Tema 51. Cuidados en la adolescencia. Características de la adolescencia. Adquisición de hábitos saludables. Prevención de adicciones. Iniciación a la sexualidad. Programa Forma Joven. Plan Andaluz de Atención a la infancia y adolescencia

57 min agosto 9, 2026 Media Nuevo

Mira, si hay un tema que combina prevención, educación para la salud y programas específicos del SAS, es este. La adolescencia aparece sistemáticamente en los exámenes , especialmente todo lo relacionado con el Programa Forma Joven , las infecciones de transmisión sexual y la prevención de conductas…

Tema 51. Cuidados en la adolescencia. Características de la adolescencia. Adquisición de hábitos saludables. Prevención de adicciones. Iniciación a la sexualidad. Programa Forma Joven. Plan Andaluz de Atención a la infancia y adolescencia

Valoración integral, promoción de la salud, prevención de riesgos y atención enfermera al adolescente en el marco actualizado del SSPA
Oposición: Enfermero/a – Servicio Andaluz de Salud (SAS)
Bloque: Temario Específico | Última actualización: Agosto 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN Y CONCEPTO DE ADOLESCENCIA

La adolescencia es una etapa del ciclo vital caracterizada por una rápida transformación física, neurobiológica, cognitiva, emocional y social. La Organización Mundial de la Salud utiliza como referencia el intervalo de 10 a 19 años, mientras que el concepto de juventud suele extenderse de los 15 a los 24 años. Estas categorías epidemiológicas son útiles para comparar poblaciones, pero en la asistencia sanitaria no deben convertirse en compartimentos rígidos: el ritmo madurativo, la autonomía, el contexto familiar y social y las necesidades de salud varían considerablemente entre personas de la misma edad cronológica.

El error clásico consiste en equiparar adolescencia con pubertad. La pubertad es fundamentalmente el proceso biológico que culmina en la madurez sexual y reproductiva; la adolescencia es un proceso mucho más amplio que incluye, además, la formación de la identidad, la progresiva autonomía respecto a la familia, la integración del grupo de iguales, el desarrollo del pensamiento abstracto, la elaboración de valores propios y la adquisición de competencias necesarias para la vida adulta. Por ello, una valoración enfermera centrada exclusivamente en peso, talla y caracteres sexuales secundarios sería incompleta.

Desde una perspectiva de salud pública, la adolescencia constituye una auténtica ventana de oportunidad. Muchas conductas consolidadas en la edad adulta comienzan o se afianzan durante estos años: patrón de alimentación, práctica de actividad física, horario de sueño, consumo de tabaco, alcohol o cannabis, relación con pantallas y redes sociales, comportamiento vial, cuidado bucodental, sexualidad, utilización de servicios sanitarios y estrategias para manejar el estrés. La prevención desarrollada en esta etapa puede modificar trayectorias de salud durante décadas.

Al mismo tiempo, se trata de una etapa en la que pueden aparecer conductas exploratorias y una mayor susceptibilidad a la influencia del entorno. El adolescente no debe ser considerado automáticamente una persona irresponsable o incapaz de decidir. La progresiva capacidad de razonamiento y autonomía obliga a que la atención sanitaria sea participativa, confidencial, respetuosa y adaptada al grado de madurez. Una relación clínica basada en el juicio moral disminuye la revelación de consumos, prácticas sexuales, violencia, malestar emocional o problemas familiares y, por tanto, reduce la capacidad preventiva del sistema sanitario.

La práctica actual ha abandonado una visión exclusivamente centrada en problemas. El enfoque de desarrollo positivo y activos para la salud identifica también competencias personales, vínculos familiares, amistades protectoras, participación social, apoyo escolar, ocio saludable, habilidades de comunicación, autoestima, capacidad para pedir ayuda y recursos comunitarios. No basta con preguntar qué riesgo tiene un adolescente; es igualmente necesario saber qué recursos posee para afrontar ese riesgo.

Definición de referencia: para la OMS, adolescente es la persona de 10 a 19 años. La pubertad es el proceso biológico de maduración sexual; la adolescencia engloba la pubertad y, además, el desarrollo cognitivo, emocional y social.

En Andalucía, este enfoque se materializa fundamentalmente a través del Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía (PSIAA), el Programa Forma Joven, el Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia de Andalucía 2023-2027, el III Plan de Infancia y Adolescencia de Andalucía 2024-2027 y la Estrategia de Promoción de una Vida Saludable en Andalucía 2024-2030. Es importante distinguir estos instrumentos porque no son sinónimos: unos pertenecen específicamente al ámbito sanitario y otros articulan políticas transversales de infancia.

Actualización terminológica: el epígrafe oficial de la oposición utiliza la expresión «Plan Andaluz de Atención a la infancia y adolescencia», pero en 2026 no debe estudiarse como si existiera un único documento vigente con esa denominación. En el ámbito sanitario el referente es el Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia 2023-2027, mientras que la política autonómica transversal se articula mediante el III Plan de Infancia y Adolescencia 2024-2027.

El papel de enfermería es especialmente relevante porque combina valoración, prevención, educación sanitaria, vacunación, detección precoz, entrevista motivacional, trabajo comunitario y coordinación interprofesional. La enfermera puede identificar una pérdida ponderal sospechosa antes de que se establezca un trastorno de la conducta alimentaria, detectar un consumo problemático que todavía no ha originado dependencia, descubrir una situación de acoso o violencia, corregir mitos sobre anticoncepción, captar para vacunación, identificar síntomas depresivos o simplemente favorecer que un joven desarrolle mayor capacidad para cuidar de sí mismo.

Orientación de examen: diferencia siempre adolescencia, pubertad y juventud. La adolescencia es el concepto integral; la pubertad describe fundamentalmente la maduración biológica y sexual.

2. CRECIMIENTO, PUBERTAD Y DESARROLLO FÍSICO

La pubertad resulta de la activación progresiva del eje hipotálamo-hipófisis-gónadas. La secreción pulsátil de hormona liberadora de gonadotropinas favorece la liberación de LH y FSH, que estimulan ovarios y testículos y determinan el incremento de esteroides sexuales. Paralelamente existe una adrenarquia, relacionada con el aumento de andrógenos suprarrenales, que participa en la aparición de vello púbico y axilar, olor corporal y otros cambios. Adrenarquia y gonadarquia son procesos relacionados, pero no equivalentes; la aparición aislada de vello púbico no demuestra por sí sola una pubertad central completa.

2.1. Inicio y progresión puberal

En las niñas, el primer signo puberal habitual es la telarquia, es decir, el desarrollo mamario. Posteriormente progresan el vello púbico, el estirón de crecimiento y la maduración genital. La menarquia suele aparecer aproximadamente dos o tres años después del inicio del desarrollo mamario y no significa que haya concluido todo el proceso de maduración.

En los niños, el signo más fiable de inicio de pubertad central es el aumento del volumen testicular, habitualmente considerado significativo a partir de unos 4 ml. Después se producen crecimiento peneano, aparición de vello, cambio progresivo de la voz, desarrollo muscular y estirón puberal. El crecimiento acelerado suele producirse algo más tarde que en las niñas.

La escala de Tanner describe cinco estadios de maduración sexual. El estadio I corresponde al estado prepuberal y el estadio V a la maduración adulta. En niñas se valora principalmente desarrollo mamario y vello púbico; en niños, genitales y vello. Es una herramienta descriptiva del desarrollo, no una forma de asignar automáticamente una edad: una misma fase puede presentarse a distintas edades dentro de la variabilidad fisiológica.

Aspecto Niñas Niños
Primer signo puberal habitual Desarrollo mamario Aumento del volumen testicular
Pubertad precoz clásica Signos antes de los 8 años Signos antes de los 9 años
Retraso puberal que requiere valoración Ausencia de desarrollo mamario a los 13 años Ausencia de crecimiento testicular a los 14 años
Escala clínica Tanner I-V Tanner I-V

2.2. Pubertad precoz y retraso puberal

Se considera clásicamente pubertad precoz la aparición de signos de pubertad antes de los 8 años en niñas o antes de los 9 años en niños. No todo cambio aislado tiene el mismo significado: una telarquia aislada o una adrenarquia prematura pueden tener mecanismos diferentes de una activación completa del eje gonadal. La progresión rápida, el crecimiento acelerado, la edad ósea adelantada, signos neurológicos o una evolución atípica justifican evaluación especializada.

La definición contemporánea de retraso puberal merece especial atención porque parte del material de oposiciones antiguo ha quedado desactualizado. Las referencias endocrinológicas actuales consideran indicativo de retraso la ausencia de desarrollo mamario en una niña a los 13 años y la ausencia de aumento testicular puberal en un niño a los 14 años. Esto no significa que todos esos casos correspondan a enfermedad endocrina: el retraso constitucional del crecimiento y de la pubertad puede ser una variante normal, especialmente cuando existe antecedente familiar, pero debe diferenciarse de enfermedad crónica, malnutrición, ejercicio extremo, trastornos de la conducta alimentaria, hipogonadismo y alteraciones hipofisarias o gonadales.

