Tema 78. El bimodal. Fundamentación básica y destinatarios.
1. INTRODUCCIÓN Y ENCUADRE CONCEPTUAL
La comunicación humana no depende exclusivamente del habla. En cualquier interacción cotidiana, la persona combina palabras, entonación, mirada, expresión facial, postura corporal, gestos deícticos y movimientos de las manos. Cuando existen dificultades para acceder al mensaje oral, comprenderlo o producirlo, esos componentes visuales pueden dejar de ser meros acompañantes y convertirse en auténticos apoyos lingüísticos. En este contexto se sitúa la comunicación bimodal, denominada habitualmente bimodal: una forma de comunicación en la que se emplean simultáneamente el habla y signos manuales.
La palabra bimodal alude a la utilización concurrente de dos modalidades perceptivo-expresivas. Por una parte, se mantiene la modalidad oral-auditiva, constituida por la producción hablada y, cuando resulta accesible, por la recepción auditiva. Por otra, se incorpora una modalidad visual-gestual, formada principalmente por signos manuales, expresión facial, movimientos corporales y, cuando procede, dactilología. El mensaje llega así por más de una vía y puede resultar más accesible para personas cuya comprensión o expresión oral se encuentra limitada.
La característica esencial no es simplemente que el interlocutor gesticule mientras habla. Para hablar propiamente de bimodal, los signos empleados poseen un significado relativamente estable y forman parte de un repertorio acordado. Muchos proceden del léxico de una lengua de signos, aunque se utilizan siguiendo el orden y la organización de la lengua oral. En castellano bimodal, por ejemplo, el hablante conserva habitualmente la estructura sintáctica del castellano y acompaña las palabras relevantes, o incluso la mayor parte de la frase, con signos manuales.
Esta precisión permite evitar una confusión muy frecuente: el bimodal no es una lengua de signos. Las lenguas de signos son lenguas naturales de carácter visual, gestual y espacial, desarrolladas históricamente por comunidades signantes y dotadas de una gramática propia. El bimodal, por el contrario, toma normalmente la lengua oral como código lingüístico base. Los signos se subordinan al orden de esa lengua oral y actúan como apoyo visual, aumentativo o alternativo de su expresión. Por tanto, signar una frase castellana respetando la gramática de la lengua de signos española no es lo mismo que acompañar una frase castellana con signos colocados en el orden del castellano.
Desde una perspectiva logopédica, el bimodal puede cumplir funciones diferentes. En algunas personas actúa como sistema aumentativo, porque complementa un habla existente pero poco inteligible, escasa o difícil de comprender. En otras funciona temporal o permanentemente como sistema alternativo, cuando los signos constituyen la vía expresiva más eficaz. También puede utilizarse como apoyo receptivo: el interlocutor habla y signa para facilitar que la persona comprenda palabras, anticipaciones, instrucciones, conceptos temporales o estructuras de la conversación.
Su elección no debe basarse exclusivamente en una etiqueta diagnóstica. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden presentar perfiles comunicativos radicalmente distintos. Una puede comprender bien el lenguaje oral y necesitar signos únicamente para expresarse; otra puede precisar apoyo visual tanto para comprender como para producir mensajes; una tercera puede presentar limitaciones motoras que dificulten la ejecución manual y requerir pictogramas o dispositivos electrónicos. La indicación debe surgir de una valoración individualizada de capacidades, necesidades, barreras, preferencias y contextos de participación.
El objetivo final no es que la persona reproduzca un número determinado de signos, sino que disponga de un medio eficaz para influir en su entorno, expresar necesidades, realizar elecciones, rechazar, preguntar, comentar, compartir emociones, reparar malentendidos y participar socialmente. Por ello, un programa bimodal debe evaluarse por sus resultados funcionales, no por la perfección formal de las configuraciones manuales ni por la cantidad de vocabulario memorizado.
2. CONCEPTO Y CARACTERÍSTICAS DEFINITORIAS DEL BIMODAL
La comunicación bimodal puede definirse como la producción simultánea de un mensaje mediante dos modalidades: la modalidad oral, expresada a través del habla, y la modalidad visual-gestual, expresada mediante signos manuales y componentes no manuales. Ambas modalidades transmiten contenidos relacionados, aunque no siempre existe una correspondencia exacta entre cada palabra pronunciada y un signo.
El primer elemento definitorio es la simultaneidad. Habla y signos se producen de manera concurrente, no como traducciones sucesivas. Si una persona expresa primero un mensaje oral y después lo traduce íntegramente a una lengua de signos, está utilizando dos códigos de forma consecutiva, pero no una comunicación bimodal en sentido estricto. En el bimodal, el interlocutor procura sincronizar las palabras habladas y los signos relevantes para ofrecer una señal redundante y accesible.
El segundo rasgo es la existencia de una lengua base. En la mayoría de las aplicaciones denominadas bimodales, la lengua base es la lengua oral del entorno. Esta determina el orden de la frase, la sucesión de los elementos y buena parte de la información morfosintáctica. Los signos se incorporan respetando ese orden, aunque algunos morfemas gramaticales pueden representarse mediante signos creados o adaptados, dactilología, marcadores específicos o recursos no manuales.
El tercer rasgo es el uso de un léxico manual convencionalizado. No se trata únicamente de gestos espontáneos o mímica improvisada. El sistema suele aprovechar signos procedentes de la lengua de signos de la comunidad, porque esos signos ya poseen formas relativamente estables y un significado compartido. No obstante, al extraerlos de su lengua de origen y colocarlos dentro de la sintaxis oral, se produce un sistema diferente de la lengua de signos natural.
El cuarto rasgo es su flexibilidad. No existe una única forma universal de bimodal aplicable a todas las personas. Puede signarse únicamente el vocabulario de contenido —sustantivos, verbos, adjetivos y palabras clave— o intentar representarse una proporción más elevada de palabras. Puede emplearse un repertorio reducido de signos funcionales o un vocabulario extenso. También puede combinarse con pictogramas, fotografías, objetos de referencia, escritura, dispositivos electrónicos o ayudas de acceso.
Cuando solo se signan las palabras esenciales, suele hablarse de habla apoyada con signos o de signado de palabras clave. Por ejemplo, en la frase «después vamos al comedor», podrían signarse únicamente «después», «ir» y «comedor». Esta modalidad reduce la carga motora del interlocutor y destaca la información semánticamente relevante. En un signado más completo se representarían también pronombres, determinantes, preposiciones o marcas morfológicas, siempre que existan signos acordados y que la velocidad de producción permita mantener una comunicación natural.
La simultaneidad no debe interpretarse como una correspondencia mecánica de una palabra por cada signo. Las lenguas no segmentan la realidad de idéntica manera y un signo puede corresponder a una expresión compuesta por varias palabras, mientras que una palabra polisémica puede requerir signos distintos según el contexto. Una aplicación competente exige seleccionar el signo por su significado, no por una equivalencia superficial entre formas.
También intervienen componentes no manuales. La expresión facial, la dirección de la mirada, el movimiento corporal, la orientación espacial y la prosodia oral ayudan a diferenciar preguntas, negaciones, sorpresa, intensidad o estados emocionales. Aunque el bimodal mantenga la lengua oral como base, estos recursos visuales enriquecen el mensaje y aumentan su legibilidad.
El bimodal puede utilizarse de forma expresiva, receptiva o bidireccional. Algunas personas comprenden signos pero responden oralmente; otras comprenden el habla apoyada y producen signos; otras combinan palabra y signo. No debe exigirse una simetría artificial. Lo relevante es que cada modalidad cumpla una función comunicativa y que el sistema resulte comprensible para los interlocutores.
