Tema 47. Desarrollo de la Conducta Humana: etapas del desarrollo. Tipos de personalidad. Hábitos. Motivación. Factores socio-culturales. Problemas psicosociales y adaptación del paciente en el entorno sanitario
1. INTRODUCCIÓN: CONDUCTA HUMANA Y CUIDADOS DE ENFERMERÍA
La conducta humana comprende el conjunto de respuestas observables y de procesos internos mediante los que una persona interactúa con su ambiente. No puede explicarse exclusivamente por la personalidad, por la voluntad ni por las características biológicas. En cada comportamiento intervienen, en proporciones variables, el desarrollo neurológico y cognitivo, la experiencia previa, el aprendizaje, las emociones, las expectativas, la motivación, la situación social, la cultura, las relaciones significativas y las condiciones concretas del entorno. Para enfermería esta perspectiva es esencial: una conducta aparentemente «irracional» puede adquirir pleno sentido cuando se conoce lo que la persona sabe, teme, espera, recuerda o puede hacer en ese momento.
La aplicación clínica es inmediata. Una persona que no toma correctamente su tratamiento puede tener dificultades de comprensión, efectos adversos, falta de recursos económicos, una rutina incompatible con la pauta, creencias culturales diferentes, deterioro cognitivo, depresión, baja autoeficacia o simplemente haber tomado una decisión informada distinta de la preferida por el profesional. Calificarla de «no cumplidora» sin explorar estas variables convierte un fenómeno complejo en una etiqueta y reduce la capacidad de intervenir eficazmente. La enfermera debe pasar de juzgar la conducta a comprender sus determinantes y, a partir de ellos, negociar objetivos realistas.
La misma lógica se aplica a la hospitalización. Ingresar en un centro sanitario modifica el espacio físico, las rutinas, la privacidad, el sueño, los roles familiares y laborales y el grado de control que la persona ejerce sobre su vida. A ello se añaden incertidumbre, dolor, procedimientos invasivos, exposición corporal, dependencia de terceros y temor al pronóstico. La respuesta psicológica puede incluir ansiedad, irritabilidad, retraimiento, regresión, negación, tristeza, hipervigilancia o búsqueda intensa de información. Estas respuestas no deben interpretarse automáticamente como trastornos psiquiátricos: muchas son reacciones humanas esperables ante una amenaza, aunque necesitan valoración para distinguir una adaptación transitoria de un problema que requiere intervención específica.
El conocimiento del desarrollo humano permite además adecuar el cuidado. Un niño preescolar no procesa una explicación de una intervención como un adolescente; una persona con deterioro cognitivo puede necesitar apoyos diferentes a un adulto sin alteraciones cognitivas; y una persona mayor no pierde su capacidad de decisión por el simple hecho de tener edad avanzada. La edad cronológica orienta, pero no sustituye la valoración de la capacidad cognitiva, emocional, funcional, comunicativa y social de cada persona.
Este tema también tiene una dimensión actual de salud pública. La promoción de hábitos saludables ya no se concibe únicamente como transmisión de información. El comportamiento se desarrolla en condiciones sociales concretas: disponer de ingresos, vivienda adecuada, espacios seguros para caminar, tiempo, apoyo social, alfabetización en salud o acceso a alimentos saludables condiciona las posibilidades reales de actuar. Por ello, el abordaje contemporáneo combina intervenciones individuales con actuaciones comunitarias y sobre los determinantes sociales.
En consecuencia, el objetivo enfermero no es «modificar la personalidad» del paciente, sino establecer una relación terapéutica, detectar barreras y recursos, adaptar información y entorno, favorecer autonomía y autoeficacia, identificar la disposición para el cambio, facilitar habilidades y acompañar la adaptación al proceso de salud-enfermedad. Esta orientación evita el paternalismo y sitúa a la persona como agente de su propio proceso asistencial.
2. BASES DE LA CONDUCTA HUMANA: INTERACCIÓN PERSONA-ENTORNO
La conducta es el producto de una interacción continua entre características de la persona y condiciones del ambiente. Las explicaciones monocausales resultan insuficientes. Incluso respuestas con un componente biológico importante están moduladas por aprendizaje, expectativas, contexto y significado. En la práctica clínica conviene analizar la conducta preguntando qué la precede, qué función cumple para la persona, qué consecuencias produce y qué factores favorecen que se repita.
2.1. Componentes biológicos, cognitivos, emocionales y sociales
La base biológica incluye maduración del sistema nervioso, funcionamiento sensorial, sueño, dolor, enfermedades, efectos farmacológicos, consumo de sustancias y otras variables capaces de modificar atención, memoria, impulsividad o estado emocional. Una conducta agitada en un paciente hospitalizado, por ejemplo, obliga a descartar dolor, hipoxia, infección, retención urinaria, efectos farmacológicos o delirium antes de interpretarla simplemente como un rasgo de personalidad.
Los procesos cognitivos incluyen percepción, atención, memoria, razonamiento, expectativas, creencias y atribuciones. La conducta no depende únicamente de lo que objetivamente ocurre, sino del significado que la persona atribuye al acontecimiento. Dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden reaccionar de modo opuesto si uno interpreta la enfermedad como un reto manejable y otro como una amenaza incontrolable. Esta valoración subjetiva explica por qué la intervención educativa debe explorar primero las representaciones y conocimientos previos.
La emoción cumple una función adaptativa. Miedo, tristeza, ira o ansiedad pueden movilizar protección, búsqueda de ayuda o reorganización. Se convierten en problemas cuando son desproporcionados, persistentes, producen sufrimiento intenso o interfieren significativamente en el funcionamiento. Enfermería debe validar la emoción sin asumir automáticamente que toda expresión emocional necesita eliminarse. Decir a una persona «no se preocupe» puede invalidar una experiencia que necesita ser explorada.
Los factores sociales modulan todas las dimensiones anteriores. El apoyo familiar, las condiciones económicas, el empleo, el nivel educativo, la vivienda, la discriminación, la soledad y las normas culturales influyen en exposición a riesgos, posibilidades de autocuidado, acceso a recursos y capacidad para mantener conductas saludables. Este componente impide reducir los problemas de salud a una supuesta «falta de voluntad» individual.
2.2. Aprendizaje y conducta
El condicionamiento clásico describe el aprendizaje de asociaciones entre estímulos. Tiene aplicación sanitaria cuando estímulos inicialmente neutros se vinculan a experiencias desagradables: el olor de un hospital, una bata o una sala de procedimientos pueden desencadenar ansiedad después de experiencias previas dolorosas. En pediatría es especialmente importante evitar asociaciones innecesarias entre espacios seguros y procedimientos aversivos.
El condicionamiento operante explica cómo las consecuencias aumentan o disminuyen la probabilidad de repetición de una conducta. El refuerzo aumenta la probabilidad de una respuesta; el castigo pretende reducirla. En educación sanitaria suele ser más útil reforzar logros concretos que utilizar mensajes culpabilizadores. El refuerzo debe ser relevante para la persona y no confundirse con premios materiales: reconocimiento del progreso, percepción de dominio o mejoría funcional pueden actuar como consecuencias reforzantes.
El aprendizaje observacional, desarrollado de manera destacada por Albert Bandura, subraya que aprendemos observando modelos y consecuencias. La conducta de familiares, iguales y profesionales puede favorecer o dificultar hábitos. La autoeficacia, también central en la teoría social cognitiva, es la creencia de la persona sobre su capacidad para ejecutar una conducta necesaria para alcanzar un resultado. No equivale a autoestima ni a conocimiento: alguien puede saber perfectamente qué debe hacer y, sin embargo, creer que no será capaz de hacerlo.
