Tema 29. Principales riesgos laborales asociados al puesto de trabajo. Manipulación manual de cargas. Prevención de incendios. Planes de emergencia y evacuación. Gestión medioambiental: contribución de las tareas del/la celador/a-conductor/a al cuidado del medio ambiente. Conducción eficiente. Prevención y atención de agresiones de los profesionales en el SAS.
1. INTRODUCCIÓN: PREVENCIÓN INTEGRADA EN EL TRABAJO DEL/LA CELADOR/A-CONDUCTOR/A
El puesto de celador/a-conductor/a combina dos ámbitos de trabajo que, desde el punto de vista preventivo, generan una exposición especialmente variada. Por un lado, están las funciones propias del celador: desplazamientos continuos por el centro, traslado y movilización de pacientes, empuje de camas, camillas y sillas de ruedas, transporte de material, colaboración en determinadas tareas logísticas, permanencia en zonas asistenciales y contacto frecuente con usuarios. Por otro, se añade la conducción profesional de vehículos del Servicio Andaluz de Salud, con riesgos de tráfico, posturas mantenidas, vibraciones, fatiga, condiciones meteorológicas adversas y necesidad de mantener una conducción segura incluso en situaciones de presión asistencial.
La prevención no debe entenderse como una actividad separada del trabajo. La Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, parte de una idea básica: la protección de la seguridad y salud debe integrarse en la organización y en cada decisión de trabajo. Esto significa que una tarea aparentemente cotidiana —mover una caja, empujar una cama, conducir entre dos centros, entrar en un almacén o intervenir ante un conato de incendio— debe ejecutarse valorando previamente sus riesgos y aplicando las medidas preventivas establecidas.
En esta categoría existe además una relación directa entre la prevención del profesional y la seguridad de terceros. Una movilización incorrecta puede lesionar al trabajador y, simultáneamente, provocar una caída del paciente. Una conducción brusca puede aumentar el consumo de combustible, pero también comprometer la seguridad de la persona trasladada. Una evacuación desordenada puede poner en riesgo al propio profesional y dificultar la salida de pacientes con movilidad reducida. Por ello, la prevención en el/la celador/a-conductor/a tiene siempre una doble dimensión: autoprotección y protección de las personas a las que presta apoyo.
El contenido de este tema gira alrededor de cinco grandes bloques. El primero es la identificación de los riesgos laborales del puesto. El segundo comprende la manipulación manual de cargas y la movilización de personas, uno de los ámbitos con mayor potencial de producir lesiones musculoesqueléticas. El tercero aborda la prevención de incendios, la organización de emergencias y la evacuación. El cuarto incorpora la gestión medioambiental y la conducción eficiente. Finalmente, se estudia la prevención y atención frente a agresiones, una materia especialmente relevante en el ámbito sanitario y que dispone de un plan específico en el Sistema Sanitario Público de Andalucía.
Para el opositor es importante distinguir entre tres niveles de conocimiento. En primer lugar, las reglas jurídicas generales de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y sus reales decretos de desarrollo. En segundo lugar, los procedimientos específicos del SAS, que adaptan esas reglas a los centros sanitarios. Y en tercer lugar, las técnicas concretas de trabajo seguro: cómo aproximarse a una carga, qué hacer ante un fuego incipiente, cómo comportarse durante una evacuación, cómo ahorrar combustible sin comprometer la seguridad o cómo actuar ante una amenaza.
También es fundamental estudiar con material actualizado. Determinadas cuestiones clásicas de examen se basaban en versiones anteriores de guías técnicas o normas ya derogadas. El ejemplo más claro en este tema es la manipulación manual de cargas: la Guía Técnica del INSST publicada en 2024 revisó el enfoque utilizado durante años y ya no debe estudiarse como una simple tabla de pesos aislados. Otro ejemplo es la autoprotección: la antigua Norma Básica de Autoprotección aprobada por el Real Decreto 393/2007 fue derogada en 2023 por el nuevo marco de protección civil. Por tanto, una respuesta correcta en un examen antiguo puede seguir siendo útil para conocer cómo pregunta el SAS, pero no debe confundirse con el criterio normativo vigente.
2. PRINCIPALES RIESGOS LABORALES ASOCIADOS AL PUESTO
La evaluación preventiva comienza identificando los peligros ligados a las tareas reales. El/la celador/a-conductor/a no está expuesto a un único tipo de riesgo. Su actividad combina riesgos de seguridad, ergonómicos, higiénicos, biológicos, psicosociales y viales. La intensidad concreta depende del destino, del vehículo asignado, del centro sanitario, de las características de los pacientes y de las condiciones de organización del trabajo.
2.1. Caídas al mismo y a distinto nivel
Las caídas al mismo nivel pueden producirse por suelos mojados, obstáculos en zonas de paso, derrames, cables, irregularidades del pavimento o calzado inadecuado. En el medio sanitario debe prestarse especial atención a zonas recién limpiadas, accesos exteriores durante episodios de lluvia, garajes, rampas y áreas de carga y descarga. La prevención exige mantener libres los itinerarios, respetar la señalización, utilizar calzado adecuado y comunicar inmediatamente cualquier deficiencia.
Las caídas a distinto nivel pueden aparecer al utilizar escaleras, acceder al compartimento de un vehículo o manipular material desde una altura. Nunca debe improvisarse una superficie de acceso utilizando sillas, cajas, mobiliario inestable o elementos del propio vehículo que no hayan sido diseñados para pisarse. Cuando exista un medio auxiliar específico deberá utilizarse conforme a sus instrucciones.
2.2. Golpes, choques, atrapamientos y cortes
El traslado de camas, camillas, carros y sillas de ruedas puede provocar golpes contra puertas, paredes, equipos o personas. Las manos son especialmente vulnerables cuando se atraviesan puertas estrechas o se aproxima una cama a una pared. También existe riesgo de atrapamiento al plegar dispositivos, cerrar puertas de vehículos o manipular elementos móviles. Las maniobras deben realizarse con visibilidad suficiente, coordinación entre los participantes y sin colocar manos o pies en puntos de atrapamiento.
Los cortes y pinchazos pueden derivar del contacto accidental con material deteriorado o con residuos mal segregados. El/la celador/a no debe introducir las manos en bolsas o recipientes cuyo contenido no pueda comprobar y nunca debe manipular directamente agujas u otros objetos punzantes abandonados. La existencia de material punzante fuera de su recipiente de seguridad debe comunicarse para que sea retirado conforme al procedimiento establecido.
2.3. Sobreesfuerzos y trastornos musculoesqueléticos
Constituyen uno de los riesgos más característicos. Se relacionan con levantar y transportar cargas, movilizar pacientes, empujar o arrastrar equipos, mantener posturas forzadas y repetir movimientos. La lesión puede aparecer de forma aguda —por ejemplo, una lumbalgia tras un esfuerzo brusco— o desarrollarse progresivamente debido a la acumulación de esfuerzos y posturas mantenidas.
