencias. Las entrevistas, en cambio, NO son una prueba que el profesional aporte por sí mismo, sino un instrumento que emplean los evaluadores externos en la fase posterior de evaluación. (Examen SAS Logopeda 2025, turno libre, pregunta 13.)

Encuestas de satisfacción y experiencia del paciente. Recogen la percepción de la persona atendida sobre distintas dimensiones de la asistencia (trato, información recibida, tiempos de espera, resultado percibido). Cada vez tienen más peso los llamados PROMs (Patient-Reported Outcome Measures, resultados de salud referidos directamente por el paciente, como la mejora funcional tras una intervención logopédica) y PREMs (Patient-Reported Experience Measures, experiencia vivida durante el proceso asistencial), que complementan los indicadores puramente clínicos con la perspectiva de quien recibe la atención.

Benchmarking o comparación entre centros. Consiste en comparar los indicadores de un centro, servicio o unidad con los de otros centros de características similares, para identificar buenas prácticas replicables y detectar desviaciones que requieran análisis. El SSPA dispone de sistemas de información corporativos (ya estudiados en el Tema 19) que permiten este tipo de comparaciones a nivel de toda la red de centros.

Atención — error común: no confundas «medir» con «mejorar». Un indicador o una auditoría solo aportan información; la mejora real exige que esa información se traduzca en un cambio de práctica (fase «Actuar» del ciclo PDCA) y que se vuelva a medir después para comprobar su efecto. Un examen puede plantear una pregunta que distinga «instrumento de evaluación» de «instrumento de mejora»: en sentido estricto, todos los instrumentos citados son de evaluación, y se convierten en mejora solo cuando sus resultados generan una acción de cambio.

5. LAS COMISIONES DE CALIDAD, COMISIONES CLÍNICAS Y GRUPOS DE MEJORA

La calidad asistencial no se gestiona solo «desde arriba», mediante planes y agencias; el SSPA cuenta con una red de órganos de participación profesional dentro de cada centro asistencial cuya función es precisamente acercar la evaluación y la mejora al terreno donde se produce la asistencia. El temario distingue tres figuras que, aunque relacionadas, tienen un origen y un alcance distintos: las Comisiones Clínicas, las Comisiones de Calidad y los Grupos de Mejora.

Las Comisiones Clínicas son órganos colegiados de asesoramiento técnico a la Dirección de cada centro, integrados por profesionales sanitarios, cuya función es analizar aspectos concretos de la práctica clínica y proponer medidas de mejora. Su origen normativo es anterior a la propia creación del SAS: se remontan al Real Decreto 521/1987, de 15 de abril, por el que se aprobó el Reglamento sobre Estructura, Organización y Funcionamiento de los Hospitales gestionados por el entonces Instituto Nacional de la Salud (INSALUD), norma que reguló de forma pionera la estructura orgánica hospitalaria, incluyendo expresamente la constitución de comisiones clínicas como órganos de participación y asesoramiento técnico. Aunque hoy la organización interna de los hospitales del SSPA se rige por su propia normativa autonómica, el esquema de comisiones clínicas que instauró aquel reglamento —y buena parte de su denominación— sigue reconocible en la práctica de los centros.

Perla de examen: la norma que reguló de forma pionera las Comisiones Clínicas y otros órganos colegiados de participación y asesoramiento en los hospitales fue el Real Decreto 521/1987, de 15 de abril, por el que se aprueba el Reglamento sobre Estructura, Organización y Funcionamiento de los Hospitales gestionados por el INSALUD. No lo confundas con la Ley 14/1986 General de Sanidad (que fija los principios generales del sistema, pero no la estructura interna hospitalaria) ni con la Ley 55/2003 del Estatuto Marco (que regula al personal estatutario, no la organización de comisiones). (Examen SAS Logopeda 2023, estabilización, pregunta 8.)

Entre las comisiones clínicas «clásicas» que, con variaciones según el centro, siguen operando en los hospitales del SSPA se encuentran, entre otras: la Comisión de Infecciones, Profilaxis y Política Antibiótica (vigilancia y prevención de las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria, IAAS), la Comisión de Farmacia y Terapéutica (selección racional de medicamentos, guía farmacoterapéutica del centro), la Comisión de Historias Clínicas (calidad, accesibilidad y custodia de la documentación clínica), la Comisión de Mortalidad (análisis de los fallecimientos para detectar oportunidades de mejora) y la Comisión de Docencia (formación de profesionales en formación especializada). Cada una de ellas encaja con naturalidad en el modelo de Donabedian: analizan estructura (recursos, protocolos disponibles), proceso (cómo se actúa) y resultado (qué consecuencias tiene esa actuación).

