Tema 30. El Proceso Enfermero. Entrevista clínica. Instrumentos de valoración. Clinimetría: cuestionarios, test e índices para la valoración. Taxonomías enfermeras. Planes de cuidados. Plan de acción personalizado. Continuidad de cuidados.
1. INTRODUCCIÓN
El Proceso Enfermero constituye la metodología que permite transformar la observación clínica, la información proporcionada por la persona y los datos obtenidos mediante exploración o instrumentos de medida en juicios clínicos, objetivos de cuidados, intervenciones y evaluación de resultados. Su verdadera importancia no reside en memorizar cinco palabras, sino en comprender la secuencia de razonamiento que une la valoración con la toma de decisiones. Una enfermera no aplica el proceso porque complete una pantalla informática: lo aplica cuando recoge información relevante, interpreta patrones, identifica respuestas humanas, establece prioridades, acuerda objetivos, selecciona actuaciones fundamentadas, comprueba sus efectos y modifica el plan cuando la evolución lo exige.
Este tema es especialmente importante en una oposición de Enfermero/a del Servicio Andaluz de Salud porque reúne varias áreas que el SAS ha preguntado de forma reiterada: fases del Proceso Enfermero, entrevista clínica, escalas de valoración, Índice de Barthel, Pfeiffer, Norton, Zarit, taxonomía NANDA-I, continuidad domiciliaria y planificación personalizada. Además, atraviesa numerosos temas posteriores. La valoración del riesgo de lesiones por presión, de caídas, de deterioro cognitivo, de sobrecarga de la persona cuidadora o de capacidad funcional no pertenece exclusivamente a este Tema 30; reaparece en geriatría, cronicidad, heridas, cuidados paliativos, atención domiciliaria, seguridad del paciente y gestión de casos.
El enfoque actual exige distinguir tres niveles que a menudo se mezclan en los apuntes. Primero, el Proceso Enfermero es una metodología de resolución de problemas y razonamiento clínico. Segundo, un marco de valoración, como los Patrones Funcionales de Salud de Gordon, ayuda a organizar la recogida de datos. Tercero, las clasificaciones enfermeras proporcionan lenguajes estandarizados para representar diagnósticos, resultados e intervenciones. NANDA-I no sustituye a la valoración; NOC no es una lista de actividades; NIC no identifica problemas. Cuando se comprenden estas diferencias, las preguntas sobre taxonomías dejan de depender de la memorización aislada.
La dimensión informática tampoco debe confundirse con la dimensión metodológica. Los sistemas de información del SSPA permiten estructurar, compartir y recuperar información clínica, pero ningún sistema electrónico sustituye al juicio profesional. Una aplicación puede ofrecer formularios, recordatorios, planes configurados o asociaciones terminológicas; la enfermera sigue siendo responsable de comprobar que la información es pertinente para esa persona, que el plan responde a sus necesidades y que las intervenciones se ajustan a su situación clínica, preferencias, capacidades y contexto.
La misma idea explica el papel de la clinimetría. Una escala no constituye por sí sola una valoración integral. El Índice de Barthel informa sobre determinadas actividades básicas; Pfeiffer realiza un cribado cognitivo; Norton estima riesgo de lesión por presión a partir de cinco dimensiones; Zarit explora carga percibida por la persona cuidadora. Cada instrumento reduce una realidad compleja a una medida útil, pero esa simplificación obliga a conocer qué mide, qué no mide, cómo se puntúa, qué versión se utiliza y en qué población fue validada. El error clásico consiste en convertir un punto de corte contextual en una frontera clínica universal.
En 2026 hay además una actualización taxonómica que modifica un dato de enorme rentabilidad para examen. El material docente antiguo suele describir la Taxonomía II de NANDA-I mediante siete ejes. Sin embargo, la edición vigente NANDA-I Nursing Diagnoses: Definitions and Classification 2024–2026, 13.ª edición, incorpora una estructura multiaxial revisada con ocho ejes. La edad continúa siendo el eje 5, pero ya no debe memorizarse como vigente la afirmación de que toda la estructura posee siete ejes. Esta diferencia afecta directamente a una pregunta oficial del SAS de 2025 y se analizará de forma específica más adelante.
2. EL PROCESO ENFERMERO: FUNDAMENTO, CARACTERÍSTICAS Y FASES
El Proceso Enfermero puede definirse como una metodología sistemática, deliberada, dinámica e individualizada destinada a identificar necesidades o respuestas humanas, planificar cuidados y evaluar sus resultados. La denominación tradicional Proceso de Atención de Enfermería o PAE continúa utilizándose ampliamente, aunque la expresión Proceso Enfermero subraya que no se trata únicamente de una sucesión administrativa de tareas, sino de un proceso profesional de razonamiento.
Su carácter sistemático significa que la actuación se ordena siguiendo una lógica. Su carácter dinámico implica que la información y las decisiones se revisan a medida que cambia la situación. Es interpersonal porque se construye con la persona, familia o comunidad, y no sobre ellas. Es individualizado porque dos personas con el mismo diagnóstico médico pueden presentar respuestas, capacidades, riesgos, prioridades y objetivos diferentes. Finalmente, es orientado a resultados porque la calidad del cuidado no se mide únicamente por haber realizado actividades, sino por el cambio producido o por el mantenimiento de un estado deseable.
2.1. Valoración
La valoración busca obtener una representación clínica suficientemente completa y fiable de la situación. Incluye datos subjetivos, objetivos, antecedentes, observación, exploración, información procedente de la historia clínica, aportaciones de familiares o cuidadores cuando están legitimados para ello y resultados de instrumentos de medida. Una buena valoración no acumula datos indiscriminadamente: selecciona, contrasta, agrupa y da significado. El dato aislado tiene valor limitado; el patrón de datos es lo que sustenta las hipótesis diagnósticas.
2.2. Diagnóstico
En la fase diagnóstica se interpretan los datos para emitir juicios sobre las respuestas humanas que requieren cuidados enfermeros. El diagnóstico no debe derivarse automáticamente de una enfermedad médica. Una persona con insuficiencia cardiaca puede presentar intolerancia a la actividad, dificultades de autocuidado, alteración del sueño, temor, conocimientos insuficientes o riesgo de deterioro cutáneo; otra persona con la misma enfermedad puede no presentar varios de esos problemas. El diagnóstico enfermero depende de la valoración de la respuesta individual.
2.3. Planificación
La planificación transforma el diagnóstico en un proyecto de cuidado. Implica establecer prioridades, formular resultados u objetivos, seleccionar intervenciones y concretar actividades, responsables, frecuencia y criterios de evaluación. Una prioridad no se determina solo por la gravedad teórica de una etiqueta. Deben considerarse riesgo vital, seguridad, necesidades inmediatas, reversibilidad, preferencias de la persona, capacidad de participación, recursos disponibles y relaciones entre problemas. Los resultados deben ser observables y evaluables; los objetivos vagos dificultan saber si el plan funciona.
2.4. Ejecución
La ejecución consiste en llevar a cabo las intervenciones planificadas, pero comienza siempre con una verificación clínica previa. Un plan elaborado horas antes puede haber dejado de ser apropiado. Antes de intervenir se comprueba el estado actual, la indicación, posibles riesgos, consentimiento cuando proceda, recursos y condiciones de seguridad. Durante la ejecución se observan respuestas, se proporcionan cuidados directos o indirectos, se educa, se coordina con otros profesionales y se registra la actividad relevante.
2.5. Evaluación
La evaluación compara el estado observado con el resultado esperado. Puede concluir que el objetivo se ha alcanzado, se ha alcanzado parcialmente, no se ha alcanzado o ha dejado de ser pertinente. Esa conclusión conduce a mantener, modificar, intensificar, sustituir o finalizar determinadas actuaciones. Por ello, la evaluación vuelve a abrir la valoración: el proceso no termina en la quinta fase, sino que genera un nuevo ciclo.
| Fase | Pregunta clínica fundamental | Producto principal |
|---|---|---|
| Valoración | ¿Qué está ocurriendo y qué información necesito? | Datos validados y organizados |
| Diagnóstico | ¿Qué respuestas humanas identifico? | Juicios diagnósticos |
| Planificación | ¿Qué queremos conseguir y cómo? | Resultados, prioridades e intervenciones |
| Ejecución | ¿Qué actuaciones realizo ahora de forma segura? | Cuidados realizados y documentados |
| Evaluación | ¿Ha cambiado el estado en la dirección esperada? | Juicio sobre resultados y replanificación |
La visión contemporánea del Proceso Enfermero añade un matiz esencial: el proceso formal no debe convertirse en una secuencia rígida que impida pensar. En una urgencia, valoración e intervención pueden solaparse; una alteración grave detectada durante una intervención obliga a revalorar antes de completar la actividad; un nuevo dato puede invalidar una hipótesis diagnóstica. La estructura proporciona orden, pero el razonamiento clínico mantiene el proceso flexible y sensible al contexto.