Por último, debe distinguirse entre el sistema y la competencia comunicativa. Conocer signos aislados no implica saber comunicarse. La competencia exige iniciar intercambios, mantener turnos, adaptar el mensaje, utilizar funciones diversas, interpretar al interlocutor y reparar fallos. Por ello, la enseñanza debe realizarse en situaciones significativas y no limitarse a ejercicios de denominación o imitación.
3. FUNDAMENTACIÓN HISTÓRICA Y COMUNICATIVA
El desarrollo de los sistemas bimodales se relaciona históricamente con la búsqueda de métodos educativos y comunicativos capaces de superar las limitaciones de los enfoques exclusivamente oralistas. Durante largos periodos, la educación de las personas sordas estuvo marcada por la oposición entre métodos orales y métodos signados. El oralismo priorizaba el habla, la lectura labial y el aprovechamiento auditivo, mientras que los enfoques gestuales defendían el valor de las lenguas de signos y de la vía visual.
La experiencia clínica y educativa mostró que una oposición rígida entre modalidades podía privar a algunas personas de un acceso lingüístico suficientemente temprano. Cuando la información oral no era plenamente accesible, esperar exclusivamente a que se desarrollara el habla podía reducir las oportunidades de comunicación, aprendizaje e interacción. La incorporación de signos al habla surgió como una forma de hacer visible el mensaje oral sin renunciar necesariamente a su producción.
En este contexto se difundió el concepto de comunicación total, entendido como una filosofía que propone emplear todos los medios eficaces disponibles para que la persona pueda comunicarse: habla, signos, gestos, lectura labial, escritura, imágenes, restos auditivos, expresión corporal y ayudas técnicas. La comunicación total no designa un código lingüístico único, sino una orientación amplia. Dentro de ella pueden utilizarse sistemas bimodales, pero ambos conceptos no son sinónimos.
La literatura especializada atribuye a Hilde Schlesinger la introducción y difusión del término bimodal communication durante la década de 1970. El concepto pretendía describir la utilización conjunta de señales vocales y manuales. En el ámbito español, diferentes autores y profesionales adaptaron programas de comunicación bimodal para familias, centros educativos y servicios de intervención, desarrollando vocabularios y materiales que permitieran emplear signos junto con el castellano hablado.
La fundamentación comunicativa del bimodal se apoya en una idea sencilla: la persona necesita disponer de un medio de comunicación eficaz antes de dominar todas las estructuras del habla. La comunicación no puede posponerse hasta que aparezca una pronunciación suficientemente inteligible. Poder pedir, rechazar, comentar o anticipar reduce frustraciones y permite que el entorno responda de forma contingente, creando nuevas oportunidades de aprendizaje.
Desde este punto de vista, el signo no debe considerarse un premio posterior a la palabra ni una ayuda que solo se ofrece cuando la persona fracasa oralmente. Debe estar disponible como parte legítima de la interacción. Cuando el adulto modela palabra y signo de forma natural, proporciona un ejemplo de comunicación multimodal que la persona puede comprender y utilizar según sus posibilidades.
La historia de estos métodos también muestra un riesgo: convertir el apoyo visual en una herramienta destinada únicamente a imponer la lengua oral. Si los signos se emplean solo para exigir respuestas, corregir conductas o entrenar vocabulario, se pierde la dimensión comunicativa. La intervención contemporánea debe respetar el derecho de la persona a disponer de un sistema completo y no limitarlo a peticiones instrumentales.
Otro aspecto histórico relevante es la evolución desde modelos centrados en el déficit hacia modelos de participación. En los primeros enfoques, el objetivo podía formularse como corregir o compensar una carencia individual. Actualmente, la discapacidad se comprende también en relación con las barreras del entorno. Una persona puede tener capacidad para utilizar signos, pero seguir incomunicada si sus interlocutores no los conocen, no esperan su respuesta o no le ofrecen oportunidades para intervenir.
Por ello, el bimodal no es una técnica aplicada exclusivamente sobre el usuario. Requiere transformar la conducta comunicativa de familiares, profesionales y compañeros. El entorno debe aprender a modelar, reconocer aproximaciones, respetar tiempos de respuesta, confirmar mensajes y mantener disponible el repertorio en todos los espacios relevantes.
La fundamentación histórica conduce así a una conclusión práctica: el valor del bimodal no reside en enfrentar habla y signos, sino en proporcionar acceso al lenguaje y a la interacción. La modalidad elegida debe ponerse al servicio de la comunicación, el desarrollo y la autonomía de la persona, evitando decisiones ideológicas que retrasen un sistema funcional.
4. FUNDAMENTACIÓN LINGÜÍSTICA
Para comprender adecuadamente el bimodal es necesario diferenciar tres niveles: modalidad, lengua y sistema de apoyo. La modalidad hace referencia al canal perceptivo y expresivo empleado. Una lengua oral utiliza predominantemente la modalidad vocal-auditiva; una lengua de signos utiliza la modalidad visual-gestual. La lengua es un sistema convencional con léxico y gramática propios. El bimodal es una estrategia o sistema de comunicación que combina modalidades, pero no constituye necesariamente una lengua independiente.
La lengua oral es habitualmente la estructura de referencia. El hablante formula una oración oral y selecciona signos para acompañar parte o la totalidad del enunciado. Por ello, el orden de los signos reproduce el de la lengua oral. Esta característica es decisiva para diferenciar el bimodal de la lengua de signos española, cuya sintaxis, organización espacial y mecanismos morfológicos no son una copia visual del castellano.
Las lenguas de signos poseen parámetros formativos propios. La configuración de la mano, el lugar de articulación, el movimiento, la orientación y los componentes no manuales participan en la diferenciación de los signos. También emplean el espacio para establecer referentes, concordancias, relaciones gramaticales y estructuras discursivas. Extraer un signo de ese sistema y colocarlo en una frase castellana no implica estar utilizando la gramática completa de la LSE.
En el plano léxico, el bimodal puede aprovechar signos de la lengua de signos, signos pedagógicos adaptados, gestos naturales y dactilología. La selección debe atender al significado. Por ejemplo, una palabra oral con varias acepciones no debería representarse automáticamente mediante un único signo. El profesional debe identificar el concepto expresado y elegir la forma manual correspondiente.
El grado de representación morfosintáctica varía entre programas. En el signado de palabras clave se enfatizan las unidades de mayor contenido semántico. Los artículos, preposiciones, auxiliares y terminaciones pueden mantenerse únicamente en el habla. En sistemas más próximos al castellano signado se intenta representar visualmente un mayor número de elementos, incluso mediante signos artificiales o marcadores creados para expresar componentes que no poseen un signo léxico independiente.
Esta ampliación puede aumentar la correspondencia con la cadena oral, pero también incrementa la complejidad motora y perceptiva. Signar cada elemento obliga a reducir la velocidad del habla o puede provocar desajustes entre ambas modalidades. Además, un exceso de signos gramaticales puede dificultar que el usuario identifique las palabras realmente relevantes. Por tanto, la densidad de signado debe adaptarse al objetivo y a las capacidades de procesamiento.
La simultaneidad presenta límites cognitivos y motores. Hablar y signar al mismo tiempo exige coordinar dos salidas diferentes. El interlocutor puede simplificar involuntariamente la sintaxis, omitir signos, retrasarlos respecto a la palabra o producir una articulación manual imprecisa. La formación debe incluir práctica de sincronización y selección del vocabulario, pero sin sacrificar la naturalidad comunicativa.
La dactilología consiste en representar manualmente las letras de una palabra. En bimodal puede utilizarse para nombres propios, vocabulario técnico, términos nuevos o palabras que carecen de un signo conocido por los interlocutores. No obstante, exige capacidades de secuenciación, atención y conocimiento alfabético, por lo que no siempre es adecuada como recurso inicial.