OEP SAS 2016, prueba aplazada, pregunta 60: la plantilla de aquella convocatoria consideró como criterio de pubertad tardía la ausencia de caracteres secundarios después de 14 años en niñas y 14 años y medio en niños. Este dato no debe trasladarse sin actualización a 2026. Actualmente, para valoración clínica del retraso puberal se emplea como referencia ausencia de desarrollo mamario a los 13 años en niñas y ausencia de aumento testicular a los 14 años en niños.

2.3. Estirón de crecimiento y composición corporal

Durante la pubertad aumenta la velocidad de crecimiento y se modifica la composición corporal. En términos generales, las niñas incrementan proporcionalmente más la masa grasa fisiológica y los niños desarrollan mayor masa magra bajo influencia androgénica, aunque existe gran variabilidad individual. Estas diferencias deben explicarse con sensibilidad, porque la discrepancia entre la imagen corporal esperada y los cambios fisiológicos puede contribuir a insatisfacción corporal, dietas restrictivas o ejercicio compulsivo.

La valoración antropométrica debe incluir peso, talla, evolución longitudinal y el índice de masa corporal referido a edad y sexo. Un error frecuente es aplicar sin más los puntos de corte de IMC de adultos a un adolescente. Durante el crecimiento, la interpretación debe apoyarse en referencias pediátricas y en la trayectoria previa: un cambio rápido de percentil o una desaceleración del crecimiento puede ser más informativo que una cifra aislada.

La enfermera debe integrar datos físicos y contexto. Una pérdida de peso puede deberse a una dieta intencionada, malabsorción, enfermedad inflamatoria, hipertiroidismo, depresión, consumo de sustancias o trastorno alimentario. Un crecimiento insuficiente puede ser constitucional o revelar enfermedad crónica. La clínica y la evolución longitudinal tienen, por tanto, mayor valor que una clasificación mecánica.

Evita una regla antigua: las recomendaciones energéticas no deben memorizarse como una cifra fija de kilocalorías para «una chica de 16 años» o «un chico de 15 años». Las necesidades dependen de crecimiento, composición corporal, actividad física y situación clínica; las antiguas cifras únicas tienen escasa utilidad asistencial actual.

2.4. Implicaciones enfermeras

La valoración puberal debe realizarse preservando la intimidad, explicando previamente el objetivo de cualquier exploración y evitando comentarios innecesarios sobre la apariencia corporal. La atención respetuosa es especialmente importante cuando existe diversidad corporal, discapacidad, disforia relacionada con los cambios puberales, antecedentes de violencia sexual o elevada preocupación por la imagen.

Los hallazgos que requieren especial atención incluyen pubertad precoz, retraso o detención de la progresión puberal, pérdida o ganancia ponderal rápida, alteración importante de velocidad de crecimiento, amenorrea que precise estudio, síntomas sistémicos, cefalea o alteraciones visuales asociadas a cambios hormonales, signos de trastorno alimentario y cualquier cambio que genere intenso sufrimiento psicológico.

3. DESARROLLO COGNITIVO, EMOCIONAL Y PSICOSOCIAL

El desarrollo adolescente no puede entenderse únicamente desde las hormonas. Durante esta etapa madura progresivamente la capacidad para manejar conceptos abstractos, anticipar consecuencias, cuestionar normas, construir hipótesis y reflexionar sobre el propio pensamiento. La descripción clásica de Piaget sitúa aquí el acceso a las operaciones formales. No todos los adolescentes aplican este razonamiento de manera uniforme en todas las situaciones y el desarrollo cognitivo continúa posteriormente, por lo que no debe interpretarse esta teoría como un cambio brusco que ocurre en un cumpleaños concreto.

La maduración de los sistemas cerebrales implicados en recompensa, emoción, regulación conductual y planificación se produce a ritmos diferentes. Esta realidad ayuda a comprender por qué una persona que razona perfectamente sobre un riesgo en consulta puede adoptar una decisión distinta en una situación emocional intensa o bajo presión de iguales. La intervención preventiva eficaz no se limita, por ello, a transmitir información: debe trabajar habilidades para decidir, anticipar situaciones, resistir presión social, pedir ayuda y manejar emociones.

3.1. Identidad y autonomía

En la teoría psicosocial de Erik Erikson, la tarea característica de la adolescencia se expresa como identidad frente a confusión de identidad. El joven integra su historia previa, su cuerpo en transformación, valores, orientación vocacional, pertenencias, relaciones, sexualidad y expectativas de futuro. El objetivo no es separarse completamente de la familia, sino alcanzar una autonomía progresiva compatible con vínculos seguros.

La exploración de distintas opciones forma parte del desarrollo normal. Los modelos de Marcia ampliaron la reflexión sobre identidad mediante las dimensiones de exploración y compromiso. Desde la consulta enfermera interesa principalmente comprender que dudas sobre estudios, valores, relaciones o proyecto vital pueden formar parte del desarrollo sin constituir patología. El problema aparece cuando el malestar es persistente, provoca deterioro funcional intenso o se asocia a depresión, violencia, consumo problemático o aislamiento.

3.2. Egocentrismo adolescente y percepción del riesgo

David Elkind describió fenómenos como la audiencia imaginaria, relacionada con la sensación de estar continuamente observado, y la fábula personal, asociada a la vivencia de singularidad e invulnerabilidad. Son modelos útiles para comprender determinadas preocupaciones por la imagen y algunas conductas de riesgo, aunque no deben emplearse como etiquetas rígidas.

El mensaje preventivo «esto es peligroso» puede resultar insuficiente cuando el joven ya conoce el riesgo pero considera improbable que le suceda a él. Son más eficaces las estrategias que vinculan la conducta con objetivos significativos para el adolescente, exploran ambivalencias y aumentan su capacidad de decisión. Esto explica la utilidad de la entrevista motivacional en consumos, actividad física, alimentación y otras conductas modificables.

Perla de examen: en Erikson, la crisis característica de la adolescencia es identidad frente a confusión de identidad. En la teoría de Elkind, audiencia imaginaria y fábula personal son conceptos distintos del pensamiento formal descrito por Piaget.

3.3. El grupo de iguales

Los iguales adquieren gran relevancia como fuente de pertenencia, apoyo y validación. La influencia del grupo no es intrínsecamente negativa: las amistades pueden favorecer actividad física, rendimiento académico, participación comunitaria y búsqueda de ayuda. El riesgo aparece cuando la necesidad de pertenencia se vincula a consumos, conducción peligrosa, violencia, retos digitales, prácticas sexuales no deseadas u otras conductas de alto riesgo.

Para enfermería es importante identificar tanto presión de grupo como apoyo de grupo. Las intervenciones con mediadores juveniles y educación entre iguales aprovechan precisamente la capacidad positiva de la red social adolescente. Forma Joven utiliza este enfoque participativo y pretende que los jóvenes sean agentes activos, no receptores pasivos de recomendaciones.

3.4. Familia y estilos educativos

Aunque aumenta la autonomía, la familia continúa siendo un determinante central. La combinación de afecto, comunicación, límites consistentes y supervisión adaptada a la edad actúa como factor protector. El control excesivamente intrusivo puede dificultar la autonomía, mientras que la ausencia total de límites deja al joven sin estructura. La intervención sanitaria debe evitar culpabilizar a la familia y promover habilidades de comunicación y negociación.

En consulta conviene explorar conflictos familiares, cambios importantes, separación parental, enfermedad de un progenitor, dificultades económicas, responsabilidades de cuidado, migración, discriminación, violencia y calidad del apoyo disponible. Los determinantes sociales condicionan oportunidades reales para alimentarse bien, practicar deporte, descansar o acceder a espacios seguros.

3.5. Desarrollo positivo

La visión moderna incorpora activos como autoestima realista, habilidades sociales, autorregulación, resolución de problemas, sentimiento de pertenencia, apoyo familiar, vínculo escolar, acceso a actividades culturales o deportivas y existencia de adultos de confianza. Identificarlos mejora la valoración porque permite diseñar intervenciones apoyadas en fortalezas ya existentes.

La promoción de autonomía debe ser gradual. El adolescente puede responsabilizarse progresivamente de conocer su tratamiento, solicitar citas, manejar medicación, comprender una enfermedad crónica, identificar signos de alarma y participar en decisiones. Esta transición es especialmente importante en jóvenes con diabetes, asma, epilepsia, enfermedad inflamatoria, discapacidad u otros procesos que continuarán en la vida adulta.

4. VALORACIÓN INTEGRAL Y ENTREVISTA ENFERMERA

La entrevista con un adolescente necesita condiciones diferentes de las utilizadas con un niño pequeño. Debe combinar la participación familiar con un espacio de atención individual y confidencial. Ofrecer parte de la entrevista a solas normaliza la autonomía y facilita hablar sobre salud mental, sexualidad, consumos, violencia, conflictos familiares o identidad. Si solo se ofrece privacidad cuando se sospecha un problema, tanto el joven como la familia pueden interpretarlo como señal de alarma.

