Tema 19. Trabajo en equipo. Definición y diagnóstico del trabajo en equipo. Claves para crear y trabajar en equipos eficaces. Conflictos y técnicas de gestión.

57 min agosto 27, 2026 Media Nuevo

Tema 19. Trabajo en equipo. Definición y diagnóstico del trabajo en equipo. Claves para crear y trabajar en equipos eficaces. Conflictos y técnicas de gestión.

Cómo convertir un grupo de profesionales en un equipo coordinado, eficaz y capaz de gestionar correctamente los conflictos en el entorno sanitario
Oposición: Telefonista – Servicio Andaluz de Salud (SAS)
Bloque: Temario Específico — Organización del trabajo | Última actualización: Agosto 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN

El trabajo en equipo constituye una competencia esencial en cualquier organización compleja y adquiere una importancia especial en un centro sanitario. Un hospital, un distrito de atención primaria o un área de gestión sanitaria no funcionan mediante actuaciones aisladas, sino mediante una red de personas, unidades y servicios que dependen unos de otros. La asistencia sanitaria, la información a la ciudadanía, la gestión administrativa, el mantenimiento, la seguridad, las comunicaciones o la atención de una emergencia solo pueden desarrollarse correctamente cuando existe coordinación entre quienes intervienen.

La categoría de Telefonista del Servicio Andaluz de Salud es un ejemplo especialmente claro de esta interdependencia. La persona que trabaja en una central telefónica puede recibir una llamada que debe trasladarse a otra unidad, localizar a un profesional, comunicar una avería, transmitir una incidencia entre turnos, activar las comunicaciones previstas en un procedimiento de emergencia o colaborar con otros puestos de operadora cuando aumenta extraordinariamente el tráfico. Aunque muchas de estas acciones se ejecuten individualmente, su resultado depende del funcionamiento conjunto del equipo.

Por ello, trabajar en equipo no significa simplemente encontrarse físicamente junto a otras personas ni pertenecer al mismo servicio. Supone compartir una finalidad, coordinar las actuaciones, conocer las responsabilidades propias y ajenas, intercambiar información suficiente, establecer procedimientos de trabajo y asumir que el resultado final depende de la aportación conjunta. Un grupo puede estar compuesto por excelentes profesionales y, sin embargo, funcionar mal si cada persona actúa de forma independiente, si las tareas están mal repartidas o si las incidencias no se comunican.

Desde la perspectiva de la oposición interesa dominar cuatro grandes bloques. El primero es la definición del equipo de trabajo y su diferencia respecto de un mero grupo. El segundo es su diagnóstico: cómo determinar si un equipo funciona correctamente y dónde están sus problemas. El tercero comprende las condiciones necesarias para crear equipos eficaces: objetivos claros, roles definidos, coordinación, liderazgo, comunicación, confianza, participación y métodos de trabajo. Finalmente, debe estudiarse el conflicto, sus causas y las técnicas que permiten prevenirlo y gestionarlo.

El trabajo en equipo tampoco es una cuestión ajena a los deberes profesionales del personal estatutario. La Ley 55/2003, de 16 de diciembre, del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud, incorpora dentro de los deberes profesionales la colaboración leal y activa en el trabajo en equipo y la participación eficaz, dentro del nivel que corresponda a cada categoría profesional, en la fijación y consecución de los objetivos asignados a la institución, centro o unidad. Esto refuerza una idea fundamental: colaborar no es una conducta accesoria o voluntarista, sino una dimensión del correcto desempeño profesional.

Idea nuclear: un equipo no es una simple suma de trabajadores. Existe verdadero trabajo en equipo cuando las actividades de distintas personas se integran y coordinan para alcanzar objetivos comunes, con responsabilidades conocidas y colaboración entre sus miembros.
En el examen de Telefonista del SAS 2023 (turno libre, pregunta 63) se evaluaron las características esenciales de un equipo de trabajo: integración de funciones, responsabilidades compartidas y coordinación de las actividades. La respuesta correcta fue la D, que consideraba correctas las tres características. Es una referencia directa al núcleo de este tema.

Además, el trabajo en equipo debe entenderse de manera transversal. No se limita a profesionales sanitarios ni a personas que desempeñan la misma función. La calidad de un centro sanitario depende también de las categorías de gestión y servicios. La persona telefonista forma parte de esa organización y su actuación puede condicionar la continuidad de una comunicación, la localización de un profesional, la respuesta ante una emergencia o simplemente la percepción que la ciudadanía recibe del centro.

La eficacia del equipo, por tanto, debe analizarse tanto por sus resultados como por la forma en que los obtiene. Un equipo que alcanza un objetivo puntual a costa de sobrecargar siempre a las mismas personas, generar enfrentamientos o perder información no es sostenible. El objetivo es conseguir un funcionamiento estable, coordinado, adaptable y capaz de aprender de sus errores.

2. CONCEPTO DE TRABAJO EN EQUIPO

Puede definirse el equipo de trabajo como un conjunto de personas que poseen conocimientos, capacidades o funciones que pueden ser diferentes, pero que orientan su actividad hacia unos objetivos comunes y coordinan de forma interdependiente sus actuaciones para alcanzarlos. La clave se encuentra en tres ideas: finalidad común, interdependencia y coordinación.

La finalidad común significa que cada persona conoce qué resultado pretende alcanzar el conjunto. La interdependencia supone que la actuación de un miembro influye en la de los demás: el trabajo de uno sirve de entrada, apoyo o condición para el trabajo de otro. Finalmente, la coordinación establece la forma en que esas aportaciones individuales se integran.

En una central telefónica hospitalaria puede observarse fácilmente. Un turno recibe incidencias, actualizaciones de extensiones, avisos sobre profesionales localizables y determinadas comunicaciones pendientes. El turno siguiente necesita esa información para continuar prestando correctamente el servicio. Si el relevo no se realiza adecuadamente, el problema no es únicamente de la persona que olvidó transmitir un dato: se ha producido un fallo del proceso de coordinación del equipo.

Otro elemento característico es la complementariedad. Los miembros de un equipo no tienen por qué ser idénticos ni disponer de las mismas fortalezas. Es frecuente que unas personas posean más experiencia en determinados procedimientos, otras manejen con mayor soltura una aplicación y otras destaquen en situaciones de elevada presión. La eficacia surge cuando esas capacidades se combinan y se utilizan al servicio del objetivo común, evitando que el conocimiento quede encerrado en una única persona.

La complementariedad no debe confundirse con dependencia personal. Un equipo bien organizado comparte conocimiento y procedimientos para que el servicio pueda mantenerse ante ausencias, cambios de turno o incidencias. Cuando una tarea crítica solo puede realizarla una persona porque nadie más conoce el procedimiento, existe una vulnerabilidad organizativa que conviene corregir mediante formación, documentación y transferencia de conocimiento.

También es esencial la responsabilidad. En el trabajo en equipo existe una responsabilidad sobre el resultado común, pero ello no elimina las responsabilidades individuales. Cada miembro debe saber qué función le corresponde, qué decisiones puede adoptar, qué información debe comunicar y hasta dónde alcanza su competencia. Compartir responsabilidades no significa diluirlas hasta que nadie pueda determinar quién debía actuar.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 132) se planteó que las tareas complejas se afrontan con mayor éxito mediante el trabajo en equipo. La respuesta correcta fue la A. La lógica es que una tarea compleja suele requerir conocimientos, perspectivas y actuaciones complementarias que pueden distribuirse y coordinarse.

Un equipo necesita además métodos de trabajo. No basta con confiar en la buena voluntad de sus miembros. Debe existir una forma conocida de gestionar el relevo, registrar incidencias, distribuir tareas, comunicar cambios, escalar problemas y adoptar decisiones. Cuanto más crítica sea la actividad, menos puede depender de improvisaciones.

El concepto de trabajo en equipo incorpora, por tanto, una dimensión técnica y otra relacional. La dimensión técnica comprende objetivos, procedimientos, distribución de tareas, recursos y competencias. La dimensión relacional incluye comunicación, confianza, respeto, capacidad para expresar desacuerdos y gestión de conflictos. Ambas son imprescindibles. Un equipo con muy buenas relaciones personales pero sin procedimientos claros puede ser ineficiente; otro con procedimientos excelentes pero relaciones deterioradas puede bloquearse ante la primera discrepancia.

Debe distinguirse también entre cooperar y coordinarse. Cooperar implica disposición para ayudar y contribuir al objetivo común. Coordinarse añade orden: determina quién hace qué, cuándo debe hacerlo, con qué información y cómo se enlaza una actuación con la siguiente. Los equipos eficaces necesitan las dos cosas.

