Tema 50. Cuidados en la infancia: controles y visitas en Atención Primaria. Etapas de desarrollo y crecimiento. Alimentación y nutrición. Dieta equilibrada. Higiene. Salud bucodental. Prevención de accidentes. Valoración y cuidados del/la enfermero/a en los problemas de salud más frecuentes en la edad infantil. Detección y protocolo de malos tratos. El papel de la familia en la adquisición de hábitos saludables. Atención a las urgencias pediátricas. Derechos de los menores a recibir atención sanitaria

57 min agosto 9, 2026 Media Nuevo

Mira, voy a serte sincero desde el principio: este tema es absolutamente troncal para cualquier enfermera que trabaje en el SAS, y además es uno de los favoritos del tribunal en las oposiciones. ¿Por qué? Pues porque abarca desde la prevención hasta la detección precoz, desde la promoción de hábitos…

Tema 50. Cuidados en la infancia: controles y visitas en Atención Primaria. Etapas de desarrollo y crecimiento. Alimentación y nutrición. Dieta equilibrada. Higiene. Salud bucodental. Prevención de accidentes. Valoración y cuidados del/la enfermero/a en los problemas de salud más frecuentes en la edad infantil. Detección y protocolo de malos tratos. El papel de la familia en la adquisición de hábitos saludables. Atención a las urgencias pediátricas. Derechos de los menores a recibir atención sanitaria

Seguimiento integral de la salud infantil: crecimiento y desarrollo, promoción de hábitos saludables, prevención, detección precoz, atención a problemas frecuentes, protección frente a la violencia y respuesta a urgencias pediátricas
Oposición: Enfermero/a – Servicio Andaluz de Salud (SAS)
Bloque: Temario Específico | Última actualización: Agosto 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN

La atención enfermera durante la infancia no consiste únicamente en asistir enfermedades pediátricas. Su finalidad fundamental es acompañar un proceso continuo de crecimiento, maduración, adquisición de capacidades, desarrollo de autonomía y socialización, identificando precozmente cualquier desviación y actuando sobre los determinantes que condicionarán la salud futura. En esta etapa una intervención preventiva aparentemente sencilla —apoyar una lactancia eficaz, detectar una alteración del desarrollo, corregir una técnica de retención infantil, identificar una familia vulnerable o reconocer signos iniciales de sepsis— puede modificar de forma sustancial el pronóstico del menor.

La atención infantil debe plantearse desde un modelo biopsicosocial, evolutivo, familiar y de derechos. Un mismo hallazgo adquiere significados distintos según la edad: una frecuencia respiratoria, una conducta alimentaria, una habilidad motora o una reacción ante la separación no pueden interpretarse con criterios adultos ni aisladamente del momento madurativo. Por ello, la enfermera necesita conocer no solo enfermedades, sino también el rango de variabilidad del desarrollo normal, la evolución de las necesidades nutricionales, los factores protectores, los signos de alarma y la influencia del entorno familiar, escolar y comunitario.

En Andalucía, la Atención Primaria constituye el eje de esta vigilancia longitudinal. El Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía (PSIA-A), actualizado en 2025, mantiene el seguimiento programado desde el nacimiento hasta los 14 años e incorpora una revisión de contenidos relacionados, entre otros aspectos, con desarrollo, bienestar emocional, salud mental, uso de pantallas y violencia sobre la infancia. El Programa no debe entenderse como una mera sucesión de “revisiones”: cada contacto constituye una oportunidad para integrar promoción, prevención, cribado, vacunación, valoración familiar, consejo anticipatorio y detección de riesgos.

La actuación enfermera combina la valoración clínica —aspecto general, constantes, antropometría, nutrición, desarrollo, sueño, eliminación, piel, salud bucodental, seguridad— con una dimensión educativa. El consejo anticipatorio es especialmente importante: no basta con preguntar si ha ocurrido un accidente, sino que hay que prever qué lesiones son probables en la siguiente fase del desarrollo. Cuando el lactante empieza a girarse aumenta el riesgo de caída; cuando comienza a desplazarse aparecen intoxicaciones y quemaduras; cuando adquiere marcha autónoma se incrementan los riesgos viales, de ahogamiento y de traumatismo.

Otro eje imprescindible es la protección. El profesional sanitario ocupa una posición privilegiada para reconocer maltrato, negligencia, exposición a violencia, vulnerabilidad social o desamparo. La sospecha no exige certeza diagnóstica para activar la obligación de valorar y notificar según el circuito correspondiente. En Andalucía, el procedimiento SIMIA y su desarrollo normativo constituyen referencias esenciales ante posibles situaciones de riesgo o desamparo relacionadas con el ejercicio inadecuado de los deberes de protección.

Finalmente, el menor es un sujeto de derechos. La información, la intimidad, la participación en las decisiones y el consentimiento deben adaptarse a edad, capacidad y madurez. La existencia de patria potestad no convierte al niño en un sujeto pasivo. La legislación sanitaria obliga a escucharle y a favorecer su participación en la medida de sus capacidades, y establece reglas específicas para mayores de 16 años, menores emancipados, situaciones de grave riesgo y urgencias.

Principio que organiza todo el tema: en pediatría hay que valorar simultáneamente al niño, su etapa evolutiva y el entorno cuidador. Un dato aislado rara vez basta. La evolución longitudinal, la comparación con el propio patrón del menor y la observación de la interacción familiar proporcionan información tan importante como una medición puntual.
El tribunal ha utilizado repetidamente el Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía para construir preguntas sobre visitas, lactancia, desarrollo, salud bucodental y prevención. Al estudiar preguntas antiguas hay que distinguir siempre entre conceptos que permanecen vigentes y datos que han cambiado por actualización de programas, normas o evidencia.

2. CONTROLES Y VISITAS EN ATENCIÓN PRIMARIA. PSIA-A

El seguimiento infantil en Atención Primaria persigue detectar precozmente problemas, promocionar capacidades y reducir riesgos antes de que produzcan enfermedad o discapacidad. El PSIA-A constituye el marco andaluz para organizar este seguimiento. Su actualización publicada en 2025 conserva 12 visitas programadas desde el nacimiento hasta los 14 años. Las intervenciones son multiprofesionales y combinan pediatría, enfermería y otros recursos cuando la situación lo requiere. La distribución concreta de actividades no debe memorizarse como una frontera rígida entre profesiones: depende de la cartera, organización del equipo y necesidades detectadas.

El esquema de visitas que estructura el programa es el siguiente:

Revisión Edad orientativa Objetivos predominantes
1.ª Primera semana de vida Adaptación neonatal, alimentación, ganancia ponderal, vínculo, cribados realizados, ictericia, seguridad y apoyo familiar
2.ª Entre 15 días y 1 mes Alimentación, crecimiento, exploración, desarrollo inicial, prevención y resolución de dificultades de crianza
3.ª 2 meses Crecimiento, desarrollo, alimentación, vacunación según calendario vigente y consejo anticipatorio
4.ª 4 meses Desarrollo, alimentación, interacción, seguridad y prevención
5.ª 6 meses Alimentación complementaria, desarrollo motor y social, salud oral, prevención de accidentes
6.ª 12 meses Crecimiento, lenguaje, movilidad, dieta familiar progresiva, sueño, seguridad, salud bucodental
7.ª 18 meses Desarrollo global, comunicación, conducta, autonomía, alimentación y detección de señales de alerta
8.ª 2 años Lenguaje, socialización, alimentación, sueño, eliminación, prevención de lesiones y factores familiares
9.ª 3-4 años Desarrollo, escolarización, visión, hábitos, actividad física, salud bucodental y seguridad
10.ª 6 años Crecimiento, adaptación escolar, hábitos, actividad física, salud oral, prevención y vacunación vigente
11.ª 9-11 años Crecimiento, inicio puberal, alimentación, actividad, bienestar emocional, escuela y prevención
12.ª 12-14 años Desarrollo puberal, autonomía, hábitos, salud emocional, prevención de conductas de riesgo y transición progresiva

La visita comienza antes de cualquier instrumento: observar al menor al entrar, la interacción con la persona cuidadora, el nivel de actividad, el contacto visual, el lenguaje, la movilidad y el grado de confort aporta información clínica. Después se integra la anamnesis: alimentación, sueño, deposiciones y micción, actividad, escolarización, relaciones, vacunación, enfermedades previas, medicación, exposición al tabaco y otros tóxicos, antecedentes familiares, accidentes, dificultades de crianza y cambios relevantes en el entorno.

La valoración física debe adaptarse a la edad e incluir antropometría y exploración orientada. En el lactante importan especialmente crecimiento, tono, postura, movilidad espontánea y simétrica, interacción, alimentación y signos neurológicos o sensoriales. Conforme aumenta la edad cobran mayor peso la adquisición de habilidades, lenguaje, conducta, rendimiento escolar, salud oral, actividad física, alimentación, sueño y maduración puberal.

