Tema 29. Atención al paciente. Observación de parámetros físico-clínicos. Síntomas y signos vitales. Procedimientos para evaluar el nivel de consciencia y colaboración del paciente, signos de posibles alteraciones del estado general. Técnicas básicas de cuidados sanitarios en caso de necesidad. Técnicas de movilización e inmovilización y medios de protección
1. ATENCIÓN AL PACIENTE EN RADIODIAGNÓSTICO: SEGURIDAD ANTES QUE IMAGEN
La atención al paciente en un Servicio de Radiodiagnóstico no consiste únicamente en colocar a una persona delante de un detector y ejecutar un protocolo técnico. El TER/TSID trabaja con pacientes que pueden llegar estables y autónomos, pero también con personas con dolor intenso, deterioro neurológico, dificultad respiratoria, traumatismos, limitaciones funcionales, dispositivos invasivos, alteración cognitiva, sedación o incapacidad para mantener la posición necesaria. La calidad de la imagen depende en gran medida de cómo se prepare, observe, movilice y acompañe al paciente, pero la prioridad siempre es otra: que la exploración no añada daño a la situación clínica existente.
Por eso, antes de iniciar una prueba conviene pensar en una secuencia sencilla: identificar → observar → preguntar → comprobar → preparar → realizar → reevaluar. Identificar significa confirmar que se trata del paciente correcto y que la prueba solicitada corresponde al procedimiento previsto. Observar implica fijarse, incluso antes de tocar al paciente, en su aspecto general, patrón respiratorio, coloración, postura, grado de alerta y capacidad de interacción. Preguntar permite conocer dolor, síntomas actuales, limitaciones y capacidad para colaborar. Comprobar supone revisar los elementos que pueden condicionar la seguridad: oxígeno, vías, drenajes, sondas, inmovilizaciones previas, bombas, monitorización, riesgo de caída o necesidad de ayuda para transferirse. Preparar es adaptar la sala, el equipo y el material para que el movimiento sea mínimo y controlado. Después se realiza la técnica y, finalmente, se reevalúa al paciente antes de devolverlo a su unidad o permitir que se marche.
En radiología es fácil concentrarse en el objetivo técnico —centrado, colimación, proyección, inmovilidad— y perder de vista que un paciente puede deteriorarse durante los pocos minutos que dura la exploración. Esa posibilidad aumenta en urgencias, UCI, hospitalización, radiología intervencionista, exploraciones con contraste y estudios realizados fuera del servicio. La vigilancia no consiste en “diagnosticar” al paciente, sino en detectar cambios relevantes y activar ayuda precozmente. El TER/TSID debe ser capaz de reconocer que algo ha cambiado y de comunicarlo de forma concreta: qué ha ocurrido, cuándo, qué signos presenta y qué parámetros se han obtenido.
1.1. La observación empieza en el primer contacto
Muchos signos de deterioro no requieren instrumental. Un paciente que entra caminando puede hacerlo con base inestable, disnea, palidez, sudoración o dificultad para hablar. Otro puede llegar en silla de ruedas aparentemente tranquilo, pero no ser capaz de mantener la cabeza erguida o responder con coherencia. En un paciente encamado puede llamar la atención una respiración ruidosa, una disminución del nivel de respuesta o una agitación nueva. La observación inicial aporta un “estado basal” contra el que comparar cualquier cambio posterior.
También permite decidir si la transferencia prevista es adecuada. No es lo mismo pedir a una persona autónoma que se ponga de pie para pasar a la mesa que intentar la misma maniobra con alguien hipotenso, con hemiparesia, recién operado, con fractura, con dolor severo o con una puntuación baja de consciencia. La técnica radiográfica debe adaptarse al paciente y no al revés: a veces será más seguro modificar la proyección, utilizar la propia camilla o realizar la exploración con equipo portátil que forzar una transferencia que multiplica el riesgo.
1.2. Seguridad, dignidad y participación
La seguridad incluye la dignidad. Explicar lo que se va a hacer, preservar la intimidad durante los cambios de ropa y posiciones, solicitar colaboración cuando sea posible y evitar manipulaciones bruscas disminuye ansiedad y facilita la técnica. La Ley 41/2002, de autonomía del paciente, mantiene vigente el marco general de información y consentimiento, pero en este tema interesa sobre todo su traducción práctica: una persona informada comprende mejor qué se espera de ella y colabora con más seguridad. Los aspectos éticos y comunicativos se desarrollan en el tema 13; aquí se utilizan como herramienta operativa para realizar cuidados y movimientos seguros.
1.3. Qué pertenece a este tema y qué se estudia en otros
El tema 29 debe darte una visión transversal de la atención inmediata: observación, constantes, consciencia, colaboración, cuidados básicos, movilización e inmovilización. No debe convertirse en un tratado de soporte vital avanzado. La RCP básica, el DEA y el contenido del carro de parada pertenecen específicamente al tema 46. Tampoco se desarrollan aquí las reacciones adversas a los contrastes, que se estudian en ese mismo tema, ni la inmovilización pediátrica en profundidad, que el programa sitúa en el tema 33. Sí debes conocer, sin embargo, la conducta inicial que conecta todos ellos: reconocer un problema, interrumpir la actividad si es necesario, solicitar ayuda y mantener las funciones vitales mientras llega el equipo adecuado.
2. OBSERVACIÓN FÍSICO-CLÍNICA Y VALORACIÓN INICIAL
La valoración físico-clínica en radiodiagnóstico debe ser rápida, estructurada y repetible. No busca establecer un diagnóstico médico, sino responder a tres preguntas prácticas: ¿el paciente está estable para realizar la exploración?, ¿qué ayuda necesita para colocarle y protegerle?, y ¿ha cambiado su estado desde que llegó? Una secuencia estructurada disminuye el riesgo de fijarse en un dato llamativo y olvidar otro más peligroso.
2.1. Impresión general
La primera impresión combina apariencia, respiración y circulación visible. Se valora si el paciente está despierto, orientado y capaz de mantener una conversación; si adopta una postura de dolor o de dificultad respiratoria; si presenta palidez, cianosis o sudoración; si existe hemorragia visible; si mueve simétricamente las extremidades; y si su conducta es coherente con el contexto. La comparación con su situación habitual es especialmente importante en personas mayores, con deterioro cognitivo, discapacidad intelectual o enfermedades neurológicas crónicas.
Una alteración aislada puede ser poco específica. Un paciente ansioso puede tener taquicardia; el dolor puede elevar la frecuencia respiratoria; el frío puede producir temblor. Lo que aumenta la sospecha es la combinación de signos, la intensidad, la aparición brusca o la tendencia al empeoramiento. En radiología, la tendencia a veces solo puede observarse durante unos minutos, pero incluso ese corto intervalo sirve: alguien que al inicio respondía de forma normal y después está somnoliento, o que pasa de hablar frases completas a hacerlo entrecortadamente, ha cambiado de forma clínicamente relevante.
