Tema 65. Recomendaciones basadas en la evidencia para la prevención de caídas. Instrumentos para la evaluación del riesgo de caídas en domicilio y cribado en centros sanitarios y sociosanitarios.
1. INTRODUCCIÓN
Las caídas constituyen uno de los acontecimientos adversos más relevantes asociados al envejecimiento, la fragilidad, la hospitalización, la institucionalización y determinados procesos agudos o crónicos. Su importancia no se limita a la lesión traumática inmediata. Una caída puede desencadenar fracturas, traumatismo craneoencefálico, dolor, inmovilidad, delirium, pérdida funcional, miedo a volver a caer, restricción voluntaria de la actividad, aislamiento social, dependencia y aumento de la utilización de recursos sanitarios. En una persona vulnerable puede ser el acontecimiento que inicia una auténtica cascada discapacitante.
El abordaje actual se ha alejado progresivamente de una idea demasiado simplista: aplicar una escala, obtener una puntuación y etiquetar al paciente como de «alto» o «bajo» riesgo. Las recomendaciones contemporáneas diferencian claramente entre cribar o detectar a quién necesita evaluación, valorar los factores que realmente explican el riesgo e intervenir sobre los factores modificables. Esta distinción es esencial para la oposición porque explica por qué algunas preguntas antiguas sobre escalas siguen teniendo interés histórico, mientras que la práctica clínica actual ha cambiado.
En España existe además una actualización especialmente importante. El Documento de consenso sobre prevención de la fragilidad y caídas en la persona mayor fue actualizado en 2026 dentro de la Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención en el Sistema Nacional de Salud. El documento fue aprobado por el Consejo Interterritorial del SNS el 9 de abril de 2026 y presentado por el Ministerio de Sanidad en junio de ese mismo año. Incorpora un esquema moderno de detección de fragilidad y riesgo de caídas, una Valoración Multifactorial de Caídas estructurada y materiales específicos para revisar riesgos domiciliarios y medicamentos que aumentan el riesgo de caer.
En Andalucía se produce, además, un cambio que tiene enorme interés para el examen: en enero de 2025, Diraya comunicó la sustitución de la escala de J. H. Downton en la Valoración Integral Exhaustiva funcional por un cribado simple de riesgo de caídas. Por tanto, no es correcto elaborar un tema actualizado afirmando sin matices que «en Atención Primaria se utiliza Downton» o que «Downton es la escala corporativa actual del SAS». Downton debe conocerse porque ha sido preguntada repetidamente en exámenes anteriores y porque existen protocolos históricos que la incorporaron, pero su posición actual es distinta.
Esta evolución coincide con las World Guidelines for Falls Prevention and Management for Older Adults y con la guía NICE NG249, publicada en abril de 2025. Ambas insisten en que la prevención efectiva debe ser individualizada. En personas mayores que viven en la comunidad se realiza búsqueda activa de casos y, cuando existe riesgo relevante, evaluación multifactorial e intervención multidominio. En hospitales y residencias el planteamiento es todavía más claro: no resulta útil confiar en una escala numérica para seleccionar a unas pocas personas como «de riesgo», porque el contexto asistencial y la elevada vulnerabilidad hacen necesario evaluar sistemáticamente factores modificables.
Para Enfermería, las consecuencias prácticas son directas. La enfermera debe conocer el antecedente de caídas, explorar movilidad, equilibrio y fuerza cuando corresponda, identificar deterioro cognitivo o delirium, revisar continencia y urgencia miccional, observar el calzado y las ayudas técnicas, detectar hipotensión ortostática, colaborar en la revisión farmacológica, evaluar el entorno y conocer las circunstancias exactas de cualquier caída. La intervención no termina al impedir un nuevo episodio: también debe preservar autonomía, movilidad y participación. Una política preventiva que inmoviliza al paciente puede reducir su exposición momentánea al movimiento pero empeorar sarcopenia, fuerza, equilibrio y dependencia, aumentando finalmente el riesgo.
El objetivo de este tema es, por ello, estudiar simultáneamente tres planos: la evidencia científica actual, el marco asistencial del SNS y del SSPA y los contenidos que han sido realmente preguntados por el SAS. Cuando exista discordancia temporal, se señalará expresamente para evitar memorizar como vigente una respuesta que pertenecía a un protocolo anterior.
2. CONCEPTO, MAGNITUD Y CONSECUENCIAS DE LAS CAÍDAS
2.1. Concepto clínico
La Organización Mundial de la Salud considera caída el acontecimiento involuntario por el que una persona termina en el suelo, en el piso o en otro nivel inferior. Esta definición tiene dos utilidades. En primer lugar, evita limitar el concepto a las caídas con lesión: una caída sin daño físico sigue siendo clínicamente relevante porque predice nuevos episodios y puede revelar un problema de marcha, equilibrio, medicación, síncope o seguridad ambiental. En segundo lugar, obliga a diferenciar la caída accidental de otros acontecimientos como una pérdida brusca de conciencia, un ictus o un traumatismo provocado por una fuerza externa.
En la práctica, la historia debe intentar reconstruir el mecanismo. No es lo mismo tropezar con una alfombra que desplomarse sin recordar el episodio. Una caída «mecánica» aparente puede ocultar hipotensión ortostática, arritmia, hipoglucemia, infección, delirium o efecto farmacológico. Las caídas recurrentes inexplicadas requieren especial precaución porque pueden constituir una presentación atípica de síncope o de enfermedad aguda.
2.2. Epidemiología: cuidado con las cifras absolutas
Las cifras de caídas dependen de edad, población estudiada, definición utilizada, método de registro y ámbito asistencial. El informe mundial clásico de la OMS sobre prevención de caídas en la vejez estimó que aproximadamente un 28–35 % de las personas de 65 años o más experimentaban alguna caída en un año, aumentando el porcentaje con la edad. Son cifras epidemiológicas útiles para dimensionar el problema, pero no deben convertirse en un dogma aplicable automáticamente a cualquier población andaluza.
El material antiguo de este tema afirmaba que «el 70–80 %» de las caídas de personas mayores ocurren en domicilio. Ese porcentaje no debe memorizarse como una constante universal. Una parte importante de las caídas comunitarias ocurre en el domicilio o su entorno, pero la distribución varía mucho según movilidad, institucionalización y exposición. Lo realmente estable y útil para el examen es comprender que el hogar es un escenario prioritario para evaluar peligros ambientales, no aprender un porcentaje rígido difícilmente generalizable.
La OMS mantiene las caídas entre las principales causas mundiales de lesiones involuntarias y señala que las personas mayores presentan el mayor riesgo de fallecimiento o lesión grave tras una caída. El daño depende no solo de la probabilidad de caer, sino también de la vulnerabilidad frente al impacto: osteoporosis, anticoagulación, fragilidad, edad avanzada, masa muscular reducida o incapacidad para protegerse durante la caída modifican las consecuencias.
2.3. Consecuencias físicas
Las lesiones más importantes son las fracturas —especialmente de cadera, húmero, muñeca y pelvis—, traumatismos craneoencefálicos, heridas y contusiones. En pacientes anticoagulados o antiagregados, una caída con traumatismo craneal exige una valoración especialmente cuidadosa por el riesgo hemorrágico. En personas con osteoporosis, una caída desde la propia altura puede producir una fractura por fragilidad.
Tras una fractura de cadera, el problema trasciende la reparación ortopédica. El periodo de inmovilidad puede precipitar delirium, pérdida muscular, úlceras por presión, tromboembolismo, estreñimiento, infección, desnutrición y deterioro funcional. Por ello la prevención de caídas forma parte también de la prevención de dependencia.
2.4. Síndrome postcaída y preocupación por caer
Después de una caída, algunas personas desarrollan una intensa preocupación por volver a caerse. Puede aparecer incluso en ausencia de lesión. La persona reduce paseos y transferencias, evita salir de casa o deja de realizar actividades que antes hacía de manera independiente. Esa restricción produce desacondicionamiento, pérdida de fuerza y peor equilibrio, creando un círculo paradójico: cuanto menos se mueve para «estar segura», mayor puede llegar a ser su vulnerabilidad.
El término tradicional «miedo a caer» se ha ido complementando con el concepto de concern about falling o preocupación por caer. Puede evaluarse mediante instrumentos como la Falls Efficacy Scale International y su versión corta, pero la entrevista clínica sigue siendo esencial: debe preguntarse si el temor está limitando actividades que la persona desea o necesita realizar.
