Tema 70. Funciones del/la trabajador/a social en las distintas unidades de salud mental. Problemática social del enfermo mental. Coordinación inter e intra-institucional. Estrategia de Coordinación Sociosanitaria.

43 min agosto 5, 2026 Media Nuevo

Tema 70. Funciones del/la trabajador/a social en las distintas unidades de salud mental. Problemática social del enfermo mental. Coordinación inter e intra-institucional. Estrategia de Coordinación Sociosanitaria.

El rol del trabajador social sanitario en salud mental y la coordinación sociosanitaria como eje de la intervención comunitaria integrada
Oposición: Trabajador/a Social – Servicio Andaluz de Salud (SAS)
Bloque: Específico | Última actualización: Julio 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN Y ENCUADRE

El Tema 70 aborda uno de los ámbitos más relevantes y complejos de la práctica del trabajo social sanitario: la intervención profesional en el campo de la salud mental, con un énfasis particular en la coordinación sociosanitaria como herramienta transformadora de la atención comunitaria. El trabajador social en salud mental no es un mero «gestor de recursos» sino un agente activo de inclusión social, responsable de identificar y neutralizar las barreras sociales, económicas y relacionales que obstaculizan la recuperación y la integración comunitaria de la persona con problemas de salud mental.

La salud mental en el Servicio Andaluz de Salud (SAS) ha experimentado una transformación profunda desde la reforma psiquiátrica de los años ochenta. El abandono progresivo del modelo hospitalario-manicomial ha posibilitado el desarrollo de una red comunitaria de atención donde los servicios de salud mental, los servicios sociales, el sistema educativo, el empleo, la vivienda y el tejido comunitario convergen en el objetivo común de garantizar dignidad, autonomía y oportunidades de participación social para la persona con enfermedad mental.

Concepto clave: La salud mental no es un asunto meramente clínico. Es un fenómeno biopsicosocial en el que los factores de riesgo social (pobreza, desempleo, exclusión, violencia, aislamiento, inadecuada vivienda) son tan determinantes para la persistencia y agravamiento de los síntomas como los propios factores psicopatológicos. De ahí la centralidad del trabajo social.

El rol del trabajador social en salud mental se despliega en distintas unidades de la red de servicios: unidades de salud mental comunitaria (USMC), unidades de hospitalización, hospitales de día, unidades infanto-juveniles, comunidades terapéuticas y equipos de tratamiento intensivo comunitario (ETIC). En cada una de ellas, el trabajador social desarrolla funciones específicas pero guiadas por un principio transversal: la integración social como meta terapéutica.

2. MARCO NORMATIVO Y REFORMA PSIQUIÁTRICA

2.1. Los fundamentos de la reforma

La reforma psiquiátrica española se inicia en los años ochenta como respuesta a la crítica del modelo manicomial y a la reivindicación de un trato digno y normalizado para la persona con enfermedad mental. El artículo 20 de la Ley General de Sanidad (14/1986, de 25 de abril) constituye el primer marco normativo estatal que reconoce que la atención a la salud mental debe llevarse a cabo desde una perspectiva integral, comunitaria y desinstitucionalizadora. Este precepto establece explícitamente que la atención a los problemas de salud mental de la población se realizará «de modo preferente en el ámbito comunitario», lo que supone un giro copernicano respecto al modelo anterior.

Atención: Aunque el artículo 20 LGS habla de atención «preferente» en la comunidad, la realidad de la práctica diaria en muchas áreas sigue encontrando importantes obstáculos para la desentralización completa: recursos limitados, saturación de servicios comunitarios, pobre coordinación con servicios sociales y resistencias institucionales. El trabajador social es, a menudo, quien visibiliza estos cuellos de botella.

2.2. El Decreto 77/2008: ordenación administrativa de los servicios de salud mental

En el ámbito andaluz, el Decreto 77/2008, de 4 de marzo, de ordenación administrativa y funcional de los servicios de Salud Mental, establece los objetivos generales que deben guiar la organización de todos los dispositivos de atención a la salud mental. Su artículo 2 especifica tres objetivos nucleares:

Especialmente relevante para el trabajador social es el tercer objetivo, que hace explícita la necesidad de coordinar con «dispositivos no sanitarios» y de garantizar la «integración social». Esta es la puerta de entrada legal del trabajo social en el sistema de salud mental: no se trata de complementar la atención clínica, sino de ser corresponsable de un objetivo de rango igual o superior —la integración social— mediante la coordinación activa con servicios sociales, empleo, educación y comunidad.

Pregunta frecuente de examen: En el examen de Trabajador/a Social del SAS 2025 (turno libre, pregunta 85), se preguntó directamente sobre los objetivos del Decreto 77/2008. La respuesta correcta (opción C) enfatizaba precisamente el objetivo de garantizar la continuidad y la coordinación con dispositivos no sanitarios.

3. ESTRUCTURA DE LOS SERVICIOS DE SALUD MENTAL EN ANDALUCÍA

3.1. La red de servicios: una aproximación integrada

La red de servicios de salud mental del SAS se organiza en torno a unidades de gestión clínica (UGC) especializadas, que actúan como nodos de atención integrada. Esta estructura, consolidada tras la implantación progresiva de procesos asistenciales integrados, permite que cada unidad gestione no solo la atención clínica sino también los aspectos administrativos, de coordinación y de recursos necesarios para garantizar una atención de calidad.

El Tema 69 del temario específico detalla las unidades de salud mental en Andalucía. El trabajador social debe conocer la estructura completa para identificar dónde interviene y cómo coordina con cada dispositivo:

Unidad / Dispositivo Función principal Rol del trabajador social
USMC (Unidad de Salud Mental Comunitaria) Atención especializada ambulatoria, diagnóstico, tratamiento y seguimiento de trastornos mentales graves y moderados Valoración social, coordinación con servicios sociales, planificación de recursos comunitarios, apoyo a la integración
Unidad de Hospitalización Atención en régimen de ingreso para crisis agudas y trastornos que requieren observación y control intensivo Planificación al alta, coordinación interniveles, evaluación de necesidades socio-familiares, continuidad asistencial
Hospital de Día Atención parcial en régimen de media estancia para rehabilitación, actividades terapéuticas y apoyo a la transición hacia la comunidad Seguimiento sociolaboral, conexión con recursos de empleo y participación comunitaria, apoyo a la familia
USMIJ (Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil) Atención especializada a menores y adolescentes con problemas de salud mental Intervención familiar, coordinación con educación y servicios de protección de menores, evaluación de factores de riesgo
Comunidad Terapéutica Programas de atención comunitaria intensiva, orientados a la rehabilitación y apoyo a la integración social en entorno normalizado Facilitación de la integración comunitaria, coordinación con recursos de vivienda, empleo y servicios sociales
ETIC (Equipo de Tratamiento Intensivo Comunitario) Atención domiciliaria intensiva para personas en situación de crisis o graves dificultades de acceso a servicios convencionales Contacto con la persona en su contexto vital, identificación de necesidades, mediación con recursos comunitarios
UTCA y Unidades de Atención a Conductas Adictivas Atención integrada a personas con trastornos por uso de sustancias, comorbilidad psiquiátrica-adictiva Valoración del riesgo social, coordinación con programas de reinserción, apoyo laboral y de vivienda

