Tema 75. Actuación ante la parada cardio-respiratoria. Competencias en Reanimación Cardio-Pulmonar (RCP) básica y avanzada, del recién nacido y de la madre.
1. INTRODUCCIÓN
La parada cardiorrespiratoria es la interrupción brusca, inesperada y potencialmente reversible de la circulación y de la respiración efectivas. Produce una suspensión inmediata del aporte de oxígeno a los tejidos y, si no se interviene con rapidez, conduce a lesión cerebral irreversible, fracaso multiorgánico y muerte. La supervivencia no depende únicamente de aplicar una técnica aislada, sino de que una secuencia completa de actuaciones se ejecute correctamente: reconocimiento precoz, activación del sistema de emergencias, reanimación cardiopulmonar de calidad, desfibrilación temprana cuando esté indicada, soporte vital avanzado, tratamiento de la causa y cuidados posresucitación.
En el ámbito de la matronería deben integrarse tres escenarios relacionados, pero clínicamente diferentes. El primero es la reanimación cardiopulmonar básica y avanzada de cualquier persona adulta. El segundo es la parada cardiaca materna, en la que las modificaciones anatómicas y fisiológicas del embarazo obligan a aliviar la compresión aortocava, anticipar una vía aérea difícil y considerar con rapidez una histerotomía resucitativa. El tercero es la reanimación del recién nacido al nacimiento, situación en la que el problema inicial suele ser respiratorio y la ventilación pulmonar efectiva constituye la intervención central.
La mayoría de los recién nacidos realiza la transición a la vida extrauterina sin ayuda o únicamente con medidas sencillas de mantenimiento térmico, posición de la vía aérea, secado y estimulación. Solo una proporción reducida precisa ventilación con presión positiva y un número todavía menor necesita compresiones torácicas, acceso vascular o fármacos. Esta distribución explica por qué todo profesional que atiende nacimientos debe dominar la valoración inicial y la ventilación neonatal, aunque las intervenciones avanzadas sean poco frecuentes.
La parada cardiaca durante el embarazo es infrecuente, pero representa una emergencia de máxima complejidad. En ella existen al menos dos pacientes, aunque la prioridad inmediata sea la reanimación de la mujer. La mejor actuación fetal es restablecer la oxigenación y la circulación maternas. La coordinación entre matronas, obstetricia, anestesiología, medicina intensiva, neonatología, urgencias, banco de sangre y personal auxiliar debe ser inmediata, sin esperar a completar valoraciones prolongadas.
Las recomendaciones actuales se apoyan en las guías de reanimación publicadas en 2025 por el European Resuscitation Council y en el consenso científico del International Liaison Committee on Resuscitation. Estas recomendaciones mantienen como ejes la RCP de alta calidad, las interrupciones mínimas, la desfibrilación precoz, la ventilación eficaz, el tratamiento de las causas reversibles y el entrenamiento periódico de los equipos.
2. CONCEPTOS FUNDAMENTALES Y CADENA DE SUPERVIVENCIA
2.1. Parada respiratoria, parada cardiaca y parada cardiorrespiratoria
La parada respiratoria es el cese de una ventilación espontánea eficaz. Durante un breve periodo puede persistir actividad circulatoria, por lo que el reconocimiento y la ventilación precoz pueden evitar la progresión a parada cardiaca. Son causas posibles la obstrucción de la vía aérea, la depresión farmacológica, una lesión neurológica, la insuficiencia respiratoria extrema, una crisis convulsiva prolongada, la aspiración o las complicaciones anestésicas.
La parada cardiaca implica ausencia de circulación efectiva. Clínicamente se identifica en una persona inconsciente, sin respiración normal y sin signos de circulación. La respiración agónica, los jadeos aislados o una ventilación extremadamente lenta no deben confundirse con respiración normal. También pueden aparecer movimientos convulsivos breves al inicio de la parada por hipoperfusión cerebral, lo que puede retrasar erróneamente el diagnóstico.
El concepto de parada cardiorrespiratoria refleja la estrecha relación entre ambos sistemas. Cuando se detiene el corazón, cesa rápidamente la respiración efectiva; cuando se detiene la ventilación, la hipoxemia y la acidosis terminan produciendo bradicardia y parada cardiaca. En el adulto, muchas paradas súbitas tienen un origen cardiaco primario; en el recién nacido, la secuencia suele comenzar por hipoxia y fracaso de la transición respiratoria.
2.2. Retorno de la circulación espontánea
El retorno de la circulación espontánea se produce cuando reaparece una actividad circulatoria capaz de generar perfusión. Puede manifestarse por movimientos, respiración, tos, aparición de pulso, onda arterial o incremento mantenido del dióxido de carbono al final de la espiración. La elevación del dióxido de carbono espirado puede sugerir el retorno circulatorio, pero no se deben interrumpir las compresiones basándose únicamente en ese dato; debe confirmarse mediante una combinación de signos clínicos y fisiológicos.
El retorno de la circulación no constituye el final de la asistencia. Tras él comienza una fase crítica en la que se deben estabilizar vía aérea, ventilación, oxigenación, presión arterial, temperatura y glucemia, además de identificar la causa de la parada. La lesión cerebral hipóxico-isquémica, la disfunción miocárdica y la respuesta inflamatoria sistémica forman parte del síndrome posparada.
2.3. Cadena de supervivencia
La cadena de supervivencia representa los eslabones que deben funcionar sin demora. El primero es la prevención y el reconocimiento precoz del deterioro. En el hospital, muchas paradas están precedidas por alteraciones respiratorias, hemodinámicas o neurológicas. La vigilancia sistemática, el uso de escalas de alerta y la respuesta ante la preocupación clínica pueden evitar que una paciente llegue a la parada.
El segundo eslabón es la activación inmediata del sistema de ayuda. Fuera del hospital se debe llamar al 112; dentro de un centro sanitario se activa el equipo de emergencias o de parada según el protocolo local. La comunicación debe ser clara: ubicación, paciente, situación, edad gestacional si existe embarazo, necesidad de equipo neonatal, hemorragia u otras circunstancias relevantes.
El tercer eslabón es la RCP precoz. Las compresiones torácicas generan un flujo sanguíneo limitado, pero esencial, hacia el corazón y el cerebro. Su eficacia depende de la frecuencia, profundidad, retroceso completo, superficie adecuada, minimización de pausas y relevo del reanimador antes de que la fatiga deteriore la técnica.
El cuarto eslabón es la desfibrilación precoz en los ritmos desfibrilables. La fibrilación ventricular y la taquicardia ventricular sin pulso pueden revertirse con una descarga eléctrica. Cada minuto de retraso reduce la posibilidad de supervivencia, especialmente si no se realizan compresiones.
Los últimos eslabones incluyen el soporte vital avanzado, la corrección de causas reversibles, los cuidados posresucitación, la rehabilitación y el apoyo a supervivientes, familiares y profesionales. La cadena debe entenderse como un sistema: una desfibrilación rápida pierde eficacia si la parada se reconoce tarde, y una RCP técnicamente correcta resulta insuficiente si no se trata una hemorragia masiva, una embolia pulmonar o una toxicidad farmacológica.
Cadena de supervivencia: prevención y reconocimiento precoz, petición de ayuda, RCP inmediata, desfibrilación temprana, soporte vital avanzado, tratamiento de la causa y cuidados posresucitación.