2.2. Enfoque ABCDE como estructura mental
Las guías del European Resuscitation Council (ERC) 2025 utilizan el enfoque ABCDE para estructurar la valoración de una persona que necesita atención. En un entorno hospitalario, el TER/TSID puede utilizarlo como mapa mental, siempre dentro de su entrenamiento y de los procedimientos del centro:
| Letra | Qué se valora | Qué puede observar el TER/TSID | Prioridad práctica |
|---|---|---|---|
| A — Airway | Vía aérea | Capacidad para hablar, ruidos obstructivos, secreciones, vómito, disminución marcada de consciencia | Asegurar ayuda inmediata; una vía aérea amenazada tiene prioridad sobre la exploración |
| B — Breathing | Respiración | Frecuencia, esfuerzo, simetría, coloración, SpO₂ si está indicada y disponible | Reconocer respiración anormal o dificultad respiratoria y escalar |
| C — Circulation | Circulación | Pulso, presión arterial, perfusión periférica, sangrado visible, piel fría o sudorosa | Controlar hemorragias externas simples y pedir ayuda ante signos de compromiso |
| D — Disability | Estado neurológico | Alerta/confusión, respuesta a voz o estímulo, pupilas si procede, movilidad y simetría | Detectar deterioro de consciencia o déficit neurológico nuevo |
| E — Exposure | Exposición/entorno | Lesiones visibles, dispositivos, temperatura, piel, zonas de presión y riesgos del entorno | Completar la valoración preservando intimidad y temperatura |
La utilidad del ABCDE es el orden de prioridades. Una persona con una vía aérea amenazada no debe esperar a que terminemos de medir la temperatura. Un paciente inconsciente no necesita primero una proyección perfectamente centrada, sino saber si respira de manera normal y si requiere activación del sistema de respuesta a emergencias. La secuencia se repite tras cada intervención o si el estado cambia.
2.3. Recogida de información relevante antes de movilizar
Antes de mover al paciente hay que saber qué se puede mover con él y qué no. La inspección debe localizar accesos venosos, catéteres, drenajes, sondas, sistemas de oxígeno, bombas de infusión, bolsas colectoras, férulas, vendajes, inmovilizadores y cables de monitorización. En la transferencia, estos elementos pueden traccionarse, desconectarse, quedar atrapados o producir una caída si nadie los controla. Por ello se asigna de forma explícita quién dirige la maniobra y quién controla cada dispositivo cuando se necesita más de un profesional.
También debe estimarse la capacidad funcional. El paciente puede ser independiente, parcialmente colaborador o no colaborador para la maniobra concreta. Esta clasificación es dinámica: alguien capaz de caminar hasta la sala puede dejar de ser seguro para ponerse de pie tras un síncope, sedación o empeoramiento del dolor. La NTP 907 del INSST, al describir la metodología MAPO para el riesgo por movilización asistencial, diferencia precisamente entre pacientes parcialmente colaboradores y no colaboradores porque la carga biomecánica para el trabajador y las ayudas necesarias son distintas.
2.4. Reevaluación
La reevaluación es una parte esencial de la atención. Tras una transferencia, un cambio postural o una exploración que exige apnea o inmovilidad, se comprueba que el paciente mantiene su estado basal. Si se ha producido mareo, disnea, dolor o disminución de respuesta, la prueba no continúa automáticamente. La información relevante se transmite al personal responsable con un mensaje breve y estructurado: identificación, problema actual, cambio observado, constantes disponibles y actuación realizada.
3. SIGNOS VITALES Y PARÁMETROS BÁSICOS
Los signos vitales son medidas fisiológicas que ayudan a describir el estado de una persona y, sobre todo, a detectar cambios. En el entorno hospitalario, sistemas de alerta precoz como NEWS2 agrupan seis parámetros básicos: frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, presión arterial sistólica, frecuencia del pulso, nivel de consciencia o nueva confusión y temperatura. NEWS2 no es una escala específica del SAS ni sustituye a los protocolos locales, pero resulta útil para comprender qué variables fisiológicas se consideran centrales en la vigilancia del deterioro agudo.
3.1. Frecuencia y patrón respiratorio
La frecuencia respiratoria expresa el número de ciclos respiratorios por unidad de tiempo, pero observar la respiración incluye mucho más: profundidad, regularidad, simetría, uso de musculatura accesoria, tiraje, capacidad para hablar, presencia de tos, estridor, sibilancias audibles, ronquido o respiración agónica. En radiología es especialmente importante porque muchas técnicas requieren apnea, decúbito, elevación de brazos o posiciones que pueden empeorar la disnea.
Para valorar la frecuencia conviene observar el tórax o el abdomen sin llamar excesivamente la atención del paciente, porque puede modificar voluntariamente el ritmo. Si el patrón es irregular, se necesita un periodo de observación suficiente para describirlo con fiabilidad. Una frecuencia aparentemente aceptable no descarta dificultad si existe gran trabajo respiratorio, cianosis o incapacidad para hablar con normalidad.
La posición importa. Un paciente que solo tolera estar incorporado puede empeorar al colocarlo en decúbito. Antes de forzar una posición técnica, se debe valorar si existe una alternativa segura y, si la exploración no puede realizarse sin comprometer la respiración, solicitar valoración clínica. El objetivo no es “vencer” la postura del paciente, sino obtener una imagen sin provocar deterioro.
3.2. Saturación periférica de oxígeno (SpO₂)
La pulsioximetría estima la saturación periférica de hemoglobina con oxígeno mediante absorción de luz. Es rápida y no invasiva, pero no es infalible. La lectura puede alterarse por movimiento, mala perfusión periférica, extremidades frías, mala colocación del sensor, interferencias ópticas y determinadas dishemoglobinemias. Por ello debe comprobarse si el valor es compatible con el aspecto del paciente y con la calidad de la señal del equipo. Un número en la pantalla nunca debe hacer ignorar a una persona claramente cianótica o con dificultad respiratoria.
En pacientes con oxigenoterapia es fundamental no desconectar el sistema para “facilitar la radiografía” sin una indicación y sin prever cómo mantenerlo durante el estudio. El flujo y el dispositivo forman parte del soporte clínico. Si el material interfiere con una imagen, se buscan alternativas de posicionamiento o coordinación con el equipo asistencial. En RM, además, todo material que entra en las zonas controladas debe ser compatible con el entorno magnético, aspecto que corresponde a los temas 44 y 45.
3.3. Pulso y frecuencia cardiaca
El pulso periférico aporta información sobre frecuencia, ritmo y amplitud. Se puede palpar en arterias como la radial, pero la elección depende de la situación. En un paciente estable interesa registrar la frecuencia y advertir irregularidades llamativas. En un paciente que pierde la consciencia, la prioridad no es realizar una exploración prolongada del pulso: las guías de soporte vital establecen algoritmos específicos de reconocimiento de parada en los que la ausencia de respuesta y la respiración anormal desencadenan la actuación urgente.
Debe distinguirse frecuencia cardiaca (actividad del corazón medida por monitor o ECG) de frecuencia del pulso (ondas palpables en una arteria). En muchas situaciones coinciden, pero no son conceptos idénticos. El TER/TSID que observa un monitor debe además evitar desconectar electrodos o cables sin coordinación cuando forman parte de una monitorización necesaria.
3.4. Presión arterial
La presión arterial aporta información hemodinámica y puede ser necesaria antes, durante o después de determinados procedimientos. La medición correcta exige un manguito de tamaño adecuado, colocado sobre la extremidad de forma apropiada, y una posición que evite errores previsibles. Se debe minimizar el movimiento y, cuando sea posible, mantener el brazo apoyado.
La cifra no se interpreta de forma aislada. Hipotensión acompañada de mareo, palidez, sudoración o disminución de consciencia merece atención inmediata; una presión elevada en un paciente con dolor o ansiedad debe contextualizarse. Si existe una restricción clínica conocida en una extremidad —por ejemplo, un acceso vascular que no debe comprimirse— se utiliza otra localización conforme al protocolo y se consulta al personal responsable.
3.5. Temperatura
La temperatura ayuda a detectar fiebre, hipotermia y cambios sistémicos, pero su significado depende del lugar y método de medición. En radiología puede ser relevante en pacientes sépticos, traumatizados, muy ancianos o expuestos a entornos fríos. La prevención de la pérdida de calor forma parte de la atención: desnudar al paciente más de lo necesario, dejarlo mojado o descubierto durante una espera prolongada es una causa evitable de incomodidad y enfriamiento.