La confidencialidad debe explicarse desde el principio junto con sus límites. El profesional no puede prometer secreto absoluto cuando existe riesgo grave para la vida o salud, sospecha de maltrato o violencia, peligro para terceros u otras situaciones que obligan legalmente a actuar. Informar previamente de estos límites aumenta la confianza, porque evita que el adolescente descubra después que determinados datos debían comunicarse.

4.1. Estructura de la entrevista

Una estrategia útil consiste en comenzar con aspectos poco amenazantes y progresar hacia asuntos más sensibles. El esquema internacional HEEADSSS puede emplearse como recordatorio clínico: hogar y relaciones familiares; educación o empleo; alimentación; actividades y relaciones; drogas; sexualidad; estado emocional, autolesión y suicidio; y seguridad. No es un protocolo obligatorio del SAS ni sustituye instrumentos validados, pero ayuda a evitar omisiones en una entrevista integral.

Las preguntas abiertas favorecen información de mayor calidad: «¿Cómo van las cosas en casa?», «¿Qué haces cuando estás preocupado?», «¿Hay algo relacionado con alcohol, vapeadores u otras sustancias que te preocupe?». El tono debe ser neutral. Preguntar «Tú no fumas, ¿verdad?» condiciona la respuesta y transmite juicio.

4.2. Valoración física

La exploración debe adaptarse al motivo de consulta e incluir cuando proceda peso, talla, evolución del IMC para edad y sexo, presión arterial con manguito adecuado, estado vacunal, desarrollo puberal, piel, salud bucodental, visión, audición, aparato locomotor y signos relacionados con enfermedad crónica. En deportistas o jóvenes con restricción alimentaria deben explorarse síntomas de baja disponibilidad energética, lesiones repetitivas, mareos, alteraciones menstruales y otros indicadores de riesgo.

Los cambios longitudinales son esenciales. Un peso aparentemente «normal» no excluye un trastorno alimentario si se ha producido una pérdida rápida. Una presión arterial aislada debe confirmarse adecuadamente. Los hallazgos puberales deben interpretarse dentro de la evolución y no de forma independiente.

4.3. Valoración psicosocial

Debe investigarse rendimiento y asistencia escolar, relaciones, ocio, actividad física, sueño, alimentación, uso de pantallas, consumo de sustancias, sexualidad, seguridad vial, bullying y ciberbullying, violencia en pareja, violencia familiar, autolesiones, ánimo depresivo, ansiedad y disponibilidad de apoyo. La finalidad no es convertir cada visita en un interrogatorio, sino identificar riesgos prioritarios y oportunidades de prevención.

Las preguntas sobre suicidio deben formularse con claridad cuando existe indicación clínica. Expresiones vagas como «¿estás un poco mal?» son insuficientes. Ante ideación suicida es necesario valorar intensidad, intencionalidad, planificación, acceso a medios, intentos previos, consumo de sustancias, impulsividad, factores protectores y posibilidad de supervisión. El riesgo inminente requiere actuación urgente y no puede manejarse únicamente con consejos generales.

4.4. Adolescente con enfermedad crónica

La transición desde un modelo gestionado por los padres hacia el autocuidado debe comenzar antes del paso a unidades de adultos. La enfermera puede comprobar si el adolescente conoce el nombre de su enfermedad, medicación, dosis, alergias, signos de descompensación, forma de solicitar asistencia y consecuencias de abandonar el tratamiento. La adquisición gradual de estas competencias reduce discontinuidades en la transición.

Regla práctica: una buena consulta adolescente combina entrevista con la familia y un espacio privado con el joven, explica los límites de confidencialidad, explora riesgos y fortalezas y evita un enfoque moralizante.

4.5. Consentimiento sanitario

La Ley 41/2002 establece que cuando el menor no es capaz intelectual ni emocionalmente de comprender el alcance de la intervención, el consentimiento corresponde a su representante legal después de escuchar su opinión. En los menores emancipados y mayores de 16 años, como regla general, no cabe consentimiento por representación. Existe una excepción importante: cuando la actuación comporta, a criterio facultativo, grave riesgo para la vida o salud del menor, el consentimiento corresponde al representante legal después de oír y tener en cuenta al menor.

Este régimen no debe confundirse con la edad de consentimiento para tratamiento de datos personales, que responde a otra regulación. Tampoco debe olvidarse que determinadas materias disponen de normas específicas. La evaluación debe ser individual y respetar el interés superior del menor.

Trampa clásica: cumplir 16 años no significa autonomía absoluta para cualquier actuación. La regla general reconoce capacidad sanitaria propia, pero una actuación de grave riesgo para la vida o salud constituye una excepción legal relevante.

5. ADQUISICIÓN DE HÁBITOS SALUDABLES

Los hábitos se adquieren mediante repetición, aprendizaje social, disponibilidad ambiental, expectativas y refuerzos. Por ello, decir a un adolescente que «coma mejor» o «haga deporte» sin explorar su contexto suele tener poco efecto. La intervención enfermera debe transformar una recomendación abstracta en objetivos factibles, medibles y relacionados con intereses significativos para la persona.

5.1. Alimentación

La adolescencia combina crecimiento acelerado, cambios de composición corporal y, en algunos casos, intensa actividad física. La alimentación debe ser suficiente, variada y equilibrada. Un patrón de tipo mediterráneo, con predominio de verduras, frutas, legumbres, cereales preferentemente integrales, frutos secos, aceite de oliva, pescado y otras fuentes adecuadas de proteínas, constituye una referencia razonable en nuestro entorno. El agua debe ser la bebida habitual.

Conviene limitar bebidas azucaradas, bebidas energéticas, productos con alta densidad energética y escaso valor nutricional y consumo habitual de alimentos ultraprocesados. La educación no debe presentar alimentos de forma moralizante como «buenos» o «malos» ni promover dietas restrictivas no indicadas, especialmente en personas con preocupación corporal.

Hierro, calcio, vitamina D y otros nutrientes son relevantes durante el crecimiento, pero la suplementación sistemática no debe recomendarse sin indicación. Menstruaciones abundantes, dietas vegetarianas mal planificadas, restricción alimentaria o determinadas enfermedades pueden aumentar el riesgo de deficiencias y requieren valoración individual.

Evita recomendaciones rígidas: las necesidades energéticas de un adolescente no pueden resumirse en una cifra fija según edad y sexo. Dependen del crecimiento, actividad, composición corporal y situación clínica.

5.2. Actividad física y sedentarismo

La OMS utiliza como referencia para niños y adolescentes una media de al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa. Debe incluir actividad vigorosa y ejercicios que fortalezcan músculo y hueso varios días por semana. La recomendación pretende favorecer salud cardiovascular, musculoesquelética, metabólica y mental.

No es necesario que toda la actividad adopte forma deportiva organizada. Caminar o pedalear como desplazamiento, bailar, jugar, realizar actividades al aire libre o participar en deportes recreativos también contribuyen. Para un adolescente inactivo resulta más realista aumentar progresivamente la actividad que imponer inmediatamente un objetivo que perciba inalcanzable.

Dato de alta rentabilidad: la referencia internacional para adolescentes es una media de al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada-vigorosa. No debe confundirse con las recomendaciones de actividad de los adultos.

5.3. Sueño

El sueño influye en memoria, regulación emocional, rendimiento académico, metabolismo y seguridad. Durante la adolescencia existe una tendencia fisiológica al retraso de fase: el joven tiende a dormirse y despertarse más tarde. Los horarios escolares, estudio nocturno, redes sociales, videojuegos, cafeína y bebidas energéticas pueden aumentar la privación de sueño.

Como referencia, los adolescentes de 13 a 18 años suelen necesitar aproximadamente 8 a 10 horas de sueño por 24 horas. Debe promoverse regularidad horaria, reducción de estimulantes por la tarde-noche, ambiente apropiado y disminución del uso de pantallas antes de dormir cuando interfiera con el descanso.

Ronquido intenso, pausas respiratorias, somnolencia diurna marcada, insomnio persistente, síndrome de piernas inquietas, deterioro funcional o alteración importante del ritmo sueño-vigilia requieren una valoración más específica.

5.4. Pantallas, redes sociales y videojuegos

La actualización del PSIAA de 2025 incorporó expresamente contenidos relacionados con el uso problemático de pantallas y nuevas tecnologías. El enfoque debe centrarse en impacto funcional más que en una cifra aislada de horas: sueño desplazado, abandono de actividad física, deterioro académico, aislamiento, conflictos familiares, exposición a violencia o sexualización, pérdida de control, uso nocturno compulsivo y alteración emocional son señales relevantes.

Las redes también ofrecen beneficios: contacto social, aprendizaje, creatividad y acceso a comunidades de apoyo. El objetivo sanitario no es demonizarlas, sino desarrollar competencia digital, privacidad, pensamiento crítico, autocontrol y equilibrio. Deben abordarse ciberacoso, sextorsión, difusión no consentida de imágenes íntimas, apuestas, publicidad encubierta y contenido que promueve autolesiones, trastornos alimentarios o consumo de sustancias.

