Tema 39. Proceso y atención a personas con ansiedad, depresión y somatizaciones. Valoración y cuidados de enfermería. Proceso y atención a las personas con trastorno de la conducta alimentaria. Valoración y cuidados de enfermería.

55 min agosto 9, 2026 Media Nuevo

Escucha, compañero/a, este es uno de esos temas que parece «menor» en el temario, pero que en realidad es oro puro para el examen . ¿Por qué? Porque conecta tres áreas fundamentales que caen SIEMPRE:

Tema 39. Proceso y atención a personas con ansiedad, depresión y somatizaciones. Valoración y cuidados de enfermería. Proceso y atención a las personas con trastorno de la conducta alimentaria. Valoración y cuidados de enfermería.

Valoración integral, cuidados enfermeros, prevención del suicidio y abordaje actualizado de los trastornos emocionales y de la conducta alimentaria en el SSPA
Oposición: Enfermero/a – Servicio Andaluz de Salud (SAS)
Bloque: Temario Específico | Última actualización: Agosto 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN Y MARCO CLÍNICO ACTUAL

La ansiedad, la depresión, los síntomas somáticos persistentes y los trastornos de la conducta alimentaria constituyen problemas clínicos de enorme relevancia para Enfermería porque afectan simultáneamente a la esfera emocional, cognitiva, conductual, relacional y física. Su atención no puede reducirse a identificar un diagnóstico psiquiátrico. La enfermera valora cómo se alimenta la persona, cómo duerme, qué capacidad conserva para las actividades de la vida diaria, cómo utiliza la medicación, qué apoyos tiene, qué riesgos presenta, qué significado atribuye a sus síntomas y qué grado de autonomía mantiene para afrontar su situación.

Desde la perspectiva asistencial, estos procesos comparten varias características. En primer lugar, son frecuentes en Atención Primaria y pueden coexistir con enfermedades físicas. En segundo lugar, la gravedad no siempre es visible externamente: una persona con depresión puede mantener una apariencia aparentemente funcional mientras presenta ideación suicida; una persona con bulimia nerviosa puede tener un peso situado dentro del intervalo considerado normal; y una persona con un trastorno de síntomas somáticos puede padecer simultáneamente una enfermedad orgánica real. En tercer lugar, el cuidado eficaz exige evitar dos extremos: medicalizar de forma automática todo sufrimiento emocional y, en sentido contrario, atribuir prematuramente a causas psicológicas síntomas que requieren estudio clínico.

El modelo actual es biopsicosocial, centrado en la persona y orientado a la recuperación. Esto obliga a integrar síntomas, funcionamiento, circunstancias vitales, vulnerabilidades, recursos personales, entorno familiar, determinantes sociales, consumo de sustancias, seguridad y preferencias del paciente. La relación terapéutica constituye una herramienta clínica: escuchar, validar, formular preguntas directas, ofrecer información comprensible y construir objetivos compartidos no son simples habilidades de cortesía, sino intervenciones que condicionan la adherencia y los resultados.

Principio que ordena todo el tema: la gravedad en salud mental no se determina exclusivamente por el nombre del diagnóstico ni por una escala. Deben valorarse repercusión funcional, evolución, comorbilidad, riesgo para la vida, apoyo social, capacidad de autocuidado y respuesta a intervenciones anteriores.

En Andalucía existe una peculiaridad especialmente importante para la oposición. El Proceso Asistencial Integrado Ansiedad, Depresión y Somatizaciones disponible en la Junta de Andalucía continúa correspondiendo a su segunda edición de 2011, mientras que el PAI Trastornos de la Conducta Alimentaria es de 2018. Ambos siguen apareciendo en los recursos oficiales del SSPA y continúan siendo relevantes para conocer circuitos, coordinación y cartera de servicios. Sin embargo, determinadas expresiones nosológicas de esos documentos reflejan la fecha en que fueron redactados y no deben memorizarse como si fueran criterios diagnósticos internacionales de 2026.

Un ejemplo esencial es la anorexia nerviosa. Documentos históricos y parte del material preparatorio antiguo todavía asocian el diagnóstico a una cifra fija de IMC o presentan la amenorrea como requisito. La ausencia de menstruación ya no es un criterio diagnóstico obligatorio en los sistemas diagnósticos contemporáneos, y tampoco debe utilizarse un único valor de IMC como prueba aislada para decidir si una persona tiene derecho a evaluación o tratamiento. La pérdida ponderal, su velocidad, la trayectoria previa de crecimiento o peso y, sobre todo, la repercusión médica y psicológica deben interpretarse en contexto.

Otro cambio conceptual afecta a las denominadas somatizaciones. En las clasificaciones modernas, el trastorno de síntomas somáticos no exige demostrar que cada síntoma carece de explicación médica. Una persona puede tener una enfermedad orgánica y, además, presentar pensamientos, preocupación o conductas desproporcionadas respecto de sus síntomas. La práctica segura consiste en hacer una evaluación médica proporcionada, identificar señales de alarma, validar el sufrimiento y evitar simultáneamente tanto la desatención de enfermedad física como la cascada de pruebas repetitivas sin indicación.