2.3. El modelo biopsicosocial
El modelo biopsicosocial constituye un marco especialmente útil para enfermería porque integra enfermedad, experiencia subjetiva y contexto. No niega la biomedicina; la amplía. Una intervención técnicamente adecuada puede fracasar si no es comprensible, aceptable, accesible o compatible con la vida cotidiana del paciente. La personalización de cuidados exige, por tanto, valorar simultáneamente variables clínicas y psicosociales.
Esta visión se relaciona directamente con la práctica centrada en la persona. El profesional aporta conocimiento científico y experiencia clínica; la persona aporta sus preferencias, valores, experiencia de la enfermedad, prioridades y contexto vital. La decisión asistencial surge de integrar ambos tipos de conocimiento. Esta idea reaparecerá en la toma de decisiones compartida, el cambio de hábitos y la adaptación a la enfermedad.
3. ETAPAS DEL DESARROLLO HUMANO
El desarrollo humano es un proceso de cambio y continuidad a lo largo de todo el ciclo vital. Comprende dimensiones físicas, cognitivas, emocionales, sociales y morales que interactúan entre sí. Las teorías clásicas de Piaget, Erikson, Bowlby o Kohlberg siguen teniendo valor didáctico y aparecen con frecuencia en temarios sanitarios, pero deben utilizarse como modelos explicativos, no como escalas diagnósticas ni como calendarios rígidos. Existe variabilidad interindividual, cultural y contextual.
3.1. Desarrollo cognitivo de Piaget
Jean Piaget describió el desarrollo cognitivo como un proceso constructivo en el que el niño organiza progresivamente su conocimiento mediante interacción con el entorno. Los conceptos de asimilación y acomodación explican cómo integra experiencias nuevas en esquemas existentes o modifica esos esquemas cuando la realidad no encaja en ellos. Su modelo clásico distingue cuatro grandes periodos.
| Etapa | Edad aproximada | Características clásicas | Aplicación enfermera |
|---|---|---|---|
| Sensoriomotora | Nacimiento-2 años | Conocimiento mediante percepción y acción; progresiva permanencia del objeto; coordinación medios-fines | Contacto con figuras de apego, rutinas, estímulos sensoriales seguros y reducción de separaciones innecesarias |
| Preoperacional | 2-7 años | Lenguaje y función simbólica; egocentrismo cognitivo; centración; razonamiento todavía no operacional | Explicaciones concretas, demostración con muñecos o juego, evitar metáforas ambiguas |
| Operaciones concretas | 7-11 años aproximadamente | Lógica aplicada a situaciones concretas; conservación; clasificación; seriación; reversibilidad | Explicar secuencias, mostrar materiales, permitir preguntas y participación concreta en autocuidados |
| Operaciones formales | Desde adolescencia temprana, de forma progresiva | Razonamiento abstracto e hipotético-deductivo; consideración de posibilidades y consecuencias | Incorporar razonamiento sobre riesgos, alternativas y consecuencias; respetar creciente autonomía |
La permanencia del objeto se desarrolla durante el periodo sensoriomotor y significa comprender progresivamente que una persona u objeto continúa existiendo aunque no esté perceptivamente presente. El pensamiento preoperacional se caracteriza, entre otros aspectos, por centración y dificultad para coordinar simultáneamente varias perspectivas. En operaciones concretas aparece la conservación: comprender que determinadas propiedades permanecen aunque cambie la apariencia. Las operaciones formales permiten trabajar mentalmente con hipótesis y posibilidades.
En pediatría, aplicar Piaget no significa someter al menor a una «prueba de estadio». Significa adaptar vocabulario, duración de las explicaciones, recursos visuales, participación y preparación para procedimientos a su capacidad real. Siempre debe comprobarse lo que el menor ha comprendido.
3.2. Desarrollo psicosocial de Erikson
Erik Erikson concibió el desarrollo como un proceso que continúa durante toda la vida. En cada periodo existe una tensión psicosocial central. La denominación «crisis» no implica necesariamente patología: representa una tarea evolutiva cuya resolución influye en etapas posteriores.
| Periodo aproximado | Conflicto psicosocial | Implicación asistencial |
|---|---|---|
| Lactancia | Confianza frente a desconfianza | Disponibilidad, respuesta consistente a necesidades y continuidad de figuras de cuidado |
| Primera infancia | Autonomía frente a vergüenza y duda | Permitir elecciones simples y participación en cuidados compatibles con seguridad |
| Edad preescolar | Iniciativa frente a culpa | Juego, exploración y participación sin culpabilizar por enfermedad o procedimientos |
| Edad escolar | Laboriosidad frente a inferioridad | Favorecer competencia, continuidad escolar y reconocimiento de logros |
| Adolescencia | Identidad frente a confusión de roles | Privacidad, participación, respeto de identidad y progresiva responsabilidad en autocuidado |
| Adulto joven | Intimidad frente a aislamiento | Considerar pareja, vínculos, sexualidad, proyectos y apoyo social |
| Edad adulta media | Generatividad frente a estancamiento | Valorar roles familiares, laborales, de cuidado y aportación social |
| Edad avanzada | Integridad frente a desesperación | Historia de vida, significado, pérdidas, autonomía, dignidad y legado personal |
El interés enfermero radica en reconocer cómo una enfermedad puede amenazar tareas relevantes de una etapa. Una hospitalización prolongada en un escolar puede interferir con sensación de competencia y pertenencia; en un adolescente puede afectar identidad, imagen corporal y privacidad; en un adulto puede alterar trabajo, cuidado de hijos o rol de cuidador; en una persona mayor puede intensificar pérdida de autonomía. El plan de cuidados debe intentar preservar los roles y proyectos significativos siempre que sea posible.
3.3. Apego: Bowlby y Ainsworth
La teoría del apego describe la tendencia del niño a buscar proximidad y seguridad en figuras cuidadoras significativas, especialmente en situaciones de amenaza. John Bowlby formuló el marco teórico y Mary Ainsworth desarrolló procedimientos de observación que permitieron describir patrones de apego. El apego seguro se asocia a utilización de la figura cuidadora como base de seguridad desde la que explorar.
Los patrones inseguros no deben convertirse en etiquetas simplistas ni atribuirse automáticamente a «malos padres». El apego emerge de interacciones repetidas y está influido por múltiples factores. En el hospital, la consecuencia práctica es clara: favorecer presencia y participación de cuidadores, reducir separaciones evitables, preparar procedimientos, mantener rutinas y utilizar medidas no farmacológicas de confort puede disminuir estrés infantil.
3.4. Desarrollo moral de Kohlberg
Lawrence Kohlberg describió tres grandes niveles de razonamiento moral: preconvencional, en el que predominan consecuencias inmediatas y beneficio propio; convencional, orientado a normas, aprobación social y mantenimiento del orden; y postconvencional, caracterizado por razonamiento sobre principios y derechos. Cada nivel se subdivide clásicamente en dos estadios.
El modelo tiene importancia histórica, pero presenta limitaciones culturales y metodológicas y no debe emplearse para medir la «calidad moral» de un paciente. Para enfermería es más relevante comprender que la explicación y participación deben adaptarse a capacidad de razonamiento, experiencia y valores individuales.
4. PERSONALIDAD, TEMPERAMENTO Y CARÁCTER
La personalidad puede entenderse como una organización relativamente estable de patrones de pensamiento, emoción y comportamiento que contribuye a que una persona responda de forma característica a distintas situaciones. «Relativamente estable» es una expresión importante: existe continuidad, pero la personalidad no es inmutable. El desarrollo, las relaciones, acontecimientos vitales y cambios del entorno pueden producir modificaciones, especialmente a lo largo de periodos prolongados.