5.5. Salud bucodental y autocuidado

La higiene oral requiere cepillado regular con pasta fluorada adecuada, control dietético de azúcares libres y revisiones según necesidad. Ortodoncia, piercing oral, consumo de tabaco y bebidas ácidas requieren consejos específicos. El tabaquismo y los productos de nicotina afectan también a la salud oral.

5.6. Prevención de accidentes

Los accidentes de tráfico, deportes, actividades acuáticas y determinadas conductas impulsivas son áreas prioritarias. Deben reforzarse uso de cinturón, casco cuando corresponda, sistemas de protección deportiva, rechazo de conducción bajo efectos de alcohol o drogas y evitación de subir a un vehículo conducido por una persona que ha consumido. En jóvenes que utilizan patinetes, bicicletas u otros dispositivos debe insistirse en normas de seguridad y visibilidad.

5.7. Fotoprotección y hábitos ambientales

La prevención del daño solar debe comenzar precozmente. Se recomienda evitar quemaduras, utilizar medidas físicas de protección, buscar sombra y aplicar correctamente fotoprotector cuando exista exposición relevante. La educación ambiental, contacto con espacios verdes y ocio activo también forman parte de una perspectiva amplia de vida saludable.

6. SALUD EMOCIONAL, RELACIONES Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA

El bienestar emocional no significa ausencia permanente de tristeza, preocupación o conflicto. Durante la adolescencia son normales fluctuaciones emocionales y situaciones de estrés, pero deben distinguirse de síntomas persistentes que alteran sueño, alimentación, relaciones, rendimiento académico o funcionamiento cotidiano. El objetivo de enfermería es identificar cambios significativos, valorar seguridad y facilitar acceso precoz a los recursos adecuados.

6.1. Factores protectores

Entre los factores que favorecen bienestar destacan relaciones familiares seguras, presencia de adultos de confianza, pertenencia escolar, amistades protectoras, actividad física, descanso suficiente, capacidad para identificar emociones, habilidades de resolución de problemas, participación comunitaria y facilidad para pedir ayuda. Promover estas competencias es prevención primaria de salud mental.

6.2. Ansiedad y depresión

Tristeza persistente, irritabilidad marcada, pérdida de interés, aislamiento, deterioro académico, cambios importantes de sueño o apetito, sentimientos de inutilidad, preocupación incontrolable o síntomas somáticos repetidos pueden requerir evaluación. En adolescentes, la depresión puede expresarse como irritabilidad y no exclusivamente como tristeza verbalizada.

La detección debe continuar con una valoración clínica y, cuando proceda, instrumentos validados. Un cuestionario de cribado no constituye por sí mismo un diagnóstico. Ante síntomas relevantes deben analizarse duración, intensidad, repercusión, consumo de sustancias, contexto familiar, violencia, bullying y riesgo suicida.

6.3. Autolesión y riesgo suicida

La autolesión y la conducta suicida requieren una respuesta estructurada. Preguntar directamente por pensamientos de muerte, autolesión o suicidio cuando existe sospecha no debe evitarse por temor a «dar ideas». Lo importante es valorar riesgo, planificación, medios disponibles, intentos previos, impulsividad, intoxicación, apoyo disponible y capacidad para garantizar seguridad.

La existencia de plan inmediato, intención intensa, intento reciente, intoxicación grave, agitación severa, psicosis o imposibilidad de garantizar supervisión obliga a una atención urgente. Nunca debe dejarse solo a un adolescente con riesgo suicida inminente ni reducir el problema a una promesa de «no hacerlo».

6.4. Trastornos de la conducta alimentaria

La detección precoz debe sospecharse ante pérdida ponderal, restricción intensa, miedo persistente a ganar peso, atracones, vómitos provocados, ejercicio compulsivo, preocupación corporal desproporcionada, mareos, síncope, bradicardia, alteraciones menstruales o abandono de comidas. Un IMC no extremadamente bajo no excluye un trastorno grave, especialmente si la pérdida ha sido rápida.

Los mensajes preventivos deben centrarse en salud y funcionalidad, evitando estigmatizar el peso. Las campañas que exageran el miedo a la obesidad pueden resultar contraproducentes en personas vulnerables. La conversación debe valorar alimentación, actividad, imagen corporal, salud emocional y entorno social como un conjunto.

6.5. Bullying, ciberbullying y violencia

El acoso puede manifestarse como lesiones, dolor somático recurrente, absentismo, descenso académico, ansiedad, pérdida de objetos, aislamiento o rechazo súbito del entorno escolar. El ciberacoso amplía el alcance porque puede mantenerse fuera del centro educativo y difundirse rápidamente. Preguntar de forma directa y privada facilita la detección.

La violencia en relaciones afectivas adolescentes puede incluir control de amistades, vigilancia del teléfono, exigencia de contraseñas, aislamiento, humillación, amenazas, coacción sexual y difusión de imágenes. La prevención debe enseñar que celos y control no constituyen demostraciones de amor.

OEP SAS 2016, prueba aplazada, pregunta 61: se consideró falsa la afirmación de que no existía evidencia que apoyara prevenir la violencia de género en adolescentes. La idea esencial continúa plenamente vigente: la prevención debe comenzar antes de que se consoliden patrones de relación violenta.

La Ley Orgánica 8/2021 de protección integral frente a la violencia reforzó el enfoque preventivo y la actuación coordinada de los ámbitos sanitario, educativo y social. La sospecha de violencia sobre un menor no puede quedar protegida por una interpretación absoluta del secreto profesional; deben activarse los procedimientos de protección y comunicación previstos.

Límite de la confidencialidad: riesgo grave, violencia, abuso o una situación que comprometa seriamente la seguridad del menor obligan a priorizar su protección y aplicar el protocolo correspondiente.

6.6. Diversidad

La atención debe ser respetuosa con orientación sexual, identidad y expresión de género, origen cultural, discapacidad y modelos familiares. Preguntar qué nombre utiliza la persona, qué pronombres prefiere cuando sea relevante y evitar asumir automáticamente heterosexualidad o determinadas prácticas mejora la calidad de la entrevista. La discriminación y el rechazo pueden actuar como determinantes de malestar y deben valorarse.

7. PREVENCIÓN DE ADICCIONES Y CONDUCTAS DE RIESGO

La prevención de adicciones en adolescentes debe iniciarse antes de que aparezca dependencia. El objetivo es evitar o retrasar el inicio, reducir la exposición, impedir progresión hacia patrones problemáticos, identificar precozmente consumos y actuar sobre los factores sociales que los favorecen. Las estrategias basadas únicamente en mensajes alarmistas han demostrado menor utilidad que las intervenciones que combinan información veraz, habilidades personales, regulación ambiental, apoyo familiar y trabajo comunitario.

7.1. Situación epidemiológica

La encuesta estatal ESTUDES 2025, realizada entre estudiantes de 14 a 18 años, muestra una reducción de diversos consumos respecto a ediciones previas, pero confirma que continúan siendo un problema de salud pública. El alcohol sigue siendo la sustancia psicoactiva más consumida: el 73,9 % declaró haberlo probado alguna vez y el 51,8 % lo había consumido en los últimos 30 días. Las borracheras y el consumo intensivo descendieron, pero permanecen presentes.

El tabaco alcanzó mínimos de la serie: 27,3 % había fumado alguna vez y 4,3 % declaró consumo diario. El cannabis, aunque también descendió, continúa siendo la sustancia ilegal más consumida, con 21 % que lo había probado alguna vez. Un dato especialmente relevante es la elevada experimentación con cigarrillos electrónicos: 49,5 % refirió haberlos utilizado alguna vez.

Dato actualizado a ESTUDES 2025: alcohol continúa siendo la sustancia psicoactiva más consumida entre estudiantes de 14-18 años; cannabis es la droga ilegal de mayor prevalencia. Los cigarrillos electrónicos no son un fenómeno marginal y casi la mitad declaró haberlos probado alguna vez.

7.2. Alcohol

En población menor de edad el mensaje sanitario debe ser claro: no existe un patrón de consumo de alcohol que deba recomendarse como saludable. La adolescencia añade riesgos relacionados con intoxicaciones, accidentes, violencia, prácticas sexuales sin protección, deterioro académico y asociación con otros consumos.

El binge drinking o consumo intensivo en un corto periodo merece especial atención por su relación con intoxicación aguda y conductas de riesgo. La valoración debe explorar cantidad, frecuencia, contexto, episodios de embriaguez, pérdida de memoria, consecuencias, conducción y consumo simultáneo de otras sustancias.

7.3. Tabaco, nicotina y vapeadores

La prevención no puede limitarse al cigarrillo convencional. Vapeadores, cigarrillos electrónicos, tabaco calentado y otras presentaciones pueden contener nicotina y facilitar dependencia. Sabores, diseño y percepción de menor riesgo favorecen la experimentación juvenil. La ausencia de combustión no convierte un producto inhalado en inocuo.

