Tema 14. La Comunicación. Tipos de comunicación: verbal y no verbal. La comunicación como herramienta de trabajo. Estilos de comunicación. El lenguaje como medio de comunicación. Habilidades sociales en la comunicación telefónica. Elementos que facilitan y dificultan la comunicación. Técnicas de excelencia en la atención telefónica. La escucha activa. La retroalimentación. Fallos en la comunicación. La comunicación con usuarios con alteraciones en el lenguaje: dislexia, tartamudez, problemas neurológicos.
1. INTRODUCCIÓN: LA COMUNICACIÓN EN EL PUESTO DE TELEFONISTA
La comunicación es la herramienta esencial de la persona telefonista. En otras categorías profesionales puede ser un instrumento que acompaña a una actividad principal de carácter técnico, administrativo o asistencial; en una central telefónica, en cambio, la propia actividad profesional consiste en gran medida en recibir, interpretar, organizar y transmitir comunicaciones. La calidad de una llamada no depende únicamente de que técnicamente se establezca una conexión entre dos extensiones. Depende de que el mensaje llegue a la persona adecuada, en el momento oportuno, sin distorsiones evitables y de forma comprensible.
En un centro sanitario esta cuestión adquiere especial relevancia. A través de la central telefónica pueden entrar llamadas de ciudadanía, profesionales, familiares, proveedores, servicios externos, emergencias, unidades asistenciales y otros centros. Algunas llamadas son rutinarias; otras contienen información urgente, emocionalmente intensa o difícil de comprender. La persona telefonista debe ser capaz de distinguir situaciones, escuchar, preguntar lo necesario, confirmar los datos esenciales y cursar la comunicación conforme al procedimiento correspondiente.
Comunicar no equivale a hablar. Una persona puede hablar mucho y comunicar mal, del mismo modo que puede transmitir una información compleja con pocas palabras si estas son claras y están bien organizadas. La comunicación eficaz exige que exista una comprensión suficientemente compartida entre los interlocutores. No basta con que el emisor crea que se ha explicado correctamente: es necesario comprobar qué ha entendido el receptor. De ahí la importancia de la escucha activa y de la retroalimentación, dos conceptos expresamente incluidos en el programa oficial.
La atención telefónica presenta además una dificultad característica: desaparece gran parte de la información visual que normalmente ayuda a interpretar una conversación. La persona telefonista no ve la expresión facial, la postura, los gestos ni la orientación corporal del interlocutor. Por ello adquieren un peso extraordinario el tono, el ritmo, el volumen, la articulación, los silencios y la elección de las palabras. Una frase formalmente correcta puede sonar impaciente, agresiva o indiferente si se pronuncia con un tono inadecuado.
La comunicación profesional tampoco puede improvisarse por completo. La espontaneidad es compatible con aplicar principios técnicos. La acogida inicial, la identificación, la exploración de la demanda, la escucha, la reformulación, la confirmación de datos, la transferencia de la llamada y el cierre pueden entenderse como fases de un proceso. Una estructura conocida reduce errores, especialmente cuando existe presión asistencial, elevado volumen de llamadas o interlocutores alterados.
Para una persona telefonista del SAS es igualmente fundamental conocer los límites de su función. Facilitar una comunicación no significa asumir funciones clínicas, diagnosticar, interpretar síntomas ni proporcionar información asistencial que corresponda a profesionales sanitarios. Ante una petición que excede su competencia, la respuesta profesional consiste en identificar la necesidad comunicativa y dirigir la llamada hacia el recurso adecuado, aplicando los procedimientos establecidos.
El tema debe estudiarse con una orientación muy práctica. Conceptos como asertividad, empatía, feedback, escucha activa, ritmo de habla o barreras comunicativas no son únicamente definiciones psicológicas. El examen los convierte en situaciones concretas: qué hacer si un ciudadano tartamudea, cómo modular la velocidad de elocución, qué conducta constituye una barrera, qué significa retroalimentación o qué estilo permite defender una posición profesional sin agresividad.
2. EL PROCESO DE COMUNICACIÓN Y SUS ELEMENTOS
La comunicación puede definirse como un proceso mediante el cual dos o más personas intercambian información y construyen significado utilizando un código compartido a través de uno o varios canales y dentro de un contexto determinado. Esta definición permite comprender que la comunicación no es un acto exclusivamente lineal. Mientras una persona habla, la otra interpreta, reacciona y genera señales que modifican a su vez el comportamiento de la primera.
2.1. Emisor y receptor
El emisor es quien inicia o produce un mensaje en un momento determinado. El receptor es quien lo recibe e interpreta. Sin embargo, en una conversación real estos papeles se intercambian continuamente. Cuando una ciudadanía llama a la centralita y explica su necesidad actúa inicialmente como emisora; cuando la telefonista pregunta «¿me puede indicar el servicio con el que desea contactar?», la relación se invierte. Por eso resulta más preciso hablar de interlocutores que alternan funciones de emisión y recepción.
La eficacia depende tanto de la capacidad del emisor para codificar claramente su mensaje como de la capacidad del receptor para interpretarlo. Si cualquiera de ambos presupone demasiado, la comunicación puede fallar. Una persona puede creer que el nombre de una unidad es evidente, mientras la telefonista puede conocer varias unidades con denominaciones parecidas. La solución no es adivinar, sino obtener la información necesaria mediante preguntas breves y concretas.
2.2. Mensaje
El mensaje es el contenido que se pretende transmitir. Incluye no solo las palabras pronunciadas, sino también la intención comunicativa y los matices asociados a la forma de expresarlas. En atención telefónica conviene distinguir entre información principal e información accesoria. Un usuario puede relatar varios antecedentes antes de expresar qué necesita. La escucha profesional debe permitirle explicarse sin perder de vista el objetivo de la llamada.
2.3. Código
El código es el sistema de signos y reglas mediante el cual se construye el mensaje. Una lengua como el castellano constituye un código, pero también existen códigos especializados, siglas, abreviaturas y sistemas de numeración. El código solo funciona cuando es suficientemente compartido por emisor y receptor. Una sigla perfectamente conocida por el personal de un hospital puede carecer de significado para una persona que llama desde fuera.