2.5. Caída como indicador de seguridad del paciente
En hospitalización, una caída se considera un incidente de seguridad que debe analizarse. El objetivo no es buscar culpables, sino determinar qué factores concurrieron: delirium, desorientación, urgencia miccional, sedación, entorno desconocido, necesidad de ayuda no detectada, fallo de una ayuda técnica, calzado, iluminación o ausencia de un plan individualizado. El análisis debe producir aprendizaje y modificación del plan de cuidados.
3. MODELO ACTUAL: CRIBADO, ESTRATIFICACIÓN Y VALORACIÓN MULTIFACTORIAL
3.1. Tres conceptos que no deben confundirse
En prevención de caídas conviene separar cribado, estratificación y valoración multifactorial. El cribado pretende identificar de forma rápida a personas que necesitan una evaluación posterior. La estratificación organiza la intensidad de la respuesta preventiva. La valoración multifactorial busca las causas o factores modificables sobre los que actuar. Una escala predictiva puntuada intenta algo diferente: estimar mediante una suma numérica la probabilidad de que ocurra el evento. Esa última estrategia ha perdido protagonismo en las recomendaciones actuales.
La razón es metodológica. Una caída resulta de la interacción dinámica entre características del individuo y exposición al entorno. Un paciente puede obtener una puntuación relativamente baja por la mañana y, horas después, desarrollar delirium, recibir un sedante, presentar hipotensión o necesitar levantarse repetidamente para orinar. La puntuación previa no captura necesariamente ese cambio. Por eso la práctica segura exige valoración clínica continuada, no una confianza excesiva en un número.
3.2. Actualización del Ministerio de Sanidad de 2026
La herramienta de decisión publicada por el Ministerio de Sanidad en 2026 integra valoración de fragilidad y caídas. Para el programa comunitario de prevención de fragilidad comienza en personas de 70 años o más y utiliza inicialmente el índice de Barthel; las personas con Barthel igual o superior a 90 pasan al circuito específico de detección precoz de fragilidad y riesgo de caídas. Las personas con mayor dependencia no quedan «sin valorar»: simplemente requieren abordajes adaptados a su situación funcional y otros programas de atención.
El cribado actual del riesgo de caídas se fundamenta en tres preguntas clínicas sencillas:
- antecedente de alguna caída durante los últimos 12 meses;
- presencia de inestabilidad al estar de pie o caminar;
- preocupación por caerse.
Si existe una caída previa, el algoritmo añade criterios de gravedad. Entre ellos figuran la existencia de lesión, haber sufrido dos o más caídas en el último año, haber permanecido en el suelo sin poder levantarse y la pérdida de conciencia o sospecha de síncope. La consecuencia es importante: no todas las respuestas positivas significan lo mismo. Un episodio aislado sin gravedad no tiene la misma implicación que caídas recurrentes, lesión o posible pérdida de conciencia.
3.3. Fragilidad y caída son fenómenos relacionados, pero distintos
La fragilidad incrementa la vulnerabilidad frente a una caída, y una caída puede acelerar la pérdida funcional; sin embargo, no son diagnósticos equivalentes. El Ministerio permite detectar probabilidad de fragilidad mediante SPPB, velocidad de la marcha, TUG o escala FRAIL. En su herramienta, un SPPB igual o superior a 10, una velocidad de marcha igual o superior a 0,8 m/s o un TUG igual o inferior a 12 segundos son parámetros compatibles con rendimiento funcional preservado cuando se utilizan esas pruebas dentro del circuito de fragilidad. Esto no convierte, por ejemplo, «TUG mayor de 12» en una regla universal para diagnosticar alto riesgo de caída.
Esta precisión corrige uno de los errores más frecuentes de los resúmenes antiguos, que asignan al TUG cortes rígidos de 10, 20 o 30 segundos y los etiquetan automáticamente como «bajo», «moderado» o «alto riesgo de caída». El TUG es una buena prueba de movilidad funcional, pero su capacidad para predecir caídas de forma aislada es limitada. Las World Falls Guidelines consideran más consistente la velocidad de la marcha para estratificación y aceptan TUG como alternativa, señalando que su evidencia predictiva es menos uniforme.
3.4. World Falls Guidelines
Las recomendaciones mundiales de 2022 proponen que los profesionales pregunten activamente por caídas a las personas mayores, porque muchas no las comunican espontáneamente. En comunidad, una respuesta positiva acerca de caída, trastorno de marcha/equilibrio, mareo o preocupación por caer debe conducir a una evaluación objetiva y a una estratificación clínica. Las personas de alto riesgo deben recibir una valoración multifactorial y una intervención multidominio individualizada.
En hospitales y centros residenciales la lógica cambia: la prevalencia de factores de riesgo es tan elevada que seleccionar únicamente a quienes superen un punto de corte puede generar falsos negativos. Las World Falls Guidelines recomiendan valorar de manera multifactorial a los pacientes mayores hospitalizados y consideran a los residentes de centros de larga estancia como población de alto riesgo.
3.5. NICE NG249: cambio definitivo respecto a las escalas predictivas
La guía NICE NG249 de 2025 formula una recomendación especialmente clara: no utilizar herramientas de predicción de riesgo de caídas para predecir si una persona caerá. En lugar de etiquetar con una puntuación, se identifican factores individuales y se decide qué intervención necesita la persona. Esta recomendación es extraordinariamente importante para interpretar exámenes SAS históricos, porque permite entender por qué una escala podía ser una respuesta correcta en 2016 y no ser la mejor respuesta clínica en 2026.
4. FACTORES DE RIESGO: INTRÍNSECOS, EXTRÍNSECOS Y RELACIONADOS CON LA EXPOSICIÓN
Clasificar los factores de riesgo sirve para organizar la valoración, pero la prevención eficaz exige comprender su interacción. Una alfombra no provoca necesariamente una caída en una persona con buena visión, fuerza y equilibrio; puede convertirse en un peligro decisivo en otra con neuropatía, marcha inestable y benzodiacepinas. El riesgo emerge de la relación persona–actividad–entorno.
4.1. Factores intrínsecos
Son condiciones propias de la persona. Entre los más relevantes se encuentran:
- caídas previas, especialmente recurrentes o recientes;
- deterioro de marcha, equilibrio y fuerza muscular;
- fragilidad, sarcopenia y desacondicionamiento;
- deterioro cognitivo, demencia y, de forma muy relevante en hospital, delirium;
- enfermedad de Parkinson, secuelas de ictus, neuropatía periférica y otras enfermedades neurológicas;
- déficit visual, alteración vestibular y determinados problemas auditivos;
- hipotensión ortostática, arritmias, síncope y enfermedades cardiovasculares;
- dolor, artrosis, deformidades podológicas y limitación funcional;
- urgencia urinaria, nocturia e incontinencia;
- depresión, ansiedad y preocupación intensa por caer;
- malnutrición y pérdida de masa muscular;
- consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas.
La edad cronológica incrementa el riesgo, pero no debe utilizarse como explicación suficiente. Dos personas de 85 años pueden tener perfiles funcionales completamente distintos. La valoración debe centrarse en capacidad intrínseca, funcionalidad, exposición y factores modificables.
4.2. Medicamentos que aumentan el riesgo de caída
Los medicamentos constituyen uno de los factores modificables más relevantes. Las denominadas FRIDs —Fall-Risk-Increasing Drugs— pueden aumentar el riesgo por sedación, ataxia, hipotensión ortostática, deterioro psicomotor, alteraciones electrolíticas, hipoglucemia, visión borrosa o efectos anticolinérgicos.
Entre los grupos que requieren especial revisión se encuentran benzodiacepinas e hipnóticos Z, antidepresivos, antipsicóticos, opioides, determinados antiepilépticos y otros medicamentos capaces de provocar sedación o desequilibrio. También deben revisarse tratamientos cardiovasculares cuando existe hipotensión, diuréticos en pacientes con urgencia miccional o hipotensión, y tratamientos hipoglucemiantes cuando se producen episodios de hipoglucemia.
La clave no es elaborar una «lista negra». El mismo fármaco puede estar plenamente indicado en un paciente y ser innecesario en otro. La prevención requiere una revisión estructurada de indicación, dosis, duración, duplicidades, interacciones y posibilidad de deprescripción. Herramientas como STOPP/START y STOPPFall ayudan a sistematizarla.
4.3. Factores extrínsecos y ambientales
Incluyen obstáculos, suelos resbaladizos, alfombras mal fijadas, cables, iluminación deficiente, ausencia de barras de apoyo, mobiliario que dificulta el paso, objetos de uso frecuente situados demasiado altos, camas o sillas de altura inadecuada, calzado inseguro, ropa demasiado larga o ayudas técnicas defectuosas.