En el lenguaje cotidiano se habla de «tipos de personalidad», pero la psicología contemporánea dispone de mayor apoyo para modelos dimensionales. En ellos una persona no pertenece necesariamente a una categoría excluyente; se sitúa en distintos grados de varios rasgos. Este enfoque evita clasificaciones excesivamente rígidas como «personalidad introvertida» o «personalidad tipo A» utilizadas como si definieran completamente a un individuo.
4.1. Modelo de los Cinco Grandes
El modelo de los Cinco Grandes o Big Five organiza una parte importante de las diferencias individuales en cinco dimensiones amplias, conocidas mediante el acrónimo OCEAN:
| Dimensión | Descripción general | Interpretación clínica prudente |
|---|---|---|
| Apertura a la experiencia | Curiosidad, interés por ideas y experiencias nuevas, imaginación | Puede influir en receptividad a alternativas, pero no predice por sí sola decisiones sanitarias |
| Responsabilidad o escrupulosidad | Organización, planificación, persistencia y control de objetivos | Puede relacionarse con conductas planificadas y autocuidado; nunca sustituye la valoración de barreras reales |
| Extraversión | Sociabilidad, asertividad, activación y búsqueda de interacción | No equivale a salud mental ni convierte la introversión en problema |
| Amabilidad | Cooperación, confianza interpersonal, consideración hacia otros | Puede modular interacción, pero una persona poco complaciente conserva los mismos derechos y autonomía |
| Neuroticismo o emocionalidad negativa | Tendencia a experimentar con mayor frecuencia emociones negativas | No equivale a trastorno de ansiedad ni constituye por sí solo un diagnóstico |
Para la enfermera, la personalidad aporta información sobre cómo puede preferir relacionarse una persona, pero nunca debe utilizarse para anticipar de forma determinista adherencia, agresividad, capacidad de decisión o pronóstico. Un paciente muy responsable también puede abandonar un tratamiento por efectos adversos o coste; una persona ansiosa puede cumplir impecablemente su autocuidado. Los determinantes inmediatos deben valorarse de forma individual.
4.2. Temperamento y carácter
El temperamento se refiere tradicionalmente a disposiciones emocionales y reactivas que aparecen precozmente y presentan un componente biológico importante. El carácter se ha empleado para describir aspectos más vinculados al aprendizaje, valores, hábitos y experiencia social. La distinción es útil didácticamente, pero no debe interpretarse como una separación absoluta entre «biológico» y «aprendido»: genes, maduración y ambiente interactúan de manera continua.
4.3. Clasificaciones históricas y su límite actual
Las denominaciones tipo A y tipo B surgieron en estudios históricos sobre patrones conductuales y riesgo cardiovascular. El tipo A se describía mediante competitividad, urgencia temporal y hostilidad; el tipo B como patrón menos marcado por esas características. No constituye una clasificación moderna general de la personalidad y no debe utilizarse en la práctica enfermera para etiquetar pacientes. Del mismo modo, otras categorías como «tipo C» o «tipo D» pertenecen a líneas específicas de investigación y no equivalen a diagnósticos clínicos universales.
Tampoco debe confundirse rasgo de personalidad con trastorno de personalidad. Un trastorno requiere patrones persistentes, inflexibles y clínicamente significativos que producen deterioro o sufrimiento y cuya valoración diagnóstica corresponde al ámbito profesional competente. Ser introvertido, perfeccionista, desconfiado o emocional no constituye por sí solo un trastorno.
5. HÁBITOS, APRENDIZAJE Y MODIFICACIÓN DE CONDUCTA
Un hábito es una conducta que, mediante repetición en contextos relativamente estables, puede adquirir un grado creciente de automaticidad. Esto significa que la señal ambiental llega a activar la respuesta con menor necesidad de deliberación consciente. Los hábitos son eficientes: permiten ejecutar actividades cotidianas sin analizar cada paso. Precisamente esa automaticidad dificulta su modificación cuando el hábito perjudica la salud.
No todo comportamiento repetido es un hábito en sentido estricto. Algunas conductas siguen dependiendo de decisiones conscientes, normas, emociones o incentivos. Tampoco debe confundirse hábito con adicción. Una adicción implica procesos específicos de pérdida de control, compulsión, persistencia pese al daño y, según la sustancia o conducta, fenómenos de tolerancia o abstinencia. La intervención ante una dependencia no puede reducirse a «cambiar una rutina».
5.1. Cómo se consolida un hábito
La repetición en un contexto estable fortalece asociaciones entre señales y respuestas. Pueden actuar como señales una hora, lugar, emoción, actividad precedente, presencia de determinadas personas u objeto. Las consecuencias satisfactorias favorecen repetición, pero con la automatización la conducta puede mantenerse incluso cuando la recompensa inicial pierde intensidad. Por ello, el esquema popular «señal-rutina-recompensa» es útil para empezar a analizar un hábito, pero constituye una simplificación del aprendizaje real.
5.2. Valoración enfermera del hábito
Antes de recomendar un cambio conviene reconstruir el patrón conductual: qué sucede antes, dónde y cuándo se produce, con quién, qué emoción lo acompaña, qué obtiene la persona y qué obstáculos aparecen cuando intenta modificarlo. Un registro breve puede mostrar patrones que el paciente no percibía. En una persona sedentaria, por ejemplo, la barrera real puede no ser falta de conocimientos sino dolor, horarios de cuidado de un familiar, inseguridad del barrio o miedo a empeorar una enfermedad.
La modificación suele ser más viable cuando se actúa simultáneamente sobre persona y entorno: hacer accesible la opción saludable, retirar señales de la conducta no deseada, preparar respuestas alternativas, reducir la fricción necesaria para iniciar la conducta objetivo y establecer recordatorios vinculados a rutinas ya consolidadas. Las metas deben ser específicas y graduadas. «Hacer más ejercicio» es menos operativo que acordar una actividad, frecuencia, momento, lugar y plan ante obstáculos previsibles.
5.3. Autoeficacia y recaída
La autoeficacia aumenta con experiencias de éxito alcanzables. Si el objetivo inicial es desproporcionado y fracasa repetidamente, puede disminuir la confianza. Dividir una meta en conductas pequeñas permite generar experiencias de dominio. La observación de modelos semejantes, el apoyo social y una interpretación realista de sensaciones físicas también pueden contribuir.
Una recaída no debe interpretarse como fracaso moral. Al analizarla se identifican desencadenantes, situaciones de alto riesgo, respuestas que funcionaron y recursos que faltaron. El objetivo es convertirla en información para el siguiente intento. El lenguaje profesional es relevante: culpabilizar favorece ocultación y abandono del seguimiento; explorar de manera neutral favorece aprendizaje.
5.4. Hábitos saludables en Andalucía
La Estrategia de Promoción de una Vida Saludable en Andalucía 2024-2030 constituye en 2026 un marco vigente de especial interés para este tema. Su planteamiento no se limita a consejo individual: promueve intervenciones en todas las edades, ámbitos locales y entornos de vida y considera expresamente determinantes que generan desigualdades. La estrategia prioriza seis grupos de hábitos interrelacionados:
- Alimentación saludable.
- Actividad física y reducción del sedentarismo.
- Sueño saludable.
- Bienestar emocional.
- Sexualidad responsable.
- Uso positivo de las tecnologías de la relación, información y comunicación (TRIC).
La estrategia refuerza además los activos personales y comunitarios, lo que desplaza la pregunta desde «¿qué riesgo tiene esta persona?» hacia «¿qué recursos personales, familiares y comunitarios pueden ayudarle?». Para enfermería comunitaria implica integrar educación, activos, redes de apoyo, participación y coordinación con recursos locales.