Esta multiplicidad de dispositivos requiere del trabajador social una visión sistémica y una capacidad de navegación constante. No basta con intervenir en un único nivel; el trabajador social debe ser capaz de ver a la persona en el continuum de atención y de activar los recursos pertinentes en cada fase de su proceso terapéutico.

Recuerda: En el examen de 2025 (pregunta 126), se preguntó qué recurso especializado era el indicado para una menor atendida en USMC y derivada a USMIJ. La correcta comprensión de la función de cada unidad es fundamental para responder acertadamente a preguntas de supuesto práctico.

4. LAS UNIDADES DE SALUD MENTAL Y EL PAPEL DEL TRABAJADOR SOCIAL

4.1. Funciones genéricas del trabajador social en toda unidad de salud mental

Independientemente de la unidad en que trabaje, el trabajador social en salud mental desempeña funciones que pueden agruparse en cuatro categorías fundamentales: atención directa, coordinación, investigación-evaluación y docencia.

Función de atención directa: Consiste en la intervención de apoyo psicosocial dirigida a la persona con problemas de salud mental y a su familia. Incluye la entrevista inicial, la valoración social, la identificación de factores de riesgo social, el apoyo en procesos de resolución de problemas cotidianos, la mediación familiar, y la orientación sobre recursos comunitarios y prestaciones. Esta función es la que ocupa la mayor parte del tiempo del trabajador social sanitario y es la que le da visibilidad y credibilidad ante la persona y la familia.

Función de coordinación: El trabajador social es el «puente» entre la unidad de salud mental y la red de servicios sociales, educativos, laborales y comunitarios. Esto implica establecer comunicación fluida con servicios sociales comunitarios, participar en redes intersectoriales, facilitar la derivación oportuna, hacer seguimiento de la efectividad de las derivaciones y actuar como mediador ante posibles dificultades en la coordinación. La coordinación no es una función «secundaria»: es constitutiva del rol del trabajador social.

Función de investigación y evaluación: El trabajador social participa en la investigación de factores de riesgo social, en el análisis de necesidades de la población atendida, en la evaluación de la efectividad de las intervenciones y en la mejora de la calidad de los servicios. En algunas unidades, especialmente en hospitales de día y comunidades terapéuticas, el trabajador social lidera investigaciones sobre reinserción laboral, vivienda, y calidad de vida relacionada con la salud.

Función de docencia: El trabajador social contribuye a la formación de otros profesionales (facultativos, enfermería, residentes) sobre aspectos psicosociales de la enfermedad mental, derechos de los pacientes, recursos comunitarios y coordinación intersectorial. También participa en la docencia a estudiantes de trabajo social y en programas de educación a la comunidad sobre estigma y salud mental.

4.2. Especificidades por tipo de unidad

4.2.1. Trabajador social en USMC

La Unidad de Salud Mental Comunitaria es el «corazón» de la red de atención especializada en salud mental. Aquí, el trabajador social realiza una valoración social inicial integral que completa la valoración clínica. Esta valoración debe abarcar: situación familiar y red de apoyo, historia laboral y actual situación de empleo, situación de vivienda, acceso a recursos económicos (pensiones, prestaciones), participación comunitaria, factores de riesgo social específicos (antecedentes de maltrato, violencia, consumo de sustancias en contexto familiar), y recursos personales y comunitarios disponibles.

A partir de esta valoración, el trabajador social participa en la planificación de la intervención psicosocial, que no es separable de la intervención clínica. El equipo interdisciplinar en la USMC (psiquiatra, psicólogo, enfermería de salud mental, trabajador social) debe acordar objetivos que integren lo clínico y lo social. Por ejemplo, para una persona con depresión grave y desempleo, no puede haber recuperación clínica estable sin abordar paralelamente el desempleo como factor psicosocial mantenedor.

Principio de integración: El plan de tratamiento en la USMC debe ser un único plan, no un «plan clínico» aparte del «plan social». La separación de estos aspectos es un error conceptual que segmenta artificialmente la realidad biopsicosocial de la persona.

El trabajador social en USMC coordina activamente con los servicios sociales comunitarios (trabajador social de zona, equipos de servicios sociales básicos), con programas de empleo y ocupación, con recursos de vivienda, y con el movimiento asociativo de salud mental. Esta coordinación requiere no solo derivaciones formales sino contacto directo, seguimiento personalizado y resolución conjunta de casos complejos.

4.2.2. Trabajador social en unidades de hospitalización

En la unidad de hospitalización, el trabajador social entra en contacto con la persona en una situación de crisis aguda. Su primera tarea es la valoración rápida de los determinantes sociales de la crisis: ¿ha habido un evento vital estresante (pérdida laboral, ruptura de pareja, pérdida de vivienda)? ¿hay problemas de convivencia familiar? ¿hay factores de riesgo social (pobreza, aislamiento) que compliquen el alta? ¿el entorno familiar es protector o conflictivo?

Paralelamente, el trabajador social inicia la planificación del alta desde el mismo día del ingreso (idealmente dentro de las primeras 72 horas, como establece la buena práctica). Esta planificación incluye: identificación de necesidades de recursos postalta (vivienda, empleo, apoyo familiar, seguimiento en USMC), coordinación con los servicios que recibirán a la persona en la comunidad, preparación psicosocial de la persona y su familia para el regreso, y gestión de cualquier prestación o trámite administrativo necesario.

Pregunta frecuente de examen: El examen 2025 (pregunta 146) preguntó cuándo debería iniciar el trabajador social su intervención en hospitalización. La respuesta correcta fue: «A la mayor brevedad posible (dentro de las 72 primeras horas desde que se produce el ingreso)». Este es un estándar de buena práctica hospitalaria internacional.