Las Comisiones de Calidad, por su parte, tienen un alcance más transversal: no se centran en un área clínica concreta, sino en la coordinación general de la política de calidad del centro, integrando las propuestas de las distintas comisiones clínicas, impulsando los planes de mejora y actuando de enlace entre la dirección del centro y los programas de calidad de la Consejería y de la ACSA (por ejemplo, coordinando los procesos de acreditación de unidades o el seguimiento de los indicadores del Plan de Calidad).

Los Grupos de Mejora, finalmente, son la estructura más flexible y operativa de las tres: equipos multidisciplinares constituidos ad hoc para abordar un problema concreto de calidad detectado en la práctica diaria (por ejemplo, reducir el tiempo de espera para la primera valoración logopédica en un proceso de daño cerebral, o mejorar el registro de la evaluación de la disfagia al ingreso). Su composición no depende de la categoría profesional sino de la implicación directa en el problema a resolver, y su funcionamiento sigue habitualmente el ciclo PDCA descrito en el epígrafe anterior: se constituyen para un objetivo delimitado, trabajan un tiempo limitado y se disuelven —o se transforman en otro grupo— una vez implantada y verificada la mejora.

Idea clave para distinguir las tres figuras: la Comisión Clínica es permanente y especializada en un área (infecciones, farmacia, historias clínicas…); la Comisión de Calidad es permanente y transversal a todo el centro; el Grupo de Mejora es temporal y centrado en un problema concreto. Las tres comparten la misma lógica: son cauces de participación profesional que acercan la evaluación y la mejora continua al lugar donde se produce la asistencia.

6. LA AGENCIA DE CALIDAD SANITARIA DE ANDALUCÍA (ACSA)

La Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía (ACSA) es la entidad instrumental de la Junta de Andalucía, adscrita a la Consejería competente en materia de salud, especializada en el diseño, la gestión y la evaluación de los instrumentos de calidad del SSPA. Su creación respondió a la necesidad de disponer de un organismo técnico independiente de la gestión asistencial directa, capaz de establecer estándares objetivos, formar evaluadores y emitir certificaciones y acreditaciones con garantías de rigor y de imparcialidad frente a los propios centros evaluados.

La ACSA desarrolla, fundamentalmente, cuatro grandes líneas de actividad que conviene diferenciar bien porque el examen tiende a plantear preguntas sobre «a qué programa pertenece» un determinado proceso:

Programa de la ACSA Objeto de la evaluación A quién certifica/acredita
Acreditación de Centros y Unidades Centros sanitarios, Unidades de Gestión Clínica y unidades/servicios concretos A la organización (centro o unidad)
Certificación de Competencias Profesionales El desempeño profesional individual frente a un perfil de competencias A la persona profesional
Acreditación de Grupos y Unidades de Investigación La actividad investigadora de un grupo o unidad Al grupo/unidad de investigación
Distintivos de calidad de páginas web sanitarias Fiabilidad y calidad de la información de salud publicada en internet Al sitio web evaluado
Idea clave: mientras que la acreditación de centros y unidades evalúa a la organización (estructura, procesos y resultados de un servicio o de una Unidad de Gestión Clínica en su conjunto), la certificación de competencias profesionales evalúa el desempeño individual de un/a profesional concreto. Un/a logopeda del SAS puede, por tanto, estar implicado en dos procesos distintos de la ACSA a la vez: la acreditación de la unidad en la que trabaja y la certificación de sus propias competencias profesionales.

Todos los programas de la ACSA comparten una metodología común, que reproduce de nuevo la lógica del ciclo de mejora continua: (1) solicitud voluntaria por parte del centro, unidad o profesional; (2) autoevaluación frente a un manual de estándares publicado por la propia agencia, aportando evidencias documentales de la práctica real; (3) evaluación externa por un equipo de evaluadores acreditados por la ACSA, que puede incluir visita presencial, entrevistas y revisión de historias clínicas; y (4) resolución, con un informe de retorno que reconoce el nivel alcanzado y, en su caso, identifica áreas de mejora para una futura reacreditación. Este esquema general se desarrolla con más detalle, aplicado específicamente a centros y unidades, en el epígrafe 8 de este tema.