6. MOTIVACIÓN Y PROCESO DE CAMBIO
La motivación comprende los procesos que activan, dirigen y mantienen la conducta. No es un rasgo fijo que una persona «tiene o no tiene». Puede variar según objetivo, contexto, expectativas, experiencias previas, percepción de riesgo, apoyo, costes y beneficios anticipados. Tratar a alguien como «no motivado» cierra la exploración precisamente donde debería comenzar.
6.1. Motivación intrínseca y extrínseca
La motivación intrínseca se relaciona con realizar una actividad por interés, satisfacción o valor inherente. La extrínseca implica actuar en relación con consecuencias separables de la actividad, como recompensas, aprobación o evitación de consecuencias negativas. Esta distinción no debe presentarse como una oposición entre «motivación buena» y «mala»: existen diferentes grados de interiorización y una conducta inicialmente impulsada externamente puede adquirir progresivamente un significado personal.
6.2. Teoría de la autodeterminación
La teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan destaca tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, entendida como experimentar volición y participación en las propias decisiones; competencia, sentir capacidad para realizar la conducta; y relación, sentirse conectado y apoyado por personas significativas. En salud, los entornos que apoyan estas necesidades favorecen formas más autónomas de motivación.
La aplicación enfermera resulta directa. Dar órdenes sin explorar preferencias puede amenazar autonomía; proponer metas imposibles reduce competencia; una relación juzgadora deteriora conexión. Por el contrario, ofrecer opciones clínicamente razonables, enseñar habilidades, reconocer avances y transmitir apoyo puede facilitar una participación más activa.
6.3. Modelo transteórico de Prochaska y DiClemente
El modelo transteórico organiza el cambio intencional en una serie de estadios. Aunque es un modelo influyente y muy utilizado en preguntas de oposición, debe entenderse como marco orientativo y no como prueba diagnóstica infalible.
| Estadio | Situación característica | Orientación enfermera |
|---|---|---|
| Precontemplación | No existe intención próxima de cambiar o la persona no identifica el comportamiento como problema | Explorar perspectiva, informar con permiso, aumentar conciencia sin confrontar |
| Contemplación | Reconoce razones para cambiar pero mantiene ambivalencia | Explorar ventajas y costes, valores, discrepancia y confianza |
| Preparación | Intención próxima y primeros pasos o planificación concreta | Construir plan, objetivos, recursos y estrategias ante barreras |
| Acción | La persona está modificando activamente la conducta | Apoyar, reforzar habilidades, monitorizar problemas y resultados |
| Mantenimiento | El cambio se sostiene y se trabaja en prevenir retorno al patrón anterior | Consolidar estrategias, anticipar situaciones de riesgo y fortalecer autoeficacia |
La recaída suele representarse en esquemas didácticos como parte del proceso y puede conducir a reingresar en distintos estadios. No todos los desarrollos del modelo la consideran un sexto estadio estable. Esta precisión evita discusiones innecesarias entre manuales que enumeran cinco estadios y otros que presentan seis incluyendo recaída.
6.4. Entrevista motivacional
La entrevista motivacional es un estilo colaborativo de conversación orientado a fortalecer la motivación y el compromiso con el cambio. Sus principios contemporáneos enfatizan colaboración, aceptación, compasión y evocación. El profesional no «inyecta» motivación; ayuda a que la persona exprese sus propias razones, necesidades y capacidades para cambiar.
Se describen cuatro procesos que pueden solaparse: vincular, construyendo relación terapéutica; enfocar, acordando una dirección; evocar, favoreciendo lenguaje de cambio; y planificar, cuando existe disposición suficiente. Las habilidades OARS incluyen preguntas abiertas, afirmaciones o refuerzos, escucha reflexiva y resúmenes.
La escucha reflexiva es especialmente importante. No consiste en repetir literalmente; intenta devolver el significado y comprobar si se ha entendido. Ante «sé que debería dejar de fumar, pero es lo único que me calma», una respuesta útil podría explorar simultáneamente razones para cambiar y función reguladora del tabaco. La confrontación directa suele aumentar defensividad y puede intensificar el discurso a favor de mantener la conducta.
7. FACTORES SOCIOCULTURALES Y DETERMINANTES SOCIALES DE LA SALUD
La conducta sanitaria no surge en el vacío. Las posibilidades de comer saludablemente, descansar, acudir a consulta, comprender un tratamiento, realizar actividad física o seguir una pauta terapéutica dependen en parte de condiciones materiales y sociales. Los determinantes sociales de la salud comprenden las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen y la distribución de poder, recursos y oportunidades que configura esas condiciones.
Entre los determinantes relevantes se encuentran ingresos, educación, empleo y condiciones laborales, vivienda, entorno físico, transporte, redes sociales, discriminación, género, acceso a servicios, alfabetización, conectividad digital y condiciones políticas y económicas. Su importancia clínica consiste en que una recomendación aparentemente sencilla puede ser impracticable si ignora estas condiciones.
7.1. Cultura y salud
La cultura proporciona marcos de significado sobre cuerpo, enfermedad, dolor, alimentación, familia, muerte, sexualidad, autoridad y cuidado. Pero cultura no equivale a nacionalidad ni permite predecir automáticamente las preferencias individuales. Dos personas procedentes del mismo país pueden tener creencias opuestas por edad, educación, religión, experiencias migratorias, género o historia familiar.
La práctica segura exige humildad cultural: preguntar en lugar de asumir. Puede explorarse qué cree la persona que causa su problema, qué tratamientos considera aceptables, quién participa habitualmente en decisiones, qué prácticas desea mantener y si existe algún requisito religioso o cultural relevante. Cuando existe barrera lingüística significativa deben utilizarse recursos de interpretación adecuados disponibles en el sistema, evitando hacer depender decisiones complejas de traducciones improvisadas por menores.
7.2. Alfabetización en salud
La alfabetización en salud es la capacidad de acceder, comprender, valorar y utilizar información y servicios relacionados con la salud. No puede inferirse únicamente por nivel educativo. Terminología sanitaria, estrés, dolor o miedo reducen la capacidad de procesar información incluso en personas con alta formación.
La respuesta profesional adecuada no consiste en «simplificar al paciente», sino en hacer la comunicación accesible para todos: lenguaje claro, ideas prioritarias, información estructurada, materiales adecuados, oportunidad para preguntar y comprobación de comprensión. La técnica de teach-back solicita a la persona que explique con sus propias palabras qué hará o qué ha comprendido; evalúa la claridad de nuestra explicación, no la inteligencia del paciente.
7.3. Modelo bioecológico de Bronfenbrenner
Bronfenbrenner describió el desarrollo dentro de sistemas ambientales interrelacionados. La formulación clásica diferencia:
- Microsistema: contextos de interacción directa, como familia, escuela, trabajo o equipo asistencial.
- Mesosistema: relaciones entre microsistemas, por ejemplo familia-centro sanitario.
- Exosistema: entornos en los que la persona no participa directamente pero que influyen en ella, como condiciones laborales del cuidador o políticas de una organización.
- Macrosistema: normas culturales, estructuras sociales, valores, economía y legislación.
- Cronosistema: dimensión temporal, acontecimientos vitales y cambios históricos.
En la formulación bioecológica madura adquiere especial relevancia el esquema Proceso-Persona-Contexto-Tiempo. Esta evolución es importante porque el modelo no debe reducirse a memorizar círculos concéntricos: el desarrollo depende de interacciones proximales repetidas entre la persona y su ambiente.
7.4. Familia y redes de apoyo
La familia puede actuar simultáneamente como recurso y como fuente de tensión. Puede facilitar medicación, transporte, alimentación, información y apoyo emocional, pero también existir sobreprotección, conflicto, sobrecarga del cuidador o discrepancias sobre decisiones. La enfermera debe identificar quién constituye realmente la red significativa para el paciente, sin asumir automáticamente que coincide con parentesco legal.