Los componentes no manuales —expresión facial, postura, dirección de la mirada y movimiento de cabeza— contribuyen a marcar intención interrogativa, negación, intensidad o actitud. En una intervención reducida exclusivamente a las manos se pierde una parte significativa de la información visual. El profesional debe modelar mensajes completos y expresivos, no configuraciones aisladas.
La prosodia oral también conserva su importancia. La entonación, el ritmo, las pausas y el énfasis ayudan a segmentar el mensaje. Cuando la persona dispone de audición funcional, la coincidencia entre énfasis prosódico y signo puede facilitar la identificación de palabras clave. En personas con acceso auditivo muy limitado, la expresión facial y corporal adquiere aún mayor relevancia.
5. COMPONENTES Y FORMAS DE APLICACIÓN
Un sistema bimodal funcional está formado por varios componentes coordinados. El primero es el habla. El interlocutor pronuncia el mensaje con una velocidad, intensidad y complejidad adaptadas. Hablar y signar no justifica emplear frases excesivamente largas ni presentar varias instrucciones consecutivas. El mensaje oral debe seguir siendo comprensible y guardar relación temporal con los signos.
El segundo componente es el repertorio de signos. Puede proceder principalmente de la lengua de signos de referencia, pero debe acordarse entre los diferentes contextos. Una misma palabra no debería enseñarse con signos distintos en la familia, el centro educativo y la consulta, salvo que exista una razón lingüística o una variante conocida. La consistencia facilita el reconocimiento y la generalización.
El tercer componente está constituido por los gestos naturales. Señalar, mostrar, entregar, extender la mano, negar con la cabeza o representar una acción son conductas comunicativas valiosas. No deben eliminarse por no pertenecer a un diccionario formal. Pueden funcionar como punto de partida y combinarse con signos convencionales.
El cuarto componente es la dactilología. Su función es complementaria. Resulta especialmente útil para deletrear nombres, apellidos, lugares, marcas o términos sin signo consensuado. En personas con nivel lector suficiente puede contribuir a relacionar palabra escrita, secuencia de letras y forma manual, pero no debe convertirse en un requisito universal.
El quinto componente incluye los marcadores no manuales. La expresión facial permite señalar agrado, rechazo, duda, sorpresa o pregunta. La mirada regula la atención conjunta y los turnos. El cuerpo puede orientarse hacia personas o lugares relevantes. Estos recursos aumentan la claridad pragmática y deben enseñarse dentro de la interacción.
En cuanto a las formas de aplicación, puede diferenciarse un continuo. En un extremo se encuentra el signado de palabras clave. Se signan los conceptos esenciales, mientras el resto se expresa oralmente. Esta modalidad suele ser suficiente para facilitar anticipaciones y comprensión básica. Reduce la carga motora y mantiene un ritmo comunicativo cercano al habla habitual.
En una posición intermedia se encuentra el habla signada ampliada, en la que se representa una parte mayor del enunciado. Además de nombres y verbos, pueden signarse adjetivos, adverbios, pronombres y algunos elementos funcionales. Permite ofrecer más información visual, aunque exige mayor competencia del interlocutor.
En el extremo de máxima correspondencia se sitúan formas de castellano signado que intentan representar visualmente prácticamente todos los componentes de la frase oral. Pueden utilizar signos artificiales o convenciones para artículos, preposiciones y morfemas. Esta opción puede tener utilidad pedagógica en determinados objetivos, pero no debe confundirse con la LSE ni aplicarse automáticamente a toda persona.
La elección del nivel de signado depende de la finalidad. Para anticipar una rutina puede bastar con «ahora», «terminar» y «casa». Para explicar una elección terapéutica pueden necesitarse relaciones causales, temporales y condicionales más complejas. El sistema debe permitir progresar desde mensajes simples hasta contenidos amplios, evitando que la persona quede limitada permanentemente a peticiones básicas.
El bimodal también puede combinarse con apoyos gráficos. Un pictograma puede permanecer visible después de que desaparezcan la palabra y el signo, proporcionando una referencia más estable. Esta combinación resulta útil en agendas, secuencias, normas, tableros de elección o explicaciones sanitarias. La coexistencia de apoyos no debe considerarse una interferencia, sino una forma de construir un sistema multimodal.
En personas con dificultades motoras, los signos pueden adaptarse. Una configuración manual compleja puede simplificarse; un movimiento bimanual puede realizarse con una sola mano; el lugar de articulación puede modificarse dentro de límites que mantengan la diferenciación. La exactitud formal es importante para la inteligibilidad, pero no debe imponerse por encima de la funcionalidad y del esfuerzo requerido.
6. FUNDAMENTACIÓN PSICOLINGÜÍSTICA Y EVOLUTIVA
La utilidad del bimodal puede explicarse mediante varios principios psicolingüísticos. El primero es la redundancia multimodal. Cuando una información relacionada llega por dos vías, aumenta la probabilidad de que al menos una resulte accesible. La palabra hablada es transitoria y desaparece rápidamente; el signo añade una forma visual que puede destacar el significado y facilitar su reconocimiento.
Esta redundancia no implica que todos los usuarios procesen automáticamente ambas modalidades. Algunas personas atienden prioritariamente a las manos; otras se concentran en la cara o en la boca; otras pueden sobrecargarse si el mensaje es demasiado rápido. La intervención debe observar qué claves utiliza cada persona y ajustar la posición, el ritmo y la cantidad de información.
El segundo principio es la iconicidad. Algunos signos guardan una relación perceptiva con su significado, como ocurre cuando el movimiento representa una acción o la forma de un objeto. La iconicidad puede facilitar ciertos aprendizajes, pero no convierte los signos en transparentes. Muchos son arbitrarios o solo resultan icónicos cuando ya se conoce su significado. Por tanto, los signos también requieren exposición, asociación y uso contextual.
El tercer principio es la memoria de trabajo. Las dificultades lingüísticas pueden acompañarse de limitaciones para retener secuencias verbales. El signo aporta una señal adicional y permite segmentar el mensaje. Cuando el interlocutor signa palabras clave y realiza pausas, ayuda a identificar la estructura semántica y reduce la exigencia de mantener toda la cadena oral.
El cuarto principio es la atención conjunta. El aprendizaje de palabras se produce con mayor eficacia cuando usuario e interlocutor comparten el foco sobre una persona, objeto o acontecimiento. El signo debe integrarse en esa relación triádica. No basta con colocar las manos delante del usuario; hay que asegurar que el mensaje se vincula con una experiencia significativa y que existe una razón comunicativa para atender.
El quinto principio es el andamiaje. El adulto adapta temporalmente su comunicación para que la persona pueda participar en un nivel superior al que alcanzaría sin ayuda. Puede ofrecer un modelo, iniciar el movimiento, presentar una elección, esperar o reformular. A medida que aumenta la competencia, las ayudas se retiran para favorecer autonomía.
El sexto principio es la importancia de la contingencia. Cuando un intento comunicativo produce una respuesta inmediata y relacionada, la persona aprende que su conducta tiene efectos sobre el entorno. Si realiza una aproximación al signo «más» y recibe una pequeña cantidad adicional, se fortalece la función comunicativa. Si el adulto ignora la aproximación porque no es formalmente perfecta, se pierde una oportunidad de aprendizaje.
Desde el desarrollo evolutivo, los gestos aparecen antes que muchas palabras y participan en la construcción de la referencia compartida. Señalar, mostrar y realizar gestos convencionales son hitos comunicativos tempranos. El bimodal aprovecha esta disponibilidad visual y motora, aunque no debe suponerse que toda persona tendrá facilidad para imitar signos. La planificación motora, la coordinación, la percepción visual y la conciencia corporal pueden estar alteradas.