En adolescentes que ya consumen nicotina, la intervención debe valorar dependencia, desencadenantes, situaciones sociales y motivación para abandonar. Debe evitarse el reproche y reforzarse cualquier intento de cambio. Cuando se plantea tratamiento farmacológico en menores, debe individualizarse y ajustarse a la evaluación médica y recomendaciones vigentes; no deben extrapolarse automáticamente pautas de adultos.

7.4. Cannabis

El cannabis puede afectar memoria, atención, aprendizaje, coordinación y rendimiento. El inicio temprano, consumo frecuente, preparados de elevada potencia y coexistencia de vulnerabilidad psiquiátrica aumentan el riesgo de consecuencias adversas. En consulta debe explorarse frecuencia, motivo de consumo, concentración cuando sea conocida, combinación con tabaco, conducción y repercusión funcional.

Debe desmontarse el razonamiento de que «natural» equivale a seguro. También es importante diferenciar debate social sobre regulación en adultos de la recomendación sanitaria para adolescentes.

7.5. Otras sustancias

Hipnosedantes sin prescripción, estimulantes, cocaína, MDMA, alucinógenos y sustancias emergentes tienen prevalencias menores que alcohol o cannabis, pero pueden producir toxicidad grave. Debe preguntarse por automedicación, fármacos compartidos y productos adquiridos por internet. La composición incierta aumenta el riesgo.

7.6. Adicciones comportamentales

Juego con dinero, apuestas deportivas, videojuegos y determinados usos de internet pueden evolucionar hacia pérdida de control. La valoración debe centrarse en deterioro funcional: mentir sobre el tiempo o dinero empleado, incapacidad para reducirlo, abandono de actividades, uso para escapar del malestar, endeudamiento o utilización nocturna que impide dormir.

7.7. Prevención eficaz

Son especialmente relevantes las habilidades para resistir presión de iguales, cuestionar publicidad, reconocer estrategias comerciales, gestionar emociones, planificar ocio alternativo y pedir ayuda. La familia debe recibir pautas sobre comunicación, normas coherentes, conocimiento del grupo de iguales y disponibilidad de alcohol, medicamentos o dinero.

La entrevista motivacional es útil cuando existe ambivalencia. El profesional explora ventajas y desventajas percibidas, evita confrontaciones, pregunta por la disposición al cambio y favorece que el propio joven verbalice razones para modificar la conducta. En lugar de «tienes que dejarlo», puede ser más productivo explorar «qué cosas buenas y qué problemas te está dando» y «qué cambio estarías dispuesto a intentar».

Principio preventivo: retrasar el inicio del consumo, reducir accesibilidad, fortalecer competencias personales, implicar familia y comunidad e identificar precozmente los patrones de riesgo ofrece más protección que una intervención aislada basada en información.

8. INICIACIÓN A LA SEXUALIDAD Y EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL

La sexualidad es una dimensión humana que incluye aspectos corporales, afectivos, relacionales, identitarios, reproductivos y sociales. Reducir la educación sexual a anticoncepción o infecciones transmite una visión incompleta y dificulta abordar consentimiento, placer, respeto, diversidad, presión de pareja, comunicación y relaciones igualitarias.

8.1. Educación sexual basada en evidencia

La evidencia internacional sobre educación sexual integral contradice uno de los mitos más frecuentes: ofrecer información adecuada no adelanta las relaciones sexuales. Los programas bien diseñados pueden retrasar el inicio, aumentar el uso de anticoncepción y reducir prácticas de riesgo. Los modelos centrados exclusivamente en abstinencia son menos completos porque no preparan adecuadamente a quienes finalmente mantienen relaciones.

Perla de examen: una educación sexual integral de calidad no fomenta el inicio precoz de relaciones. Su objetivo es aumentar conocimientos y competencias para que las decisiones sean libres, informadas, respetuosas y seguras.

8.2. Consentimiento y relaciones saludables

El consentimiento sexual debe ser libre y no obtenido mediante miedo, presión, intoxicación, chantaje o abuso de poder. Puede retirarse y no se presume por una relación previa. La educación debe trabajar habilidades para expresar límites y respetar los ajenos.

La enfermera debe explorar posibles situaciones de coerción cuando existe discrepancia importante de edad o poder, relaciones que generan miedo, control digital, sexo no deseado, intercambio de imágenes bajo presión o embarazo e ITS en contextos que no encajan con la historia referida.

8.3. Diversidad sexual y de género

La orientación sexual y la identidad de género no deben tratarse como enfermedades. El objetivo profesional es proporcionar un entorno seguro, evitar supuestos, atender necesidades concretas y detectar discriminación o violencia. El riesgo para la salud no deriva de pertenecer a una minoría, sino en gran medida de factores como estigma, rechazo y barreras de acceso.

8.4. Pornografía y redes

Una parte de los adolescentes accede a pornografía antes de disponer de educación sexual suficiente. Debe explicarse que el contenido pornográfico no constituye un modelo realista sobre relaciones, consentimiento, cuerpos o anticoncepción. La alfabetización crítica ayuda a diferenciar ficción comercial de interacción afectiva real.

El sexting voluntario entre personas puede implicar riesgos importantes cuando las imágenes se comparten sin consentimiento. Deben abordarse privacidad, permanencia digital, coacción y sextorsión. Ante difusión no consentida o amenaza se prioriza protección, apoyo y activación de recursos, evitando culpabilizar a la víctima.

8.5. Comunicación clínica

Las preguntas sanitarias deben centrarse en prácticas relevantes y no únicamente en etiquetas de orientación: existencia de relaciones, tipo de contacto, uso de barreras, número y características de parejas cuando sea clínicamente pertinente, posibilidad de embarazo, síntomas de ITS, antecedentes de coerción y necesidades anticonceptivas.

La comunicación inclusiva mejora la precisión de la historia clínica. Preguntar «¿mantienes relaciones sexuales?» seguido de cuestiones concretas cuando corresponda resulta más útil que asumir automáticamente heterosexualidad o un tipo de práctica.

8.6. Embarazo en la adolescencia

La prevención del embarazo no planificado exige acceso a información, anticoncepción efectiva y servicios que reduzcan barreras. Cuando existe embarazo, el abordaje debe ser respetuoso, sin culpabilización, valorar situación clínica y psicosocial, seguridad, apoyo familiar y posibles situaciones de violencia o coerción.

La legislación española vigente establece que la interrupción voluntaria del embarazo puede ser consentida por la mujer a partir de los 16 años sin necesidad de consentimiento de representantes legales, conforme a la regulación específica de salud sexual y reproductiva. En menores de 16 se aplica el régimen correspondiente de consentimiento por representación.

No confundas normas: consentimiento sanitario general, tratamiento de datos personales y decisiones reguladas por legislación específica tienen regímenes jurídicos diferentes. La edad de 14 años prevista para determinados consentimientos de protección de datos no es la regla general de consentimiento sanitario.

9. ANTICONCEPCIÓN, ITS, VPH Y PREVENCIÓN DEL CÁNCER DE CÉRVIX

9.1. Prevención de infecciones de transmisión sexual

La prevención de ITS combina educación, vacunación, uso de barreras, pruebas diagnósticas cuando están indicadas, tratamiento adecuado, estudio de contactos según la infección y reducción de prácticas de riesgo. El preservativo aporta protección frente a numerosas ITS y también evita embarazos, aunque su grado de protección varía según la infección y la existencia de lesiones en áreas no cubiertas.

La ausencia de síntomas no excluye una ITS. Clamidia, gonococia y otras infecciones pueden ser asintomáticas. La decisión de realizar pruebas debe basarse en prácticas sexuales, exposición, síntomas, antecedentes y recomendaciones sanitarias actuales, y no en juicios sobre la persona.

En caso de exposición al VIH deben conocerse los circuitos de valoración urgente para profilaxis posexposición cuando esté indicada. En personas con riesgo continuado puede valorarse profilaxis preexposición conforme a los programas vigentes.

9.2. Anticoncepción

La elección anticonceptiva debe ser compartida y considerar eficacia, preferencias, contraindicaciones, capacidad de adherencia y necesidad de protección frente a ITS. Métodos hormonales y dispositivos intrauterinos previenen embarazo, pero no sustituyen al preservativo para prevención de infecciones.

La estrategia conocida como doble protección combina un método anticonceptivo eficaz con preservativo. Resulta especialmente útil cuando existe riesgo simultáneo de embarazo e ITS.

La anticoncepción de urgencia debe explicarse sin moralización. Su objetivo es disminuir el riesgo de embarazo tras una relación sin protección o fallo del método. No protege las relaciones posteriores ni sustituye a un método regular. Ante una consulta debe valorarse además riesgo de ITS, coerción sexual y necesidad de anticoncepción continuada.

9.3. Virus del papiloma humano

El VPH se transmite fundamentalmente mediante contacto íntimo piel-mucosa, por lo que no debe enseñarse como una infección transmitida exclusivamente por semen o sangre. Muchas infecciones son transitorias, pero los genotipos oncogénicos persistentes pueden producir lesiones precancerosas y cáncer de cérvix, ano, vulva, vagina, pene y orofaringe.