La enfermedad de una persona modifica roles del sistema familiar. En cronicidad o dependencia puede aparecer sobrecarga del cuidado, con impacto físico, emocional, laboral y económico. El plan asistencial debe valorar necesidades de la persona cuidadora y no utilizar a la familia como recurso ilimitado.
7.5. Orientación comunitaria actual en Andalucía
La Estrategia de Salud Comunitaria de Andalucía 2026-2030 refuerza precisamente esta perspectiva. Sitúa el enfoque biopsicosocial, el autocuidado, los activos para la salud, la participación comunitaria y la coordinación intersectorial como componentes del modelo. En 2026 constituye una actualización importante que el material antiguo del tema no podía recoger.
8. ADAPTACIÓN PSICOLÓGICA A LA ENFERMEDAD Y HOSPITALIZACIÓN
La adaptación es un proceso dinámico mediante el que la persona intenta mantener o recuperar equilibrio ante cambios, pérdidas o demandas. Una enfermedad puede alterar simultáneamente sensación de seguridad, autonomía, imagen corporal, identidad, relaciones, economía, sexualidad, proyectos y percepción del futuro. La respuesta depende tanto de la gravedad clínica como del significado subjetivo del acontecimiento.
8.1. Estrés, valoración y afrontamiento
El modelo de Lazarus y Folkman explica el estrés como resultado de la relación entre persona y entorno. En una valoración primaria la persona interpreta si el acontecimiento es irrelevante, benigno, una amenaza, daño/pérdida o reto. En una valoración secundaria evalúa recursos y posibilidades de afrontamiento. Posteriormente puede reevaluar la situación a medida que obtiene nueva información.
El afrontamiento incluye esfuerzos cognitivos y conductuales para manejar demandas percibidas. Las estrategias orientadas al problema intentan modificar la situación: buscar información, organizar medicación, solicitar recursos. Las orientadas a la emoción regulan la respuesta emocional: hablar, aceptar, relajarse, reinterpretar. Ningún grupo es universalmente superior; la utilidad depende del grado de control que exista sobre el problema y del contexto.
8.2. Reacciones habituales ante la hospitalización
La hospitalización puede generar pérdida de control sobre horarios y espacio, alteración de sueño, exposición de intimidad, incertidumbre, separación de personas significativas y dependencia para actividades básicas. Son frecuentes ansiedad, miedo, irritabilidad, tristeza, dificultad de concentración, preocupación, alteración del sueño y cambios de apetito. La respuesta se intensifica con dolor no controlado, información contradictoria, aislamiento, barreras comunicativas o experiencias traumáticas previas.
En algunos pacientes aparece regresión, entendida en sentido psicodinámico como retorno transitorio a modos de funcionamiento más dependientes ante estrés. Puede observarse mayor búsqueda de ayuda o necesidad de seguridad. No debe utilizarse como etiqueta despectiva. La dependencia funcional real también puede explicar comportamientos semejantes.
8.3. Mecanismos de defensa
Los mecanismos de defensa son procesos psicológicos habitualmente no conscientes mediante los que la persona maneja conflicto o ansiedad. El concepto procede de la tradición psicodinámica y conserva utilidad descriptiva, aunque no sustituye modelos contemporáneos de afrontamiento.
| Mecanismo | Descripción | Ejemplo sanitario |
|---|---|---|
| Negación | Dificultad para aceptar aspectos amenazantes de la realidad | Restar importancia inicialmente a un diagnóstico grave |
| Proyección | Atribuir a otros sentimientos o impulsos propios difíciles de aceptar | Interpretar hostilidad ajena cuando existe elevada hostilidad propia |
| Desplazamiento | Dirigir una emoción hacia un objetivo menos amenazante | Expresar con el profesional la ira generada por una situación que no puede controlar |
| Racionalización | Construir explicaciones aceptables para una conducta cuyos determinantes son más complejos | Justificar una conducta perjudicial mediante razones que reducen conflicto interno |
| Intelectualización | Concentrarse en aspectos abstractos o técnicos reduciendo contacto con la emoción | Hablar exclusivamente de estadísticas ante un diagnóstico emocionalmente amenazante |
| Sublimación | Canalizar impulsos hacia actividades socialmente aceptadas | Transformar una experiencia difícil en participación constructiva o ayuda a otros |
La negación puede ser inicialmente protectora al permitir procesar información de forma gradual, pero se vuelve problemática si impide decisiones urgentes o tratamientos relevantes. La respuesta enfermera no debe consistir en «romper la negación» bruscamente, sino valorar capacidad, ritmo de procesamiento, riesgos y necesidad de información.
8.4. Duelo y el error de las etapas rígidas
La pérdida puede referirse a una persona, función corporal, autonomía, rol, proyecto o expectativa. Las reacciones de duelo son heterogéneas. El conocido esquema de Kübler-Ross —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— tuvo gran influencia divulgativa, pero no debe enseñarse como una secuencia universal que todas las personas recorren en ese orden. Surgió de observaciones en personas con enfermedad terminal y no constituye una ley del duelo.
8.5. Cuándo la reacción exige especial atención
La intensidad debe contextualizarse. Son señales que requieren valoración ampliada la desesperanza intensa, deterioro funcional mantenido, abandono grave del autocuidado, aislamiento progresivo, ansiedad incapacitante, alteración conductual brusca, sospecha de delirium, consumo problemático de sustancias o verbalización de ideas de muerte o suicidio. Ante riesgo suicida se debe realizar valoración específica y activar los circuitos asistenciales correspondientes; preguntar directamente por ideación suicida no «induce» el suicidio.
9. ADAPTACIÓN DEL CUIDADO AL CICLO VITAL
9.1. Lactante y primera infancia
En los primeros años, seguridad y regulación emocional dependen en gran medida de figuras cuidadoras. La separación, inmovilización o contacto con personas desconocidas pueden producir miedo intenso. Debe favorecerse acompañamiento, participación familiar y preservación de rutinas. Los objetos familiares, juego y preparación progresiva pueden reducir estrés. Los procedimientos dolorosos requieren medidas analgésicas y de confort adecuadas; la distracción no sustituye una analgesia indicada.
El lenguaje debe ser literal. Expresiones metafóricas como «te vamos a dormir» para explicar una anestesia pueden generar asociaciones confusas. Es preferible anticipar de forma sencilla qué verá, sentirá y qué se espera de él, sin prometer que algo «no va a doler» cuando puede hacerlo.
9.2. Edad escolar
El niño escolar comprende mejor secuencias y relaciones causales concretas. Puede participar en tareas de autocuidado ajustadas a edad y capacidad. La hospitalización prolongada puede interferir con escolarización, amistades y percepción de competencia, por lo que deben preservarse actividades educativas y sociales cuando sea posible.
9.3. Adolescencia
La adolescencia combina maduración cognitiva progresiva con construcción de identidad, creciente autonomía e influencia del grupo de iguales. La imagen corporal, privacidad, sexualidad y confidencialidad adquieren especial importancia. El profesional debe dirigirse al adolescente y no únicamente a sus progenitores, facilitar espacios de comunicación adecuados y comprobar comprensión.
Con carácter general, si el menor no es capaz intelectual y emocionalmente de comprender el alcance de la intervención, el consentimiento corresponde a su representante legal tras escuchar su opinión conforme a la normativa de protección del menor. En menores emancipados o mayores de 16 años que no se encuentren en los supuestos de representación previstos legalmente, no cabe consentimiento por representación; existe una excepción relevante cuando, a juicio facultativo, la actuación supone grave riesgo para su vida o salud, supuesto en que interviene el representante legal después de oír y tener en cuenta al menor.
Estas reglas jurídicas no deben confundirse con las edades aproximadas de Piaget. La capacidad sanitaria no se decide aplicando una etapa de desarrollo cognitivo como si fuera una prueba legal.