Recuerda: el carácter voluntario de la solicitud es un rasgo distintivo del modelo andaluz de acreditación: a diferencia de una autorización o de un registro administrativo (obligatorios para poder funcionar), acreditarse por la ACSA es una decisión que toma el propio centro o profesional para obtener un reconocimiento externo de calidad que va más allá del mínimo legal exigible.

7. EL MODELO ANDALUZ DE CALIDAD SANITARIA

Se conoce como «modelo andaluz de calidad sanitaria» al conjunto de principios y metodología que la ACSA aplica de forma transversal a todos sus programas de evaluación, y que lo distingue de otros modelos de calidad de referencia internacional como la certificación ISO 9001 (centrada en la gestión de procesos y en la documentación del sistema de calidad) o el propio modelo EFQM ya citado (centrado en la excelencia organizativa global). El modelo andaluz no es incompatible con ellos —de hecho, comparte con el EFQM la lógica de autoevaluación frente a estándares y la distinción entre agentes facilitadores y resultados— pero tiene rasgos propios que conviene fijar:

  • Estándares específicos para el sector sanitario, redactados por profesionales del propio sistema y organizados en manuales diferenciados según el tipo de organización evaluada (centros hospitalarios, centros de atención primaria, unidades de gestión clínica, profesionales concretos).
  • Orientación a la seguridad del paciente y a los resultados en salud como eje transversal de todos los estándares, no solo como un bloque aislado.
  • Participación activa de los propios profesionales como evaluadores, formados y acreditados por la propia ACSA, lo que refuerza la legitimación del modelo entre los pares evaluados (evaluación «desde dentro» del sistema, no por una consultora externa ajena a la práctica clínica).
  • Enfoque de mejora continua y no sancionador: el objetivo de la evaluación no es «aprobar o suspender» sino identificar el nivel de desarrollo alcanzado y las áreas de mejora, en una lógica de progresión hacia niveles superiores de calidad a lo largo de sucesivos ciclos de acreditación.
Idea clave: el modelo andaluz de calidad sanitaria traslada al ámbito clínico la misma filosofía que ya has visto en el ciclo PDCA y en el modelo EFQM: no busca un juicio puntual de aprobado/suspenso, sino establecer un estándar objetivo y compartido, medir la distancia entre la práctica real y ese estándar, y generar un plan de mejora que se vuelve a evaluar en el siguiente ciclo.

Los estándares de calidad que emplea la ACSA en sus distintos manuales se organizan habitualmente en grandes bloques temáticos que recorren toda la cadena de valor de la organización evaluada: la orientación a la ciudadanía (información, participación, accesibilidad, trato), la organización y liderazgo (definición de objetivos, gestión de riesgos, sistemas de información), las personas (competencia profesional, formación continuada, condiciones de trabajo) y los procesos asistenciales propiamente dichos (adecuación a la evidencia, coordinación entre niveles, seguridad del paciente, resultados obtenidos). Esta estructura por bloques es la que después se concreta, con estándares específicos, en el proceso de acreditación de centros y unidades que se desarrolla en el epígrafe siguiente.

Atención — no confundir: el modelo andaluz de calidad sanitaria (la filosofía y la metodología general de la ACSA) no es lo mismo que la acreditación (uno de los productos concretos que resultan de aplicar ese modelo a un centro o unidad). Un examen puede preguntar por rasgos del «modelo» en abstracto (participación de profesionales, enfoque no sancionador, estándares propios) frente a características del procedimiento de «acreditación» en sí (fases, niveles, vigencia).

8. ACREDITACIÓN DE CENTROS, SERVICIOS Y UNIDADES

La acreditación es el reconocimiento formal, otorgado por la ACSA, de que un centro, un servicio o una unidad cumple un determinado nivel de desarrollo respecto a los estándares de calidad establecidos en el manual correspondiente. A diferencia de la autorización sanitaria de funcionamiento (un requisito administrativo obligatorio, gestionado por la Consejería, sin el cual un centro no puede prestar asistencia), la acreditación es un reconocimiento voluntario y de valor añadido: certifica no que el centro cumple el mínimo legal para funcionar, sino que ha alcanzado un nivel de calidad que va más allá de ese mínimo.