3. COMPETENCIAS DE LA MATRONA Y ORGANIZACIÓN DE LA RESPUESTA
3.1. Marco competencial
La Orden SAS/1349/2009, por la que se aprueba el programa formativo de la especialidad de Enfermería Obstétrico-Ginecológica, establece que la matrona debe prestar atención al binomio madre-hijo durante el embarazo, parto y puerperio, detectar precozmente situaciones de riesgo, adoptar medidas de urgencia y trabajar de forma coordinada con el equipo. Incluye expresamente la competencia para reconocer y prestar cuidados inmediatos al recién nacido y ejecutar los niveles de reanimación neonatal que precise, dentro de la formación, la capacitación y los protocolos aplicables.
La competencia profesional no debe interpretarse como una actuación aislada. La matrona inicia sin demora las maniobras necesarias, activa los recursos, prepara material, participa en el soporte vital avanzado y mantiene la continuidad asistencial. Las intervenciones invasivas o farmacológicas se ejecutan conforme a la capacitación acreditada, la prescripción o los protocolos de emergencia vigentes. En una situación vital no debe retrasarse una actuación incluida en la competencia profesional por esperar la llegada de otro miembro del equipo.
3.2. Competencias esenciales ante una emergencia
La primera competencia es el reconocimiento del deterioro. Incluye detectar alteraciones de conciencia, trabajo respiratorio, cianosis, hipotensión, hemorragia, dolor torácico, convulsiones, bradicardia fetal grave, toxicidad farmacológica o signos de sepsis. La matrona debe valorar sistemáticamente a la mujer mediante el enfoque ABCDE: vía aérea, respiración, circulación, discapacidad neurológica y exposición.
La segunda es activar la respuesta adecuada. Debe identificar que se trata de una parada obstétrica cuando corresponda, solicitar simultáneamente equipo de soporte vital adulto, obstetricia, anestesia, neonatología y recursos de transfusión. En una mujer con útero de tamaño igual o superior a unas veinte semanas debe anticiparse la posibilidad de histerotomía resucitativa.
La tercera es iniciar RCP de calidad y utilizar el desfibrilador. Todo profesional sanitario debe saber colocar los parches, identificar las instrucciones de un desfibrilador automatizado y, si está capacitado, manejar un desfibrilador manual. La gestación no contraindica la desfibrilación y no exige reducir la energía.
La cuarta es aplicar las modificaciones obstétricas: posición supina sobre superficie firme, desplazamiento uterino manual hacia la izquierda, acceso vascular preferente por encima del diafragma, retirada de monitores fetales que interfieran y preparación precoz de la histerotomía resucitativa.
La quinta es reconocer que la ventilación constituye el elemento prioritario de la reanimación neonatal. Debe valorar respiración, frecuencia cardiaca y tono; mantener la temperatura; colocar la cabeza en posición neutra; administrar insuflaciones eficaces; comprobar movimiento torácico y respuesta de la frecuencia cardiaca; e iniciar compresiones solo después de confirmar ventilación efectiva.
3.3. Distribución de funciones
Una respuesta organizada exige liderazgo y asignación explícita de tareas. El líder mantiene una visión global, confirma el algoritmo, anticipa pasos y evita que varias personas realicen la misma intervención mientras otras quedan desatendidas. Deben asignarse responsables de compresiones, vía aérea, desfibrilador, acceso vascular, fármacos, desplazamiento uterino, registro, preparación quirúrgica y atención neonatal.
La comunicación de bucle cerrado reduce errores. Cuando el líder solicita una intervención, el receptor repite la orden, la ejecuta y confirma su realización. Los fármacos deben verbalizarse con nombre, dosis, vía y hora. Las descargas se anuncian de manera audible, comprobando que nadie toca a la paciente.
La persona encargada del registro documenta tiempos esenciales: reconocimiento, inicio de compresiones, ritmo inicial, descargas, fármacos, acceso vascular, retorno circulatorio, nacimiento si se realiza histerotomía y decisiones clínicas. Este registro permite continuidad asistencial, información a la familia, revisión de calidad y protección jurídica.
4. REANIMACIÓN CARDIOPULMONAR BÁSICA EN EL ADULTO
4.1. Seguridad y reconocimiento
Antes de aproximarse se valora la seguridad del entorno. En áreas asistenciales pueden existir riesgos eléctricos, gases, fluidos, objetos punzantes o contaminación. En el medio extrahospitalario deben considerarse tráfico, fuego, derrumbes o violencia. La seguridad del reanimador evita que una emergencia genere nuevas víctimas.
Se comprueba la respuesta hablando con firmeza y aplicando un estímulo prudente. Si no responde, se solicita ayuda inmediatamente. Las recomendaciones actuales refuerzan la activación precoz del sistema de emergencias ante toda persona inconsciente. Con un teléfono móvil debe utilizarse el altavoz para mantener la comunicación mientras se valora la respiración y se inicia la asistencia.
La vía aérea se abre mediante extensión de la cabeza y elevación del mentón, salvo que exista una situación que aconseje una técnica alternativa. Se observa si respira normalmente durante un periodo breve, sin prolongar la comprobación. La presencia de jadeos, respiración muy lenta, ruidosa o irregular debe interpretarse como respiración anormal.
El profesional sanitario puede comprobar simultáneamente signos de circulación, pero no debe emplear más de unos segundos ni retrasar las compresiones por una búsqueda prolongada del pulso. Si existe duda, se trata como parada cardiaca.
4.2. Activación y solicitud del desfibrilador
En la comunidad se llama al 112 y se solicita un desfibrilador externo automatizado. Si existen varios reanimadores, uno inicia RCP mientras otro realiza la llamada y busca el dispositivo. En el hospital se activa el equipo de parada, se acerca el carro de reanimación y se colocan los parches de desfibrilación lo antes posible.
La información inicial debe ser breve: persona inconsciente, respiración anormal, parada confirmada o sospechada, ubicación exacta y circunstancias especiales. En obstetricia se añade edad gestacional aproximada, puerperio, hemorragia, convulsión, anestesia reciente o tratamiento con sulfato de magnesio.
4.3. Compresiones torácicas de calidad
La paciente se coloca en decúbito supino sobre una superficie firme. El talón de una mano se sitúa en la mitad inferior del esternón y la otra mano encima, con los dedos entrelazados. Los brazos se mantienen extendidos y los hombros se colocan verticalmente sobre el tórax. La fuerza debe dirigirse perpendicularmente.
La frecuencia recomendada es de 100 a 120 compresiones por minuto. Una frecuencia inferior genera un flujo insuficiente; una frecuencia excesiva suele reducir la profundidad y el retroceso. La profundidad en el adulto debe ser de al menos 5 cm, evitando superar 6 cm.
Después de cada compresión debe permitirse el retroceso completo del tórax. Apoyarse de forma continua aumenta la presión intratorácica, disminuye el retorno venoso y reduce la perfusión coronaria. Las pausas se limitan al mínimo imprescindible para analizar el ritmo, administrar una descarga o realizar una intervención que no pueda ejecutarse durante las compresiones.
El reanimador se releva aproximadamente cada dos minutos o antes si aparece fatiga. El cambio debe realizarse durante una pausa programada y en pocos segundos. La calidad se deteriora antes de que quien comprime perciba cansancio importante.
4.4. Ventilaciones
Cuando el reanimador está entrenado se alternan 30 compresiones con 2 ventilaciones. Cada ventilación se administra durante aproximadamente un segundo, con el volumen necesario para observar el comienzo de la elevación torácica. Una ventilación excesiva aumenta la presión intratorácica, favorece la insuflación gástrica y reduce el retorno venoso.
En el entorno sanitario se utiliza preferentemente bolsa autoinflable con reservorio, oxígeno y una mascarilla adecuada. La técnica con dos profesionales mejora el sellado: uno mantiene la vía aérea y la mascarilla con ambas manos, mientras otro comprime la bolsa. Si no se consigue elevación torácica tras dos intentos debe revisarse la posición, el sellado, la apertura de la vía aérea y la posibilidad de obstrucción.