9.4. Edad adulta
En el adulto deben considerarse trabajo, pareja, crianza, dependencia económica, proyectos, sexualidad y responsabilidades de cuidado. La enfermedad puede amenazar identidad profesional o familiar incluso cuando el pronóstico clínico sea favorable. Preguntar «¿qué es lo que más le preocupa de todo esto?» puede identificar prioridades que no aparecerían en una historia exclusivamente biomédica.
9.5. Persona mayor
La edad avanzada no equivale a incapacidad. Deben evitarse infantilización, habla excesivamente alta sin indicación, exclusión de decisiones y dirigir toda comunicación a familiares. Se valorarán visión, audición, cognición, funcionalidad, estado emocional, medicación, apoyo social y capacidad para comprender la información.
El ingreso hospitalario aumenta riesgo de delirium especialmente en personas vulnerables. Un cambio agudo de atención, nivel de conciencia o cognición requiere valoración clínica inmediata y no debe atribuirse a «la edad» o «demencia» sin más. Orientación, sueño, movilidad, hidratación, corrección sensorial y presencia de referentes contribuyen a prevención dentro de programas multifactoriales.
9.6. Discapacidad y necesidades de apoyo
Las personas con discapacidad tienen derecho a recibir información accesible y los apoyos necesarios para favorecer que puedan prestar por sí mismas consentimiento cuando sea posible. La presencia de discapacidad intelectual, sensorial o comunicativa no autoriza a excluir automáticamente a la persona de conversaciones sobre su cuidado. Debe identificarse su forma preferida de comunicación, proporcionar apoyos y ajustar tiempo, lenguaje y materiales.
10. VALORACIÓN PSICOSOCIAL ENFERMERA
La valoración psicosocial debe ser sistemática pero individualizada. Su finalidad no es acumular etiquetas, sino identificar factores que modifican necesidades, riesgos y capacidad de autocuidado. Una buena valoración integra observación, entrevista, historia clínica, información de la persona y, con su autorización o cuando proceda legalmente, datos de familiares y otros profesionales.
10.1. Dimensiones esenciales
- Estado cognitivo: orientación, atención, memoria, comprensión y capacidad para seguir indicaciones.
- Estado emocional: ansiedad, tristeza, miedo, irritabilidad, desesperanza y respuesta al diagnóstico.
- Percepción de enfermedad: qué cree que ocurre, causas atribuidas, expectativas y preocupaciones.
- Afrontamiento: estrategias actuales, experiencias previas, autoeficacia y flexibilidad.
- Motivación: importancia atribuida al cambio, confianza, ambivalencia y disposición.
- Hábitos: alimentación, actividad física, sueño, sustancias, autocuidado y uso de tecnologías cuando sea relevante.
- Relaciones y apoyo: convivencia, personas significativas, aislamiento, conflicto y sobrecarga cuidadora.
- Determinantes sociales: vivienda, economía, empleo, transporte, accesibilidad y recursos comunitarios.
- Cultura y comunicación: idioma, alfabetización en salud, valores, preferencias y necesidades de apoyo.
- Seguridad: violencia, negligencia, abuso, autolesión, suicidio u otros riesgos cuando existan indicadores.
10.2. Observación sin inferencias prematuras
Conviene diferenciar datos observados de interpretaciones. «Evita contacto visual durante la entrevista» es un dato; «es desconfiado» es una inferencia. La evitación visual puede relacionarse con cultura, ansiedad, autismo, vergüenza, dolor o preferencia personal. Registrar hechos favorece una valoración más objetiva.
10.3. Uso de escalas
Las escalas complementan, pero no sustituyen, la entrevista y juicio clínico. Deben utilizarse instrumentos validados para la población y finalidad correspondiente. La puntuación carece de sentido si no se conoce qué constructo mide, periodo temporal, límites y consecuencias asistenciales. Los puntos de corte pueden variar entre instrumentos y contextos.
En valoración psicosocial pueden ser pertinentes, según situación, herramientas de apoyo social, carga del cuidador, estado emocional, riesgo suicida, dependencia funcional o cognición. No todos los pacientes necesitan todas las escalas. La selección debe responder a una hipótesis clínica y a una decisión que pueda modificarse con el resultado.
10.4. Diagnósticos enfermeros
Las respuestas humanas identificadas pueden expresarse mediante diagnósticos enfermeros relacionados con afrontamiento, ansiedad, toma de decisiones, interacción social, autocuidado, gestión de la salud, esperanza o rol cuidador, según la edición de NANDA-I que corresponda. Debe evitarse copiar sin revisión códigos y etiquetas de materiales antiguos: las taxonomías se actualizan y pueden modificar nombres, definiciones, factores y estructura.
10.5. Formulación de objetivos
Los objetivos deben relacionarse con problemas prioritarios para la persona y ser observables. Cuando se trabaja cambio de conducta conviene establecer metas específicas, realistas y revisables. Es preferible acordar una conducta concreta que imponer un objetivo abstracto. La evaluación debe explorar no solo si se alcanzó la meta, sino qué factores facilitaron o impidieron hacerlo.
11. INTERVENCIONES ENFERMERAS PARA FAVORECER ADAPTACIÓN Y CAMBIO
11.1. Relación terapéutica
La relación enfermera-paciente es profesional, intencional y orientada a necesidades de la persona. Requiere respeto, confidencialidad, empatía, límites profesionales y comunicación clara. La empatía significa intentar comprender la experiencia desde la perspectiva de la persona y comunicar esa comprensión; no exige estar de acuerdo con todas sus decisiones.
El modelo interpersonal de Hildegard Peplau describió clásicamente fases de orientación, identificación, explotación o trabajo y resolución. Aunque la práctica contemporánea no necesita aplicar esas fases de forma rígida, el principio sigue siendo útil: la relación comienza construyendo seguridad y definición del problema, progresa mediante trabajo conjunto y debe finalizar favoreciendo autonomía.
11.2. Escucha activa
La escucha activa utiliza silencio terapéutico, preguntas abiertas, clarificación, reflejo, resumen y validación. Las preguntas cerradas son útiles para confirmar datos concretos, pero una entrevista compuesta únicamente por preguntas cerradas puede impedir conocer prioridades y significado.
Debe diferenciarse validar de confirmar. «Entiendo que después de lo que ha vivido tenga miedo» valida una emoción; no implica confirmar que la amenaza temida vaya a ocurrir. Esta distinción es especialmente útil ante ansiedad o creencias inexactas.
11.3. Información adaptada
La información debe ser verdadera, suficiente, comprensible y adaptada a necesidades. Conviene priorizar tres o cuatro mensajes fundamentales, utilizar lenguaje no técnico, apoyar con materiales cuando aporten valor y comprobar comprensión. Proporcionar gran cantidad de información durante una situación de alto estrés puede ser menos eficaz que fragmentarla y repetirla posteriormente.
11.4. Toma de decisiones compartida
La toma de decisiones compartida integra información clínica con valores y preferencias. Requiere presentar que existe una decisión, explicar alternativas razonables, discutir beneficios, riesgos e incertidumbres, explorar qué importa a la persona y deliberar conjuntamente. No significa abandonar al paciente con un «decida usted» ni limitarse a pedir una firma.
11.5. Promoción del cambio
Cuando la persona no está preparada para cambiar, insistir repetidamente en órdenes puede deteriorar relación. Es preferible explorar qué importancia atribuye al problema, qué beneficios obtiene de la conducta actual, qué le preocupa y qué confianza tiene. Cuando existe disposición, se avanza hacia planificación concreta.