El proceso de acreditación de un centro, servicio o unidad sigue las cuatro fases genéricas ya descritas para el conjunto de los programas de la ACSA en el epígrafe 6, aplicadas ahora a una organización concreta:

Fase Qué ocurre
1. Solicitud El centro o la unidad solicita voluntariamente su incorporación al programa de acreditación correspondiente
2. Autoevaluación El equipo del centro/unidad analiza su propio funcionamiento frente al manual de estándares, aportando evidencias documentales (protocolos, registros de actividad, indicadores, resultados de encuestas de satisfacción, actas de comisiones o grupos de mejora)
3. Evaluación externa Un equipo de evaluadores/as acreditados por la ACSA revisa la documentación aportada y realiza una visita presencial, con entrevistas a profesionales y pacientes y revisión de una muestra de historias clínicas
4. Resolución y reconocimiento La ACSA emite un informe con el nivel de acreditación alcanzado y las áreas de mejora detectadas, de cara a un futuro ciclo de reacreditación

Un rasgo característico del modelo andaluz —coherente con el enfoque de mejora continua descrito en el epígrafe anterior— es que la acreditación no se concede en términos de «todo o nada», sino que reconoce distintos niveles de desarrollo respecto a los estándares, de manera que un centro o unidad pueda progresar en sucesivos ciclos desde un nivel inicial de cumplimiento hasta niveles de excelencia, en lugar de tener que alcanzar de golpe el nivel máximo. Esta gradación por niveles es lo que convierte a la acreditación en un instrumento de mejora continua y no solo en un sello puntual: el informe de evaluación no se limita a certificar, sino que señala explícitamente qué estándares están pendientes de desarrollo para el siguiente ciclo.

En el ámbito de la Gestión Clínica, la acreditación de Unidades de Gestión Clínica (UGC) tiene especial relevancia práctica: al tratarse de la unidad organizativa básica en la que se integran distintas categorías profesionales —incluida, en muchos casos, la logopedia dentro de unidades de rehabilitación, neurología, otorrinolaringología o daño cerebral— en torno a un proceso asistencial común, la acreditación de la UGC evalúa de forma conjunta la coordinación entre profesionales, la continuidad asistencial entre niveles y la existencia de protocolos y vías clínicas compartidas, más allá del desempeño aislado de cada disciplina.

Perla de examen: distingue con precisión la autorización sanitaria (obligatoria, administrativa, condición para poder funcionar, competencia de la Consejería) de la acreditación de la ACSA (voluntaria, técnica, reconocimiento de un nivel de calidad superior al mínimo legal). Es un distractor muy habitual presentar la acreditación como un requisito obligatorio para prestar asistencia, cuando en realidad no lo es.
Idea clave: la vigencia de una acreditación no es indefinida: los centros y unidades acreditados deben someterse a procesos periódicos de reacreditación, lo que garantiza que el reconocimiento refleja el nivel de calidad actual y no una fotografía fija de un momento pasado, cerrando así el círculo del ciclo de mejora continua aplicado a nivel organizativo.

9. ESTRATEGIA PARA LA SEGURIDAD DEL PACIENTE EN ANDALUCÍA

La seguridad del paciente —entendida como la ausencia, prevención y minimización de daños innecesarios asociados a la atención sanitaria— es hoy una de las dimensiones centrales de cualquier política de calidad, y el SSPA la desarrolla a través de una Estrategia para la Seguridad del Paciente específica, alineada con la Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud impulsada desde el Ministerio de Sanidad y con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la materia.

El punto de partida conceptual de toda estrategia de seguridad del paciente es asumir que buena parte de los eventos adversos (daños no intencionados causados por la asistencia sanitaria, y no por la enfermedad de base) son evitables, y que su origen suele estar en fallos del sistema (de organización, de comunicación, de diseño de procesos) más que en errores individuales aislados. Este enfoque, conocido como «cultura justa» o «cultura de seguridad», desplaza el foco desde la búsqueda de un culpable individual hacia el análisis de las condiciones organizativas que hicieron posible el error, favoreciendo así que los propios profesionales notifiquen los incidentes sin miedo a represalias.

Idea clave — cultura de seguridad: un sistema con buena cultura de seguridad no es aquel en el que «no pasan cosas», sino aquel en el que los incidentes y los «casi errores» (near misses) se notifican, se analizan sin buscar culpables individuales y generan cambios reales en la organización para que no se repitan. La ausencia de notificaciones no significa ausencia de riesgo: puede significar, al contrario, miedo a notificar.