3. VALORACIÓN ENFERMERA: DATOS, FUENTES Y ORGANIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN
La valoración es la base epistemológica del resto del proceso: un diagnóstico solo puede ser tan sólido como los datos que lo sustentan. Por eso, la calidad de la valoración depende de tres condiciones: que la información sea relevante, que su obtención sea técnicamente adecuada y que se compruebe su coherencia antes de interpretarla.
3.1. Datos subjetivos y objetivos
Los datos subjetivos describen experiencias que la persona comunica: dolor, disnea percibida, cansancio, miedo, calidad del sueño, dificultad para realizar una actividad, percepción de apoyo, expectativas o prioridades. No son datos de menor calidad por ser subjetivos. El dolor, por ejemplo, es una experiencia cuya fuente principal es el propio paciente. Los datos objetivos son observables o medibles: temperatura, frecuencia respiratoria, presión arterial, capacidad para una transferencia, aspecto de la piel, resultado de una escala o hallazgo de exploración.
La práctica experta integra ambos tipos. Una saturación de oxígeno, por sí sola, no describe el impacto funcional de la disnea; del mismo modo, la expresión «me falta mucho el aire» requiere contextualización mediante observación, constantes, desencadenantes y situación basal. La discrepancia entre fuentes no debe resolverse eligiendo arbitrariamente una: obliga a validar el dato.
3.2. Fuentes de información
La persona atendida es la fuente primaria siempre que pueda proporcionar información válida. Son fuentes secundarias la familia o persona cuidadora, otros profesionales, documentación previa, registros, informes de continuidad, pruebas complementarias y dispositivos de monitorización. Cuando se utiliza una fuente secundaria debe valorarse su fiabilidad y respetarse la normativa de confidencialidad y acceso a información clínica.
En deterioro cognitivo, delirium, alteración del nivel de conciencia, barreras de comunicación o determinadas situaciones pediátricas, la información del entorno adquiere especial importancia. Sin embargo, incluso entonces deben mantenerse técnicas que permitan incluir la voz de la persona en la medida de sus capacidades. La valoración centrada en la persona no equivale a excluir a la familia; significa identificar quién aporta cada dato y qué significado tiene para el plan de cuidados.
3.3. Valoración inicial, focalizada y continuada
La valoración inicial obtiene una visión amplia al comienzo de la relación asistencial. La valoración focalizada profundiza en un problema concreto, por ejemplo, dolor, riesgo de lesión cutánea, deterioro funcional o dificultad para el autocuidado. La valoración continuada detecta cambios y permite evaluar tendencias. En una persona crónica compleja estable puede programarse una valoración integral periódica; si aumenta el riesgo de descompensación, la frecuencia y el foco cambian.
3.4. Organización mediante Patrones Funcionales de Salud
Los Patrones Funcionales de Salud de Marjory Gordon constituyen un marco ampliamente utilizado para organizar la valoración enfermera. Agrupan información en once patrones: percepción y manejo de la salud; nutricional-metabólico; eliminación; actividad-ejercicio; sueño-descanso; cognitivo-perceptivo; autopercepción-autoconcepto; rol-relaciones; sexualidad-reproducción; afrontamiento-tolerancia al estrés; y valores-creencias.
Su utilidad no consiste en completar once apartados de forma mecánica. El marco permite observar relaciones: un problema de movilidad puede afectar eliminación, sueño, rol familiar y autopercepción; una sobrecarga de la persona cuidadora puede manifestarse en sueño, afrontamiento y relaciones. Los patrones favorecen una mirada holística y ayudan a evitar que la valoración se limite al sistema corporal afectado por el diagnóstico médico.
3.5. Validación y agrupación de datos
Validar significa comprobar que el dato es suficientemente fiable para sustentar una decisión. Se repite una medida dudosa, se contrasta una información inconsistente o se buscan datos adicionales cuando un hallazgo no encaja con el resto. Después se realiza la agrupación o clustering: se identifican conjuntos de datos relacionados que apuntan hacia una respuesta humana o riesgo. Este paso separa la recopilación mecánica del auténtico razonamiento clínico.
Por ejemplo, «camina menos» es un dato. Si se acompaña de dificultad para levantarse, necesidad de ayuda para transferencias, miedo a caer y reducción reciente de actividad, aparece un patrón funcional que requiere análisis. Si además existe hipotensión ortostática, fármacos que aumentan riesgo de caída y deterioro visual, el plan tendrá que abordar tanto capacidad funcional como seguridad. El razonamiento emerge de la relación entre datos, no de la selección de una etiqueta a partir de un único síntoma.
4. ENTREVISTA CLÍNICA ENFERMERA
La entrevista clínica es simultáneamente una técnica de obtención de información y una intervención relacional. Su calidad afecta a la validez de la valoración, a la confianza, a la adherencia, a la detección de necesidades y a la participación de la persona en las decisiones. Una entrevista técnicamente ordenada pero vivida como interrogatorio puede producir información incompleta; una conversación empática pero sin estructura puede omitir datos esenciales. El objetivo es integrar método y relación terapéutica.
4.1. Según el grado de estructuración
La entrevista estructurada utiliza preguntas predeterminadas y facilita homogeneidad, cribado y comparación. La no estructurada permite mayor espontaneidad y puede ser útil para explorar narrativas, preocupaciones o significado de la enfermedad. La semiestructurada combina un núcleo de contenidos con flexibilidad para profundizar y es especialmente adecuada en muchas situaciones asistenciales porque reduce omisiones sin convertir el encuentro en un formulario rígido.
4.2. Fase inicial
En el inicio se establece contacto, se identifica al profesional y a la persona, se explica el propósito y se crea un marco de privacidad y confianza. Conviene comenzar con preguntas suficientemente abiertas para que la persona exprese su principal preocupación. Interrumpir precozmente puede desplazar la entrevista hacia la agenda profesional y dejar sin explorar el motivo que realmente preocupa al paciente.
4.3. Fase exploratoria
La fase exploratoria busca delimitar el motivo de consulta, comprender el problema y obtener información relevante. Se combinan preguntas abiertas, focalizadas y cerradas. Las abiertas favorecen la narrativa; las cerradas concretan datos; las preguntas de clarificación evitan asumir significados. Técnicas como facilitación, silencios funcionales, reflejo, reformulación y resumen permiten profundizar sin dirigir artificialmente el relato.
4.4. Fase resolutiva y cierre
En la fase resolutiva se integra la información obtenida, se explica la valoración profesional de forma comprensible, se acuerdan actuaciones y se comprueba la comprensión. El cierre incluye síntesis, oportunidades para preguntas, instrucciones sobre seguimiento y signos que deben motivar nueva consulta cuando proceda. La técnica de teach-back, cuando resulta pertinente, permite verificar comprensión solicitando a la persona que explique con sus propias palabras qué hará o qué ha entendido; no se utiliza para examinar al paciente, sino para comprobar la eficacia de la comunicación.
4.5. Comunicación verbal y no verbal
La comunicación no verbal modifica el significado de la verbal: contacto visual adaptado al contexto cultural, postura, distancia, expresión facial, silencios, tono y ritmo. Una discordancia entre lo que se dice y cómo se expresa puede señalar ansiedad, temor, vergüenza, dolor o necesidad de explorar un tema con mayor sensibilidad. No debe interpretarse un gesto aislado como prueba; es una señal que puede justificar una pregunta respetuosa.
4.6. Sesgos y errores de entrevista
Las preguntas sugestivas incorporan la respuesta esperada y disminuyen validez. Las preguntas dobles mezclan dos contenidos y dificultan interpretar una contestación. La jerga técnica crea falsas apariencias de comprensión. El cierre prematuro aparece cuando el profesional decide demasiado pronto cuál es el problema y deja de buscar información que podría modificar su hipótesis. También existe sesgo cuando se atribuye un síntoma a edad, ansiedad, discapacidad o antecedentes sin realizar la valoración necesaria.