3.6. Dolor como parámetro clínico
Aunque no forma parte de todos los sistemas de signos vitales, el dolor es un parámetro clínico esencial para el TER/TSID. Debe preguntarse dónde duele, qué intensidad refiere y qué movimientos lo empeoran. En una fractura o lesión aguda, el dolor orienta la movilización y puede hacer insegura una postura estándar. En un paciente con dolor torácico, dolor súbito intenso o dolor asociado a deterioro general, el objetivo deja de ser “conseguir la proyección” y pasa a ser obtener valoración clínica.
Las escalas numéricas o visuales son herramientas de comunicación, no diagnósticos. En personas con dificultades cognitivas o comunicativas se observa conducta, expresión facial, vocalización, protección de una zona y respuesta al movimiento, respetando los instrumentos y protocolos del centro.
3.7. Glucemia y otros parámetros complementarios
La glucemia capilar no es un signo vital clásico, pero puede ser muy útil ante alteración de consciencia, sudoración, temblor o conducta anómala si el servicio dispone de medios y el profesional está autorizado y formado para su uso. Lo mismo ocurre con otros parámetros: electrocardiografía, capnografía o monitorización avanzada pertenecen a contextos específicos. El principio general es sencillo: medir solo aquello que se sabe obtener e interpretar dentro del procedimiento establecido, y no retrasar la petición de ayuda por acumular datos.
3.8. Registro y tendencia
Un signo vital que no se registra ni se comunica pierde gran parte de su utilidad. Cuando se obtiene un parámetro por una incidencia clínica, debe anotarse según el sistema del centro y transmitirse al profesional responsable. La tendencia tiene especial valor: una saturación que desciende, una frecuencia respiratoria que aumenta o una presión arterial que cae de forma progresiva son patrones más informativos que una única cifra descontextualizada.
4. NIVEL DE CONSCIENCIA: ACVPU Y ESCALA DE GLASGOW
El nivel de consciencia expresa la capacidad de una persona para estar despierta, interactuar con el entorno y responder de forma adecuada a estímulos. Es uno de los indicadores más sensibles de alteración neurológica o sistémica: puede cambiar por traumatismo craneal, ictus, hipoxia, hipoglucemia, intoxicación, fármacos, convulsiones, sepsis o alteraciones metabólicas. Para el TER/TSID es especialmente relevante porque determina la capacidad de proteger la vía aérea, colaborar con la exploración y realizar transferencias seguras.
4.1. Valoración rápida: ACVPU
Las guías ERC 2025 de primeros auxilios incorporan el esquema ACVPU para una valoración rápida del nivel de respuesta:
| Categoría | Significado | Interpretación práctica |
|---|---|---|
| A — Alert | Alerta | Despierto, interacción espontánea apropiada |
| C — Confusion | Confusión nueva o empeoramiento | Desorientación, conducta incoherente o agitación nueva respecto al basal |
| V — Voice | Responde a la voz | No está plenamente alerta, pero responde al hablarle |
| P — Pressure/Pain | Responde a estímulo físico | No responde a la voz, pero sí ante un estímulo físico apropiado |
| U — Unresponsive | No responde | No se obtiene respuesta: situación de alta prioridad que exige valorar respiración y pedir ayuda |
La gran ventaja de ACVPU es la rapidez. No pretende sustituir una evaluación neurológica completa, sino responder de inmediato a “¿cómo de despierto está?”. La nueva confusión merece atención: una persona puede mantener los ojos abiertos y hablar, pero haber sufrido un deterioro real si está desorientada, agitada o incoherente respecto a su situación habitual.
4.2. Escala de Coma de Glasgow (GCS)
La Glasgow Coma Scale describe tres componentes independientes: apertura ocular, respuesta verbal y mejor respuesta motora. La metodología moderna recomienda una secuencia estructurada: comprobar factores que interfieren → observar conducta espontánea → estimular si es necesario → puntuar la mejor respuesta observada. La puntuación total va de 3 a 15 cuando los tres componentes son evaluables, pero la recomendación actual es comunicar siempre los componentes además del total.
| Componente | Respuesta | Puntuación |
|---|---|---|
| Ocular (E) | Espontánea | 4 |
| A la voz/sonido | 3 | |
| A la presión | 2 | |
| Ninguna | 1 | |
| Verbal (V) | Orientada | 5 |
| Confusa pero coherente | 4 | |
| Palabras aisladas inteligibles | 3 | |
| Sonidos/gemidos | 2 | |
| Ninguna respuesta audible | 1 | |
| Motora (M) | Obedece órdenes | 6 |
| Localiza el estímulo | 5 | |
| Flexión normal | 4 | |
| Flexión anormal | 3 | |
| Extensión | 2 | |
| Ninguna respuesta motora | 1 |
NICE NG232 (2023) recomienda que la monitorización y transmisión de información en traumatismo craneal se base en las tres respuestas separadas y que, si se comunica el total, se exprese sobre 15. Por ejemplo, “GCS 12” es menos informativo que “E3 V4 M5 = 12/15”. Dos pacientes con la misma suma pueden tener perfiles neurológicos muy diferentes.
4.3. Qué significa una puntuación baja
En traumatismo craneal, NICE clasifica de forma convencional un GCS 13-15 como lesión leve, 9-12 como moderada y 8 o menos como grave. Esta clasificación es específica de ese contexto y no debe convertirse en una regla universal descontextualizada. Para el TER/TSID, lo más importante es reconocer que una puntuación baja o un descenso respecto al basal implica menor capacidad para colaborar, mayor riesgo de compromiso de vía aérea y necesidad de vigilancia y valoración clínica.
4.4. Factores que impiden puntuar correctamente
Una respuesta ausente no siempre significa disfunción cerebral. Puede existir edema palpebral que impida abrir los ojos, intubación o traqueostomía que impidan hablar, afasia, barrera idiomática, sordera, sedación, bloqueo neuromuscular, lesión medular o fracturas que limiten el movimiento. El método moderno de Glasgow recomienda registrar el componente como NT (not testable, no evaluable) cuando un factor impide explorarlo, y no asignarle arbitrariamente un 1. Si un componente es NT, no se debe comunicar una suma total engañosa.
Este detalle es muy importante en radiología, donde son frecuentes pacientes intubados, sedados o inmovilizados. “No habla” no equivale a “respuesta verbal 1” si tiene un tubo endotraqueal; “no mueve un brazo” no debe interpretarse sin conocer si existe una fractura, hemiparesia conocida o restricción física. Antes de puntuar, hay que comprobar qué limita la respuesta.
4.5. El paciente inconsciente: prioridad de la vía aérea
La pérdida de consciencia disminuye el tono muscular y puede favorecer la obstrucción de la vía aérea. En una persona no respondiente la primera prioridad es valorar seguridad y respiración conforme al algoritmo de soporte vital. Si respira normalmente y no existe una situación traumática que contraindique movimientos, las guías ERC 2025 contemplan la posición lateral de recuperación para una persona con respuesta disminuida que no requiere RCP. En trauma o si existe respiración agónica, no se debe utilizar automáticamente esa posición: se debe priorizar la evaluación y el manejo que corresponda.
5. VALORACIÓN DE LA COLABORACIÓN Y COMUNICACIÓN FUNCIONAL
La “colaboración” no es un rasgo moral del paciente; es una capacidad funcional para realizar las acciones que exige la exploración. Una persona puede querer colaborar y no poder hacerlo por dolor, disnea, confusión, sordera, afasia, barrera idiomática, debilidad, temblor, alteración cognitiva, edad extrema, ansiedad o una limitación musculoesquelética. Etiquetar a alguien como “no colaborador” sin buscar la causa conduce a errores técnicos y a maniobras inseguras.