Definición operativa para memorizar: un equipo eficaz combina objetivo común, funciones integradas, responsabilidades claras, interdependencia, coordinación, comunicación y compromiso con el resultado colectivo.

Finalmente, la pertenencia a un equipo no elimina la estructura organizativa. Un servicio sanitario continúa teniendo responsables, procedimientos, competencias profesionales y cadenas de comunicación. Trabajar en equipo no autoriza a realizar funciones que corresponden a otra categoría ni a ignorar los procedimientos establecidos. La colaboración debe producirse siempre dentro de las competencias de cada profesional.

3. DIFERENCIAS ENTRE GRUPO Y EQUIPO DE TRABAJO

En el lenguaje cotidiano se utilizan a menudo como sinónimos los términos grupo y equipo, pero desde el punto de vista organizativo conviene diferenciarlos. Un grupo de trabajo puede estar formado por personas que comparten un espacio, una unidad administrativa o una dependencia jerárquica, mientras que un equipo requiere además integración y coordinación orientadas hacia una finalidad compartida.

Aspecto Grupo de trabajo Equipo de trabajo
Objetivo Puede predominar el cumplimiento individual de tareas Existe una finalidad común conocida y compartida
Organización Las tareas pueden funcionar de forma relativamente independiente Las actividades están conectadas y necesitan coordinación
Responsabilidad Predomina la responsabilidad individual Se combinan responsabilidad individual y responsabilidad por el resultado común
Comunicación Puede limitarse al intercambio imprescindible de información Existe comunicación sistemática para coordinar el trabajo
Competencias Pueden ser semejantes o no necesitar integración Las capacidades se utilizan de forma complementaria
Resultados Pueden equivaler a la suma de producciones individuales El resultado depende de la actuación conjunta

Una de las diferencias más importantes es la interdependencia. Si cuatro personas realizan cuatro tareas completamente independientes y el resultado de una no afecta a las demás, existe poca necesidad de trabajo en equipo. En cambio, si las cuatro actuaciones forman partes sucesivas del mismo proceso, será indispensable coordinarse.

En la central telefónica pueden coexistir las dos situaciones. Una persona puede realizar determinada consulta de directorio de forma individual, pero la prestación global del servicio depende de que todos los puestos utilicen criterios homogéneos, conozcan las incidencias activas y sean capaces de cubrirse mutuamente. El verdadero equipo aparece cuando existe esa integración.

También debe diferenciarse el objetivo común de la mera coexistencia de objetivos individuales compatibles. En un equipo, las personas comprenden que el éxito no consiste únicamente en terminar su parte. Por ejemplo, transferir rápidamente una llamada no puede considerarse un resultado adecuado si se envía repetidamente a una extensión incorrecta. El objetivo común es prestar una comunicación correcta y útil, no simplemente reducir el tiempo que una llamada permanece en el puesto de operadora.

Una característica adicional es la posibilidad de generar sinergia: mediante coordinación y complementariedad, el resultado conjunto puede superar lo que cada persona lograría por separado. Esto sucede cuando la experiencia de un miembro permite detectar un problema que otro no había advertido, cuando una incidencia se resuelve combinando conocimientos o cuando un pico de demanda se absorbe gracias a una distribución flexible de tareas.

Sin embargo, el trabajo colectivo también puede producir efectos negativos si se organiza mal. Uno de ellos es la difusión de responsabilidad: cuanto mayor es el número de personas presentes, más fácil puede resultar pensar que otra se ocupará de una tarea. También puede aparecer la denominada holgazanería social, es decir, la reducción del esfuerzo individual cuando la contribución personal se vuelve menos visible dentro de un grupo demasiado grande o mal organizado.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 133) se preguntó qué puede ocurrir a medida que aumenta el tamaño de un equipo. La respuesta correcta fue la C: en general puede producirse una disminución del esfuerzo individual. El dato debe relacionarse con la difusión de responsabilidad y la menor visibilidad de la aportación personal, no con una supuesta regla que obligue a que los equipos sean siempre pequeños.

No existe un tamaño universalmente perfecto para todos los equipos. La dimensión adecuada depende de la tarea, la complejidad, los turnos, las competencias necesarias y la necesidad de coordinación. Lo importante es comprender que añadir personas no incrementa automáticamente el rendimiento. A partir de cierto punto aumenta el coste de comunicación, aparecen más relaciones internas que coordinar y puede resultar menos clara la responsabilidad individual.

La conclusión práctica es que un equipo debe diseñarse según el trabajo que tiene que realizar. Debe contar con personas suficientes para cubrir sus funciones y contingencias, pero también con mecanismos que permitan identificar responsabilidades, evitar duplicidades y mantener una comunicación manejable.

4. DIAGNÓSTICO DEL TRABAJO EN EQUIPO

Diagnosticar un equipo significa analizar sistemáticamente cómo funciona para detectar fortalezas, problemas y oportunidades de mejora. No debe limitarse a valorar si existe buen ambiente. Un equipo puede mantener relaciones cordiales y, sin embargo, presentar graves deficiencias en la distribución de tareas, la transmisión de incidencias o la toma de decisiones. De la misma forma, un desacuerdo puntual no implica necesariamente que el equipo funcione mal.

Un diagnóstico útil debe examinar varias dimensiones. La primera son los objetivos. Todos los miembros necesitan comprender qué debe conseguir el equipo, cuáles son sus prioridades y qué criterios determinan que el trabajo se ha realizado correctamente. Los objetivos ambiguos favorecen decisiones contradictorias.

La segunda dimensión corresponde a los roles y responsabilidades. Debe existir claridad sobre quién realiza cada tarea, qué actividades pueden compartir varios miembros, quién sustituye a quién, qué decisiones requieren autorización y cómo se escalan las incidencias. Los solapamientos provocan duplicidad; las zonas sin responsable generan tareas olvidadas.

La tercera dimensión es la organización de los procesos. Se analiza cómo se distribuye el trabajo, cómo se realiza el relevo entre turnos, dónde se registra la información, cómo se asignan prioridades y qué procedimiento se sigue ante situaciones excepcionales.

La cuarta dimensión es la comunicación. No basta con que exista mucha comunicación; debe ser pertinente, clara, oportuna y dirigida a quienes realmente la necesitan. Una organización puede sufrir simultáneamente exceso de mensajes irrelevantes y falta de comunicación sobre asuntos críticos.

La quinta dimensión comprende las relaciones, la confianza y el clima. Un equipo necesita que sus miembros puedan informar de un error, reconocer una duda, solicitar ayuda o discrepar de una decisión sin temor a ser ridiculizados. Esta seguridad para participar no elimina la exigencia profesional: precisamente facilita detectar problemas antes de que se conviertan en fallos mayores.

La sexta dimensión es la gestión de los conflictos. Resulta importante observar si los desacuerdos se plantean sobre hechos y criterios profesionales o si se convierten rápidamente en enfrentamientos personales. También interesa saber si los problemas se afrontan o se acumulan sin resolver.

Finalmente deben evaluarse los resultados: calidad del servicio, errores, incidencias repetidas, continuidad entre turnos, cumplimiento de procedimientos, tiempos de respuesta razonables, satisfacción de usuarios internos y capacidad de adaptación.

Dimensión diagnóstica Indicadores de buen funcionamiento Señales de alerta
Objetivos Prioridades conocidas y criterios comunes Cada persona interpreta de forma diferente qué es prioritario
Roles Funciones y sustituciones claras Duplicidades, tareas sin responsable o constantes discusiones competenciales
Procesos Métodos estables y comprensibles Dependencia de improvisaciones o de conocimientos no documentados
Comunicación Información relevante, suficiente y a tiempo Incidencias conocidas solo por parte del turno
Clima Respeto, confianza y posibilidad de pedir ayuda Culpabilización, ocultación de errores o aislamiento
Conflictos Desacuerdos tratados mediante diálogo y criterios objetivos Conflictos crónicos, personalización y formación de bandos
Resultados Servicio estable y aprendizaje de incidencias Errores repetitivos sin acciones correctoras

El diagnóstico debe basarse en hechos observables. Decir que existe «mala comunicación» aporta poca información si no se identifica qué falla exactamente. Un análisis útil puede determinar, por ejemplo, que determinados cambios en los números de contacto no quedan registrados de manera homogénea, que las incidencias nocturnas no llegan siempre al turno de mañana o que dos profesionales interpretan de manera distinta el criterio de escalado.