La enfermera también verifica los cribados y actuaciones preventivas que correspondan. El calendario vacunal debe consultarse siempre en su versión andaluza vigente; no es correcto trasladar automáticamente pautas de calendarios antiguos. La captación de menores con controles incompletos forma parte del enfoque preventivo: perder visitas puede reflejar simplemente dificultades organizativas, pero también puede señalar precariedad, problemas de acceso, sobrecarga familiar o negligencia, por lo que debe contextualizarse.

El registro clínico tiene valor asistencial, de continuidad y de seguridad. Debe recoger mediciones, interpretación, educación sanitaria relevante, factores de riesgo, alertas, derivaciones y plan de seguimiento. La mera introducción de un peso o una talla sin interpretarlos longitudinalmente aporta poca información; del mismo modo, escribir “desarrollo normal” sin especificar observaciones significativas dificulta la continuidad asistencial.

Examen SAS 2016 aplazado, pregunta 59: el tribunal preguntó por las visitas individuales del PSIA-A y consideró correctos los tres elementos esenciales: doce visitas, seguimiento desde los primeros días hasta 12-14 años y participación de pediatría y/o enfermería. Actualización 2026: el núcleo de la pregunta continúa vigente; la actualización del PSIA-A publicada en 2025 mantiene 12 visitas programadas desde el nacimiento hasta los 14 años.
Evita una confusión frecuente: “12 visitas” no significa que un niño solo deba ser atendido doce veces. Son contactos programados de seguimiento. Se añaden las consultas a demanda, actuaciones vacunales, seguimiento de problemas detectados, atención domiciliaria o comunitaria y las derivaciones que resulten necesarias.

3. CRECIMIENTO INFANTIL Y VALORACIÓN ANTROPOMÉTRICA

El crecimiento es un proceso dinámico y constituye uno de los indicadores más sensibles del estado de salud infantil. No debe evaluarse a partir de una cifra aislada, sino mediante mediciones seriadas. El peso, la longitud o talla, el perímetro cefálico en las edades en que resulta relevante y el índice de masa corporal permiten construir una trayectoria que debe interpretarse teniendo en cuenta edad, sexo, antecedentes perinatales, patrón familiar, alimentación y situación clínica.

En menores pequeños se mide la longitud en decúbito con un infantómetro y, cuando el niño ya puede mantenerse correctamente de pie, la talla mediante estadiómetro. La técnica es determinante: un error de varios centímetros puede simular una detención o aceleración del crecimiento. El peso se obtiene con la menor ropa posible y equipos calibrados. La repetición de medidas discordantes antes de iniciar estudios evita decisiones sobre datos artefactados.

Los patrones de crecimiento de la Organización Mundial de la Salud son una referencia internacional para niños de 0 a 5 años; para edades posteriores se dispone de referencias específicas de 5 a 19 años. La interpretación puede expresarse mediante percentiles o puntuaciones z. El percentil no representa “porcentaje de normalidad”: un niño en percentil bajo puede estar sano si mantiene una trayectoria coherente con su potencial genético y no presenta síntomas. Lo que debe alertar es una evolución anómala, especialmente si se acompaña de pérdida ponderal, alteración de talla, síntomas digestivos, dificultad de alimentación, enfermedad crónica o regresión funcional.

El peso cambia con relativa rapidez y puede reflejar alteraciones recientes de ingesta, pérdidas o enfermedad. La talla responde de forma más lenta y es especialmente útil para valorar crecimiento lineal. El IMC para la edad y sexo permite aproximarse a la relación entre peso y talla en la infancia, pero no deben aplicarse los puntos de corte de IMC adulto. La interpretación pediátrica utiliza curvas y puntuaciones específicas.

El perímetro cefálico es especialmente útil durante los primeros años porque refleja indirectamente el crecimiento craneoencefálico. Una cabeza constitucionalmente grande o pequeña puede ser normal; preocupan más una trayectoria que se desvía de manera marcada, una desproporción nueva o la coexistencia de signos neurológicos. Como en otras mediciones, antes de atribuir significado patológico hay que comprobar la técnica.

3.1. Valoración del crecimiento insuficiente

Ante una ganancia ponderal insuficiente no debe concluirse automáticamente que exista malnutrición por falta de alimento. La valoración debe explorar técnica de lactancia o alimentación, frecuencia y cantidad de tomas cuando sea pertinente, dificultades de succión o deglución, vómitos, diarrea, síntomas respiratorios, enfermedades crónicas, factores psicosociales y patrón de crecimiento familiar. En el lactante amamantado, la observación directa de una toma puede aportar más información que preguntar únicamente por su duración.

La pérdida de habilidades previamente adquiridas, el estancamiento ponderal acompañado de deterioro general, edema, vómitos persistentes, diarrea prolongada, disfagia, signos de deshidratación o dificultad respiratoria son situaciones que obligan a ampliar la evaluación. La enfermera debe identificar gravedad, registrar la tendencia y facilitar valoración pediátrica cuando proceda.

3.2. Exceso ponderal y obesidad

El exceso de peso infantil tampoco debe abordarse como un problema estético ni mediante dietas restrictivas improvisadas. El objetivo es analizar la trayectoria de crecimiento y los determinantes del entorno: bebidas azucaradas, alimentos ultraprocesados, tamaños de ración, picoteo, sueño insuficiente, sedentarismo, pantallas durante las comidas, escasas oportunidades de juego activo y modelos familiares. La intervención eficaz suele requerir cambios familiares sostenibles, no señalar al niño como único responsable.

En un menor en crecimiento es especialmente importante evitar mensajes estigmatizantes. La conversación debe centrarse en salud, capacidades y rutinas: agua como bebida habitual, disponibilidad de alimentos nutritivos, horarios razonablemente estructurados, actividad física, sueño y reducción de exposición a productos de alta densidad energética y bajo valor nutricional.

Regla clínica: una medida aislada describe; una serie temporal permite interpretar. Antes de etiquetar alteraciones del crecimiento, confirma técnica, revisa mediciones previas y analiza peso, talla y desarrollo conjuntamente.
No utilices puntos de corte de obesidad del adulto en pediatría. El IMC infantil se interpreta en relación con edad y sexo mediante referencias pediátricas. Tampoco conviertas un percentil aislado en un diagnóstico.

4. DESARROLLO PSICOMOTOR, COGNITIVO, SOCIAL Y DEL LENGUAJE

El desarrollo infantil es la adquisición progresiva e interrelacionada de capacidades motoras, cognitivas, comunicativas, sociales y adaptativas. No es una lista de fechas exactas. Los hitos aparecen dentro de ventanas de variabilidad y dependen de maduración neurológica, oportunidades de aprendizaje, salud, contexto y características individuales. La función enfermera consiste en vigilar la trayectoria y reconocer señales que justifiquen una evaluación más profunda.

La observación debe abarcar cuatro grandes áreas: motricidad gruesa, como control postural, sedestación y marcha; motricidad fina, manipulación y coordinación; lenguaje y comunicación, tanto receptiva como expresiva; y desarrollo personal-social, que incluye sonrisa, interacción, juego, autonomía e interés por otras personas. Una dificultad focal puede tener significado diferente a un retraso global.

Etapa aproximada Habilidades que suelen emerger Qué interesa observar
Primeros meses Fijación y seguimiento visual, sonrisa social, aumento progresivo del control cefálico Interacción, tono, simetría, respuesta a sonidos y contacto
Alrededor de 4-6 meses Mayor control postural, prensión voluntaria, giro, balbuceo, interacción intensa Uso simétrico de extremidades, interés por entorno y capacidad de sostener cabeza y tronco
Alrededor de 6-9 meses Sedestación progresiva, transferencia de objetos, balbuceo variado, reconocimiento de cuidadores Control de tronco, manipulación, respuesta al nombre e interacción social
Alrededor de 9-12 meses Desplazamiento variable, pinza fina progresiva, gestos comunicativos, ponerse de pie con apoyo Gestos, señalamiento, comprensión, movilidad y curiosidad
12-18 meses Marcha autónoma progresiva, primeras palabras con significado, imitación, juego funcional sencillo Equilibrio, comunicación intencional, comprensión y autonomía
18-24 meses Mayor carrera y manipulación, aumento rápido de vocabulario, combinación progresiva de palabras, juego simbólico Lenguaje, relación, comprensión de órdenes simples y exploración
2-4 años Mayor coordinación, lenguaje conversacional creciente, juego simbólico y social, adquisición de autonomía Inteligibilidad, habilidades motoras, interacción, conducta adaptativa y aprendizaje
Edad escolar Consolidación motora, cognitiva, académica, emocional y social Aprendizaje, relaciones, autoestima, atención, autonomía y funcionamiento cotidiano

La vigilancia del desarrollo no debe reducirse a preguntar “¿camina ya?” o “¿habla?”. Por ejemplo, un niño puede pronunciar palabras y presentar una alteración importante de la comunicación social. Del mismo modo, una marcha algo más tardía puede encontrarse dentro de la variabilidad si el resto del desarrollo es adecuado, mientras que una asimetría persistente o una pérdida de habilidades requieren mayor atención.