4.7. Barreras de comunicación
Las barreras idiomáticas, sensoriales, cognitivas o culturales exigen adaptar la entrevista. Cuando existe una barrera lingüística relevante debe utilizarse, cuando esté disponible, un recurso de interpretación adecuado en vez de depositar sistemáticamente esa función en familiares. En hipoacusia se debe optimizar ambiente, visibilidad facial y ayudas disponibles; en deterioro cognitivo se simplifican mensajes sin infantilizar; en afasia se da tiempo y se emplean canales alternativos. La adaptación no reduce el estándar de información: permite que la valoración sea válida y que la persona participe.
La entrevista clínica se completa con exploración, instrumentos clinimétricos y revisión documental. Ninguna escala sustituye el diálogo, y ningún diálogo sustituye una medición necesaria. La competencia enfermera consiste precisamente en decidir qué fuente y qué método aportan la información que falta.
5. CLINIMETRÍA: FUNDAMENTOS DE LA MEDICIÓN CLÍNICA
La clinimetría estudia la medición de fenómenos clínicos mediante instrumentos capaces de transformar características complejas en información estructurada. En enfermería se utiliza para cuantificar o clasificar dependencia, capacidad funcional, estado cognitivo, dolor, riesgo de lesiones por presión, riesgo de caídas, carga de la persona cuidadora, estado nutricional, nivel de conciencia, complejidad y otras dimensiones relevantes para los cuidados.
Una escala es útil cuando responde a una pregunta clínica concreta. Antes de utilizarla deben conocerse constructo, población, forma de administración, sistema de puntuación e interpretación. Aplicar una escala porque está disponible en la historia electrónica, sin conocer qué mide, puede generar una falsa apariencia de objetividad.
5.1. Validez
La validez expresa en qué grado un instrumento mide realmente aquello que pretende medir. Puede analizarse desde diferentes perspectivas. La validez de contenido estudia si los ítems representan adecuadamente el constructo; la validez de criterio compara el instrumento con una referencia externa apropiada; la validez de constructo comprueba si su comportamiento concuerda con las relaciones teóricas esperables.
Una escala puede ser muy reproducible y, sin embargo, medir mal el fenómeno. Por tanto, fiabilidad y validez no son intercambiables. La repetición consistente de una medición sesgada no elimina el sesgo.
5.2. Fiabilidad
La fiabilidad se relaciona con la consistencia o reproducibilidad. Puede estudiarse entre observadores, dentro del mismo observador, mediante estabilidad temporal o mediante consistencia interna, según el tipo de instrumento. En escalas observacionales, la formación y la definición clara de las categorías influyen notablemente: dos profesionales que interpretan de modo diferente «movilidad muy limitada» producirán puntuaciones poco comparables aunque utilicen la misma escala.
5.3. Sensibilidad al cambio
Cuando el instrumento se utiliza para evaluar evolución interesa su capacidad para detectar cambios clínicamente relevantes. Una herramienta de cribado no necesariamente es la mejor para medir respuesta a una intervención. Por eso deben diferenciarse instrumentos de detección, estratificación, diagnóstico, pronóstico y evaluación de resultados.
5.4. Puntos de corte y contexto
Los puntos de corte son especialmente peligrosos en preguntas de oposición porque invitan a memorizar cifras sin conocer la versión. Un umbral puede depender de población, finalidad, adaptación cultural, entorno asistencial o programa concreto. El material de estudio debe diferenciar entre estructura estable de la escala y interpretación contextual.
5.5. Efectos suelo y techo
Existe efecto suelo cuando muchas personas se concentran en la puntuación mínima, dificultando discriminar empeoramientos. Existe efecto techo cuando ocurre lo mismo en el extremo máximo, dificultando detectar mejoras. Una persona con puntuación máxima en una escala de ABVD todavía puede presentar limitaciones importantes en actividades instrumentales, participación social o rendimiento físico. Esto explica por qué la valoración multidimensional utiliza instrumentos complementarios.
5.6. Clinimetría y juicio clínico
Una escala informa, pero no decide de forma autónoma. El riesgo clínico puede ser elevado aunque una puntuación no cruce el umbral habitual si existen factores relevantes no recogidos por el instrumento. Del mismo modo, una puntuación de riesgo debe conducir a una valoración y a medidas proporcionadas, no a una actuación automática desconectada de la situación.
6. CUESTIONARIOS, TEST, ESCALAS E ÍNDICES DE MAYOR INTERÉS
El SAS ha convertido la clinimetría en una fuente recurrente de preguntas. La rentabilidad de estudio aumenta si se organiza por dimensión evaluada y no como una lista de nombres. Debe saberse qué mide cada instrumento, cómo se orienta su puntuación y qué trampas conceptuales suelen aparecer.
| Instrumento | Dimensión principal | Dato estructural de alta rentabilidad | Precaución interpretativa |
|---|---|---|---|
| Índice de Barthel | Actividades básicas de la vida diaria | Mayor puntuación implica mayor independencia | Los cortes deben interpretarse según versión y programa |
| Lawton-Brody | Actividades instrumentales de la vida diaria | Explora funciones más complejas que Barthel | No intercambiar ABVD con AIVD |
| Pfeiffer SPMSQ | Cribado cognitivo | Se interpreta por número de errores | Considerar adaptación y nivel educativo cuando la versión lo contemple |
| Norton | Riesgo de lesión por presión | Cinco dimensiones, 5–20; menos puntos significan mayor riesgo | No confundir sus ítems con Braden |
| Braden | Riesgo de lesión por presión | Seis subescalas; rango 6–23; menos puntos implican mayor riesgo | El umbral operativo puede variar |
| Zarit | Sobrecarga de la persona cuidadora | Mide carga percibida asociada al cuidado | Existen versiones y criterios de interpretación diferentes |
| SPPB | Rendimiento físico | Integra equilibrio, velocidad de la marcha y levantarse de la silla | No es equivalente a Barthel |
| Glasgow | Nivel de conciencia | Respuesta ocular, verbal y motora; total 3–15 | Documentar componentes cuando sea clínicamente relevante |
| RASS | Agitación-sedación | Escala desde sedación profunda a agitación | No es una escala cognitiva ni de dependencia |
| BRASS | Riesgo relacionado con planificación del alta y complejidad | Orienta detección de necesidades tras el alta | Evitar universalizar un único punto de corte sin especificar versión |
| INTERMED | Complejidad biopsicosocial | Integra dimensiones biológicas, psicológicas, sociales y asistenciales | No es una escala de ABVD |
6.1. Índice de Barthel
El Índice de Barthel valora capacidad para actividades básicas de la vida diaria. Incluye dimensiones relacionadas con alimentación, aseo, vestido, uso del retrete, continencia, transferencias, movilidad y escaleras. Su principio interpretativo es sencillo: a mayor puntuación, mayor autonomía en las actividades contempladas.
Una trampa frecuente consiste en introducir actividades instrumentales, como hacer la compra, gestionar dinero o determinadas tareas domésticas. Esas actividades no forman parte del núcleo clásico de Barthel y se valoran mediante instrumentos orientados a AIVD, como Lawton-Brody. El dato es clínicamente importante porque una persona puede ser independiente para ABVD y, al mismo tiempo, requerir apoyo para actividades instrumentales.
6.2. Lawton-Brody
Lawton-Brody valora actividades instrumentales de la vida diaria, es decir, tareas que permiten vivir de forma autónoma en la comunidad y que suelen requerir mayor integración cognitiva y funcional que las ABVD. Resulta especialmente útil para detectar pérdidas funcionales más precoces que todavía no afectan al autocuidado básico.
Las versiones históricas del instrumento presentan diferencias de puntuación y determinados ítems se construyeron con supuestos de rol de género propios de su época. Por ello, en práctica actual debe aplicarse la versión validada establecida por el servicio o protocolo, evitando convertir una puntuación histórica concreta en regla universal.
6.3. Pfeiffer
El Short Portable Mental Status Questionnaire de Pfeiffer utiliza diez preguntas y se interpreta fundamentalmente por el número de errores. Es un instrumento de cribado cognitivo y no sustituye una evaluación diagnóstica completa de demencia o delirium. La versión empleada puede contemplar ajustes relacionados con escolarización.
La interpretación clásica considera pocos errores compatibles con normalidad y un número progresivamente mayor asociado a deterioro leve, moderado o grave. El valor de examen más sólido es conocer que se cuentan errores, no aciertos, y distinguirlo de escalas funcionales o emocionales.