Una vez colocado un dispositivo supraglótico o un tubo traqueal eficaz, se realizan compresiones continuas y unas 10 ventilaciones por minuto, sin sincronizarlas con las compresiones. Si una vía supraglótica presenta fugas importantes y la ventilación es inadecuada, puede ser necesario volver temporalmente a una relación 30:2.
4.5. Desfibrilador externo automatizado
El desfibrilador se utiliza en cuanto está disponible. Se enciende, se descubre y seca el tórax si es necesario, se colocan los parches según el esquema del dispositivo y se siguen las instrucciones. Si hay dos reanimadores, las compresiones continúan mientras se adhieren los parches.
Nadie debe tocar a la paciente durante el análisis. Si se aconseja descarga se comprueba visual y verbalmente que todos están separados, se administra el choque y se reinician inmediatamente las compresiones durante dos minutos. No se pierde tiempo comprobando el pulso después de la descarga. Si no se aconseja choque, también se reanudan las compresiones sin demora.
Los parches se colocan habitualmente en posición anterolateral: uno bajo la clavícula derecha, junto al esternón, y otro en la pared lateral izquierda, por debajo de la axila. Deben adherirse a la piel y evitar tejido mamario si este dificulta el contacto. En pacientes con dispositivos implantados se procura una distancia suficiente respecto al generador.
5. REANIMACIÓN CARDIOPULMONAR AVANZADA EN EL ADULTO
5.1. Principios del soporte vital avanzado
El soporte vital avanzado amplía, pero no sustituye, al soporte básico. Sus prioridades continúan siendo compresiones de calidad, desfibrilación precoz, ventilación efectiva y tratamiento de las causas reversibles. La intubación, los fármacos o la ecografía no deben provocar pausas prolongadas en las compresiones.
El ritmo se analiza aproximadamente cada dos minutos. Los ritmos se dividen en desfibrilables, fibrilación ventricular y taquicardia ventricular sin pulso, y no desfibrilables, asistolia y actividad eléctrica sin pulso. Esta clasificación determina la secuencia inicial.
5.2. Ritmos desfibrilables
Ante fibrilación ventricular o taquicardia ventricular sin pulso se carga el desfibrilador mientras continúan las compresiones. Se realiza una pausa mínima para confirmar el ritmo y administrar una descarga. Con desfibriladores bifásicos se utiliza la energía recomendada por el fabricante; para muchas ondas bifásicas la primera descarga es de al menos 150 julios. Si se desconoce la energía apropiada, se emplea la máxima disponible del dispositivo.
Tras cada descarga se reinician inmediatamente las compresiones durante dos minutos. No se comprueba el pulso ni se reanaliza de forma inmediata, porque aunque el choque restablezca un ritmo organizado, el corazón puede necesitar compresiones para recuperar una circulación efectiva.
Después de la tercera descarga se administra adrenalina 1 mg y amiodarona 300 mg por vía intravenosa o intraósea. La adrenalina se repite cada 3-5 minutos. Si persiste o reaparece un ritmo desfibrilable tras cinco descargas, se administra una segunda dosis de amiodarona de 150 mg. La lidocaína puede utilizarse como alternativa a la amiodarona según el protocolo local.
En fibrilación ventricular refractaria se revisa la calidad de las compresiones, la correcta posición y adherencia de los parches, la energía utilizada y las causas reversibles. Tras tres choques fallidos puede considerarse un cambio del vector de desfibrilación mediante posición anteroposterior, de acuerdo con la capacitación y el protocolo.
5.3. Ritmos no desfibrilables
Ante asistolia o actividad eléctrica sin pulso no se administra descarga. Se reanudan o mantienen las compresiones y se administra adrenalina 1 mg lo antes posible, repitiéndola cada 3-5 minutos. El esfuerzo se centra especialmente en buscar y tratar causas reversibles.
La asistolia debe confirmarse comprobando conexiones, ganancia y derivaciones, evitando confundir una fibrilación ventricular fina con una línea isoeléctrica. La actividad eléctrica sin pulso muestra actividad organizada en el monitor, pero sin circulación palpable. Puede aparecer por hipovolemia, hipoxia, tromboembolismo, taponamiento, neumotórax a tensión, trastornos metabólicos u otras causas.
5.4. Vía aérea y ventilación avanzada
La vía aérea se maneja de forma escalonada, utilizando el método que proporcione ventilación efectiva con la menor interrupción posible. La ventilación con bolsa y mascarilla, especialmente mediante técnica a dos personas, es una intervención válida y no debe considerarse un paso inferior si resulta eficaz.
Los dispositivos supraglóticos pueden colocarse con rapidez y menor interrupción que un tubo traqueal. La intubación debe realizarla un profesional con alta tasa de éxito, idealmente sin interrumpir las compresiones o limitando la pausa a menos de unos segundos. La capnografía con onda es obligatoria para confirmar y vigilar la posición del tubo.
Durante la parada se utiliza la máxima fracción inspirada de oxígeno disponible. Tras asegurar la vía aérea se administran unas 10 ventilaciones por minuto con compresiones continuas. La hiperventilación es perjudicial y debe evitarse.
5.5. Acceso vascular y medicación
Se intenta inicialmente acceso intravenoso. Si no se consigue con rapidez, habitualmente tras dos intentos, se considera acceso intraóseo. La administración de fármacos por el tubo traqueal no se recomienda de forma rutinaria en el adulto.
El calcio, el bicarbonato sódico y los corticoides no se administran rutinariamente durante una parada. Se reservan para indicaciones concretas: hipocalcemia, hiperpotasemia, intoxicación por bloqueantes de canales de calcio, toxicidad por sulfato de magnesio o determinadas intoxicaciones para el calcio; hiperpotasemia o intoxicación por antidepresivos tricíclicos para el bicarbonato, según protocolo.
Los líquidos se administran si se sospecha hipovolemia. La expansión indiscriminada en ausencia de déficit de volumen no mejora la reanimación. En hemorragia obstétrica debe activarse precozmente el protocolo de hemorragia masiva y utilizar una estrategia transfusional equilibrada.
5.6. Monitorización durante la RCP
La capnografía permite confirmar el tubo, valorar tendencias y detectar un posible retorno circulatorio. Valores persistentemente bajos pueden reflejar flujo pulmonar insuficiente, pero no deben utilizarse aisladamente para suspender la reanimación.
La ecografía durante la parada puede identificar taponamiento, hipovolemia, neumotórax o signos compatibles con embolia, siempre que la realice una persona entrenada y no prolongue las pausas. La ausencia aparente de movimiento cardiaco no debe ser el único criterio de finalización.