En hospital aparecen además riesgos propios de un entorno desconocido: distribución no familiar, necesidad de levantarse de noche, conexiones intravenosas, sondas, dispositivos de monitorización, cambio brusco del nivel funcional y dificultad para recordar cómo pedir ayuda. De ahí que una persona previamente autónoma pueda convertirse temporalmente en paciente de alto riesgo durante un episodio agudo.
4.4. Factores de exposición
Para caer es necesario, en general, exponerse a una situación de movilidad. Una persona encamada puede tener una capacidad funcional muy deteriorada y, sin embargo, pocas oportunidades de caer mientras no intente movilizarse. Si comienza a levantarse sin asistencia, el riesgo cambia. Por ello, una evaluación adecuada debe preguntarse qué actividades realiza la persona, qué desea realizar y en qué condiciones las realiza.
Esta dimensión explica también por qué no se debe «prevenir» una caída eliminando toda actividad. La inmovilidad mantenida reduce fuerza y reserva funcional y puede incrementar el riesgo futuro. El objetivo es promover una movilidad segura, no una ausencia de movilidad.
| Dominio | Ejemplos | Intervención orientativa |
|---|---|---|
| Movilidad | Debilidad, marcha inestable, déficit de equilibrio | Ejercicio individualizado, fisioterapia, ayuda técnica adecuada |
| Cognición | Delirium, demencia, desorientación | Tratar causa, orientación, supervisión proporcional |
| Fármacos | Sedantes, psicotropos, hipotensores | Revisión y deprescripción cuando proceda |
| Cardiovascular | Hipotensión ortostática, síncope, arritmia | Valoración clínica y tratamiento etiológico |
| Entorno | Alfombras, mala iluminación, baño inseguro | Evaluación domiciliaria y modificación |
| Continencia | Urgencia, nocturia | Plan de continencia y acceso seguro al baño |
5. EVALUACIÓN DEL RIESGO EN DOMICILIO Y COMUNIDAD
5.1. El domicilio se valora, no se presupone
La prevención domiciliaria no consiste en entregar una hoja genérica con la recomendación de «quitar alfombras». Debe analizarse la relación entre el entorno concreto y las capacidades de la persona. Una escalera puede ser segura para una persona y peligrosa para otra con hemianopsia, debilidad o uso incorrecto de bastón. Del mismo modo, retirar mobiliario sin conocer cómo lo utiliza la persona puede eliminar puntos de apoyo habituales y empeorar su seguridad.
Las World Falls Guidelines recomiendan identificar peligros ambientales en el lugar donde vive la persona y valorar simultáneamente sus capacidades y comportamientos. NICE 2025 considera especialmente útil que la evaluación e intervención sobre peligros del hogar sea realizada por un profesional entrenado y señala la conveniencia de intervención de terapia ocupacional cuando esté disponible.
5.2. Cribado comunitario actual
La primera aproximación debe ser sencilla. En una persona mayor conviene preguntar de forma activa por:
- caídas en los últimos 12 meses;
- sensación de inestabilidad al ponerse de pie o caminar;
- preocupación por volver a caer o por sufrir una caída.
Cuando existe caída previa se investigan número de episodios, lesión, incapacidad para levantarse y pérdida de conciencia o sospecha de síncope. Esta información discrimina mejor la necesidad de una valoración intensiva que limitarse a una puntuación global.
5.3. Lista oficial de comprobación del hogar del Ministerio de Sanidad
Los materiales de 2026 estructuran la evaluación domiciliaria en varios dominios prácticos. Para oposición interesa comprenderlos porque representan exactamente el tipo de intervención enfermera que puede presentarse en un caso clínico:
| Área | Qué debe observarse | Ejemplo de corrección |
|---|---|---|
| Suelos | Muebles que dificultan el paso, alfombras, objetos, cables y superficies resbaladizas | Despejar recorridos, retirar o fijar alfombras y cables, evitar suelos deslizantes |
| Iluminación | Luz diurna/nocturna e interruptores accesibles | Mejorar iluminación y evitar deslumbramiento |
| Cocina | Objetos de uso habitual demasiado altos y suelo mojado | Colocar objetos al alcance y mantener suelo seco |
| Dormitorio | Acceso a luz y objetos necesarios desde la cama | Lámpara accesible y ayudas técnicas a mano |
| Pasillos | Especialmente recorrido dormitorio-baño | Iluminación nocturna continua o accesible |
| Baño | Superficies deslizantes y ausencia de asideros | Superficie antideslizante y barras firmes |
| Calzado y ropa | Calzado abierto, suela insegura, ropa que arrastra | Calzado estable y ropa que no interfiera la marcha |
| Animales | Animales que cruzan zonas de paso | Organizar el entorno para evitar interferencias al caminar |
El objetivo de una lista no es obtener «X puntos». Es identificar peligros corregibles. Por eso la intervención ambiental tiene más sentido cuando va seguida de modificaciones reales. Una evaluación que detecta diez riesgos y no consigue cambiar ninguno tiene escaso impacto preventivo.
5.4. Ayudas para la marcha
Bastones, andadores y otras ayudas pueden incrementar autonomía y seguridad cuando están bien indicados y ajustados. Sin embargo, una ayuda demasiado alta, baja, deteriorada o utilizada con una técnica incorrecta puede convertirse en un factor de riesgo. Deben comprobarse altura, empuñaduras, conteras, frenos, ruedas y capacidad cognitiva y motora para utilizarla.
No debe darse por hecho que una persona sabe usar un andador porque lo tenga en casa. La enfermera puede detectar problemas y coordinar valoración por fisioterapia o terapia ocupacional. Además, la ayuda debe estar realmente disponible en el momento de levantarse; dejar el bastón lejos de la cama obliga a la persona a iniciar la marcha sin él.
5.5. Calzado
Se busca un calzado estable, ajustado, con suela que proporcione adherencia y que permita una marcha segura. Debe evitarse simplificar el consejo a «usar cualquier zapatilla antideslizante»: el ajuste al pie, deformidades, dolor, sensibilidad y características de la marcha importan. Los problemas podológicos deben tratarse porque dolor, deformidad o pérdida de sensibilidad alteran la biomecánica y la estabilidad.
5.6. Teleasistencia y plan de respuesta
Prevenir no significa asumir que nunca habrá otra caída. Una persona de alto riesgo debe saber cómo solicitar ayuda. Es necesario valorar teléfono accesible, teleasistencia si está indicada, red familiar o vecinal y capacidad para levantarse del suelo. Las intervenciones que enseñan estrategias seguras de recuperación tras una caída, cuando la persona puede realizarlas, reducen el tiempo de permanencia en el suelo y mejoran confianza.
6. CRIBADO Y VALORACIÓN EN CENTROS SANITARIOS
6.1. El hospital modifica el riesgo
La hospitalización introduce cambios rápidos: enfermedad aguda, cirugía, dolor, sedación, debilidad, ayuno, hipotensión, dispositivos, delirium y entorno desconocido. Un paciente que caminaba solo en casa puede necesitar asistencia durante las primeras horas de ingreso. Por ello no basta con preguntar cómo se movilizaba antes de enfermar; hay que valorar cómo se encuentra ahora.
Las recomendaciones internacionales actuales desaconsejan seleccionar pacientes únicamente mediante herramientas numéricas de predicción. Las World Falls Guidelines recomiendan una valoración multifactorial en mayores hospitalizados y NICE 2025 establece expresamente que no se utilicen herramientas predictivas para determinar quién se caerá.
6.2. Qué debe valorar Enfermería al ingreso
La valoración debe integrar, según situación clínica:
- caídas previas y circunstancias;
- movilidad actual, marcha, transferencias y necesidad de asistencia;
- estado cognitivo, delirium y capacidad para seguir instrucciones;
- necesidades de eliminación, urgencia y frecuencia de acceso al baño;
- medicación administrada antes y durante el ingreso;
- hipotensión, mareo o pérdida de conciencia;
- visión, audición y disponibilidad de gafas o audífonos;
- calzado;
- dispositivos, sondas y sistemas de perfusión que interfieran la movilidad;
- dolor y debilidad;
- comprensión del entorno y del sistema para pedir ayuda.
Un componente esencial es la reevaluación. Debe reconsiderarse el plan tras una caída y cuando cambia la situación: postoperatorio, inicio de un psicotropo, aparición de delirium, hipotensión, deterioro funcional o traslado entre unidades.