Conviene distinguir además entre síntomas y causas. Una discusión por el reparto de tareas puede ser el síntoma visible, mientras que la verdadera causa sea una carga de trabajo desequilibrada. Un error al transferir llamadas puede parecer inicialmente individual y tener como causa de fondo un directorio desactualizado. El diagnóstico debe evitar respuestas superficiales y buscar qué condiciones del sistema favorecieron el problema.

Diagnosticar no es buscar culpables: consiste en comparar cómo debería funcionar el equipo con lo que realmente ocurre, identificar la distancia entre ambas situaciones y actuar sobre sus causas.

Cuando la evaluación se realiza de forma periódica se transforma en una herramienta de mejora continua. Las incidencias, reclamaciones internas, fallos de coordinación y situaciones resueltas satisfactoriamente proporcionan información sobre el funcionamiento real del equipo. Utilizadas correctamente permiten ajustar procedimientos, actualizar documentación y orientar la formación.

5. FORMACIÓN Y DESARROLLO DE LOS EQUIPOS

Los equipos no alcanzan automáticamente su máximo rendimiento desde el momento en que se constituyen. Necesitan desarrollar relaciones, procedimientos, expectativas y formas de coordinación. Uno de los modelos clásicos más utilizados para comprender esta evolución es el propuesto por Bruce Tuckman, que describe las fases de formación, conflicto, normalización y desempeño, incorporándose posteriormente una fase de cierre o disolución cuando el equipo finaliza su cometido.

En la fase de formación, las personas comienzan a conocerse, intentan comprender los objetivos y muestran una elevada dependencia de las orientaciones del responsable. Predominan la prudencia y la incertidumbre sobre funciones, criterios y relaciones. En esta etapa es especialmente importante explicar con claridad qué se espera del equipo, cuáles son sus normas y cómo se realiza el trabajo.

La segunda fase suele denominarse conflicto o confrontación. Al aumentar la interacción aparecen diferencias sobre prioridades, procedimientos, reparto del trabajo o formas de relación. La existencia de estas discrepancias no significa necesariamente que el equipo haya fracasado. Puede representar un momento normal de ajuste. El riesgo surge cuando los desacuerdos se personalizan, se ocultan o se gestionan mediante imposición permanente.

En la fase de normalización se consolidan normas de funcionamiento, expectativas y métodos compartidos. Los miembros comprenden mejor sus responsabilidades y desarrollan mecanismos para coordinarse. Las diferencias siguen existiendo, pero se dispone de un marco más estable para tratarlas.

La fase de desempeño se caracteriza por una mayor autonomía y orientación hacia resultados. El equipo utiliza sus capacidades de forma integrada, resuelve con mayor rapidez los problemas y necesita menos energía para gestionar cuestiones internas básicas porque dispone de procedimientos y relaciones suficientemente consolidados.

Fase Situación característica Necesidad principal
Formación Incertidumbre sobre funciones y funcionamiento Orientación, objetivos y normas claras
Conflicto Aparecen diferencias y posiciones contrapuestas Comunicación, negociación y liderazgo
Normalización Se consolidan procedimientos y relaciones Coordinación y compromiso
Desempeño El equipo trabaja con autonomía y eficacia Mantener resultados, adaptación y aprendizaje
Cierre Finaliza una misión o cambia sustancialmente el equipo Transferir conocimiento y evaluar resultados

Estas fases no deben interpretarse como una secuencia matemática que todos los equipos recorran de manera idéntica. Un equipo consolidado puede regresar temporalmente a una etapa de ajuste cuando cambian sus miembros, se implanta una nueva aplicación, se modifican los turnos o aparece un procedimiento distinto. La utilidad del modelo reside en comprender que el conflicto inicial puede formar parte del desarrollo normal y que la eficacia exige tiempo para construir métodos compartidos.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 137) se estableció que en el trabajo en equipo son importantes tanto las habilidades técnicas como las de comunicación y que los equipos deben invertir tiempo en construir sus métodos de trabajo. La respuesta correcta fue la D, que agrupaba ambas afirmaciones.

Esta referencia es especialmente importante porque desmonta dos errores frecuentes. El primero consiste en pensar que basta con seleccionar profesionales técnicamente competentes. El segundo es considerar una pérdida de tiempo la elaboración de normas, procedimientos de relevo o criterios comunes. Precisamente esa inversión inicial reduce posteriormente errores, discusiones y duplicidades.

En un servicio con turnos debe prestarse especial atención a la integración de personas nuevas. La incorporación no debería depender exclusivamente de observar informalmente a los compañeros. Es conveniente facilitar información sobre funciones, directorios, procedimientos, aplicaciones, responsables, situaciones frecuentes, criterios de escalado y normas de confidencialidad. De este modo se acelera la integración y se reduce la variabilidad entre profesionales.

También conviene reconocer el valor del conocimiento tácito de los miembros con experiencia. Determinadas situaciones no aparecen siempre en instrucciones escritas y se aprenden a través de la práctica. El objetivo del equipo debe ser convertir progresivamente ese conocimiento en aprendizaje compartido, evitando que permanezca únicamente en la memoria individual.

6. OBJETIVOS, FUNCIONES, ROLES Y RESPONSABILIDADES

Uno de los pilares de un equipo eficaz es saber qué debe conseguir, quién hace qué y cómo se relacionan las distintas funciones. Cuando estas cuestiones no están claras, aumentan las duplicidades, las tareas olvidadas y los conflictos.

Los objetivos proporcionan dirección. Deben ser suficientemente concretos para orientar las decisiones y permitir evaluar los resultados. En una central telefónica, «atender llamadas» resulta demasiado genérico. La finalidad real incluye facilitar una comunicación correcta, mantener la continuidad del servicio, aplicar las prioridades establecidas, proteger la información y actuar conforme a los procedimientos del centro.

Los objetivos colectivos deben ser compatibles con las funciones individuales. Cada miembro necesita comprender cómo contribuye su trabajo al resultado final. Esta conexión aumenta la responsabilidad y evita que las personas optimicen únicamente una parte del proceso. No sirve de mucho reducir el tiempo medio de atención si se multiplican las transferencias equivocadas.

Las funciones describen actividades que deben realizarse, mientras que los roles expresan la posición funcional que una persona adopta dentro del equipo. Además de roles formales, como coordinador o responsable de turno, pueden existir roles informales: quien facilita información técnica, quien ayuda a integrar a nuevos compañeros o quien suele mediar en situaciones de tensión.

Los roles informales pueden ser positivos, pero el equipo no debe depender excesivamente de ellos. Si una persona concentra toda la información importante porque «siempre sabe resolverlo», la organización debe transformar ese conocimiento en procedimientos o formación compartida. De lo contrario se crea dependencia.

La claridad de responsabilidades tiene una doble vertiente. Por una parte, cada profesional debe conocer sus obligaciones. Por otra, necesita saber hasta dónde llegan. En el caso de una persona telefonista, colaborar con el equipo no significa asumir decisiones clínicas, proporcionar datos sanitarios o sustituir a los responsables que deben valorar una situación. La coordinación eficaz exige precisamente respetar las competencias de cada categoría.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 136) se relacionó expresamente el trabajo en equipo con los deberes del personal estatutario. La respuesta correcta fue la D: el Estatuto Marco contempla tanto la colaboración leal y activa en el trabajo en equipo como la participación eficaz, dentro del nivel correspondiente a la categoría profesional, en la fijación y consecución de los objetivos de la unidad.

Otro aspecto esencial es la distribución equilibrada de las cargas. No significa que todas las personas deban realizar exactamente el mismo número de tareas. Algunas actuaciones requieren más tiempo, dificultad o concentración que otras. Lo importante es que la distribución sea razonable y percibida como justa, teniendo en cuenta las funciones y circunstancias del servicio.

Las cargas desequilibradas constituyen una fuente frecuente de conflicto. Si determinadas tareas menos atractivas recaen sistemáticamente en las mismas personas, se genera sensación de injusticia. Si, por el contrario, el reparto se revisa de forma transparente y existen criterios conocidos, disminuye el componente personal del desacuerdo.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 135) se evaluaron tres medidas para prevenir conflictos: acordar quién asume las tareas, procurar equilibrio en las cargas y establecer cómo se tomarán las decisiones y se tratarán las aportaciones. La respuesta correcta fue la D, porque las tres medidas son necesarias y complementarias.

La asignación de responsabilidades debe contemplar también las sustituciones y contingencias. Un equipo no puede dejar de funcionar porque una persona se ausente inesperadamente. Las actividades críticas necesitan mecanismos de cobertura y suficiente transferencia de conocimiento.

Finalmente, la responsabilidad compartida no significa que todo deba decidirse entre todos. Existen decisiones que corresponden a responsables concretos por razón de competencia, urgencia o procedimiento. La madurez de un equipo consiste en distinguir las cuestiones que requieren participación colectiva de aquellas que deben resolverse mediante la estructura formal establecida.