6. IDENTIFICACIÓN Y TRATAMIENTO DE LAS CAUSAS REVERSIBLES
La corrección de la causa puede ser más determinante que la administración repetida de fármacos. Las causas reversibles se agrupan tradicionalmente en cuatro H y cuatro T. La búsqueda se realiza desde el inicio, en paralelo a las compresiones, sin esperar a que fracasen varios ciclos.
| Causa | Claves orientativas | Actuación prioritaria |
|---|---|---|
| Hipoxia | Obstrucción, aspiración, depresión respiratoria, edema pulmonar, intubación incorrecta | Abrir vía aérea, ventilar, oxígeno, verificar el dispositivo y tratar la causa |
| Hipovolemia | Hemorragia visible u oculta, atonía, rotura uterina, trauma, sepsis | Control de hemorragia, acceso vascular, transfusión y cirugía cuando proceda |
| Trastornos metabólicos | Hiperpotasemia, hipopotasemia, alteraciones de calcio, glucosa o magnesio | Tratamiento específico según analítica, historia y electrocardiograma |
| Hipotermia | Exposición, líquidos fríos, cirugía prolongada | Recalentamiento y adaptación del algoritmo según temperatura |
| Neumotórax a tensión | Trauma, ventilación a presión, asimetría, resistencia ventilatoria | Descompresión inmediata |
| Taponamiento cardiaco | Trauma, derrame, actividad eléctrica sin pulso | Drenaje urgente según el contexto |
| Tóxicos | Fármacos, anestésicos locales, sulfato de magnesio, opioides | Suspender el agente y administrar antídoto o tratamiento específico |
| Trombosis | Embolia pulmonar o trombosis coronaria | Fibrinólisis, intervención coronaria o tratamiento específico |
6.1. Hipoxia
La hipoxia debe sospecharse especialmente en parada secundaria a insuficiencia respiratoria, aspiración, asma grave, anafilaxia, edema pulmonar, sobredosis, obstrucción o dificultad de intubación. Se comprueba la elevación torácica, permeabilidad del circuito, posición del tubo, concentración de oxígeno y presencia de neumotórax.
6.2. Hipovolemia y hemorragia
En obstetricia puede existir una gran pérdida sanguínea antes de que aparezca hemorragia externa evidente. Deben considerarse atonía uterina, placenta previa o acreta, desprendimiento placentario, rotura uterina, inversión uterina, desgarros, embarazo ectópico, trauma, rotura hepática asociada a preeclampsia o hemorragia retroperitoneal.
La reanimación requiere control mecánico o quirúrgico del sangrado, calentamiento, transfusión, corrección de fibrinógeno y coagulopatía, calcio y prevención de hipotermia. Los cristaloides no sustituyen a los componentes sanguíneos en una hemorragia masiva.
6.3. Tóxicos y fármacos obstétricos
La toxicidad por sulfato de magnesio puede causar arreflexia, depresión respiratoria, alteraciones de conducción, hipotensión y parada. Se suspende la infusión, se ventila y se administra calcio intravenoso conforme al protocolo. Deben revisarse función renal, dosis acumulada y concentraciones plasmáticas cuando sea posible.
La toxicidad sistémica por anestésicos locales puede manifestarse por síntomas neurológicos, convulsiones, arritmias y colapso cardiovascular. Además del soporte vital, se aplica el protocolo de emulsión lipídica. La sobredosis de opioides provoca depresión respiratoria; si existe pulso se prioriza ventilación y naloxona, mientras que en parada se inicia RCP completa sin retrasarla por administrar el antagonista.
7. CAMBIOS FISIOLÓGICOS DEL EMBARAZO Y PARADA CARDIACA MATERNA
7.1. Modificaciones cardiovasculares
Durante el embarazo aumentan el volumen plasmático, el gasto cardiaco y la frecuencia cardiaca. El útero gestante recibe una proporción importante del gasto cardiaco y actúa como reservorio vascular. En decúbito supino, especialmente desde la segunda mitad de la gestación, puede comprimir la vena cava inferior y la aorta.
La compresión de la vena cava reduce el retorno venoso, la precarga, el gasto cardiaco y la perfusión coronaria. La compresión aórtica puede reducir la perfusión uteroplacentaria y de los órganos inferiores. Durante la RCP, cuando el flujo generado por las compresiones ya es limitado, esta compresión puede disminuir todavía más la eficacia.
El desplazamiento del diafragma modifica la posición cardiaca y reduce la reserva respiratoria. El aumento del consumo de oxígeno hace que la desaturación sea más rápida durante la apnea. La congestión y el edema de la vía aérea pueden dificultar la ventilación y la intubación.
7.2. Modificaciones respiratorias y de la vía aérea
La reducción de la capacidad residual funcional, el mayor consumo de oxígeno y el aumento del metabolismo aceleran la hipoxemia. Por ello se concede especial importancia a la oxigenación y al manejo precoz de la vía aérea por el profesional más experimentado.
El edema de mucosas, el aumento de peso, la hipertrofia mamaria y los cambios anatómicos pueden dificultar la laringoscopia y el sellado de la mascarilla. Debe prepararse un plan alternativo, incluidos dispositivo supraglótico, videolaringoscopio y acceso cervical de emergencia cuando proceda.
7.3. Riesgo de aspiración
La disminución del tono del esfínter esofágico inferior, el aumento de la presión abdominal y el retraso del vaciamiento en determinadas situaciones incrementan el riesgo de regurgitación. La ventilación debe realizarse con la presión mínima que produzca elevación torácica y la vía aérea definitiva debe asegurarse sin interrupciones prolongadas.
7.4. Causas de parada materna
Además de las causas generales, deben buscarse complicaciones obstétricas. Una forma útil de recordarlas son las cuatro P: preeclampsia y eclampsia; sepsis puerperal; complicaciones placentarias y uterinas; y miocardiopatía periparto. Este esquema no sustituye a las cuatro H y cuatro T, sino que las complementa.
Entre las causas relevantes se encuentran hemorragia obstétrica, embolia pulmonar, embolia de líquido amniótico, sepsis, cardiopatía, síndrome coronario, disección aórtica, miocardiopatía periparto, arritmias, eclampsia, toxicidad por magnesio, complicaciones anestésicas, anafilaxia, trauma, neumotórax y enfermedad neurológica.
8. REANIMACIÓN CARDIOPULMONAR DE LA MUJER GESTANTE
8.1. Activación específica
Ante una mujer embarazada o en puerperio que se encuentra inconsciente y no respira normalmente se inicia el algoritmo estándar sin demora. Se declara de forma explícita una parada cardiaca obstétrica para activar simultáneamente los recursos necesarios.
Debe solicitarse equipo de soporte vital avanzado, obstetricia, anestesiología, neonatología, medicina intensiva, personal de quirófano y banco de sangre, adaptándolo al centro. Si la parada se produce fuera de un área obstétrica no se retrasa la reanimación para trasladar a la mujer. El equipo se desplaza al lugar de la parada.
8.2. Posición y desplazamiento uterino
La mujer se coloca en decúbito supino sobre una superficie firme para permitir compresiones eficaces. Cuando el fondo uterino está a nivel del ombligo o por encima, aproximadamente a partir de las veinte semanas, se realiza desplazamiento uterino manual continuo hacia la izquierda.
El desplazamiento se puede efectuar desde el lado izquierdo, sujetando el útero con ambas manos y llevándolo hacia la izquierda, o desde el lado derecho, empujándolo manualmente en esa dirección. Debe mantenerse durante toda la reanimación hasta que se alivie la compresión por retorno circulatorio o nacimiento.
El desplazamiento manual se prefiere a inclinar a la paciente porque permite mantener el tórax horizontal y mejora la calidad de las compresiones. Una inclinación lateral excesiva dificulta la aplicación perpendicular de la fuerza y puede hacer que la paciente se desplace.
8.3. Compresiones torácicas
Se aplican las mismas características que en cualquier adulto: frecuencia de 100-120 por minuto, profundidad de 5-6 cm, retroceso completo y pausas mínimas. La posición de las manos se mantiene en la mitad inferior del esternón. Los cambios anatómicos del embarazo no justifican retrasar el inicio ni utilizar compresiones menos profundas.
La persona que realiza el desplazamiento uterino no debe interferir con quien comprime. La eficacia de las compresiones se reevalúa mediante calidad técnica, capnografía, presión arterial invasiva si está disponible y respuesta clínica.
8.4. Desfibrilación
La desfibrilación es segura durante el embarazo y se utilizan las mismas energías que en el resto de adultos. El temor a dañar al feto no debe retrasar una descarga indicada. Los monitores fetales externos se retiran si interfieren y los dispositivos internos se desconectan según el protocolo.