La Estrategia para la Seguridad del Paciente en Andalucía se despliega, en sintonía con las prioridades internacionales de la OMS y del SNS, en torno a varias líneas de actuación y prácticas seguras que conviene conocer porque son de aplicación directa en cualquier centro asistencial del SSPA:

Práctica segura En qué consiste
Higiene de manos Cumplimiento de los «cinco momentos» de la OMS para la higiene de manos en la asistencia sanitaria, como medida más eficaz y coste-efectiva para reducir las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria (IAAS)
Identificación inequívoca del paciente Uso de al menos dos identificadores (nunca el número de habitación o cama) antes de cualquier actuación diagnóstica o terapéutica, para evitar errores de persona
Cirugía segura / listados de verificación Checklist quirúrgico de la OMS (verificación de paciente, procedimiento y lado correctos) y, por extensión, listados de verificación en procedimientos diagnósticos o terapéuticos de riesgo
Seguridad en el uso del medicamento Conciliación de la medicación entre niveles asistenciales, prevención de errores en la prescripción y administración, doble verificación en fármacos de alto riesgo
Prevención de úlceras por presión y caídas Escalas de valoración del riesgo y protocolos de prevención en pacientes con movilidad reducida o deterioro cognitivo
Sistemas de notificación de incidentes Registro voluntario, no punitivo y confidencial de incidentes y eventos adversos para el análisis y el aprendizaje organizativo
Atención — relevancia directa para la logopedia clínica: varias de estas prácticas seguras atañen de forma directa al ejercicio del/la logopeda del SAS. La identificación inequívoca del paciente es imprescindible antes de cualquier prueba de deglución o de evaluación instrumental; la higiene de manos es especialmente crítica en la exploración orofaríngea y en el manejo de material reutilizable (por ejemplo, en videoendoscopia de la deglución); y la correcta identificación y cribado del riesgo de disfagia al ingreso es en sí misma una práctica de seguridad del paciente, al prevenir aspiraciones y sus complicaciones respiratorias.

Un componente transversal de la estrategia es la gestión de riesgos sanitarios, entendida como el proceso sistemático de identificación, análisis y tratamiento de los riesgos asistenciales antes de que se materialicen en un evento adverso. Herramientas como el Análisis Modal de Fallos y Efectos (AMFE) —de carácter proactivo, que analiza un proceso para anticipar dónde puede fallar antes de que ocurra el incidente— se emplean cada vez con más frecuencia junto a los análisis causa-raíz de carácter retrospectivo, que investigan en profundidad un evento adverso ya ocurrido para identificar sus causas sistémicas y proponer barreras de seguridad.

Perla de examen: recuerda la diferencia entre un análisis proactivo (como el AMFE, que se aplica ANTES de que ocurra el incidente, anticipando puntos débiles del proceso) y un análisis reactivo o retrospectivo (como el análisis causa-raíz, que se aplica DESPUÉS de un evento adverso ya ocurrido). Es un distractor típico intercambiar ambos conceptos.

10. DISEÑO Y MEJORA CONTINUA DE LOS PROCESOS ASISTENCIALES: GUÍAS Y PROTOCOLOS

La última pieza del tema —y la que más directamente conecta la calidad con la práctica clínica diaria— es la gestión por Procesos Asistenciales Integrados (PAI), el modelo organizativo con el que el SSPA ordena la atención a un problema de salud concreto (por ejemplo, el ictus, la disfagia orofaríngea, el cáncer de laringe o el trastorno del desarrollo del lenguaje) desde la perspectiva de la persona que lo padece, en lugar de organizar la asistencia únicamente en torno a los servicios o especialidades que intervienen.

El punto de partida conceptual es distinguir la gestión por procesos de la tradicional gestión por servicios o departamentos: mientras que esta última organiza la actividad en torno a estructuras (el servicio de neurología, el servicio de rehabilitación, la unidad de logopedia), la gestión por procesos la organiza en torno al itinerario completo que recorre el paciente, atravesando distintos niveles asistenciales y distintas categorías profesionales, con el objetivo explícito de garantizar la continuidad asistencial y evitar las «fracturas» que se producen cuando cada servicio actúa de forma aislada.

Perla de examen: según la Guía de diseño y mejora continua de procesos asistenciales integrados de la Consejería de Salud, uno de los principios básicos que sustentan el modelo de atención basada en la gestión por procesos es la potenciación y el desarrollo de la Gestión Clínica, entendida como el espacio en el que los propios profesionales asumen un papel activo en la organización y en la toma de decisiones sobre los recursos. El modelo de procesos NO concibe al paciente como sujeto pasivo de su proceso de atención, sino como protagonista activo, y NO promueve la estratificación de los niveles asistenciales sin continuidad entre ellos, sino justamente lo contrario: la integración y la continuidad entre niveles. (Examen SAS Logopeda 2025, turno libre, pregunta 24.)