7. LIDERAZGO Y COORDINACIÓN DEL EQUIPO

El liderazgo cumple una función esencial en la creación y mantenimiento de equipos eficaces. No debe reducirse a ejercer autoridad. Liderar implica orientar al equipo hacia objetivos, organizar recursos, facilitar coordinación, gestionar relaciones y ayudar a resolver los obstáculos que impiden trabajar correctamente.

Una primera función es definir o clarificar los objetivos. Las personas necesitan comprender qué se espera de ellas y qué prioridades debe mantener el servicio. Un liderazgo ambiguo genera criterios distintos y obliga a resolver continuamente las mismas dudas.

La segunda función consiste en distribuir y coordinar las tareas. El responsable debe conocer la capacidad del equipo, detectar sobrecargas, asignar funciones de forma razonable y garantizar que las actividades esenciales disponen de cobertura.

Una tercera función es gestionar la comunicación. No significa monopolizarla, sino asegurar que la información importante llegue a quienes la necesitan. Los cambios de procedimiento, incidencias relevantes, prioridades extraordinarias o problemas técnicos no deberían depender de conversaciones casuales.

La cuarta función es cuidar las relaciones profesionales. El responsable no tiene que conseguir que todos sean amigos, pero sí establecer un entorno de respeto, evitar comportamientos que deterioren el clima y abordar los conflictos antes de que se cronifiquen.

La quinta función es precisamente gestionar conflictos. Liderar no significa eliminar cualquier desacuerdo. Un equipo sin discrepancias puede estar evitando expresar problemas reales. La tarea consiste en conseguir que las diferencias se traten de forma profesional y no bloqueen el objetivo común.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 134) se preguntaron las funciones del coordinador o líder: definir objetivos y distribuir funciones, gestionar comunicación y relaciones personales y gestionar los conflictos. La respuesta correcta fue la D, porque todas esas funciones forman parte de la coordinación del equipo.

No existe un único estilo de liderazgo adecuado para cualquier situación. Un profesional recién incorporado puede necesitar instrucciones más concretas que otro con amplia experiencia. Una emergencia exige más rapidez y dirección que una reunión destinada a mejorar un procedimiento. La eficacia consiste en adaptar el grado de dirección y participación a la naturaleza de la tarea, la urgencia y la capacidad del equipo.

El liderazgo eficaz debe diferenciar control de microgestión. Controlar significa verificar que se cumplen los objetivos y procedimientos; microgestionar supone intervenir innecesariamente en cada detalle, reduciendo autonomía y responsabilidad. Un equipo maduro necesita margen para resolver las situaciones ordinarias dentro de criterios conocidos.

También existe el concepto de liderazgo compartido. Aunque la responsabilidad formal continúe correspondiendo a una persona concreta, distintos miembros pueden asumir iniciativa en función de su conocimiento. Durante una incidencia técnica, por ejemplo, puede resultar útil seguir la orientación del profesional con mayor conocimiento de la herramienta, sin que ello modifique la estructura jerárquica.

Un buen coordinador facilita además el desarrollo de los demás. No debe convertirse en el único capaz de resolver cualquier problema. Si cada incidencia termina siempre en el responsable, el equipo no aprende y se crea un cuello de botella. Es preferible explicar criterios, documentar soluciones y favorecer la autonomía progresiva.

Liderar no significa sustituir competencias: ni el responsable del equipo ni un compañero pueden atribuir a la persona telefonista funciones clínicas o decisiones que correspondan a otros profesionales. El trabajo en equipo se desarrolla dentro del marco funcional de cada categoría.

8. COMUNICACIÓN, CONFIANZA Y COOPERACIÓN

La comunicación constituye el sistema circulatorio del equipo. Sin información adecuada no puede existir coordinación. Sin embargo, comunicar eficazmente no consiste en transmitir el mayor número posible de mensajes, sino en conseguir que la información necesaria llegue de forma correcta, comprensible y oportuna.

En los equipos de trabajo deben combinarse la comunicación vertical, relacionada con la estructura jerárquica, y la comunicación horizontal entre profesionales que necesitan coordinarse. La primera facilita instrucciones, objetivos y escalado de problemas; la segunda permite resolver la actividad cotidiana con agilidad.

Una comunicación eficaz requiere claridad. Los mensajes ambiguos obligan al receptor a interpretar y aumentan la posibilidad de error. También requiere completitud suficiente: transmitir únicamente parte de la información puede ser tan perjudicial como no comunicar nada. Al mismo tiempo debe aplicarse un criterio de pertinencia, evitando saturar al equipo con datos irrelevantes.

La escucha activa es igualmente importante dentro del equipo. Escuchar no consiste únicamente en esperar el turno para responder. Implica prestar atención al contenido, comprobar que se ha comprendido, aclarar ambigüedades y distinguir hechos de interpretaciones.

Cuando se produce un relevo de turno, por ejemplo, una comunicación adecuada debe permitir a quien recibe comprender qué incidencia existe, qué se ha hecho, qué queda pendiente y qué prioridad tiene. Una frase como «hay un problema con una extensión» es claramente insuficiente si no se identifica el problema concreto y su situación.

Otro concepto fundamental es la confianza. En un equipo profesional, confiar no significa asumir que nadie cometerá errores. Significa poder prever que los demás cumplirán sus responsabilidades, comunicarán las incidencias y pedirán ayuda cuando sea necesario.

Relacionada con ella se encuentra la seguridad psicológica: la posibilidad de formular dudas, reconocer equivocaciones, pedir apoyo o plantear una opinión diferente sin temor a sufrir humillación. Este concepto no equivale a tolerar cualquier comportamiento ni elimina la responsabilidad. Al contrario, permite descubrir fallos antes de que se oculten.

Un equipo en el que nadie reconoce un error puede parecer tranquilo, pero resulta peligroso. Si una persona ha realizado una transferencia incorrecta y teme comunicarlo, el problema puede repetirse. Si puede informar con normalidad, el equipo puede corregir la situación y aprender de ella.

El examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 137) reforzó expresamente que las habilidades de comunicación son tan importantes para el trabajo en equipo como las habilidades técnicas. La respuesta correcta fue la D, que combinaba esta idea con la necesidad de construir métodos de trabajo.

La cooperación se manifiesta cuando las personas facilitan el trabajo de los demás sin perder de vista su propia responsabilidad. Puede consistir en asumir temporalmente una carga elevada de llamadas, compartir una solución técnica, advertir de una incidencia o ayudar a un compañero recién incorporado.

Sin embargo, cooperar no significa desarrollar permanentemente el trabajo que corresponde a otra persona. Cuando una ayuda excepcional se convierte en una situación habitual porque no se corrige un reparto deficiente, pueden aparecer sobrecarga y conflicto. La cooperación sostenible necesita reciprocidad y organización.

El Libro de Estilo del Servicio Andaluz de Salud ofrece además un enfoque relevante: la calidad no depende exclusivamente de los profesionales sanitarios de un determinado servicio. Requiere colaboración entre las distintas personas y dispositivos implicados y claridad respecto a las responsabilidades.

En el examen de Telefonista del SAS 2023 (turno libre, pregunta 49) se pidió identificar una afirmación incorrecta sobre trabajo en equipo. La respuesta correcta fue la D, que restringía indebidamente la necesidad de trabajar en equipo únicamente a profesionales sanitarios de un servicio. La enseñanza para la categoría es clara: la colaboración incluye también a profesionales de gestión y servicios.

Para la persona telefonista esta afirmación tiene un significado inmediato. La continuidad y calidad de la atención dependen también de que la comunicación entre servicios funcione. Aunque el telefonista no realice asistencia clínica, su correcta coordinación con el resto de la organización contribuye al funcionamiento global del centro.

9. CLAVES PARA CREAR Y MANTENER EQUIPOS EFICACES

Un equipo eficaz no surge por casualidad. Su funcionamiento depende de un conjunto de condiciones organizativas y relacionales que deben construirse y mantenerse. Entre las más importantes se encuentran la claridad de objetivos, las competencias complementarias, la definición de responsabilidades, la coordinación, la comunicación, la confianza, el liderazgo y la evaluación de resultados.

La primera clave es disponer de un propósito común. Las personas deben saber cuál es la razón de ser del equipo y cuáles son sus prioridades. Ante situaciones que compiten entre sí, el objetivo común sirve de criterio para decidir.

La segunda es contar con competencias suficientes y complementarias. El equipo necesita conocimientos técnicos, capacidad para resolver problemas y habilidades relacionales. No todas las personas deben destacar exactamente en lo mismo, pero el conjunto debe disponer de las competencias que exige su función.