Una regla profesional fundamental consiste, por tanto, en adaptar el código al interlocutor. El lenguaje interno del centro es útil entre profesionales que lo conocen; frente a ciudadanía debe transformarse, cuando sea posible, en lenguaje común. Utilizar tecnicismos innecesarios no demuestra competencia: puede producir incomprensión.
2.4. Canal
El canal es el medio por el que circula el mensaje. En este tema el canal principal es el telefónico, aunque en la organización existen otros: comunicación presencial, correo electrónico, mensajería corporativa, sistemas informáticos, megafonía o documentación escrita. Cada canal condiciona cómo debe formularse el mensaje.
La llamada telefónica es inmediata y bidireccional, pero no deja al interlocutor la posibilidad de releer lo que se ha dicho y elimina gran parte de la información visual. Eso obliga a reforzar claridad, repetición selectiva y confirmación de datos.
2.5. Contexto
El contexto es el conjunto de circunstancias en las que se produce la comunicación. No se interpreta igual la frase «necesito localizar al médico de guardia» en una conversación administrativa rutinaria que en una emergencia. El contexto incluye lugar, momento, relación entre interlocutores, conocimientos previos, estado emocional, finalidad de la llamada y reglas de la organización.
2.6. Ruido
En teoría de la comunicación, el ruido es cualquier interferencia capaz de alterar el mensaje. Puede ser físico, como una mala cobertura; semántico, cuando se utilizan términos incomprensibles; psicológico, como ansiedad o prejuicios; fisiológico, como dificultades auditivas; u organizativo, como directorios desactualizados.
La persona telefonista no puede eliminar todas las fuentes de ruido, pero sí puede detectar muchas de ellas. Si oye mal un apellido, debe pedir que se repita o deletree. Si el interlocutor no comprende un término, debe reformularlo. Si la línea tiene cortes, no debe fingir que ha entendido.
3. COMUNICACIÓN VERBAL, NO VERBAL Y PARAVERBAL
Una clasificación básica distingue comunicación verbal y comunicación no verbal. En el trabajo telefónico conviene añadir una tercera categoría didáctica: la comunicación paraverbal o paralingüística, porque reúne rasgos de la voz que no son las palabras en sí mismas pero modifican profundamente su interpretación.
3.1. Comunicación verbal
La comunicación verbal utiliza palabras pertenecientes a un código lingüístico. Puede ser oral o escrita. En una centralita predomina la forma oral, caracterizada por su rapidez, posibilidad de interacción inmediata y necesidad de comprender el mensaje mientras se produce.
Una comunicación verbal eficaz debe buscar precisión. Son preferibles frases relativamente breves, ordenadas y construidas con vocabulario comprensible. Cuando se facilitan varios datos, conviene estructurarlos: primero la idea principal y después la información necesaria para actuar. La acumulación de instrucciones en una única frase aumenta la posibilidad de error.
El lenguaje telefónico debe evitar ambigüedades. Palabras como «allí», «luego», «el de antes» o «esa planta» solo funcionan si ambos interlocutores comparten exactamente la misma referencia. Cuando puede existir duda, se sustituye la expresión ambigua por un dato verificable.
3.2. Comunicación no verbal
La comunicación no verbal comprende comportamientos que transmiten información sin recurrir directamente a las palabras: gestos, expresión facial, postura, contacto visual, distancia interpersonal, movimientos corporales y otros indicadores. En una conversación presencial estos elementos complementan, refuerzan o contradicen el mensaje verbal.
Una persona puede decir «estoy de acuerdo» mientras muestra una expresión facial de desacuerdo. Esa incongruencia aporta información. Sin embargo, en el teléfono convencional la telefonista no dispone de estas claves visuales, circunstancia que incrementa la importancia de preguntar y confirmar en lugar de inferir.
La ausencia de visión no significa que desaparezca toda información no léxica. El silencio, la latencia antes de responder, determinados sonidos, el ritmo respiratorio audible o una interrupción brusca pueden influir en la interacción. No deben utilizarse para diagnosticar estados clínicos, pero sí pueden indicar que conviene hablar más despacio, preguntar si se ha entendido o conceder más tiempo.
3.3. Comunicación paraverbal
Los componentes paraverbales son especialmente relevantes para el examen de telefonista. Incluyen tono, volumen, velocidad, ritmo, entonación, articulación, fluidez, pausas y énfasis. Dos profesionales pueden pronunciar exactamente la misma frase y producir efectos opuestos dependiendo de cómo la digan.
| Elemento | Función | Riesgo si se utiliza mal |
|---|---|---|
| Tono | Expresa actitud y modula la acogida | Puede sonar hostil, irónico, frío o desinteresado |
| Volumen | Garantiza audibilidad y permite enfatizar | Demasiado alto puede percibirse como agresividad |
| Velocidad | Regula el ritmo de comprensión | Excesiva rapidez favorece pérdida de información |
| Articulación | Hace distinguibles las palabras | Una dicción imprecisa genera errores |
| Pausas | Ordenan el discurso y facilitan comprensión | Exceso o ubicación inadecuada puede crear inseguridad |
| Entonación | Aporta expresividad y significado pragmático | Monotonía o ironía alteran la recepción del mensaje |
El objetivo no consiste en adoptar una voz artificial. La excelencia telefónica requiere una voz natural, profesional, audible y adaptable. En una llamada sencilla el ritmo puede ser más ágil; cuando se está dando un número, una dirección o una instrucción que el interlocutor debe recordar, resulta lógico disminuir la velocidad y segmentar la información.
4. LA COMUNICACIÓN COMO HERRAMIENTA DE TRABAJO
En la central telefónica de un centro sanitario la comunicación cumple simultáneamente varias funciones: informativa, organizativa, relacional, coordinadora y de seguridad. La persona telefonista no se limita a conectar llamadas. Recibe demandas, identifica destinos, localiza profesionales, filtra comunicaciones conforme a instrucciones internas y contribuye al funcionamiento continuo del centro.
Desde el punto de vista informativo, una llamada puede tener por finalidad conocer una extensión, contactar con una unidad, localizar a un profesional o ser transferida a un servicio. La primera obligación comunicativa es comprender qué necesita realmente la persona. No siempre coincide la primera frase con la demanda final. «Quiero hablar con el hospital» no identifica un destino; es necesario explorar brevemente la necesidad.