4.2.3. Trabajador social en hospital de día

El hospital de día es un espacio de transición entre la agudeza hospitalaria y la vida comunitaria. Aquí, el trabajador social se enfoca en la rehabilitación psicosocial: actividad ocupacional, apoyo al empleo, desarrollo de habilidades sociales, participación comunitaria. Participa en la selección de programas terapéuticos según el perfil social del usuario, en la coordinación con programas de empleo protegido o ordinario, y en el seguimiento de la evolución sociolaboral.

El trabajador social en hospital de día también desempeña un papel crucial en la educación psicosocial de familias: talleres sobre cómo convivir con la enfermedad mental, manejo del estrés, comunicación familiar, y detección de recaídas.

4.2.4. Trabajador social en USMIJ

En las Unidades de Salud Mental Infanto-Juvenil, el trabajador social debe ser experto en intervención familiar y coordinación con sistemas de protección de menores. La valoración social debe incluir dinámicas familiares, historia de negligencia o maltrato, situación escolar (apoyo del sistema educativo), factores de riesgo del adolescente (consumo de sustancias, conducta antisocial, autolesiones), y recursos comunitarios pertinentes.

Una parte importante de la función es la coordinación con Servicios Sociales de Menores, con centros educativos y, cuando proceda, con juzgados de familia. El trabajador social sanitario en USMIJ a menudo es informante de situaciones de riesgo o desamparo.

5. PROBLEMÁTICA SOCIAL DE LA PERSONA CON PROBLEMAS DE SALUD MENTAL

5.1. Concepto de problemática social y su interrelación con la enfermedad mental

La «problemática social» de la persona con enfermedad mental no es un epifenómeno derivado de la patología, sino que forma parte constitutiva de la experiencia de la enfermedad y, en muchos casos, es tanto causa como consecuencia de los síntomas. Los factores de riesgo social no son «contexto» sino determinantes activos del curso de la enfermedad.

Según la literatura de salud pública y el enfoque biopsicosocial consolidado en el trabajo social, la problemática social de la persona con problemas de salud mental incluye:

FACTORES DE RIESGO SOCIAL EN SALUD MENTAL

├── ECONÓMICOS
│ ├─ Desempleo / Subempleo
│ ├─ Inseguridad económica
│ ├─ Pobreza y privación material
│ └─ Falta de acceso a prestaciones

├── VIVIENDA Y HÁBITAT
│ ├─ Sinhogarismo / Vivienda inadecuada
│ ├─ Inestabilidad residencial
│ └─ Falta de acceso a vivienda asequible

├── RELACIONES Y FAMILIA
│ ├─ Aislamiento social / Soledad no deseada
│ ├─ Conflicto familiar
│ ├─ Ausencia de figuras de apoyo
│ └─ Ruptura de vínculos significativos

├── SALUD Y HÁBITOS
│ ├─ Comorbilidad (adicciones, enfermedades crónicas)
│ ├─ Falta de acceso a cuidados médicos
│ ├─ Problemas de autocuidado / Higiene
│ └─ Conductas de riesgo (violencia, autolítica)

├── EDUCACIÓN Y OCUPACIÓN
│ ├─ Analfabetismo funcional / Falta de formación
│ ├─ Abandono escolar en menores
│ └─ Falta de ocupación significativa

├── ESTIGMA Y DISCRIMINACIÓN
│ ├─ Discriminación social y laboral
│ ├─ Internacionalización del estigma (autopercepción negativa)
│ ├─ Exclusión de espacios de participación
│ └─ Violencia y victimización

└── ACCESO A JUSTICIA Y DERECHOS
├─ Desconocimiento de derechos
├─ Falta de capacidad para ejercer derechos
├─ Barreras legales o administrativas
└─ Negligencia en la protección de derechos civiles

Cada uno de estos factores requiere de una intervención específica por parte del trabajador social, en coordinación con los servicios sociales y comunitarios pertinentes.

5.2. Desempleo y exclusión laboral

El desempleo es una de las consecuencias más frecuentes y persistentes de los trastornos mentales graves. Las tasas de desempleo en personas con enfermedad mental son entre 3 y 5 veces superiores a la población general, incluso cuando los síntomas están estabilizados. El trabajador social debe ser capaz de identificar las barreras específicas (limitaciones funcionales impuestas por los síntomas, falta de cualificación, estigma del empleador, efectos secundarios de la medicación) y activar recursos de empleo con apoyo, empleo protegido, y formación ocupacional.

5.3. Sinhogarismo y vivienda

La vivienda es un determinante social de primer orden. Las personas con enfermedad mental grave tiene tasas de sinhogarismo significativamente elevadas. El trabajador social en salud mental debe conocer los recursos de vivienda disponibles en su área (viviendas para personas con problemas de salud mental, programas housing-first, viviendas de transición) y establecer protocolos de coordinación con servicios sociales para garantizar que ninguna persona sea dada de alta de un dispositivo sanitario sin tener resuelto el problema de vivienda.

5.4. Aislamiento social y soledad no deseada

La enfermedad mental frecuentemente conlleva ruptura o debilitamiento de redes sociales. El trabajador social, en colaboración con el equipo, debe facilitar la activación de recursos comunitarios (grupos de apoyo, asociaciones, centros de participación, voluntariado) que rompan el aislamiento y faciliten la reintegración social. En el caso de personas mayores con problemas de salud mental, la soledad no deseada es un factor predictor de depresión, suicidio y deterioro funcional.

5.5. Comorbilidad adictiva

La comorbilidad entre trastornos mentales y trastornos por uso de sustancias es muy frecuente. El trabajador social debe estar formado en esta intersección y ser capaz de coordinar con recursos de atención a adicciones, tanto en el sistema sanitario como en el sistema de protección social (comunidades terapéuticas, programas de reducción de daños).

Además, el trabajador social debe ser capaz de realizar una valoración inicial del riesgo social asociado al consumo: ¿hay violencia intrafamiliar? ¿hay menores en situación de riesgo? ¿hay afectación de la capacidad de autocuidado? ¿hay riesgo de sobredosis?

6. COORDINACIÓN INTRA-INSTITUCIONAL

6.1. Concepto y niveles

La coordinación intra-institucional es la que ocurre dentro del sistema sanitario, entre los diferentes dispositivos y niveles de atención. Es fundamental para garantizar la continuidad asistencial y evitar fragmentación de la atención. El trabajador social es corresponsable de esta coordinación, especialmente en lo que se refiere a los aspectos psicosociales.