6.3. Escala de Morse: qué debe saberse
La Morse Fall Scale es una herramienta clásica desarrollada para pacientes hospitalizados. Incluye seis elementos: antecedente reciente de caídas, existencia de más de un diagnóstico, ayuda utilizada para caminar, acceso intravenoso, características de marcha/transferencia y percepción de las propias limitaciones.
Un procedimiento histórico del Hospital Universitario Reina Sofía del SAS, cuya revisión documental data de 2010, utilizaba el siguiente esquema:
| Ítem | Puntuación clásica |
|---|---|
| Caída reciente | No 0 / Sí 25 |
| Diagnóstico secundario | No 0 / Sí 15 |
| Ayuda para deambular | Reposo o ayuda personal 0 / bastón-muletas-andador 15 / muebles 30 |
| Vía intravenosa | No 0 / Sí 20 |
| Marcha | Normal 0 / débil 10 / alterada 20 |
| Estado mental respecto a limitaciones | Reconoce capacidad 0 / sobreestima capacidad 15 |
Aquel procedimiento clasificaba menos de 24 como sin riesgo, 25–50 como riesgo bajo y más de 50 como alto. Estos valores deben aprenderse, si se estudia Morse, como puntuación de esa versión, no como obligación universal actual del SSPA. La página donde continúa alojado el documento no cambia el hecho de que su fecha de revisión es antigua.
6.4. Downton en hospital
La escala J. H. Downton se ha utilizado en distintos ámbitos. Valora antecedentes de caídas, medicación, déficit sensorial, estado mental y marcha. Su fortaleza docente es mostrar que una caída es multifactorial. Sin embargo, no debe enseñarse como herramienta actual obligatoria para todos los pacientes hospitalizados.
6.5. Prevención hospitalaria individualizada
Las medidas preventivas deben responder al factor detectado. Si la causa principal es delirium, una pegatina de «riesgo de caída» no sustituye el tratamiento del delirium. Si el problema es urgencia miccional, debe facilitarse un plan de eliminación. Si existe hipotensión tras iniciar tratamiento, se revisa el tratamiento y la movilización. Si el paciente olvida sus limitaciones, aumenta la importancia de supervisión, orientación y participación familiar.
Las intervenciones genéricas —cama adecuadamente posicionada, espacio despejado, objetos al alcance, sistema de llamada accesible, ayuda para transferencias, orientación al entorno— son útiles, pero deben complementarse con medidas específicas. La educación personalizada del paciente y cuidador forma parte de las recomendaciones actuales.
7. PREVENCIÓN Y VALORACIÓN EN CENTROS SOCIOSANITARIOS
En residencias y centros de larga estancia la población presenta una concentración elevada de factores de riesgo: multimorbilidad, fragilidad, deterioro cognitivo, dependencia, polifarmacia y alteraciones de movilidad. Por ello resulta poco útil dividir a los residentes en una minoría de «alto riesgo» y una mayoría supuestamente segura utilizando una escala predictiva.
Las World Falls Guidelines recomiendan considerar a todos los residentes de centros de cuidados como población de alto riesgo y realizar una valoración multifactorial al ingreso para detectar factores modificables. Este enfoque es diferente del cribado comunitario: en la comunidad interesa identificar quién necesita una evaluación más profunda; en una residencia, la vulnerabilidad basal justifica una política preventiva mucho más sistemática.
7.1. Valoración al ingreso y tras cambios clínicos
La valoración debe incluir antecedentes de caídas, movilidad, fuerza, cognición, medicación, hipotensión, visión, continencia, pies, calzado, ayudas técnicas, nutrición, riesgo de fractura y entorno. Debe repetirse después de una caída y cuando se produzca un cambio relevante: ingreso hospitalario reciente, infección, delirium, cambio de medicación, pérdida funcional o aparición de hipotensión.
7.2. Deterioro cognitivo y demencia
Las personas con demencia presentan dificultades específicas. Pueden no recordar recomendaciones, sobreestimar su capacidad, deambular por necesidades no expresadas o no identificar adecuadamente peligros. La respuesta no debe ser la inmovilización sistemática, sino adaptar entorno, rutinas y supervisión.
En este grupo es particularmente importante integrar la perspectiva del cuidador y del propio residente. Una conducta etiquetada como «deambulación de riesgo» puede responder a dolor, necesidad de ir al baño, ansiedad, hambre o búsqueda de un entorno conocido. Identificar la necesidad permite intervenir sobre la causa.
7.3. Restricciones físicas
Las restricciones mecánicas no deben utilizarse como intervención rutinaria para prevenir caídas. Pueden producir lesiones, agitación, pérdida muscular y deterioro funcional y no garantizan evitar el evento. Las World Falls Guidelines recomiendan expresamente no utilizar restricciones físicas como medida preventiva de caídas en residencias.
Esto no significa que nunca pueda existir una indicación clínica excepcional para una medida de seguridad dentro de un marco legal y ético específico; significa que «riesgo de caída» por sí solo no justifica sujetar sistemáticamente a una persona.
7.4. Ejercicio en centros residenciales
Cuando es factible y seguro debe promoverse actividad física. Los programas han de adaptarse a capacidad funcional, preferencias y objetivos. En residentes capaces de participar, el trabajo de fuerza y equilibrio puede formar parte de una intervención multidominio. En personas con discapacidad importante es especialmente útil la valoración por fisioterapia o profesionales especializados en ejercicio.
7.5. Nutrición en institucionalización
La situación residencial requiere valorar malnutrición, ingesta proteica y salud ósea. Las World Falls Guidelines recomiendan optimización nutricional con aporte adecuado de proteínas y calcio y contemplan vitamina D dentro de una intervención multidominio en residentes. Esto no contradice la pregunta SAS anterior: una cosa es suplementar de forma justificada en una población de alto riesgo o ante indicación clínica y otra administrar vitamina D sistemáticamente a cualquier persona mayor con el único argumento de prevenir caídas.
7.6. Organización del centro
La prevención efectiva requiere formación de profesionales, registro de caídas, análisis sistemático, revisión del plan individualizado y disponibilidad de ayudas técnicas. Un centro seguro no es el que consigue «cero caídas» a costa de inmovilizar, sino el que reduce eventos evitables y lesiones manteniendo el mayor nivel posible de autonomía.
8. INSTRUMENTOS Y PRUEBAS: QUÉ MIDE CADA UNO Y CÓMO INTERPRETARLOS
Uno de los principales inductores de error en oposición consiste en tratar como equivalentes instrumentos que responden a preguntas diferentes. Un test de movilidad no es necesariamente una escala predictiva; una escala de fragilidad no es una escala de caídas; un cuestionario ambiental no mide fuerza; y una escala de preocupación por caer no determina por sí sola la probabilidad de fractura.
| Instrumento | Qué valora principalmente | Uso correcto |
|---|---|---|
| Tres preguntas de cribado 2026 | Historia reciente de caída, inestabilidad y preocupación | Detección inicial de riesgo en el marco comunitario |
| Velocidad de marcha | Rendimiento de la marcha | Función física y fragilidad; información adicional sobre riesgo |
| TUG | Movilidad funcional y transferencias | Rendimiento funcional; no usar un corte aislado como predicción universal |
| SPPB | Equilibrio, velocidad de marcha y levantarse de silla | Rendimiento físico y fragilidad |
| Short FES-I / FES-I | Preocupación por caer | Impacto psicológico y limitación de actividad |
| Downton | Factores clásicos de riesgo de caída | Conocimiento histórico y uso según protocolo; no asumir como cribado corporativo vigente |
| Morse | Factores asociados a caídas hospitalarias | Herramienta histórica/local; no sustituye valoración multifactorial |
| Tinetti | Equilibrio y marcha | Evaluación funcional, no cribado universal corporativo |
| Barthel | Actividades básicas de la vida diaria | Dependencia funcional |
| Lista de riesgos del hogar | Peligros ambientales | Identificar modificaciones concretas |
8.1. Velocidad de la marcha
La velocidad de la marcha es una medida sencilla del rendimiento físico. El documento estatal de 2026 utiliza 0,8 m/s como referencia dentro de la detección de alta probabilidad de fragilidad: una velocidad igual o superior a ese valor se interpreta como rendimiento preservado en ese componente. No obstante, el resultado debe interpretarse dentro del contexto funcional global.
Las World Falls Guidelines consideran la velocidad de marcha una herramienta útil dentro de la estratificación del riesgo. Esto no significa que una persona con 0,79 m/s vaya a caerse y otra con 0,81 m/s no; el punto de corte facilita decisiones, pero no transforma un fenómeno probabilístico en certeza.