Las intervenciones deben combinar educación, entrenamiento de habilidades, modificación ambiental, apoyo social y seguimiento cuando sea necesario. Ante múltiples conductas de riesgo conviene priorizar con la persona en lugar de exigir cambiar todo simultáneamente.
11.6. Manejo de la resistencia y el desacuerdo
La entrevista motivacional contemporánea evita interpretar toda discrepancia como una característica del paciente. El discord puede indicar tensión en la relación y obliga a revisar el estilo profesional. Persuadir, etiquetar o argumentar de forma confrontativa puede aumentar oposición. Reconocer autonomía no significa renunciar a informar claramente sobre riesgos.
11.7. Intervenciones ambientales
La adaptación hospitalaria también depende del entorno. Favorecer sueño nocturno, orientación temporal, privacidad, presencia de apoyos, movilidad, control del dolor, reducción de ruido, accesibilidad, señalización comprensible y continuidad de profesionales puede disminuir estrés. La humanización no es decoración: incluye organización, relación clínica, derechos, información, participación y accesibilidad.
11.8. Familia y cuidadores
La participación familiar debe acordarse con la persona siempre que conserve capacidad para decidir. La familia puede apoyar comunicación y autocuidado, pero no sustituye automáticamente al paciente. En situaciones de dependencia debe valorarse también el bienestar de quien cuida y evitar planes que presuponen una disponibilidad familiar ilimitada.
12. APLICACIÓN ACTUAL EN EL SSPA Y MARCO DE DERECHOS
En 2026 este tema debe estudiarse conectado con tres marcos andaluces especialmente relevantes: la Estrategia de Promoción de una Vida Saludable en Andalucía 2024-2030, la nueva Estrategia de Salud Comunitaria de Andalucía 2026-2030 y la Estrategia de Salud de Andalucía 2030.
12.1. Estrategia de Promoción de una Vida Saludable 2024-2030
Continúa vigente y orienta la promoción de hábitos en todas las edades y entornos, incorporando inequidades y activos comunitarios. Su interés para el Tema 47 reside en que el cambio de conducta deja de concebirse como responsabilidad exclusivamente individual. Alimentación, actividad, sueño, bienestar emocional, sexualidad responsable y uso positivo de TRIC se entienden dentro del contexto social.
12.2. Estrategia de Salud Comunitaria 2026-2030
Aprobada a finales de 2025 para el periodo 2026-2030, es el marco específico para fortalecer la orientación comunitaria. Promueve un enfoque biopsicosocial, activos para la salud, participación e intersectorialidad. Para la enfermera implica conectar valoración individual con recursos comunitarios y reconocer que las condiciones del territorio pueden facilitar o dificultar un cambio.
12.3. Estrategia de Salud de Andalucía 2030
Fue aprobada por Acuerdo del Consejo de Gobierno de 11 de febrero de 2026 y constituye el marco general de planificación sanitaria andaluza a medio y largo plazo. Por tanto, un material de oposición actualizado en agosto de 2026 ya no debe presentar el IV Plan Andaluz de Salud 2013-2020 como plan vigente.
12.4. Humanización
El material de partida citaba el «Plan de Humanización del SSPA» sin matizar su periodo. La precisión actual es importante: el Plan de Humanización del SSPA 2021-2024 ha agotado formalmente ese periodo y la propia Junta indica que se encuentra en elaboración una nueva edición. Sin embargo, las políticas de humanización continúan desarrollándose y la documentación presupuestaria de 2026 mantiene actuaciones de implementación. Por ello, no debe afirmarse simplemente que el plan 2021-2024 sea un plan «vigente hasta 2026», pero tampoco que la humanización haya desaparecido del SSPA.
12.5. Derecho a la información y adaptación comunicativa
La Ley 41/2002 establece que la información clínica debe comunicarse de forma comprensible y adecuada a las necesidades de la persona y ayudarle a decidir de acuerdo con su voluntad. Incluso cuando existe incapacidad, la persona debe ser informada de manera adaptada a sus posibilidades de comprensión, además de informar a quien ejerza la representación cuando corresponda.
Ley 41/2002, de 14 de noviembre, arts. 4, 5 y 9.
12.6. Menores y toma de decisiones
La regulación debe separarse de las teorías evolutivas. Si un menor no puede comprender intelectual y emocionalmente el alcance de la intervención, existe consentimiento por representación en los términos legales, después de escuchar su opinión. Para menores emancipados o mayores de 16 años se aplican reglas específicas que, con carácter general, excluyen la representación en los supuestos ordinarios contemplados por la ley; cuando la actuación entraña grave riesgo para vida o salud, interviene el representante legal una vez oída y tenida en cuenta la opinión del menor.
La práctica enfermera debe promover participación progresiva, información accesible y respeto de intimidad dentro de esos límites. «Ser menor» no autoriza a ignorar al paciente durante una conversación clínica.
13. INTEGRACIÓN Y CLAVES DE EXAMEN
Este tema puede parecer teórico, pero las preguntas del SAS muestran que suele evaluarse mediante conceptos discriminantes y casos clínicos. Debes ser capaz de pasar de la teoría a una situación concreta: identificar personalidad frente a conducta, reconocer el estadio de cambio, seleccionar una intervención congruente y detectar estilos de comunicación que dificultan la relación terapéutica.
13.1. Diferencias que debes dominar
| No confundir | Concepto discriminante |
|---|---|
| Conducta / personalidad | Conducta = respuesta; personalidad = patrones relativamente estables |
| Personalidad / motivación | Motivación dirige y mantiene conducta hacia objetivos |
| Introversión / trastorno | Un rasgo no constituye por sí mismo patología |
| Contemplación / preparación | Preparación implica decisión próxima y planificación o pasos concretos |
| Acción / mantenimiento | Acción = cambio en curso; mantenimiento = consolidación y prevención de retorno |
| Información / educación | Educar incluye comprensión, habilidades, participación y seguimiento |
| Defensa / afrontamiento | Defensa suele conceptualizarse como no consciente; afrontamiento incluye esfuerzos cognitivos y conductuales |
| Edad / capacidad | La capacidad sanitaria no se decide únicamente por edad cronológica ni por una etapa de Piaget |
| Igualdad / equidad | Equidad considera necesidades y barreras diferenciales |
| Empatía / acuerdo | Comprender la perspectiva no obliga a compartirla |
13.2. Preguntas oficiales que orientan el estudio
13.3. Errores del material antiguo que no debes estudiar
- No memorices una regla «consentimiento informado desde los 12 años».
- No presentes las edades de Piaget o Erikson como límites biológicos exactos.
- No llames a los Big Five «cinco tipos de personalidad»: son dimensiones.
- No presentes las cinco reacciones de Kübler-Ross como secuencia universal obligatoria.
- No asumas que informar sobre un riesgo produce automáticamente cambio de conducta.
- No conviertas la recaída en fracaso moral.
- No etiquetes a una persona como «no motivada» sin explorar ambivalencia y barreras.
- No atribuyas una conducta únicamente a cultura o personalidad sin descartar causas clínicas y ambientales.
- No presentes el Plan de Humanización 2021-2024 como si su periodo formal continuara hasta 2026.
- No presentes el IV Plan Andaluz de Salud 2013-2020 como planificación sanitaria vigente: el marco actual es la ESA 2030.
Ideas de máximo rendimiento
Piaget: sensoriomotora → preoperacional → operaciones concretas → operaciones formales.
Erikson: ocho conflictos a lo largo de toda la vida; adolescencia = identidad frente a confusión de roles.
Big Five: apertura, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo/emocionalidad negativa.
Autodeterminación: autonomía, competencia y relación.
Prochaska: precontemplación → contemplación → preparación → acción → mantenimiento; recaída como posible retorno al proceso.
Entrevista motivacional: vincular → enfocar → evocar → planificar; OARS como habilidades básicas.