Un Proceso Asistencial Integrado se documenta, típicamente, a través de los siguientes elementos, que conviene identificar porque son los que aparecen citados en cualquier PAI publicado por la Consejería:

  • Definición funcional: qué se entiende por el proceso, dónde empieza (por ejemplo, la sospecha clínica de disfagia) y dónde termina (el alta o la estabilización del problema).
  • Destinatarios y objetivos: a quién se dirige y qué resultados en salud persigue.
  • Componentes y actividades: la secuencia ordenada de actuaciones (profesional que interviene, actividad, características de calidad exigibles a cada actividad) a lo largo del recorrido del paciente.
  • Representación gráfica del proceso (diagrama de flujo o mapa de proceso), que visualiza la secuencia de actividades y las conexiones entre niveles asistenciales.
  • Indicadores para evaluar el cumplimiento y el resultado del proceso, enlazando de nuevo con los instrumentos de evaluación estudiados en el epígrafe 4.

Íntimamente relacionados con los PAI, aunque con un alcance distinto, están las guías de práctica clínica (documentos elaborados con metodología rigurosa —habitualmente siguiendo niveles de evidencia y grados de recomendación, como estudiarás con más detalle en el Tema 23— que sintetizan la mejor evidencia disponible sobre el diagnóstico y el tratamiento de un problema de salud) y los protocolos asistenciales (documentos más operativos y locales, que concretan en un centro o unidad concreta cómo aplicar una guía o un proceso, adaptándolo a los recursos y a la organización disponibles). La relación entre las tres figuras se puede resumir así: la guía de práctica clínica aporta la evidencia científica; el proceso asistencial integrado organiza el itinerario del paciente a través de todo el sistema; y el protocolo aterriza ambos en la práctica concreta de un servicio.

Idea clave: no confundas los tres niveles de concreción: guía de práctica clínica (evidencia científica sobre qué hacer), proceso asistencial integrado (organización del itinerario del paciente a través del sistema, con enfoque de continuidad y gestión clínica) y protocolo (aplicación operativa concreta en un servicio o unidad). Los PAI se apoyan en las guías de práctica clínica para definir sus componentes, y a su vez orientan la elaboración de protocolos locales.

Los Mapas de Procesos constituyen la representación de conjunto de todos los procesos asistenciales integrados del SSPA, clasificados habitualmente en procesos clave o asistenciales (los que tienen contacto directo con el paciente y aportan valor a su atención, como los relacionados con el daño cerebral, la disfagia o el desarrollo del lenguaje), procesos estratégicos (los de planificación y dirección del propio sistema) y procesos de soporte (los que no tienen contacto directo con el paciente pero son necesarios para que los procesos clave funcionen, como los sistemas de información, la gestión de recursos humanos o los servicios centrales de un hospital). Junto a los PAI y al mapa de procesos, el SSPA articula también Planes Integrales (por ejemplo, en salud mental, en cuidados paliativos o en diabetes), que abordan un problema de salud desde una perspectiva poblacional y de salud pública más amplia que la de un único proceso asistencial, fijando situación, objetivos y líneas de acción a medio plazo.

11. LA CALIDAD Y LA SEGURIDAD EN LA PRÁCTICA DIARIA DEL LOGOPEDA DEL SAS

Todo el andamiaje descrito en este tema —planes, comisiones, agencia de acreditación, procesos asistenciales— tiene un correlato muy concreto en el ejercicio profesional del/la logopeda del SAS, y conocerlo no es solo relevante para el examen, sino para entender el marco en el que se desarrolla el trabajo clínico diario.

En primer lugar, la evaluación logopédica se apoya cada vez más en escalas e instrumentos validados (por ejemplo, la escala GRBAS o la escala PAS de Rosenbek, que estudiarás en detalle en los temas clínicos de voz y de disfagia) precisamente porque las guías de práctica clínica y los procesos asistenciales integrados exigen que la práctica se sustente en instrumentos con evidencia de fiabilidad y validez, no en criterios puramente subjetivos: esa exigencia de rigor metodológico es, en el fondo, una manifestación directa de la dimensión de efectividad descrita en el epígrafe 1.