Desde el punto de vista organizativo, el error de comunicación tiene consecuencias. Una llamada enviada repetidamente de una extensión a otra produce insatisfacción y ocupa recursos. Una localización profesional mal cursada puede retrasar una gestión. Una llamada urgente tratada como rutinaria puede afectar al funcionamiento del centro. La comunicación profesional es, por tanto, parte de la calidad operativa.
La persona telefonista también actúa como punto de interfaz entre personas que manejan diferentes lenguajes. La ciudadanía utiliza términos cotidianos; el personal sanitario y administrativo utiliza denominaciones técnicas, nombres de unidades, acrónimos y extensiones. Una buena telefonista traduce la necesidad comunicativa sin alterar su contenido.
Esta función exige memoria de trabajo y capacidad de síntesis, pero no autoriza a interpretar más allá de los datos disponibles. Si alguien pide «la consulta de corazón», puede ser necesario aclarar si busca Cardiología, una cita concreta u otra dependencia. La respuesta profesional no consiste en decidir clínicamente qué necesita, sino en obtener información suficiente para dirigir correctamente la comunicación.
4.1. Comunicación interna y externa
En las comunicaciones internas suele existir un mayor nivel de conocimiento compartido. Los profesionales conocen nombres de servicios, extensiones y procedimientos. Aun así, no debe darse por supuesto que cualquier abreviatura sea universal. En hospitales grandes pueden coexistir unidades con nombres semejantes, profesionales homónimos o diferentes ubicaciones del mismo servicio.
En la comunicación externa debe extremarse la adaptación del lenguaje. La ciudadanía no tiene por qué conocer la estructura organizativa del centro. Decir simplemente «eso es de otra unidad» no resuelve la necesidad; cuando sea posible, se debe orientar hacia el destino adecuado dentro de la competencia del puesto.
4.2. Comunicación y seguridad
La seguridad comunicativa se basa en comprobar los datos críticos. Nombres, números de extensión, localizaciones y destinatarios pueden necesitar repetición o confirmación. En situaciones relevantes resulta útil la técnica de cierre del bucle comunicativo: quien recibe la información la repite o reformula y quien la emitió confirma que es correcta.
En la central telefónica esa lógica puede aplicarse de forma sencilla: «Entonces, necesita que le pase con…», «Me indica la extensión…», «Le confirmo el apellido…». No hay que repetir indiscriminadamente información sensible; la confirmación debe limitarse a lo necesario y respetar las normas de confidencialidad.
5. ESTILOS DE COMUNICACIÓN: PASIVO, AGRESIVO Y ASERTIVO
Los estilos de comunicación describen formas relativamente habituales de expresar necesidades, opiniones, límites y desacuerdos. Para la oposición interesa distinguir tres grandes estilos: pasivo, agresivo y asertivo. No se trata de etiquetar a las personas, sino de reconocer conductas comunicativas.
5.1. Estilo pasivo
La comunicación pasiva se caracteriza por una tendencia excesiva a ceder, evitar el conflicto o renunciar a expresar claramente límites y necesidades. Una persona que adopta este estilo puede utilizar expresiones dubitativas, disculparse innecesariamente o aceptar demandas que no puede cumplir para evitar una reacción negativa.
En una central telefónica, el estilo pasivo puede generar problemas porque la telefonista necesita explicar límites organizativos. Si no puede facilitar determinada información o si una petición debe ser atendida por otra unidad, debe comunicarlo con claridad. Inventar una solución para no contrariar al interlocutor perjudica la calidad del servicio.
5.2. Estilo agresivo
El estilo agresivo defiende la propia posición de forma que ignora o vulnera el respeto debido al interlocutor. Puede manifestarse mediante interrupciones sistemáticas, imposiciones, acusaciones, amenazas, sarcasmo, tono despectivo o volumen excesivo. La agresividad no debe confundirse con firmeza.
En atención telefónica existe un riesgo de escalada: una persona eleva el tono y el profesional responde elevándolo aún más. El resultado suele ser una interacción menos eficaz. El hecho de que un usuario se comporte incorrectamente no convierte en profesional una respuesta igualmente agresiva.
5.3. Estilo asertivo
La asertividad consiste en expresar ideas, necesidades, derechos y límites de forma clara, directa y respetuosa, sin someterse injustificadamente y sin agredir. Es el estilo más adecuado en comunicación profesional porque combina firmeza y respeto.
Una respuesta asertiva diferencia entre lo que puede hacerse y lo que no. Por ejemplo: «No dispongo de acceso a esa información, pero puedo indicarle la unidad con la que debe contactar». La primera parte establece el límite; la segunda orienta hacia una solución posible.
La asertividad se relaciona estrechamente con la precisión verbal. Expresiones como «quizá», «a lo mejor» o «supongo» deben evitarse cuando transmiten una incertidumbre que no existe. A la inversa, no debe expresarse certeza cuando se desconoce un dato. Una fórmula profesional es reconocer la limitación y verificar la información.
| Estilo | Defensa de la propia posición | Respeto al interlocutor | Ejemplo general |
|---|---|---|---|
| Pasivo | Insuficiente | Alto, pero a costa de los propios límites | Ceder aunque no proceda |
| Agresivo | Excesiva o impositiva | Insuficiente | Imponer, descalificar o intimidar |
| Asertivo | Adecuada y clara | Adecuado | Explicar límites y alternativas con respeto |
La asertividad no garantiza que la otra persona quede satisfecha. Su objetivo es que la comunicación sea correcta, respetuosa y funcional. En ocasiones el profesional debe comunicar que una petición no puede resolverse desde la centralita. La calidad no consiste en decir siempre que sí, sino en proporcionar una respuesta clara dentro de la competencia y posibilidades reales del servicio.
6. EL LENGUAJE COMO MEDIO DE COMUNICACIÓN
El lenguaje permite representar conceptos, compartir información y coordinar acciones mediante signos organizados de acuerdo con reglas. En la comunicación telefónica profesional interesa especialmente su dimensión práctica: qué palabras elegir, cómo ordenar la información y cómo comprobar que el significado recibido coincide con el pretendido.
6.1. Claridad
Un mensaje claro reduce el esfuerzo de interpretación. La claridad se favorece mediante frases breves, orden lógico, vocabulario conocido y eliminación de información irrelevante. No significa infantilizar al interlocutor. Una explicación puede ser sencilla y rigurosa al mismo tiempo.