Los parches se colocan asegurando buen contacto con la piel. El aumento del tamaño mamario puede requerir desplazar tejido para colocar correctamente el parche lateral en la línea medioaxilar. No debe colocarse sobre la mama si impide el contacto adecuado.
8.5. Vía aérea y ventilación
Se administra oxígeno en alta concentración y se inicia ventilación eficaz. La mayor rapidez de desaturación justifica anticipar el manejo avanzado de la vía aérea. La intubación debe realizarla la persona con mayor experiencia, utilizando videolaringoscopia cuando esté disponible y forme parte de la práctica habitual.
Se prepara un tubo de diámetro algo menor si el edema de la vía aérea lo requiere. La capnografía con onda confirma la posición. Si la intubación fracasa se prioriza la oxigenación mediante bolsa-mascarilla a dos personas o dispositivo supraglótico, evitando intentos repetidos que interrumpan compresiones.
8.6. Acceso vascular y medicación
El acceso intravenoso se obtiene preferentemente por encima del diafragma, por ejemplo en miembros superiores, porque la compresión de la vena cava puede dificultar el retorno de fármacos administrados en las extremidades inferiores. Si no se consigue rápidamente se utiliza acceso intraóseo en una localización superior según protocolo.
Los fármacos y sus dosis son los mismos que en la parada de cualquier adulto. No se reducen por miedo a efectos fetales, ya que sin circulación materna no existe una perfusión fetal adecuada. La prioridad es restablecer la circulación de la mujer.
8.7. Tratamiento etiológico obstétrico
Si se sospecha hemorragia se activa el protocolo de transfusión masiva y se busca control quirúrgico. En embolia pulmonar se considera fibrinólisis o terapia intervencionista. Ante toxicidad por magnesio se interrumpe la infusión y se administra calcio. Si se sospecha toxicidad por anestésico local se inicia emulsión lipídica.
La embolia de líquido amniótico puede producir hipoxia, colapso cardiovascular y coagulación intravascular diseminada. Requiere soporte avanzado, control de hemorragia y estrategia transfusional equilibrada. La eclampsia exige control de vía aérea, oxigenación y tratamiento de las complicaciones, diferenciando la indicación anticonvulsivante del magnesio de una posible toxicidad por sobredosis.
9. HISTEROTOMÍA RESUCITATIVA
9.1. Concepto y finalidad
La histerotomía resucitativa, anteriormente denominada cesárea perimortem, consiste en abrir el útero y extraer al feto durante una parada cardiaca materna. Su finalidad principal es mejorar la reanimación de la mujer, no actuar exclusivamente en beneficio fetal.
Al vaciar el útero disminuye la compresión aortocava, mejora el retorno venoso, facilita el movimiento diafragmático y devuelve a la circulación sistémica parte del volumen contenido en el territorio uteroplacentario. Estos efectos pueden aumentar la eficacia de las compresiones y favorecer el retorno circulatorio.
9.2. Indicaciones
Debe considerarse cuando el útero tiene un tamaño igual o superior a unas veinte semanas, habitualmente con fondo uterino a nivel del ombligo o por encima, y no se obtiene rápidamente retorno de la circulación. La viabilidad fetal no constituye el criterio principal: incluso con una gestación previable, el vaciamiento puede mejorar la hemodinámica materna.
La preparación comienza en el momento en que se reconoce la parada. No debe esperarse a que hayan transcurrido varios ciclos para solicitar material o localizar al personal. Las recomendaciones actuales subrayan que se trata de una intervención dependiente del tiempo y que debe efectuarse lo antes posible por un equipo capacitado.
Como objetivo operativo, cuando no existe retorno circulatorio debe intentarse completar el nacimiento alrededor de los cinco minutos desde el inicio de la parada, de acuerdo con los recursos disponibles. Este objetivo no significa esperar hasta el quinto minuto para comenzar. La decisión, preparación e incisión deben adelantarse para evitar que el nacimiento se produzca demasiado tarde.
9.3. Lugar de realización
Se realiza en el mismo lugar donde se está reanimando a la mujer. Trasladarla a quirófano consume tiempo, interrumpe compresiones y puede empeorar el pronóstico. Se utiliza el material disponible para conseguir el vaciamiento con rapidez, manteniendo la asepsia razonable sin que la preparación quirúrgica retrase la intervención vital.
9.4. Organización durante el procedimiento
Las compresiones, ventilación, análisis del ritmo, desfibrilación y medicación continúan durante el procedimiento con las menores interrupciones posibles. Una persona mantiene el desplazamiento uterino hasta que se extrae el feto. El equipo neonatal recibe al recién nacido en una superficie térmica preparada e inicia su valoración y reanimación sin interferir con la asistencia materna.
Tras la extracción se controla la hemorragia, se administra tratamiento uterotónico si está indicado y se continúa la reanimación. Si se obtiene circulación espontánea, la mujer requerirá cirugía definitiva, control de daños, transfusión y cuidados intensivos.
9.5. Aspectos éticos
En una emergencia no debe retrasarse la intervención por intentar obtener un consentimiento formal imposible. Se actúa bajo el principio de necesidad terapéutica y en beneficio de la mujer. La comunicación posterior con la familia debe ser clara, empática y realizada por profesionales con conocimiento directo de lo ocurrido.
10. TRANSICIÓN NEONATAL Y VALORACIÓN INICIAL
10.1. Particularidades fisiológicas
Antes del nacimiento, la placenta realiza el intercambio gaseoso y la circulación pulmonar es reducida. Tras el nacimiento, la expansión pulmonar, la eliminación del líquido pulmonar y el aumento del oxígeno reducen la resistencia vascular pulmonar. El flujo pulmonar se incrementa y se producen cambios funcionales en los cortocircuitos fetales.
Si el recién nacido no establece una ventilación efectiva, persiste una resistencia pulmonar elevada, disminuye la oxigenación y aparece bradicardia. Por ello la frecuencia cardiaca es un indicador esencial de la respuesta a la ventilación.
10.2. Preparación antes del nacimiento
Antes de todo parto se revisan factores de riesgo, personal disponible, plan de manejo del cordón, temperatura ambiental y equipo. Deben comprobarse fuente de calor, toallas, gorro, bolsa de polietileno para prematuros, aspiración, mascarillas, dispositivo de ventilación, mezclador de oxígeno, pulsioxímetro, estetoscopio, vías aéreas, material de intubación, acceso umbilical y fármacos.
El equipo realiza una reunión breve: identifica riesgos, distribuye funciones, revisa el material y anticipa los pasos. En partos de alto riesgo debe estar presente personal capaz de realizar reanimación avanzada.
10.3. Control térmico
La temperatura del recién nacido debe mantenerse entre 36,5 y 37,5 grados. La hipotermia se asocia a peor evolución, especialmente en prematuros. Se evita la corriente de aire, se utilizan toallas calientes y se retiran los paños húmedos.
En prematuros de menos de 32 semanas se seca la cabeza, se coloca gorro y se introduce el cuerpo sin secar en una bolsa o envoltura de polietileno bajo una fuente de calor. Debe evitarse también la hipertermia derivada del uso simultáneo de varios dispositivos.
10.4. Manejo del cordón
Cuando el recién nacido está estable se favorece un pinzamiento diferido de al menos unos sesenta segundos. Durante ese periodo pueden realizarse secado, estimulación y valoración manteniendo la vía aérea abierta.
Si necesita reanimación y no puede iniciarse con el cordón intacto, se minimiza el retraso y puede pinzarse antes de treinta segundos. Si el centro dispone de medios para estabilizar junto a la madre con cordón intacto, puede mantenerse durante más tiempo.