8.2. Timed Up and Go
El TUG cronometra la secuencia de levantarse de una silla, caminar una distancia corta, girar, regresar y sentarse. Integra fuerza, equilibrio dinámico, marcha y transferencias. El Ministerio de Sanidad utiliza actualmente un TUG igual o inferior a 12 segundos como resultado favorable cuando se selecciona esta prueba dentro del cribado de fragilidad.
El material de partida afirmaba de forma rígida que más de 20 segundos significa «riesgo de caídas» y más de 30 «alto riesgo». Esa simplificación no debe mantenerse. Existen estudios y protocolos históricos con distintos puntos de corte, pero las guías actuales advierten de que la capacidad predictiva del TUG para futuras caídas es inconsistente. Debe utilizarse para caracterizar movilidad y orientar intervención.
8.3. Short Physical Performance Battery
La SPPB integra tres dominios: equilibrio en diferentes posiciones, velocidad de marcha y capacidad para levantarse repetidamente de una silla. Su puntuación refleja rendimiento físico de miembros inferiores. La herramienta ministerial de 2026 considera SPPB igual o superior a 10 compatible con función conservada dentro del cribado de fragilidad.
Una SPPB reducida sugiere deterioro funcional y justifica intervención, pero tampoco debe utilizarse como equivalente de «escala de riesgo de caídas». Puede contribuir a identificar debilidad y alteraciones susceptibles de entrenamiento.
8.4. Tinetti
La escala de Tinetti o Performance-Oriented Mobility Assessment analiza equilibrio y marcha. Puede ser útil en una evaluación clínica detallada, pero no debe confundirse con la recomendación actual de utilizar una escala predictiva hospitalaria. De hecho, una pregunta SAS de 2021 utilizó Tinetti como distractor frente a la recomendación de no emplear una escala de predicción de riesgo de caída en ese contexto.
8.5. FES-I y Short FES-I
Estas escalas exploran la preocupación de la persona respecto a caerse durante distintas actividades. Son útiles porque el impacto psicológico de una caída puede limitar más la autonomía que la propia lesión. Una puntuación elevada debe llevar a explorar ansiedad, evitación de actividades y necesidad de intervención física y psicológica.
8.6. Downton
Downton valora cinco grandes grupos: caídas previas, medicamentos, déficits sensoriales, estado mental y marcha. Para examen es importante reconocer esos dominios. El uso de barandillas, por ejemplo, no constituye un ítem de la escala.
Los puntos de corte de versiones e implantaciones pueden variar, por lo que no es prudente trasladar automáticamente un punto de corte de un protocolo histórico a otro ámbito. En el SSPA la información más reciente de Diraya es todavía más decisiva: la VIE funcional sustituyó Downton por cribado simple en 2025.
8.7. Instrumentos pediátricos
Las escalas de adultos no deben extrapolarse sin validación a pediatría. Algunos repositorios hospitalarios del SAS han utilizado instrumentos pediátricos específicos como Humpty Dumpty. El material antiguo incluía «Macdems» con una expansión y puntos de corte no suficientemente sólidos para mantenerlos como dato troncal de este tema. Para oposición debe priorizarse el instrumento previsto en el protocolo pediátrico concreto y evitar memorizar acrónimos no verificados.
9. VALORACIÓN MULTIFACTORIAL DE CAÍDAS
Cuando una persona presenta riesgo elevado, recurrencia, criterios de gravedad o una situación asistencial que lo justifica, debe realizarse una Valoración Multifactorial de Caídas (VMC). Su finalidad no es acumular escalas, sino identificar mecanismos susceptibles de intervención.
La actualización del Ministerio de Sanidad de 2026 estructura la VMC en diez áreas. Este esquema es especialmente útil para oposición porque constituye un marco sistemático y actualizado:
9.1. Movilidad
Incluye equilibrio, marcha, fuerza muscular, preocupación por caer, calzado, pies y ayudas para la marcha. Para equilibrio pueden emplearse pruebas como apoyo unipodal o tándem; para marcha, velocidad de marcha y, como alternativa, TUG; para fuerza, el componente de levantarse de la silla de la SPPB.
La valoración debe responder a preguntas prácticas: ¿puede levantarse sin usar los brazos?, ¿gira con estabilidad?, ¿arrastra los pies?, ¿utiliza correctamente el andador?, ¿ha limitado sus actividades por miedo?
9.2. Dominio sensorial
Incluye mareo o función vestibular, visión y audición. Debe preguntarse por pérdida visual y comprobarse el uso apropiado de gafas. Las lentes multifocales pueden crear dificultades en determinadas tareas por alteraciones de percepción de profundidad. Cuando se sospecha déficit clínicamente relevante debe valorarse derivación apropiada.
9.3. Actividades de la vida diaria
El Barthel permite valorar actividades básicas, mientras que Lawton-Brody u otros instrumentos exploran actividades instrumentales. Conocer el nivel basal ayuda a distinguir una limitación crónica de un deterioro agudo y a planificar apoyos.
9.4. Función cognitiva y delirium
La cognición debe valorarse sistemáticamente cuando está indicada. El documento ministerial contempla instrumentos como MEC, MMSE, Fototest, Mini-Cog o MoCA, y para delirium herramientas como 4AT o CAM. En hospital, detectar delirium es prioritario porque su aparición puede alterar el riesgo en cuestión de horas.
9.5. Función autonómica
La hipotensión ortostática merece una valoración específica. El documento de 2026 propone medir presión arterial tras reposo en decúbito y repetir la medición al ponerse de pie, idealmente de forma continuada o en intervalos hasta al menos tres minutos, observando síntomas. Una caída relacionada con mareo al incorporarse no se soluciona únicamente con entrenamiento de equilibrio: requiere buscar causas de hipotensión y revisar medicación, hidratación y enfermedad subyacente.
La incontinencia, urgencia y nocturia también forman parte del análisis. El riesgo aparece tanto por el trastorno como por la conducta que genera: levantarse deprisa, caminar de noche o evitar pedir ayuda.
9.6. Enfermedades y factores asociados
Deben revisarse enfermedad cardiovascular, Parkinson, depresión, diabetes, artrosis, anemia, alteraciones electrolíticas, enfermedades tiroideas y respiratorias, neuropatía, ictus, amputaciones, dolor, fragilidad, sarcopenia y riesgo de fractura. Una infección en una persona mayor puede manifestarse mediante debilidad o caída antes de que aparezcan síntomas típicos.
En caídas recurrentes inexplicadas se debe considerar una etiología cardiovascular. Historia clínica, pulso, presión ortostática y electrocardiograma orientan la evaluación inicial; si existe sospecha de síncope puede ser necesaria valoración especializada.
9.7. Optimización farmacológica
La revisión estructurada debe identificar FRIDs, interacciones y oportunidades de deprescripción. El documento ministerial incorpora STOPPFall como herramienta específica de apoyo.
9.8. Historia nutricional
Se debe valorar malnutrición, pérdida de peso, ingesta, disfagia y déficits relevantes. Herramientas como MNA-SF pueden ayudar al cribado. La desnutrición favorece sarcopenia, debilidad y peor recuperación después de una caída.
9.9. Riesgos ambientales
Se evalúa el domicilio mediante una lista estructurada y, sobre todo, se analiza cómo interactúa la persona con sus peligros. El objetivo es modificar aquello que realmente incrementa su riesgo.
9.10. Valoración sociofamiliar
El apoyo social condiciona adherencia, posibilidad de implementar modificaciones, supervisión y respuesta después de una caída. El documento de 2026 contempla instrumentos sociofamiliares cuando resultan necesarios. Una persona que vive sola y permanece horas en el suelo tras caer presenta un problema diferente de otra con la misma función física pero una red de apoyo inmediata.
10. EJERCICIO FÍSICO Y ACTIVIDAD FÍSICA: INTERVENCIÓN CON MAYOR PESO PREVENTIVO
10.1. Por qué funciona
El ejercicio reduce varios mecanismos responsables de las caídas: mejora fuerza de miembros inferiores, control postural, velocidad de reacción, capacidad para realizar transferencias y confianza durante la movilidad. Además, combate sarcopenia y desacondicionamiento, dos elementos que convierten pequeñas perturbaciones del equilibrio en caídas.