5.1. Qué debe comprobarse
Antes de posicionar al paciente conviene determinar si puede:
- comprender una instrucción sencilla y mantener la atención el tiempo necesario;
- comunicar dolor, mareo, disnea o malestar durante la prueba;
- mantener una postura sin riesgo de caída;
- realizar una apnea o seguir una orden respiratoria si la técnica lo requiere;
- mantener la inmovilidad durante el tiempo de adquisición;
- ayudar activamente en una transferencia o necesita apoyo parcial/total;
- proteger y controlar sus propios dispositivos o precisa que lo haga el personal.
La valoración debe hacerse con una instrucción real, no con suposiciones. Por ejemplo: “levante el brazo hasta donde pueda”, “dígame si nota mareo al sentarse”, “cuando se lo indique, coja aire y manténgalo”. La respuesta muestra capacidad de comprensión, fuerza, dolor y tolerancia. Si existe una limitación, se adapta la técnica.
5.2. Comunicación para obtener colaboración
Las instrucciones funcionan mejor si son breves, concretas, secuenciales y anticipadas. Decir “no se mueva” sin explicar cuánto durará la adquisición puede aumentar la ansiedad. Es preferible informar: “la imagen dura unos segundos; cuando oiga la señal, mantenga la posición hasta que le avise”. En pacientes con hipoacusia se habla de frente, vocalizando sin gritar; ante barrera idiomática se utilizan los recursos de interpretación disponibles; en deterioro cognitivo puede ser necesario repetir una única orden cada vez y permitir más tiempo de respuesta.
El dolor debe anticiparse. Si una proyección requiere elevar un brazo lesionado o comprimir una zona sensible, el paciente debe saber qué se intenta conseguir y qué límite no debe sobrepasarse. Forzar una articulación para alcanzar una posición “de manual” puede convertir una exploración rutinaria en una lesión. La técnica se modifica si la situación clínica lo exige y se deja constancia de las limitaciones cuando puedan afectar al resultado.
5.3. Ansiedad, claustrofobia y miedo
La ansiedad puede manifestarse como taquipnea, temblor, sudoración, inquietud o incapacidad para permanecer quieto. En TC y RM, la anticipación del movimiento de la mesa y del ruido o del cierre del gantry reduce el miedo. En RM la claustrofobia requiere estrategias específicas y, cuando se plantea sedación, entra en un circuito clínico diferente. El TER/TSID no debe minimizar frases como “no puedo respirar” atribuyéndolas automáticamente a ansiedad; primero se descarta un problema clínico y después se actúa sobre el componente emocional.
5.4. Discapacidad física, cognitiva o sensorial
La adaptación debe centrarse en lo que la persona puede hacer. Una discapacidad física puede requerir dispositivos de transferencia; una visual, explicaciones verbales precisas sobre el entorno; una auditiva, contacto visual y apoyos de comunicación; una intelectual, mensajes simples y tiempo adicional. El acompañante puede aportar información útil, pero cuando el paciente puede participar debe dirigirse la comunicación principalmente a él. Estos principios enlazan con humanización y ética del tema 13.
5.5. Colaboración durante la exploración
Durante una radiografía, TC o RM, la colaboración se reevalúa de forma continua. El paciente puede cansarse, marearse, desarrollar dolor o perder capacidad para mantener la postura. Los cambios se detectan mejor si antes se ha establecido un modo de comunicación: contacto por interfono, pulsador de alarma cuando corresponda, contacto visual o una señal acordada. La inmovilidad nunca debe conseguirse a costa de impedir al paciente avisar de un problema serio.
6. SIGNOS DE ALTERACIÓN DEL ESTADO GENERAL
La expresión “alteración del estado general” es amplia y deliberadamente poco específica. En un Servicio de Radiodiagnóstico no se espera que el TER/TSID identifique por sí solo la causa de cada deterioro, pero sí que reconozca patrones de alarma. La clave es comparar con el estado basal, valorar la rapidez de aparición y observar si varios sistemas se alteran a la vez.
6.1. Cambios neurológicos
Son signos relevantes la somnolencia nueva, dificultad para despertar, desorientación, agitación sin explicación, lenguaje incoherente, respuesta lenta, pérdida de consciencia, convulsiones, asimetría de fuerza, desviación facial o incapacidad súbita para hablar. En pacientes derivados por sospecha de ictus, cada minuto cuenta y la exploración forma parte de un circuito tiempo-dependiente; cualquier empeoramiento debe comunicarse de inmediato.
En traumatismo craneal, NICE recomienda observar no solo el GCS total, sino sus componentes, las pupilas, el movimiento de extremidades y otros signos fisiológicos. Para el TER/TSID es suficiente interiorizar el principio: un descenso de respuesta respecto a la situación previa es un dato de deterioro, aunque no se pueda establecer su causa.
6.2. Cambios respiratorios
Disnea de nueva aparición, respiración muy rápida o muy lenta, trabajo respiratorio evidente, imposibilidad para hablar con frases normales, estridor, respiración ruidosa, cianosis o caída persistente de la saturación son signos que obligan a detenerse y reevaluar. También es preocupante una respiración aparentemente “tranquila” en una persona cada vez menos consciente, porque puede reflejar depresión respiratoria.
En pacientes encamados o con enfermedad respiratoria, la posición puede ser decisiva. Si el paciente se encuentra mejor incorporado y empeora al tumbarse, no debe mantenerse el decúbito simplemente porque sea la posición ideal para el protocolo. La seguridad clínica domina sobre la geometría perfecta.
6.3. Cambios circulatorios
Palidez intensa, piel fría y sudorosa, mareo, síncope, pulso muy débil o irregular, hipotensión sintomática, dolor torácico y sangrado importante son señales de alerta. El síncope puede ser benigno, pero también puede aparecer en problemas graves; por ello no se debe etiquetar automáticamente como “bajada de tensión”. Se detiene la exploración, se protege al paciente de una caída, se valora respuesta y respiración, se piden constantes si procede y se solicita apoyo clínico.
6.4. Cambios cutáneos y sistémicos
Urticaria extensa, edema de cara o lengua, eritema generalizado, fiebre alta con escalofríos, sudoración profusa o un aspecto tóxico pueden acompañar procesos agudos. Si aparecen tras la administración de contraste, la conducta pertenece al protocolo de reacción adversa que se desarrolla en el tema 46. Aquí basta recordar que la piel puede ser la primera pista visible de una alteración sistémica.
6.5. Dolor y conducta
El dolor súbito e intenso, especialmente si es diferente al habitual o se acompaña de otros signos, debe considerarse relevante. En pacientes con deterioro cognitivo, la agitación, la resistencia al movimiento, los gemidos o el intento de proteger una zona pueden ser la forma de expresar dolor. No se debe interpretar automáticamente la resistencia como falta de colaboración.
6.6. Deterioro silencioso
No todos los deterioros son espectaculares. Una persona que deja de conversar, tarda cada vez más en responder, se vuelve más pálida o necesita pausas para respirar puede estar empeorando sin haber “colapsado”. Los sistemas de alerta precoz se basan precisamente en detectar cambios fisiológicos antes de que aparezca una emergencia manifiesta. El TER/TSID, por estar junto al paciente durante la exploración, puede ser el primer profesional que perciba esa tendencia.