Los niveles de coordinación intra-institucional son:

a) Coordinación intra-equipo (dentro de la misma unidad): El trabajador social participa diariamente en reuniones clínicas donde comparte la información socio-ambiental que resulta relevante para los objetivos terapéuticos. Esta coordinación requiere que el trabajador social tenga lenguaje clínico suficiente para comunicar con facultativos y que estos reconozcan el valor de la perspectiva social.

b) Coordinación internivel (entre USMC y hospitalización): Cuando una persona es ingresada desde una USMC, el trabajador social de la unidad de hospitalización recibe información del trabajador social de la USMC; cuando se produce el alta, la información regresa. Esto requiere protocolo de comunicación formal (informe social de ingreso, planificación al alta, informe social de alta).

c) Coordinación entre especialidades: Cuando una persona con enfermedad mental requiere atención en otros servicios (medicina interna, traumatología, urgencias), el trabajador social de salud mental puede ejercer una función de coordinación diagonal, facilitando que los profesionales de otros servicios conozcan los determinantes sociales relevantes y que la persona reciba atención integrada.

6.2. La historia social como herramienta de coordinación

La historia social es el instrumento fundamental de documentación de la valoración social. En el contexto del SAS, la historia social reside en DIRAYA (el sistema de información sanitario andaluz), donde queda registrada de forma permanente y accesible a todos los profesionales con permisos de acceso. La historia social en DIRAYA incluye: datos de filiación, composición familiar, historia personal y familiar, historia ocupacional, historia de vivienda, evaluación de riesgos sociales, diagnóstico social, plan de intervención y evolución del caso.

Dato de examen: El examen 2025 (pregunta 139) preguntó en qué módulo de DIRAYA debería registrarse el contenido recogido en la valoración social inicial en una menor atendida en salud mental infanto-juvenil. La respuesta correcta fue: «En la HISTORIA SOCIAL DEL MÓDULO DE ATENCIÓN PRIMARIA DE DIRAYA». Aunque el caso específico era de primaria, el principio es el mismo en todos los niveles: la historia social en DIRAYA es la herramienta de coordinación por excelencia.

6.3. Los procesos asistenciales integrados (PAI) de salud mental

El Tema 71 trata los Procesos Asistenciales Integrados (PAI) específicos de salud mental. Estos procesos definen el conjunto de actividades, responsabilidades y flujos de coordinación para el abordaje de problemas de salud mental frecuentes (ansiedad, depresión, trastorno mental grave, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos del espectro autista). Cada PAI incluye la intervención del trabajador social como parte integral del proceso, no como una intervención «añadida».

El trabajador social debe conocer los objetivos, las fases y los criterios de derivación/escalada que definen cada PAI. Por ejemplo, en el PAI de «Trastorno Mental Grave», el trabajador social participa en la identificación temprana de síntomas, en la derivación oportuna, en el seguimiento y en la coordinación con recursos de rehabilitación y reinserción.

7. COORDINACIÓN INTER-INSTITUCIONAL Y TRABAJO EN RED

7.1. Coordinación entre sectores

La coordinación inter-institucional es la que se produce entre sistemas diferentes: sistema sanitario, sistema de servicios sociales, sistema educativo, sistema de empleo, sistema de justicia, etc. Esta coordinación es crucial para la salud mental porque muchos de los determinantes sociales (pobreza, desempleo, vivienda, educación) se abordan desde sistemas no sanitarios.

El trabajador social en salud mental actúa como «puente» entre estos sistemas. Esto implica:

  • Conocimiento de los recursos disponibles en cada sector.
  • Establecimiento de relaciones profesionales con profesionales de otros sectores.
  • Participación en espacios intersectoriales de coordinación (mesas de coordinación, comisiones de atención a poblaciones específicas).
  • Derivación fundamentada y seguimiento de la efectividad de la derivación.
  • Resolución de conflictos o malentendidos que pudieran surgir en la coordinación.

7.2. Coordinación con servicios sociales

La coordinación entre servicios de salud mental y servicios sociales es la más crucial. Ambos sistemas comparten la responsabilidad de atender a las personas con problemas de salud mental con complejidad psicosocial. Sin embargo, históricamente han funcionado de forma paralela y desconectada. El trabajador social sanitario debe tomar iniciativa en cambiar esta dinámica.

El trabajador social en salud mental debe establecer protocolos de coordinación formales con los servicios sociales comunitarios de su zona de influencia. Estos protocolos deben especificar: criterios de derivación bidireccional, información a compartir, responsabilidades de cada sector, plazos de respuesta, y mecanismos de comunicación regular (reuniones de coordinación, acceso a sistemas de información compartidos cuando sea posible).

Cautela: No siempre existe coordinación formal. El trabajador social a menudo tiene que actuar de forma proactiva, buscando contacto directo con colegas en servicios sociales, visitando centros, conociendo sus recursos, pidiendo reuniones. Esta «coordinación de facto» es agotadora pero a menudo necesaria.

7.3. Coordinación con empleo y ocupación

La inclusión laboral es un objetivo terapéutico importante en la mayoría de personas con enfermedad mental. El trabajador social debe conocer y coordinar activamente con:

  • Recursos de empleo protegido o especial: centros especiales de empleo (CEE) para personas con discapacidad derivada de enfermedad mental, enclaves laborales.
  • Programas de empleo con apoyo: (Individual Placement and Support – IPS), que combinan colocación laboral rápida con apoyo continuado.
  • Recursos de formación y ocupación: talleres ocupacionales, escuelas de empleo, programas de capacitación laboral.
  • Servicios públicos de empleo: coordinación con oficinas de empleo, acceso a subsidios de desempleo para personas con discapacidad.

El trabajador social debe ser capaz de hacer una valoración de la empleabilidad de la persona (capacidades, limitaciones impuestas por los síntomas o efectos secundarios, experiencia laboral previa) y proponer el recurso más adecuado. Además, debe mantener seguimiento postcolocación, visitando a la persona en el lugar de empleo, resolviendo conflictos que pudieran surgir, y coordinando con el supervisor laboral.

7.4. Coordinación con vivienda

La vivienda es tan importante como la medicación en la recuperación de la persona con enfermedad mental. El trabajador social debe conocer los programas de vivienda para personas con problemas de salud mental disponibles en su territorio (viviendas tuteladas, viviendas con apoyo, viviendas de alquiler asequible, programas housing-first).