En segundo lugar, el registro sistemático de la actividad en la historia clínica electrónica (a través de DIRAYA) no es solo una obligación administrativa: es la materia prima con la que se construyen los indicadores de proceso y de resultado que después se auditan, se comparan mediante benchmarking y se emplean para evaluar el cumplimiento de un proceso asistencial integrado. Un registro incompleto o poco sistemático no solo dificulta la continuidad asistencial de un paciente concreto, sino que distorsiona toda la cadena de evaluación de la calidad descrita en este tema.

En tercer lugar, el/la logopeda puede formar parte activa de los órganos de participación estudiados en el epígrafe 5: integrándose en comisiones clínicas cuando el centro las constituye con un enfoque multidisciplinar (por ejemplo, en comisiones relacionadas con la seguridad del paciente o con procesos de daño cerebral), participando en grupos de mejora orientados a un problema concreto de su ámbito (reducir el tiempo de espera, mejorar el cribado de disfagia al ingreso, estandarizar la derivación desde otorrinolaringología), o colaborando en los procesos de acreditación de la Unidad de Gestión Clínica en la que se integra, aportando evidencias de su propia práctica.

Idea clave: la Certificación de Competencias Profesionales de la ACSA, estudiada en el epígrafe 6, es un reconocimiento al que puede optar voluntariamente cualquier logopeda del SAS a título individual, aportando evidencias de su práctica (autoauditorías, informes de reflexión, formación continuada, resultados clínicos) para obtener un reconocimiento externo de su competencia profesional, con valor además en la carrera profesional que estudiaste en el Tema 16.

Por último, la seguridad del paciente atraviesa de forma muy directa la práctica logopédica en el ámbito de la disfagia orofaríngea, donde una evaluación deficiente puede derivar en aspiraciones, neumonías por aspiración o desnutrición; en la motricidad orofacial y en la voz, donde el manejo de material reutilizable y la exploración orofaríngea exigen un cumplimiento estricto de las prácticas de higiene de manos y de prevención de infecciones; y en cualquier ámbito clínico, donde la correcta identificación del paciente antes de una prueba instrumental (videoendoscopia, análisis acústico, evaluación audiológica) es una barrera de seguridad elemental y, como se ha visto, una prioridad explícita de la Estrategia de Seguridad del Paciente.

12. IDEAS CLAVE PARA EL REPASO

  • La calidad asistencial se evalúa clásicamente a través del modelo de Donabedian (estructura-proceso-resultado) y de las seis dimensiones STEEEP (segura, oportuna, efectiva, eficiente, equitativa, centrada en el paciente).
  • El marco normativo combina un nivel estatal (Ley 14/1986 General de Sanidad; Ley 16/2003 de cohesión y calidad, con su Capítulo VI dedicado a la calidad del SNS) y un nivel autonómico (Ley 2/1998 de Salud de Andalucía; Plan de Calidad del SSPA).
  • El Plan de Calidad del SSPA se despliega en cascada a través del Contrato Programa (Consejería-SAS) y los Acuerdos de Gestión (centro-SAS), y articula líneas estratégicas de seguridad del paciente, efectividad clínica, participación, acreditación e innovación.
  • El ciclo PDCA (Planificar-Hacer-Verificar-Actuar) es el esquema conceptual común a todos los instrumentos de evaluación y mejora continua: indicadores, auditorías clínicas, autoevaluación, encuestas de satisfacción (PROMs/PREMs) y benchmarking.
  • Las Comisiones Clínicas (permanentes, especializadas, origen en el RD 521/1987) se diferencian de las Comisiones de Calidad (permanentes, transversales) y de los Grupos de Mejora (temporales, centrados en un problema concreto).
  • La ACSA desarrolla cuatro programas: acreditación de centros y unidades, certificación de competencias profesionales, acreditación de grupos de investigación y distintivos de páginas web; todos comparten la metodología de solicitud voluntaria, autoevaluación, evaluación externa y resolución.
  • El modelo andaluz de calidad sanitaria se caracteriza por estándares propios del sector sanitario, evaluadores profesionales del propio sistema y un enfoque de mejora continua no sancionador, con niveles progresivos de desarrollo.
  • La acreditación de la ACSA es voluntaria y de valor añadido, a diferencia de la autorización sanitaria de funcionamiento, que es obligatoria y administrativa.
  • La Estrategia para la Seguridad del Paciente en Andalucía se apoya en la cultura de seguridad no punitiva y despliega prácticas seguras concretas: higiene de manos, identificación inequívoca, cirugía/procedimientos seguros, seguridad del medicamento y sistemas de notificación de incidentes.
  • La gestión por Procesos Asistenciales Integrados (PAI) organiza la asistencia en torno al itinerario del paciente, con continuidad entre niveles y potenciación de la Gestión Clínica, distinta de la tradicional gestión por servicios o departamentos.
  • Distingue los tres niveles de concreción: guía de práctica clínica (evidencia), proceso asistencial integrado (organización del itinerario) y protocolo (aplicación operativa local).