La vacunación tiene mayor beneficio antes de la exposición al virus. En Andalucía, el calendario de 2026 recomienda vacunación sistemática a chicos y chicas de 12 años y captación de personas de 13 a 21 años no vacunadas. Para adolescentes y jóvenes de 12 a 21 años que no hayan recibido ninguna dosis previamente, la pauta general de 2026 es de una dosis. Existen pautas específicas para inmunodepresión y otros grupos de riesgo.

OEP SAS 2022 extraordinaria, pregunta 96: la convocatoria preguntó el calendario andaluz de 2023 y puntuó como válida la pauta de dos dosis en chicos y chicas de 12 años. Está desactualizada para un examen de 2026. Andalucía pasó posteriormente a pauta de una dosis y en 2026 amplió la captación hasta los 21 años para quienes no habían recibido ninguna dosis.
Dato que debes actualizar: memorizar «VPH a los 12 años, dos dosis» porque apareció en un examen antiguo puede hacerte fallar una pregunta actual. En agosto de 2026, la regla general andaluza para chicos y chicas de 12-21 años no vacunados es una dosis; inmunodepresión y determinados grupos de riesgo siguen pautas diferentes.

9.4. Cribado de cáncer de cuello uterino

Vacunación y cribado son estrategias complementarias. La vacuna no elimina la necesidad futura de participar en el programa poblacional cuando corresponda por edad y circunstancias.

El Programa de Detección Precoz de Cáncer de Cuello de Útero de Andalucía se dirige a mujeres de 25 a 65 años. Por tanto, una adolescente no entra en el cribado poblacional por el mero hecho de ser sexualmente activa. Ante síntomas o situaciones clínicas concretas puede estar indicada una evaluación ginecológica, pero eso no debe confundirse con cribado poblacional.

Trampa muy útil: «adolescente sexualmente activa» no equivale a «debe comenzar citologías de cribado». El programa poblacional andaluz vigente comienza a los 25 años.

9.5. Prevención combinada

La prevención eficaz integra vacunación frente al VPH, preservativo, información sobre síntomas, diagnóstico cuando está indicado, tratamiento de ITS, educación sexual, consentimiento y acceso confidencial a servicios. Centrarse exclusivamente en una intervención deja importantes riesgos sin cubrir.

10. PROGRAMA FORMA JOVEN

Forma Joven es un programa de salud de la Junta de Andalucía dirigido a promover conductas saludables entre adolescentes y jóvenes y a capacitarlos para elegir opciones favorables para su salud. Su característica diferencial es acercar la promoción de salud a los entornos frecuentados por la población joven, en lugar de esperar exclusivamente a que el adolescente acuda al centro sanitario.

El programa trabaja alimentación y actividad física, sexualidad, relaciones igualitarias, bienestar emocional, prevención de drogodependencias y otras adicciones, prevención de accidentes y otras necesidades emergentes. La intervención se desarrolla con participación de profesionales de diferentes sectores, incluidos profesionales sanitarios.

10.1. Entornos de actuación

Uno de los errores históricos más repetidos consiste en afirmar que Forma Joven se desarrolla exclusivamente en institutos. Los centros educativos de secundaria y bachillerato concentran gran parte de la actividad, pero el programa puede desarrollarse también en delegaciones municipales de juventud, asociaciones, centros de protección de menores, recursos de justicia juvenil, centros de información juvenil, escuelas taller y universidades, entre otros entornos.

OEP SAS 2025, turno libre, pregunta 65: se preguntó qué programa de la Consejería promueve conductas saludables entre adolescentes y jóvenes andaluces y los capacita para elegir opciones saludables. La referencia era Forma Joven. El dato continúa plenamente vigente en 2026.

10.2. Principios metodológicos

Forma Joven utiliza una perspectiva de promoción de salud, participación, activos, equidad y empoderamiento. La consulta o asesoría no debe limitarse a responder preguntas. El objetivo es aumentar conocimientos y habilidades, identificar recursos y favorecer que el joven participe en decisiones sobre su propia salud.

El trabajo intersectorial es esencial porque muchos determinantes no dependen únicamente del sistema sanitario. Educación, servicios de juventud, familias, asociaciones y recursos comunitarios pueden modificar el entorno en el que se toman las decisiones.

10.3. Forma Joven en el ámbito educativo: actualización 2025-2026

Debe distinguirse la continuidad del programa sanitario Forma Joven de la reorganización administrativa de sus contenidos en educación. Desde el curso 2025-2026, las líneas de intervención y contenidos de Forma Joven en el ámbito educativo se integran en el programa Hábitos de Vida Saludable de la Consejería competente en educación, junto con la Red de Escuelas Promotoras de Salud de Andalucía y otras actuaciones.

Actualización de examen: no es correcto afirmar que Forma Joven «ha desaparecido». Continúa como programa de salud. Lo que se ha producido desde el curso 2025-2026 es la integración de sus líneas educativas dentro del programa Hábitos de Vida Saludable.

10.4. Líneas educativas clásicas

La modalidad educativa ha trabajado ámbitos como educación emocional, estilos de vida saludables, sexualidad y relaciones igualitarias, uso positivo de las tecnologías y prevención de drogodependencias. Estas áreas se relacionan entre sí: por ejemplo, bienestar emocional y habilidades sociales son factores protectores frente a consumos, violencia y uso problemático de tecnología.

10.5. Papel de enfermería

La enfermera puede participar en asesorías, sesiones grupales, educación entre iguales, vacunación y captación, detección de necesidades y derivación. La consulta debe ser accesible y respetuosa y mantener criterios de confidencialidad. En un entorno educativo no desaparecen las obligaciones profesionales relacionadas con protección del menor, seguridad, consentimiento y comunicación de situaciones de violencia.

Las actividades grupales son especialmente útiles para competencias generales, mientras que situaciones personales relacionadas con sexualidad, violencia, salud mental o consumo deben disponer de un espacio individual adecuado. El profesional debe conocer los límites de lo que puede resolverse mediante consejo breve y cuándo es necesaria valoración clínica o derivación.

11. PROGRAMA DE SALUD INFANTIL Y ADOLESCENTE DE ANDALUCÍA

El Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía (PSIAA) constituye el marco de referencia para seguimiento preventivo y promoción de salud desde Atención Primaria. Es un programa universal que integra cribados, valoración del desarrollo, inmunizaciones, consejo anticipatorio, parentalidad positiva, detección de problemas y coordinación con otros recursos.

En agosto de 2025, Andalucía comunicó una actualización amplia del programa. Se revisaron contenidos relacionados con desarrollo evolutivo, salud mental, actividad física, fotoprotección y riesgo psicosocial y se incorporaron o reforzaron aspectos como uso problemático de pantallas y nuevas tecnologías y prevención de la violencia en infancia y adolescencia.

11.1. Visitas programadas

El PSIAA mantiene 12 visitas programadas desde el nacimiento hasta los 14 años. La estrategia actual pretende asegurar su implantación efectiva y ampliar la continuidad de atención específicamente adolescente después de la etapa de seguimiento infantil.

OEP SAS 2016, prueba aplazada, pregunta 59: la convocatoria señalaba que el programa contemplaba doce visitas, desde la primera semana de vida hasta una última en torno a 12-14 años y con participación de pediatría y/o enfermería. La idea esencial continúa actualizada: la revisión oficial del PSIAA de 2025 mantiene 12 visitas programadas hasta los 14 años.

11.2. Contenidos prioritarios en adolescencia

La visita adolescente no debe entenderse como una simple revisión de crecimiento. Debe valorar desarrollo puberal, hábitos, estado vacunal, salud mental, alimentación, ejercicio, sueño, pantallas, relaciones, situación familiar y escolar, consumo de sustancias, sexualidad, riesgo de violencia y autonomía.

El programa enfatiza un enfoque anticipatorio: informar antes de que aparezca el problema. Explicar cambios puberales antes de que generen incertidumbre, abordar tabaco y alcohol antes de que el consumo sea habitual y ofrecer educación sexual antes o al inicio de las relaciones tiene mayor capacidad preventiva que actuar exclusivamente después de la complicación.

11.3. Captación y continuidad

Uno de los retos de la atención adolescente es la disminución del contacto programado con el sistema sanitario respecto a la primera infancia. La captación oportunista en vacunación, consultas agudas, revisiones de enfermedad crónica y actividades comunitarias permite detectar necesidades no expresadas.

El Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia plantea específicamente desarrollar un modelo de atención a la salud del adolescente en continuidad con el PSIAA. Esto reconoce que cumplir 14 años no elimina las necesidades preventivas y que la transición hacia la atención adulta debe organizarse.