6.4. Norton
La Escala de Norton estima riesgo de lesión por presión mediante cinco dimensiones: estado físico general, estado mental, actividad, movilidad e incontinencia. Cada dimensión recibe una puntuación, con un total clásico entre 5 y 20; a menor puntuación, mayor riesgo. Su fortaleza para examen es que sus cinco ítems son fáciles de confundir con Braden.
6.5. Braden
Braden analiza percepción sensorial, humedad, actividad, movilidad, nutrición y fricción/cizallamiento. Las cinco primeras subescalas puntúan habitualmente de 1 a 4 y fricción/cizallamiento de 1 a 3, por lo que el total se sitúa entre 6 y 23. Al igual que en Norton, menor puntuación significa mayor riesgo.
El interés clínico de Braden aumenta cuando se interpretan las subescalas, no solo el total. Dos pacientes con la misma puntuación global pueden necesitar intervenciones diferentes: uno puede destacar por humedad e incontinencia; otro por inmovilidad y nutrición. La escala debe conectar factores de riesgo con medidas preventivas individualizadas.
6.6. Zarit
La escala de Zarit explora la sobrecarga percibida por la persona cuidadora. Es importante evitar dos simplificaciones del material antiguo. La primera es presentar una única puntuación total y unos cortes como si todas las versiones utilizaran idéntico sistema. Existen adaptaciones y versiones abreviadas. La segunda es interpretar el resultado sin explorar la situación real: fatiga, aislamiento, salud del cuidador, conflictos, percepción de competencia, recursos formales y posibilidad de descanso.
6.7. Glasgow y RASS
La Escala de Coma de Glasgow valora apertura ocular, respuesta verbal y respuesta motora. El rango total clásico es de 3 a 15. Una buena documentación no se limita siempre al total, porque combinaciones diferentes pueden producir la misma suma. La RASS, por su parte, evalúa agitación y sedación y es de especial utilidad en determinados pacientes críticos o sometidos a sedación.
6.8. BRASS e INTERMED
BRASS se utiliza como herramienta de cribado relacionada con riesgo de problemas tras el alta y necesidad de planificación, mientras que INTERMED aborda la complejidad desde una perspectiva biopsicosocial e incorpora la interacción con el sistema asistencial. Deben estudiarse como instrumentos de complejidad y coordinación, no como escalas funcionales equivalentes a Barthel.
Los materiales antiguos suelen asignarles umbrales cerrados como si fueran invariantes. Para una preparación rigurosa conviene estudiar los puntos de corte solo cuando estén explícitamente recogidos en la versión o protocolo que utilice la convocatoria. El conocimiento de mayor estabilidad es su finalidad, estructura conceptual y relación con gestión de casos o planificación multidisciplinar.
7. DIAGNÓSTICO ENFERMERO Y CLASIFICACIÓN NANDA-I
El diagnóstico enfermero representa un juicio clínico sobre una respuesta humana de una persona, familia o comunidad. Su función es hacer visible el conocimiento enfermero y proporcionar una base explícita para seleccionar objetivos y acciones. No debe confundirse con diagnóstico médico, problema colaborativo, signo, síntoma ni procedimiento.
El diagnóstico médico identifica enfermedades o condiciones clínicas dentro de un marco médico. El diagnóstico enfermero se centra en respuestas que pueden ser objeto de valoración, prevención, apoyo, educación, vigilancia o intervención enfermera. Ambos lenguajes pueden coexistir y complementarse. Un diagnóstico médico de ictus no informa por sí solo de la capacidad de movilidad, comunicación, deglución, autocuidado, afrontamiento o necesidades de la persona cuidadora.
7.1. Edición vigente en 2026
La referencia vigente es NANDA-I Nursing Diagnoses: Definitions and Classification 2024–2026, 13.ª edición, editada por T. Heather Herdman, Shigemi Kamitsuru y Camila Takáo Lopes. La clasificación mantiene 13 dominios y revisa de forma relevante su estructura axial y los indicadores diagnósticos. En 2026 la organización se presenta como International Nursing Knowledge Association, INKA, anteriormente NANDA International; la denominación NANDA continúa identificando la clasificación diagnóstica.
7.2. Ocho ejes en la edición 2024–2026
La revisión actual utiliza un modelo multiaxial de ocho ejes:
- Eje 1: foco del diagnóstico, con foco primario y, cuando procede, foco secundario o contextual.
- Eje 2: sujeto de los cuidados.
- Eje 3: juicio aplicado al foco.
- Eje 4: localización anatómica cuando aporta información.
- Eje 5: edad, actualmente expresada mediante límites cuando es pertinente.
- Eje 6: curso clínico, que reemplaza la formulación antigua más genérica de tiempo.
- Eje 7: estado del diagnóstico.
- Eje 8: restricción situacional, incorporado en la revisión actual.
7.3. Del dato al diagnóstico
La secuencia diagnóstica rigurosa comprende recogida y validación de datos, reconocimiento de patrones, formulación de hipótesis, búsqueda de información que apoye o contradiga esas hipótesis y selección del diagnóstico que mejor representa la respuesta humana. NANDA-I insiste actualmente en que Taxonomía II no es un marco de valoración. Consultar el listado de diagnósticos antes de valorar favorece sesgos de confirmación: se tiende a buscar datos que encajen con una etiqueta preseleccionada.
El marco recomendado debe permitir una valoración suficientemente amplia. Los Patrones Funcionales de Salud de Gordon siguen siendo una referencia especialmente importante porque estructuran la información sin convertir el proceso en una búsqueda automática de etiquetas.
7.4. Indicadores diagnósticos
La edición actual diferencia componentes como características definitorias, factores relacionados, factores de riesgo, condiciones asociadas y poblaciones en riesgo. Estos términos permiten distinguir aquello sobre lo que la enfermería puede actuar directamente de condiciones que contribuyen al contexto pero no son modificables mediante una intervención enfermera autónoma.
El formato pedagógico PES —problema, etiología y signos/síntomas— continúa siendo útil para enseñar la construcción de diagnósticos centrados en problemas, pero no debe extrapolarse mecánicamente a todos los tipos de diagnóstico. Un diagnóstico de riesgo, por definición, no presenta características definitorias del problema porque la respuesta indeseable todavía no está presente; se sustenta en factores de riesgo. La formulación debe ajustarse al tipo diagnóstico y a la edición utilizada.
7.5. Diagnósticos centrados en problemas, potencial de deterioro y potencial de mejora
La estructura actual del eje de estado diferencia respuestas que ya están presentes de situaciones de potencial de deterioro y de potencial de mejora. En la enseñanza tradicional se utilizan expresiones como diagnóstico real, de riesgo y de promoción de la salud. Para examen debe conocerse la terminología exacta de la edición exigida, pero la lógica clínica es estable: no se debe formular como riesgo un problema que ya está manifestado, ni dar por existente un problema únicamente porque la enfermedad médica lo haga probable.
Por ejemplo, una persona inmovilizada puede tener una alteración de movilidad ya presente y simultáneamente riesgo de desarrollar otras complicaciones. No hay obligación de escoger una sola etiqueta si la valoración sustenta varios diagnósticos independientes. La priorización se realiza después, valorando gravedad, seguridad, preferencias y posibilidad de intervención.
7.6. NANDA-I y propiedad intelectual
La clasificación es un conocimiento estandarizado sometido a derechos de uso. En material docente debe evitarse reproducir masivamente listados completos de etiquetas, definiciones e indicadores. Para preparar la oposición resulta más útil comprender estructura, razonamiento y ejemplos clínicos que memorizar largas listas desconectadas de casos.
8. PLANIFICACIÓN: RESULTADOS NOC E INTERVENCIONES NIC
Una vez identificado y priorizado un diagnóstico, la planificación debe responder a dos preguntas: qué cambio deseamos observar y qué actuaciones pueden contribuir a lograrlo. NOC y NIC aportan lenguajes estandarizados para representar esas dos dimensiones. Su uso permite documentar cuidados con mayor consistencia, comparar resultados y hacer visible la contribución enfermera.
8.1. NOC: Nursing Outcomes Classification
La Nursing Outcomes Classification clasifica resultados sensibles a los cuidados. Un resultado representa un estado, conducta o percepción de una persona, familia o comunidad que puede medirse a lo largo de un continuo. La edición vigente es la 7.ª edición, publicada en 2024 como referencia editorial actual, y contiene 612 resultados.