No se recomienda ordeñar el cordón en prematuros menores de 28 semanas. En mayores de esa edad gestacional puede considerarse únicamente como alternativa cuando el pinzamiento diferido no es posible.
10.5. Valoración inicial
La valoración se realiza desde el nacimiento, idealmente mientras continúa el manejo del cordón. Se examinan tres elementos: respiración, frecuencia cardiaca y tono muscular. Se observa si respira, llora, presenta apnea, jadeo o esfuerzo ineficaz. La frecuencia cardiaca puede estimarse inicialmente mediante auscultación; si se requieren intervenciones se añaden pulsioximetría y electrocardiografía.
El tono aporta información: un recién nacido flácido suele necesitar ayuda respiratoria, aunque la hipotonía es más frecuente en prematuros. El color cutáneo ya no se considera una herramienta fiable para valorar oxigenación, debido a su subjetividad y a las diferencias entre tonos de piel.
Se estimula suavemente secando y frotando espalda o plantas de los pies. No se utilizan maniobras bruscas. La valoración se repite aproximadamente cada treinta segundos durante la estabilización.
10.6. Papel del test de Apgar
El test de Apgar describe la situación del recién nacido a los minutos establecidos y permite documentar la evolución, pero no debe utilizarse para decidir cuándo comenzar la reanimación. Las intervenciones se inician según respiración, frecuencia cardiaca y tono, sin esperar al minuto de vida ni a calcular una puntuación completa.
11. APERTURA DE LA VÍA AÉREA Y VENTILACIÓN NEONATAL
11.1. Indicaciones
Tras la valoración inicial se inicia soporte respiratorio cuando el recién nacido presenta apnea, jadeo, respiración ineficaz o una frecuencia cardiaca inferior a 100 por minuto. El objetivo es abrir la vía aérea e insuflar los pulmones lo antes posible, idealmente durante el primer minuto.
11.2. Posición y apertura de la vía aérea
El recién nacido se coloca en decúbito supino con cabeza en posición neutra. La flexión o extensión excesiva obstruye la vía aérea. Puede aplicarse una tracción mandibular suave. Cuando hay personal suficiente, la técnica a dos personas para sostener la mascarilla y desplazar la mandíbula mejora el sellado y la apertura.
La aspiración rutinaria de líquido amniótico o meconio no está indicada porque retrasa la ventilación. Solo se aspira bajo visión directa cuando existe sospecha de obstrucción física. La presencia de meconio no modifica por sí sola la prioridad: si el recién nacido no respira, se inicia ventilación.
11.3. Insuflaciones iniciales
Se coloca una mascarilla del tamaño adecuado y se administran cinco insuflaciones iniciales, cada una durante aproximadamente dos o tres segundos. En recién nacidos de 32 semanas o más puede utilizarse una presión inicial alrededor de 30 cm de agua; en menores de 32 semanas, alrededor de 25 cm de agua, adaptando la presión a la elevación torácica y a la respuesta.
La concentración inicial de oxígeno depende de la edad gestacional. En recién nacidos de 32 semanas o más se comienza habitualmente con aire, 21 %. En menores de 32 semanas se comienza con al menos 30 %, utilizando mezclador si está disponible. El oxígeno se ajusta posteriormente según saturación y frecuencia cardiaca.
Cuando se aplica ventilación con presión positiva se utiliza, si es posible, una presión positiva al final de la espiración próxima a 6 cm de agua. En prematuros que respiran espontáneamente pero presentan dificultad respiratoria puede iniciarse presión positiva continua.
11.4. Comprobación de eficacia
Durante las insuflaciones se observa si el tórax se mueve. Después se reevalúa la frecuencia cardiaca. El aumento de la frecuencia en los siguientes treinta segundos es el mejor signo de ventilación eficaz. Una frecuencia que permanece por debajo de 100 o disminuye indica generalmente ventilación inadecuada o hipoxia persistente.
Si el tórax no se eleva se reajusta la mascarilla, se reposiciona la cabeza, se aplica tracción mandibular, se utiliza técnica a dos personas, se repiten las cinco insuflaciones y se aumenta gradualmente la presión si la vía aérea está abierta. No se avanza a compresiones hasta confirmar que los pulmones se han insuflado.
11.5. Dispositivos alternativos
Si la ventilación con mascarilla no es efectiva se considera una vía supraglótica. Puede utilizarse como alternativa a la intubación, cuando esta no es posible o cuando se realizan compresiones. El tubo traqueal se considera ante ventilación prolongada, fracaso de mascarilla y vía supraglótica, sospecha de obstrucción traqueal o necesidad de compresiones.
La posición del tubo se confirma con valoración clínica y detección de dióxido de carbono espirado. En ausencia de gasto cardiaco, la detección puede ser falsamente negativa. La videolaringoscopia puede mejorar la visualización cuando está disponible y el profesional está entrenado.
11.6. Ventilaciones posteriores
Una vez observada expansión pulmonar se administran ventilaciones a unas 30 por minuto, aproximadamente quince respiraciones en treinta segundos. Se reevalúan respiración y frecuencia cardiaca cada treinta segundos.
La ventilación continúa hasta que el recién nacido respira adecuadamente y la frecuencia cardiaca supera 100. Las presiones se reducen cuando aparece movimiento torácico y mejoría, evitando volutrauma y barotrauma.
11.7. Pulsioximetría y objetivos
El sensor se coloca en la mano o muñeca derecha para obtener saturación preductal. La saturación aumenta progresivamente tras el nacimiento y no se espera que alcance inmediatamente valores del adulto. Como referencia, pueden aceptarse aproximadamente 70-75 % a los tres minutos, 80-85 % a los cinco y 85-95 % a los diez minutos.
Se evita una saturación inferior al 80 % acompañada de bradicardia a los cinco minutos y se ajusta el oxígeno de forma gradual. Tanto la hipoxia como la hiperoxia pueden ser perjudiciales, especialmente en prematuros.
12. COMPRESIONES, ACCESO VASCULAR Y FÁRMACOS EN EL RECIÉN NACIDO
12.1. Indicación de compresiones
Las compresiones torácicas se inician cuando la frecuencia cardiaca permanece por debajo de 60 por minuto después de al menos treinta segundos de ventilación efectiva con movimiento torácico. Este requisito es esencial: las compresiones sobre unos pulmones no ventilados generan poco beneficio porque la causa habitual de la bradicardia es la hipoxia.
Al comenzar las compresiones se aumenta la concentración de oxígeno al 100 %, se solicita ayuda avanzada, se asegura la vía aérea mediante vía supraglótica o tubo si es posible y se prepara acceso vascular.
12.2. Técnica
Se utiliza preferentemente la técnica de los dos pulgares con las manos rodeando el tórax. Los pulgares se colocan juntos o superpuestos en el tercio inferior del esternón, evitando el apéndice xifoides. Los dedos rodean el tórax y sostienen la espalda.
La profundidad es aproximadamente un tercio del diámetro anteroposterior. Se permite retroceso completo y se evita comprimir las costillas. La técnica con dos dedos es menos eficaz y se reserva para situaciones excepcionales en las que el acceso impida rodear el tórax.
12.3. Relación compresión-ventilación
Se utiliza una relación sincronizada de 3 compresiones por 1 ventilación. Se pretende realizar unas 90 compresiones y 30 ventilaciones cada minuto, es decir, unos 120 eventos coordinados. La secuencia debe permitir una ventilación eficaz después de cada tres compresiones.
La frecuencia cardiaca se reevalúa cada treinta segundos. Las compresiones se suspenden cuando supera 60 por minuto, manteniendo la ventilación hasta que la frecuencia sea superior a 100 y exista respiración adecuada.