7. TÉCNICAS BÁSICAS DE CUIDADOS SANITARIOS EN CASO DE NECESIDAD
Los cuidados básicos que puede necesitar un paciente en Radiodiagnóstico dependen del entorno, del entrenamiento del profesional y de los protocolos del centro. El objetivo de este epígrafe es reconocer intervenciones iniciales sencillas y seguras mientras se activa el apoyo adecuado. No se pretende sustituir el soporte vital avanzado ni la actuación de enfermería o medicina.
7.1. Principios generales ante una incidencia
- Detener la exposición o el procedimiento si continuar puede empeorar la situación.
- Comprobar la seguridad del entorno: equipo en movimiento, radiación, objetos, suelo mojado, riesgo de caída.
- Valorar respuesta y respiración y activar ayuda precozmente.
- Aplicar ABCDE de forma proporcionada al problema y al nivel de formación.
- Mantener monitorización y reevaluación hasta que el paciente sea asumido por el equipo correspondiente.
- Registrar y comunicar lo ocurrido y las actuaciones realizadas.
7.2. Paciente inconsciente que respira normalmente
Si un paciente pierde la consciencia, debe comprobarse la respuesta y la respiración. Si respira normalmente y no existe un mecanismo traumático que haga peligrosa la movilización, las guías ERC 2025 contemplan la posición lateral de recuperación para mantener una postura segura y favorecer el drenaje de secreciones, con reevaluación continua. Si existe sospecha de trauma, debe evitarse moverlo innecesariamente y solicitar apoyo especializado, salvo que sea imprescindible para mantener funciones vitales.
La posición lateral no sustituye la vigilancia. Una persona inicialmente respirando puede deteriorarse. Se debe seguir comprobando la respiración y estar preparado para iniciar el algoritmo de soporte vital si deja de ser normal.
7.3. Paciente inconsciente con respiración anormal
La ausencia de respuesta acompañada de respiración anormal obliga a sospechar parada cardiaca. Según ERC 2025, se debe activar el sistema de emergencias e iniciar RCP conforme al entrenamiento, incorporando el DEA tan pronto como esté disponible. La técnica completa de RCP y desfibrilación se estudia en el tema 46; para este tema lo esencial es reconocer la situación sin demora.
7.4. Síncope o presíncope
El presíncope puede manifestarse por mareo, náusea, sudoración, visión borrosa, palidez y debilidad. Si ocurre durante una transferencia, se evita la caída y se ayuda al paciente a adoptar una posición segura. Si pierde la consciencia, se valora respuesta y respiración como en cualquier otra pérdida de consciencia. Una recuperación rápida no elimina la necesidad de comunicar el episodio, especialmente si es nuevo, se acompaña de dolor torácico, palpitaciones, disnea, traumatismo por la caída o persisten alteraciones de constantes.
7.5. Dificultad respiratoria
Se interrumpe cualquier posición que empeore la ventilación, se permite al paciente adoptar una postura que tolere mejor, se aflojan elementos que dificulten innecesariamente la respiración y se solicita ayuda. El oxígeno debe administrarse de acuerdo con el protocolo y la formación del profesional; no se improvisan flujos ni dispositivos. En pacientes que ya reciben oxígeno, se mantiene su continuidad durante el traslado y la exploración siempre que sea posible.
7.6. Convulsión
Durante una convulsión generalizada la prioridad es proteger de lesiones sin sujetar violentamente. Se retiran objetos peligrosos del entorno, se protege la cabeza de golpes cuando sea posible, no se introduce nada en la boca y no se intenta forzar la apertura mandibular. Se observa el inicio y la duración aproximada, y tras cesar la actividad se valora respiración y nivel de respuesta. Si existe indicación de posición lateral y no hay contraindicación traumática, puede utilizarse para proteger la vía aérea mientras llega ayuda.
Después de una crisis puede existir un periodo postictal con somnolencia y confusión. El paciente no debe ponerse de pie ni transferirse sin reevaluación. Si la convulsión aparece dentro de una modalidad con riesgos específicos —por ejemplo, RM— primero se asegura que la actuación sea compatible con el entorno magnético.
7.7. Hemorragia externa
Ante un sangrado externo se utilizan medidas de protección personal y, si la situación lo permite, presión directa sobre la zona con material adecuado, solicitando ayuda. No se retiran de forma innecesaria apósitos empapados para “mirar” repetidamente la herida; puede añadirse material encima manteniendo compresión según el protocolo. Si existe una hemorragia importante o signos de shock, la prioridad es la atención urgente, no la imagen.
7.8. Náuseas, vómitos y riesgo de aspiración
Si el paciente está consciente, se facilita una postura segura y material para el vómito, evitando que quede en decúbito supino si existe riesgo de aspiración. En disminución de consciencia se prioriza la vía aérea y se solicita ayuda. Las secreciones y el vómito pueden contaminar la mesa y los accesorios, por lo que posteriormente se aplican las medidas de limpieza y desinfección del tema 12.
7.9. Hipoglucemia sospechada
Sudoración, temblor, hambre, confusión o alteración de conducta pueden sugerir hipoglucemia, pero son signos inespecíficos. Si existe protocolo y equipo disponible, puede realizarse una glucemia capilar por personal capacitado. Solo una persona plenamente consciente y capaz de tragar con seguridad puede recibir hidratos de carbono por vía oral según el procedimiento del centro. Nunca se administra comida o bebida a una persona con consciencia deprimida por el riesgo de aspiración.
7.10. Caída o traumatismo durante la exploración
Ante una caída no se debe incorporar automáticamente al paciente. Se comprueba respuesta, respiración, dolor, deformidades y posibilidad de lesión craneal o de columna, y se activa la valoración clínica. Si existe sospecha de lesión vertebral, se limita la movilización innecesaria. Levantar “rápido” a la persona para liberar la sala puede agravar una lesión y además impide documentar adecuadamente lo sucedido.
7.11. Qué no debe hacerse
- No continuar una exploración claramente no urgente si el paciente se deteriora.
- No administrar medicación por iniciativa propia fuera de protocolos y competencias.
- No dar comida, líquidos o comprimidos a un paciente con nivel de consciencia disminuido.
- No introducir objetos en la boca durante una convulsión.
- No movilizar a un traumatizado solo para “ponerlo más cómodo” si puede existir lesión inestable.
- No dejar solo a un paciente inestable o recién sincopado.
- No confiar únicamente en un monitor si el aspecto clínico es preocupante.
8. MOVILIZACIÓN Y TRANSFERENCIA SEGURAS
La movilización del paciente es una de las actividades que más riesgo biomecánico genera para el personal sanitario y, al mismo tiempo, una fuente potencial de caídas, dolor y retirada accidental de dispositivos para el paciente. La OMS advierte que levantar, transferir, reposicionar o mover personas sin técnica ni equipamiento adecuados puede producir lesiones musculoesqueléticas en los trabajadores. El INSST, en su Guía Técnica de manipulación manual de cargas de 2024, incluye expresamente la problemática de la movilización de personas, y la NTP 1197 (2024) describe ayudas menores para reducir la carga física.
8.1. Antes de mover: evaluar, planificar, comunicar
Una transferencia segura comienza antes de tocar al paciente. Deben contestarse varias preguntas:
- ¿Puede ponerse de pie o soportar parte de su peso?
- ¿Comprende y puede seguir instrucciones?
- ¿Tiene dolor, fracturas, déficit neurológico, mareo o riesgo de síncope?
- ¿Qué vías, sondas, drenajes, bolsas, oxígeno o cables deben acompañarlo?
- ¿Qué recorrido se hará y hay espacio suficiente?
- ¿Están frenadas la cama, camilla o silla cuando corresponde?
- ¿Hace falta una segunda persona o un dispositivo mecánico?