Cayó en el SAS 2025, turno libre, pregunta 44: el tribunal consideró correctas simultáneamente la inclusión de anorexia y bulimia dentro de los TCA, el uso de intervenciones psicoterapéuticas individuales, grupales o familiares y el soporte educativo para modificar hábitos alimentarios. La respuesta oficial fue la opción que agrupaba las tres afirmaciones. Actualización 2026: el núcleo conceptual continúa siendo válido; el tratamiento de los TCA sigue siendo multidisciplinar y no se limita a recuperar peso.

El actual marco estratégico andaluz también ha cambiado. Desde mayo de 2026, el instrumento autonómico de referencia es el I Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones de Andalucía, PESMA-A 2026-2029. Por tanto, el III Plan Integral de Salud Mental de Andalucía 2016-2020, que todavía puede aparecer enlazado desde páginas antiguas de los PAI, debe estudiarse como antecedente histórico y no como el plan estratégico vigente.

2. VALORACIÓN ENFERMERA Y PROCESO DE CUIDADOS EN SALUD MENTAL

El proceso enfermero proporciona una estructura sistemática para transformar la información clínica en cuidados individualizados. Sus fases de valoración, identificación de problemas o diagnósticos enfermeros, planificación, ejecución y evaluación no cambian por tratarse de salud mental, pero sí lo hace el peso relativo de determinados datos. La entrevista, la observación y la relación terapéutica tienen una importancia excepcional, y la información subjetiva aportada por la persona debe integrarse con datos objetivos, antecedentes, documentación clínica y, cuando esté indicado y sea legítimo, información procedente de familiares o personas cuidadoras.

2.1. Entrevista y examen del estado mental

La entrevista debe realizarse, siempre que la situación clínica lo permita, en un lugar que preserve privacidad, confidencialidad y seguridad. La enfermera se presenta, explica el propósito de la valoración y utiliza preguntas abiertas antes de pasar a aspectos más concretos. El objetivo no es realizar un interrogatorio, sino comprender qué le ocurre a la persona, desde cuándo, qué repercusión tiene y qué espera de la atención sanitaria.

El examen del estado mental se construye durante toda la interacción. Incluye, entre otros elementos:

  • Apariencia y conducta: higiene, vestido, contacto ocular, cooperación, inquietud, inhibición, movimientos anormales, agitación o enlentecimiento.
  • Nivel de conciencia y orientación: especialmente importante si existe confusión, intoxicación, deshidratación, alteraciones electrolíticas o patología neurológica.
  • Lenguaje: cantidad, velocidad, latencia de respuesta, volumen, coherencia y espontaneidad.
  • Estado de ánimo y afecto: distinguir lo que la persona refiere de lo que se observa; valorar reactividad, congruencia, rango y estabilidad.
  • Pensamiento: curso, velocidad y contenido; preocupaciones, culpa, desesperanza, ideas de muerte, obsesiones, ideas delirantes o preocupación patológica por enfermedad.
  • Percepción: alucinaciones u otras alteraciones perceptivas cuando el cuadro lo haga pertinente.
  • Cognición: atención, concentración, memoria y capacidad para comprender información y tomar decisiones.
  • Insight o conciencia de problema: relevante, por ejemplo, en TCA, donde puede existir minimización de la gravedad.
  • Juicio y control de impulsos: decisivos en la valoración de seguridad.

2.2. Valoración funcional y física

Enfermería no debe separar artificialmente salud mental y salud física. La valoración incorpora sueño y descanso, apetito, patrón alimentario, peso y cambios ponderales cuando sean pertinentes, eliminación, actividad, higiene, sexualidad, dolor, consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias, adherencia terapéutica, efectos adversos farmacológicos, capacidad para gestionar la medicación y riesgo de caídas o accidentes.

También se exploran actividades básicas e instrumentales, rendimiento laboral o académico, aislamiento, relaciones familiares, acontecimientos vitales recientes, violencia, sobrecarga cuidadora, situación económica, vivienda y red social. Dos pacientes con igual puntuación en una escala depresiva pueden necesitar planes muy diferentes si uno mantiene una red familiar sólida y el otro vive solo, ha dejado de comer y dispone de medios para hacerse daño.

2.3. Uso de escalas: utilidad y límites

Los instrumentos estandarizados ayudan a detectar síntomas, cuantificar cambios y mejorar la continuidad entre profesionales, pero no sustituyen a la entrevista ni realizan por sí solos un diagnóstico. La cartera de servicios del SAS relacionada con el PAI ADS contempla, cuando se considera necesario, instrumentos como GAD-7 o Hamilton para ansiedad y PHQ-9 para depresión, además de otras herramientas según el problema evaluado.