12.4. Acceso vascular
La vena umbilical es el acceso preferente durante la reanimación al nacimiento. En una emergencia puede canalizarse inicialmente con técnica limpia para no retrasar la administración. Si no es posible, se utiliza acceso intraóseo, respetando las limitaciones del dispositivo y comprobando la ausencia de extravasación.
La vía periférica suele ser más difícil y lenta durante una reanimación neonatal. El acceso umbilical permite administrar fármacos y volumen directamente a la circulación central.
12.5. Adrenalina
La adrenalina se considera cuando, pese a apertura de la vía aérea, ventilación efectiva y compresiones durante al menos treinta segundos, la frecuencia cardiaca continúa por debajo de 60 y no aumenta.
Por vía umbilical o intraósea se administra una dosis de 20 microgramos por kilogramo, equivalente a 0,2 ml por kilogramo de la solución 1:10.000. Puede repetirse cada cuatro minutos mientras la frecuencia siga por debajo de 60.
Si no existe acceso vascular y el recién nacido está intubado, puede administrarse una dosis intratraqueal mayor, de 100 microgramos por kilogramo, mientras se obtiene acceso. Una vez conseguida la vía umbilical o intraósea se administra la dosis vascular indicada si la frecuencia sigue baja.
12.6. Expansión de volumen
Se considera volumen cuando existe sospecha de pérdida sanguínea, palidez extrema, pulsos débiles y falta de respuesta pese a ventilación, compresiones y adrenalina. Se utilizan cristaloide isotónico o sangre adecuada según el contexto y el protocolo, administrados de forma controlada.
La expansión no se aplica de manera rutinaria a todo recién nacido con bradicardia. Una administración rápida o excesiva puede producir complicaciones, especialmente en prematuros.
12.7. Otros fármacos
El bicarbonato sódico ya no se recomienda en la reanimación neonatal rutinaria. La prioridad continúa siendo ventilación, compresiones y adrenalina. El uso de fármacos alternativos se limita a situaciones excepcionales y protocolos especializados.
La glucosa no se administra empíricamente durante toda reanimación. Se mide precozmente en recién nacidos que han necesitado reanimación avanzada y se trata la hipoglucemia confirmada. Cuando está indicada, puede emplearse glucosa al 10 % conforme al protocolo neonatal.
13. CUIDADOS POSRESUCITACIÓN MATERNOS Y NEONATALES
13.1. Mujer tras retorno circulatorio
Tras el retorno de la circulación se realiza una valoración ABCDE completa. Se confirma y protege la vía aérea, se ajusta la ventilación para evitar hipoxia e hiperventilación, se titula el oxígeno a una saturación adecuada y se trata la hipotensión.
Se obtiene electrocardiograma, gasometría, analítica, coagulación y pruebas de imagen según la causa. Se controla la temperatura y se evita fiebre. La paciente se traslada a cuidados intensivos o a un centro de referencia cuando esté estabilizada.
En la gestante se continúa evitando la compresión aortocava mientras el útero mantenga tamaño relevante. Se evalúan bienestar fetal y necesidad de finalizar la gestación, sin permitir que la monitorización fetal retrase el tratamiento materno.
Tras hemorragia se mantiene el protocolo de transfusión, control de coagulación, fibrinógeno, calcio, temperatura y sangrado. Tras eclampsia, embolia o miocardiopatía se aplica el tratamiento etiológico especializado.
13.2. Recién nacido tras reanimación
Todo recién nacido que ha precisado ventilación prolongada, compresiones, adrenalina o volumen necesita vigilancia estrecha. Se mantienen temperatura, ventilación, oxigenación, perfusión y glucemia. Se evitan tanto hipoglucemia como hiperglucemia y oscilaciones bruscas.
Se valora encefalopatía hipóxico-isquémica mediante exploración neurológica, datos bioquímicos y monitorización cuando esté disponible. En recién nacidos a término o próximos al término que cumplen criterios se considera hipotermia terapéutica a 33-34 grados bajo un protocolo estricto y en un centro capacitado.
La temperatura de ingreso se registra como indicador pronóstico y de calidad. Se revisan gases, lactato, hemoglobina, glucosa y función orgánica. El traslado se realiza con soporte térmico y monitorización apropiados.
13.3. Comunicación con la familia
La familia debe recibir información veraz, comprensible y progresiva. Durante la reanimación puede facilitarse la presencia de un acompañante cuando existan recursos para apoyarlo y no interfiera con la asistencia. Una persona del equipo debe explicar qué está ocurriendo.
Tras el evento se informa de las intervenciones, situación clínica, incertidumbre y próximos pasos. Si el resultado es desfavorable se proporcionan cuidados paliativos, acompañamiento y apoyo al duelo. La comunicación debe evitar culpabilizar y respetar valores culturales y familiares.
13.4. Interrupción de la reanimación neonatal
Si la frecuencia cardiaca permanece ausente pese a todos los pasos recomendados y a la exclusión de causas reversibles, se realiza una valoración individualizada. Las recomendaciones actuales permiten considerar la interrupción cuando continúa ausente más de veinte minutos después del nacimiento pese a una reanimación completa y efectiva.
La decisión tiene en cuenta edad gestacional, anomalías, historia prenatal, efectividad de las maniobras, respuesta parcial, recursos y opinión de profesionales expertos y progenitores. En prematuros extremos puede ser apropiado tomar decisiones antes, siempre de forma individualizada.
14. SEGURIDAD, FACTORES HUMANOS, FORMACIÓN Y REGISTRO
14.1. Equipamiento
Los carros de parada y equipos neonatales deben estar estandarizados, accesibles y revisados. La disposición uniforme disminuye el tiempo de búsqueda y la carga cognitiva. Las revisiones incluyen desfibrilador, baterías, parches, oxígeno, aspiración, material de vía aérea, accesos, medicación y caducidades.
En el paritorio debe existir equipo específico para la mujer y para el recién nacido. Compartir una única fuente de oxígeno, aspiración o bolsa de ventilación puede crear retrasos si ambos necesitan asistencia simultánea.
14.2. Listas de comprobación
Antes de un nacimiento de riesgo se realiza una lista de verificación. Se revisan edad gestacional, líquido amniótico, anomalías, medicación materna, vía aérea prevista, manejo del cordón, temperatura, personal y plan de escalada.
Durante la parada, las ayudas cognitivas permiten recordar secuencias, dosis y causas reversibles. Deben utilizarse como apoyo, no como sustituto del razonamiento ni como motivo para retrasar maniobras.
14.3. Formación periódica
Las habilidades de reanimación se deterioran con rapidez si no se practican. Las guías recomiendan entrenamiento estructurado al menos anual para los equipos neonatales, complementado idealmente con sesiones breves cada tres a seis meses.
La formación debe incluir habilidades técnicas y no técnicas: liderazgo, comunicación, reparto de funciones, conciencia situacional, anticipación, control del estrés y apoyo a la familia. La simulación en el propio entorno permite detectar fallos de material, circuitos y coordinación.
Los escenarios deben abarcar parada materna por hemorragia, eclampsia, toxicidad por magnesio, embolia, complicación anestésica y sepsis, además de recién nacido apneico, ventilación difícil, compresiones y acceso umbilical.
14.4. Debriefing
Tras una reanimación se realiza una revisión estructurada. Se reconstruye la cronología, se identifican aciertos y oportunidades de mejora y se acuerdan acciones. El objetivo es aprender, no buscar culpables.
La parada puede ser emocionalmente traumática para familiares y profesionales. Debe ofrecerse apoyo, especialmente tras muerte materna, neonatal o lesión grave. El bienestar profesional forma parte de la seguridad del sistema.