El uso de signos no debe entenderse como una renuncia automática al habla. Para algunas personas, el signo reduce la presión comunicativa y ofrece una vía para participar mientras se desarrolla la producción oral. En otros casos, los signos permanecerán como modalidad principal. No es clínicamente correcto prometer que el bimodal provocará necesariamente la aparición del habla ni afirmar que la impedirá.
La investigación sobre comunicación aumentativa ha cuestionado la idea de que proporcionar una modalidad alternativa suprima la motivación para hablar. El acceso temprano a un sistema de comunicación permite practicar funciones, turnos, vocabulario y estructuras simbólicas. La evolución concreta dependerá de la etiología, las capacidades sensoriomotoras, el desarrollo cognitivo, la intervención y el entorno.
También debe considerarse la carga dual para los interlocutores. Hablar, seleccionar signos y observar la respuesta exige formación y práctica. Si el adulto se concentra exclusivamente en ejecutar correctamente las manos, puede perder contacto visual, naturalidad y sensibilidad ante las iniciativas del usuario. La competencia técnica debe ponerse al servicio de la relación, no sustituirla.
7. DIFERENCIACIÓN RESPECTO A OTROS SISTEMAS
El bimodal comparte recursos con otros sistemas de comunicación, pero posee características específicas. Diferenciarlo evita errores de indicación y preguntas trampa en la oposición.
7.1. Bimodal y lengua de signos
La lengua de signos española es una lengua natural visual, gestual y espacial, con léxico, morfología, sintaxis y recursos discursivos propios. El bimodal utiliza signos manuales junto con el habla y mantiene normalmente la estructura de la lengua oral. Una persona competente en bimodal no adquiere por ello competencia plena en LSE, del mismo modo que aprender vocabulario aislado de otra lengua no implica dominar su gramática.
7.2. Bimodal y comunicación total
La comunicación total es una filosofía de aprovechamiento de todos los medios disponibles. Puede incluir habla, signos, lectura labial, escritura, gestos, imágenes y tecnología. El bimodal es una forma concreta de combinar habla y signos. Por ello, un programa de comunicación total puede incorporar bimodal, pero también otros recursos.
7.3. Bimodal y programa de Comunicación Total de Schaeffer
El programa de Benson Schaeffer y colaboradores se desarrolló para personas con graves dificultades comunicativas y combina signos y habla dentro de una enseñanza estructurada. Utiliza procedimientos de ayuda física, encadenamiento hacia atrás y retirada progresiva de apoyos, buscando desarrollar signos espontáneos y posteriormente habla signada. Se considera de naturaleza bimodal, pero no todo sistema bimodal sigue el programa de Schaeffer.
7.4. Bimodal y Palabra Complementada
La Palabra Complementada o Cued Speech apoya la percepción visual del habla mediante configuraciones manuales realizadas en posiciones próximas a la cara. Su finalidad principal es desambiguar fonemas que resultan semejantes en lectura labial. Los complementos manuales no son signos léxicos con significado propio, sino claves fonológicas. En el bimodal, por el contrario, el signo representa normalmente una palabra o concepto.
7.5. Bimodal y dactilología
La dactilología representa letras mediante configuraciones manuales. Puede formar parte del bimodal, pero no constituye por sí sola un sistema bimodal. Su unidad de representación es la letra, mientras que el signo bimodal suele representar unidades léxicas o conceptos.
7.6. Bimodal y sistemas gráficos
Los pictogramas, fotografías y palabras escritas son símbolos gráficos que permanecen disponibles sobre un soporte. Los signos manuales desaparecen tras su ejecución y requieren que los interlocutores conozcan el repertorio. Ambos tipos de sistemas pueden complementarse. Los gráficos ofrecen permanencia; los signos permiten una comunicación corporal rápida sin necesidad de localizar un tablero.
7.7. Bimodal y gestos naturales
Los gestos naturales surgen espontáneamente y pueden ser comprendidos por su relación con la acción o el contexto. El bimodal incorpora signos convencionalizados y un uso sistemático junto al habla. No obstante, los gestos naturales pueden integrarse en el repertorio si son funcionales y compartidos.
7.8. Bimodal y sistemas como Makaton
Makaton es un programa estructurado que combina signos, símbolos gráficos y habla, con vocabulario organizado por etapas funcionales. Puede utilizar comunicación bimodal, pero incluye una metodología, una selección progresiva de vocabulario y símbolos gráficos propios. Por tanto, bimodal describe una combinación de modalidades; Makaton designa un programa más amplio.
| Sistema | Unidad principal | Organización | Función predominante |
|---|---|---|---|
| Bimodal | Palabra hablada y signo | Sintaxis de la lengua oral | Apoyo visual a comprensión y expresión |
| Lengua de signos | Signos y construcciones visuales | Gramática propia | Lengua natural completa |
| Palabra Complementada | Claves manuales fonológicas | Sincronizada con el habla | Desambiguación visual de fonemas |
| Dactilología | Letras manuales | Secuencia ortográfica | Deletreo |
| Sistema gráfico | Pictogramas, fotografías o escritura | Tablero, cuaderno o dispositivo | Comunicación mediante símbolos permanentes |
8. DESTINATARIOS CON DISCAPACIDAD AUDITIVA
Las personas con discapacidad auditiva constituyen uno de los grupos históricamente asociados a la comunicación bimodal. Sin embargo, la indicación debe matizarse según el grado y tipo de pérdida auditiva, la edad de aparición, el acceso a prótesis o implantes, el momento de la intervención, la lengua familiar, las preferencias comunicativas y la exposición a una lengua de signos.
En niños con pérdida auditiva prelocutiva, el bimodal puede hacer visible el vocabulario utilizado por la familia y facilitar intercambios tempranos mientras se desarrolla el acceso auditivo y oral. El signo proporciona una vía de comprensión cuando la señal acústica es insuficiente, inestable o todavía no está plenamente aprovechada. Además, permite al niño expresar necesidades antes de disponer de una articulación inteligible.
En estos casos debe evitarse presentar el bimodal como sustituto automático de una lengua de signos. Si la familia opta por una educación bilingüe, el niño necesita exposición rica a una lengua de signos natural y a interlocutores competentes, no únicamente castellano acompañado de signos. El bimodal puede convivir con ese enfoque, pero cumple una función diferente.
En personas usuarias de audífonos o implante coclear, los signos pueden mantenerse como apoyo durante el proceso de habilitación o rehabilitación auditiva. La decisión no debe basarse en la idea de que la tecnología convierte inmediatamente la señal auditiva en lenguaje comprensible. El aprovechamiento depende de numerosos factores y requiere aprendizaje. Los signos pueden facilitar la participación mientras evoluciona la percepción del habla.
En pérdidas auditivas adquiridas, el bimodal puede ser útil si la persona y su entorno pueden aprender un repertorio funcional. No obstante, en adultos que han utilizado toda su vida el lenguaje oral y presentan buena competencia lectora, quizá resulten más eficaces la escritura, la lectura labial, la subtitulación, los sistemas de reconocimiento de voz o los dispositivos de apoyo auditivo. La edad o el diagnóstico no determinan por sí mismos la elección.
En sordoceguera, la modalidad visual puede no ser accesible o puede requerir adaptación al campo visual. Algunos signos pueden producirse a corta distancia, en una localización concreta o mediante contacto táctil. En estos casos se necesitan competencias especializadas y una valoración sensorial precisa; no basta con aplicar el bimodal visual convencional.
El bimodal también puede favorecer la comunicación entre interlocutores oyentes que no dominan una lengua de signos y personas con déficit auditivo que comprenden signos apoyados. Esta función puente puede ser útil en familias y entornos educativos. Sin embargo, no debe utilizarse para justificar que la persona sorda renuncie a una lengua plenamente accesible si la necesita.