El riesgo no depende exclusivamente del peso. Una carga relativamente ligera puede ser problemática si se encuentra lejos del cuerpo, debe manipularse con el tronco girado, tiene un agarre deficiente, obliga a elevar los brazos, se mueve de manera inesperada o debe manejarse repetidamente. Por ello, reducir la prevención a una cifra de kilogramos es técnicamente incorrecto.
2.4. Riesgo biológico
El trabajo en centros sanitarios puede implicar exposición accidental a sangre, fluidos biológicos, secreciones, superficies contaminadas o pacientes con enfermedades transmisibles. La prevención se fundamenta en las precauciones establecidas por el centro, especialmente higiene de manos, utilización adecuada de equipos de protección cuando estén indicados y respeto a las medidas de aislamiento. El/la celador/a debe conocer las instrucciones de acceso y traslado aplicables a pacientes sometidos a precauciones específicas.
2.5. Riesgos químicos
Pueden aparecer por contacto con productos de limpieza, desinfectantes, combustibles, aceites, líquidos del vehículo u otras sustancias. No corresponde al trabajador experimentar con mezclas ni trasvasar productos a recipientes sin identificación. Los productos deben mantenerse etiquetados, almacenarse conforme a las instrucciones y manipularse únicamente cuando corresponda a las funciones del puesto y se disponga de la información y protección necesarias.
2.6. Riesgos físicos
El ruido, las vibraciones, las temperaturas extremas, una iluminación insuficiente o una ventilación inadecuada pueden afectar al trabajo. En conducción profesional destacan especialmente las vibraciones de cuerpo entero, las posturas mantenidas y la exposición a calor o frío. Una correcta regulación del asiento, el mantenimiento del vehículo y la organización de pausas contribuyen a reducir estos riesgos.
2.7. Riesgo vial
El accidente de tráfico constituye uno de los riesgos potencialmente más graves del/la celador/a-conductor/a. Intervienen factores propios de la vía, del vehículo, del entorno y del conductor. El exceso de velocidad, la fatiga, las distracciones, el consumo de alcohol o drogas, determinados medicamentos, la presión de tiempo y el mantenimiento deficiente incrementan el riesgo. La conducción profesional exige un nivel de autocontrol superior precisamente porque el trabajo puede desarrollarse en situaciones de urgencia o presión.
2.8. Riesgos psicosociales y agresiones
El contacto permanente con personas en situaciones de dolor, preocupación o frustración puede generar conflictos. También influyen la sobrecarga, los turnos, el trabajo nocturno, las demandas emocionales y la exposición a episodios de violencia verbal o física. La agresión no debe considerarse una consecuencia normal de trabajar en sanidad. Es un riesgo laboral frente al que deben existir medidas preventivas, mecanismos de aviso, apoyo posterior y registro.
│
├── SEGURIDAD
│ ├── Caídas
│ ├── Golpes y choques
│ ├── Atrapamientos
│ └── Incendio
│
├── ERGONÓMICOS
│ ├── Manipulación de cargas
│ ├── Movilización de pacientes
│ ├── Empuje y arrastre
│ └── Posturas mantenidas
│
├── HIGIÉNICOS
│ ├── Agentes biológicos
│ ├── Productos químicos
│ ├── Ruido
│ └── Vibraciones
│
├── VIALES
│ ├── Accidente de tráfico
│ ├── Fatiga
│ └── Condiciones ambientales
│
└── PSICOSOCIALES
├── Estrés
├── Conflictos
└── Agresiones
3. PRINCIPIOS PREVENTIVOS Y OBLIGACIONES EN MATERIA DE SEGURIDAD
La Ley 31/1995 establece como punto de partida el derecho de los trabajadores a una protección eficaz frente a los riesgos laborales. Ese derecho genera para la organización el deber correlativo de protección. La prevención debe organizarse mediante la evaluación de riesgos, la planificación preventiva, la información, la formación, la vigilancia de la salud en los términos legalmente previstos y la adopción de medidas de emergencia.
El artículo 15 de la Ley contiene los principios generales que orientan cualquier decisión preventiva. Entre ellos se encuentran evitar los riesgos, evaluar los que no puedan evitarse y combatirlos en su origen. También exige adaptar el trabajo a la persona, tener en cuenta la evolución de la técnica, sustituir lo peligroso por lo que entrañe poco o ningún peligro, planificar la prevención y anteponer la protección colectiva a la individual.
Estos principios tienen una traducción directa al trabajo diario. Si una cama puede desplazarse por una ruta sin desniveles, debe elegirse esa ruta antes que confiar únicamente en la fuerza del trabajador. Si existe una grúa o una ayuda técnica indicada para una transferencia, debe priorizarse frente a levantar manualmente al paciente. Si un derrame puede eliminarse y señalizarse, no basta con recomendar a todos que caminen con cuidado. Y si una agresión previsible puede reducirse mediante barreras organizativas, sistemas de aviso y formación, esas medidas deben implantarse antes de confiar exclusivamente en la reacción individual del profesional.
La organización debe proporcionar equipos de trabajo adecuados y, cuando sea necesario, equipos de protección individual. El EPI constituye una medida importante, pero no sustituye a las medidas organizativas y colectivas. Un guante puede proteger frente a determinados contactos, pero no corrige un sistema deficiente de segregación de residuos; un calzado antideslizante reduce riesgo, pero no sustituye a la eliminación de un derrame.
La formación preventiva debe ser suficiente, adecuada, teórica y práctica, y estar centrada en el puesto. Para un/a celador/a-conductor/a puede abarcar movilización segura, manejo de ayudas técnicas, actuación en emergencias, extintores, evacuación, riesgos del vehículo, conducción segura, medidas frente a agresiones y procedimientos ambientales del centro.
El trabajador también tiene obligaciones. El artículo 29 de la Ley 31/1995 establece que debe velar, según sus posibilidades y mediante el cumplimiento de las medidas de prevención adoptadas, por su propia seguridad y por la de otras personas a las que pueda afectar su actividad. Debe utilizar correctamente máquinas, equipos y medios de transporte; emplear adecuadamente los equipos de protección; no inutilizar dispositivos de seguridad; e informar de inmediato de situaciones que, a su juicio, entrañen un riesgo.
Ante un riesgo grave e inminente, la legislación reconoce mecanismos específicos de protección. La actuación concreta debe ajustarse a la situación y a los procedimientos del centro, pero el principio es claro: ninguna instrucción organizativa puede convertir en obligatorio exponerse innecesariamente a un peligro grave para la vida o la salud. En una emergencia, el profesional debe seguir el plan previsto, activar los medios de aviso y protegerse antes de intervenir.
4. MANIPULACIÓN MANUAL DE CARGAS: CONCEPTO, FACTORES DE RIESGO Y EVALUACIÓN
La manipulación manual de cargas se regula fundamentalmente por el Real Decreto 487/1997, de 14 de abril, relativo a las disposiciones mínimas de seguridad y salud en las actividades que entrañen riesgos, especialmente dorsolumbares, derivados de la manipulación manual de cargas. Su ámbito es especialmente relevante para el/la celador/a-conductor/a porque el puesto implica transportar material, mover equipos y colaborar en la movilización y transferencia de personas.