La tercera es la claridad de responsabilidades. Cada profesional debe conocer qué tareas asume y cómo se conectan con las demás. La ambigüedad genera tanto omisiones como duplicidades.

La cuarta es la existencia de métodos de trabajo compartidos. Procedimientos, criterios de relevo, formas de registrar incidencias y canales de comunicación disminuyen la dependencia de interpretaciones individuales.

La quinta es un tamaño adecuado. Añadir personas no mejora indefinidamente el resultado. Los equipos demasiado numerosos requieren más coordinación, multiplican las relaciones internas y pueden favorecer la difusión de responsabilidad.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 133) la respuesta correcta fue la C: al aumentar el tamaño de un equipo puede disminuir, en general, el esfuerzo individual. Para el examen conviene asociarlo a la difusión de responsabilidad y evitar la falsa idea de que un equipo grande es necesariamente más eficaz.

La sexta clave es un reparto razonable de las cargas. Los miembros observan no solo cuánto trabajan ellos, sino cómo se distribuye el esfuerzo dentro del grupo. Una percepción persistente de inequidad deteriora el compromiso.

La séptima es la participación. Las personas que realizan directamente una tarea suelen disponer de información valiosa para mejorarla. Escuchar sus aportaciones aumenta la calidad de las decisiones y facilita la aceptación de los cambios. Participar no significa que todas las decisiones deban adoptarse por unanimidad.

La octava clave es la confianza acompañada de responsabilidad. Un equipo eficaz concede autonomía dentro de criterios definidos, pero también verifica resultados. Confianza sin control puede permitir errores persistentes; control sin confianza puede paralizar la iniciativa.

La novena es la capacidad para afrontar conflictos. Los problemas ignorados rara vez desaparecen por sí solos. A menudo se transforman en resentimiento, comentarios indirectos, reducción de cooperación o formación de subgrupos.

La décima es el aprendizaje. Un equipo maduro no se limita a corregir un error concreto; analiza por qué ocurrió y qué cambio puede impedir que se repita. Las incidencias se convierten así en oportunidades de mejora.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 135) la respuesta correcta fue la D al considerar conjuntamente tres medidas preventivas: asignar claramente tareas, equilibrar cargas y acordar cómo se adoptarán las decisiones y se tratarán las aportaciones.

También debe diferenciarse eficacia de eficiencia. La eficacia se refiere principalmente a alcanzar el resultado previsto; la eficiencia añade la utilización adecuada de recursos. Un equipo puede ser eficaz porque resuelve todas las comunicaciones, pero poco eficiente si necesita repetir continuamente tareas debido a fallos evitables.

En un entorno sanitario debe añadirse además la fiabilidad. Determinadas actuaciones deben realizarse correctamente incluso en periodos de presión, cambios de turno o ausencia de miembros habituales. Para conseguirlo se necesitan procedimientos, formación, redundancias razonables y capacidad de adaptación.

Por último, un equipo eficaz mantiene una cultura de respeto profesional. Las diferencias de experiencia, edad, categoría o estilo personal no justifican descalificaciones. El debate debe centrarse en el problema, el procedimiento y los hechos.

10. TOMA DE DECISIONES Y RESOLUCIÓN COLECTIVA DE PROBLEMAS

La toma de decisiones constituye una de las actividades centrales de un equipo. No todas las decisiones necesitan el mismo procedimiento. Algunas requieren actuación inmediata; otras permiten analizar alternativas; determinadas materias corresponden formalmente a una persona responsable y otras se benefician de una participación amplia.

El primer paso consiste en definir correctamente el problema. Muchos conflictos y decisiones inadecuadas se producen porque cada miembro está intentando resolver una cuestión distinta. Conviene separar hechos, consecuencias e interpretaciones.

El segundo paso es recopilar información relevante. Debe evitarse tanto decidir sin datos suficientes como retrasar indefinidamente una actuación esperando disponer de información perfecta. El nivel de análisis debe ser proporcional a la importancia y urgencia del problema.

Después pueden generarse alternativas. En esta fase conviene evitar descartar prematuramente propuestas. Técnicas como la tormenta de ideas pueden utilizarse para ampliar posibilidades, aunque posteriormente cada opción debe evaluarse con criterios objetivos.

La valoración debe considerar viabilidad, riesgos, recursos, repercusión sobre el servicio y compatibilidad con procedimientos y competencias. En un entorno sanitario, una solución aparentemente rápida puede ser inaceptable si compromete confidencialidad, seguridad o continuidad.

El equipo debe conocer además cómo se adoptará la decisión. Existen distintas modalidades. Una decisión puede corresponder al responsable; puede realizarse una consulta previa y decidir posteriormente quien ostenta la competencia; puede utilizarse mayoría en determinadas materias; o puede buscarse consenso cuando el compromiso colectivo resulta especialmente importante.

El consenso no significa que la opción elegida sea la preferida de todos. Significa que, tras analizar las alternativas, los miembros pueden aceptar la decisión y colaborar con su aplicación. Exigir unanimidad para cualquier asunto puede paralizar al equipo.

Una vez tomada la decisión debe definirse quién la ejecuta, en qué plazo y cómo se verificará. Muchas reuniones producen acuerdos que nunca se traducen en cambios porque nadie asume expresamente la actuación posterior.

También existen riesgos propios de la decisión colectiva. Uno es el pensamiento grupal, que aparece cuando el deseo de mantener la armonía reduce el análisis crítico. Los miembros evitan plantear objeciones, interpretan el silencio como acuerdo y pueden tomar decisiones deficientes. Un equipo eficaz debe permitir la discrepancia argumentada.

Otro riesgo es la polarización: la discusión puede llevar al grupo a adoptar posiciones más extremas que las que mantenían inicialmente sus miembros. También puede aparecer dominación por parte de las personas con mayor rango, experiencia o facilidad verbal, aunque sus argumentos no sean necesariamente mejores.

Una decisión participativa no consiste en hablar hasta que todos piensen igual: exige definir el problema, escuchar información relevante, comparar alternativas, aplicar el procedimiento de decisión adecuado y asignar claramente su ejecución.

En la central telefónica muchas decisiones están procedimentalizadas. Ante determinadas incidencias no corresponde debatir cada vez qué hacer, sino aplicar el procedimiento establecido y escalar cuando sea necesario. La deliberación colectiva tiene mayor utilidad posteriormente, al analizar si el procedimiento ha funcionado y cómo puede mejorarse.

Esta distinción entre operación y mejora es esencial. Durante una situación urgente se necesita rapidez y claridad. Después puede realizarse una revisión tranquila de lo sucedido para identificar problemas y aprender.

11. EL CONFLICTO EN LOS EQUIPOS DE TRABAJO

El conflicto aparece cuando dos o más personas perciben intereses, objetivos, necesidades, criterios o formas de actuación incompatibles. No debe confundirse con una simple diferencia de opinión. Pueden existir opiniones distintas sin que aparezca conflicto cuando el equipo dispone de mecanismos adecuados para analizarlas.

El conflicto no es necesariamente negativo. Un desacuerdo sobre cómo organizar una tarea puede ayudar a descubrir errores, valorar alternativas y mejorar procedimientos. El problema aparece cuando el desacuerdo se desplaza desde la tarea hacia la relación personal, se cronifica o consume más energía que la propia actividad profesional.

Puede distinguirse entre conflicto de tarea, conflicto de proceso y conflicto relacional. El primero se refiere al contenido del trabajo: prioridades, criterios o soluciones. El segundo se relaciona con la forma de organizarlo: reparto, procedimientos o responsabilidades. El tercero afecta a las relaciones personales y suele acompañarse de desconfianza, hostilidad o ataques personales.

Tipo de conflicto Ejemplo Respuesta adecuada
De tarea Dos profesionales discrepan sobre la mejor solución para una incidencia Comparar alternativas con criterios objetivos
De proceso Existe desacuerdo sobre quién debe asumir una determinada tarea Aclarar funciones, cargas y procedimiento
Relacional El desacuerdo deriva en descalificaciones personales Detener la escalada y reconducir el debate hacia hechos y conductas

Entre las causas frecuentes de conflicto se encuentran la ambigüedad de funciones, la distribución desigual de cargas, la escasez de recursos, los objetivos incompatibles, los cambios organizativos, la comunicación deficiente y las diferencias en valores o estilos personales.

La interdependencia también puede favorecer conflictos. Cuanto más necesita una persona del trabajo de otra, mayor repercusión tienen los retrasos o errores. Por ello los equipos altamente interdependientes necesitan procedimientos especialmente claros.