En la intervención con niños sordos, el profesional debe proporcionar información equilibrada a la familia. Debe explicar las diferencias entre lengua oral, lengua de signos, bimodal y apoyos tecnológicos, así como las posibilidades de combinación. La elección informada corresponde a la persona o a sus representantes, dentro del respeto al derecho de opción reconocido legalmente.
Los objetivos pueden incluir ampliar vocabulario, comprender rutinas, expresar elecciones, seguir consignas, desarrollar estructuras lingüísticas y mejorar la interacción familiar. La evaluación debe comprobar si los signos facilitan realmente la comprensión o si el interlocutor los utiliza con una velocidad y colocación inadecuadas.
La coordinación con audiología, otorrinolaringología, educación, psicología y asociaciones de personas sordas resulta esencial. El logopeda no debe reducir la intervención a la pronunciación; debe valorar el acceso global al lenguaje, la calidad de las interacciones y la participación del niño en todos sus entornos.
9. OTROS DESTINATARIOS CON NECESIDADES COMPLEJAS DE COMUNICACIÓN
El bimodal no se limita a la discapacidad auditiva. Puede indicarse en personas oyentes cuya comunicación oral es insuficiente, poco inteligible o difícil de comprender. La característica común no es el diagnóstico, sino la existencia de una necesidad de apoyo visual y manual que resulte compatible con las capacidades del usuario.
9.1. Discapacidad intelectual y síndrome de Down
Algunas personas con discapacidad intelectual presentan un desfase entre comprensión y expresión, dificultades de memoria verbal, habla poco inteligible o adquisición lenta del vocabulario. Los signos pueden destacar palabras esenciales y ofrecer una respuesta motora más accesible que la producción fonológica. En síndrome de Down, la combinación puede resultar útil cuando la comprensión supera a la expresión y existen dificultades articulatorias.
No debe asumirse que todas las personas con discapacidad intelectual necesitan un repertorio reducido. El sistema debe crecer con sus capacidades y permitir funciones más allá de pedir objetos. Limitar permanentemente la comunicación a nombres y demandas puede restringir el desarrollo conceptual y social.
9.2. Trastorno del espectro autista
En TEA, el bimodal puede aportar previsibilidad, apoyo visual y una forma de expresión alternativa. Sin embargo, existe una gran heterogeneidad. Algunas personas presentan buena imitación motora y responden favorablemente a signos; otras tienen dispraxia, escasa atención a los movimientos manuales o preferencia por símbolos gráficos. La selección debe comparar modalidades y no imponer signos por el diagnóstico.
El objetivo no debe reducirse a conseguir peticiones. Deben modelarse rechazo, elección, llamada de atención, comentario, saludo, petición de ayuda, expresión emocional y reparación. También es necesario respetar formas comunicativas no convencionales y analizar su función antes de intentar sustituirlas.
9.3. Trastorno del desarrollo del lenguaje
En casos graves de TDL, los signos pueden apoyar la comprensión de vocabulario, relaciones espaciales, secuencias y estructuras morfosintácticas. El componente visual puede facilitar la segmentación y el recuerdo. Su uso debe integrarse en actividades lingüísticas significativas y no reemplazar la estimulación de los distintos componentes del lenguaje.
9.4. Apraxia del habla y dispraxia verbal
Cuando la planificación motora del habla está gravemente afectada, la persona puede saber qué desea expresar pero no lograr una producción inteligible. Los signos ofrecen una vía alternativa. Debe comprobarse que la planificación manual sea más accesible, pues algunas personas presentan dificultades práxicas generalizadas.
9.5. Parálisis cerebral y trastornos motores
En parálisis cerebral, la indicación depende del control de miembros superiores, la precisión de los movimientos, la fatiga, el tono y la postura. Si la ejecución manual es muy costosa, un sistema gráfico con acceso adaptado puede ser más eficaz. También pueden aceptarse signos modificados y aproximaciones consistentes conocidas por los interlocutores.
9.6. Afasia y daño cerebral adquirido
En personas con afasia, gestos y signos pueden apoyar la expresión de conceptos cuando existe anomia o producción oral limitada. La capacidad para aprender signos nuevos dependerá de la lesión, las apraxias asociadas, la memoria y la comprensión. En adultos debe respetarse la identidad previa y seleccionar un repertorio funcional y socialmente adecuado.
9.7. Enfermedades neurodegenerativas
En procesos progresivos, la introducción temprana de apoyos puede preparar alternativas antes de que el habla deje de ser eficaz. No obstante, los signos manuales pueden volverse inviables si progresa la afectación motora. Es recomendable integrarlos en un plan multimodal que contemple tableros, escritura y dispositivos de comunicación.
9.8. Personas con trastornos graves del habla
Disartrias severas, malformaciones, secuelas quirúrgicas o alteraciones neurológicas pueden disminuir la inteligibilidad. Los signos pueden desambiguar palabras clave en conversaciones con interlocutores conocidos. Si la persona posee competencia lingüística alta, será necesario complementar el repertorio manual con sistemas que permitan mensajes más complejos.
10. VALORACIÓN PARA LA SELECCIÓN DEL SISTEMA
La elección de un apoyo bimodal debe basarse en una evaluación multidimensional. No es suficiente comprobar si la persona puede imitar algunos signos. El objetivo es determinar qué combinación de modalidades permite una comunicación más autónoma, comprensible y generalizable.
La valoración comienza con la historia comunicativa: formas utilizadas para pedir, rechazar, llamar, comentar o protestar; eficacia de esas formas; interlocutores que las comprenden; experiencias previas con signos, pictogramas o dispositivos; preferencias de la persona y expectativas de la familia.
Debe evaluarse la comprensión lingüística. Es necesario conocer si comprende palabras aisladas, frases, consignas, conceptos espaciales y temporales, negación, preguntas y conversaciones. Puede compararse la respuesta ante mensajes orales sin apoyo, habla acompañada de signos y combinaciones con material gráfico.
La expresión se analiza atendiendo a la intención comunicativa, repertorio de funciones, vocabulario, longitud de los mensajes, inteligibilidad y capacidad para combinar modalidades. Una vocalización acompañada de un signo puede constituir un mensaje eficaz aunque la palabra no sea reconocible.
La audición y la visión condicionan la accesibilidad. Deben conocerse el grado de pérdida auditiva, el uso de prótesis, la discriminación del habla y las condiciones acústicas. En visión se valoran agudeza, campo visual, seguimiento, contraste y distancia óptima. Las manos del interlocutor deben situarse dentro del campo útil.
La motricidad requiere observar alcance, coordinación, lateralidad, movimientos voluntarios, precisión, velocidad y fatiga. No se busca una ejecución perfecta, sino la capacidad de producir formas diferenciables. Si existen limitaciones, se ensayan adaptaciones y sistemas alternativos.
Las capacidades cognitivas y simbólicas incluyen atención, permanencia del objeto, memoria, categorización, imitación y comprensión de relaciones causa-efecto. No deben utilizarse pruebas cognitivas como barrera para negar comunicación. La valoración debe identificar apoyos que permitan participar desde el nivel actual.
La pragmática es central. Se analizan iniciativa, reciprocidad, turnos, atención conjunta, reparación y adaptación al interlocutor. Un usuario puede reproducir muchos signos y, sin embargo, utilizarlos únicamente cuando se le pregunta. El programa deberá promover espontaneidad y variedad funcional.
También se evalúa el entorno. Un sistema manual exige interlocutores capaces de comprenderlo y modelarlo. Debe analizarse quién está dispuesto a aprender, en qué rutinas se utilizará, qué barreras existen y cómo se coordinarán los signos. Un sistema técnicamente adecuado puede fracasar por falta de apoyo ambiental.