La norma entiende por manipulación manual cualquier operación de transporte o sujeción de una carga por uno o varios trabajadores, incluyendo su levantamiento, colocación, empuje, tracción, desplazamiento o cualquier otra operación semejante que, por sus características o por unas condiciones ergonómicas inadecuadas, pueda entrañar riesgos.
Una de las ideas más importantes es que la carga no tiene por qué ser una caja. A efectos preventivos, el concepto puede comprender objetos, personas e incluso animales cuando deban ser movilizados. Por eso la movilización de pacientes pertenece plenamente al ámbito ergonómico de este tema.
4.1. Prioridad: evitar la manipulación manual
La primera obligación preventiva no consiste en enseñar a levantar mejor una carga, sino en evitar la manipulación manual cuando sea posible. Deben utilizarse medios mecánicos o ayudas técnicas cuando resulten adecuados: carros, transpaletas, grúas, tablas de transferencia, sábanas deslizantes, dispositivos de movilización u otros equipos autorizados por el centro.
Solo cuando la manipulación manual no pueda evitarse debe evaluarse el riesgo y adoptar medidas para reducirlo. Este orden es una consecuencia directa de los principios preventivos: eliminar el riesgo resulta preferible a intentar compensarlo mediante técnica corporal.
4.2. El peso no es el único factor
Durante muchos años se enseñaron cifras aisladas como si una carga fuese segura o peligrosa exclusivamente en función de su peso. La evaluación actual es más completa. Deben analizarse la masa, el volumen, el centro de gravedad, la estabilidad, el agarre, la distancia respecto al cuerpo, la altura de manipulación, la frecuencia, la duración, los desplazamientos, el giro del tronco, el espacio disponible, el estado del suelo y las características individuales del trabajador.
La Guía Técnica del INSST de 2024 utiliza como referencia el umbral de 3 kg para determinar determinados supuestos de evaluación específica en condiciones ergonómicas desfavorables. Esto no significa que cualquier objeto inferior a 3 kg sea automáticamente inocuo: la repetición intensa, una postura extrema o determinadas condiciones pueden generar otros riesgos musculoesqueléticos.
La guía actual sitúa las manipulaciones de cargas de 3 a 25 kg dentro del ámbito en el que debe desarrollarse la evaluación específica mediante los métodos indicados según la tarea. Por encima de 25 kg, la masa constituye por sí misma un indicador de situación probablemente no tolerable para una manipulación manual ordinaria, lo que refuerza la necesidad de ayudas mecánicas, reorganización del trabajo o intervención de varias personas conforme al método establecido.
4.3. Condiciones ideales y valores de referencia
Cuando se estudian valores de referencia de levantamiento deben entenderse dentro de unas condiciones ideales: carga próxima al cuerpo, aproximadamente a una altura favorable, espalda sin giros ni inclinaciones importantes, buen agarre, espacio suficiente y condiciones ambientales adecuadas. Fuera de esas condiciones el riesgo aumenta y los valores admisibles deben reducirse.
La guía técnica de 2024 incorpora referencias diferenciadas según edad y sexo para determinadas situaciones ideales. Para personas de 20 a 45 años establece como referencia máxima 25 kg para hombres y 20 kg para mujeres; fuera de ese intervalo de edad reduce las referencias. Estas cifras son un punto de partida metodológico y no una autorización automática para levantar ese peso. La tarea puede seguir siendo inaceptable si existe mala postura, repetición, distancia respecto al cuerpo o cualquier otro factor desfavorable.
4.4. Factores ligados a la carga
El riesgo aumenta cuando la carga es demasiado pesada o grande, voluminosa o difícil de sujetar, se encuentra en equilibrio inestable, puede desplazarse interiormente o tiene que mantenerse alejada del tronco. También es desfavorable que el agarre obligue a separar excesivamente las manos, que existan bordes cortantes o que el trabajador no pueda ver el recorrido.
4.5. Factores ligados al esfuerzo
Son especialmente desfavorables los esfuerzos excesivos, las torsiones del tronco, las flexiones importantes de espalda, los movimientos bruscos de la carga y las posturas inestables. La torsión tiene especial importancia porque incrementa las solicitaciones sobre la región lumbar. Debe procurarse orientar los pies hacia el destino y desplazar el cuerpo completo en lugar de girar solamente el tronco.
4.6. Factores del entorno y de la organización
El espacio insuficiente, los suelos irregulares o resbaladizos, los desniveles, las temperaturas extremas, la iluminación deficiente y la falta de espacio para adoptar una postura estable incrementan el riesgo. En la organización influyen la frecuencia de manipulación, la distancia transportada, la falta de pausas y los ritmos que impidan ejecutar la tarea correctamente.
5. MANIPULACIÓN SEGURA, AYUDAS TÉCNICAS Y MOVILIZACIÓN DE PERSONAS
Una técnica correcta reduce el riesgo, pero no convierte una tarea peligrosa en segura. Antes de manipular cualquier carga debe responderse a varias preguntas: ¿es necesario hacerlo manualmente?, ¿existe una ayuda técnica?, ¿puedo dividir la carga?, ¿conozco su peso aproximado y estabilidad?, ¿el recorrido está libre?, ¿necesito ayuda de otra persona? y ¿puedo mantener una postura estable?
5.1. Preparación de la tarea
Antes de levantar una carga conviene aproximarse al objeto, comprobar que existe espacio para los pies y planificar dónde se depositará. Si el contenido puede desplazarse debe extremarse la precaución. El recorrido debe quedar despejado antes de comenzar. No es seguro iniciar un traslado y descubrir después que una puerta está cerrada, existe un obstáculo o no hay superficie donde apoyar la carga.
La carga debe mantenerse lo más próxima posible al cuerpo. A medida que aumenta la distancia horizontal, se incrementa el momento de fuerza sobre la columna. Cuando el objeto dispone de asas o zonas de agarre, deben utilizarse. Si el tamaño impide ver el camino, es preferible emplear una ayuda o modificar el transporte.
5.2. Levantamiento
Como principio general, deben buscarse una base de apoyo estable, aproximar los pies a la carga, evitar torsiones y realizar el esfuerzo de forma progresiva. No deben ejecutarse tirones bruscos. Al cambiar de dirección se mueven los pies y el cuerpo en conjunto. La carga debe depositarse de manera controlada, evitando soltarla bruscamente o mantenerla suspendida innecesariamente.
En la práctica preventiva moderna no debe enseñarse una única postura rígida válida para cualquier situación. La técnica debe adaptarse a la geometría de la carga, la altura, el espacio y la tarea. Lo esencial es evitar posiciones extremas, controlar la distancia al cuerpo, mantener estabilidad y reducir las fuerzas necesarias.
5.3. Empuje y arrastre
Empujar camas, carros y equipos también exige fuerza y puede causar lesiones. Como regla práctica suele ser preferible empujar a tirar cuando el diseño del equipo y la visibilidad lo permiten, porque facilita una postura más estable; sin embargo, la elección concreta depende del dispositivo y del entorno. Deben utilizarse las empuñaduras previstas, mantener el equipo controlado y evitar aceleraciones bruscas.