- ¿La superficie receptora está preparada antes de iniciar la maniobra?
La comunicación del equipo es parte de la técnica. Una persona dirige la maniobra y marca un inicio coordinado —por ejemplo, una cuenta clara— para que todos muevan al mismo tiempo. Si cada profesional tira en un momento distinto, aumenta la torsión del paciente y la sobrecarga de los trabajadores.
8.2. Ergonomía básica del profesional
Cuando una movilización manual es necesaria, se busca una base estable, se mantiene al paciente o la carga cerca del cuerpo, se evita girar el tronco bajo carga y se prefieren desplazamientos de los pies frente a torsiones lumbares. La altura de cama o mesa debe adaptarse cuando el equipo lo permita. El esfuerzo se coordina con los miembros inferiores y el movimiento corporal completo, evitando tirones bruscos.
Debe evitarse que el paciente se agarre del cuello del profesional. Ese gesto, aparentemente intuitivo, desplaza el centro de gravedad y puede lesionar la columna cervical o el hombro del trabajador. Para pacientes parcialmente colaboradores existen cinturones de marcha y otras ayudas, pero requieren formación y selección adecuada.
8.3. Dispositivos de ayuda
| Dispositivo | Utilidad | Precauciones |
|---|---|---|
| Sábana o sábana deslizante | Reposicionamiento y reducción de fricción | Coordinar la tracción, proteger piel y dispositivos |
| Tabla de transferencia | Puente entre superficies próximas | Asegurar estabilidad, altura compatible y manos protegidas |
| Roller/rodillos de transferencia | Traslado horizontal con menor esfuerzo | Evitar desplazamientos no controlados y comprobar peso admisible |
| Dispositivo de aire | Transferencia lateral con reducción de fricción | Usarlo según instrucciones del fabricante y con personal entrenado |
| Grúa/elevador | Levantamiento de pacientes no colaboradores | Seleccionar arnés y técnica adecuada; revisar equipo |
| Cinturón de marcha/transferencia | Asistencia a pacientes parcialmente colaboradores | No usar como sustituto de una grúa cuando el paciente no soporta peso |
| Silla de ruedas | Traslado sentado | Frenos, reposapiés, postura, dispositivos y riesgo de caída |
| Camilla | Traslado en decúbito | Frenos en transferencias, barandillas cuando proceda, líneas y oxígeno seguros |
8.4. Transferencia cama-camilla o camilla-mesa
Es una de las maniobras más frecuentes en radiología. Las dos superficies se aproximan al máximo y se frenan. Se ajustan alturas para reducir desniveles cuando el equipo lo permite. Se retiran obstáculos, se protege el lado opuesto y se decide qué dispositivo usar. Si el paciente coopera, puede colaborar con indicaciones sencillas; si no, no se le pide que “ayude” de forma imprevisible.
Las vías y drenajes se colocan de modo que tengan holgura suficiente y no pasen bajo el cuerpo. Las bolsas colectoras se mantienen por debajo del nivel correspondiente cuando así lo exige su funcionamiento y sin apoyarlas en el suelo. Los sistemas de oxígeno y monitorización se desplazan de forma coordinada. Tras la transferencia se comprueba que nada ha quedado traccionado, pinzado o desconectado.
8.5. De la cama a la silla de ruedas
Solo se realiza una transferencia de pie si el paciente tiene capacidad suficiente y es seguro. Se aproxima la silla, se frena y se retiran o apartan reposapiés para evitar tropiezos. El paciente se incorpora progresivamente y se observa si aparece mareo antes de ponerse de pie. Si presenta debilidad importante, incapacidad para soportar peso o cooperación insuficiente, se utiliza una ayuda mecánica en lugar de improvisar una maniobra manual.
8.6. Transporte en camilla o silla
El transporte no termina cuando el paciente está sentado o tumbado. Deben protegerse extremidades, catéteres y bolsas; utilizar barandillas o sistemas de seguridad conforme al equipo; controlar puertas y ascensores; y evitar velocidades bruscas. El paciente debe saber que va a iniciar el desplazamiento. En silla de ruedas los pies deben estar correctamente apoyados o protegidos para evitar que queden atrapados.
8.7. Paciente con movilidad reducida
En hemiparesia, amputaciones, prótesis, dolor articular o debilidad, la transferencia debe adaptarse a la función real. Se identifica el lado fuerte y el débil, pero no se aplican reglas rígidas sin valorar el caso. En prótesis de cadera, lesiones recientes o restricciones posquirúrgicas se respetan las indicaciones específicas. El informe de traslado o el personal acompañante puede aportar instrucciones esenciales.
8.8. Movilización del paciente con sospecha de lesión vertebral
La sospecha de lesión cervical o vertebral cambia por completo la estrategia. Se minimizan movimientos no necesarios y se coordina la movilización con personal entrenado y material adecuado. Las técnicas de restricción del movimiento espinal han evolucionado: el objetivo no es inmovilizar indiscriminadamente a todo traumatizado, sino evitar desplazamientos potencialmente dañinos cuando existe indicación. El TER/TSID no debe retirar collarines o sistemas de inmovilización para obtener una imagen salvo indicación del equipo responsable y siempre garantizando la protección del paciente.
9. INMOVILIZACIÓN Y MEDIOS DE PROTECCIÓN
La inmovilización en Radiodiagnóstico tiene dos objetivos principales: proteger al paciente y evitar movimiento que invalide la exploración. No debe confundirse con una restricción física aplicada por conveniencia. Siempre se utiliza la medida menos intensa capaz de conseguir seguridad, y se revisa continuamente que no cause dolor, compromiso neurovascular, presión excesiva o ansiedad desproporcionada.
9.1. Inmovilización preventiva y posicionamiento
Muchas veces no hace falta “sujetar” al paciente, sino posicionarlo de forma estable con cuñas, almohadillas, sacos, esponjas o apoyos. Una postura confortable disminuye el movimiento voluntario e involuntario. Las ayudas deben ser compatibles con la modalidad, no introducir artefactos relevantes y no ocultar la anatomía de interés.
En una extremidad lesionada puede ser más seguro adaptar el receptor a la posición que intentar llevar la extremidad a una proyección estándar. En traumatismos, la inmovilización previa se respeta hasta que el equipo clínico indique lo contrario. El dolor es un límite de seguridad: nunca se fuerza una articulación para “conseguir la rotación correcta”.
9.2. Medios de inmovilización frecuentes
- Cuñas y esponjas radiotransparentes: estabilizan cabeza, tronco o extremidades.
- Sacos de arena u otros pesos: ayudan a mantener una posición, siempre evitando presión sobre áreas vulnerables.
- Bandas o correas: limitan desplazamientos cuando están indicadas y se utilizan con vigilancia.
- Sábanas o envolturas: pueden facilitar contención postural en situaciones concretas, especialmente pediátricas, pero ese desarrollo pertenece al tema 33.
- Férulas y dispositivos de trauma: mantienen la alineación de una zona lesionada; no se retiran sin indicación.
- Colchón de vacío y otros sistemas de inmovilización: utilizados en transporte/trauma cuando está indicado.
9.3. Inmovilización pediátrica
Los niños pueden requerir sistemas específicos de inmovilización para evitar repeticiones y reducir dosis. Sin embargo, el programa reserva el estudio detallado del paciente pediátrico al tema 33. Para el tema 29 basta reconocer que la inmovilización debe ser proporcional, breve, vigilada y acompañada de comunicación con el niño y sus cuidadores.