13. MAPA CONCEPTUAL

CALIDAD EN EL SISTEMA SANITARIO (SSPA)

├── CONCEPTO → modelo de Donabedian (Estructura-Proceso-Resultado) · dimensiones STEEEP

├── MARCO NORMATIVO
│ ├── Estatal → Ley 14/1986 (control de calidad, art. 18) · Ley 16/2003 Cap. VI (calidad del SNS)
│ └── Autonómico → Ley 2/1998 Salud de Andalucía · Plan de Calidad del SSPA

├── PLAN DE CALIDAD DEL SSPA
│ ├── Despliegue → Contrato Programa → Acuerdos de Gestión
│ └── Líneas → seguridad del paciente · efectividad clínica · participación · acreditación · innovación

├── INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN Y MEJORA (ciclo PDCA: Planificar-Hacer-Verificar-Actuar)
│ ├── Indicadores (estructura/proceso/resultado) · Auditorías clínicas
│ └── Autoevaluación (EFQM) · Encuestas PROMs/PREMs · Benchmarking

├── ÓRGANOS DE PARTICIPACIÓN
│ ├── Comisiones Clínicas (permanentes, especializadas, RD 521/1987)
│ ├── Comisiones de Calidad (permanentes, transversales)
│ └── Grupos de Mejora (temporales, problema concreto)

├── ACSA — Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía
│ ├── Programas → Acreditación centros/UGC · Certificación competencias · Grupos investigación · Webs
│ ├── Metodología → solicitud · autoevaluación · evaluación externa · resolución
│ └── Modelo andaluz → estándares propios · evaluadores del sistema · enfoque no sancionador · niveles

├── ACREDITACIÓN (≠ autorización obligatoria)
│ └── Voluntaria · por niveles progresivos · reacreditación periódica

├── SEGURIDAD DEL PACIENTE
│ ├── Cultura de seguridad (no punitiva) · eventos adversos evitables
│ ├── Prácticas seguras → higiene de manos · identificación inequívoca · cirugía segura · medicación · notificación
│ └── Análisis → AMFE (proactivo) · causa-raíz (retrospectivo)

└── PROCESOS ASISTENCIALES INTEGRADOS (PAI)
├── Organización por itinerario del paciente · continuidad · Gestión Clínica
├── Guía de práctica clínica (evidencia) → PAI (organización) → Protocolo (aplicación local)
└── Mapa de Procesos → clave/asistenciales · estratégicos · de soporte

14. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS

  • Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad — artículo 18: actuaciones sanitarias del sistema de salud, incluido el control de calidad de la asistencia sanitaria.
  • Ley 16/2003, de 28 de mayo, de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud — Capítulo VI, «De la calidad del Sistema Nacional de Salud».
  • Ley 2/1998, de 15 de junio, de Salud de Andalucía — principios generales y mejora continua de la calidad de los servicios sanitarios.
  • Real Decreto 521/1987, de 15 de abril, por el que se aprueba el Reglamento sobre Estructura, Organización y Funcionamiento de los Hospitales gestionados por el Instituto Nacional de la Salud (INSALUD) — regulación pionera de las Comisiones Clínicas.
  • Consejería de Salud de la Junta de Andalucía — Plan de Calidad del Sistema Sanitario Público de Andalucía (sucesivas ediciones).
  • Consejería de Salud de la Junta de Andalucía — Guía de diseño y mejora continua de procesos asistenciales integrados.
  • Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía (ACSA) — Manuales de estándares de Acreditación de Centros, Unidades de Gestión Clínica y Certificación de Competencias Profesionales.
  • Estrategia para la Seguridad del Paciente en Andalucía, alineada con la Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud (Ministerio de Sanidad) y con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre seguridad del paciente (higiene de manos, cirugía segura).
  • Donabedian, A. — The Definition of Quality and Approaches to Its Assessment (marco conceptual de estructura, proceso y resultado).
  • Institute of Medicine (IOM), Estados Unidos — Crossing the Quality Chasm: A New Health System for the 21st Century (dimensiones de calidad STEEEP).
  • European Foundation for Quality Management (EFQM) — Modelo de excelencia EFQM.
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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el julio 15, 2026.