Las ruedas deben encontrarse en buen estado. Un carro con una rueda bloqueada aumenta enormemente la fuerza necesaria. Antes de atribuir la dificultad al peso, debe comprobarse si existen frenos activados, ruedas deterioradas, desniveles o obstáculos. Si una cama o carro necesita una fuerza anormal, debe comunicarse la incidencia y evitar compensarla mediante sobreesfuerzo.
5.4. Movilización y transferencia de pacientes
La movilización de personas tiene una dificultad adicional: el paciente es una carga dinámica y no completamente predecible. Puede colaborar, perder fuerza, experimentar dolor, marearse o realizar un movimiento inesperado. Por tanto, antes de cada movilización debe valorarse el grado de colaboración y seguir las indicaciones del personal responsable cuando exista una situación clínica que condicione el movimiento.
El/la celador/a participa dentro de sus funciones, pero no sustituye la valoración clínica. Debe conocer el procedimiento, preparar el entorno, bloquear ruedas cuando corresponda, colocar las ayudas, coordinarse con los demás profesionales y efectuar el movimiento siguiendo una orden común. Cuando participan varias personas es esencial que una de ellas coordine la maniobra para evitar esfuerzos desincronizados.
Las ayudas técnicas reducen la carga física: grúas de movilización, dispositivos de transferencia, tablas, superficies deslizantes y otros equipos. Deben utilizarse solo cuando se conozca su funcionamiento y estén en condiciones adecuadas. El profesional debe comprobar que el dispositivo es compatible con la tarea, respetar su capacidad y seguir las instrucciones del centro.
La Guía Técnica del INSST de 2024 dedica atención específica a la movilización de personas y recoge métodos de evaluación concebidos para el entorno sanitario, entre ellos DINO, MAPO, TilThermometer y Dortmund. No es necesario que el opositor convierta estos métodos en técnicas clínicas, pero sí que comprenda la idea preventiva: la movilización de pacientes se analiza de forma específica y puede requerir ayudas mecánicas, pausas, rotación, trabajo en equipo y dotación suficiente de personal.
5.5. Conducción y ergonomía
La ergonomía no termina al salir del hospital. En el vehículo debe ajustarse el asiento antes de iniciar la marcha para poder accionar pedales y volante sin forzar articulaciones. El respaldo debe permitir una postura estable y el reposacabezas debe colocarse correctamente. Durante servicios prolongados conviene aprovechar las pausas organizadas para cambiar de postura y disminuir la carga estática.
6. PREVENCIÓN DE INCENDIOS: CLASES DE FUEGO Y MEDIOS DE EXTINCIÓN
La prevención de incendios pretende impedir que se inicie el fuego, limitar su propagación y permitir una respuesta rápida y segura. En un centro sanitario la importancia es especialmente elevada porque puede haber pacientes con movilidad reducida, personas conectadas a equipos, instalaciones complejas y determinadas áreas con riesgos específicos.
6.1. Conceptos básicos
Para que exista combustión deben coincidir combustible, comburente y una energía de activación suficiente. El mantenimiento del incendio depende además de la reacción en cadena. La prevención actúa eliminando o controlando alguno de estos elementos: reducir materiales combustibles innecesarios, evitar fuentes de ignición, mantener instalaciones eléctricas en buen estado y almacenar correctamente sustancias inflamables.
El orden y la limpieza son medidas esenciales. Las vías de evacuación, salidas y accesos a equipos contra incendios deben permanecer libres. Nunca deben colocarse carros, cajas o material delante de una puerta de emergencia, un extintor o una boca de incendio equipada.
6.2. Clases de fuego
| Clase | Combustible característico | Ejemplos |
|---|---|---|
| A | Materias sólidas, generalmente orgánicas, cuya combustión suele producir brasas | Papel, madera, tejidos |
| B | Líquidos o sólidos licuables | Gasolina, disolventes, determinados productos inflamables |
| C | Gases | Propano, butano y otros gases combustibles |
| D | Metales | Metales combustibles específicos |
| F | Aceites y grasas de cocina | Aceites vegetales o animales en aparatos de cocina |
6.3. Extintores portátiles
El extintor es un equipo de primera intervención destinado a actuar sobre un fuego incipiente. No todos los agentes extintores son adecuados para todos los fuegos. El profesional debe utilizar únicamente el equipo previsto para el riesgo existente y siempre que esté formado para ello.
El Reglamento de instalaciones de protección contra incendios, aprobado por el Real Decreto 513/2017 y actualmente modificado, establece que los extintores deben estar situados en lugares visibles y accesibles, próximos a los puntos donde se estime mayor probabilidad de iniciarse un incendio y preferentemente próximos a las salidas de evacuación. La parte superior del extintor portátil debe quedar situada entre 80 y 120 centímetros sobre el suelo. El recorrido máximo horizontal desde cualquier punto de un sector hasta el extintor correspondiente es, con carácter general, de 15 metros.
Antes de emplear un extintor debe existir una salida segura a espaldas o lateralmente, haberse dado la alarma y tratarse de un fuego todavía controlable. Si el incendio crece, produce humo intenso, impide mantener una vía de escape o existe cualquier duda sobre la seguridad, la prioridad es abandonar la intervención y seguir el plan de emergencia.
Como secuencia básica de uso, el profesional formado retira el seguro, dirige el agente hacia la base de las llamas desde una distancia segura, acciona el mecanismo y realiza un barrido controlado. Pero la técnica nunca debe convertirse en una invitación a exponerse. Un extintor está pensado para un conato o fuego incipiente, no para combatir un incendio desarrollado.
6.4. Bocas de incendio equipadas y otros sistemas
Las bocas de incendio equipadas forman parte de instalaciones fijas de protección. El sistema incluye red de tuberías y equipos BIE, que pueden disponer de manguera plana o semirrígida según el tipo. Su utilización exige formación y debe ajustarse al plan del centro. No debe confundirse la clasificación actual de estos sistemas con denominaciones utilizadas en exámenes antiguos.
Además pueden existir detección automática, pulsadores manuales, alarma, sistemas de abastecimiento de agua, hidrantes, rociadores u otras instalaciones. El/la celador/a-conductor/a debe conocer especialmente la ubicación y forma de activación de los elementos que el plan de su centro le asigne.
6.5. Equipos de Primera Intervención
Los planes de emergencia suelen asignar funciones a equipos organizados. El Equipo de Primera Intervención actúa sobre un conato dentro de su zona cuando ello puede realizarse con seguridad y utilizando medios de primera intervención. Su función no consiste en sustituir a los servicios públicos de extinción.
7. PLANES DE EMERGENCIA, AUTOPROTECCIÓN Y EVACUACIÓN
La Ley de Prevención de Riesgos Laborales obliga a analizar las posibles situaciones de emergencia y adoptar las medidas necesarias en materia de primeros auxilios, lucha contra incendios y evacuación. Deben designarse trabajadores encargados de ponerlas en práctica, comprobar periódicamente su correcto funcionamiento y organizar las relaciones necesarias con servicios externos.