Cuando un concepto técnico resulta inevitable, debe contextualizarse o explicarse. El profesional conoce la estructura hospitalaria; la persona que llama no tiene obligación de conocerla. La comunicación debe ajustarse al conocimiento del receptor.
6.2. Precisión
La precisión consiste en utilizar palabras que identifiquen correctamente la realidad a la que se refieren. En un entorno con numerosos servicios, unidades y profesionales, una pequeña diferencia nominal puede enviar una llamada a un destino equivocado.
También es importante en números y letras. Cuando se deletrea un apellido o se transmite una extensión, conviene segmentar el dato y solicitar confirmación si existe riesgo de confusión. El interlocutor debe disponer de tiempo para anotar.
6.3. Lenguaje común y tecnicismos
Los tecnicismos tienen utilidad cuando los interlocutores comparten el mismo ámbito profesional. Sin embargo, utilizarlos frente a ciudadanía sin necesidad genera una barrera semántica. El criterio no es prohibir todo término especializado, sino preguntarse si ayuda realmente a que el receptor comprenda.
Ese mismo criterio apareció en el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 107), donde la respuesta correcta fue la C: se consideró incorrecto que los mensajes deban formularse sistemáticamente en negativo. Es preferible un lenguaje constructivo que explique lo que puede hacerse.
6.4. Formulación positiva
Comunicar en positivo no significa ocultar limitaciones. Significa orientar la frase hacia la información útil. «No tengo ni idea de eso» puede sustituirse por «esa gestión no se realiza desde centralita; puedo indicarle el servicio que la tramita». Ambas expresiones reconocen el mismo límite, pero la segunda facilita una salida.
6.5. Ambigüedad, presuposiciones y sobreentendidos
Los interlocutores tienden a completar mentalmente información que no se ha expresado. En una conversación cotidiana esta economía lingüística suele funcionar; en una comunicación profesional puede provocar errores. Por ello deben evitarse las presuposiciones cuando afectan a datos relevantes.
Si alguien dice «pásame con Urgencias», puede ser necesario determinar qué dispositivo o qué área solicita, según la organización del centro. La pregunta aclaratoria no es una pérdida de tiempo: evita una transferencia incorrecta.
6.6. Orden de la información
Cuando hay que proporcionar varias instrucciones, es útil seguir una secuencia. Primero se explica el objetivo, después los pasos y finalmente se comprueba si la persona necesita que se repita algún dato. La memoria inmediata es limitada; cuanto mayor sea el número de elementos presentados sin estructura, mayor será el riesgo de pérdida.
8. ELEMENTOS QUE FACILITAN Y DIFICULTAN LA COMUNICACIÓN
Una comunicación eficaz depende tanto de conductas facilitadoras como de la capacidad para detectar barreras. Algunas dificultades se encuentran en el canal; otras proceden del lenguaje, del estado emocional, de la organización o de los propios hábitos del profesional.
8.1. Factores facilitadores
- Escuchar activamente: atender al contenido y mostrar que se está siguiendo la conversación.
- Empatizar: intentar comprender la perspectiva de la persona sin prejuzgarla.
- Utilizar lenguaje claro: evitar términos innecesariamente complejos.
- Adaptar el ritmo: reducir velocidad cuando aumenta la dificultad de comprensión.
- Preguntar para aclarar: no interpretar como cierto aquello que se ha oído de forma dudosa.
- Reformular: comprobar que se ha comprendido correctamente.
- Dar retroalimentación: permitir al interlocutor saber que el mensaje está siendo recibido.
- Mantener un tono respetuoso: especialmente cuando exista tensión.
- Organizar el mensaje: presentar la información en un orden lógico.
- Confirmar datos críticos: nombres, destinos, extensiones o información operativa relevante.
8.2. Barreras físicas y técnicas
El ruido ambiental, una línea con mala calidad, interferencias, cortes, volumen inadecuado o problemas en el terminal pueden impedir que el mensaje llegue correctamente. El error consiste en continuar como si nada ocurriera. Si un dato no se ha escuchado bien, debe repetirse.
8.3. Barreras semánticas
Aparecen cuando emisor y receptor asignan significados diferentes a las palabras o cuando se utilizan siglas, tecnicismos o expresiones ambiguas. Son frecuentes en organizaciones grandes porque el profesional maneja un vocabulario interno que la ciudadanía desconoce.
8.4. Barreras psicológicas y emocionales
Ansiedad, prisa, enfado, miedo o cansancio reducen la capacidad para atender y organizar información. El profesional debe adaptar la conversación. Una persona muy nerviosa puede necesitar instrucciones más breves y confirmaciones más frecuentes.
8.5. Barreras actitudinales
Prejuicios, impaciencia, desinterés, ironía, paternalismo o tendencia a juzgar interfieren con la relación. Una de las barreras más frecuentes es preparar mentalmente la respuesta mientras la otra persona todavía está hablando. El profesional deja de escuchar y responde a una versión incompleta de la demanda.
8.6. Barreras organizativas
Directorios desactualizados, extensiones incorrectas, procedimientos poco claros o información no accesible pueden provocar fallos aunque la telefonista se comunique bien. La calidad de la atención depende también de disponer de herramientas organizativas fiables. Cuando se detecta reiteradamente una información incorrecta, debe comunicarse por los canales internos correspondientes para su actualización.
8.7. Barreras relacionadas con la propia comunicación telefónica
La ausencia de gestos y contacto visual impide utilizar muchas claves de la conversación presencial. Además, los silencios pueden interpretarse de forma ambigua. Si la telefonista necesita consultar una información y va a permanecer unos segundos sin hablar, es preferible explicarlo antes para que la persona no piense que la llamada se ha cortado.
9. TÉCNICAS DE EXCELENCIA EN LA ATENCIÓN TELEFÓNICA
La excelencia en atención telefónica resulta de combinar técnica de voz, estructura de conversación, escucha y orientación al usuario. No existe una frase mágica aplicable a todas las llamadas; sí existen principios que reducen errores y mejoran la experiencia.
9.1. Responder con diligencia
La llamada debe atenderse con la mayor prontitud compatible con la actividad y organización del puesto. Dejar sonar innecesariamente el teléfono genera sensación de abandono y aumenta la probabilidad de que quien llama inicie la conversación frustrado.