9.4. Protección frente a caídas
Las caídas son un riesgo importante en pacientes débiles, sedados, confusos o con limitación motora. Las medidas preventivas incluyen mantener la mesa a una altura segura cuando no se está realizando la adquisición, acompañar al paciente al subir y bajar, utilizar barandillas cuando corresponda, frenar camillas y sillas durante las transferencias, mantener el suelo despejado y no dejar solo a un paciente de alto riesgo en una posición inestable.
Una mesa de exploración estrecha o elevada cambia el centro de gravedad. Un paciente que camina por el pasillo puede no ser capaz de girarse o incorporarse sobre esa superficie. La valoración de riesgo debe repetirse en cada fase.
9.5. Protección de piel y puntos de presión
Los pacientes encamados, con neuropatía, fragilidad cutánea o inmovilidad prolongada pueden lesionarse por presión o fricción. Las superficies rígidas de determinadas mesas de imagen pueden aumentar la molestia. Se utilizan apoyos adecuados, se evita arrastrar la piel y se limita el tiempo de presión innecesaria. En exploraciones largas se comprueba periódicamente confort y posición, siempre que la técnica lo permita.
9.6. Protección de dispositivos y accesos
Una vía venosa, un drenaje o una sonda forman parte de la seguridad del paciente. Antes de inmovilizar o colocar una banda se comprueba que no quede debajo del cuerpo ni sometida a tracción. Las bombas y sistemas conectados se ubican de manera estable. En movimientos de mesa automáticos —TC, angiografía, RM— hay que prever el recorrido para que tubos y cables no se tensen al desplazarse la mesa.
9.7. Protección radiológica y protección física
Este tema utiliza “medios de protección” principalmente en sentido físico: prevención de caídas, lesiones y movimientos. La protección frente a radiaciones ionizantes se desarrolla en el tema 18. No obstante, ambas se relacionan: una inmovilización eficaz puede evitar repeticiones y, por tanto, exposiciones innecesarias. La reducción de movimiento es una medida de calidad y también de optimización de dosis.
10. SITUACIONES ESPECIALES EN UN SERVICIO DE RADIODIAGNÓSTICO
10.1. Paciente de urgencias
Puede llegar con diagnóstico aún no establecido, analgesia reciente, inmovilización, oxígeno o monitorización. La prioridad es mantener el circuito asistencial y no desconectar soportes esenciales. En politrauma, la técnica se adapta a la inmovilización existente. En ictus, se evita cualquier retraso no justificado y se comunica de inmediato un empeoramiento neurológico.
10.2. Paciente de UCI
La complejidad aumenta por ventilación mecánica, accesos centrales, drenajes, bombas y múltiples cables. Antes de moverlo se coordina la maniobra con el personal de UCI. Cada dispositivo debe tener un responsable durante la transferencia. Un estudio que técnicamente podría realizar un TER/TSID y un auxiliar en un paciente estable puede requerir varios profesionales en un paciente crítico.
10.3. Paciente anciano o frágil
La fragilidad puede asociarse a debilidad, hipotensión ortostática, riesgo de caída, deterioro sensorial y piel vulnerable. Se dan instrucciones despacio, se permite tiempo para incorporarse y no se presupone que una aparente lentitud equivale a confusión. El cambio de decúbito a sedestación o bipedestación se realiza progresivamente y observando síntomas.
10.4. Paciente con discapacidad
Se pregunta qué ayuda necesita y cómo realiza habitualmente sus transferencias. Muchas personas conocen perfectamente la técnica más segura para su propio cuerpo. Las sillas, prótesis y dispositivos personales se tratan con cuidado y se mantienen accesibles. La discapacidad no implica menor capacidad de decisión ni debe dirigirse la comunicación automáticamente al acompañante.
10.5. Paciente con dolor intenso
El posicionamiento se negocia dentro de lo clínicamente posible. Si no puede adoptar la postura estándar, se modifican angulaciones, receptor o proyección. El dolor debe comunicarse si impide una exploración diagnóstica o si aumenta de forma inesperada. Una analgesia insuficiente no se resuelve “haciéndolo rápido” si la maniobra es potencialmente lesiva.
10.6. Paciente confuso o agitado
Se reduce estímulo ambiental, se dan instrucciones simples y se descartan causas clínicas inmediatas. Puede necesitar acompañamiento continuo. Una contención física no debe ser una respuesta automática a la agitación; se siguen los protocolos del centro y se utiliza la mínima intervención necesaria para seguridad. La inmovilización para imagen y la contención clínica son conceptos diferentes.
10.7. Paciente con dispositivos de oxígeno y monitorización
El traslado debe conservar la continuidad del soporte. Las tubuladuras se colocan sin acodamientos, se revisan conexiones tras cada transferencia y se confirma que los equipos portátiles tengan autonomía suficiente. En RM solo entran dispositivos clasificados y gestionados conforme a las normas de seguridad específicas de esa modalidad.
10.8. Paciente sometido a contraste o procedimiento intervencionista
Antes de estos procedimientos se aplican comprobaciones específicas y, después, vigilancia adaptada al riesgo. Si aparece una reacción adversa, se activa el protocolo correspondiente. La clasificación, tratamiento y material del carro de parada se desarrollan en el tema 46; aquí interesa recordar que la observación precoz del paciente es la primera barrera de seguridad.
11. APLICACIÓN PRÁCTICA Y SECUENCIA OPERATIVA DEL TER/TSID
Una forma útil de estudiar este tema es imaginar el recorrido completo de un paciente. La siguiente secuencia integra lo esencial sin convertir cada exploración en una valoración médica exhaustiva.
11.1. Recepción
- Confirmar identidad y exploración.
- Observar estado general: alerta, respiración, coloración, dolor y movilidad.
- Preguntar por limitaciones relevantes para la posición y por síntomas actuales.
- Comprobar dispositivos y necesidad de ayuda.
- Determinar si puede deambular/transferirse o requiere silla, camilla o ayuda mecánica.
11.2. Preparación de la sala
- Retirar obstáculos.
- Situar receptor y accesorios antes de mover al paciente.
- Preparar ayudas de transferencia e inmovilización.
- Asegurar frenos y altura de superficies.
- Planificar el recorrido de vías, drenajes, oxígeno y cables.
11.3. Transferencia y posicionamiento
- Explicar la maniobra y acordar la colaboración.
- Asignar funciones si participan varios profesionales.
- Movilizar de forma coordinada y ergonómica.
- Evitar dolor, torsiones y tracción de dispositivos.
- Comprobar estabilidad y confort antes de alejarse de la mesa.
11.4. Durante la adquisición
- Mantener comunicación y vigilancia.
- Observar signos de dolor, disnea, mareo o disminución de respuesta.
- No prolongar inmovilizaciones innecesarias.
- Interrumpir el procedimiento si aparece deterioro relevante.
11.5. Después
- Reevaluar antes de poner al paciente en pie.
- Realizar la transferencia inversa con el mismo nivel de planificación.
- Confirmar dispositivos y soportes.
- Comunicar incidencias al personal responsable.
- Dejar al paciente en una situación segura antes de abandonar el área.
IDENTIFICAR → OBSERVAR → VALORAR CONSCIENCIA/COLABORACIÓN → COMPROBAR CONSTANTES SI PROCEDE → PLANIFICAR MOVILIZACIÓN → PROTEGER DISPOSITIVOS → POSICIONAR/INMOVILIZAR → REALIZAR LA IMAGEN → REEVALUAR → COMUNICAR CAMBIOS
11.6. Caso práctico 1: paciente con Glasgow bajo
Llega un paciente encamado para una radiografía portátil. En la solicitud se indica GCS 8. El dato no describe saturación ni glucemia, sino un nivel de consciencia muy deprimido. Antes de manipularlo se comprueba el soporte respiratorio, la respuesta, la posición y los dispositivos. No se le pide colaboración que no puede proporcionar, no se le deja sin vigilancia y se prioriza la vía aérea y la coordinación con el personal asistencial. Esta lógica explica la perla de 2021.