El objetivo de un plan de emergencia no es únicamente disponer de un documento, sino organizar previamente una respuesta. En una emergencia real no hay tiempo para decidir desde cero quién debe avisar, quién coordina, qué rutas deben utilizarse o cómo ayudar a una persona dependiente. Esas decisiones deben estar preparadas, comunicadas y entrenadas.
7.1. Autoprotección y marco normativo actual
Durante muchos años la referencia general fue el Real Decreto 393/2007, que aprobaba la Norma Básica de Autoprotección. Ese real decreto fue derogado en 2023 por el Real Decreto 524/2023, por el que se aprueba la Norma Básica de Protección Civil. El nuevo marco mantiene la autoprotección como pieza integrada en el sistema de protección civil y prevé su desarrollo mediante las correspondientes directrices básicas.
En agosto de 2026 debe evitarse citar el Real Decreto 393/2007 como norma general vigente. Sin embargo, algunos procedimientos internos elaborados cuando estaba en vigor continúan utilizándose operativamente mientras se adaptan al nuevo marco. En el SAS sigue publicada la documentación del Procedimiento 18 sobre Plan de Autoprotección, que estructura la preparación e implantación de los planes en sus centros. Por tanto, el opositor debe distinguir entre la base legal estatal actualmente vigente y los procedimientos organizativos del SAS que continúan sirviendo como marco operativo interno.
7.2. Contenido funcional de un plan
Aunque cada centro presenta particularidades, todo sistema de autoprotección necesita identificar riesgos, medios de protección, organización de respuesta, vías de evacuación, responsables, mecanismos de alarma, coordinación externa, mantenimiento, formación y ejercicios de implantación. El plan debe ser conocido por quienes tengan funciones asignadas.
En un hospital la evacuación reviste especial complejidad. No todos los pacientes pueden abandonar el edificio caminando. Algunos requieren silla de ruedas, camilla, cama o soporte clínico. Por ello es frecuente que los planes sanitarios prevean estrategias de evacuación horizontal progresiva, utilizando sectores seguros del mismo nivel antes de recurrir a movimientos verticales más complejos. La decisión concreta corresponde a la dirección de la emergencia conforme al plan del centro.
7.3. Organización de la emergencia
Los planes suelen establecer figuras de dirección y equipos con cometidos diferenciados: dirección de la emergencia, jefatura de intervención, equipos de alarma y evacuación, primera intervención, segunda intervención cuando proceda y primeros auxilios. La denominación concreta puede variar con el plan, pero el principio es constante: cada persona actúa conforme a una función previamente definida y bajo una coordinación única.
El/la celador/a-conductor/a puede desempeñar cometidos especialmente relevantes por su conocimiento de accesos, circuitos, localización de pacientes, medios de traslado y distribución física del centro. Sin embargo, debe limitarse a las funciones que le haya asignado el plan y obedecer las instrucciones de quien dirija la emergencia.
7.4. Alarma y evacuación
Ante una señal de alarma debe seguirse el procedimiento establecido. No se debe regresar a recoger objetos personales ni improvisar itinerarios. Los ascensores ordinarios no deben utilizarse durante un incendio salvo que el propio plan contemple equipos específicamente diseñados y una instrucción expresa para ello. Las puertas resistentes al fuego deben mantenerse operativas y no bloquearse abiertas si su función es compartimentar.
La evacuación debe realizarse con orden, sin correr y manteniendo libres las rutas. Cuando haya humo debe evitarse penetrar en zonas afectadas y debe recordarse que los productos de combustión pueden resultar más peligrosos que las propias llamas. Si una ruta no es segura, se utilizará la alternativa prevista y se informará a la coordinación.
Con pacientes dependientes, la prioridad y el método no los decide individualmente el celador. La dirección de la emergencia y el personal asistencial determinan qué pacientes pueden desplazarse, con qué prioridad y con qué soporte. El/la celador/a colabora en la ejecución física del traslado, utilizando las técnicas y medios establecidos.
8. ACTUACIÓN PRÁCTICA DEL/LA CELADOR/A-CONDUCTOR/A ANTE UNA EMERGENCIA
La actuación del/la celador/a-conductor/a debe combinar rapidez, disciplina y autoprotección. Su primera responsabilidad es no convertirse en una víctima adicional. Si descubre humo, fuego, olor intenso a quemado o cualquier indicio de emergencia, debe activar inmediatamente el mecanismo de aviso previsto por el centro y aportar información útil sobre la ubicación y características observadas.
Si el fuego es incipiente, existe un extintor adecuado, el profesional está formado y mantiene una vía de escape segura, puede intervenir cuando así lo contemple el plan. Si el fuego no se extingue rápidamente o la situación empeora, debe abandonar el intento, cerrar puertas si ello puede hacerse sin riesgo y dirigirse a una zona segura.
Durante una evacuación puede corresponderle despejar recorridos, colaborar en el traslado de pacientes, movilizar camas o sillas, orientar a usuarios, mantener accesos libres o facilitar la llegada de equipos externos. En ningún caso debe modificar por iniciativa propia el orden de evacuación de pacientes clínicamente complejos.
En los exteriores, el conocimiento del recinto puede resultar útil para mantener despejadas las zonas de acceso de bomberos, ambulancias y otros servicios. Los vehículos estacionados no deben dificultar hidrantes, salidas de emergencia ni vías de intervención. Cuando el plan asigne al conductor una función concreta respecto a vehículos, llaves o accesos, deberá ejecutarla conforme a las instrucciones recibidas.
Tras la emergencia, cualquier equipo utilizado, incidencia detectada o anomalía observada debe comunicarse. Un extintor descargado, incluso parcialmente, debe revisarse y reponerse. Las puertas, alarmas y dispositivos afectados deben ser comprobados. El análisis posterior permite identificar fallos y mejorar la preparación.
9. GESTIÓN MEDIOAMBIENTAL EN EL SAS Y SIGA-SAS
La actividad sanitaria consume energía, agua, combustible, productos y materiales y genera residuos, emisiones y vertidos. El Servicio Andaluz de Salud integra estos aspectos mediante su Sistema Integral de Gestión Ambiental, SIGA-SAS, concebido para incorporar la gestión ambiental y energética a la actividad ordinaria de la organización.
El SIGA-SAS funciona en un nivel corporativo y en los distintos Organismos Gestores. Su finalidad incluye identificar los aspectos ambientales y usos significativos de la energía, controlar el cumplimiento de los requisitos aplicables, detectar riesgos y oportunidades y mejorar progresivamente el desempeño ambiental.
La responsabilidad ambiental no pertenece únicamente a los servicios de mantenimiento. Cada profesional influye con sus decisiones cotidianas. Para el/la celador/a-conductor/a son especialmente relevantes la segregación correcta de residuos, el uso racional de materiales, la prevención de derrames, el consumo de combustible, la planificación de recorridos, el mantenimiento básico del vehículo y la comunicación de incidencias ambientales.