Las señales de alarma más importantes comparten una característica: sugieren una desviación cualitativa, una ausencia significativa o una regresión. Deben preocupar especialmente la pérdida de habilidades adquiridas a cualquier edad, alteraciones persistentes de tono o postura, movimientos claramente asimétricos, escasa respuesta social, ausencia de intención comunicativa, pérdida de lenguaje, problemas relevantes de alimentación/deglución o desviaciones acumulativas en varias áreas.

Algunos umbrales temporales ayudan a decidir cuándo valorar de forma dirigida —por ejemplo, ausencia de sedestación independiente cercana a los 9 meses, falta de marcha autónoma hacia los 18 meses o ausencia de combinaciones comunicativas esperables en torno a los 2 años—, pero no deben utilizarse como “diagnóstico por calendario”. La interpretación corresponde al desarrollo completo del menor y al protocolo utilizado.

4.1. Herramientas de vigilancia

El seguimiento estructurado puede apoyarse en herramientas de cribado. Escalas como Haizea-Llevant han tenido una utilización tradicional en programas de vigilancia del desarrollo en España y Andalucía. Conviene recordar la diferencia entre cribado y diagnóstico: una escala identifica riesgo o desviación y orienta la necesidad de evaluación; no diagnostica por sí sola un trastorno neurológico, del lenguaje o del espectro autista.

La preocupación expresada por la familia también es información clínica. Cuando padres o cuidadores dicen de forma reiterada que “ha dejado de hacer cosas”, “no responde como antes” o “usa una mano mucho más que la otra siendo muy pequeño”, debe explorarse la situación y no tranquilizar automáticamente sin valoración.

Examen SAS 2021, turno libre, pregunta 74: ante varios posibles hallazgos en una visita de seguimiento infantil, el tribunal señaló como dato de alarma la presencia de asimetrías posturales. Actualización 2026: el concepto sigue plenamente vigente. Una asimetría persistente puede sugerir alteración neurológica o musculoesquelética y debe valorarse en el contexto del desarrollo.
Evita memorizar hitos como fechas exactas. “Sentarse a los X meses” o “caminar el día que cumple X meses” no es una forma correcta de valorar el neurodesarrollo. En examen suelen funcionar mejor las señales cualitativas de alarma: regresión, asimetría, pérdida de interacción o desviación clara de varias áreas.

5. ALIMENTACIÓN DEL LACTANTE Y ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA

La alimentación durante los primeros años influye sobre crecimiento, desarrollo neurológico, inmunidad, aprendizaje de sabores y establecimiento de hábitos. El consejo enfermero debe basarse en la mejor evidencia y evitar calendarios rígidos heredados de épocas en las que cada alimento tenía asignado un mes exacto de introducción.

5.1. Lactancia materna

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud mantiene la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses, seguida de alimentación complementaria nutricionalmente adecuada y segura, manteniendo la lactancia hasta los 2 años o más mientras madre y niño lo deseen. La expresión “exclusiva” significa que el lactante recibe leche materna sin otros alimentos o bebidas, salvo las excepciones terapéuticas que procedan.

Durante el establecimiento de la lactancia el criterio fundamental es la alimentación a demanda. No debe imponerse un intervalo rígido de tres horas ni una duración fija por pecho. Las señales precoces de hambre —incremento de actividad, búsqueda, movimientos de boca— permiten ofrecer el pecho antes del llanto intenso, momento en que el agarre puede resultar más difícil.

La valoración enfermera incluye posición, agarre, transferencia de leche, dolor, lesiones del pezón, frecuencia de micciones y deposiciones, evolución ponderal y percepción materna. Un pezón dolorido no debe normalizarse sin revisar técnica. Del mismo modo, la duración de la toma por sí sola no determina su eficacia.

Cuando se utiliza leche extraída, la seguridad depende de higiene en la extracción, recipiente, temperatura, tiempo transcurrido y tipo de refrigeración. Las tablas de conservación han cambiado entre documentos y no deben memorizarse valores de convocatorias antiguas como si fueran universales. En la práctica se aplicará el protocolo actualizado del centro o la recomendación oficial que corresponda.

Examen SAS 2025, turno libre, pregunta 62: el distractor era aconsejar el amamantamiento con un horario fijo cada tres horas. Actualización 2026: la respuesta continúa vigente; la lactancia se recomienda a demanda y la OMS mantiene la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses.
Examen SAS 2021, turno libre, pregunta 77: también se consideró incorrecta la afirmación que, aun recomendando tomas frecuentes, imponía un horario para respetar el descanso nocturno. Sigue vigente: frecuencia elevada y lactancia a demanda son compatibles; lo incorrecto es convertirlas en un horario obligatorio.
Examen SAS 2021, pregunta 76: la plantilla consideraba válidos tiempos de conservación de leche materna más amplios que los que utilizan actualmente diversas recomendaciones conservadoras. No memorices aquellas cifras como criterio actual. Debe estudiarse la pregunta como histórica y consultar la guía vigente cuando se soliciten tiempos exactos.

5.2. Fórmula infantil

Cuando no se utiliza lactancia materna exclusiva, la familia debe recibir información sin culpabilización. La leche de fórmula debe prepararse respetando estrictamente la relación agua-polvo indicada por el fabricante y las recomendaciones higiénicas. Concentrar la fórmula aumenta la carga renal y altera su composición; diluirla excesivamente reduce la aportación nutricional. No deben añadirse cereales al biberón de forma rutinaria con el objetivo de que el niño “duerma más”.

El biberón se ofrece con el menor incorporado, permitiendo pausas y respetando señales de saciedad. No debe dejarse al niño solo con el biberón ni acostarlo con él, tanto por riesgo de atragantamiento como por su asociación con caries y alteración de patrones alimentarios.

5.3. Alimentación complementaria

La OMS recomienda iniciar la alimentación complementaria alrededor de los 6 meses, cuando la leche por sí sola deja de cubrir todas las necesidades y el lactante alcanza la madurez necesaria para recibir otros alimentos. La introducción no consiste simplemente en aportar calorías: enseña nuevas texturas, sabores y habilidades orales y facilita la transición hacia la comida familiar.

No existe actualmente fundamento para establecer una secuencia universal del tipo “fruta en un mes, cereal al siguiente y pescado varios meses después”. Es preferible introducir progresivamente alimentos nutritivos y variados, adaptados a las capacidades del niño. Desde el inicio deben estar representadas fuentes de hierro y proteínas, vegetales, frutas, cereales y otros alimentos familiares adecuados.

La textura debe progresar según capacidad oral y motora. Mantener durante demasiado tiempo preparaciones completamente trituradas puede dificultar el aprendizaje de masticación y aceptación de texturas. Tanto la alimentación tradicional con cuchara como enfoques de autoalimentación pueden ser compatibles con una alimentación saludable si se garantiza seguridad, aporte nutricional, supervisión y consistencia apropiada.

Debe evitarse el exceso de sal y azúcares añadidos. La miel no debe administrarse durante el primer año por el riesgo de botulismo infantil. Los alimentos con riesgo de atragantamiento deben modificarse en tamaño, forma o textura; el concepto clave es que la presentación del alimento debe corresponder a las habilidades de masticación y deglución del niño.

Los alimentos potencialmente alergénicos no deben retrasarse durante años de forma sistemática. Su introducción se integra en la alimentación complementaria cuando el lactante está preparado, con especial individualización en niños con alergia conocida, eccema importante u otros antecedentes que justifiquen asesoramiento especializado.

Dos conceptos que suelen confundirse: “alimentación complementaria” no significa abandonar la leche, y “a demanda” no significa ausencia absoluta de rutinas. Durante el segundo semestre, la leche sigue teniendo un papel nutricional central mientras aumenta progresivamente la diversidad de alimentos familiares.

6. DIETA EQUILIBRADA, ACTIVIDAD FÍSICA Y HÁBITOS SALUDABLES

Tras la transición a la alimentación familiar, el objetivo deja de ser “que coma mucho” y pasa a ser que adquiera un patrón suficiente, variado, seguro y sostenible. Los principios de una alimentación saludable incluyen adecuación a las necesidades, diversidad, moderación y predominio de alimentos poco procesados: verduras y hortalizas, fruta, legumbres, cereales preferentemente integrales cuando sean adecuados, frutos secos en presentación segura, huevos, pescado, carnes y lácteos según edad y contexto.

El agua debe ser la bebida habitual. Los zumos, aunque procedan de fruta, no equivalen a consumir la pieza entera y facilitan una ingesta rápida de azúcares libres. Las bebidas azucaradas, energéticas y productos ultraprocesados de consumo discrecional no deberían convertirse en elementos cotidianos de la dieta infantil.