11.4. Parentalidad positiva

La parentalidad positiva continúa siendo relevante durante la adolescencia, aunque cambie la forma de supervisión. Las familias necesitan herramientas para combinar afecto, comunicación, límites, autonomía y acompañamiento digital. La enfermera puede facilitar acuerdos sobre horarios, sueño, ocio, pantallas y prevención de consumos, evitando convertir la consulta en una alianza de adultos contra el adolescente.

11.5. Coordinación

El PSIAA funciona como puerta de detección y articulación de circuitos hacia pediatría especializada, salud mental, atención temprana cuando corresponda, trabajo social, recursos de protección y otros dispositivos. La continuidad exige registrar hallazgos y planes, concretar seguimiento y evitar derivaciones sin retorno de información.

Actualización 2025: el PSIAA sigue siendo plenamente relevante y fue actualizado expresamente para responder a problemas contemporáneos como salud mental, pantallas, desarrollo evolutivo y violencia.

12. PLANIFICACIÓN ANDALUZA, DERECHOS Y MARCO NORMATIVO

12.1. Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia 2023-2027

El Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia de Andalucía 2023-2027 fue aprobado por Acuerdo del Consejo de Gobierno de 7 de noviembre de 2023 y permanece vigente hasta el 31 de diciembre de 2027. Es el principal marco específicamente sanitario que debe asociarse en 2026 al epígrafe de la oposición.

Su misión es promover salud y bienestar mediante medidas de prevención, promoción, atención, protección y recuperación, con perspectiva multidisciplinar, intersectorial, de derechos y equidad. Incorpora desarrollo positivo, salutogénesis, ciclo vital, humanización, determinantes sociales, parentalidad positiva y creación de entornos sanitarios amigables.

Se organiza en diez grandes retos:

  1. Actualización de la preparación al nacimiento y crianza para asegurar un buen comienzo.
  2. Plena implantación del Programa de Salud Infantil y Adolescente.
  3. Desarrollo de un modelo específico de atención a la salud del adolescente.
  4. Humanización y adecuación de entornos sanitarios.
  5. Refuerzo de la salud mental infantil y adolescente.
  6. Refuerzo y ampliación de la Atención Temprana.
  7. Modelo de atención al paciente crónico complejo pediátrico.
  8. Sistema integral de información sobre salud infantil y adolescente.
  9. Alianzas intersectoriales.
  10. Fortalecimiento del enfoque de derechos y visibilidad de la infancia.
Dato actual para oposición: el instrumento específicamente sanitario vigente es el Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia de Andalucía 2023-2027. Entre sus retos están la implantación del PSIAA y el desarrollo de un modelo propio de atención a la salud adolescente.

12.2. III Plan de Infancia y Adolescencia de Andalucía 2024-2027

El III Plan de Infancia y Adolescencia de Andalucía 2024-2027 fue aprobado el 7 de octubre de 2024. Es transversal y orienta la política pública autonómica sobre infancia y adolescencia más allá del ámbito sanitario. Pretende sentar las bases del Sistema de Atención a la Infancia y Adolescencia desde la promoción de derechos, prevención, buen trato, protección y participación.

Abarca familia, educación, salud, servicios sociales, justicia, cultura, deporte, ocio, medio ambiente, tecnologías y medios de comunicación. Da especial relevancia a situaciones de vulnerabilidad, pobreza y exclusión, discapacidad, problemas de salud mental, acoso, violencia sexual, diversidad LGTBI, sistema de protección y migración sin acompañamiento.

Diferencia esencial: el Plan Estratégico 2023-2027 es el marco sanitario; el III Plan 2024-2027 es la planificación transversal de políticas de infancia. Ambos están vigentes y son complementarios.

12.3. Estrategia de Promoción de una Vida Saludable en Andalucía 2024-2030

La Estrategia de Promoción de una Vida Saludable en Andalucía 2024-2030 aporta el marco general para crear condiciones que faciliten alimentación saludable, actividad física, bienestar y otros hábitos. Su interés en adolescencia radica en que reconoce que las conductas individuales están condicionadas por entorno educativo, comunidad, urbanismo, disponibilidad de alimentos, desigualdad y recursos.

12.4. Ley 4/2021, de Infancia y Adolescencia de Andalucía

La Ley 4/2021 constituye la referencia autonómica básica en derechos, prevención, protección y atención a niños, niñas y adolescentes. Refuerza interés superior del menor, participación, coordinación interadministrativa y planificación. El III Plan se aprueba precisamente en desarrollo de esta arquitectura normativa.

12.5. Ley Orgánica 8/2021 frente a la violencia

La Ley Orgánica 8/2021 adopta una respuesta integral frente a cualquier forma de violencia sobre infancia y adolescencia. Da prioridad a la prevención y detección precoz e implica expresamente al sector sanitario. Para enfermería resulta especialmente relevante el deber de actuar ante indicadores de violencia y la necesidad de coordinación con servicios sociales, protección, justicia y fuerzas de seguridad cuando corresponda.

12.6. Autonomía, información e intimidad

La Ley 41/2002 protege información, intimidad, participación y consentimiento. El adolescente debe recibir información comprensible y adaptada. Aunque el consentimiento pueda corresponder en determinados casos a representantes, la opinión del menor debe ser escuchada y su participación promovida.

La Ley Orgánica 1/1996 establece el interés superior del menor como consideración primordial. Este principio impide resolver conflictos únicamente mediante reglas formales de edad: deben evaluarse beneficios, riesgos, madurez, seguridad y derechos de la persona menor.

13. PROCESO ENFERMERO APLICADO A LA ADOLESCENCIA

El proceso enfermero permite transformar la valoración biopsicosocial en un plan individualizado. No existe un «plan de cuidados de la adolescencia» válido para todos: la adolescencia es una etapa, no un diagnóstico. Los problemas se formulan a partir de hallazgos concretos y utilizando la taxonomía vigente en el centro.

13.1. Valoración

Debe integrar crecimiento, pubertad, estado vacunal, nutrición, ejercicio, sueño, piel y salud oral, enfermedad crónica, adherencia, estado emocional, relaciones, escolarización, violencia, sustancias, sexualidad, seguridad y activos. La dimensión familiar y social es imprescindible.

13.2. Identificación de necesidades

Según los hallazgos pueden aparecer problemas relacionados con autocuidado, conocimientos, patrón de sueño, alimentación, afrontamiento, adherencia, ansiedad, imagen corporal, aislamiento, riesgo de violencia, consumo de sustancias o conducta sexual de riesgo. La formulación debe responder a una valoración real y no asignarse automáticamente por edad.

13.3. Planificación

Los objetivos deben ser específicos y negociados. «Mejorar hábitos» es poco operativo. Resulta preferible definir, por ejemplo, aumentar progresivamente actividad física, reducir consumo de bebidas energéticas, establecer una hora de desconexión digital, completar vacunación, iniciar un intento de abandono de nicotina o acudir a una consulta de seguimiento.

La participación del adolescente aumenta la probabilidad de cumplimiento. Un objetivo impuesto que la persona no acepta tiene menor utilidad que un cambio más modesto elegido conjuntamente.

13.4. Intervenciones

Las principales intervenciones enfermeras incluyen educación sanitaria individual y grupal, consejo breve, entrevista motivacional, vacunación, captación, apoyo al autocuidado, detección de riesgo, coordinación, seguimiento y derivación. En salud comunitaria se añaden actividades en centros educativos, trabajo con familias, promoción de activos y participación en programas como Forma Joven.

Cuando existe enfermedad crónica, la educación debe evolucionar desde un modelo centrado en los padres hacia adquisición progresiva de competencias por el adolescente. Enseñar a interpretar síntomas, gestionar medicación, conocer recursos y comunicar necesidades forma parte de la preparación para la transición.

13.5. Evaluación

La evaluación debe comprobar cambios clínicos y conductuales: evolución ponderal, sueño, práctica de actividad física, abstinencia o reducción de consumo, cumplimiento vacunal, utilización de anticoncepción, asistencia escolar, mejoría emocional, disminución de violencia, adherencia y capacidad para pedir ayuda.

Las intervenciones preventivas requieren seguimiento. Dar un consejo una vez y no volver a preguntar hace imposible valorar efectividad. La continuidad relacional es una de las fortalezas de Atención Primaria.

13.6. Integración práctica

Un adolescente de 15 años consulta por cefaleas. La exploración física puede ser normal, pero la entrevista revela que duerme cinco horas, consume bebidas energéticas, utiliza pantallas hasta la madrugada, ha comenzado a vapear y está sufriendo acoso en un grupo de mensajería. Tratar exclusivamente el dolor dejaría intactos los principales determinantes. La valoración integral permite abordar sueño, estimulantes, nicotina, ciberacoso, seguridad emocional y recursos familiares y escolares.

Idea central de cuidados: en adolescencia, la intervención de mayor valor suele ser transversal: detectar precozmente, establecer una alianza terapéutica, aumentar autonomía y conectar al joven con recursos adecuados antes de que el riesgo se convierta en enfermedad.