Coordinación requiere contacto regular con gestores de vivienda, participación en comisiones de acceso a vivienda, y coordinación activa en aquellos momentos críticos (alta hospitalaria sin vivienda resuelto, riesgo de pérdida de vivienda por problemas de comportamiento).

7.5. Coordinación con educación (en menores)

En el caso de menores atendidos en USMIJ, la coordinación con centros educativos es fundamental. El trabajador social debe estar en contacto con tutores, orientadores educativos, y servicios de atención a la diversidad de los centros. Esta coordinación sirve para: identificar factores escolares que contribuyen al malestar psíquico, facilitar adaptaciones curriculares si es necesario, detectar acoso escolar, y asegurar la continuidad educativa.

7.6. Coordinación con justicia (en casos de riesgo o conflicto legal)

En algunas situaciones, el trabajador social en salud mental debe coordinar con el sistema de justicia: internamiento involuntario, denuncias por maltrato o violencia, procesos de modificación de la capacidad jurídica. Esta coordinación requiere conocimiento del marco legal (Tema 73) y capacidad de comunicación clara con profesionales del ámbito jurídico.

8. ESTRATEGIA ANDALUZA DE COORDINACIÓN SOCIOSANITARIA

8.1. Antecedentes y necesidad de la coordinación sociosanitaria

Aunque los servicios sanitarios y sociales comparten responsabilidades sobre poblaciones similares (personas mayores, personas con discapacidad, personas con problemas de salud mental, menores en situación de riesgo), históricamente han funcionado como sistemas paralelos y frecuentemente desconectados. Esta falta de coordinación genera: duplicidades de atención, lagunas de cobertura, confusión de responsabilidades, y sobre todo, fragmentación de la atención a la persona.

La necesidad de coordinación es especialmente aguda en salud mental porque la mayoría de problemas de salud mental tienen dimensiones sociales profundas y porque los factores de riesgo social son determinantes del curso de la enfermedad. Una persona con trastorno mental grave que vive en pobreza, sin empleo, con vivienda inadecuada y aislada socialmente no puede recuperarse solo con medicación y psicoterapia: necesita intervención coordinada de servicios sanitarios y sociales.

8.2. La I Estrategia Andaluza de Coordinación Sociosanitaria 2024-2027

Reconociendo esta realidad, la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía ha impulsado la I Estrategia Andaluza para la Coordinación Sociosanitaria 2024-2027, un plan estratégico que define líneas de actuación, objetivos e iniciativas concretas para mejorar la integración de los servicios sanitarios y sociales en Andalucía. Esta estrategia es de referencia obligatoria para cualquier trabajador social sanitario en Andalucía.

La Estrategia define cuatro líneas estratégicas principales:

Línea Estratégica Objetivo principal Relevancia para Trabajo Social
Línea 1: Gobernanza y marco institucional Crear estructuras formales de coordinación entre sistemas sanitario y social a todos los niveles (regional, provincial, comarcal) El TS participa en mesas y comisiones de coordinación; debe conocer la estructura de decisión y los espacios donde se toman acuerdos
Línea 2: Información compartida y sistemas de datos Mejorar el acceso a información compartida entre servicios sanitarios y sociales para evitar duplicidades y conocer el caso completo El TS registra en DIRAYA y debe conocer cómo la información llega (o no) a servicios sociales; advocacy para interoperabilidad de sistemas
Línea 3: Cartera de servicios y catálogo de prestaciones sociosanitarias Definir con claridad qué servicios son responsabilidad sanitaria, cuáles sociales, y cuáles son compartidas (sociosanitarias) El TS participa en la definición de prestaciones de TS en cada nivel de atención; desarrollo de la Cartera de Servicios de TS
Línea 4: Modelo de atención y procesos integrados Diseñar procesos asistenciales que integren de principio a fin la perspectiva sanitaria y social El TS es coautor de los PAI que incluyen intervención social; participa en protocolos de derivación y coordinación

8.3. Acciones clave: promoción del Trabajo Social en Atención Primaria

Dentro de la Línea 3, la Acción 3.12 de la Estrategia Andaluza de Coordinación Sociosanitaria establece un objetivo específico y de alto impacto: «Impulsar la figura profesional del Trabajo Social en Atención Primaria para mejorar la coordinación entre los servicios sociales y sanitarios».

Pregunta frecuente de examen: El examen 2025 turno libre (pregunta 16) preguntó directamente sobre este objetivo. La respuesta correcta (opción B) confirmó que el propósito es impulsar específicamente al Trabajo Social (no a otros profesionales) en Atención Primaria con el fin de mejorar la coordinación sociosanitaria. Esta es una apuesta clara por parte de la administración sanitaria andaluza en fortalecer la presencia del TS en el primer nivel de atención.

Esta acción reconoce que el Trabajo Social debe estar presente en Atención Primaria de forma más robusta que en la actualidad, actuando como gestor de riesgos sociales, coordinador de recursos comunitarios y promotor de la inclusión social en el nivel donde se produce el primer contacto con el sistema sanitario. El TS en Atención Primaria puede identificar y abordar factores de riesgo social (pobreza, vivienda inadecuada, desempleo, aislamiento) antes de que generen crisis en salud mental o física.

8.4. Desafíos de implementación

A pesar de su claridad conceptual, la coordinación sociosanitaria en la práctica enfrenta obstáculos importantes: falta de interoperabilidad de sistemas de información (DIRAYA sanitario, sistemas social autonómicos y locales que no se comunican), diferencias de financiación y modelos de gestión, formación insuficiente en competencias de coordinación, y en algunos casos, resistencias culturales o territorialismo entre profesionales.

El trabajador social debe ser un agente de cambio que impulse la coordinación de facto a través de la construcción de relaciones profesionales, la participación en espacios de coordinación, y la documentación clara de las ventajas de la integración en casos concretos.

9. PLAN ESTRATÉGICO DE SALUD MENTAL Y ADICCIONES DE ANDALUCÍA (PESMAA)

9.1. Marco y objetivos generales

El Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones de Andalucía (PESMAA) (Tema 68 del temario) es el documento de referencia que ordena la política de salud mental en Andalucía para un período determinado (actualmente vigente el plan con horizonte 2025-2027, en proceso de actualización). Este plan define líneas estratégicas, objetivos operativos, e indicadores de resultado para toda la red de salud mental.