El comportamiento de los adultos influye de manera decisiva. Pedir al niño que coma verdura mientras los adultos no la consumen o usar dulces como premio transmite mensajes contradictorios. La exposición repetida y no coercitiva a alimentos saludables es más útil que obligar a terminar el plato. La división de responsabilidades es una herramienta educativa: la familia decide qué alimentos saludables ofrece, cuándo y dónde; el niño participa regulando cuánto come de lo ofrecido según hambre y saciedad, salvo situaciones clínicas específicas.

Las comidas familiares favorecen comunicación, modelado y aprendizaje. Es recomendable limitar las pantallas durante la comida porque interfieren con la atención a las señales internas de hambre y saciedad. La alimentación no debe utilizarse sistemáticamente para calmar cualquier emoción, recompensar conductas o castigar.

6.1. Actividad física y sedentarismo

El movimiento es una necesidad del desarrollo. En niños de 1 y 2 años la OMS recomienda acumular al menos 180 minutos diarios de actividad física de distintos tipos e intensidades. Entre 3 y 4 años se mantiene ese volumen global, incluyendo al menos 60 minutos de actividad moderada o vigorosa. Desde los 5 hasta los 17 años la recomendación general es una media de al menos 60 minutos diarios de actividad moderada-vigorosa, incorporando actividades vigorosas y de fortalecimiento muscular y óseo varios días a la semana.

Estas cifras no deben traducirse en “entrenamiento deportivo obligatorio”. Para un preescolar, jugar en el parque, correr, trepar, saltar o bailar constituyen actividad física. La prioridad es generar oportunidades de movimiento agradables y seguras. En escolares mayores el deporte puede aportar beneficios adicionales de socialización, autoestima y competencia motora.

6.2. Sueño y rutinas

El sueño debe abordarse como parte de la salud integral. Las necesidades varían con la edad y el individuo, pero son útiles las rutinas regulares, un entorno adecuado, exposición diurna a actividad y luz, reducción de estimulación antes de acostarse y evitar convertir pantallas en el principal mecanismo de conciliación. Ronquido intenso persistente, pausas respiratorias, somnolencia diurna importante o alteraciones conductuales relacionadas con sueño justifican valoración.

6.3. Prevención de obesidad sin estigma

La prevención se realiza sobre el entorno, no mediante culpabilización. La familia puede modificar disponibilidad de alimentos, bebidas, horarios, oportunidades de juego, sueño y ocio. La enfermera debe utilizar un lenguaje respetuoso y centrado en salud. El estigma relacionado con el peso puede producir daño psicológico, deteriorar la relación con la alimentación y reducir la adherencia a los cuidados.

Hábitos que se refuerzan mutuamente: alimentación, movimiento, sueño y uso de pantallas no son compartimentos independientes. Dormir mal puede alterar apetito y conducta; el exceso de pantalla desplaza juego activo y sueño; las comidas frente a pantallas dificultan reconocer saciedad.

7. HIGIENE, CUIDADO DE LA PIEL Y SALUD BUCODENTAL

La higiene infantil tiene como finalidad proteger la piel y mucosas sin alterar innecesariamente sus barreras naturales. El baño debe adaptarse a edad, actividad y necesidades; no existe beneficio en una limpieza agresiva ni en el uso indiscriminado de antisépticos. La temperatura del agua debe comprobarse para evitar quemaduras y el menor nunca debe quedar solo en bañera, aunque el agua tenga poca profundidad.

En la zona del pañal, la medida principal es reducir contacto prolongado con humedad y sustancias irritantes mediante cambios frecuentes y limpieza suave. La dermatitis irritativa suele afectar superficies en contacto con el pañal y puede respetar inicialmente pliegues; la afectación intensa de pliegues y lesiones satélite orientan hacia sobreinfección por Candida, lo que requiere valoración específica. No toda dermatitis necesita antifúngicos ni corticoides.

El lavado de manos debe incorporarse como hábito desde la infancia mediante modelado familiar: antes de comer, después del uso del baño, tras actividades que ensucien las manos y en situaciones de exposición a secreciones o enfermedad. La técnica debe enseñarse de forma comprensible y practicable, no como una orden abstracta.

7.1. Salud bucodental

La prevención de caries comienza antes de que el niño sea capaz de cepillarse solo. El cepillado debe iniciarse con la erupción de los primeros dientes y mantenerse con supervisión adulta. El objetivo no es únicamente “limpiar”: el contacto regular con dentífrico fluorado en cantidad apropiada para la edad, junto con reducción de exposición frecuente a azúcares libres, constituye una intervención preventiva de gran impacto.

La frecuencia de consumo de azúcar es especialmente relevante: múltiples exposiciones durante el día mantienen repetidamente un ambiente cariogénico. Por eso resulta perjudicial acostumbrar a bebidas azucaradas, zumos o líquidos distintos del agua en biberones o recipientes utilizados continuamente. El biberón nocturno mantenido con líquidos azucarados favorece caries de aparición precoz.

Andalucía ha ampliado en los últimos años la accesibilidad a la atención bucodental infantil. En 2025 se facilitó la cita con el dentista de Atención Primaria para menores de 0 a 15 años y se reforzaron actuaciones preventivas en edades tempranas. La normativa específica tradicional de asistencia dental de 6 a 15 años continúa siendo una referencia, pero ya no debe explicarse como si la atención pública comenzara necesariamente a los 6 años.

Examen SAS 2021, turno libre, pregunta 78: se preguntó por la antigua formulación del programa de asistencia dental de 6 a 15 años. Actualización 2026: debe matizarse. El régimen específico de 6-15 años continúa teniendo base normativa, pero desde 2025 el SAS ha ampliado la accesibilidad y la prevención bucodental para menores de 0 a 15 años. Tampoco debe memorizarse sin matices la antigua exclusión genérica de todo tratamiento derivado de traumatismo.

7.2. Cordón umbilical como continuidad con el periodo neonatal

Aunque el cuidado neonatal se desarrolla específicamente en los temas anteriores, aparece reiteradamente en preguntas de seguimiento infantil. En un recién nacido sano en un entorno con buenas condiciones higiénicas, el principio es mantener el cordón limpio y seco; cuando sea necesario puede limpiarse con agua y jabón y secarse cuidadosamente. No se recomienda el uso rutinario de soluciones yodadas.

Examen SAS 2025, turno libre, pregunta 61: la opción válida proponía higiene con agua y jabón y mantenimiento seco frente al empleo rutinario de antisépticos. Actualización 2026: el principio de cuidado limpio y seco sigue siendo válido.

8. PREVENCIÓN DE ACCIDENTES Y LESIONES NO INTENCIONADAS

La prevención de lesiones infantiles debe anticiparse al desarrollo. Una estrategia útil consiste en preguntar: “¿Qué habilidad va a adquirir este niño antes de la siguiente visita?”. El riesgo cambia cuando empieza a girarse, gatear, andar, trepar, desplazarse en bicicleta o ganar autonomía fuera del domicilio. El consejo anticipatorio debe darse antes de que aparezca la nueva capacidad.

8.1. Caídas y traumatismos

Un lactante puede caer de un cambiador en cuanto aprende a girarse; por ello no debe dejarse solo sobre superficies elevadas. Conforme aumenta la movilidad deben protegerse escaleras, ventanas y balcones y evitar muebles que faciliten la escalada. En juegos y deportes se utilizarán dispositivos de protección adecuados y se enseñarán normas de seguridad de forma progresiva.

8.2. Accidentes de tráfico

En España, los menores con talla igual o inferior a 135 cm deben utilizar un sistema de retención infantil homologado y adecuado, con las excepciones reglamentarias previstas. Como regla general deben ocupar los asientos traseros. Los sistemas actuales se seleccionan fundamentalmente conforme a la homologación UN R129, basada prioritariamente en la talla y en exigencias de seguridad más modernas.

La posición a contramarcha ofrece mayor protección de cabeza y cuello en niños pequeños y debe mantenerse el mayor tiempo permitido por el sistema utilizado. Si excepcionalmente se instala un sistema a contramarcha en un asiento delantero permitido, el airbag frontal correspondiente debe estar desactivado.

Pregunta histórica del examen aplazado asociado a la OEP 2016: el tribunal utilizó la antigua clasificación de sistemas “grupo 0/0+” y preguntó por la colocación de un capazo. Actualización 2026: esas categorías pertenecen a la antigua homologación R44 y no deben aprenderse como clasificación vigente para nuevos sistemas. La referencia actual es UN R129; permanece plenamente vigente que el menor nunca debe viajar en brazos.

8.3. Ahogamiento

La principal medida es la supervisión activa y próxima. Flotadores, manguitos u otros elementos recreativos no sustituyen la vigilancia. Los niños pequeños pueden ahogarse rápidamente y en poca profundidad. Piscinas privadas deben disponer de barreras físicas efectivas y el acceso al agua debe quedar controlado. Aprender a nadar mejora competencias, pero tampoco elimina la necesidad de supervisión.