La valoración debe realizarse mediante pruebas dinámicas. El profesional presenta distintos tipos de ayuda y observa cómo aprende la persona. Puede comparar signos icónicos y arbitrarios, apoyo físico y modelado, uno y dos movimientos, signos y pictogramas. La respuesta a la enseñanza aporta información que una evaluación estática no ofrece.
Los objetivos se establecen en términos de actividad y participación: solicitar ayuda en una rutina, elegir entre opciones, informar de dolor, saludar a compañeros o comprender una secuencia terapéutica. Deben evitarse objetivos aislados como «aprender veinte signos» si no se especifica para qué y dónde serán utilizados.
| Área | Preguntas de valoración | Implicación |
|---|---|---|
| Comprensión | ¿Mejora con signos o claves visuales? | Determina el uso receptivo del bimodal |
| Expresión | ¿El signo permite mensajes más claros? | Determina el uso aumentativo o alternativo |
| Motricidad | ¿Puede producir formas diferenciables sin fatiga excesiva? | Orienta adaptaciones o cambio de acceso |
| Sensorial | ¿Ve las manos y accede al habla? | Orienta posición, distancia y modalidad |
| Entorno | ¿Los interlocutores aprenderán y modelarán? | Predice generalización |
| Participación | ¿Qué actividades siguen siendo inaccesibles? | Define objetivos funcionales |
11. PRINCIPIOS DE INTERVENCIÓN Y ENSEÑANZA
La intervención comienza seleccionando un vocabulario funcional y motivador. Las primeras unidades deben permitir obtener resultados significativos: pedir objetos o actividades, rechazar, terminar, solicitar ayuda, llamar a una persona, elegir, expresar dolor o comentar. La selección se realiza con el usuario y su entorno, no exclusivamente desde materiales estandarizados.
El profesional debe practicar modelado comunicativo. Consiste en hablar y signar durante interacciones naturales, mostrando cómo se utiliza el sistema sin exigir una imitación inmediata. Si el usuario desea beber, el adulto puede signar y decir «beber» antes de ofrecer la bebida. Si termina una actividad, modela «terminar». La exposición repetida y contextualizada construye comprensión.
El modelado debe ser proporcional. En fases iniciales se signan palabras clave, se habla lentamente y se realizan pausas. Un exceso de signos desconocidos puede saturar la atención. Conforme aumenta el repertorio, se incorporan combinaciones y funciones más complejas.
Cuando se necesitan ayudas, se aplica una jerarquía de menor a mayor intrusión: espera, señal visual, modelo, imitación, guía parcial y ayuda física. La ayuda física debe utilizarse con prudencia, respetando el consentimiento y evitando convertir la comunicación en una manipulación corporal constante. Su retirada progresiva es imprescindible.
El desvanecimiento de ayudas pretende que el signo quede bajo control de claves naturales. Si la persona solo produce «beber» después de que el profesional le coloque las manos, todavía no dispone de una petición autónoma. La ayuda se reduce gradualmente y se aumentan los tiempos de espera.
La respuesta del interlocutor debe ser contingente. Las aproximaciones consistentes se interpretan y confirman. Si el signo no es claro, puede preguntarse «¿quieres más?» mientras se modela la forma correcta. Corregir repetidamente sin responder al contenido transmite que la forma importa más que el mensaje.
La enseñanza debe promover numerosas funciones. Es frecuente comenzar con peticiones porque permiten reforzadores inmediatos, pero un sistema limitado a pedir objetos no constituye comunicación completa. Deben enseñarse rechazo, elección, comentario, saludo, pregunta, descripción, relato, expresión emocional y reparación.
Las combinaciones se introducen cuando el usuario maneja signos con funciones claras. Se modelan estructuras como «quiero más», «no quiero», «mamá venir», «dolor cabeza» o «después casa». La complejidad debe aumentar sin exigir necesariamente una reproducción idéntica a la frase adulta.
La intervención receptiva es tan importante como la expresiva. El entorno debe utilizar signos para anticipar cambios, explicar procedimientos, organizar turnos y apoyar la comprensión. No es coherente exigir al usuario que signe si los adultos nunca emplean el sistema para hablarle.
Los errores se corrigen mediante reformulación. Si la persona produce un signo aproximado, el adulto responde al significado y ofrece el modelo correcto dentro de la frase. Se evita interrumpir constantemente la interacción para realizar ejercicios motores.
Las sesiones deben incorporar actividades reales: preparar una merienda, elegir música, jugar, desplazarse por el centro, realizar una compra simulada o participar en cuidados. Las fichas pueden complementar, pero no sustituir la experiencia comunicativa.
El registro de progreso incluye frecuencia de iniciativas, variedad de funciones, número de interlocutores, contextos de uso, necesidad de ayudas y eficacia de reparación. Contar únicamente signos aprendidos ofrece una visión incompleta.
La formación de interlocutores forma parte del tratamiento. Familiares y profesionales necesitan conocer el repertorio, practicar la sincronización, aprender a esperar y responder. Los vídeos breves, listados compartidos y sesiones dentro de rutinas pueden facilitar la capacitación.
12. GENERALIZACIÓN, INTERLOCUTORES Y CONTEXTOS DE USO
La generalización es uno de los principales desafíos. Una persona puede utilizar signos en consulta y no hacerlo en casa o en la escuela porque los interlocutores, las oportunidades y las consecuencias son diferentes. El sistema debe trasladarse desde el inicio a los contextos donde la comunicación tiene efectos reales.
La familia necesita un repertorio inicial manejable. Entregar un diccionario extenso sin acompañamiento suele ser poco eficaz. Es preferible seleccionar signos relacionados con rutinas concretas: comida, aseo, descanso, juego, desplazamientos y emociones. Cada semana pueden incorporarse nuevas unidades según las necesidades observadas.
En el ámbito educativo, docentes, personal de apoyo y compañeros deben conocer los signos esenciales. El bimodal puede utilizarse para explicar horarios, conceptos curriculares, normas, preguntas y relaciones sociales. No debe reservarse únicamente para la sesión individual con el especialista.
Los compañeros pueden convertirse en interlocutores competentes si reciben formación accesible. Aprender saludos, juegos, elecciones y expresiones emocionales favorece la inclusión. La enseñanza debe evitar presentar al usuario como objeto de ayuda y promover relaciones recíprocas.
En los servicios sanitarios, el repertorio debe incluir dolor, localizaciones corporales, necesidades básicas, consentimiento, espera, finalización y emociones. Los profesionales no especializados pueden disponer de materiales de consulta rápida, pero necesitan además estrategias de interacción: mirar a la persona, reducir ruido, ofrecer tiempo y confirmar mensajes.
Los signos deben mantenerse disponibles en situaciones de estrés. Una persona que utiliza habla en contextos tranquilos puede recurrir a signos cuando está cansada, ansiosa o enferma. El entorno no debe interpretar este cambio como retroceso, sino como uso flexible de recursos.
La consistencia entre contextos es importante, aunque no debe convertirse en rigidez. Pueden existir variantes regionales o familiares. Lo esencial es que los interlocutores conozcan las formas utilizadas por la persona y que las diferencias no generen incomunicación.
La documentación puede incluir un inventario de signos, vídeos autorizados, descripción de aproximaciones personales y estrategias de ayuda. Esta información facilita las transiciones entre etapas educativas, centros sanitarios o profesionales.
La generalización se favorece creando motivos para comunicar. Si todo está disponible sin necesidad de interacción o si los adultos anticipan siempre las necesidades, disminuyen las oportunidades de iniciativa. No se trata de provocar frustración, sino de organizar situaciones naturales de elección, comentario y petición de colaboración.