14. ACTUALIZACIÓN DE PREGUNTAS HISTÓRICAS E IDEAS CLAVE

Este tema contiene varios contenidos especialmente peligrosos para el opositor porque han cambiado desde convocatorias anteriores. Estudiar una plantilla histórica sin comprobar su fecha puede conducir a errores.

Contenido Referencia histórica Situación en 2026
Forma Joven OEP SAS 2025, turno libre, pregunta 65 Vigente. Sigue siendo programa andaluz de promoción de salud para adolescentes y jóvenes.
PSIAA: 12 visitas hasta 14 años OEP SAS 2016 aplazada, pregunta 59 Vigente. La actualización oficial de 2025 mantiene 12 visitas desde nacimiento hasta 14 años.
Retraso puberal OEP SAS 2016 aplazada, pregunta 60 Desactualizado el umbral histórico. Referencia clínica actual: ausencia de desarrollo mamario a 13 años o crecimiento testicular a 14 años.
Prevención de violencia en adolescentes OEP SAS 2016 aplazada, pregunta 61 Vigente y reforzado por normativa posterior de protección integral frente a la violencia.
VPH: dos dosis en calendario 2023 OEP SAS 2022 extraordinaria, pregunta 96 Desactualizado. En 2026, chicos y chicas de 12-21 años sin dosis previa reciben una dosis en la pauta general.

14.1. Diez ideas de máximo rendimiento

  1. Adolescencia OMS: 10-19 años.
  2. Pubertad: primer signo habitual en niñas, telarquia; en niños, aumento testicular.
  3. Pubertad precoz: antes de 8 años en niñas y 9 en niños.
  4. Retraso puberal actual: ausencia de mamas a 13 años en niñas o aumento testicular a 14 en niños.
  5. Actividad física: media de al menos 60 minutos diarios de intensidad moderada-vigorosa.
  6. Forma Joven: no se limita al instituto; actúa en diversos entornos juveniles.
  7. PSIAA: 12 visitas desde nacimiento hasta 14 años; contenido actualizado en 2025.
  8. VPH 2026: vacunación sistemática a los 12 años y captación hasta 21 años; una dosis en no vacunados, salvo pautas especiales.
  9. Cribado cervical: programa andaluz dirigido a mujeres de 25-65 años, no a adolescentes por el simple hecho de ser sexualmente activas.
  10. Planificación: diferenciar Plan Estratégico de Salud 2023-2027 de III Plan de Infancia y Adolescencia 2024-2027.

14.2. Errores de estudio que deben evitarse

No memorices como actuales los calendarios vacunales citados en exámenes antiguos; identifica siempre el año de referencia. No confundas programa de cribado con estudio diagnóstico por síntomas. No apliques puntos de corte de IMC adulto a un menor. No interpretes confidencialidad como secreto absoluto. No reduzcas Forma Joven al ámbito educativo. No confíes en cifras energéticas rígidas por edad. No confundas la edad de consentimiento para datos personales con el consentimiento sanitario.

Regla para exámenes antiguos: conserva la respuesta histórica para entender qué puntuó en aquella convocatoria, pero estudia por separado qué dato debe utilizarse hoy. El VPH y los criterios de retraso puberal son dos ejemplos claros de información que ha cambiado.

14.3. Visión integradora

La adolescencia no es una lista de riesgos. El enfoque enfermero actual combina desarrollo positivo, autonomía, confidencialidad, prevención, participación, trabajo con familia y comunidad y detección precoz. La calidad de la relación terapéutica condiciona la calidad de la información obtenida y, por tanto, la capacidad para prevenir.

15. MAPA CONCEPTUAL

TEMA 51. CUIDADOS EN LA ADOLESCENCIA

├── ADOLESCENCIA
│ ├── OMS: 10-19 años
│ ├── Desarrollo físico
│ │ ├── Pubertad
│ │ ├── Tanner I-V
│ │ ├── Niña: telarquia
│ │ └── Niño: aumento testicular
│ ├── Desarrollo cognitivo
│ │ ├── Pensamiento abstracto
│ │ └── Toma de decisiones progresiva
│ └── Desarrollo psicosocial
│ ├── Identidad
│ ├── Autonomía
│ ├── Familia
│ └── Grupo de iguales

├── VALORACIÓN ENFERMERA
│ ├── Crecimiento y pubertad
│ ├── Alimentación y actividad física
│ ├── Sueño y pantallas
│ ├── Salud mental
│ ├── Violencia y seguridad
│ ├── Sustancias
│ ├── Sexualidad
│ └── Activos y apoyo social

├── HÁBITOS SALUDABLES
│ ├── Alimentación equilibrada
│ ├── Actividad física: 60 min/día
│ ├── Sueño adecuado
│ ├── Salud bucodental
│ ├── Uso saludable de tecnología
│ └── Prevención de accidentes

├── ADICCIONES
│ ├── Alcohol
│ ├── Tabaco y nicotina
│ ├── Vapeadores
│ ├── Cannabis
│ ├── Otras sustancias
│ └── Juego y conductas digitales

├── SEXUALIDAD
│ ├── Educación sexual integral
│ ├── Consentimiento y respeto
│ ├── Anticoncepción
│ ├── Preservativo
│ ├── ITS
│ ├── VPH
│ │ └── Andalucía 2026: 1 dosis 12-21 años no vacunados
│ └── Cribado cérvix
│ └── Programa poblacional: 25-65 años

├── PROGRAMAS ANDALUCES
│ ├── Forma Joven
│ │ ├── Entornos juveniles
│ │ └── Integración educativa en Hábitos de Vida Saludable
│ ├── PSIAA
│ │ └── 12 visitas hasta 14 años
│ ├── Plan Estratégico Salud Infancia-Adolescencia 2023-2027
│ ├── III Plan Infancia-Adolescencia 2024-2027
│ └── Estrategia Vida Saludable 2024-2030

└── ENFERMERÍA
├── Relación terapéutica
├── Confidencialidad con límites
├── Educación sanitaria
├── Entrevista motivacional
├── Vacunación y captación
├── Detección precoz
├── Coordinación
└── Promoción progresiva de autonomía

16. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS

16.1. Normativa estatal

  • Constitución Española de 1978.
  • Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.
  • Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor.
  • Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia.
  • Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales.
  • Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, en su redacción vigente.

16.2. Normativa y planificación de Andalucía

  • Ley 4/2021, de 27 de julio, de Infancia y Adolescencia de Andalucía.
  • Acuerdo de 7 de noviembre de 2023, del Consejo de Gobierno, por el que se aprueba el Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia de Andalucía 2023-2027.
  • Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia de Andalucía 2023-2027.
  • Acuerdo de 7 de octubre de 2024, del Consejo de Gobierno, por el que se aprueba el III Plan de Infancia y Adolescencia de Andalucía 2024-2027.
  • III Plan de Infancia y Adolescencia de Andalucía 2024-2027.
  • Estrategia de Promoción de una Vida Saludable en Andalucía 2024-2030.
  • Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía. Actualización de contenidos de 2025.
  • Programa Forma Joven. Consejería competente en materia de salud de la Junta de Andalucía.
  • Programa educativo Hábitos de Vida Saludable, curso 2025-2026.
  • Calendario de Vacunaciones e Inmunizaciones de Andalucía 2026.
  • Programa de Detección Precoz de Cáncer de Cuello de Útero de Andalucía.

16.3. Fuentes científicas y técnicas

  • Organización Mundial de la Salud. Recursos y marco conceptual sobre salud del adolescente.
  • Organización Mundial de la Salud. Recomendaciones sobre actividad física y comportamiento sedentario.
  • Organización Mundial de la Salud. Comprehensive Sexuality Education. Actualización 2026.
  • American Academy of Sleep Medicine. Consensus recommendations for the amount of sleep needed to promote optimal health in children and teenagers.
  • Pediatric Endocrine Society. Clinical resources on precocious and delayed puberty.
  • Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias en España, ESTUDES 2025.
  • Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. Informes sobre alcohol, tabaco, cannabis y otras adicciones.
  • Guía Forma Joven para Profesionales de Salud. Junta de Andalucía.
  • Materiales de parentalidad positiva y promoción del bienestar del Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía.

16.4. Exámenes oficiales utilizados para actualización

  • OEP SAS Enfermero/a 2025, turno libre: pregunta 65, Programa Forma Joven.
  • OEP SAS Enfermero/a 2022 extraordinaria: pregunta 96, calendario VPH 2023, actualmente desactualizada en su pauta.
  • OEP SAS Enfermero/a 2016, prueba aplazada: pregunta 59, Programa de Salud Infantil y Adolescente.
  • OEP SAS Enfermero/a 2016, prueba aplazada: pregunta 60, criterios históricos de retraso puberal, actualmente desactualizados.
  • OEP SAS Enfermero/a 2016, prueba aplazada: pregunta 61, prevención de violencia de género en adolescencia.
Adolescencia
Pubertad
PSIAA
Forma Joven
Hábitos saludables
Adicciones
Sexualidad
VPH
Salud mental
Enfermería adolescente
Infancia y adolescencia

Pon a prueba lo aprendido

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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el agosto 9, 2026.