9.1. Aspectos ambientales
Un aspecto ambiental es un elemento de la actividad que puede interactuar con el medio ambiente. En el ámbito del celador/a-conductor/a pueden citarse el consumo de combustible, generación de emisiones, uso de agua, producción de residuos, ruido, almacenamiento temporal de materiales y riesgo de vertidos accidentales.
El sistema de gestión debe identificar cuáles son significativos y establecer controles operacionales. Los procedimientos del SAS incluyen materias como gestión de residuos, consumos, emisiones atmosféricas, ruido, vertidos líquidos, relación con proveedores y contratistas, revisión energética y respuesta ante emergencias ambientales.
9.2. Gestión de residuos
La primera regla es segregar en origen. Mezclar residuos dificulta o imposibilita su reciclaje y puede convertir residuos ordinarios en corrientes que requieren un tratamiento más complejo. Cada residuo debe depositarse en el recipiente definido por el centro, respetando la señalización y el procedimiento local.
No deben generalizarse los colores de todos los residuos sanitarios como si fueran idénticos en cualquier instalación. La codificación debe comprobarse en el procedimiento del centro. En residuos ordinarios, el papel y cartón limpio destinado a reciclaje se deposita habitualmente en la corriente correspondiente; en cambio, papel contaminado, servilletas usadas o cartón impregnado de sustancias no deben incorporarse automáticamente a ese flujo.
9.3. Derrames y emergencias ambientales
Un derrame de combustible, aceite, producto químico o residuo peligroso requiere una respuesta específica. El profesional no debe limpiar una sustancia desconocida sin información. Debe señalizar o aislar el área cuando corresponda, comunicar la incidencia y aplicar el procedimiento de emergencia ambiental del centro. Si existen kits de derrames, solo deben utilizarse conforme a la formación y al tipo de producto.
Resulta especialmente importante impedir que líquidos contaminantes lleguen a desagües o al terreno. Cualquier fuga observada en un vehículo debe comunicarse y corregirse. Mantener en servicio un vehículo con pérdida continuada de aceite o combustible supone un problema de seguridad, mantenimiento y medio ambiente.
9.4. Uso responsable de recursos
La reducción del consumo no significa limitar recursos necesarios para la atención sanitaria. Significa eliminar consumos innecesarios: luces encendidas sin necesidad, climatización inadecuada, agua desperdiciada, impresiones evitables, equipos funcionando sin uso y desplazamientos mal planificados.
10. CONTRIBUCIÓN DEL/LA CELADOR/A-CONDUCTOR/A AL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE
El puesto tiene capacidad directa para reducir impactos ambientales. No son necesarias decisiones estratégicas para contribuir: muchas mejoras dependen de hábitos repetidos a diario. El objetivo consiste en prestar el mismo servicio con menor consumo de recursos, menos generación de residuos y menos emisiones, sin comprometer la seguridad ni la calidad asistencial.
10.1. En el centro sanitario
Cuando se transporta material o residuos deben respetarse los circuitos definidos. Los envases deben permanecer cerrados cuando corresponda y no se deben sobrecargar recipientes. El trabajador debe comunicar contenedores deteriorados, fugas o residuos depositados incorrectamente que puedan generar riesgo.
El papel puede reducirse utilizando los sistemas digitales disponibles y evitando impresiones duplicadas. Cuando exista documentación confidencial, su eliminación debe respetar simultáneamente las reglas de protección de datos y de gestión del residuo; reciclar no significa depositar documentación sensible sin destrucción segura.
En climatización y electricidad debe evitarse modificar equipos o instalaciones por iniciativa propia. La contribución consiste en utilizar racionalmente los medios bajo su control y comunicar anomalías: luces que permanecen encendidas innecesariamente, grifos con pérdidas, temperaturas anómalas o equipos que funcionan de forma irregular.
10.2. En el vehículo
El mantenimiento preventivo tiene un impacto ambiental directo. Neumáticos con presión inadecuada aumentan resistencia a la rodadura y consumo. Un motor o sistema de propulsión mal mantenido puede consumir más energía y emitir más contaminantes. Las fugas de fluidos generan contaminación y pueden representar además un riesgo de avería o accidente.
Debe evitarse transportar peso innecesario. Cada kilogramo adicional exige energía para ser acelerado y desplazado. Los elementos exteriores que aumentan la resistencia aerodinámica también incrementan el consumo cuando no son necesarios. La carga asistencial o logística indispensable, por supuesto, no se elimina; lo que se evita es llevar objetos prescindibles.
La planificación de rutas reduce kilómetros innecesarios, pero nunca debe utilizarse un itinerario inseguro únicamente porque sea más corto. Deben valorarse tráfico, obras, restricciones, accesibilidad y características del vehículo.
10.3. Principio de prevención de la contaminación
Cuando se detecta una situación con potencial impacto ambiental, la actuación más eficaz es impedir que el contaminante se libere. Una fuga detectada a tiempo, un residuo correctamente segregado o un vehículo sometido a mantenimiento evitan problemas que después serían mucho más difíciles de corregir.
La sostenibilidad en un servicio sanitario debe entenderse como eficiencia compatible con la misión asistencial. No puede retrasarse una atención necesaria para ahorrar combustible ni disminuirse una medida de seguridad para reducir consumo. El ahorro es correcto únicamente cuando se obtiene eliminando ineficiencias.
11. CONDUCCIÓN EFICIENTE Y SEGURA
La conducción eficiente es un conjunto de técnicas que busca reducir consumo energético, emisiones, desgaste mecánico y estrés del conductor manteniendo o mejorando la seguridad. En un vehículo del SAS debe aplicarse de forma compatible con la naturaleza del servicio y con las normas de circulación. La eficiencia nunca está por encima de la seguridad vial ni de las necesidades asistenciales.
11.1. Preparación antes de iniciar la marcha
Una conducción eficiente comienza antes de mover el vehículo. Debe comprobarse que la ruta es adecuada, que la carga necesaria está correctamente distribuida y asegurada y que no se transportan objetos innecesarios. El vehículo debe encontrarse en condiciones de mantenimiento adecuadas, especialmente neumáticos, alumbrado, niveles y sistemas de seguridad.
El conductor debe adoptar una posición ergonómica correcta y asegurarse de que no existen elementos que dificulten la visibilidad o puedan desplazarse durante la marcha. La climatización debe utilizarse racionalmente, pero garantizando condiciones adecuadas para ocupantes y pacientes.
11.2. Arranque y utilización de las marchas
En los vehículos de combustión modernos, la conducción eficiente recomienda arrancar sin acelerar innecesariamente y comenzar la marcha de forma suave. En vehículos con caja manual se procura utilizar relaciones largas cuando el motor pueda mantenerlas sin esfuerzo excesivo, evitando revolucionarlo innecesariamente y evitando también circular a un régimen tan bajo que produzca funcionamiento irregular.
En vehículos automáticos, híbridos o eléctricos, la técnica se adapta al sistema de propulsión. Deben evitarse aceleraciones bruscas y aprovecharse los sistemas de recuperación de energía cuando el vehículo disponga de ellos y las condiciones lo permitan.