8.4. Atragantamiento y asfixia

Los objetos pequeños y determinados alimentos constituyen riesgos previsibles. Los alimentos deben ofrecerse en tamaño y textura compatibles con las habilidades del niño. La supervisión durante la comida es esencial: comer corriendo, tumbado o jugando aumenta el riesgo. Piezas pequeñas de juguetes, globos rotos, pilas y objetos que puedan introducirse en boca deben mantenerse fuera del alcance.

8.5. Intoxicaciones

Medicamentos, productos de limpieza, detergentes concentrados y sustancias tóxicas deben conservarse en su envase original, fuera de alcance y preferiblemente bajo cierre seguro. Tras una ingesta potencialmente tóxica no se debe inducir el vómito de forma rutinaria. Es importante identificar producto, cantidad posible, hora y síntomas y solicitar asesoramiento sanitario urgente.

Las pilas de botón y la ingestión de múltiples imanes merecen una consideración especial: aunque el niño parezca asintomático, pueden producir lesiones internas graves y requieren valoración urgente. Nunca debe tranquilizarse a la familia únicamente porque el objeto “es pequeño”.

8.6. Quemaduras

Las escaldaduras por líquidos calientes son especialmente relevantes en niños pequeños. Deben mantenerse bebidas, recipientes, cables y mangos de sartenes fuera de alcance; comprobar la temperatura del baño y proteger fuentes de calor. En una quemadura térmica reciente se retira al menor de la fuente, se enfría la zona con agua corriente fresca sin emplear hielo directamente y se valora extensión, profundidad, localización y estado general.

Consejo anticipatorio de alta rentabilidad: la prevención debe modificarse con el desarrollo. Un hogar seguro para un lactante que aún no se desplaza puede convertirse en peligroso pocas semanas después cuando comienza a gatear o trepar.

9. PROBLEMAS DE SALUD FRECUENTES: FIEBRE Y PROCESOS RESPIRATORIOS

9.1. Fiebre

La fiebre es un signo, no una enfermedad. En pediatría su importancia depende de edad, estado general, duración, síntomas acompañantes y antecedentes. La enfermera debe priorizar la apariencia clínica: nivel de conciencia, interacción, perfusión, respiración, hidratación, exantemas, rigidez, dolor y capacidad para beber.

Un lactante menor de 3 meses con temperatura de 38 °C o superior pertenece a un grupo de alto riesgo de enfermedad grave y requiere valoración médica urgente. Esta regla tiene mucha más utilidad actual que memorizar antiguos “rangos normales” dependientes de la vía de medición.

La temperatura debe medirse con un dispositivo validado y una técnica apropiada para edad y contexto. La vía rectal se utilizó durante años como referencia en determinados protocolos, pero por invasividad, molestias y riesgos no puede afirmarse actualmente que sea la vía universal de primera elección en todos los menores de 2 años.

Examen SAS 2016 aplazado, pregunta 58: conforme al antiguo PAI Fiebre en la Infancia, el tribunal consideró correcta la toma rectal en menores de 2 años y un intervalo concreto de temperatura. Actualización 2026: esa respuesta debe estudiarse como histórica. Hoy la vía rectal no se recomienda universalmente como primera elección; la técnica depende de edad, dispositivo y protocolo. Lo que sí debe memorizarse es que una temperatura de 38 °C o más en un menor de 3 meses constituye un dato de alto riesgo.

El objetivo del tratamiento sintomático no es conseguir una cifra “normal”, sino mejorar el confort. Deben evitarse medidas físicas agresivas como baños fríos. La familia necesita conocer signos de alarma: mal estado general, dificultad respiratoria, alteración de conciencia, convulsión prolongada, petequias o lesiones que no blanquean, rechazo persistente de líquidos, signos de deshidratación o empeoramiento progresivo.

9.2. Infecciones respiratorias de vías altas

Los catarros son extraordinariamente frecuentes. La mayor parte son virales y no se benefician de antibióticos. La actuación enfermera incluye valoración de respiración, fiebre, hidratación y tolerancia de la alimentación, educación sobre higiene de manos y secreciones y reconocimiento de signos de evolución desfavorable. En lactantes, una congestión aparentemente leve puede afectar de forma significativa a la alimentación.

9.3. Bronquiolitis

La bronquiolitis afecta fundamentalmente a menores de 2 años y suele comenzar con síntomas catarrales seguidos de tos, aumento del trabajo respiratorio, crepitantes o sibilancias y, en ocasiones, dificultad para alimentarse. El virus respiratorio sincitial es un agente frecuente, aunque el diagnóstico clínico no requiere identificar el virus en todos los casos.

La valoración enfermera debe centrarse en frecuencia y patrón respiratorio, tiraje, aleteo, quejido, pausas de apnea, coloración, saturación de oxígeno cuando esté indicada, ingesta y signos de deshidratación. La edad muy pequeña, prematuridad y determinadas enfermedades cardiopulmonares o neuromusculares aumentan el riesgo.

El tratamiento es fundamentalmente de soporte: mantener una oxigenación adecuada, favorecer hidratación y alimentación y realizar medidas de higiene nasal cuando sean útiles. Los broncodilatadores, corticoides o antibióticos no se administran de forma rutinaria en la bronquiolitis típica sin otra indicación.

9.4. Asma y episodios de sibilancias

En un niño con asma o sibilancias importa valorar gravedad antes que etiquetar el episodio: capacidad para hablar o alimentarse, frecuencia respiratoria, uso de musculatura accesoria, entrada de aire, saturación, estado mental y respuesta al tratamiento. En los niños que utilizan inhaladores presurizados, la cámara espaciadora mejora la administración y la educación sobre técnica forma parte de la intervención enfermera.

9.5. Otalgia y faringitis

La otitis media aguda y las faringitis son motivos frecuentes de consulta. La enfermera valora dolor, fiebre, hidratación, estado general y signos de complicación. No toda otalgia ni toda odinofagia necesita antibiótico. Mastoiditis sospechada, dificultad respiratoria, babeo con incapacidad para tragar, alteración importante del estado general o signos neurológicos requieren valoración urgente.

En pediatría, “parece muy enfermo”, respira con dificultad, presenta mala perfusión o deja de responder normalmente son datos de mayor prioridad que el número aislado del termómetro.

10. PROBLEMAS DIGESTIVOS, HIDRATACIÓN, ELIMINACIÓN Y OTROS PROBLEMAS FRECUENTES

10.1. Gastroenteritis y deshidratación

La gastroenteritis aguda suele cursar con diarrea, vómitos o ambos. La principal complicación inmediata es la deshidratación. La valoración enfermera incluye número y características de deposiciones y vómitos, ingesta, diuresis, comportamiento, sed, mucosas, ojos, perfusión periférica, frecuencia cardiaca, peso y capacidad para tolerar líquidos.

En ausencia de deshidratación importante debe mantenerse la lactancia y la alimentación apropiada. Cuando se necesita reposición, las soluciones de rehidratación oral son preferibles a bebidas azucaradas, refrescos, zumos o preparados caseros no estandarizados. Administrar volúmenes pequeños y frecuentes puede mejorar la tolerancia en niños con vómitos.

Los signos de gravedad incluyen letargia, mala perfusión, relleno capilar prolongado, taquicardia marcada, oliguria, incapacidad para beber o empeoramiento clínico. La clasificación porcentual de la deshidratación varía entre guías y edades; en oposición es más seguro comprender las manifestaciones clínicas y reconocer que pérdidas en torno al 5-9 % no deben etiquetarse genéricamente como “leves”.

Examen SAS 2021, turno libre, pregunta 73: se pidió identificar una clasificación incorrecta de la deshidratación y el error consistía en considerar leve una pérdida ponderal del 5-9 %. El concepto sigue siendo útil: ese intervalo contiene grados clínicamente más relevantes y no debe minimizarse.

10.2. Estreñimiento

El estreñimiento funcional es frecuente y puede relacionarse con dieta, retención voluntaria tras una defecación dolorosa, cambios de rutina o aprendizaje del control de esfínteres. Debe preguntarse por frecuencia, consistencia, dolor, fisuras, escapes, tamaño de las heces y conducta retentiva. Sangrado persistente, distensión importante, vómitos, pérdida ponderal, alteraciones neurológicas o inicio muy precoz justifican valoración dirigida.

El aprendizaje del control de esfínteres debe respetar la madurez del niño. Castigar, avergonzar o comparar con otros niños aumenta ansiedad y puede empeorar la retención. La familia debe recibir pautas coherentes, tiempo suficiente y refuerzo positivo.

10.3. Vómitos

El vómito aislado tiene múltiples causas, pero determinados patrones son de alarma: vómito bilioso, hematemesis, signos de hipertensión intracraneal, dolor abdominal intenso, distensión, deshidratación, letargia o vómitos repetidos en lactantes pequeños. Un vómito bilioso no debe etiquetarse como una simple gastroenteritis sin valoración urgente.