La percepción de injusticia constituye otra causa poderosa. No importa únicamente el resultado final, sino también cómo se ha alcanzado. Las personas valoran si las cargas, turnos, oportunidades y decisiones se distribuyen mediante criterios comprensibles y consistentes.

La comunicación digital puede añadir problemas. Los mensajes escritos eliminan muchos elementos no verbales, favorecen interpretaciones diferentes y pueden generar respuestas precipitadas. Una cuestión sensible que comienza en un mensaje breve puede requerir posteriormente conversación directa.

Los conflictos suelen atravesar un proceso de escalada. Inicialmente existe una diferencia concreta; después las partes pueden atribuir intenciones negativas, recuperar incidentes anteriores y generalizar el problema. El lenguaje cambia de hechos específicos a expresiones como «siempre» o «nunca». Finalmente pueden formarse alianzas y el conflicto afectar a personas que inicialmente no estaban implicadas.

Señal de escalada: cuando el debate deja de tratar una conducta concreta y empieza a cuestionar de forma global a la persona, aumenta el riesgo de conflicto relacional. Hay que volver a hechos, necesidades y soluciones.

Por esta razón la intervención temprana suele ser más sencilla. Un problema pequeño de reparto puede resolverse revisando tareas; después de meses de acumulación quizá exista ya desconfianza y resulte necesaria una intervención más estructurada.

Debe evitarse asimismo interpretar cualquier conflicto como culpa de una personalidad difícil. Muchas tensiones proceden del sistema de trabajo: instrucciones contradictorias, falta de información, cargas imposibles o procedimientos ambiguos. Corregir solo la conducta individual sin revisar esas causas organizativas puede hacer que el problema reaparezca.

12. TÉCNICAS DE PREVENCIÓN Y GESTIÓN DE CONFLICTOS

La mejor gestión del conflicto comienza antes de que aparezca. La prevención consiste en reducir las condiciones que favorecen enfrentamientos: objetivos claros, responsabilidades definidas, cargas razonables, normas conocidas, comunicación suficiente y procedimiento para plantear discrepancias.

El examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 135) proporciona prácticamente una guía de prevención: asignación clara de tareas, equilibrio de cargas y acuerdo sobre la forma de decidir y tratar las aportaciones. La respuesta correcta fue la D, al considerar válidas las tres actuaciones.

Cuando el conflicto ya existe, la primera técnica es separar personas y problema. Las partes deben describir conductas, hechos y consecuencias, evitando etiquetas personales. «La incidencia no quedó registrada y el turno siguiente no pudo conocerla» es una formulación útil; «eres irresponsable» desplaza el debate hacia la identidad de la persona y dificulta la solución.

La segunda técnica es escuchar las distintas posiciones. Escuchar no implica aceptar. Permite comprender qué preocupa a cada parte y detectar intereses que pueden estar ocultos tras las posiciones iniciales.

La tercera consiste en identificar intereses comunes. En un equipo sanitario suele existir al menos un objetivo compartido: continuidad del servicio, seguridad, calidad o correcta atención a la ciudadanía. Recordarlo permite desplazar la discusión desde «mi solución frente a la tuya» hacia «qué opción resuelve mejor el problema».

La cuarta técnica es utilizar criterios objetivos. Procedimientos, datos de actividad, distribución real de tareas o requisitos del servicio reducen el componente personal de la negociación.

Un modelo clásico distingue cinco formas generales de abordar los conflictos según el grado de atención a los intereses propios y a los de la otra parte: competir, colaborar, comprometer, evitar y acomodarse. Ninguna estrategia es adecuada para todas las circunstancias.

Estrategia Característica Cuándo puede resultar útil
Competir Se prioriza con firmeza una posición Decisiones urgentes, seguridad o cumplimiento obligatorio de una norma
Colaborar Se busca una solución que atienda los intereses relevantes de todas las partes Problemas importantes donde interesa una solución estable
Comprometer Cada parte cede parcialmente Cuando una solución intermedia resulta razonable y el tiempo es limitado
Evitar Se pospone o no se entra en el conflicto Cuestiones menores o situaciones que necesitan enfriamiento temporal
Acomodarse Se concede prioridad a la posición de la otra parte Cuando el asunto es poco importante para uno y muy relevante para el otro

La colaboración suele ofrecer soluciones de mayor calidad en problemas complejos, pero requiere tiempo y disposición. No es realista utilizarla en cada decisión rutinaria. La competición puede ser necesaria cuando debe aplicarse inmediatamente una norma de seguridad, aunque su utilización permanente deteriora el clima. Evitar un conflicto puede ser prudente si es trivial o si conviene esperar a que disminuya la tensión, pero convertir la evitación en estrategia habitual permite que los problemas se acumulen.

La negociación consiste en un proceso mediante el cual las partes buscan un acuerdo. Debe centrarse en intereses, alternativas y criterios, no únicamente en posiciones iniciales. Cuando el conflicto no puede resolverse directamente puede ser necesaria la intervención de un tercero.

La mediación introduce una tercera persona neutral que facilita la comunicación y ayuda a las partes a explorar soluciones, sin imponer normalmente la decisión. La conciliación persigue también aproximar posiciones y puede incorporar propuestas de acuerdo según el marco en que se desarrolle. Estas técnicas deben distinguirse de las decisiones jerárquicas o procedimientos formales que correspondan en cada organización.

Otra herramienta esencial es la asertividad. La persona asertiva expresa con claridad su posición y protege sus derechos sin recurrir a agresiones ni someterse automáticamente. En un conflicto permite decir que una carga resulta inviable, que un procedimiento no se ha respetado o que un comportamiento no es adecuado sin atacar personalmente al interlocutor.

Las técnicas de desescalada incluyen reducir el tono, evitar interrupciones, no responder a una provocación con otra, reconocer la parte legítima de la preocupación y trasladar la conversación hacia hechos concretos. Cuando la tensión es elevada puede ser útil posponer brevemente el debate si la actividad asistencial lo permite.

La gestión eficaz del conflicto no busca que una persona «gane»: busca proteger el objetivo del equipo, resolver la causa del desacuerdo y mantener una relación profesional que permita seguir trabajando.

Si el conflicto supera la capacidad de las partes o implica comportamientos graves, debe utilizarse la estructura formal de la organización. Trabajar en equipo no obliga a tolerar amenazas, acoso, discriminación ni incumplimientos de seguridad. En esos casos prevalecen los procedimientos establecidos.

13. CRÍTICAS, FEEDBACK Y CONVERSACIONES DIFÍCILES

La crítica y el feedback forman parte del trabajo en equipo. Un equipo que nunca proporciona información sobre errores o aspectos mejorables pierde oportunidades de aprendizaje. Sin embargo, una crítica mal formulada puede generar defensividad y convertirse en conflicto.

El feedback constructivo debe referirse a conductas observables y no a características personales. Resulta preferible explicar qué ocurrió, qué consecuencia produjo y qué cambio sería necesario. Esto facilita que la otra persona pueda actuar sobre la situación.

También conviene que sea específico. Expresiones generales como «siempre comunicas mal» no indican qué debe modificarse. Una observación sobre un relevo concreto, la información que faltó y la forma adecuada de transmitirla resulta mucho más útil.

El momento y el entorno también son relevantes. Una corrección que no necesita realizarse inmediatamente puede abordarse en un contexto que permita hablar con tranquilidad. Las críticas públicas innecesarias aumentan la sensación de humillación y dificultan la recepción del mensaje.

La persona que recibe una crítica necesita controlar la reacción inicial, escuchar antes de responder y comprobar qué parte del mensaje está basada en hechos. Si existe un malentendido, debe aclararlo. Si la crítica contiene una parte justificada, reconocerla es una conducta profesional.

En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 138) se evaluó cómo debe responder una persona ante una crítica dentro del equipo: dejar a un lado prejuicios, escuchar y aclarar posibles equívocos y reconocer la parte justificada. La respuesta correcta fue la D, que integraba las tres actuaciones.

Reconocer una parte justificada no significa aceptar automáticamente todas las conclusiones de quien critica. Puede afirmarse, por ejemplo, que una información no se transmitió correctamente y, al mismo tiempo, explicar que la causa fue un procedimiento ambiguo que convendría revisar.

Debe diferenciarse el feedback de la culpabilización. El primero pretende mejorar una conducta o proceso; la segunda busca atribuir responsabilidad de forma defensiva y rara vez produce aprendizaje. Un equipo de alto rendimiento analiza los errores con rigor, pero evita una cultura en la que el miedo a ser señalado favorezca ocultarlos.