Cada resultado se acompaña de indicadores que permiten observar cambios. NOC utiliza escalas de cinco puntos; la orientación general sitúa el estado menos favorable en el extremo inferior y el más favorable en el superior, aunque la redacción concreta depende de la escala asociada al resultado. Esta estructura hace posible registrar un valor basal y uno posterior para evaluar evolución.
El NOC no debe confundirse con un objetivo expresado de manera vaga. «Mejorará» no permite saber cuánto, en qué dimensión ni en qué plazo. Un plan de calidad selecciona indicadores relevantes para la persona, establece un estado esperado realista y determina cuándo se reevaluará.
8.2. NIC: Nursing Interventions Classification
La Nursing Interventions Classification es una clasificación estandarizada y basada en investigación de las intervenciones realizadas por enfermería. La edición vigente es la 8.ª edición y contiene 614 intervenciones estandarizadas y más de 13.500 actividades asociadas.
NIC contempla intervenciones directas e indirectas, así como actuaciones independientes y colaborativas. El concepto es importante porque la actividad enfermera no se limita a aquello que se realiza físicamente delante del paciente. Coordinación, gestión del entorno, documentación relevante, vigilancia o determinadas acciones de continuidad pueden ser cuidados indirectos dirigidos al beneficio de la persona.
La intervención NIC se selecciona durante la planificación y sus actividades se llevan a cabo durante la ejecución. Esto explica por qué las preguntas que preguntan «dónde se seleccionan» y «dónde se realizan» pueden conducir a fases diferentes sin existir contradicción.
8.3. Relación NANDA–NOC–NIC
Las tres clasificaciones no forman una cadena automática. El hecho de seleccionar un diagnóstico no obliga a utilizar siempre el mismo NOC o la misma NIC. La elección depende del factor relacionado, gravedad, características de la persona, objetivos consensuados, recursos y evidencia disponible. Dos personas con una etiqueta diagnóstica igual pueden requerir intervenciones muy distintas.
| Lenguaje | Qué representa | Fase principal | Pregunta que resuelve |
|---|---|---|---|
| NANDA-I | Juicio diagnóstico sobre respuesta humana | Diagnóstico | ¿Qué respuesta necesita atención? |
| NOC | Resultado medible | Planificación y evaluación | ¿Qué estado queremos observar y cómo lo mediremos? |
| NIC | Intervención enfermera | Planificación y ejecución | ¿Qué actuación contribuirá al resultado? |
8.4. Razonamiento aplicado
Una persona con pérdida reciente de movilidad puede presentar una respuesta humana relacionada con limitación del movimiento. La planificación no debería limitarse a seleccionar una intervención genérica. Primero se identifica qué resultado es prioritario: transferencia, marcha, tolerancia, seguridad o autocuidado. Después se analiza la causa modificable: dolor, debilidad, miedo, barreras del entorno o déficit de conocimientos. Esa relación entre diagnóstico, resultado y factor modificable determina qué intervenciones tienen sentido.
La evaluación posterior debe utilizar el mismo marco de resultado para poder comparar. Si la persona no mejora, no basta con concluir que «no colaboró»: hay que revalorar diagnóstico, barreras, intensidad de la intervención, objetivos, eventos intercurrentes y preferencias.
9. PLANES DE CUIDADOS: ESTANDARIZACIÓN E INDIVIDUALIZACIÓN
Un plan de cuidados organiza problemas o diagnósticos, prioridades, resultados esperados, intervenciones, actividades y criterios de evaluación. Su propósito no es producir documentación por sí misma, sino coordinar el cuidado y hacer explícita la lógica clínica. Para que sea útil debe poder responder qué necesita la persona, qué se pretende conseguir, qué se hará, quién lo hará y cuándo se revisará.
9.1. Plan estandarizado
Los planes estandarizados recopilan problemas, resultados e intervenciones frecuentes para una situación clínica o grupo de pacientes. Reducen variabilidad injustificada, facilitan incorporación de evidencia, disminuyen omisiones y pueden mejorar eficiencia documental. En distintos materiales del SSPA se ha utilizado la denominación PLACE para planes de cuidados estandarizados.
Sin embargo, la estandarización tiene una condición esencial: el plan estándar es un punto de partida, no el plan final de la persona. La presencia de una patología no demuestra que todos los diagnósticos preconfigurados estén presentes ni que todas las intervenciones sean necesarias. El profesional debe activar, retirar o modificar contenidos según valoración.
9.2. Plan individualizado
Individualizar significa adaptar el plan a la persona real: situación basal, edad, preferencias, objetivos, capacidades, contexto familiar, alfabetización en salud, recursos, comorbilidad, pronóstico, riesgos y respuesta previa a intervenciones. También significa evitar actuaciones que no aporten valor. Un plan más largo no es necesariamente mejor; puede aumentar carga documental y ocultar prioridades.
La individualización es especialmente importante cuando existe multimorbilidad. Aplicar por separado un plan estándar para cada enfermedad puede generar recomendaciones incompatibles, excesiva carga terapéutica o metas contradictorias. En cronicidad compleja la planificación debe integrar problemas y decidir qué objetivos tienen mayor valor para la persona.
9.3. Objetivos compartidos
Los objetivos profesionales deben dialogar con los de la persona. Un resultado técnicamente ideal puede carecer de sentido si no es alcanzable o no coincide con prioridades personales. La toma de decisiones compartida no significa aceptar cualquier opción sin valoración, sino integrar evidencia, experiencia profesional y valores del paciente.
9.4. Elementos de calidad
- Problemas claramente sustentados: cada diagnóstico debe relacionarse con datos de valoración.
- Prioridades explícitas: no todas las necesidades tienen la misma urgencia.
- Resultados observables: deben poder evaluarse.
- Intervenciones justificadas: relacionadas con factores modificables y evidencia.
- Participación de la persona: especialmente en autocuidado y cronicidad.
- Temporalidad: definir seguimiento y reevaluación.
- Continuidad: la información relevante debe acompañar a la persona entre profesionales y niveles.
10. PLAN DE ACCIÓN PERSONALIZADO Y ATENCIÓN A LA CRONICIDAD EN ANDALUCÍA
El Plan de Acción Personalizado (PAP) debe estudiarse con especial cuidado porque el material antiguo contiene afirmaciones demasiado restrictivas. El marco actual andaluz es el Plan Andaluz de Atención a la Cronicidad 2025–2028, PAdAC, aprobado en marzo de 2025. El plan orienta la asistencia hacia atención personalizada, proactiva, continuada, coordinada y centrada en las necesidades de las personas con enfermedades crónicas.
En el desarrollo actual de Diraya para pacientes crónicos complejos, el programa general para personas priorizadas en situación de estabilidad utiliza Valoraciones Integrales Exhaustivas, VIE. Estas valoraciones se articulan mediante formularios clínicos estructurados y abordan de forma integral distintas esferas de la persona. A partir de los resultados se proponen intervenciones, y determinadas intervenciones incluyen recomendaciones de autocuidado que se acuerdan con el paciente y pasan a formar parte del PAP.
10.1. Valoración Integral Exhaustiva
La VIE busca detectar problemas y situaciones de riesgo que justifican intervención antes de que aparezca una descompensación. El profesional registra las valoraciones, revisa los resultados y selecciona las intervenciones oportunas. La lógica es coherente con el Proceso Enfermero: valoración estructurada, identificación de necesidades, intervención personalizada y seguimiento.
El valor de la VIE no depende de completar formularios sino de integrar resultados. Una alteración funcional puede modificar capacidad de autocuidado; un problema cognitivo puede hacer inadecuadas determinadas recomendaciones; una sobrecarga de la persona cuidadora puede comprometer un plan aparentemente viable. Por ello, la evaluación multidimensional es necesaria para evitar planes teóricamente adecuados pero imposibles de cumplir.
10.2. PAP y autocuidado
Las recomendaciones de autocuidado adquieren valor cuando son comprensibles, asumibles y consensuadas. El PAP favorece que la persona conozca qué acciones puede realizar y qué objetivos persigue. En los desarrollos actuales de Diraya, el paciente puede consultar su PAP activo a través de los servicios digitales previstos para ciudadanía, reforzando transparencia y participación.
El material antiguo afirmaba que el PAP era exclusivamente un documento elaborado para pacientes crónicos complejos y que cada persona tenía necesariamente «un único PAP que integra todo». Esa formulación debe evitarse como definición universal. Operativamente, el PAP tiene actualmente un papel central en la ruta de pacientes crónicos complejos del SSPA; conceptualmente, lo esencial es la planificación personalizada y acordada, no una regla absoluta sobre número de documentos o exclusividad de uso.