10.4. Dermatitis y problemas cutáneos frecuentes

En dermatitis atópica la base del cuidado es proteger la barrera cutánea: higiene suave, emoliencia, identificación de irritantes y tratamiento antiinflamatorio indicado durante brotes. La educación familiar evita dos errores frecuentes: abandonar hidratación cuando la piel mejora o, en sentido contrario, utilizar productos perfumados y múltiples cosméticos pensando que “más cuidado” equivale a mejor barrera.

10.5. Infección urinaria

La infección urinaria pediátrica puede manifestarse de forma inespecífica, especialmente en lactantes. Fiebre sin foco, irritabilidad, vómitos, rechazo del alimento o mala ganancia ponderal pueden ser formas de presentación. En niños mayores aparecen disuria, polaquiuria, urgencia o dolor abdominal. La obtención de una muestra de orina debe evitar contaminación porque una muestra inadecuada puede conducir a diagnósticos y antibióticos innecesarios.

10.6. Problemas genitales frecuentes

La falta de retracción completa del prepucio es frecuente en niños pequeños y no justifica maniobras forzadas. Las retracciones traumáticas pueden producir fisuras y cicatrización. La criptorquidia, en cambio, requiere seguimiento y derivación en el momento establecido por el protocolo porque la permanencia del testículo fuera del escroto tiene repercusiones a largo plazo.

La enfermera no debe convertir cada problema común en una lista de tratamientos. Su función esencial es valorar gravedad, identificar signos de alarma, proporcionar cuidados seguros, educar y asegurar seguimiento.

11. DETECCIÓN Y ACTUACIÓN ANTE MALTRATO, RIESGO Y DESAMPARO

La violencia contra la infancia puede adoptar formas físicas, psicológicas, sexuales, negligentes o de explotación y puede producirse en múltiples contextos. El profesional sanitario debe mantener una actitud de vigilancia no prejuiciosa: ninguna lesión aislada confirma maltrato, pero determinadas combinaciones de lesiones, conductas, relatos y circunstancias aumentan la sospecha.

La Ley Orgánica 8/2021 de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia reforzó el enfoque preventivo, la detección precoz y la actuación coordinada. En Andalucía, el Decreto 210/2018 regula el procedimiento de actuación ante situaciones de riesgo y desamparo de la infancia y adolescencia, conocido como SIMIA.

11.1. Indicadores físicos

Debe valorarse la congruencia entre lesión, mecanismo explicado y nivel evolutivo. Un lactante que aún no se desplaza tiene una probabilidad muy baja de producirse determinados traumatismos por sus propios medios. Son especialmente preocupantes lesiones múltiples, localizaciones poco habituales en accidentes comunes, quemaduras con patrones definidos, fracturas inexplicadas, lesiones genitales o una historia que cambia reiteradamente.

No debe intentarse “fechar” un hematoma únicamente por su color: la apariencia varía y no permite establecer con suficiente precisión el momento de la lesión. La documentación objetiva —localización, tamaño, forma, características y relato textual relevante— es preferible a interpretaciones no demostrables.

11.2. Indicadores conductuales y familiares

Pueden aparecer miedo intenso, hipervigilancia, retraimiento, agresividad, alteraciones de sueño o alimentación, conducta sexual no acorde con el desarrollo, regresión, absentismo, retraso en solicitar asistencia o explicaciones incoherentes. Sin embargo, ninguno de estos signos es específico. El objetivo no es “diagnosticar maltrato por conducta”, sino integrar señales y actuar de forma proporcional al riesgo.

La negligencia puede manifestarse como falta persistente de cuidados básicos, incumplimiento grave de necesidades sanitarias, ausencia de supervisión acorde con la edad o exposición reiterada a peligros. Debe distinguirse de la pobreza: una familia puede carecer de recursos pese a realizar adecuadamente sus funciones protectoras. La intervención debe valorar determinantes sociales y facilitar apoyos cuando el problema es la carencia de recursos.

11.3. Entrevista y exploración

La entrevista se desarrolla en un ambiente seguro. No deben realizarse preguntas sugestivas ni interrogatorios repetidos que puedan aumentar el daño o interferir con posteriores actuaciones especializadas. Cuando el niño verbaliza espontáneamente una situación, se escucha con calma, se evita mostrar incredulidad o alarma excesiva y se documenta de la manera más fiel posible.

La prioridad inmediata es la seguridad y la atención clínica. Si existen lesiones graves, riesgo vital, sospecha de abuso sexual reciente u otra situación urgente se activa el circuito asistencial y de protección correspondiente sin retrasarlo por completar trámites administrativos.

11.4. SIMIA y hoja de notificación

El SIMIA proporciona un procedimiento unificado para comunicar posibles situaciones de riesgo o desamparo a los servicios competentes. La hoja de notificación permite que profesionales de los diferentes ámbitos comuniquen la situación a servicios sociales de las entidades locales o a los servicios autonómicos de protección de menores según la valoración realizada.

La Instrucción 1/2026 de la Dirección General competente ha actualizado aspectos operativos para unificar y optimizar el procedimiento. Como criterio general, se impulsa la tramitación electrónica mediante la aplicación SIMIA, preservando la confidencialidad y la trazabilidad de la notificación.

Es importante no aplicar SIMIA de forma indiscriminada a cualquier conflicto entre menores. El propio marco andaluz diferencia las situaciones de riesgo/desamparo vinculadas al incumplimiento o ejercicio inadecuado de los deberes de protección de aquellas otras formas de violencia —por ejemplo, acoso escolar o determinadas violencias entre iguales— que disponen de protocolos sectoriales específicos.

11.5. VALÓRAME

VALÓRAME es el instrumento andaluz para valorar la gravedad de situaciones de riesgo, desprotección y desamparo. Una trampa frecuente consiste en pensar que corresponde a la enfermera realizar la valoración administrativa completa con VALÓRAME. El profesional sanitario detecta, atiende, documenta y notifica; la valoración estructurada de gravedad mediante el instrumento corresponde a los servicios con competencias sociales o de protección según el circuito establecido.

Examen SAS 2021, turno libre, pregunta 79: VALÓRAME se identificó como el instrumento para valorar la gravedad de situaciones de riesgo, desprotección y desamparo de infancia y adolescencia. Actualización 2026: la definición sigue siendo válida, pero recuerda el reparto competencial: enfermería detecta y notifica; no sustituye la valoración propia de los servicios sociales/protección.

11.6. Registro clínico y confidencialidad

El registro debe ser objetivo, preciso y clínicamente pertinente. Deben evitarse expresiones acusatorias sin base (“padre maltratador”) cuando lo que existe es una sospecha; es preferible describir “equimosis de X características”, “relato aportado por…” o “discordancia entre mecanismo referido y capacidad evolutiva”. La confidencialidad no significa ocultar información cuando existe una obligación legal de comunicación para proteger al menor.

Concepto de oposición: para notificar una posible situación de riesgo o desamparo no es necesario que el profesional haya demostrado quién es el responsable. La finalidad del procedimiento es precisamente permitir que la sospecha fundada sea evaluada por los servicios competentes.

12. PAPEL DE LA FAMILIA Y CUIDADOS ENFERMEROS CENTRADOS EN LA FAMILIA

La familia constituye el entorno donde se desarrollan la mayor parte de hábitos infantiles. La promoción de salud será poco eficaz si se dirige exclusivamente al niño y no considera horarios, disponibilidad de alimentos, modelos de comportamiento, vivienda, recursos económicos, apoyo social, estrés parental y cultura familiar.

El enfoque centrado en la familia reconoce que madres, padres y otros cuidadores poseen conocimiento específico del niño y deben participar en la planificación de cuidados. Esto no significa aceptar cualquier práctica sin valoración, sino construir decisiones seguras combinando evidencia, preferencias y contexto.

La enfermera debe favorecer la alfabetización en salud: explicar qué observar, qué puede resolverse en domicilio, qué señales requieren consulta y cómo utilizar los recursos sanitarios. Una instrucción es eficaz cuando la familia puede comprenderla y aplicarla. Pedir al cuidador que explique con sus propias palabras qué hará ante una situación permite detectar malentendidos antes de que se conviertan en errores.

12.1. Modelado de hábitos

Los menores aprenden por repetición y observación. Si el hogar dispone habitualmente de agua, fruta, verduras y alimentos básicos saludables, existe más probabilidad de consumo que si las opciones predominantes son bebidas azucaradas y ultraprocesados. Lo mismo ocurre con actividad física, uso de pantallas, higiene oral, cinturón de seguridad y tabaco.

La exposición al humo de tabaco y aerosoles de nicotina debe evitarse. La recomendación no consiste únicamente en “no fumar delante del niño”: los cuidadores fumadores deben recibir apoyo para abandono y la vivienda y el vehículo deben mantenerse libres de humo.

12.2. Crianza positiva

La disciplina eficaz establece límites consistentes y adaptados al desarrollo sin violencia física ni humillación. El niño pequeño aún no posee la regulación emocional del adulto; interpretar una rabieta como una provocación deliberada favorece respuestas desproporcionadas. La educación a cuidadores sobre desarrollo normal puede prevenir conflictos y violencia.