El trabajador social debe conocer el PESMAA porque: (1) define los objetivos generales sobre los que se estructuran sus funciones, (2) incluye objetivos específicos de inclusión social y coordinación en los que el TS es protagonista, y (3) establece indicadores que a menudo requieren datos que el TS genera (empleo logrado, vivienda accedida, reducción del estigma, participación comunitaria).

9.2. Líneas estratégicas relevantes para el trabajador social

Aunque el PESMAA tiene líneas clínicas y de organización, varias son de particular relevancia para el trabajo social:

Promoción de la salud mental y prevención: El TS participa en iniciativas de promoción de la salud mental en la comunidad, identificación temprana de factores de riesgo social en poblaciones vulnerables, y prevención del estigma. Esto incluye trabajo con escuelas, asociaciones, espacios de participación comunitaria.

Atención comunitaria y desinstitucionalizacion: El PESMAA enfatiza que la atención debe ocurrir en la comunidad, no en instituciones. El TS es responsable de facilitar la transición desde hospitalizaciones hacia recursos comunitarios (vivienda, empleo, redes sociales).

Rehabilitación, recuperación e inclusión social: Esta línea es casi enteramente responsabilidad del TS. Incluye empleo con apoyo, ocupación significativa, participación comunitaria, y construcción de un proyecto de vida más allá de la enfermedad. El modelo de recuperación (recovery model) enfatiza que las personas con enfermedad mental pueden tener una vida plena, independientemente de la cronicidad de sus síntomas; el TS es facilitador de esta visión.

Coordinación con servicios sociales, educativos y de empleo: El PESMAA reconoce que la salud mental no se atiende solo en servicios de salud mental. Requiere coordinación activa con todos los sistemas que tocan la vida de la persona. El TS es el profesional clave de esta coordinación.

Atención a familias: Las familias de personas con enfermedad mental requieren apoyo, información y orientación. El TS participa en programas de psicoeducación familiar, apoyo a cuidadores, y en algunos casos mediación en conflictos familiares.

9.3. Indicadores del PESMAA relevantes para el trabajo social

El PESMAA incluye indicadores de resultado que miden el éxito de la política de salud mental. Muchos de estos indicadores son influenciados directamente por la intervención del TS:

  • Tasa de empleo en personas con trastorno mental grave: indicador de si la intervención de TS en empleo con apoyo está siendo efectiva.
  • Acceso a vivienda estable: indicador de si se están resolviendo problemas de vivienda.
  • Continuidad asistencial: porcentaje de personas que completan el tratamiento sin abandonos; vinculado a si la experiencia sociosanitaria es coherente.
  • Reducción del estigma: medido a través de encuestas de percepción; el TS contribuye a través de educación comunitaria y normalización.
  • Satisfacción de usuarios y familias: indicador global que incluye percepciones sobre coordinación, accesibilidad y trato.

10. INTERVENCIÓN PRÁCTICA DEL TRABAJADOR SOCIAL EN SALUD MENTAL

10.1. El método básico del trabajo social sanitario aplicado a salud mental

El método de intervención del trabajador social sanitario en salud mental sigue el método básico de trabajo social (Tema 22), adaptado al contexto específico. Las fases son:

Fase 1 – Estudio: Recopilación sistemática de información sobre la persona, su familia, su entorno social y los factores de riesgo que confluyen. En salud mental, esta fase es especialmente importante porque los factores psicosociales son complejos e interconectados. Se utilizan técnicas como la entrevista, la observación, la visita domiciliaria, y la revisión de documentación previa. El TS debe obtener una historia social completa que incluya: antecedentes familiares de enfermedad mental, historia personal, eventos vitales estresantes, red de apoyo, situación laboral, situación de vivienda, acceso a recursos, y factores de protección.

Fase 2 – Diagnóstico social: Análisis e interpretación de la información recogida. El TS formula un diagnóstico social que describe los problemas, necesidades y recursos identificados. Este diagnóstico no es un diagnóstico clínico (eso es responsabilidad del clínico) sino una síntesis de los factores psicosociales relevantes. Por ejemplo: «Persona con trastorno depresivo grave, actualmente en desempleo tras despido por reestructuración de empresa, sin vivienda propia (convive con madre anciana con demencia), con red familiar débil, en riesgo de aislamiento social, con potencial laboral medio y capacidad de autocuidado limitada actualmente por síntomas depresivos».

Fase 3 – Planificación: Definición conjunta (con la persona, su familia si procede, y el equipo interdisciplinar) de objetivos y estrategias de intervención. Los objetivos deben ser realistas, medibles y consensuados. Ejemplos de objetivos en salud mental: «Mejorar el soporte social mediante reintegración en grupo comunitario», «Acceder a empleo protegido en plazo de 6 meses», «Resolver situación de vivienda mediante coordinación con servicios sociales», «Aumentar capacidad de autocuidado», «Mejorar relación con figura cuidadora (madre)».

Fase 4 – Ejecución: Implementación de la intervención. El TS realiza acciones concretas: derivación a servicios sociales, acompañamiento a entrevistas de empleo, contacto con recursos de vivienda, mediación familiar, coordinación con otros profesionales, educación psicosocial, apoyo en momentos de crisis. En esta fase es donde se ve realmente la efectividad del TS.

Fase 5 – Evaluación: Valoración periódica de si la intervención está produciendo los cambios deseados. Se modifican estrategias si es necesario, se cierran objetivos logrados, se abren nuevos si emerge nueva problemática. La evaluación debe ser conjunta con la persona, no unilateral del profesional.

10.2. Técnicas e instrumentos específicos en salud mental

El trabajador social en salud mental utiliza técnicas específicas:

Entrevista motivacional: Técnica de comunicación que facilita que la persona encuentre su propia motivación para cambiar. Es especialmente útil en salud mental cuando la persona está en negación del problema o sin esperanza de cambio. El TS capacitado en entrevista motivacional puede ser más efectivo que el TS que «impone» soluciones.

Genograma y ecomapa: Herramientas gráficas para visualizar la estructura familiar (genograma) y la red de recursos e instituciones disponibles (ecomapa). Particularmente útiles en intervención con familias de personas con problemas de salud mental.

Valoración del riesgo social: Identificación sistemática de factores que ponen a la persona en riesgo de exclusión, crisis, o deterioro. Esta valoración guía la priorización de intervenciones. Por ejemplo, si una persona está en riesgo de pérdida de vivienda, eso se convierte en una prioridad inmediata.