Una conversación difícil puede estructurarse en varias fases. Primero se describen hechos concretos. Después se explica su repercusión. A continuación se escucha la perspectiva de la otra persona. Finalmente se acuerda qué debe ocurrir a partir de ese momento. La conversación debe terminar, cuando sea posible, con una expectativa clara de cambio.

También existe feedback positivo. Reconocer una actuación correcta ayuda a consolidar comportamientos útiles. No debe reservarse la comunicación únicamente para señalar errores. Un equipo que identifica qué funcionó bien aprende tanto de sus aciertos como de sus fallos.

En el entorno de telefonía, el feedback puede referirse a cuestiones como la correcta documentación de una incidencia, la precisión de un relevo, la aplicación de un procedimiento de emergencia o la forma de distribuir el tráfico durante un pico de demanda. La finalidad no debe ser comparar personalidades, sino mejorar el funcionamiento del servicio.

Regla práctica: criticar la conducta, no la identidad; describir hechos, no atribuir intenciones; escuchar antes de responder; reconocer lo que sea cierto y acordar una mejora concreta.

14. APLICACIÓN PRÁCTICA AL TRABAJO DE LA PERSONA TELEFONISTA

El trabajo en equipo se manifiesta de forma especialmente clara en una central telefónica sanitaria porque el servicio debe mantener continuidad durante todos los turnos. Ninguna persona dispone individualmente de toda la información ni puede prever todas las situaciones que surgirán durante la jornada. La calidad depende de la coordinación.

Una primera situación es el relevo entre turnos. Deben transmitirse las incidencias relevantes que continúan activas, cambios temporales que afecten a las comunicaciones, actuaciones pendientes y cualquier circunstancia necesaria para que el turno entrante pueda trabajar con seguridad y continuidad. El relevo debe evitar tanto omisiones como acumulación de información irrelevante.

Una segunda situación es el aumento extraordinario del tráfico. Cuando entran numerosas llamadas simultáneamente, la eficacia depende de distribuir la carga, mantener criterios comunes y apoyarse mutuamente. Si cada persona intenta resolver aisladamente todas las situaciones sin tener en cuenta la situación global, pueden producirse esperas innecesarias y pérdida de prioridades.

Una tercera situación es la localización de profesionales. El telefonista utiliza los medios y procedimientos establecidos, pero puede necesitar coordinación con compañeros, unidades o responsables cuando la localización no es posible por la vía ordinaria. La clave es seguir el circuito previsto y no improvisar la divulgación de información personal.

Una cuarta situación es la incidencia técnica. Si una extensión, consola o servicio presenta problemas, el equipo debe conocer qué se ha detectado, qué actuaciones se han realizado y a quién se ha comunicado. Una incidencia que se transmite únicamente de palabra a una persona corre el riesgo de perderse con el cambio de turno.

Una quinta situación corresponde a las emergencias. En estos casos la central telefónica se integra en un sistema mucho más amplio. La persona telefonista cumple las funciones previstas en el plan o procedimiento del centro: cursa comunicaciones, localiza responsables o equipos y mantiene los canales necesarios. No decide por sí misma la estrategia de intervención ni sustituye a quienes tienen asignada la dirección de la emergencia.

Situación Necesidad de trabajo en equipo Riesgo si falla la coordinación
Relevo Transferir incidencias y tareas pendientes Pérdida de información y repetición de actuaciones
Pico de llamadas Redistribuir carga y mantener prioridades Congestión y atención desigual
Localización Coordinarse con unidades y responsables Retrasos o comunicaciones erróneas
Avería Registrar, comunicar y realizar seguimiento Incidencias duplicadas o desconocidas
Emergencia Aplicar secuencias y responsabilidades establecidas Mensajes contradictorios o retraso en avisos

El trabajo en equipo resulta asimismo indispensable para mantener la homogeneidad de criterios. La ciudadanía no debería recibir respuestas completamente diferentes dependiendo de qué profesional atienda una llamada. Los procedimientos comunes, la formación y la actualización de la información reducen esta variabilidad.

Debe recordarse siempre que la colaboración tiene límites competenciales. La persona telefonista facilita comunicaciones, pero no proporciona información clínica, no interpreta síntomas, no realiza valoración sanitaria y no debe facilitar datos personales o relativos a la ubicación de pacientes sin base funcional y procedimiento que lo permita.

Trabajo en equipo no equivale a compartir indiscriminadamente información: la información personal o sanitaria solo puede circular entre quienes estén legitimados para conocerla y en la medida necesaria para sus funciones. Cooperación y confidencialidad son compatibles y deben cumplirse simultáneamente.

El equipo debe ayudar también a gestionar las personas de nueva incorporación. Una acogida estructurada reduce errores y aumenta la confianza. Resulta útil explicar el funcionamiento de la central, los procedimientos frecuentes, los circuitos de escalado, la documentación disponible y las normas de confidencialidad.

La colaboración es igualmente esencial cuando alguien comete un error. Primero debe protegerse el servicio y corregirse la consecuencia. Después conviene analizar qué ocurrió y si existen factores del sistema que deben modificarse. La prioridad no debe ser encontrar inmediatamente a quién culpar, sino evitar que el mismo problema se repita.

En el examen de Telefonista del SAS 2023 (turno libre, pregunta 49) la respuesta correcta fue la D al señalar como incorrecta la idea de que el trabajo en equipo sea necesario únicamente para profesionales sanitarios. Para una persona telefonista esta perla es especialmente importante: las categorías de gestión y servicios forman parte del funcionamiento coordinado del centro.

Finalmente, el equipo proporciona resiliencia. Ante ausencias, cambios de actividad o incidencias imprevistas, las personas pueden redistribuir funciones y mantener la continuidad. Esa capacidad no aparece espontáneamente: necesita conocimiento compartido, entrenamiento y confianza.

15. EVALUACIÓN Y MEJORA CONTINUA DEL EQUIPO

Un equipo eficaz no considera terminado su desarrollo cuando alcanza un funcionamiento aceptable. Los servicios cambian, aparecen nuevas herramientas, se incorporan profesionales y surgen problemas distintos. Por ello es necesario revisar periódicamente cómo se trabaja y aplicar un enfoque de mejora continua.

La evaluación debe comenzar por los resultados. Pueden analizarse incidencias, errores repetidos, fallos de relevo, tiempos de resolución razonables, interrupciones del servicio, cumplimiento de procedimientos y problemas señalados por unidades usuarias. Los indicadores deben interpretarse con cuidado: un aumento inicial de incidencias registradas puede significar que ha mejorado la cultura de notificación y no necesariamente que el servicio funciona peor.

Además de resultados debe revisarse el proceso. Un equipo puede conseguir buenos resultados temporalmente mediante un esfuerzo excesivo de determinados miembros. Si esa situación no es sostenible, existe un problema aunque los indicadores finales parezcan correctos.

Las reuniones breves de revisión pueden utilizarse para analizar qué ha funcionado, qué ha fallado y qué debería modificarse. Deben estar orientadas a decisiones y no convertirse en una repetición indefinida de problemas sin responsables ni acciones.

Tras una incidencia relevante resulta útil realizar una revisión posterior. Debe reconstruirse qué ocurrió, qué información estaba disponible, qué decisiones se tomaron, qué funcionó correctamente y dónde existieron dificultades. La finalidad es extraer aprendizaje.

Las mejoras pueden afectar a diferentes niveles. Algunas requieren formación; otras precisan modificar un procedimiento, actualizar un directorio, aclarar responsabilidades o cambiar la forma de registrar información. Elegir una solución sin identificar la causa conduce a acciones poco útiles.

También debe evaluarse la distribución del conocimiento. Si las incidencias más complejas siempre dependen de una única persona, conviene ampliar la formación del resto. La polivalencia razonable incrementa la capacidad del equipo para mantener el servicio ante ausencias.

Otro aspecto es la calidad del relevo. Puede revisarse si la información pendiente queda claramente identificada, si existe un soporte común y si los miembros utilizan criterios homogéneos. Las pérdidas de información entre turnos son problemas de proceso y deben tratarse como tales.

La mejora continua necesita asimismo retroalimentación de los miembros. Las personas que utilizan diariamente una aplicación o procedimiento detectan con frecuencia dificultades que no son visibles desde niveles alejados de la operación. Sus aportaciones deben escucharse y valorarse.

No todas las propuestas serán viables. La participación no implica aceptar cualquier sugerencia. Es importante explicar los criterios con los que se adoptan las decisiones. Esta transparencia contribuye a mantener la confianza incluso cuando una propuesta no puede implantarse.