10.3. Seguimiento proactivo
Para pacientes crónicos complejos priorizados y estables, Diraya contempla seguimientos proactivos periódicos, con posibilidad de personalizar su frecuencia. Este seguimiento permite detectar cambios antes de que progresen hacia una descompensación. La lógica proactiva contrasta con un modelo exclusivamente reactivo basado en esperar a que la persona solicite asistencia.
10.4. Telecuidados
Cuando aumenta el riesgo de descompensación, el desarrollo actual diferencia un plan denominado Telecuidados. Incluye una primera valoración para establecer situación y periodicidad de seguimiento, seguida de valoraciones proactivas destinadas a detectar precozmente signos y síntomas de empeoramiento. En los materiales oficiales de Diraya se contempla que la periodicidad pueda situarse, según evaluación clínica, en intervalos cortos dentro del programa.
Esto obliga a actualizar apuntes que describen telecontinuidad únicamente como «una llamada a las 48–72 horas» o como una actuación limitada a determinados fines de semana. Esas formulaciones pueden explicar modelos históricos, pero no resumen el desarrollo actual de la atención proactiva a la cronicidad compleja.
10.5. Continuidad entre Atención Primaria y hospital
El PAdAC 2025–2028 refuerza la coordinación entre ámbitos asistenciales y contempla el desarrollo de estructuras específicas de continuidad. La persona con cronicidad compleja no debería experimentar cada transición como un episodio aislado. La información relevante sobre funcionalidad, riesgos, objetivos, autocuidados, soporte familiar y necesidades de seguimiento debe poder integrarse en la planificación posterior.
11. EJECUCIÓN, DOCUMENTACIÓN Y REGISTRO DE LOS CUIDADOS
La ejecución es la fase en la que el plan se transforma en actuaciones reales. Incluye cuidados directos, educación, vigilancia, coordinación, intervenciones preventivas, apoyo a autocuidado, comunicación con otros profesionales y actividades indirectas que resultan necesarias para la asistencia. Su calidad depende de que las intervenciones se realicen con competencia técnica, seguridad y adaptación al estado actual.
11.1. Reevaluación antes de actuar
Una intervención planificada no debe ejecutarse de manera automática si la situación ha cambiado. Antes de una movilización se comprueba tolerancia y seguridad; antes de educación sanitaria se valora capacidad de comprensión; antes de una intervención de autocuidado se determina si la persona dispone de los recursos necesarios. Esta comprobación es una forma de valoración focalizada incorporada a la ejecución.
11.2. Registro clínico
La documentación debe ser pertinente, clara, cronológica, profesional y suficientemente específica para favorecer continuidad. Debe registrar aquello que resulta relevante para comprender la situación, las decisiones y la evolución. Copiar información antigua sin verificarla puede ser tan peligroso como omitir un dato.
La Ley 41/2002 configura la historia clínica como un instrumento destinado fundamentalmente a garantizar una asistencia adecuada. En el entorno digital, los principios de confidencialidad, necesidad de acceso, trazabilidad y protección de datos mantienen plena aplicación. El acceso profesional a información clínica debe estar relacionado con las funciones legítimas que se desempeñan.
11.3. Registro estructurado y texto narrativo
Los datos estructurados facilitan interoperabilidad, extracción, alertas, comparación y continuidad, mientras que el texto narrativo puede aportar contexto que una casilla no captura. La documentación de calidad combina ambos cuando es necesario. Una taxonomía estandarizada mejora consistencia, pero no debe utilizarse para forzar la realidad clínica dentro de categorías inadecuadas.
11.4. Sistemas del SSPA
Diraya integra información asistencial y ofrece herramientas para distintos procesos. En el ámbito de cuidados, la documentación estructurada permite incorporar valoraciones, escalas, planificación y seguimiento. En cronicidad compleja, los desarrollos actuales relacionan valoración integral, PAP, seguimiento proactivo y Telecuidados. El nombre exacto de módulos o pantallas puede evolucionar; por eso en oposición conviene diferenciar conceptos asistenciales estables de detalles de interfaz susceptibles de actualización.
11.5. Registro y responsabilidad profesional
Registrar no es una actividad accesoria. La información documentada permite a otros profesionales conocer valoraciones, riesgos, actuaciones y evolución. Un cambio importante no comunicado puede interrumpir la continuidad; un dato incorrectamente copiado puede propagarse; una intervención relevante no registrada pierde trazabilidad. La documentación forma parte de la calidad y seguridad del cuidado.
12. EVALUACIÓN Y CONTINUIDAD DE CUIDADOS
La evaluación determina si los cuidados están produciendo los resultados esperados y constituye el mecanismo de retroalimentación del Proceso Enfermero. Para evaluar se necesita una referencia: situación basal, resultado esperado y momento previsto de revisión. Sin estos elementos, la frase «evoluciona favorablemente» aporta poca información cuantificable.
12.1. Evaluar resultados, no solo actividades
Una actividad puede haberse realizado técnicamente bien sin que se alcance el resultado. Si una persona recibió educación sanitaria pero no puede explicar el plan de autocuidado, la intervención debe revisarse. Puede existir una barrera cognitiva, cultural, emocional, económica o de alfabetización en salud. La evaluación obliga a buscar por qué existe discrepancia entre actuación y resultado.
De forma inversa, una mejora no demuestra necesariamente causalidad exclusiva de una intervención enfermera. El estado puede cambiar por evolución natural, tratamiento médico, rehabilitación, apoyo familiar u otros factores. Los resultados NOC se denominan sensibles a los cuidados porque permiten observar cambios relevantes para la práctica, no porque cada cambio dependa únicamente de enfermería.
12.2. Revaloración
Cuando el resultado no se alcanza deben revisarse al menos cinco cuestiones: validez del diagnóstico, adecuación del objetivo, pertinencia de la intervención, intensidad o ejecución y aparición de nuevos factores. Mantener un plan ineficaz por inercia es contrario a la lógica del proceso.
12.3. Continuidad asistencial
La continuidad puede analizarse en varias dimensiones. La continuidad informacional garantiza que los datos relevantes estén disponibles. La continuidad de gestión evita planes contradictorios y coordina intervenciones. La continuidad relacional favorece una relación sostenida con profesionales o equipos que conocen la trayectoria de la persona. En pacientes complejos, las tres dimensiones son necesarias.
12.4. Transiciones asistenciales
Los puntos de transición —alta hospitalaria, derivación, ingreso, cambio de dispositivo, atención domiciliaria— son momentos de especial vulnerabilidad. Pueden perderse cambios terapéuticos, información sobre capacidad funcional, necesidades del cuidador o medidas preventivas. Un informe de cuidados útil debe seleccionar información que modifique la asistencia posterior, no reproducir de forma indiscriminada toda la historia.
Entre los contenidos de interés pueden encontrarse situación funcional, cognición, movilidad, integridad cutánea, necesidades de ayuda, educación realizada, capacidad de autocuidado, riesgos relevantes, dispositivos, necesidades de seguimiento y situación de la persona cuidadora. El contenido exacto dependerá del caso.
12.5. Continuidad domiciliaria
Tras un alta, la continuidad no debe reducirse a comprobar administrativamente que el paciente llegó a casa. En personas frágiles o complejas es necesario conocer situación real, identificar cambios desde el alta, comprobar capacidad para seguir recomendaciones, revisar soporte disponible y determinar si precisa visita, coordinación o intervención precoz.
12.6. Persona cuidadora como sujeto de valoración
Cuando gran parte del cuidado se sostiene en domicilio, la persona cuidadora debe valorarse también como sujeto con necesidades propias. Sobrecarga, falta de descanso, deterioro de salud, dificultades de manejo o ausencia de red de apoyo pueden comprometer tanto su bienestar como la viabilidad del plan del paciente. Instrumentos como Zarit ayudan a estructurar esta valoración, pero no sustituyen la entrevista.