La intervención eficaz no es simplemente aconsejar «camine más». Los programas destinados específicamente a reducir caídas deben incorporar ejercicios funcionales que desafíen de forma segura el equilibrio y trabajo de fuerza, con progresión e individualización. Una persona con déficit grave necesita supervisión distinta de una persona independiente.
10.2. Recomendaciones generales de actividad física
Las recomendaciones de la OMS para personas adultas, incluidas las mayores cuando su situación lo permite, establecen como referencia 150–300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75–150 minutos de actividad vigorosa, o una combinación equivalente. Además, se aconseja trabajo de fortalecimiento de los principales grupos musculares al menos dos días por semana.
En personas mayores cobra especial importancia la actividad física multicomponente que enfatiza equilibrio funcional y fuerza durante tres o más días por semana. No debe interpretarse como una prescripción idéntica para todos: en fragilidad, cardiopatía, enfermedad neurológica o limitación importante debe ajustarse intensidad y supervisión.
10.3. Características de un programa preventivo
- Individualizado: adaptado a capacidad y objetivos.
- Progresivo: el estímulo debe aumentar según mejora la persona.
- Equilibrio: cambios de base de sustentación, transferencia de peso y tareas dinámicas.
- Fuerza: especialmente miembros inferiores y musculatura implicada en transferencias.
- Funcionalidad: levantarse, girar, caminar y superar obstáculos seguros.
- Adherencia: un programa eficaz en teoría no previene caídas si la persona no lo realiza.
- Seguridad: entorno, progresión y supervisión adecuados.
10.4. Tai Chi
El Tai Chi integra desplazamientos controlados, transferencia de peso, coordinación y control postural y ha mostrado utilidad preventiva en determinadas personas mayores que viven en comunidad. Sin embargo, no debe transformarse en la recomendación única ni aplicarse a cualquier paciente. Es una modalidad posible dentro de un programa apropiado para el nivel funcional.
10.5. Ejercicio frente a restricción de actividad
Tras una caída es frecuente que paciente y familia intenten evitar cualquier riesgo recomendando reposo. Si no existe una indicación médica específica, esa conducta puede resultar contraproducente. La reducción de actividad favorece debilidad, rigidez, pérdida aeróbica y dependencia. La intervención debe recuperar movilidad de forma segura.
Este principio es especialmente importante tras hospitalización. La movilización precoz y progresiva, cuando está clínicamente indicada, forma parte de la prevención de deterioro funcional. La enfermera debe coordinarse con fisioterapia, medicina y otros profesionales para establecer el nivel de ayuda apropiado.
10.6. Ejercicio en alto riesgo
En pacientes con caídas recurrentes no debe prescribirse ejercicio de forma estandarizada sin valorar mecanismos. Un paciente con síncope necesita estudiar la causa cardiovascular; otro con hipotensión puede requerir ajuste farmacológico; otro con Parkinson necesita intervención específica. El ejercicio se integra en el plan, pero no sustituye la corrección etiológica.
11. MEDICACIÓN, HIPOTENSIÓN, VISIÓN, NUTRICIÓN Y OTROS FACTORES MODIFICABLES
11.1. Revisión de medicación
La revisión farmacológica es una de las actuaciones con mayor potencial porque muchos pacientes mayores reciben varios medicamentos que actúan sobre diferentes mecanismos de caída. Debe revisarse el tratamiento completo, incluidos medicamentos «a demanda», productos sin receta y consumo de alcohol.
El Ministerio de Sanidad incorpora en 2026 STOPPFall, STOPP/START y el concepto de FRIDs. Entre los grupos destacados se encuentran benzodiacepinas, hipnóticos Z, antidepresivos, antipsicóticos, opioides y determinados antiepilépticos. La decisión de deprescribir debe considerar indicación y riesgos de retirada.
Una benzodiacepina no debe suspenderse bruscamente tras uso prolongado. Puede requerir reducción gradual para evitar ansiedad, insomnio, agitación y, en determinados casos, complicaciones graves. Lo mismo ocurre con otros psicotropos: deprescribir no significa simplemente retirar, sino planificar, monitorizar y reevaluar.
11.2. Hipotensión ortostática
Debe sospecharse ante mareo al incorporarse, visión borrosa, debilidad, presíncope o caídas relacionadas con cambios posturales. La evaluación incluye medición de presión arterial en decúbito y ortostatismo y revisión de hidratación, anemia, enfermedad autonómica y medicamentos.
La intervención puede requerir medidas de hidratación, educación sobre incorporarse progresivamente, ajuste de medicación o tratamiento de la enfermedad causante. El plan debe individualizarse y evitar mensajes genéricos que no consideren insuficiencia cardiaca, renal u otras contraindicaciones.
11.3. Visión
La pérdida visual dificulta detectar obstáculos, cambios de nivel y profundidad. Debe comprobarse que la persona dispone de corrección óptica apropiada y que la utiliza. Cuando existe patología susceptible de tratamiento, la corrección visual puede formar parte del plan preventivo. No obstante, cambios bruscos de graduación pueden requerir adaptación.
11.4. Audición y función vestibular
El mareo requiere una historia precisa: sensación rotatoria, inestabilidad, presíncope y desequilibrio no son equivalentes. Los problemas vestibulares pueden necesitar evaluación especializada. La pérdida auditiva también puede dificultar orientación y comunicación de instrucciones en hospital.
11.5. Continencia
Urgencia, frecuencia y nocturia incrementan desplazamientos, a menudo nocturnos y precipitados. La respuesta debe incluir valoración de la causa, acceso seguro al baño, iluminación, planificación de ayuda y revisión de medicamentos como diuréticos cuando proceda. Utilizar restricciones para impedir que el paciente se levante no corrige la necesidad fisiológica.
11.6. Nutrición y sarcopenia
La malnutrición afecta masa y función muscular. La valoración debe incluir pérdida involuntaria de peso, ingesta, dificultades para masticar o deglutir y situación clínica. En personas con riesgo puede utilizarse MNA-SF y completar una valoración nutricional cuando corresponda.
La intervención debe garantizar energía y proteínas suficientes, además de abordar déficits específicos. En personas mayores institucionalizadas las recomendaciones actuales conceden especial importancia a la optimización nutricional dentro de una estrategia multidominio.
11.7. Vitamina D: una de las mayores trampas de examen
No debe enseñarse «vitamina D para prevenir caídas en todos los mayores». NICE 2025 considera insuficiente la evidencia para recomendar suplementación específicamente con el único objetivo de prevenir caídas de manera indiscriminada. El Ministerio español de 2026 adopta un enfoque clínico: en personas que viven en comunidad con alta probabilidad de fragilidad, riesgo de malnutrición o caídas puede determinarse vitamina D para valorar necesidad de suplementación.
En personas institucionalizadas, que constituyen una población de alto riesgo de déficit, el documento ministerial señala que la determinación rutinaria de niveles no siempre es necesaria y la suplementación puede estar justificada. Por tanto, la respuesta correcta depende del contexto: no a la administración sistemática por el mero hecho de tener edad avanzada; sí a valorar y tratar déficit o situaciones de riesgo conforme a recomendaciones clínicas.
11.8. Osteoporosis y prevención de lesión
Reducir caídas y reducir lesiones son objetivos relacionados pero distintos. Una persona puede seguir cayéndose, pero presentar menor probabilidad de fractura si se diagnostica y trata adecuadamente la osteoporosis. Por ello la VMC actual incluye el riesgo de fractura entre las enfermedades y factores asociados.
El plan debe incluir valoración de salud ósea cuando esté indicada, nutrición, ejercicio de fuerza, revisión terapéutica y medidas específicas según riesgo. La prevención de fractura no sustituye la prevención de la caída.
12. MODIFICACIÓN DEL ENTORNO, PREVENCIÓN DE LESIONES Y ACTUACIÓN TRAS UNA CAÍDA
12.1. Modificación ambiental eficaz
La intervención sobre el entorno es más eficaz cuando parte de una evaluación individual y produce modificaciones concretas. En domicilio puede implicar reorganizar muebles, fijar alfombras, asegurar iluminación, instalar barras, adaptar el baño o modificar la ubicación de objetos. En hospital puede requerir despejar recorridos, situar el sistema de llamada y ayudas técnicas al alcance, adaptar el acceso al baño y proporcionar asistencia en los momentos de mayor riesgo.
Las modificaciones deben acordarse con la persona. Un cambio que reduce teóricamente un riesgo pero dificulta actividades esenciales puede no mantenerse. La prevención centrada en la persona busca seguridad compatible con autonomía.