12.3. Vulnerabilidad social

La evaluación familiar debe identificar barreras de acceso, inseguridad alimentaria, vivienda inadecuada, aislamiento, sobrecarga, enfermedad parental o dificultades económicas. Detectar estas circunstancias no tiene finalidad fiscalizadora: permite activar recursos sociales, comunitarios y sanitarios antes de que el problema afecte gravemente al menor.

Una recomendación clínicamente perfecta pero imposible de aplicar por la familia es una mala intervención. Pregunta por barreras reales y adapta el plan sin renunciar a la seguridad.

13. ATENCIÓN A LAS URGENCIAS PEDIÁTRICAS

La urgencia pediátrica exige combinar rapidez con adaptación anatómica, fisiológica y emocional. Los niños pueden compensar durante un tiempo y deteriorarse con rapidez cuando agotan sus mecanismos de compensación. La valoración inicial se estructura mediante el enfoque ABCDE: vía aérea, respiración, circulación, estado neurológico y exposición.

13.1. Primera impresión

Antes de manipular al menor se valora aspecto, interacción, tono, respiración y color. Un niño que juega, contacta y se consuela transmite una impresión diferente de otro hipotónico, silencioso, pálido o con respiración trabajosa. Debe mantenerse al cuidador próximo siempre que no interfiera con la atención, porque reduce ansiedad y facilita evaluación.

13.2. Obstrucción de vía aérea por cuerpo extraño

Las recomendaciones de soporte vital pediátrico publicadas en 2025 mantienen una distinción esencial: tos efectiva frente a tos inefectiva. Si el niño está consciente y tose de forma eficaz, se le anima a seguir tosiendo y se vigila estrechamente. No se realizan maniobras agresivas mientras la tos mantiene intercambio aéreo efectivo.

Si la tos se vuelve inefectiva y el menor permanece consciente, se administran hasta cinco golpes interescapulares. Si no se resuelve, en el lactante se realizan hasta cinco compresiones torácicas; en el niño mayor, hasta cinco compresiones abdominales. Se alternan las maniobras mientras persista la obstrucción y se solicita ayuda. Si pierde la conciencia, se inicia el algoritmo de reanimación pediátrica. No deben realizarse barridos digitales a ciegas.

Examen SAS 2025, turno libre, pregunta 64: el tribunal consideró válidos varios principios del manejo de cuerpos extraños: muchos objetos ingeridos progresan espontáneamente, la radiografía es una prueba frecuente en la valoración y la broncoscopia es la técnica fundamental para extraer cuerpos extraños aspirados. Actualización 2026: el fundamento sigue siendo correcto, pero no debe interpretarse como que todo cuerpo extraño ingerido puede observarse ni que todos necesitan radiografía. Pilas de botón, imanes, objetos punzantes y la obstrucción de vía aérea requieren circuitos específicos.

13.3. Convulsiones

Ante una convulsión se protege al niño de traumatismos, se retiran objetos peligrosos y se registra la duración. No debe inmovilizarse con fuerza ni introducirse ningún objeto en la boca. Se evalúan vía aérea, respiración, circulación y glucemia cuando corresponda. Una convulsión prolongada, focal, repetida sin recuperación, acompañada de alteración respiratoria o que se produce en un niño con signos de infección grave es una emergencia.

Las convulsiones febriles aparecen típicamente en niños pequeños asociados a fiebre y, en su forma simple, suelen tener buen pronóstico; no obstante, el primer episodio debe ser valorado para descartar otras causas. La atención se centra en el niño y no en “bajar inmediatamente la fiebre” como método anticonvulsivo.

13.4. Anafilaxia

La anafilaxia debe sospecharse ante un inicio agudo con afectación de vía aérea, respiratoria o circulatoria, especialmente si se acompaña de signos cutáneos o exposición a un desencadenante. La adrenalina intramuscular es el tratamiento farmacológico de primera línea; no debe retrasarse esperando que antihistamínicos o corticoides resuelvan una alteración respiratoria o circulatoria. La dosis pediátrica se ajusta al peso y al protocolo de emergencias, por lo que no debe improvisarse.

13.5. Traumatismo

El mecanismo lesional orienta sobre gravedad. Una caída aparentemente banal no se interpreta igual en un lactante que en un escolar, y determinados mecanismos de alta energía requieren evaluación aunque inicialmente existan pocos síntomas. Alteración de conciencia, vómitos repetidos, convulsión postraumática, signos neurológicos, dificultad respiratoria o inestabilidad hemodinámica aumentan la prioridad.

13.6. Quemaduras

En pediatría la estimación de superficie corporal quemada debe tener en cuenta que las proporciones corporales cambian con la edad. Para valoraciones precisas se utiliza la tabla de Lund-Browder en lugar de trasladar sin más la regla de los nueve del adulto. La cara, manos, genitales, articulaciones, vía aérea y quemaduras eléctricas o químicas requieren especial valoración.

13.7. Intoxicaciones

La anamnesis debe obtener producto, concentración, cantidad potencial, hora, vía de exposición, peso y síntomas. No se provoca el vómito ni se administran remedios domésticos sin indicación. El envase del producto, si está disponible, debe acompañar al paciente o servir para identificar con exactitud la sustancia.

13.8. Fiebre en lactante pequeño

Un menor de tres meses con temperatura igual o superior a 38 °C debe considerarse de alto riesgo y requiere evaluación médica urgente incluso si inicialmente presenta buen aspecto. El umbral tiene especial importancia en preguntas de oposición porque sustituye a numerosas reglas antiguas basadas exclusivamente en el lugar de medición.

Prioridad enfermera en urgencias: primero identificar amenaza vital y estabilizar; después completar historia, diagnóstico etiológico y trámites. Un niño con compromiso respiratorio no espera a que se complete una anamnesis exhaustiva.

14. DERECHOS DE LOS MENORES A RECIBIR ATENCIÓN SANITARIA

La Ley 4/2021, de 27 de julio, de Infancia y Adolescencia de Andalucía, reconoce expresamente el derecho a la salud y a la atención sanitaria. No se limita a la asistencia cuando existe enfermedad: incorpora educación para la salud, información correcta, vida saludable y alimentación equilibrada, así como acceso a la atención necesaria.

La atención debe adaptarse a las necesidades específicas del menor y desarrollarse en entornos apropiados para edad, desarrollo y problema de salud. La ley presta especial atención a niños y adolescentes víctimas de violencia, que tienen derecho a las actuaciones necesarias para su recuperación física y psicológica, y a quienes presentan necesidades de salud mental.

14.1. Derecho a la información

El menor tiene derecho a recibir información comprensible sobre su estado y actuaciones sanitarias de forma adaptada a edad, desarrollo, capacidad de comprensión y situación emocional. Informar únicamente a los padres ignorando al niño no satisface plenamente este principio. Incluso cuando el consentimiento corresponda legalmente al representante, el menor debe participar en la medida de sus capacidades.

14.2. Consentimiento y capacidad

La Ley 41/2002 establece que cuando un menor no es capaz intelectual o emocionalmente de comprender el alcance de una intervención, el consentimiento se presta por representación, después de escuchar su opinión cuando corresponda y favoreciendo su participación.

Para menores emancipados y mayores de 16 años, como regla general no procede el consentimiento por representación. Sin embargo, existe una excepción de enorme importancia en oposición: cuando, según criterio facultativo, la actuación supone grave riesgo para la vida o salud del menor, el consentimiento lo presta su representante legal después de haber oído y tenido en cuenta la opinión del menor.

Por tanto, es incorrecto memorizar “a los 16 años el menor siempre decide solo”. La autonomía es amplia, pero no absoluta. Además, existen actuaciones con legislación específica que poseen reglas particulares.

14.3. Urgencia

Cuando existe riesgo inmediato grave para la integridad física o psíquica y no es posible conseguir autorización, la legislación permite realizar las intervenciones indispensables en favor de la salud del paciente. El objetivo es no retrasar una actuación vital por la ausencia momentánea del representante.

14.4. Intimidad y confidencialidad

La infancia no elimina el derecho a la intimidad. La exposición física durante exploraciones debe reducirse a lo necesario y la información clínica debe comunicarse únicamente a quienes estén legitimados. En adolescentes, ofrecer momentos de entrevista privada puede ser esencial para detectar problemas de salud mental, violencia, consumo de sustancias o salud sexual, siempre dentro del marco de seguridad y responsabilidad profesional.

14.5. Hospitalización y acompañamiento

La normativa andaluza reconoce el derecho del menor hospitalizado al acompañamiento, salvo que exista una contraindicación justificada por las necesidades asistenciales. Debe favorecerse la continuidad educativa cuando la hospitalización o tratamiento domiciliario interrumpe la escolarización y deben proporcionarse oportunidades de juego y actividad apropiadas.