13. EXÁMENES SAS: DATOS PREGUNTADOS Y VIGENCIA EN 2026
Los exámenes oficiales muestran con claridad qué nivel de detalle espera el SAS. No basta con saber definiciones generales: se han preguntado fases, componentes exactos de escalas, interpretación de puntuaciones, fases de entrevista, dominios NANDA y continuidad domiciliaria. Sin embargo, estudiar exámenes pasados exige separar la clave histórica de la vigencia actual. Este punto es esencial cuando una clasificación ha cambiado entre la fecha del examen y la actualidad.
| Convocatoria y pregunta | Contenido exigido | Situación en agosto de 2026 |
|---|---|---|
| SAS 2023, pregunta 25 | Cinco fases del Proceso Enfermero | Vigente sin cambios: valoración, diagnóstico, planificación, ejecución y evaluación |
| SAS 2025, pregunta 19 | Edad situada en el eje 5 de NANDA | Edad = eje 5 sigue vigente; la premisa de siete ejes está superada: la edición 2024–2026 utiliza ocho |
| SAS 2025, pregunta 33 | Fase exploratoria de la entrevista | Vigente: delimitar el motivo de consulta pertenece a la exploración |
| SAS 2025, pregunta 52 | Glasgow para estado neurológico | Vigente |
| SAS 2025, pregunta 75 | Barthel ≥90 y SPPB ≥10 en el contexto del Examen de Salud de mayores | Estudiar como criterio contextual del programa, no como punto universal |
| SAS 2025, pregunta 78 | Continuidad domiciliaria tras alta en persona frágil | Vigente y coherente con el enfoque actual de continuidad y seguimiento proactivo |
| SAS 2025, pregunta 110 | Zarit y sobrecarga leve con 50 puntos según criterio del examen | Útil para el examen, manteniendo el matiz de que no existe un corte universal aplicable a todas las versiones |
| SAS 2025, pregunta 131 | Pfeiffer: seis errores | Compatible con deterioro cognitivo moderado en la interpretación empleada |
| SAS 2025, pregunta 141 | Barthel 25 | Dependencia severa en la categorización utilizada por el tribunal |
| SAS 2025, pregunta 144 | Cálculo de Norton | Vigente; obliga a dominar los cinco ítems y su puntuación |
| SAS 2021, reserva 151 | Ítems de Norton | Vigente sin cambios estructurales relevantes |
| SAS 2025, reserva 151 | «Riesgo de caídas» y dominio 11 | El dominio 11 se denomina actualmente Seguridad/protección en la edición española 2024–2026 |
13.1. La principal actualización: NANDA
La pregunta 19 de 2025 merece una estrategia específica. Si se pregunta por qué contestó el tribunal en 2025, debe recordarse que la edad era eje 5. Si una convocatoria actual pregunta cuántos ejes tiene la edición vigente, el dato actualizado es ocho. Si pregunta por la edad, continúa siendo eje 5. Este tipo de actualización demuestra por qué no se debe convertir literalmente un examen antiguo en temario actual.
13.2. Escalas: memorizar estructura antes que cortes
Los exámenes de 2025 combinan preguntas de asociación y cálculo. Norton exige conocer dimensiones y puntuación; Pfeiffer exige interpretar errores; Barthel se utiliza en casos funcionales; Zarit en sobrecarga. Por tanto, la preparación debe realizarse en tres capas: qué mide → cómo puntúa → cómo interpreta el documento SAS preguntado.
Este orden evita un error frecuente: memorizar «X puntos significan Y» sin recordar si una puntuación alta representa mejor estado o mayor riesgo. En Barthel, una puntuación mayor expresa mayor independencia; en Norton y Braden, una puntuación menor implica mayor riesgo; en Pfeiffer se cuentan errores; en escalas de carga una puntuación creciente indica mayor afectación. La dirección de la escala es tan examinable como el punto de corte.
13.3. Entrevista y continuidad
La presencia en el examen 2025 de la fase exploratoria y de la continuidad domiciliaria confirma que el SAS no considera este tema exclusivamente taxonómico. Es necesario estudiar habilidades relacionales y organización asistencial. Una enfermera que domina NANDA pero no sabe estructurar una entrevista o reconocer una necesidad de seguimiento tendría una visión incompleta del proceso.
13.4. Datos del material antiguo que deben corregirse
- NANDA con siete ejes: superado por la edición 2024–2026, que incorpora ocho.
- Zarit con cortes universales rígidos: debe matizarse por versión y criterio utilizado.
- BRASS e INTERMED con un único umbral universal: estudiar la finalidad y aplicar puntos de corte de la versión/protocolo correspondiente.
- PAP exclusivo y rígido: el desarrollo actual debe estudiarse desde PAdAC 2025–2028 y Diraya, donde se construye a partir de recomendaciones de autocuidado acordadas dentro de la valoración personalizada.
- Telecontinuidad definida únicamente por una llamada fija: insuficiente para describir el modelo actual de seguimiento proactivo y Telecuidados.
- PES como estructura obligatoria de todo diagnóstico: simplificación que no representa adecuadamente los diagnósticos de riesgo ni la terminología diagnóstica actual.
14. MAPA CONCEPTUAL DEL TEMA
El siguiente mapa debe utilizarse como estructura de recuperación, no como sustituto del desarrollo. El opositor debería poder reconstruir a partir de él las relaciones entre valoración, diagnóstico, planificación y continuidad, y después añadir los detalles clinimétricos y las actualizaciones de examen.
│
├── 1. VALORACIÓN
│ ├── Datos subjetivos y objetivos
│ ├── Fuentes primarias y secundarias
│ ├── Entrevista + observación + exploración
│ ├── 11 Patrones Funcionales de Gordon
│ └── Instrumentos clinimétricos
│ ├── ABVD → Barthel
│ ├── AIVD → Lawton-Brody
│ ├── Cognición → Pfeiffer
│ ├── Lesión por presión → Norton / Braden
│ ├── Cuidador → Zarit
│ ├── Rendimiento físico → SPPB
│ ├── Conciencia → Glasgow
│ └── Complejidad → BRASS / INTERMED
│
├── 2. DIAGNÓSTICO
│ └── NANDA-I 2024–2026
│ ├── 13 dominios
│ ├── 8 ejes
│ ├── Eje 5 → edad
│ └── Juicio sobre respuestas humanas
│
├── 3. PLANIFICACIÓN
│ ├── Priorización
│ ├── Resultados → NOC 7.ª edición
│ ├── Intervenciones → NIC 8.ª edición
│ └── Plan estándar → individualización
│
├── 4. EJECUCIÓN
│ ├── Reevaluación previa
│ ├── Cuidados directos e indirectos
│ ├── Educación y autocuidado
│ └── Registro clínico
│
├── 5. EVALUACIÓN
│ ├── Comparar situación basal y resultado
│ ├── Mantener / modificar / finalizar
│ └── Revalorar → nuevo ciclo
│
└── CONTINUIDAD EN SSPA
├── PAdAC 2025–2028
├── Cronicidad compleja
├── VIE
├── PAP acordado con la persona
├── Seguimiento proactivo
├── Telecuidados
└── Coordinación AP ↔ hospital ↔ domicilio
El eje vertical del mapa es el razonamiento. La valoración no conduce directamente a una actividad, sino a interpretación. El diagnóstico no es el final de la valoración, sino una hipótesis profesional suficientemente sustentada que orienta decisiones. La planificación conecta juicio y acción; la evaluación cierra temporalmente el ciclo para volver a abrirlo.
El segundo eje es la medición. Barthel, Pfeiffer, Norton o Zarit no son compartimentos independientes: aportan datos que pueden modificar diagnóstico, prioridad, objetivo y seguimiento. Si una persona presenta deterioro funcional intenso, el plan de alta cambia. Si la persona cuidadora presenta sobrecarga, la unidad de cuidados deja de ser únicamente el paciente. Si la cognición limita la comprensión, el plan de autocuidado debe adaptarse.
El tercer eje es la estandarización con personalización. NANDA-I, NOC, NIC, escalas, formularios y planes estándar favorecen lenguaje común y reducen variabilidad, pero únicamente producen buena atención cuando se aplican a datos válidos de una persona concreta. La oposición suele presentar esta tensión mediante distractores absolutos: «siempre», «exclusivamente», «sustituye», «solo», «automáticamente». En metodología enfermera, muchas de esas formulaciones fallan precisamente porque eliminan el juicio profesional.
El cuarto eje es la continuidad. La información y el plan deben sobrevivir a la transición entre profesionales y ámbitos sin convertirse en una copia inerte. El profesional receptor utiliza la información previa, pero revalora. En el SSPA actual, la evolución de la cronicidad compleja hacia VIE, PAP, seguimiento proactivo y Telecuidados ejemplifica esta continuidad basada en información estructurada, participación y anticipación.