9.2. Saludo e identificación
La toma de contacto debe permitir al usuario saber que ha llegado al destino previsto. El saludo debe ser claro y profesional. No conviene recitar una fórmula tan rápidamente que resulte ininteligible. La identificación del centro o unidad se realiza conforme a las pautas organizativas existentes.
9.3. Tono de voz
Un tono cálido y acogedor facilita la relación inicial. «Cálido» no significa excesivamente familiar ni informal. El tono profesional transmite disponibilidad, respeto y control.
9.4. Volumen
El volumen debe permitir una audición cómoda. Hablar demasiado bajo dificulta comprensión; elevarlo innecesariamente puede percibirse como agresividad. También puede adaptarse si la persona manifiesta dificultad auditiva, sin convertir la conversación en un grito.
9.5. Velocidad de elocución
La velocidad debe adaptarse a la conversación. Un ritmo excesivamente rápido perjudica a personas mayores, interlocutores que están anotando información, usuarios con dificultades de comprensión o situaciones que contienen números y nombres propios. También puede ralentizarse deliberadamente una frase para destacar un dato importante.
9.6. Articulación y nitidez
Articular correctamente significa producir las palabras de forma que puedan distinguirse. La fatiga, la prisa o hablar mientras se realizan otras tareas pueden hacer que se omitan sílabas o finales de palabra. Una buena dicción reduce errores en nombres y destinos.
La naturalidad sigue siendo importante. La solución no consiste en pronunciar de manera teatral, sino en evitar arrastrar palabras, hablar con objetos en la boca o situarse de forma que el micrófono recoja mal la voz.
9.7. Pausas
Las pausas permiten organizar el discurso y dan tiempo para procesar información. Cuando el interlocutor está anotando un número, la pausa es funcional. El silencio sin explicación, en cambio, puede generar dudas sobre si la llamada continúa conectada.
9.8. Vocabulario
Debe ser comprensible, respetuoso y adecuado al contexto. Las abreviaturas y siglas internas se reservan para interlocutores que realmente las conocen. Frente a ciudadanía conviene traducirlas a expresiones comunes.
9.9. Mantener el control funcional de la llamada
Controlar una llamada no significa dominar al interlocutor. Significa mantener el intercambio orientado hacia su finalidad. Si la conversación deriva reiteradamente hacia información que la telefonista no puede gestionar, puede resumir la demanda y reconducirla: «Para poder indicarle dónde transferirle, necesito confirmar…».
9.10. Transferencia
Antes de transferir conviene comprobar que se ha identificado el destino correcto. Cuando la organización y la tecnología lo permitan, se informa a la persona de que se va a realizar la transferencia. Una cadena de transferencias incorrectas deteriora rápidamente la percepción del servicio.
9.11. Cierre
El cierre debe dejar claro que la gestión ha finalizado o que la llamada va a continuar en otro destino. Puede incluir una última confirmación de la información esencial. La despedida profesional evita terminar abruptamente la comunicación.
10. LA ESCUCHA ACTIVA
Escuchar activamente significa atender de forma deliberada al mensaje del interlocutor, intentar comprender su contenido y demostrar mediante respuestas adecuadas que se está siguiendo la conversación. Es diferente de oír, que puede producirse simplemente porque un sonido llega al sistema auditivo.
La escucha activa requiere una actitud de apertura. El profesional debe evitar decidir demasiado pronto cuál es el problema. Si interrumpe en cuanto reconoce una palabra conocida, puede clasificar la llamada erróneamente.
10.1. Conductas de escucha activa
- Permitir que la persona exponga inicialmente su demanda.
- Evitar interrupciones innecesarias.
- Emitir señales verbales breves de seguimiento cuando sean útiles.
- Realizar preguntas de clarificación.
- Reformular el contenido principal.
- Resumir cuando el relato sea largo o complejo.
- Confirmar los datos esenciales.
- Evitar juicios prematuros.
10.2. Reformulación
La reformulación demuestra que se ha prestado atención y permite detectar malentendidos. Si el interlocutor corrige la reformulación, se ha descubierto el error antes de cursar la llamada. Es una de las técnicas más eficientes para prevenir transferencias equivocadas.
10.3. Parafrasear y resumir
Parafrasear consiste en expresar con otras palabras el contenido esencial. Resumir implica condensar varios elementos. Ambas técnicas deben utilizarse sin deformar el mensaje. La telefonista no añade conclusiones clínicas ni administrativas que la persona no haya expresado.
10.4. Preguntar sin interrogar
La escucha activa incluye preguntas, pero no un cuestionario indiscriminado. Primero se escucha y después se pregunta aquello que falta para actuar. En una llamada que requiere simplemente localizar una extensión, no es necesario conocer detalles personales innecesarios.
10.5. Silencio funcional
El silencio puede ser una herramienta. Una persona con tartamudez, afasia o dificultad para encontrar una palabra puede necesitar tiempo. Interrumpir el silencio completando inmediatamente la frase le impide expresarse y puede aumentar la presión comunicativa.
10.6. Conductas incompatibles con la escucha activa
Entre los errores más claros están contraargumentar antes de comprender la demanda, cambiar de tema, juzgar, terminar las frases del interlocutor, atender simultáneamente a otra conversación sin necesidad, anticipar respuestas o utilizar el tiempo de habla de la otra persona para preparar una réplica defensiva.
La escucha activa tiene además una función relacional. Cuando una persona percibe que debe repetir varias veces la misma información porque nadie la escucha, aumenta su frustración. Una reformulación correcta puede reducir tensión incluso antes de resolver materialmente la petición.
11. LA RETROALIMENTACIÓN O FEEDBACK
La retroalimentación, también denominada feedback, es la información que el receptor devuelve al emisor acerca de la recepción, comprensión o efecto del mensaje. Convierte la comunicación en un proceso circular: el emisor observa la respuesta y puede mantener, corregir o adaptar lo que está diciendo.
En atención telefónica la retroalimentación es indispensable porque el profesional no dispone de contacto visual. Si una persona permanece completamente en silencio durante una explicación, la telefonista puede no saber si continúa escuchando, si está anotando, si no entiende o si la línea se ha interrumpido.