14.5. Registro clínico
El registro incluye situación inicial, tiempos, ritmos, calidad de RCP, descargas, fármacos, dosis, vías, respuesta, causas, procedimientos, nacimiento, Apgar, gases, temperatura, glucemia, decisiones y profesionales intervinientes.
En reanimación neonatal se documentan manejo del cordón, medidas térmicas, inicio y eficacia de ventilación, oxígeno, frecuencia cardiaca, compresiones, acceso, medicación y evolución. El Apgar se registra, pero no reemplaza esta descripción.
15. IDEAS CLAVE PARA EL REPASO
La parada cardiorrespiratoria se reconoce por inconsciencia y respiración ausente o anormal. Los jadeos agónicos no deben confundirse con ventilación normal. La activación de ayuda, las compresiones y el desfibrilador se inician sin demora.
La RCP adulta de calidad utiliza 100-120 compresiones por minuto, profundidad de 5-6 cm, retroceso completo, interrupciones mínimas y relación 30:2 hasta disponer de una vía aérea avanzada eficaz.
La fibrilación ventricular y la taquicardia ventricular sin pulso son desfibrilables; la asistolia y la actividad eléctrica sin pulso no lo son. En ritmos no desfibrilables se administra adrenalina cuanto antes. En ritmos desfibrilables se administra adrenalina y amiodarona después del tercer choque.
Las cuatro H y cuatro T deben investigarse durante la reanimación. En obstetricia se añaden hemorragia, preeclampsia-eclampsia, sepsis, complicaciones placentarias y uterinas, miocardiopatía, embolia de líquido amniótico y toxicidades farmacológicas.
En una gestante con fondo uterino a nivel del ombligo o por encima se realizan compresiones en decúbito supino y desplazamiento uterino manual continuo hacia la izquierda. La desfibrilación y los fármacos siguen el algoritmo adulto estándar.
La histerotomía resucitativa tiene como objetivo prioritario mejorar la circulación materna. Debe prepararse desde el reconocimiento de la parada, realizarse en el lugar de la reanimación y completarse lo antes posible, con objetivo aproximado de cinco minutos si no hay retorno circulatorio.
En el recién nacido, la ventilación efectiva es la intervención fundamental. Se valoran respiración, frecuencia cardiaca y tono; se mantiene temperatura de 36,5-37,5 grados y se inicia ventilación si existe apnea, jadeo, respiración ineficaz o frecuencia cardiaca inferior a 100.
Las compresiones neonatales se inician si la frecuencia permanece por debajo de 60 tras treinta segundos de ventilación efectiva. Se utiliza relación 3:1 y técnica de los dos pulgares. La vena umbilical es el acceso de elección.
La adrenalina neonatal vascular se administra a 20 microgramos por kilogramo, equivalentes a 0,2 ml por kilogramo de la solución 1:10.000, y puede repetirse cada cuatro minutos. El bicarbonato no se utiliza rutinariamente.
La matrona tiene competencia para reconocer emergencias, iniciar medidas vitales, realizar los niveles de reanimación neonatal que precise el recién nacido y participar activamente en la RCP materna dentro del equipo multidisciplinar.
16. MAPA CONCEPTUAL
│
├── RECONOCIMIENTO
│ ├── Inconsciencia
│ ├── Respiración ausente o anormal
│ └── Activar ayuda + iniciar RCP + solicitar desfibrilador
│
├── RCP ADULTA BÁSICA
│ ├── Compresiones 100-120/min
│ ├── Profundidad 5-6 cm
│ ├── Retroceso completo e interrupciones mínimas
│ ├── Relación 30:2
│ └── DEA/desfibrilación precoz
│
├── RCP ADULTA AVANZADA
│ ├── Desfibrilables: FV / TV sin pulso
│ │ ├── Choque + 2 min RCP
│ │ └── Tras 3.er choque: adrenalina + amiodarona
│ ├── No desfibrilables: asistolia / AESP
│ │ └── Adrenalina inmediata + RCP
│ └── Buscar 4 H y 4 T
│
├── RCP MATERNA
│ ├── Algoritmo adulto estándar
│ ├── Decúbito supino
│ ├── Desplazamiento uterino manual izquierdo si útero ≥ 20 semanas
│ ├── Vía aérea precoz
│ ├── Acceso vascular por encima del diafragma
│ ├── Desfibrilación con energías estándar
│ ├── Causas obstétricas específicas
│ └── Histerotomía resucitativa inmediata
│ ├── En el lugar de la parada
│ └── Objetivo de nacimiento aproximado: 5 min si no hay ROSC
│
└── REANIMACIÓN NEONATAL
├── Preparación + calor 36,5-37,5 °C
├── Valorar respiración + frecuencia cardiaca + tono
├── Apnea / respiración ineficaz / FC < 100 │ └── Abrir vía aérea + 5 insuflaciones ├── Confirmar movimiento torácico y aumento de FC ├── FC < 60 tras 30 s ventilación efectiva │ └── Compresiones 3:1 + O2 al 100 % ├── Acceso preferente: vena umbilical ├── Adrenalina vascular: 20 microgramos/kg └── Cuidados posresucitación + temperatura + glucemia + neurología
17. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
- European Resuscitation Council — European Resuscitation Council Guidelines 2025: Executive Summary.
- European Resuscitation Council — European Resuscitation Council Guidelines 2025: Adult Basic Life Support.
- European Resuscitation Council — European Resuscitation Council Guidelines 2025: Adult Advanced Life Support.
- European Resuscitation Council — European Resuscitation Council Guidelines 2025: Adult Special Circumstances in Resuscitation.
- European Resuscitation Council — European Resuscitation Council Guidelines 2025: Newborn Resuscitation and Support of Transition of Infants at Birth.
- International Liaison Committee on Resuscitation — 2025 International Consensus on Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care Science with Treatment Recommendations.
- American Heart Association — 2025 Guidelines for Cardiopulmonary Resuscitation and Emergency Cardiovascular Care.
- American Heart Association — Cardiac Arrest in Pregnancy Algorithm, 2025.
- Consejo Español de Resucitación Cardiopulmonar — Recomendaciones y materiales de soporte vital adaptados al ámbito español.
- SEMICYUC. Plan Nacional de RCP — Manuales y recomendaciones de soporte vital básico y avanzado.
- Orden SAS/1349/2009, de 6 de mayo — Programa formativo de la especialidad de Enfermería Obstétrico-Ginecológica (Matrona).
- Ministerio de Sanidad — Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud.
- Servicio Andaluz de Salud — Proceso Asistencial Integrado Embarazo, Parto y Puerperio.
- Servicio Andaluz de Salud — Protocolos de actuación ante emergencias obstétricas, hemorragia masiva y deterioro clínico de la gestante.
- Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia — Protocolos asistenciales de urgencias obstétricas, hemorragia, enfermedad hipertensiva y embolia.
- Sociedad Española de Neonatología — Recomendaciones de estabilización y reanimación neonatal.
- International Confederation of Midwives — Essential Competencies for Midwifery Practice.
- Organización Mundial de la Salud — Recomendaciones sobre atención intraparto, cuidado neonatal esencial y calidad de la atención materna y neonatal.
- Exámenes oficiales SAS Matrón/a — Convocatorias 2019, 2023 y 2025, preguntas y argumentaciones relacionadas con compresión aortocava, RCP materna, toxicidad por magnesio y adaptación cardiovascular.
RCP básica
soporte vital avanzado
desfibrilación
RCP materna
desplazamiento uterino izquierdo
histerotomía resucitativa
reanimación neonatal
ventilación neonatal
compresiones 3:1
adrenalina
Matrón/a SAS