11.3. Anticipación
La principal herramienta de la conducción eficiente es la anticipación. Mantener suficiente distancia permite observar lo que ocurre varios vehículos por delante y levantar el acelerador con tiempo en lugar de alternar aceleraciones y frenadas. Esto reduce consumo, desgaste y riesgo de alcance.
La velocidad debe ser uniforme siempre que las circunstancias lo permitan. Ello no significa circular a una velocidad fija a toda costa. Debe adaptarse a tráfico, visibilidad, meteorología, estado de la vía y características del vehículo. La eficiencia consiste en evitar cambios innecesarios, no en mantener una velocidad incompatible con la seguridad.
11.4. Deceleración y pendientes descendentes
Cuando se prevé una reducción de velocidad, es preferible levantar el pie del acelerador con antelación y aprovechar la retención manteniendo una marcha engranada. En vehículos modernos, la gestión electrónica reduce significativamente la inyección de combustible durante determinadas deceleraciones con la marcha engranada.
Nunca debe bajarse una pendiente en punto muerto con la idea de ahorrar combustible. Se pierde capacidad de retención y control y puede aumentarse la utilización del freno de servicio. Debe mantenerse una relación adecuada y utilizar la retención del sistema de propulsión.
11.5. Paradas
En paradas prolongadas puede resultar eficiente apagar el motor cuando el vehículo y la situación lo permitan. En muchos vehículos actuales los sistemas automáticos gestionan esta función. Sin embargo, en vehículos sanitarios deben considerarse necesidades de equipamiento, climatización, seguridad y operatividad. No debe apagarse un sistema necesario para mantener condiciones asistenciales únicamente con el objetivo de ahorrar combustible.
11.6. Beneficios
La conducción eficiente disminuye consumo de combustible o energía, reduce emisiones contaminantes y de gases de efecto invernadero, limita desgaste de neumáticos y frenos, reduce ruido y suele favorecer una conducción más suave. También contribuye a disminuir la tensión del conductor porque sustituye una conducción reactiva por una conducción anticipada.
11.7. Eficiencia y vehículo sanitario
Una conducción suave beneficia especialmente a pacientes. Aceleraciones, frenazos y giros bruscos incrementan la incomodidad y pueden comprometer la seguridad de ocupantes y material. Incluso en servicios prioritarios, cuando legalmente proceda utilizar ese régimen, el conductor debe conservar el control, anticipar la reacción de los demás usuarios y evitar maniobras innecesariamente agresivas.
12. PREVENCIÓN DE AGRESIONES A PROFESIONALES DEL SAS
La violencia contra profesionales sanitarios y de gestión y servicios constituye un riesgo laboral. El Sistema Sanitario Público de Andalucía dispone de un Plan de Prevención y Atención frente a Agresiones a Profesionales, tomado en conocimiento mediante Acuerdo del Consejo de Gobierno de 7 de julio de 2020 y actualmente vigente. El plan pretende prevenir, proteger y combatir las situaciones de violencia, además de proporcionar apoyo al profesional afectado.
El plan considera tanto agresiones físicas como determinadas agresiones verbales. La agresión física implica un acto o contacto violento. La verbal comprende insultos graves, amenazas, descalificaciones degradantes u órdenes agresivas dirigidas a dañar o humillar. No toda discrepancia o falta de educación alcanza necesariamente la consideración de agresión verbal en los términos del plan: debe superarse la mera descortesía o desacuerdo.
12.1. Prevención primaria
La mejor actuación frente a una agresión es impedir que se produzca. El plan contempla medidas dirigidas a la ciudadanía, al entorno de trabajo y a las competencias de los profesionales. Entre sus líneas están las campañas de concienciación, la homogeneización de cartelería institucional, la formación de profesionales y la coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.
La prevención ambiental incluye diseñar espacios que reduzcan situaciones de aislamiento, disponer de salidas accesibles, controlar determinados accesos, mantener sistemas de aviso y adaptar las zonas donde se hayan identificado mayores riesgos. La medida adecuada dependerá de la evaluación del centro.
La formación permite reconocer signos de escalada, aplicar técnicas de comunicación y saber cuándo solicitar apoyo. El objetivo no es enseñar al profesional a enfrentarse físicamente a una persona agresiva, sino mejorar su capacidad para evitar la confrontación, mantener distancia, conservar una salida y activar ayuda.
12.2. Señales de escalada
Puede observarse aumento progresivo del tono de voz, lenguaje amenazante, gesticulación intensa, invasión del espacio personal, golpes sobre mobiliario, bloqueo de la salida o amenazas explícitas. Ninguna señal aislada permite predecir con certeza una agresión, pero la combinación de indicadores aconseja aumentar la distancia, pedir apoyo y evitar quedar encerrado.
En situaciones de tensión es preferible utilizar un tono sereno, frases claras y límites respetuosos. No debe responderse a una provocación con otra, ridiculizar al usuario ni mantener una discusión competitiva. Si existe riesgo, la seguridad prevalece sobre continuar la conversación.
12.3. Papel del/la celador/a-conductor/a
Por su frecuente contacto con usuarios, el/la celador/a-conductor/a puede encontrarse tanto como profesional directamente afectado como colaborando ante un incidente. No debe intervenir físicamente de manera improvisada si ello incrementa el riesgo. Debe activar el sistema de aviso, comunicar la situación a responsables y facilitar la llegada de seguridad o de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando corresponda.
Si la agresión se produce durante una conducción o traslado, debe priorizarse también la seguridad vial. No puede iniciarse una confrontación mientras se conduce. Si es posible y seguro, se detendrá el vehículo en un lugar adecuado y se solicitará apoyo conforme al procedimiento.
13. ATENCIÓN Y CIRCUITO DE ACTUACIÓN TRAS UNA AGRESIÓN
Cuando la prevención no ha evitado el incidente, comienza una segunda fase: proteger al profesional, atender posibles lesiones, documentar lo ocurrido y activar las medidas de apoyo. El Plan del SSPA establece un circuito que busca evitar que la persona agredida quede sola tras el episodio.
13.1. Seguridad inmediata
Si la agresión continúa debe priorizarse el alejamiento y solicitar intervención de seguridad o de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Debe informarse al responsable del centro o mando correspondiente. La situación no debe prolongarse para completar trámites administrativos mientras siga existiendo peligro.
13.2. Atención sanitaria
Si existen lesiones o necesidad de valoración, el profesional recibe la asistencia correspondiente. Cuando proceda se documentarán las lesiones mediante el parte pertinente. Las lesiones aparentemente leves también deben valorarse cuando exista indicación, porque pueden adquirir relevancia clínica o legal posteriormente.
13.3. Profesional Guía
Una de las figuras impulsadas por el plan es el Profesional Guía, destinado a acompañar y orientar al profesional agredido cuando este lo desee. Su función tiene especial importancia porque después de un episodio violento la persona puede desconocer los pasos administrativos, preventivos, jurídicos y asistenciales disponibles.