11.1. Funciones del feedback
- Confirmar recepción: indica que el mensaje ha llegado.
- Confirmar comprensión: permite saber qué ha interpretado el receptor.
- Detectar errores: descubre diferencias entre lo emitido y lo entendido.
- Regular la conversación: ayuda a decidir si continuar, repetir o reformular.
- Mostrar atención: refuerza la interacción interpersonal.
11.2. Retroalimentación verbal
Puede adoptar la forma de afirmaciones breves, preguntas, repeticiones, reformulaciones o resúmenes. «Sí, le escucho», «entonces me indica…» o «¿quiere decir que…?» son ejemplos. La forma concreta depende del contexto.
11.3. Retroalimentación no verbal y paraverbal
En comunicación presencial pueden funcionar como feedback el asentimiento, la mirada o la expresión facial. En teléfono convencional estas señales visuales desaparecen, pero se mantienen variaciones de voz, pausas y respuestas breves.
11.4. Feedback y acuerdo
Retroalimentación no equivale necesariamente a estar de acuerdo. Una persona puede demostrar que ha comprendido una explicación y discrepar con ella. Desde el punto de vista comunicativo lo importante es que el emisor conozca la reacción y pueda adaptar su mensaje.
El concepto ya había sido examinado con mucho detalle. En el examen de Telefonista del SAS 2018 (turno libre, pregunta 103), la respuesta correcta fue la D: las distintas reacciones del receptor permiten al hablante conocer cómo está siendo recibido su mensaje. En la pregunta 104 del mismo examen, la respuesta correcta fue la D, al considerar formas de retroalimentación la que refleja el contenido, la expresión de reacciones y las señales de atención.
11.5. Comprobación cerrada del mensaje
En comunicaciones importantes resulta útil que el receptor repita el dato crítico y el emisor confirme. Esta técnica reduce errores en números, nombres y destinos. Debe utilizarse con proporcionalidad: no es necesario repetir cada frase de una conversación ordinaria.
12. FALLOS EN LA COMUNICACIÓN Y PREVENCIÓN DE ERRORES
Un fallo comunicativo se produce cuando el mensaje recibido no coincide suficientemente con el que debía transmitirse o cuando la interacción no permite alcanzar su objetivo. Los fallos pueden aparecer en cualquiera de los elementos del proceso.
12.1. Fallos de emisión
Se producen cuando el mensaje está mal construido: frases demasiado largas, pronunciación deficiente, volumen inapropiado, velocidad excesiva, datos desordenados, vocabulario ambiguo o tecnicismos. La prevención comienza antes de hablar: saber qué información debe comunicarse.
12.2. Fallos de recepción
El receptor puede oír pero no comprender, distraerse, interpretar una palabra de manera distinta o perder parte del mensaje. La telefonista no puede controlar completamente estas variables, pero sí utilizar preguntas y feedback.
12.3. Fallos del canal
Una mala línea, eco, interferencias o cortes alteran físicamente la señal. Cuando el canal no permite una comunicación fiable, insistir en continuar puede aumentar los errores. Si es posible, se recupera la comunicación o se utiliza el procedimiento alternativo establecido.
12.4. Fallos por presuposición
Son especialmente peligrosos porque pasan inadvertidos. El profesional cree haber entendido y actúa sin comprobar. Apellidos parecidos, nombres de unidades semejantes o números mal escuchados son ejemplos clásicos.
12.5. Fallos por exceso de información
La memoria de trabajo tiene capacidad limitada. Dar una cadena larga de números, indicaciones y nombres sin pausas favorece omisiones. Dividir la información en bloques y permitir confirmación mejora la retención.
12.6. Fallos por comunicación defensiva
Cuando un usuario expresa una queja o frustración, el profesional puede sentirse personalmente cuestionado y comenzar a justificarse antes de comprender el problema. Esa reacción desplaza la conversación desde la demanda hacia un conflicto interpersonal.
12.7. Fallos por etiquetas y prejuicios
Calificar mentalmente al interlocutor como «difícil», «pesado» o «confuso» puede modificar la escucha. Es preferible describir la conducta concreta: habla muy rápido, repite información, presenta dificultad para encontrar palabras, está elevando el tono. Las conductas pueden gestionarse; las etiquetas predisponen.
12.8. Fallos de transferencia
Transferir sin comprender la demanda puede iniciar una cadena de llamadas. Antes de transferir debe comprobarse, dentro de lo razonable, que el destino corresponde a lo solicitado. Si existen dudas, una pregunta de clarificación suele ahorrar tiempo.
12.9. Prevención sistemática
- Escuchar antes de clasificar la llamada.
- Aclarar términos ambiguos.
- Evitar tecnicismos innecesarios.
- Confirmar datos relevantes.
- Reformular cuando la demanda sea compleja.
- Informar antes de silencios o transferencias prolongadas.
- No fingir haber entendido.
- Utilizar directorios y procedimientos actualizados.
13. COMUNICACIÓN CON USUARIOS CON ALTERACIONES EN EL LENGUAJE
El programa oficial menciona expresamente dislexia, tartamudez y problemas neurológicos. La persona telefonista no diagnostica estas alteraciones ni realiza tratamiento. Su responsabilidad consiste en adaptar la comunicación para reducir barreras y permitir que la persona exprese su necesidad con la máxima autonomía posible.
La regla general es no confundir dificultad comunicativa con falta de capacidad intelectual. Hablar con una persona adulta de forma infantil, terminar constantemente sus frases o dirigirse automáticamente a su acompañante constituye una mala práctica comunicativa.
13.1. Dislexia
La dislexia es una dificultad específica relacionada principalmente con la lectura y la escritura. Por ello es importante una precisión que puede resultar útil en examen: una persona con dislexia no tiene por qué presentar una alteración del habla oral. En una conversación telefónica ordinaria puede comunicarse verbalmente sin dificultad.
La barrera aparece cuando la llamada exige leer códigos, deletrear palabras, copiar una dirección, manejar instrucciones escritas o recordar secuencias complejas. En estos casos conviene segmentar la información, ofrecer tiempo para anotar y comprobar los datos esenciales.
No debe darse por supuesto que cualquier equivocación al leer un número se deba a la dislexia. La telefonista responde a la necesidad concreta sin intentar valorar clínicamente su origen.