15. IDEAS CLAVE PARA EL REPASO DE OPOSICIÓN
El primer bloque de memoria debe ser la secuencia de cinco fases. No basta con recitarla: asocia a cada fase su verbo principal. Valoración = obtener y validar datos; diagnóstico = interpretar; planificación = priorizar y decidir; ejecución = realizar; evaluación = comparar y replantear. Esta asociación permite resolver preguntas que cambian la terminología.
Segundo, separa marco de valoración y clasificación diagnóstica. Gordon organiza información mediante once patrones. NANDA-I representa diagnósticos. La edición 2024–2026 refuerza precisamente esa relación: valoración estructurada primero, juicio diagnóstico después. Taxonomía II no debe utilizarse como checklist para buscar diagnósticos antes de comprender al paciente.
Tercero, actualiza NANDA. Para agosto de 2026 debes estudiar 13.ª edición 2024–2026 y ocho ejes. El eje 5 continúa correspondiendo a edad. La pregunta oficial SAS 2025 es un ejemplo excepcionalmente claro de dato parcialmente conservado y premisa superada. Memorizar el examen sin la actualización puede hacer fallar una convocatoria posterior.
Cuarto, vincula cada escala con una dimensión. Barthel = ABVD; Lawton-Brody = AIVD; Pfeiffer = cognición por errores; Norton y Braden = riesgo de lesión por presión; Zarit = sobrecarga de la persona cuidadora; Glasgow = nivel de conciencia; RASS = agitación-sedación; SPPB = rendimiento físico. Después añade componentes y criterios utilizados en documentos SAS.
Quinto, aprende la dirección de las puntuaciones. En Barthel, más puntos generalmente indican más independencia. En Norton y Braden, menos puntos indican más riesgo. Pfeiffer cuenta errores. Estas reglas permiten detectar distractores aun cuando no recuerdes de memoria cada intervalo.
Sexto, evita universalizar los puntos de corte. El propio examen SAS 2025 introduce esta cautela en Zarit. Las versiones, adaptaciones y programas pueden utilizar umbrales distintos. En un examen basado en un documento oficial concreto manda el criterio de ese documento; en el desarrollo teórico debe explicarse la variabilidad.
Séptimo, entiende la relación NANDA–NOC–NIC. NANDA nombra la respuesta; NOC mide el resultado; NIC clasifica la intervención. NOC se utiliza para planificar y evaluar. NIC se selecciona al planificar y se materializa durante la ejecución. Ninguna asociación informática debe aceptarse sin comprobar su pertinencia para la persona.
Octavo, un plan de cuidados estandarizado no elimina individualización. El plan estándar reduce omisiones y facilita evidencia; la valoración decide qué elementos se aplican. En multimorbilidad, la personalización es todavía más importante para evitar una suma incoherente de recomendaciones de cada enfermedad.
Noveno, actualiza el PAP. El marco andaluz vigente es el PAdAC 2025–2028. En el desarrollo de Diraya para pacientes crónicos complejos, la VIE permite detectar necesidades y determinadas intervenciones generan recomendaciones de autocuidado que se acuerdan con la persona y forman parte del PAP. El acuerdo y la personalización son conceptos nucleares.
Décimo, diferencia programa general y Telecuidados. En la persona crónica compleja estable se potencia valoración integral y seguimiento proactivo. Cuando aumenta el riesgo de descompensación, Telecuidados intensifica la vigilancia y permite detección precoz. Los detalles operativos deben actualizarse con la documentación vigente y no heredarse sin revisión de programas antiguos.
Undécimo, la continuidad domiciliaria exige acción clínica. El SAS preguntó en 2025 por contactar con la persona o familiar para conocer situación y concertar la primera visita. Esto resume una idea de gran valor: el alta no termina el proceso; cambia el escenario donde debe continuar.
Duodécimo, el registro forma parte de los cuidados. Una valoración válida no registrada pierde utilidad para el siguiente profesional; un dato copiado sin revalidar puede generar riesgo. La documentación clínica debe facilitar asistencia, coordinación y trazabilidad, respetando confidencialidad.
La mejor forma de preparar este tema es resolver casos. Ante cada situación clínica pregúntate qué datos faltan, qué escala sería pertinente, qué respuesta humana aparece, qué resultado sería evaluable, qué intervención podría modificar el factor relevante y cómo comprobarías el cambio. Si puedes reconstruir ese razonamiento, las preguntas aisladas sobre taxonomías dejan de ser una lista memorística y se convierten en una consecuencia lógica del proceso.
16. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
- Servicio Andaluz de Salud. Temario oficial de Enfermero/a para los procesos selectivos del SAS. Tema 30: Proceso Enfermero, entrevista clínica, clinimetría, taxonomías, planes de cuidados, PAP y continuidad.
- Servicio Andaluz de Salud. Examen oficial Enfermero/a, turno libre, OEP 2025, 17 de mayo de 2025. Especialmente preguntas 19, 33, 52, 75, 78, 110, 131, 141, 144 y reservas relacionadas con taxonomías y clinimetría.
- Servicio Andaluz de Salud. Examen oficial Enfermero/a, turno libre, OEP 2021–2022. Especialmente preguntas relativas a fases del Proceso Enfermero y reserva sobre Escala de Norton.
- Servicio Andaluz de Salud. Cuadernillos oficiales de convocatorias previas de Enfermero/a utilizados para contraste de Proceso Enfermero, valoración funcional y escalas.
- Herdman TH, Kamitsuru S, Lopes CT, eds. NANDA International Nursing Diagnoses: Definitions and Classification, 2024–2026. 13th ed. Thieme; 2024.
- International Nursing Knowledge Association, anteriormente NANDA International. Documentación oficial sobre Taxonomy II, valoración enfermera, Patrones Funcionales de Salud y estructura axial 2024–2026.
- International Nursing Knowledge Association. NANDA 360: documentación oficial de desarrollo y calendario de implantación; pilotaje 2026 y lanzamiento previsto para 2027.
- Gordon M. Conceptual Approaches to Nursing Assessment. McGraw-Hill; 1982.
- Gordon M. Nursing Diagnosis: Process and Application. 3rd ed. Mosby; 1994.
- Wagner CM, Butcher HK, Bulechek GM, Dochterman JM, Clarke M, eds. Nursing Interventions Classification, NIC. 8th ed. Elsevier; 2024.
- Moorhead S, Swanson E, Johnson M, eds. Nursing Outcomes Classification, NOC: Measurement of Health Outcomes. 7th ed. Elsevier; 2024.
- University of Iowa, College of Nursing, Center for Nursing Classification and Clinical Effectiveness. Documentación oficial de NIC y NOC, ediciones vigentes y características de ambas clasificaciones.
- Mahoney FI, Barthel DW. Functional Evaluation: The Barthel Index. Maryland State Medical Journal. 1965;14:61–65.
- Pfeiffer E. A Short Portable Mental Status Questionnaire for the Assessment of Organic Brain Deficit in Elderly Patients. Journal of the American Geriatrics Society. 1975;23(10):433–441.
- Zarit SH, Reever KE, Bach-Peterson J. Relatives of the impaired elderly: correlates of feelings of burden. The Gerontologist. 1980;20(6):649–655.
- Blaylock A, Cason CL. Discharge planning predicting patients’ needs. Journal of Gerontological Nursing. 1992;18(7):5–10.
- Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias. Marco estatal de ejercicio, funciones y desarrollo de las profesiones sanitarias.
- Ley 41/2002, de 14 de noviembre. Ley básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.
- Reglamento (UE) 2016/679. Reglamento General de Protección de Datos, aplicable al tratamiento de información de salud.
- Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre. Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales.
- Junta de Andalucía, Consejería competente en materia de salud. Plan Andaluz de Atención a la Cronicidad 2025–2028, aprobado en marzo de 2025.
- Servicio Andaluz de Salud, Diraya Abierto. Atención al paciente crónico complejo: Valoración Integral Exhaustiva, Plan de Acción Personalizado, seguimiento proactivo y Telecuidados.
- Servicio Andaluz de Salud, Diraya Abierto. Novedades en la atención al paciente crónico complejo y desarrollo de herramientas de seguimiento en Diraya.
- Servicio Andaluz de Salud. Modelo de Gestión de Casos del SAS y documentación de continuidad de cuidados, como marco complementario para valoración multidimensional y coordinación asistencial.
valoración enfermera
entrevista clínica
clinimetría
NANDA-I 2024-2026
NOC
NIC
Barthel
Pfeiffer
Norton
Plan de Acción Personalizado
continuidad de cuidados