12.2. Barandillas
Las barandillas no son una intervención universal de prevención de caídas. En determinados pacientes y usos pueden formar parte de la seguridad de la cama, pero en otros pueden funcionar como barrera que la persona intenta superar, aumentando la altura de una eventual caída o comportándose como una restricción. Su utilización debe responder a evaluación individual y protocolo del centro.
12.3. Alarmas de cama o sillón
Las World Falls Guidelines señalan que no existe evidencia robusta suficiente para recomendar alarmas de cama o sillón como medida rutinaria de prevención en hospital. Pueden utilizarse dentro de determinados sistemas locales, pero nunca deben sustituir la respuesta clínica a delirium, necesidad de eliminación o movilidad insegura.
12.4. Protectores de cadera
Los protectores de cadera están destinados a disminuir la energía transmitida a la región proximal del fémur en caso de caída; por definición, no impiden que la persona se caiga. Su efectividad depende del ámbito, adherencia y perfil de riesgo. No se recomienda su uso sistemático en todas las personas mayores. En determinados residentes de alto riesgo de fractura pueden considerarse dentro de un plan individualizado conforme a protocolo.
12.5. Restricciones
La restricción física no constituye una estrategia preventiva rutinaria. Puede incrementar agitación, pérdida muscular, úlceras, dependencia y lesiones relacionadas con intentos de liberación. Deben priorizarse alternativas y utilizar cualquier medida restrictiva solo en los supuestos clínicos, éticos y legales que correspondan, con indicación, vigilancia y reevaluación.
12.6. Actuación inmediata tras una caída
Tras una caída no debe incorporarse automáticamente al paciente sin valoración. La prioridad es comprobar estado general y existencia de lesiones. Cuando la situación lo requiere se aplica valoración inicial de seguridad vital y se evalúan dolor, deformidad, movilidad, traumatismo craneal, estado neurológico y constantes.
Debe prestarse especial atención a:
- pérdida de conciencia o amnesia;
- traumatismo craneal;
- tratamiento anticoagulante o trastornos hemorrágicos;
- dolor intenso o deformidad compatible con fractura;
- déficit neurológico;
- incapacidad para soportar peso;
- hipotensión, arritmia o sospecha de síncope.
La movilización se decidirá tras valorar lesiones. Si existe sospecha de fractura o lesión vertebral debe evitarse una movilización innecesaria y activarse el circuito asistencial correspondiente.
12.7. Historia de la caída
Una vez estabilizada la persona se reconstruye el episodio: lugar, hora, actividad, mecanismo, síntomas previos, pérdida de conciencia, medicamentos recientes, calzado, iluminación, uso de ayudas técnicas y tiempo que permaneció en el suelo. La información de testigos puede ser esencial.
12.8. Revaloración y aprendizaje
La caída debe producir una modificación del plan. En Diraya, la actualización de 2025 incorporó un formulario específico de registro de caídas y señaló que el registro debe acompañarse de revaloración del riesgo y revisión del plan de cuidados. Ese principio es mucho más importante que la mera notificación administrativa.
12.9. Evitar la inmovilidad secundaria
Después de descartar lesiones y tratar la causa debe planificarse la recuperación funcional. El miedo a volver a caer puede provocar restricción de actividad. La educación debe explicar que el objetivo es recuperar movilidad con las medidas de apoyo necesarias.
13. APLICACIÓN ENFERMERA EN EL SSPA, DIRAYA Y ACTUALIZACIÓN DE PREGUNTAS SAS
13.1. Guía FASE del SSPA
La Guía FASE para la prevención y actuación ante una caída continúa disponible en los repositorios oficiales del Servicio Andaluz de Salud. FASE significa FÁciles, Seguras y basadas en las mejores Evidencias disponibles. Su finalidad fue reducir variabilidad, trasladar evidencia a la práctica y proporcionar recomendaciones para profesionales y ciudadanía.
Debe comprenderse su cronología. La publicación pertenece al periodo 2016–2017 y muchas preguntas SAS de convocatorias anteriores se formularon directamente sobre ella. Sigue siendo una referencia andaluza importante, pero determinados instrumentos o detalles deben interpretarse junto con las actualizaciones posteriores del Ministerio, NICE y las modificaciones de Diraya.
13.2. Cambio en Diraya: enero de 2025
Diraya Abierto comunicó el 15 de enero de 2025 una modificación de la Valoración Integral Exhaustiva funcional. El cambio más relevante para este tema fue la sustitución de la escala Downton por un cribado simple de riesgo de caídas, descrito entonces con dos categorías, riesgo bajo y riesgo alto. También se añadió un cuestionario para registrar una caída y las condiciones ambientales en que se produjo.
La propia comunicación establece que después de registrar una caída debe realizarse una nueva valoración y revisarse el plan de cuidados. Por tanto, el dato corporativo actual que debe estudiar el opositor es precisamente el cambio respecto a Downton.
13.3. Proceso enfermero
La prevención de caídas se integra en el proceso enfermero:
- Valoración: antecedentes, situación funcional, factores intrínsecos, ambientales y sociales.
- Identificación del problema o riesgo: determinar factores concretos que requieren intervención.
- Planificación: objetivos centrados en prevenir eventos y mantener autonomía.
- Intervención: educación, entorno, movilidad segura, coordinación para revisión farmacológica, continencia y otros factores.
- Evaluación: nuevas caídas, lesiones, adherencia, movilidad y modificación de factores.
Las taxonomías NANDA, NOC y NIC cambian entre ediciones, por lo que los códigos históricos no deben perpetuarse sin comprobar la edición vigente. La clasificación de seguridad/protección continúa siendo conceptualmente relevante.
13.4. Educación sanitaria
La educación debe ser individualizada y comprensible. Debe explicar factores propios y medidas concretas, evitando culpabilizar a la persona. Es mejor decir «este medicamento puede favorecer mareo; revisaremos si sigue siendo necesario» que entregar una lista genérica de prohibiciones.
El cuidador debe conocer cómo ayudar sin generar dependencia innecesaria: favorecer uso correcto de ayudas técnicas, evitar tirar del paciente durante las transferencias, mantener recorridos seguros y saber cuándo solicitar valoración profesional.
13.5. Preguntas SAS y su estado de actualización
| Examen | Contenido preguntado | Estado en 2026 |
|---|---|---|
| SAS 2016, pregunta 90 | Benzodiacepinas y caídas | Concepto vigente; son FRIDs relevantes. No generalizar «las más frecuentes» a cualquier población. |
| SAS 2016, pregunta 91 | Morse, Downton y distractor Moretti | Útil para reconocer escalas históricas; no define herramienta corporativa actual. |
| SAS 2016, reserva 153 | Downton como escala de riesgo | Correcta históricamente; Diraya sustituyó Downton por cribado simple en 2025. |
| SAS 2021, pregunta 99 | Tai Chi como intervención preventiva | Compatible con evidencia; hoy se integra en programas más amplios de equilibrio y fuerza. |
| SAS 2021, pregunta 116 | No utilizar escala predictiva en hospital | Plenamente vigente y reforzado por NICE 2025 y World Falls Guidelines. |
| SAS 2025, pregunta 76 | Deterioro cognitivo como factor intrínseco | Vigente. |
| SAS 2025, reserva 151 | Dominio NANDA de seguridad | Válido como respuesta oficial; comprobar edición vigente para códigos y etiquetas. |
| SAS 2025, prueba aplazada, pregunta 82 | No usar sistemáticamente restricciones, vitamina D o protectores de cadera | Concepto vigente; vitamina D sí puede indicarse ante déficit o situaciones específicas. |
13.6. Una contradicción aparente que puede caer en examen
Puede parecer contradictorio que un examen de 2016 considere correcta Downton y otro de 2021 afirme que no deben utilizarse escalas predictivas en hospital. No lo es. La primera pregunta pedía reconocer qué instrumento era una escala de caídas. La segunda preguntaba qué recomendación debía aplicarse para predecir riesgo en un contexto concreto. Una herramienta puede existir y estar validada sin que una guía recomiende emplearla como estrategia de cribado universal.
Lo mismo ocurre con Morse. Conocer sus ítems forma parte de la cultura clínica y puede ser necesario en un centro que la tenga protocolizada. Sin embargo, la práctica basada en evidencia no se reduce a completar su puntuación.
14. IDEAS CLAVE PARA EL REPASO
La prevención de caídas debe estudiarse como un proceso de razonamiento clínico. El opositor que únicamente memoriza nombres de escalas tiene más probabilidad de fallar las preguntas actuales, porque el enfoque moderno está centrado en distinguir cribado, valoración funcional, predicción y valoración multifactorial.