Ciclo práctico de mejora: observar resultados, detectar el problema, buscar su causa, acordar la actuación, asignar responsabilidad, aplicar el cambio y comprobar si realmente ha mejorado el funcionamiento.

El diagnóstico del equipo, explicado al principio del tema, se integra así en un proceso continuo. Los objetivos, roles, comunicación, liderazgo y conflictos deben revisarse cuando los resultados indican que algo no funciona o cuando cambian las condiciones del servicio.

Un equipo que aprende desarrolla una memoria organizativa. Las soluciones dejan de depender exclusivamente de quién estaba de turno cuando ocurrió el problema. Se documentan, comparten y convierten en conocimiento del conjunto. Para una central telefónica que presta servicio continuo, esta capacidad es especialmente valiosa.

16. IDEAS CLAVE PARA EL EXAMEN

Para resolver preguntas tipo test sobre este tema conviene reconocer primero las características que definen un verdadero equipo: objetivo común, integración de funciones, coordinación, interdependencia y responsabilidad. Una opción que presente el trabajo en equipo como simple suma de esfuerzos aislados debe generar desconfianza.

El segundo bloque esencial es la claridad organizativa. Las tareas deben estar asignadas, las cargas razonablemente equilibradas y las normas de decisión conocidas. Son precisamente elementos que el SAS ha preguntado de forma directa.

El tercero es la combinación de competencia técnica y habilidades de comunicación. No debe elegirse una respuesta que reste importancia a la comunicación. Un equipo necesita hablar, escuchar, coordinar y construir métodos de trabajo.

El cuarto es el liderazgo. Entre las funciones del coordinador se encuentran definir objetivos, distribuir funciones, gestionar comunicación y relaciones y afrontar conflictos. Un distractor frecuente puede intentar limitar el liderazgo únicamente a ordenar tareas.

El quinto es el tamaño del equipo. Más personas no significan automáticamente mejores resultados. El aumento del tamaño puede reducir la visibilidad de la contribución individual y favorecer difusión de responsabilidad.

El sexto bloque es la gestión de críticas. La respuesta profesional consiste en escuchar, aclarar posibles equívocos, revisar prejuicios propios y reconocer la parte justificada. La reacción defensiva automática suele ser un distractor.

Las preguntas 132 a 138 del examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre) formaron un bloque prácticamente monográfico sobre trabajo en equipo. Entre ellas, las respuestas oficiales fueron: P132 correcta A, P133 correcta C, P134 correcta D, P135 correcta D, P136 correcta D, P137 correcta D y P138 correcta D. Este conjunto demuestra el elevado interés histórico del SAS por conceptos de equipo, liderazgo, prevención de conflictos, deberes profesionales, comunicación y recepción de críticas.

Debe evitarse memorizar únicamente la sucesión de letras. Lo importante es comprender el patrón conceptual que explican esas preguntas: las tareas complejas se benefician de la cooperación; los equipos excesivamente grandes pueden reducir el esfuerzo individual; liderar exige organizar tanto la tarea como las relaciones; los conflictos se previenen mediante claridad y equidad; el trabajo en equipo forma parte del comportamiento profesional esperado; comunicación y técnica son inseparables; y la crítica debe recibirse constructivamente.

El examen de 2023 volvió a preguntar esta materia. La pregunta 63 confirmó la definición de equipo basada en integración, responsabilidades compartidas y coordinación. La pregunta 49 recordó que el trabajo en equipo no pertenece exclusivamente a profesionales sanitarios.

En Telefonista del SAS 2023 (turno libre, pregunta 63), la respuesta correcta fue la D: integración armónica de funciones, responsabilidades compartidas y actividades coordinadas son características compatibles de un equipo de trabajo.

Ante una pregunta sobre conflicto debe analizarse si la opción reduce o aumenta la posibilidad de resolverlo. Aclarar tareas, escuchar, utilizar criterios objetivos, equilibrar cargas y separar problema de persona suelen ser conductas adecuadas. Ignorar sistemáticamente los problemas, personalizar las diferencias, imponer siempre una posición o mantener ambigüedad en responsabilidades suelen deteriorar el equipo.

Finalmente, para la categoría de Telefonista debe trasladarse siempre la teoría a la práctica. El equipo existe para garantizar continuidad de las comunicaciones, correcta transmisión de incidencias, cooperación entre turnos y respuesta coordinada ante situaciones ordinarias y extraordinarias. El trabajo en equipo no amplía las competencias de la categoría, sino que permite ejercerlas mejor dentro de la organización.

17. MAPA CONCEPTUAL

TRABAJO EN EQUIPO

├── CONCEPTO
│ ├── Objetivo común
│ ├── Interdependencia
│ ├── Coordinación
│ ├── Complementariedad
│ └── Responsabilidad individual y colectiva

├── DIAGNÓSTICO
│ ├── Objetivos
│ ├── Roles y responsabilidades
│ ├── Procesos y métodos
│ ├── Comunicación
│ ├── Confianza y clima
│ ├── Gestión de conflictos
│ └── Resultados

├── DESARROLLO DEL EQUIPO
│ ├── Formación
│ ├── Conflicto
│ ├── Normalización
│ ├── Desempeño
│ └── Cierre y aprendizaje

├── EQUIPO EFICAZ
│ ├── Objetivos claros
│ ├── Competencias complementarias
│ ├── Roles definidos
│ ├── Cargas equilibradas
│ ├── Métodos compartidos
│ ├── Comunicación
│ ├── Confianza
│ ├── Liderazgo
│ └── Evaluación

├── LIDERAZGO
│ ├── Define objetivos
│ ├── Distribuye funciones
│ ├── Coordina
│ ├── Facilita comunicación
│ ├── Gestiona relaciones
│ └── Gestiona conflictos

├── CONFLICTOS
│ ├── De tarea
│ ├── De proceso
│ └── Relacionales

├── GESTIÓN DEL CONFLICTO
│ ├── Prevenir
│ ├── Escuchar
│ ├── Separar persona y problema
│ ├── Utilizar criterios objetivos
│ ├── Negociar
│ ├── Colaborar
│ ├── Mediar o conciliar
│ └── Escalar cuando corresponda

└── TELEFONISTA SAS
├── Relevo entre turnos
├── Gestión coordinada de llamadas
├── Localización de profesionales
├── Comunicación de incidencias
├── Actuación coordinada en emergencias
├── Confidencialidad
└── Respeto a límites competenciales

18. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS

  • Resolución de 30 de julio de 2024, de la Dirección General de Personal del Servicio Andaluz de Salud — programa de materias vigente de la categoría de Telefonista, que incorpora expresamente el trabajo en equipo, su diagnóstico, equipos eficaces y gestión de conflictos.
  • Ley 55/2003, de 16 de diciembre, del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud — especialmente su regulación de los deberes del personal estatutario relativos a la colaboración en el trabajo en equipo y participación en la consecución de los objetivos de la unidad.
  • Servicio Andaluz de Salud — Libro de Estilo — referencia organizativa y relacional utilizada por el SAS para materias como trabajo en equipo, responsabilidades profesionales, continuidad de la atención, comunicación y relación con las personas usuarias.
  • Tuckman, Bruce W. — Developmental Sequence in Small Groups — modelo clásico de desarrollo de equipos mediante las fases de formación, conflicto, normalización y desempeño.
  • Tuckman, Bruce W. y Jensen, Mary Ann C. — Stages of Small-Group Development Revisited — ampliación del modelo de desarrollo de grupos con la fase de cierre.
  • Katzenbach, Jon R. y Smith, Douglas K. — The Wisdom of Teams — referencia sobre objetivos comunes, competencias complementarias y responsabilidad en los equipos.
  • Hackman, J. Richard — Leading Teams: Setting the Stage for Great Performances — análisis de las condiciones organizativas que favorecen la eficacia de los equipos.
  • Belbin, R. Meredith — Team Roles at Work — referencia clásica sobre complementariedad y roles dentro de los equipos.
  • Thomas, Kenneth W. y Kilmann, Ralph H. — Thomas-Kilmann Conflict Mode Instrument — modelo de gestión de conflictos basado en competir, colaborar, comprometer, evitar y acomodarse.
  • Edmondson, Amy C. — Psychological Safety and Learning Behavior in Work Teams — referencia sobre seguridad psicológica, comunicación de errores y aprendizaje en los equipos.
  • Exámenes oficiales de Telefonista del Servicio Andaluz de Salud — convocatorias utilizadas como referencia para identificar conceptos históricamente preguntados sobre trabajo en equipo, liderazgo, comunicación, responsabilidades y conflictos, contrastando las respuestas con las plantillas definitivas.
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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el agosto 27, 2026.