13.4. Comunicación a Prevención de Riesgos Laborales
La agresión debe comunicarse a la Unidad de Prevención conforme al procedimiento. Si se han producido daños para la salud pueden activarse además los circuitos correspondientes a accidente o incidente laboral. La Unidad de Prevención analiza el episodio, identifica posibles causas y propone medidas adicionales para evitar la repetición.
13.5. RIAC
El Registro Informatizado de Agresiones de los Centros, RIAC, constituye el registro oficial de estos episodios dentro del sistema establecido por el SAS. Registrar no es un mero trámite estadístico: permite detectar servicios, lugares, horarios o circunstancias de mayor riesgo y orientar medidas preventivas.
13.6. Apoyo psicológico y jurídico
El plan contempla apoyo psicológico cuando el profesional lo acepta y lo necesita. También prevé asesoramiento y asistencia jurídica en los términos establecidos. La reacción emocional tras una agresión puede variar: miedo, irritabilidad, hipervigilancia o inseguridad al volver al puesto. Una intervención adecuada reduce el impacto y favorece la recuperación.
La denuncia, cuando proceda, debe estar apoyada por el circuito institucional. El plan refuerza la coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y contempla actuaciones de acompañamiento. La documentación de los hechos debe ser objetiva: fecha, lugar, conducta observada, personas presentes y consecuencias.
14. MAPA CONCEPTUAL Y CLAVES DE EXAMEN
│
├── RIESGOS DEL PUESTO
│ ├── Seguridad: caídas · golpes · atrapamientos · incendio
│ ├── Ergonomía: cargas · pacientes · empuje · posturas
│ ├── Higiene: biológicos · químicos · ruido · vibraciones
│ ├── Riesgo vial
│ └── Psicosocial: estrés · conflictos · agresiones
│
├── MANIPULACIÓN MANUAL
│ ├── 1.º EVITARLA si es posible
│ ├── 2.º EVALUAR el riesgo
│ ├── Peso + postura + agarre + frecuencia + entorno
│ ├── 3 kg = referencia de evaluación
│ └── Ayudas técnicas y trabajo coordinado
│
├── INCENDIOS
│ ├── A = sólidos
│ ├── B = líquidos
│ ├── C = gases
│ ├── D = metales
│ └── F = aceites y grasas de cocina
│
├── EXTINTORES
│ ├── Visibles y accesibles
│ ├── Cerca del riesgo y salidas
│ ├── Parte superior: 80–120 cm
│ └── Solo conato + formación + vía de escape
│
├── EMERGENCIA
│ ├── Alertar
│ ├── Proteger
│ ├── Intervenir solo si es seguro
│ ├── Evacuar según el plan
│ └── RD 524/2023 = marco actual de Protección Civil
│
├── MEDIO AMBIENTE · SIGA-SAS
│ ├── Segregar residuos
│ ├── Prevenir derrames
│ ├── Ahorrar recursos
│ ├── Mantener el vehículo
│ └── Reducir desplazamientos innecesarios
│
├── CONDUCCIÓN EFICIENTE
│ ├── Anticipación
│ ├── Velocidad adecuada
│ ├── Aceleración suave
│ ├── Marcha engranada en descensos
│ └── Seguridad siempre prioritaria
│
└── AGRESIONES
├── Prevención y formación
├── Mantener distancia y salida
├── Activar ayuda
├── Profesional Guía
├── UPRL
└── RIAC + apoyo psicológico/jurídico
Para examen conviene memorizar varias asociaciones directas. La manipulación de cargas no se reduce al peso; la prioridad es evitarla y utilizar ayudas. Los fuegos B corresponden a líquidos y los C a gases. La parte superior de los extintores portátiles debe situarse entre 80 y 120 cm. En descensos se mantiene una marcha engranada y nunca se utiliza el punto muerto como técnica de ahorro.
También son muy preguntables las diferencias entre material histórico y regulación actual. La antigua referencia de 40 kg en manipulación manual pertenece a criterios previos a la Guía Técnica del INSST de 2024. De igual forma, el Real Decreto 393/2007 de autoprotección fue derogado y el marco general actual se articula a través del Real Decreto 524/2023 y del desarrollo de protección civil, sin perjuicio de los procedimientos internos que continúan aplicándose en el SAS durante su adaptación.
En agresiones deben retenerse las tres grandes líneas preventivas que ya han aparecido en examen: concienciación de la ciudadanía, cartelería institucional homogénea y formación. Tras la agresión, la prioridad pasa por seguridad, asistencia si procede, comunicación, acompañamiento, registro y revisión preventiva.
15. REFERENCIAS NORMATIVAS Y TÉCNICAS
- Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales — marco general de derechos, obligaciones, principios preventivos, equipos, formación, emergencias y riesgo grave e inminente.
- Real Decreto 39/1997, de 17 de enero — Reglamento de los Servicios de Prevención.
- Real Decreto 485/1997, de 14 de abril — disposiciones mínimas en materia de señalización de seguridad y salud en el trabajo.
- Real Decreto 486/1997, de 14 de abril — disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo.
- Real Decreto 487/1997, de 14 de abril — disposiciones mínimas relativas a la manipulación manual de cargas.
- Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo — Guía Técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relativos a la manipulación manual de cargas, edición 2024.
- Real Decreto 773/1997, de 30 de mayo — utilización por los trabajadores de equipos de protección individual.
- Real Decreto 1215/1997, de 18 de julio — utilización de los equipos de trabajo.
- Real Decreto 664/1997, de 12 de mayo — protección frente a agentes biológicos durante el trabajo.
- Real Decreto 374/2001, de 6 de abril — protección frente a agentes químicos.
- Real Decreto 1311/2005, de 4 de noviembre — protección frente a vibraciones mecánicas.
- Real Decreto 286/2006, de 10 de marzo — protección frente a los riesgos derivados de la exposición al ruido.
- Real Decreto 513/2017, de 22 de mayo — Reglamento de instalaciones de protección contra incendios, texto vigente y modificado, entre otras normas, en 2025.
- Ley 17/2015, de 9 de julio, del Sistema Nacional de Protección Civil — marco estatal de protección civil.
- Real Decreto 524/2023, de 20 de junio — Norma Básica de Protección Civil; derogó el Real Decreto 393/2007.
- Servicio Andaluz de Salud. Procedimiento 18 — Plan de Autoprotección en los centros asistenciales del SAS.
- Servicio Andaluz de Salud. Sistema Integral de Gestión Ambiental, SIGA-SAS — gestión ambiental y energética corporativa y de los Organismos Gestores.
- Ley 7/2022, de 8 de abril — residuos y suelos contaminados para una economía circular.
- Dirección General de Tráfico — recomendaciones vigentes sobre conducción eficiente, anticipación, mantenimiento y utilización racional del vehículo.
- Acuerdo de 7 de julio de 2020, del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía — Plan de Prevención y Atención frente a Agresiones a Profesionales del Sistema Sanitario Público de Andalucía.
- Servicio Andaluz de Salud — documentación vigente del Plan de Prevención y Atención frente a Agresiones, Profesional Guía y Registro Informatizado de Agresiones de los Centros.
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