La hospitalización infantil debe minimizar separación, dolor, miedo y pérdida de control. Preparar al menor para una técnica con lenguaje apropiado, permitir elecciones simples cuando son posibles y facilitar presencia del cuidador son intervenciones clínicas, no simples gestos de cortesía.

14.6. Interés superior del menor

El interés superior del niño actúa como criterio de interpretación de las decisiones que le afectan. No equivale automáticamente a la voluntad de los adultos ni permite ignorar la opinión del menor. La decisión debe buscar protección de vida, salud, dignidad y desarrollo, utilizando la alternativa menos restrictiva compatible con su seguridad.

Trampa jurídica: “16 años = consentimiento adulto sin excepciones” es falso. La regla general es autonomía desde esa edad o emancipación, pero ante una actuación de grave riesgo para vida o salud el representante legal presta el consentimiento una vez escuchada y considerada la opinión del menor.

15. IDEAS CLAVE Y ACTUALIZACIÓN DE PREGUNTAS HISTÓRICAS

Este tema contiene numerosos datos susceptibles de quedar obsoletos. Para oposición resulta más seguro separar los principios estables de las cifras o nomenclaturas dependientes de una edición concreta.

Dato de examen previo Situación en 2026
PSIA-A: 12 visitas hasta la adolescencia Vigente. La actualización de 2025 mantiene 12 visitas desde nacimiento hasta 14 años.
Lactancia con horario fijo cada 3 horas Sigue siendo incorrecto. Se mantiene recomendación de lactancia a demanda.
Lactancia materna exclusiva hasta 6 meses Vigente. Recomendación mantenida por OMS.
Temperatura rectal como método obligatorio de primera elección en todo menor de 2 años Histórico. No debe generalizarse actualmente.
Menor de 3 meses con temperatura ≥38 °C Vigente como dato de alto riesgo y requiere valoración urgente.
Grupos 0/0+ de sistemas de retención infantil Nomenclatura histórica. La homologación actual de referencia para nuevos sistemas es UN R129.
SRI obligatorio hasta 135 cm Vigente, con utilización generalmente en asiento trasero y adaptación al menor.
Tiempos amplios de conservación de leche materna de examen 2021 No trasladarlos automáticamente. Consultar recomendación actual según condiciones de conservación.
PADI descrito exclusivamente como 6-15 años Necesita actualización. El SAS amplió en 2025 el acceso preventivo y cita odontológica a menores de 0-15 años.
VALÓRAME como instrumento de gravedad de riesgo/desprotección/desamparo Vigente. El profesional sanitario detecta y notifica; la valoración administrativa corresponde a los servicios competentes.
Asimetrías posturales como señal de alarma del desarrollo Vigente.
Tos eficaz ante atragantamiento: estimular tos y vigilar Vigente. Las guías de soporte vital pediátrico 2025 mantienen este principio.
Para resolver preguntas antiguas: identifica primero qué documento estaba citando el tribunal y después pregunta si sigue vigente. Una respuesta puede haber sido correcta en 2016 y ser hoy una recomendación histórica. Esto ocurre claramente con la vía rectal para medir temperatura y con los antiguos grupos R44 de sistemas de retención infantil.
Prioridades de estudio: PSIA-A y visitas; crecimiento longitudinal; signos de alarma del desarrollo; lactancia a demanda y alimentación complementaria; prevención de accidentes; fiebre en menores de 3 meses; bronquiolitis y deshidratación; obstrucción de vía aérea; SIMIA/VALÓRAME; consentimiento del menor y derechos sanitarios.

16. MAPA CONCEPTUAL

CUIDADOS EN LA INFANCIA

├── ATENCION PRIMARIA
│ ├── PSIA-A actualizado 2025
│ ├── 12 visitas: nacimiento ──> 14 anos
│ ├── Pediatria + Enfermeria
│ └── Promocion + prevencion + cribado + seguimiento

├── CRECIMIENTO
│ ├── Peso
│ ├── Longitud / talla
│ ├── Perimetro cefalico
│ ├── IMC para edad y sexo
│ └── Importa la trayectoria, no un percentil aislado

├── DESARROLLO
│ ├── Motor grueso
│ ├── Motor fino
│ ├── Lenguaje y comunicacion
│ ├── Personal-social
│ └── Alarmas: regresion + asimetria + desviacion clara

├── ALIMENTACION
│ ├── Lactancia exclusiva ~ 6 meses
│ ├── Lactancia a demanda
│ ├── Complementaria alrededor de 6 meses
│ ├── Progresion de texturas
│ └── Dieta familiar variada y segura

├── HABITOS
│ ├── Agua como bebida habitual
│ ├── Actividad fisica
│ ├── Sueno
│ ├── Salud bucodental
│ └── Familia como modelo

├── PREVENCION DE LESIONES
│ ├── Caidas
│ ├── Ahogamiento
│ ├── Atragantamiento
│ ├── Intoxicaciones
│ ├── Quemaduras
│ └── Trafico: SRI R129 · contramarcha · 135 cm

├── PROBLEMAS FRECUENTES
│ ├── Fiebre
│ │ └── < 3 meses + >= 38 C ──> alto riesgo
│ ├── Bronquiolitis / asma
│ ├── Gastroenteritis / deshidratacion
│ ├── Otalgia / faringitis
│ ├── Estrenimiento
│ └── Piel / urinario / genital

├── MALTRATO
│ ├── Detectar
│ ├── Atender lesiones y seguridad
│ ├── Registrar objetivamente
│ ├── Notificar por SIMIA cuando corresponda
│ └── VALORAME ──> servicios sociales / proteccion

├── URGENCIAS
│ ├── ABCDE
│ ├── OVA: tos eficaz ──> estimular y vigilar
│ ├── OVA ineficaz ──> 5 golpes + compresiones
│ ├── Convulsion
│ ├── Anafilaxia
│ ├── Trauma / quemaduras
│ └── Intoxicaciones

└── DERECHOS
├── Informacion adaptada
├── Intimidad
├── Participacion
├── Acompanamiento
├── Consentimiento segun capacidad y edad
└── Interes superior del menor

17. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS

  • Servicio Andaluz de Salud / Consejería competente en materia de Salud. Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía (PSIA-A), actualización de contenidos publicada en 2025.
  • Junta de Andalucía. Plan Estratégico de Salud de la Infancia y la Adolescencia de Andalucía 2023-2027.
  • Ley 4/2021, de 27 de julio, de Infancia y Adolescencia de Andalucía. Especialmente el artículo 49, relativo al derecho a la salud y la atención sanitaria.
  • Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio. Protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia.
  • Ley 41/2002, de 14 de noviembre. Básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.
  • Decreto 210/2018, de 20 de noviembre. Procedimiento de actuación ante situaciones de riesgo y desamparo de la infancia y adolescencia en Andalucía (SIMIA).
  • Orden de 30 de julio de 2019. Formulario normalizado de la hoja de notificación de posibles situaciones de riesgo y desamparo.
  • Dirección General competente en materia de infancia, Junta de Andalucía. Instrucción 1/2026 para unificar y optimizar el procedimiento SIMIA.
  • Servicio Andaluz de Salud. Cartera de servicios de Atención Primaria: salud infantil y salud bucodental.
  • Decreto 521/2019, de 26 de noviembre. Prestación de asistencia dental a la población infantil protegida por el Sistema Sanitario Público de Andalucía.
  • Organización Mundial de la Salud. WHO Child Growth Standards, 0-5 años, y referencia de crecimiento de 5-19 años.
  • Organización Mundial de la Salud. Guideline for Complementary Feeding of Infants and Young Children 6-23 Months, 2023.
  • Organización Mundial de la Salud. Recomendaciones sobre lactancia materna, alimentación del lactante y dieta saludable.
  • Organización Mundial de la Salud. Guidelines on Physical Activity, Sedentary Behaviour and Sleep for Children under 5 Years of Age.
  • Organización Mundial de la Salud. Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour para niños y adolescentes.
  • Dirección General de Tráfico. Recomendaciones y normativa vigente sobre sistemas de retención infantil y homologación UN R129.
  • NICE. Fever in under 5s: assessment and initial management.
  • NICE. Bronchiolitis in children: diagnosis and management.
  • NICE. Diarrhoea and vomiting caused by gastroenteritis in under 5s: diagnosis and management.
  • Resuscitation Council UK / European Resuscitation Council. Recomendaciones 2025 de soporte vital pediátrico y manejo de la obstrucción de vía aérea por cuerpo extraño.
  • Exámenes oficiales SAS de Enfermero/a. Convocatorias de 2016 aplazada, 2021 turno libre y 2025 turno libre, contrastadas con sus respuestas oficiales.
PSIA-A
crecimiento infantil
desarrollo psicomotor
lactancia materna
alimentación complementaria
salud bucodental
prevención de accidentes
urgencias pediátricas
SIMIA
VALÓRAME
maltrato infantil
derechos del menor

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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el agosto 9, 2026.