11.7. Caso práctico 2: mareo al levantarse
Un paciente ambulatorio termina una radiografía y, al bajar de la mesa, refiere mareo y se muestra pálido. La respuesta correcta no es apresurarlo para liberar la sala. Se evita la caída, se sienta o tumba de forma segura, se valora consciencia y respiración, se obtienen parámetros si procede y se solicita valoración si los síntomas persisten o hay datos de alarma. Solo se permite la marcha cuando la situación es segura y conforme a las indicaciones asistenciales.
11.8. Caso práctico 3: paciente con dolor y proyección difícil
Un paciente con sospecha de fractura no tolera la rotación estándar. Forzarla puede desplazar una lesión y producir dolor. Se mantiene la posición más segura, se adapta el receptor y se obtiene una proyección alternativa si es diagnósticamente válida, comunicando la limitación. El objetivo no es reproducir la fotografía del manual, sino conseguir información útil sin dañar.
11.9. Caso práctico 4: transferencia con múltiples dispositivos
Un paciente de UCI llega con oxígeno, bomba de perfusión, sonda urinaria y drenaje. Antes de moverlo, se decide quién controla cada elemento y se prepara la mesa. Durante el desplazamiento se deja holgura suficiente a las líneas, se evita que queden bajo el cuerpo y se comprueban conexiones al finalizar. La maniobra termina cuando el paciente y sus dispositivos están seguros, no cuando el cuerpo ya está sobre la mesa.
12. IDEAS CLAVE PARA EL EXAMEN
- La seguridad del paciente precede a la calidad técnica. Ante deterioro clínico, se interrumpe la exploración y se prioriza ABCDE.
- La observación empieza antes de medir: apariencia, respiración, coloración, conducta, postura y movilidad aportan información inmediata.
- Signos vitales básicos: frecuencia respiratoria, SpO₂, presión arterial, pulso/frecuencia cardiaca, temperatura y nivel de consciencia.
- El cambio respecto al basal importa tanto como el valor absoluto.
- Glasgow evalúa consciencia mediante respuesta ocular, verbal y motora; cuando todos los componentes son evaluables, la suma va de 3 a 15.
- Comunica E, V y M además del total. Si un componente no puede valorarse por una interferencia, se registra NT y no se inventa una puntuación.
- Paciente inconsciente: la vía aérea y la respiración son prioritarias.
- Colaboración no equivale a voluntad. Dolor, disnea, déficit neurológico o barreras de comunicación pueden impedir colaborar.
- Explicar una molestia prevista mejora seguridad y cooperación. Es una perla oficial de 2018.
- Respiración agónica es anormal. En un paciente inconsciente puede indicar parada cardiaca.
- No mover innecesariamente a un traumatizado y no retirar inmovilizaciones sin coordinación.
- Movilización segura = evaluar + planificar + ayudas + coordinación. La fuerza manual no sustituye a los dispositivos mecánicos.
- Frenos, espacio, altura y dispositivos deben comprobarse antes de transferir.
- Inmovilización mínima eficaz: estabilidad sin compresión, dolor o compromiso neurovascular.
- La inmovilización reduce movimiento y repeticiones, por lo que también contribuye a optimizar la exposición radiológica.
- RCP/DEA y reacciones a contrastes se desarrollan en el tema 46; aquí importa reconocer el deterioro y activar ayuda.
13. MAPA CONCEPTUAL
1. OBSERVAR
apariencia · respiración · coloración · dolor · movilidad · conducta
↓
2. VALORAR
signos vitales + consciencia (ACVPU/GCS) + capacidad de colaborar
↓
3. DETECTAR RIESGOS
caída · deterioro · trauma · vías/drenajes · oxígeno · limitación funcional
↓
4. PLANIFICAR
número de profesionales · ayudas de transferencia · inmovilización · posición alternativa
↓
5. EJECUTAR CON SEGURIDAD
comunicar · frenar superficies · movilizar coordinadamente · proteger dispositivos
↓
6. VIGILAR
dolor · disnea · mareo · cambio de consciencia · constantes cuando proceda
↓
7. SI HAY DETERIORO
detener técnica → pedir ayuda → ABCDE → cuidados básicos → reevaluar
↓
8. FINALIZAR
transferencia segura · comprobación de dispositivos · comunicación de incidencias
14. VIGENCIA DE FUENTES Y REFERENCIAS
Comprobación de vigencia: septiembre de 2026. Las fuentes siguientes se utilizan para los aspectos clínicos y ergonómicos de este tema. No se han empleado normas derogadas como vigentes.
| Fuente | Estado/edición utilizada | Aplicación en el tema |
|---|---|---|
| European Resuscitation Council Guidelines 2025 | Edición 2025, vigente | Reconocimiento de parada, respiración anormal, ABCDE, posición lateral y primeros cuidados |
| Glasgow Coma Scale — Glasgow Structured Approach | Material oficial de la escala, consultado 09/2026 | Componentes E/V/M, secuencia Check-Observe-Stimulate-Rate y uso de NT |
| NICE NG232 — Head injury: assessment and early management | Guía 2023 vigente | Registro separado de componentes GCS, suma sobre 15 y observación neurológica |
| Royal College of Physicians — NEWS2 | Versión 2017, recurso activo consultado 09/2026 | Conjunto de parámetros fisiológicos básicos para detectar deterioro |
| INSST — Guía técnica sobre manipulación manual de cargas | Edición 2024 | Prevención de riesgo musculoesquelético y movilización de personas |
| INSST NTP 1197 | 2024 | Ayudas menores para movilización y transferencia de personas |
| INSST NTP 907 — método MAPO | 2011; guía de buenas prácticas | Conceptos de paciente parcialmente colaborador/no colaborador y evaluación del riesgo asistencial |
| OMS — Unsafe patient handling | Recurso activo consultado 09/2026 | Riesgos de levantar/transferir sin técnica o equipo y necesidad de ayudas mecánicas |
| Ley 31/1995, de Prevención de Riesgos Laborales | Texto consolidado actualizado en BOE el 09/04/2026 | Marco general de seguridad del trabajador |
| Real Decreto 487/1997, de 14 de abril | Vigente; texto consolidado BOE | Marco de manipulación manual de cargas y riesgo dorsolumbar |
| Ley 41/2002, de autonomía del paciente | Texto consolidado actualizado 01/03/2023 | Marco de información y participación del paciente |
14.1. Exámenes oficiales SAS utilizados como perlas
- 2018 turno libre, P31, correcta D: prioridad de mantener permeable la vía aérea del paciente inconsciente.
- 2018 turno libre, P34, correcta C: información pausada ante procedimiento doloroso o molesto.
- 2021 turno libre, P19, correcta C: una puntuación Glasgow informa del nivel de conciencia.
15. PALABRAS CLAVE
Atención al paciente · signos vitales · frecuencia respiratoria · saturación de oxígeno · SpO₂ · presión arterial · pulso · temperatura · nivel de consciencia · Glasgow · GCS · ACVPU · respuesta ocular · respuesta verbal · respuesta motora · paciente inconsciente · vía aérea · respiración anormal · ABCDE · deterioro clínico · colaboración · dolor · síncope · convulsión · movilización · transferencia · ergonomía · ayudas mecánicas · sábana deslizante · tabla de transferencia · grúa · silla de ruedas · camilla · inmovilización · protección de caídas · dispositivos · drenajes · sondas · oxígeno · TER · TSID · Radiodiagnóstico.