13.2. Tartamudez
La tartamudez o disfemia afecta a la fluidez del habla y puede manifestarse mediante repeticiones, prolongaciones o bloqueos. Una de las conductas más perjudiciales es meter prisa a la persona o terminar sus frases. Aunque se haga con intención de ayudar, puede aumentar la presión y transmite que no se dispone de tiempo para escuchar.
La telefonista debe mantener contacto comunicativo normal, escuchar el contenido y conceder tiempo. Su propio ritmo puede ser pausado y tranquilo, pero sin adoptar una forma exageradamente lenta o artificial.
Tampoco es recomendable repetir constantemente «tranquilícese», «respire» o «hable más despacio». El problema no se resuelve dando instrucciones improvisadas sobre el habla. La función de la telefonista es favorecer un contexto comunicativo sin presión.
13.3. Afasia
La afasia es una alteración adquirida del lenguaje asociada a una lesión cerebral. Puede afectar de distintas maneras a comprensión, expresión, denominación, lectura o escritura. Algunas personas saben lo que quieren expresar pero tienen dificultad para encontrar la palabra; otras pueden producir lenguaje fluido pero poco informativo; otras presentan problemas importantes de comprensión.
En teléfono resulta especialmente difícil porque faltan gestos y apoyos visuales. Conviene utilizar frases sencillas, una idea cada vez y preguntas claras. Las preguntas cerradas pueden ser útiles para verificar información, pero no deben convertirse automáticamente en el único sistema si la persona puede expresarse de forma más amplia.
Hay que conceder tiempo y evitar corregir continuamente errores lingüísticos que no impidan comprender la demanda. Si no se entiende, se dice con respeto y se intenta otra formulación.
13.4. Disartria
La disartria es una alteración motora del habla. La persona puede tener intacto el lenguaje pero presentar pronunciación poco clara, cambios en volumen, velocidad o coordinación. El error sería interpretar la dificultad articulatoria como falta de comprensión.
La telefonista puede pedir que repita un dato, reducir el ruido, utilizar preguntas de confirmación y dar tiempo. Si un nombre propio resulta difícil de entender, puede solicitar deletreo cuando esa alternativa sea posible para el interlocutor.
13.5. Apraxia del habla
En la apraxia adquirida del habla existe dificultad para planificar o programar los movimientos necesarios para producir correctamente los sonidos del habla. Pueden aparecer intentos repetidos, errores variables y pausas. De nuevo, el profesional no diagnostica; simplemente adapta el intercambio observable.
13.6. Alteraciones cognitivas o neurológicas
Algunas enfermedades neurológicas pueden afectar atención, memoria, velocidad de procesamiento o capacidad para organizar el discurso. Las instrucciones deben fragmentarse. Conviene evitar varias preguntas a la vez y verificar la información paso a paso.
13.7. Comunicación con acompañantes
Si una persona llama acompañada por alguien que intenta hablar en su lugar, la primera referencia sigue siendo la propia persona usuaria siempre que pueda participar. Un acompañante puede facilitar información, pero no debe convertirse automáticamente en interlocutor principal por el hecho de existir una dificultad del habla.
Además deben respetarse confidencialidad y protección de datos. La presencia de una dificultad comunicativa no autoriza a proporcionar información personal a terceros sin cumplir los requisitos correspondientes.
13.8. Aparición brusca de una alteración
Una alteración súbita del habla o del lenguaje puede formar parte de una situación sanitaria urgente. La telefonista no debe diagnosticar su causa. Si la llamada se presenta como una emergencia o existe una petición de asistencia urgente, se sigue el procedimiento del centro y se deriva al recurso competente.
14. APLICACIÓN PRÁCTICA EN LA CENTRAL TELEFÓNICA
La mejor forma de integrar el tema es convertir sus conceptos en una secuencia de trabajo. La comunicación profesional puede estructurarse desde que entra la llamada hasta que finaliza.
14.1. Primera fase: acogida
La persona telefonista responde con diligencia y utiliza la fórmula de saludo e identificación establecida. El tono debe ser audible, natural y profesional. Esta primera impresión condiciona la disposición posterior del interlocutor.
14.2. Segunda fase: exploración de la demanda
Una pregunta abierta breve permite conocer el motivo general. La telefonista escucha sin interrumpir prematuramente. Si la información es insuficiente, utiliza preguntas cerradas o de clarificación.
Debe evitarse obtener datos que no son necesarios para cursar la comunicación. La centralita no es una entrevista clínica ni administrativa completa.
14.3. Tercera fase: identificación del destino
Con la información disponible se determina qué unidad, profesional o recurso debe recibir la comunicación. Si existen varias posibilidades, se aclara antes de transferir.
14.4. Cuarta fase: confirmación
Cuando existe riesgo de error, se reformula: «Entonces necesita contactar con…». Si hay un nombre, número o dato difícil de escuchar, se solicita repetición. La prioridad es exactitud.
14.5. Quinta fase: actuación
Se transfiere, localiza o informa dentro de las funciones asignadas. Si la centralita no puede resolver la petición, se explica de forma asertiva y se ofrece la alternativa disponible.
14.6. Sexta fase: cierre
Se informa de la transferencia o de la finalización de la gestión y se cierra la conversación cortésmente. El interlocutor debe saber qué ocurrirá a continuación.
14.7. Usuario enfadado
Ante una persona alterada, la telefonista debe evitar la escalada. Primero escucha el contenido útil, mantiene un tono estable y reconoce la demanda sin asumir responsabilidades que no le corresponden. Puede establecer límites si aparecen insultos o conductas incompatibles con una comunicación adecuada, siguiendo las pautas organizativas del centro.
Responder con agresividad, sarcasmo o desafío transforma una dificultad de servicio en un conflicto interpersonal. La asertividad permite decir «voy a intentar ayudarle, pero necesito que me indique…» sin aceptar un trato inadecuado.
14.8. Usuario que habla demasiado rápido
La telefonista puede pedir que repita el dato concreto y reducir deliberadamente su propio ritmo. No es necesario imitar la velocidad del interlocutor. En números o nombres se segmenta y confirma.