Los interlocutores deben aprender a esperar. Las personas con dificultades motoras o de procesamiento pueden necesitar más tiempo. Repetir la pregunta, cambiarla o responder por ellas antes de tiempo puede interrumpir la planificación del signo.
También deben aprender a reparar. Cuando no comprenden, pueden pedir repetición, ofrecer opciones, señalar objetos, utilizar pictogramas o confirmar partes del mensaje. Fingir comprensión produce errores y reduce la confianza del usuario.
La participación de la propia persona en las decisiones es imprescindible. Debe poder expresar qué signos prefiere, con quién desea utilizarlos y qué situaciones le resultan incómodas. En usuarios adultos, imponer un repertorio infantilizado vulnera la dignidad y reduce la aceptación.
13. APLICACIÓN EN LA PRÁCTICA LOGOPÉDICA Y EN EL SAS
El logopeda participa en la valoración de la comunicación, la selección de apoyos, la enseñanza al usuario y la capacitación del entorno. En el ámbito sanitario, esta intervención debe integrarse en un plan interdisciplinar y orientarse a la actividad y la participación.
La evaluación logopédica recoge antecedentes médicos, auditivos, neurológicos, educativos y comunicativos. Se analizan comprensión, producción oral, inteligibilidad, praxias, motricidad manual, capacidades visuales, funciones pragmáticas y sistemas utilizados. Cuando existen dudas sensoriales o motoras, se coordina con audiología, otorrinolaringología, neurología, terapia ocupacional y rehabilitación.
El logopeda debe determinar si el bimodal será principalmente receptivo, expresivo o bidireccional. En un paciente con habla poco inteligible pero comprensión preservada, puede utilizarse para desambiguar la expresión. En una persona con dificultades de comprensión, el profesional y el entorno deberán modelarlo de forma sistemática.
En atención infantil, la intervención incluye a la familia desde el principio. Se seleccionan rutinas prioritarias, se enseñan signos y se observa su aplicación. El profesional no puede convertirse en el único interlocutor competente. La familia necesita comprender que los signos se utilizan para comunicarse, no para examinar al niño.
En rehabilitación neurológica, el bimodal puede complementar gestos, escritura, dibujo y tableros. En afasia, se trabaja la evocación multimodal y la reparación. En disartria, los signos pueden aclarar palabras clave. En apraxia del habla, ofrecen una vía expresiva alternativa. La intervención se adapta al pronóstico y a la fatiga.
En discapacidad auditiva, el logopeda colabora con profesionales de audiología y educación. Debe conocer las diferencias entre bimodal, LSE, lectura labial, Palabra Complementada y ayudas auditivas. Su función no consiste en presentar una opción como universal, sino en explicar posibilidades y asegurar acceso comunicativo.
En hospitalización, consultas o pruebas diagnósticas, el bimodal puede facilitar información y consentimiento. Signos como «dolor», «respirar», «tragar», «esperar», «descansar», «otra vez» o «terminar» permiten que la persona participe. Deben complementarse con apoyos gráficos cuando el repertorio del profesional sea limitado.
La historia clínica debe registrar el sistema utilizado, los signos personales, el nivel de comprensión, la forma de respuesta afirmativa y negativa y las estrategias de apoyo. Esta información es especialmente relevante cuando la persona pasa por diferentes servicios.
La intervención debe formular objetivos medibles y funcionales. Por ejemplo: «expresará necesidad de pausa mediante signo, palabra o combinación en tres actividades terapéuticas con ayuda gestual mínima». Este objetivo es más útil que «aprenderá el signo descansar» porque incorpora función, contexto y nivel de ayuda.
La evaluación de resultados incluye la percepción del usuario y de la familia. Debe preguntarse si el sistema reduce frustraciones, aumenta autonomía, facilita conversaciones y se utiliza fuera de terapia. Un aumento del vocabulario sin mejora participativa obliga a revisar el programa.
El logopeda también desarrolla una función formativa. Puede elaborar materiales, impartir sesiones a equipos y asesorar sobre accesibilidad comunicativa. En el SAS, esta perspectiva se relaciona con la atención centrada en la persona, la seguridad del paciente y el respeto a la autonomía.
La coordinación con trabajo social y recursos comunitarios facilita continuidad. Asociaciones, centros educativos, servicios de apoyo y familias pueden utilizar repertorios compartidos. Cuando la persona emplea una lengua de signos, debe garantizarse además el acceso a profesionales competentes e intérpretes cuando corresponda.
14. VENTAJAS, LIMITACIONES, ERRORES FRECUENTES Y CRITERIOS ÉTICOS
14.1. Ventajas
La principal ventaja es que aporta una vía visual simultánea al habla. Puede mejorar la comprensión, destacar palabras clave y ofrecer una modalidad expresiva cuando la articulación es insuficiente. Los signos se producen con el cuerpo y no requieren transportar un dispositivo, lo que facilita su disponibilidad inmediata.
También puede reducir frustraciones y conductas derivadas de la incomunicación. Cuando la persona dispone de una forma eficaz para rechazar, pedir ayuda o anticipar cambios, disminuye la necesidad de recurrir a conductas difíciles de interpretar. El sistema facilita además la participación en rutinas y el desarrollo de turnos comunicativos.
Otra ventaja es su compatibilidad con otros apoyos. Puede combinarse con pictogramas, escritura, habla, dispositivos y tecnología auditiva. Esta flexibilidad permite construir un repertorio multimodal adaptado a diferentes situaciones.
14.2. Limitaciones
La comunicación manual exige que el interlocutor conozca los signos y esté mirando. Fuera del círculo habitual puede disminuir la comprensibilidad. Los mensajes desaparecen tras su producción, a diferencia de los símbolos gráficos, y no siempre permiten expresar contenidos extensos con interlocutores no formados.
Las dificultades motoras, visuales o práxicas pueden limitar la producción. La simultaneidad también supone una carga para quien habla y signa. Si la ejecución es lenta, la conversación puede perder fluidez. En mensajes complejos puede ser necesario complementar con escritura o dispositivos.
El bimodal tampoco equivale a proporcionar acceso pleno a una lengua de signos. Una persona sorda que necesita una lengua visual completa no debe recibir únicamente castellano apoyado con signos como sustituto de la LSE.
14.3. Errores frecuentes
Un primer error es enseñar listas descontextualizadas. Memorizar colores, animales o alimentos no garantiza que la persona sepa iniciar una conversación. El vocabulario debe seleccionarse por funciones y rutinas.
Un segundo error es exigir imitación antes de responder. Si el usuario señala o aproxima un signo, el interlocutor debe interpretar el mensaje. La perfección se modela posteriormente. Condicionar siempre el acceso al objeto a una ejecución exacta puede convertir la comunicación en una prueba.
Un tercer error es utilizar signos únicamente para dar órdenes. El adulto dice y signa «siéntate», «espera» y «guarda», pero no modela «me gusta», «no entiendo», «quiero hablar» o «estoy cansado». El sistema queda asociado al control, no a la expresión personal.
Un cuarto error es retirar signos cuando aparece el habla, aunque sea ininteligible o inestable. La retirada debe basarse en la eficacia, no en una jerarquía que considere la modalidad oral siempre superior.
Un quinto error es confundir bimodal y LSE. Esto puede llevar a sobreestimar la competencia de profesionales o usuarios y a negar apoyos lingüísticos adecuados.
14.4. Criterios éticos
La persona tiene derecho a un sistema de comunicación accesible. No debe exigirse la demostración de un nivel cognitivo previo para acceder a apoyos. La ausencia de habla no implica ausencia de comprensión, pensamiento o preferencias.
Las ayudas físicas deben respetar el consentimiento. Mover las manos de la persona sin anticipación o de forma repetida puede resultar invasivo. Debe utilizarse la mínima ayuda necesaria, observar señales de rechazo y ofrecer alternativas.