Bronfenbrenner: micro → meso → exo → macro + dimensión temporal; versión bioecológica = proceso-persona-contexto-tiempo.
Adaptación: no es lineal ni igual en todas las personas.
Enfermería: valorar antes de juzgar, adaptar información, favorecer autonomía, autoeficacia y apoyo.
14. MAPA CONCEPTUAL
│
├── CONDUCTA
│ ├── Factores biológicos
│ ├── Cognición y emociones
│ ├── Aprendizaje
│ │ ├── Condicionamiento clásico
│ │ ├── Condicionamiento operante
│ │ └── Aprendizaje observacional
│ └── Contexto social y cultural
│
├── DESARROLLO
│ ├── Piaget → desarrollo cognitivo
│ │ ├── Sensoriomotora
│ │ ├── Preoperacional
│ │ ├── Operaciones concretas
│ │ └── Operaciones formales
│ ├── Erikson → desarrollo psicosocial en 8 etapas
│ ├── Bowlby/Ainsworth → apego
│ └── Kohlberg → razonamiento moral
│
├── PERSONALIDAD
│ ├── Patrones relativamente estables
│ ├── Temperamento + experiencia
│ └── Big Five
│ ├── Apertura
│ ├── Responsabilidad
│ ├── Extraversión
│ ├── Amabilidad
│ └── Emocionalidad negativa
│
├── HÁBITOS
│ ├── Repetición en contexto estable
│ ├── Señales y consecuencias
│ ├── Automaticidad
│ ├── Autoeficacia
│ └── Modificación del entorno + planificación
│
├── MOTIVACIÓN
│ ├── Intrínseca / extrínseca
│ ├── Autodeterminación
│ │ ├── Autonomía
│ │ ├── Competencia
│ │ └── Relación
│ ├── Prochaska y DiClemente
│ │ ├── Precontemplación
│ │ ├── Contemplación
│ │ ├── Preparación
│ │ ├── Acción
│ │ └── Mantenimiento
│ └── Entrevista motivacional
│ ├── Vincular
│ ├── Enfocar
│ ├── Evocar
│ └── Planificar
│
├── FACTORES SOCIOCULTURALES
│ ├── Determinantes sociales
│ ├── Cultura y valores
│ ├── Alfabetización en salud
│ ├── Familia y apoyo social
│ └── Bronfenbrenner
│ ├── Microsistema
│ ├── Mesosistema
│ ├── Exosistema
│ ├── Macrosistema
│ └── Tiempo
│
├── ADAPTACIÓN A ENFERMEDAD
│ ├── Valoración de amenaza y recursos
│ ├── Afrontamiento
│ │ ├── Centrado en problema
│ │ └── Centrado en emoción
│ ├── Mecanismos de defensa
│ ├── Duelo y pérdidas
│ └── Hospitalización
│
├── CUIDADOS ENFERMEROS
│ ├── Valoración biopsicosocial
│ ├── Escucha activa
│ ├── Información comprensible
│ ├── Toma de decisiones compartida
│ ├── Entrevista motivacional
│ ├── Apoyo a familia/cuidadores
│ └── Seguimiento y reevaluación
│
└── ANDALUCÍA 2026
├── Estrategia Vida Saludable 2024-2030
├── Estrategia Salud Comunitaria 2026-2030
├── Estrategia de Salud de Andalucía 2030
└── Humanización y atención centrada en la persona
15. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
Normativa sanitaria y derechos
- Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. Especialmente arts. 4, 5, 8 y 9.
- Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, en su redacción vigente.
- Ley 2/1998, de 15 de junio, de Salud de Andalucía.
- Ley 16/2011, de 23 de diciembre, de Salud Pública de Andalucía.
Planes y estrategias de Andalucía
- Junta de Andalucía. Estrategia de Promoción de una Vida Saludable en Andalucía 2024-2030.
- Junta de Andalucía / Servicio Andaluz de Salud. Estrategia de Salud Comunitaria de Andalucía 2026-2030.
- Junta de Andalucía. Estrategia de Salud de Andalucía 2030. Aprobada por Acuerdo del Consejo de Gobierno de 11 de febrero de 2026.
- Junta de Andalucía. Plan de Humanización del Sistema Sanitario Público de Andalucía 2021-2024. Periodo formal finalizado; nueva edición en elaboración y continuidad de actuaciones de humanización durante 2025-2026.
- Servicio Andaluz de Salud. Estrategia de Cuidados de Andalucía.
Organismos internacionales
- World Health Organization. World report on social determinants of health equity. Geneva: WHO; 2025.
- World Health Organization. Documentación de referencia sobre promoción de la salud, determinantes sociales y salud sexual.
Desarrollo humano y personalidad
- Piaget J. The Origins of Intelligence in Children. New York: International Universities Press; 1952.
- Erikson EH. Childhood and Society. 2nd ed. New York: Norton; 1963.
- Bowlby J. Attachment and Loss. Vol. 1: Attachment. 2nd ed. New York: Basic Books; 1982.
- Ainsworth MDS, Blehar MC, Waters E, Wall S. Patterns of Attachment. Hillsdale: Erlbaum; 1978.
- Kohlberg L. Essays on Moral Development. Vol. I: The Philosophy of Moral Development. San Francisco: Harper & Row; 1981.
- Costa PT, McCrae RR. Revised NEO Personality Inventory and NEO Five-Factor Inventory Professional Manual. Odessa: Psychological Assessment Resources; 1992.
Motivación, aprendizaje y cambio conductual
- Bandura A. Self-efficacy: toward a unifying theory of behavioral change. Psychological Review. 1977;84(2):191-215.
- Prochaska JO, DiClemente CC. Stages and processes of self-change of smoking: toward an integrative model of change. Journal of Consulting and Clinical Psychology. 1983;51(3):390-395.
- Deci EL, Ryan RM. The “what” and “why” of goal pursuits: human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry. 2000;11(4):227-268.
- Miller WR, Rollnick S. Motivational Interviewing: Helping People Change and Grow. 4th ed. New York: Guilford Press; 2023.
Estrés, afrontamiento y contexto
- Lazarus RS, Folkman S. Stress, Appraisal, and Coping. New York: Springer; 1984.
- Bronfenbrenner U, Morris PA. The bioecological model of human development. En: Handbook of Child Psychology. 6th ed. Wiley; 2006.
Enfermería
- Peplau HE. Interpersonal Relations in Nursing. New York: G.P. Putnam’s Sons; 1952.
- NANDA International. Diagnósticos enfermeros: definiciones y clasificación. Consultar la edición exigida por la convocatoria.
- Moorhead S, Swanson E, Johnson M, Maas ML, eds. Nursing Outcomes Classification (NOC). Consultar edición vigente exigida.
- Wagner CM, Butcher HK, Clarke MF, eds. Nursing Interventions Classification (NIC). Consultar edición vigente exigida.
Exámenes oficiales utilizados para contraste
- Servicio Andaluz de Salud. Enfermero/a, OEP 2021-2022, turno libre. Plantilla definitiva.
- Servicio Andaluz de Salud. Enfermero/a, OPE extraordinaria 2022. Plantilla definitiva; excluida la pregunta anulada 78.
- Servicio Andaluz de Salud. Enfermero/a, OEP 2025, turno libre. Plantilla definitiva.
- Servicio Andaluz de Salud. Prueba aplazada 2025 de Enfermero/a. Utilizada como contraste complementario para el modelo de cambio.
desarrollo humano
Piaget
Erikson
Bowlby
Kohlberg
personalidad
Big Five
hábitos
autoeficacia
motivación
Prochaska y DiClemente
entrevista motivacional
determinantes sociales
Bronfenbrenner
afrontamiento
adaptación
relación enfermera-paciente
SSPA