14.1. Diez ideas imprescindibles
- Una caída previa importa aunque no haya lesión. Debe investigarse mecanismo, consecuencias y recurrencia.
- El cribado actual es sencillo. En el documento estatal 2026 se pregunta por caída en 12 meses, inestabilidad y preocupación por caer.
- Una caída con lesión, recurrencia, incapacidad para levantarse o posible síncope aumenta la gravedad clínica.
- SPPB, velocidad de marcha y TUG son pruebas funcionales. No deben utilizarse como si fueran una predicción infalible de futuras caídas.
- En hospital no debe confiarse en una escala predictiva para decidir quién merece prevención.
- En residencias la población debe considerarse globalmente de alto riesgo y recibir valoración individualizada.
- Ejercicio progresivo con equilibrio y fuerza es una intervención fundamental.
- Medicamentos son factores modificables importantes. Especial atención a psicotropos y otros FRIDs.
- El entorno debe evaluarse en relación con la capacidad y conducta de la persona.
- Tras una caída se revalora y se modifica el plan. Registrar sin actuar no constituye prevención.
14.2. Puntos de corte que sí merece la pena relacionar correctamente
| Dato | Interpretación correcta |
|---|---|
| Barthel ≥90 | Criterio de independencia funcional empleado como entrada al programa comunitario estatal de fragilidad 2026 |
| SPPB ≥10 | Rendimiento compatible con ausencia de alta probabilidad de fragilidad en ese instrumento |
| Velocidad de marcha ≥0,8 m/s | Referencia favorable dentro del cribado de fragilidad |
| TUG ≤12 s | Referencia favorable en la herramienta estatal de fragilidad cuando se selecciona TUG |
14.3. Qué no debe memorizarse del material antiguo
- «Morse siempre en hospital y Downton siempre en domicilio»: incorrecto como regla actual.
- «Downton es actualmente la escala corporativa de Diraya»: desactualizado desde 2025.
- «TUG >20 s equivale necesariamente a riesgo de caída»: simplificación no aceptable.
- «70–80 % de todas las caídas de mayores ocurren siempre en casa»: porcentaje no generalizable.
- «Vitamina D para todo mayor»: incorrecto.
- «Protector de cadera previene la caída»: incorrecto; pretende reducir lesión, no evitar el evento.
- «Sujetar al paciente previene caídas»: no es una estrategia preventiva rutinaria y puede causar daño.
14.4. Qué sí debe memorizarse
Caída previa + inestabilidad + preocupación por caer constituyen el núcleo del cribado moderno; los criterios de gravedad obligan a intensificar la evaluación; la intervención debe ser multifactorial; la fuerza y el equilibrio son objetivos prioritarios; la medicación y el entorno son factores modificables; y la revisión del plan después de una caída es obligada desde el punto de vista de seguridad.
15. MAPA CONCEPTUAL
│
├── 1. DETECCIÓN
│ ├── Caída en últimos 12 meses
│ ├── Inestabilidad de pie o caminando
│ └── Preocupación por caer
│
├── 2. SI EXISTE CAÍDA → VALORAR GRAVEDAD
│ ├── Lesión
│ ├── Dos o más caídas/año
│ ├── Incapacidad para levantarse del suelo
│ └── Pérdida de conciencia / sospecha de síncope
│
├── 3. FRAGILIDAD Y FUNCIÓN
│ ├── Barthel
│ ├── SPPB
│ ├── Velocidad de marcha
│ ├── TUG
│ └── FRAIL
│
├── 4. VALORACIÓN MULTIFACTORIAL
│ ├── Movilidad
│ │ ├── Marcha
│ │ ├── Equilibrio
│ │ ├── Fuerza
│ │ └── Ayudas técnicas
│ ├── Sensorial
│ │ ├── Visión
│ │ ├── Audición
│ │ └── Vestibular
│ ├── AVD
│ ├── Cognición / delirium
│ ├── Función autonómica
│ │ ├── Hipotensión ortostática
│ │ └── Continencia
│ ├── Enfermedades asociadas
│ ├── Medicación / FRIDs
│ ├── Nutrición
│ ├── Riesgos ambientales
│ └── Situación sociofamiliar
│
├── 5. INTERVENCIONES
│ ├── Ejercicio progresivo
│ │ ├── Fuerza
│ │ ├── Equilibrio
│ │ └── Funcionalidad
│ ├── Revisión de medicación
│ ├── Tratar hipotensión / síncope
│ ├── Corregir visión cuando proceda
│ ├── Manejar continencia
│ ├── Optimizar nutrición
│ ├── Corregir peligros del hogar
│ ├── Ajustar ayudas técnicas
│ └── Educación paciente/cuidador
│
├── 6. ÁMBITO
│ ├── Comunidad → cribado + VMC según riesgo
│ ├── Hospital → no confiar en escalas predictivas
│ └── Residencia → considerar población de alto riesgo
│
├── 7. SSPA
│ ├── Guía FASE
│ ├── Diraya 2025
│ │ └── Downton sustituida por cribado simple
│ ├── Registro de la caída
│ └── Revaloración + revisión del plan
│
└── 8. TRAS UNA CAÍDA
├── Valorar lesiones
├── Buscar causa
├── Registrar circunstancias
├── Comunicar según protocolo
├── Reevaluar factores
└── Modificar el plan de cuidados
16. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
- Ministerio de Sanidad. Actualización del documento de consenso sobre prevención de la fragilidad y caídas en la persona mayor. 2026. Aprobado por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud el 9 de abril de 2026.
- Ministerio de Sanidad. Herramienta de decisión para profesionales sanitarios: fragilidad y caídas. Actualización 2026.
- Ministerio de Sanidad. Valoración Multifactorial de Caídas. Material asociado al documento de consenso de prevención de fragilidad y caídas, 2026.
- Ministerio de Sanidad. Lista de comprobación sobre los principales riesgos de caídas en el hogar. Marzo de 2026.
- Ministerio de Sanidad. Material de revisión de la medicación para prevención de caídas: STOPPFall, STOPP/START y fármacos que aumentan el riesgo de caídas. 2026.
- Ministerio de Sanidad. Guía para el desarrollo de programas de ejercicio físico multicomponente en recursos comunitarios y locales para la prevención de fragilidad y caídas en las personas mayores. Actualización 2026.
- National Institute for Health and Care Excellence. NICE Guideline NG249. Falls: assessment and prevention in older people and in people 50 and over at higher risk. 2025.
- Montero-Odasso M, van der Velde N, Martin FC, et al. World guidelines for falls prevention and management for older adults: a global initiative. Age and Ageing. 2022;51(9):afac205.
- World Health Organization. WHO guidelines on physical activity and sedentary behaviour. Geneva: WHO; 2020.
- World Health Organization. Falls. Fact sheet.
- World Health Organization. Step Safely: Strategies for preventing and managing falls across the life-course. 2021.
- Servicio Andaluz de Salud. Guía FASE para la prevención y actuación ante una caída. Estrategia de Cuidados de Andalucía.
- Servicio Andaluz de Salud. Diraya Abierto. VIE Funcional y Registro de Caídas. Comunicación de 15 de enero de 2025 sobre sustitución de la escala Downton por cribado simple.
- Hospital Universitario Reina Sofía, SAS. Procedimiento H-14.1. Valoración del riesgo de caídas en el hospital. Escala de Morse. Documento histórico con revisión de diciembre de 2010.
- Morse JM, Morse RM, Tylko SJ. Development of a scale to identify the fall-prone patient. Canadian Journal on Aging. 1989;8:366-377.
- NANDA International. Diagnósticos enfermeros: definiciones y clasificación. Consultar siempre la edición vigente para etiquetas y códigos.
- Servicio Andaluz de Salud. Cuestionario oficial Enfermero/a, turno libre 2016. Preguntas relacionadas con medicación, instrumentos y prevención de caídas.
- Servicio Andaluz de Salud. Cuestionario oficial Enfermero/a, turno libre 2021. Preguntas 99 y 116, entre otras relacionadas con prevención de caídas.
- Servicio Andaluz de Salud. Cuestionario oficial Enfermero/a, turno libre 2025. Pregunta 76 y pregunta 151 de reserva.
- Servicio Andaluz de Salud. Cuestionario oficial Enfermero/a, prueba aplazada 2025. Pregunta 82.
cribado de caídas
valoración multifactorial
Diraya
Guía FASE
Downton
Morse
TUG
SPPB
velocidad de marcha
prevención de caídas
fragilidad