14.9. Usuario que tarda en responder
No se interpreta inmediatamente el silencio como falta de atención. Puede estar buscando un documento, leyendo un dato o tener una dificultad del lenguaje. Una breve espera suele ser más eficaz que formular sucesivas preguntas.
14.10. Usuario con tartamudez
Se mantiene un ritmo tranquilo y se concede tiempo. No se terminan palabras ni frases. La atención se centra en el contenido, no en la fluidez.
14.11. Usuario con posible afasia o disartria
Se simplifican las preguntas, se confirma una idea cada vez y se reconoce abiertamente cuando un dato no se ha entendido. Si existe un acompañante, su participación puede ser útil, pero sin excluir innecesariamente a la persona.
14.12. Límite competencial
La comunicación excelente incluye saber dónde termina la función de telefonista. La persona operadora no interpreta resultados clínicos, no ofrece diagnósticos, no decide prioridades asistenciales por criterio propio ni proporciona información reservada. Su competencia es gestionar correctamente la comunicación y activar o contactar con los recursos que correspondan conforme a los procedimientos del centro.
El conjunto de estas conductas muestra que la comunicación telefónica profesional es una competencia técnica. Escucha activa, feedback, asertividad, claridad y adaptación no son cualidades abstractas: son mecanismos concretos para mejorar seguridad, eficiencia y satisfacción.
15. IDEAS CLAVE Y MAPA CONCEPTUAL
Para el examen conviene dominar las diferencias conceptuales y, sobre todo, saber aplicarlas. Código no es canal; oír no es escuchar activamente; empatía no es dar siempre la razón; asertividad no es agresividad; feedback no significa necesariamente acuerdo; y una alteración de la fluidez no justifica terminar las frases del interlocutor.
En la voz telefónica debes separar tono, volumen, velocidad y articulación. El tono transmite actitud; el volumen determina intensidad; la velocidad regula el ritmo; la articulación determina nitidez. Los exámenes oficiales han utilizado precisamente estas distinciones para construir distractores.
También debes recordar que las principales barreras pueden clasificarse en físicas, semánticas, psicológicas, actitudinales y organizativas. La respuesta profesional consiste en detectarlas y compensarlas: repetir cuando hay ruido, reformular cuando hay ambigüedad, adaptar el ritmo cuando existe dificultad y actualizar la información organizativa cuando el problema se repite.
La secuencia más útil para memorizar la llamada profesional es: acoger, escuchar, aclarar, confirmar, actuar y cerrar. En cada fase intervienen habilidades diferentes, pero todas persiguen un mismo objetivo: que la comunicación llegue correctamente a su destino.
│
├── PROCESO
│ ├── emisor y receptor
│ ├── mensaje
│ ├── código
│ ├── canal
│ ├── contexto
│ ├── ruido
│ └── retroalimentación
│
├── TIPOS
│ ├── verbal
│ │ ├── oral
│ │ └── escrita
│ ├── no verbal
│ │ ├── gestos
│ │ ├── expresión facial
│ │ └── postura
│ └── paraverbal
│ ├── tono
│ ├── volumen
│ ├── velocidad
│ ├── ritmo
│ ├── articulación
│ └── pausas
│
├── ESTILOS
│ ├── pasivo
│ ├── agresivo
│ └── asertivo
│
├── HABILIDADES
│ ├── empatía
│ ├── respeto
│ ├── autocontrol
│ ├── preguntas
│ ├── reformulación
│ └── síntesis
│
├── ESCUCHA ACTIVA
│ ├── atender
│ ├── no interrumpir
│ ├── aclarar
│ ├── parafrasear
│ ├── resumir
│ └── confirmar
│
├── FEEDBACK
│ ├── confirma recepción
│ ├── confirma comprensión
│ ├── detecta errores
│ └── permite adaptar el mensaje
│
├── EXCELENCIA TELEFÓNICA
│ ├── respuesta diligente
│ ├── saludo e identificación
│ ├── tono adecuado
│ ├── volumen audible
│ ├── velocidad adaptada
│ ├── articulación clara
│ ├── lenguaje comprensible
│ ├── transferencia correcta
│ └── cierre claro
│
├── BARRERAS
│ ├── físicas
│ ├── semánticas
│ ├── psicológicas
│ ├── actitudinales
│ └── organizativas
│
└── ALTERACIONES DEL LENGUAJE
├── dislexia → apoyo ante lectura y escritura
├── tartamudez → tiempo y ritmo tranquilo
└── problemas neurológicos
├── afasia
├── disartria
├── apraxia del habla
└── alteraciones cognitivas
16. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
- Resolución de 30 de julio de 2024, de la Dirección General de Personal del Servicio Andaluz de Salud — programa oficial de materias de la categoría Telefonista.
- Servicio Andaluz de Salud — Libro de Estilo del Servicio Andaluz de Salud; principios de comunicación, trato, información y relación profesional con la ciudadanía.
- Servicio Andaluz de Salud — exámenes oficiales de Telefonista de la OEP 2016/17, utilizados en el corpus del proyecto con referencia de convocatoria 2018.
- Servicio Andaluz de Salud — examen oficial de Telefonista 2023, OEP Extraordinaria 2022.
- Servicio Andaluz de Salud — examen oficial de Telefonista 2025, turno libre y promoción interna, con plantilla definitiva.
- Watzlawick, P., Beavin, J. H. y Jackson, D. D. — Pragmatics of Human Communication; fundamentos de comunicación interpersonal e interacción.
- Rogers, C. R. — trabajos sobre relación interpersonal, escucha, congruencia y comprensión empática.
- Shannon, C. E. y Weaver, W. — The Mathematical Theory of Communication; conceptos de canal, señal, transmisión y ruido.
- American Speech-Language-Hearing Association — recursos profesionales sobre tartamudez y trastornos de fluidez, afasia, disartria y apraxia adquirida del habla.
- International Stuttering Association — recomendaciones de sensibilización y comunicación respetuosa con personas que tartamudean.
- CEAPAT-IMSERSO — recursos sobre accesibilidad, comunicación aumentativa y apoyo a personas con dificultades de comunicación.
- Organización Mundial de la Salud — Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud; enfoque funcional de las limitaciones de comunicación y participación.
escucha activa
retroalimentación
feedback
asertividad
empatía
comunicación verbal
comunicación no verbal
atención telefónica
tartamudez
afasia
Telefonista SAS