Planes individualizados de apoyo (PIA): En algunos dispositivos (especialmente comunidades terapéuticas, ETIC, hospitales de día), el TS participa en la elaboración de un plan individualizado que documenta objetivos, acciones y responsabilidades de cada profesional y de la propia persona.

Herramientas de DIRAYA: En Andalucía, el TS debe estar familiarizado con el uso de DIRAYA para documentar la intervención. La «historia social» en DIRAYA es el registro oficial que garantiza continuidad de la atención si la persona cambia de profesional o de dispositivo.

10.3. Apoyo psicosocial y acompañamiento

Una función importante aunque menos visible es el apoyo psicosocial emocional. La persona con enfermedad mental a menudo vive momentos de desesperanza, miedo, vergüenza, o incomprensión. El TS, mediante una relación terapéutica (no terapia formal, pero sí una relación de confianza y comprensión), puede proporcionar apoyo emocional que facilita el cambio. Esto incluye: escucha activa, normalización de experiencias, validación emocional, acompañamiento en momentos difíciles (por ejemplo, el día del alta después de una larga hospitalización), y apoyo en la construcción de esperanza.

10.4. Intervención en situaciones de crisis social

El trabajador social en salud mental frecuentemente se enfrenta a crisis sociales: pérdida repentina de vivienda, pérdida de empleo, ruptura familiar, activación de violencia. El TS debe tener capacidad de respuesta rápida y conocimiento de recursos de emergencia. Esto puede incluir: activación de servicios sociales de emergencia, coordinación con servicios de acogida, apoyo legal en situaciones de conflicto, o simplemente presencia del profesional que ayuda a «contener» la crisis.

11. REINSERCIÓN SOCIAL Y FAISEM

11.1. La reinserción social como eje de la recuperación

La reinserción social es un concepto central en salud mental moderna. No se trata simplemente de «volver a la situación anterior a la enfermedad» sino de construir una vida significativa con los síntomas y limitaciones que la enfermedad impone. El modelo de recuperación (recovery model) entiende la reinserción social como un proceso gradual de reintegración en roles valorados: trabajador, estudiante, miembro de familia, ciudadano, persona que contribuye.

La reinserción social abarca múltiples dimensiones: ocupacional (empleo o actividad significativa), educativa (retorno a estudios si aplica), residencial (acceso a vivienda), relacional (reconstrucción o mantenimiento de vínculos), comunitaria (participación en espacios de comunidad), y político-civil (ejercicio de derechos ciudadanos).

11.2. FAISEM: Fundación Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental

FAISEM (Tema 76 del temario) es una entidad de referencia fundamental en Andalucía para la reinserción social. Se trata de una Fundación Pública Andaluza, vinculada a la Consejería de Salud, cuya misión específica es la prevención de la marginación y el apoyo a la integración social y laboral de personas que padecen enfermedades psíquicas.

Pregunta frecuente de examen: El examen 2025 (pregunta 96) preguntó qué ente tiene encomendada la función de «prevención de la marginación y apoyo a la integración social y laboral de personas con enfermedades psíquicas». La respuesta correcta fue: «FAISEM (Fundación Pública Andaluza para la integración social de personas con enfermedad mental)». Es importante diferenciar FAISEM de las USMC: ambas atienden a personas con enfermedad mental, pero FAISEM se especializa en la integración social, mientras que las USMC se centran en el tratamiento de los síntomas.

11.3. Funciones y estructura de FAISEM

Según sus Estatutos, FAISEM desarrolla las siguientes funciones principales:

  • Programas de empleo con apoyo y ocupación: Facilitación del acceso a empleo ordinario con seguimiento y apoyo continuado (IPS), empleo protegido en enclaves laborales, y actividades ocupacionales.
  • Vivienda y alojamiento: Desarrollo de pisos tutelados, viviendas con apoyo, y recursos de acogida para personas en situación de exclusión.
  • Actividades de tiempo libre y participación comunitaria: Talleres, grupos de ocio, actividades culturales que facilitan la integración en comunidad y reducción del aislamiento.
  • Formación y educación: Programas formativos para mejorar habilidades de employabilidad, educación continua, y capacitación digital.
  • Atención a familias: Asesoramiento, apoyo psicoeducativo, y en algunos casos mediación familiar.
  • Reducción del estigma: Programas de sensibilización, encuentros de personas usuarias con la comunidad, advocacy por derechos.

11.4. Beneficiarios de FAISEM

Según sus Estatutos, pueden ser beneficiarios de FAISEM:

Esta definición es amplia e incluye: personas diagnosticadas actualmente, personas que han sufrido enfermedad mental aunque ya no tengan síntomas activos, personas en riesgo de desarrollar comorbilidad o marginación, y también ONGs y asociaciones que trabajan con este colectivo.

11.5. Coordinación del trabajador social sanitario con FAISEM

El trabajador social en salud mental debe mantener coordinación activa con FAISEM. Esto incluye: derivación a FAISEM cuando la persona requiere intervención en empleo con apoyo, vivienda, o actividades ocupacionales; participación en mesas de coordinación sanitaria-FAISEM; seguimiento de personas derivadas; e intercambio de información sobre resultados (empleo conseguido, vivienda accedida, etc.).

Es importante entender que FAISEM no es una alternativa a la intervención clínica sino un complemento necesario. Una persona puede estar en tratamiento en la USMC y simultáneamente participar en un programa de empleo con apoyo de FAISEM. La coordinación entre ambos servicios es crucial para la coherencia de la intervención.

12. IDEAS CLAVE PARA EL REPASO

  • El trabajador social en salud mental es corresponsable de la meta de «integración social», no solo complementario a la intervención clínica.
  • La problemática social de la persona con enfermedad mental es tanto causa como consecuencia de los síntomas; debe abordarse con la misma intensidad que la clínica.
  • El Decreto 77/2008 establece explícitamente que los servicios de salud mental deben «garantizar la continuidad y coordinación con dispositivos no sanitarios».
  • La coordinación intra-institucional (dentro del sistema sanitario) es responsabilidad del TS; la coordinación inter-institucional (entre sistemas) también.
  • DIRAYA es la herramienta fundamental de coordinación: la historia social en DIRAYA es accesible a todos los profesionales autorizados.
  • La Estrategia Andaluza de Coordinación Sociosanitaria 2024-2027 es obligatoria para cualquier TS en Andalucía; apuesta específicamente por fortalecer el TS en Atención Primaria.
  • El PESMAA define los objetivos estratégicos de salud mental; muchos indicadores del PESMAA dependen de la efectividad del trabajo social (empleo, vivienda, satisfacción).
  • La intervención del TS sigue el método básico: estudio, diagnóstico social, planificación, ejecución, evaluación.
  • FAISEM es especialista en integración social y empleo; coordinación activa es necesaria pero no implica derivar toda la responsabilidad social a FAISEM.
  • La recuperación (recovery model) es la meta: personas pueden tener vidas significativas incluso con síntomas persistentes; el TS facilita esta visión.
  • Ante una persona con problema de salud mental, el TS debe preguntar siempre: ¿tiene vivienda resuelta? ¿tiene actividad ocupacional? ¿está socialmente aislada? ¿accede a derechos? Las respuestas guían la priorización de intervención.