El sistema debe ser apropiado para la edad y la identidad. Los adultos necesitan vocabulario relacionado con relaciones, salud, trabajo, intimidad, decisiones y comunidad. Un repertorio infantilizado limita la autodeterminación.
La familia debe recibir información equilibrada y no promesas. No puede asegurarse que los signos producirán habla ni que la impedirán. Se explican beneficios potenciales, limitaciones y alternativas, y se revisan resultados.
La competencia comunicativa del entorno es una responsabilidad profesional. No es ético atribuir el fracaso al usuario si nadie modela el sistema, si el repertorio no está disponible o si no se respetan sus tiempos.
15. IDEAS CLAVE PARA EL REPASO
El bimodal utiliza simultáneamente el habla y signos manuales. Su rasgo distintivo es que mantiene generalmente la lengua oral como base, de manera que el orden de los signos sigue la sintaxis oral. Esta característica lo diferencia de las lenguas de signos naturales, que poseen gramática propia.
Los signos pueden proceder de la lengua de signos, pero se integran en otra organización lingüística. Pueden signarse únicamente palabras clave o intentar una correspondencia más completa. La dactilología puede utilizarse para nombres propios y palabras sin signo disponible.
La comunicación total es una filosofía más amplia que propone utilizar todos los recursos eficaces. El bimodal puede formar parte de ella. El programa de Schaeffer es una aplicación estructurada de comunicación total de naturaleza bimodal, pero no agota todas las formas de bimodal.
El sistema puede actuar como aumentativo cuando complementa habla existente o como alternativo cuando los signos constituyen la vía principal. También puede apoyar la comprensión receptiva.
Entre los destinatarios se encuentran personas con discapacidad auditiva y personas oyentes con graves dificultades de comunicación: discapacidad intelectual, síndrome de Down, TEA, TDL grave, apraxia del habla, parálisis cerebral, afasia, disartria o enfermedades neurodegenerativas. La indicación depende del perfil funcional, no del diagnóstico aislado.
La dislexia aislada no constituye una indicación específica cuando la comunicación oral es funcional. Este aspecto fue utilizado como distractor en el examen oficial de Logopeda SAS de 2022.
La valoración debe incluir audición, visión, motricidad, comprensión, expresión, pragmática, preferencias, actividades, participación y competencia del entorno. La capacidad para imitar signos es solo una parte.
La enseñanza se basa en vocabulario funcional, modelado en contextos naturales, respuesta contingente, ayudas graduadas y retirada progresiva. Deben trabajarse funciones variadas, no únicamente peticiones.
La generalización exige que familia, profesionales y compañeros conozcan y utilicen el repertorio. Un sistema que solo aparece en consulta no proporciona autonomía comunicativa plena.
La eficacia se mide por mejoras en comprensión, expresión, autonomía y participación. El número de signos aprendidos es un indicador secundario.
16. MAPA CONCEPTUAL
│
├── DEFINICIÓN
│ ├── Habla + signos simultáneos
│ ├── Modalidad oral-auditiva
│ └── Modalidad visual-gestual
│
├── LENGUA BASE
│ ├── Orden de la lengua oral
│ ├── Signos apoyan palabras y conceptos
│ └── No equivale a lengua de signos
│
├── COMPONENTES
│ ├── Habla
│ ├── Signos manuales
│ ├── Gestos naturales
│ ├── Expresión facial y mirada
│ └── Dactilología
│
├── FORMAS
│ ├── Signado de palabras clave
│ ├── Habla signada ampliada
│ └── Castellano signado
│
├── FUNDAMENTOS
│ ├── Redundancia multimodal
│ ├── Apoyo visual
│ ├── Atención conjunta
│ ├── Memoria y segmentación
│ ├── Andamiaje
│ └── Contingencia comunicativa
│
├── DIFERENCIACIÓN
│ ├── Lengua de signos: gramática propia
│ ├── Comunicación Total: filosofía amplia
│ ├── Schaeffer: programa estructurado
│ ├── Palabra Complementada: apoyo fonológico
│ ├── Dactilología: representación de letras
│ └── Pictogramas: símbolos gráficos permanentes
│
├── DESTINATARIOS
│ ├── Discapacidad auditiva
│ ├── Discapacidad intelectual
│ ├── Síndrome de Down
│ ├── TEA y TDL grave
│ ├── Apraxia y disartria
│ ├── Parálisis cerebral
│ ├── Afasia y DCA
│ └── Enfermedades neurodegenerativas
│
├── VALORACIÓN
│ ├── Comprensión y expresión
│ ├── Audición y visión
│ ├── Motricidad
│ ├── Funciones comunicativas
│ ├── Preferencias
│ └── Entorno y participación
│
├── INTERVENCIÓN
│ ├── Vocabulario funcional
│ ├── Modelado
│ ├── Ayudas graduadas
│ ├── Desvanecimiento
│ ├── Generalización
│ └── Formación de interlocutores
│
└── OBJETIVO FINAL
├── Comprensión
├── Expresión
├── Autonomía
└── Participación social
17. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
- Ley 27/2007, de 23 de octubre — reconocimiento de las lenguas de signos españolas y regulación de los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas.
- Real Decreto 674/2023, de 18 de julio — Reglamento de las condiciones de utilización de la lengua de signos española y de los medios de apoyo a la comunicación oral.
- Ley 11/2011, de 5 de diciembre, de Andalucía — regulación del uso de la lengua de signos española y de los medios de apoyo a la comunicación oral en Andalucía.
- Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad — accesibilidad, libertad de expresión, acceso a la información, educación e inclusión.
- Organización Mundial de la Salud — Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud, marco para analizar actividad, participación y factores ambientales.
- Schlesinger, H. S. — trabajos fundacionales sobre comunicación bimodal y desarrollo lingüístico de niños sordos.
- Monfort, M., Rojo, A. y Juárez, A. — Programa elemental de comunicación bimodal para padres y educadores.
- Monfort, M. y Juárez, A. — materiales y programas españoles sobre comunicación bimodal, lenguaje y apoyo familiar.
- Schaeffer, B., Musil, A. y Kollinzas, G. — programa de Comunicación Total y habla signada para personas con graves trastornos de comunicación.
- von Tetzchner, S. y Martinsen, H. — introducción a la enseñanza de signos y al uso de ayudas técnicas para la comunicación.
- Basil, C., Soro-Camats, E. y Rosell, C. — sistemas de signos, ayudas técnicas y comunicación aumentativa.
- American Speech-Language-Hearing Association — recursos profesionales sobre comunicación aumentativa y alternativa, evaluación, intervención y formación de interlocutores.
- Centro de Normalización Lingüística de la Lengua de Signos Española — Gramática de la Lengua de Signos Española, corpus y recursos lingüísticos.
- Confederación Estatal de Personas Sordas — información sobre lengua de signos española, derechos lingüísticos y comunidad signante.
- CEAPAT-IMSERSO — recursos sobre comunicación aumentativa, accesibilidad y tecnologías de apoyo.
- ARASAAC — recursos abiertos de comunicación aumentativa y alternativa, pictogramas y materiales visuales.
- Examen oficial Logopeda SAS 2022, turno libre — preguntas 31 y 32 sobre autoría histórica y destinatarios del bimodal.
- Examen oficial Logopeda SAS 2023, estabilización — preguntas 65 y 79 sobre Comunicación Total de Schaeffer, características del bimodal y dactilología.
- Examen oficial Logopeda SAS 2025, turno libre — preguntas 96 y 97 sobre reconocimiento y características lingüísticas de las lenguas de signos.
habla signada
signos manuales
lengua oral
lengua de signos
dactilología
comunicación total
Schaeffer
SAAC
modelado
destinatarios
participación