13. MAPA CONCEPTUAL DEL TEMA

TEMA 70: FUNCIONES DEL TRABAJADOR SOCIAL EN SALUD MENTAL

├── MARCO NORMATIVO Y CONTEXTO
│ ├─ Ley General de Sanidad (art. 20)
│ ├─ Decreto 77/2008 (objetivos de coordinación)
│ ├─ Reforma psiquiátrica andaluza
│ └─ Modelo biopsicosocial

├── ESTRUCTURA DE SERVICIOS
│ ├─ USMC (comunitaria)
│ ├─ Hospitalización
│ ├─ Hospital de día
│ ├─ USMIJ (infanto-juvenil)
│ ├─ ETIC (comunitario intensivo)
│ ├─ Comunidades terapéuticas
│ └─ UTCA (adicciones)

├── FUNCIONES DEL TRABAJADOR SOCIAL
│ ├─ Atención directa
│ │ ├─ Valoración social integral
│ │ ├─ Apoyo psicosocial
│ │ └─ Acompañamiento en crisis
│ ├─ Coordinación intra-institucional
│ │ ├─ Dentro de la unidad (equipo)
│ │ └─ Entre niveles (internivel)
│ ├─ Coordinación inter-institucional
│ │ ├─ Servicios sociales
│ │ ├─ Empleo y ocupación
│ │ ├─ Vivienda
│ │ ├─ Educación
│ │ └─ Justicia
│ ├─ Investigación y evaluación
│ └─ Docencia

├── PROBLEMÁTICA SOCIAL
│ ├─ Desempleo / exclusión laboral
│ ├─ Sinhogarismo / vivienda inadecuada
│ ├─ Aislamiento social
│ ├─ Comorbilidad adictiva
│ ├─ Estigma y discriminación
│ ├─ Problemas legales / capacidad jurídica
│ └─ Falta de acceso a derechos

├── COORDINACIÓN SOCIOSANITARIA
│ ├─ Estrategia Andaluza 2024-2027
│ ├─ Líneas: Gobernanza, Información, Cartera, Procesos
│ ├─ Acción 3.12: Impulsar TS en Atención Primaria
│ └─ Desafíos: Interoperabilidad, formación, cultura

├── PESMAA (Plan Estratégico de Salud Mental)
│ ├─ Líneas de promoción y prevención
│ ├─ Atención comunitaria
│ ├─ Rehabilitación e inclusión social ← Rol central del TS
│ ├─ Coordinación intersectorial
│ └─ Indicadores: empleo, vivienda, continuidad, estigma

├── MÉTODO DE INTERVENCIÓN
│ ├─ Fase 1: Estudio y anamnesis social
│ ├─ Fase 2: Diagnóstico social
│ ├─ Fase 3: Planificación participativa
│ ├─ Fase 4: Ejecución de intervención
│ └─ Fase 5: Evaluación y ajuste

└── REINSERCIÓN E INTEGRACIÓN SOCIAL
├─ Modelo de recuperación (recovery model)
├─ Dimensiones: ocupacional, residencial, relacional, comunitaria
├─ FAISEM: especialista en integración social
├─ Coordinación TS sanitario ↔ FAISEM
└─ Meta: vida significativa con la enfermedad

14. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS

  • Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad. Artículo 20, dedicado a la atención a la salud mental y su enfoque comunitario.
  • Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública. Marco general de salud pública en España.
  • Ley 2/1998, de 15 de junio, de Salud de Andalucía. Principios y estructura del sistema sanitario andaluz.
  • Decreto 77/2008, de 4 de marzo, de ordenación administrativa y funcional de los servicios de Salud Mental en el ámbito del Servicio Andaluz de Salud. Ordenación de los dispositivos de salud mental en Andalucía. Objetivos generales en su artículo 2.
  • Resolución de 1 de agosto de 2024, de la Consejería de Salud y Familias, por la que se aprueban y publican los nuevos programas de materias que han de regir las pruebas selectivas de acceso para la categoría de Trabajador/a Social en el Servicio Andaluz de Salud. Temario oficial en el que se inscribe este tema.
  • I Estrategia Andaluza para la Coordinación Sociosanitaria 2024-2027. Documento de referencia obligatoria para la coordinación entre sistemas sanitario y social en Andalucía. Define líneas estratégicas y acciones concretas.
  • Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones de Andalucía (PESMAA). Plan que ordena la política de salud mental en Andalucía. Incluye objetivos, líneas estratégicas e indicadores de resultado.
  • Estatutos de la Fundación Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental (FAISEM). Define beneficiarios, funciones y estructura de FAISEM.
  • Ley 9/2016, de 27 de diciembre, de Servicios Sociales de Andalucía. Ordenación del sistema de servicios sociales con el que el TS sanitario debe coordinar.
  • Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. Regulación de la atención a la dependencia; marcos de coordinación sanitaria-social.
  • Procesos Asistenciales Integrados de Salud Mental (2ª ed., 2020). Documentos que definen los procesos clínicos integrados para problemas de salud mental frecuentes, incluyendo funciones del trabajador social.
  • Protocolo de atención sanitaria ante la violencia de género. Marco de actuación del TS ante casos de violencia con afectación en salud mental.
  • Código Deontológico del Trabajo Social en España. Marco ético-profesional que guía la intervención del trabajador social, incluyendo principios de respeto, secreto profesional y responsabilidad social.
  • Colegio Profesional de Trabajadores Sociales de Andalucía. Documentos de orientación sobre estándares de práctica y coordinación intersectorial.
  • Comisión de Coordinación Sociosanitaria (espacios de coordinación formal). Foros donde se toman decisiones y acuerdos de coordinación entre sistemas sanitario y social.
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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el agosto 5, 2026.