Las puntuaciones deben interpretarse en su contexto. Un resultado bajo no elimina necesariamente un riesgo clínico importante, y un resultado elevado requiere valoración, no etiquetado automático. Esta precaución es particularmente importante ante la conducta suicida: las recomendaciones contemporáneas desaconsejan utilizar puntuaciones o categorías globales de “riesgo bajo, medio o alto” como método para predecir quién se suicidará o para decidir por sí solas ingreso, tratamiento o alta.

Trampa frecuente: “utilizar una escala” no equivale a “delegar la decisión clínica en la escala”. Las herramientas complementan la valoración profesional; nunca sustituyen la formulación clínica, la entrevista ni la exploración de factores dinámicos y protectores.

2.4. Diagnósticos, resultados e intervenciones enfermeras

La valoración permite identificar respuestas humanas susceptibles de cuidados: ansiedad, deterioro del afrontamiento, alteración del sueño, aislamiento, baja autoestima, deterioro de la imagen corporal, problemas nutricionales, riesgo de lesión, manejo ineficaz de la salud o dificultades para gestionar el régimen terapéutico, entre otras. Debe individualizarse el plan y priorizar siempre los problemas que comprometan la vida o la seguridad.

Las clasificaciones NANDA-I, NOC y NIC proporcionan lenguaje normalizado y son útiles para planificación, documentación y evaluación. Sin embargo, los códigos y algunas etiquetas pueden modificarse entre ediciones. Por ello, un código reproducido en un examen antiguo no debe asumirse automáticamente como el vigente en la edición actual. Para una oposición es necesario distinguir el concepto clínico estable de la numeración taxonómica dependiente de edición.

Los resultados deben formularse de manera observable: reducción de intensidad de ansiedad, recuperación del patrón de sueño, mejora de ingesta, ausencia de conductas purgativas, utilización de estrategias de afrontamiento, aumento de participación en actividades, adherencia segura al tratamiento o capacidad para solicitar ayuda ante una crisis. La evaluación periódica permite confirmar progreso, reformular objetivos o intensificar la atención.

2.5. Comunicación terapéutica

La comunicación enfermera se basa en escucha activa, empatía, respeto, autenticidad, aceptación no enjuiciadora y límites profesionales claros. Conviene evitar respuestas que minimicen el sufrimiento, como “no tienes motivos para estar triste”, “todo está en tu cabeza” o “solo tienes que comer”. Tampoco son adecuadas las tranquilizaciones absolutas sobre una enfermedad física que no puede descartarse clínicamente.

Una intervención terapéutica eficaz suele seguir la secuencia de validar, explorar y colaborar: reconocer el malestar, explorar cómo afecta y acordar una actuación realista. En TCA y somatizaciones esta estrategia reduce las luchas de poder y favorece la adherencia.

2025, prueba aplazada, pregunta 45: el examen preguntó en qué situaciones contempla el PAI ADS una valoración enfermera específica. Se incluyeron riesgo relacionado con el uso de medicación, duelos con alta probabilidad de complicación, discapacidad, enfermedad crónica y aislamiento social; la respuesta oficial fue “todas”. Actualización: estos supuestos continúan apareciendo en la cartera de servicios del SAS consultable en 2026.

3. PROCESO Y ATENCIÓN A LAS PERSONAS CON ANSIEDAD

3.1. Ansiedad normal y trastorno de ansiedad

La ansiedad es una respuesta adaptativa ante la anticipación de una amenaza. Puede aumentar vigilancia y facilitar la preparación ante situaciones difíciles. Se vuelve clínicamente relevante cuando su intensidad, persistencia o generalización son desproporcionadas, produce sufrimiento significativo, genera conductas de evitación o interfiere con la vida cotidiana.

Conviene diferenciar miedo y ansiedad. El miedo se relaciona principalmente con una amenaza inmediata; la ansiedad se orienta más hacia la anticipación de un peligro futuro. Ambos fenómenos pueden coexistir y comparten respuestas autonómicas y conductuales.

Entre los trastornos que pueden presentarse con ansiedad se encuentran el trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico, agorafobia y fobias. Determinados cuadros de estrés, enfermedades médicas, intoxicaciones, abstinencias y efectos farmacológicos también pueden producir sintomatología ansiosa. Antes de asumir un origen exclusivamente psicológico deben considerarse diagnósticos diferenciales.

3.2. Manifestaciones clínicas

Dimensión Manifestaciones posibles Implicación enfermera
Cognitiva Preocupación, anticipación catastrófica, dificultad para concentrarse, sensación de pérdida de control Explorar contenido, desencadenantes, evitación y repercusión funcional
Emocional Inquietud, temor, irritabilidad, sensación de amenaza Validar sin reforzar interpretaciones catastróficas
Autonómica Palpitaciones, sudoración, temblor, sensación de falta de aire, molestias digestivas Descartar situaciones médicas urgentes cuando la clínica lo exija
Muscular Tensión, dolor cervical, cefalea, inquietud motora Entrenar relajación y estrategias de reducción de activación
Conductual Evitación, búsqueda repetida de seguridad, escape, consumo de sustancias Identificar conductas mantenedoras y alternativas adaptativas
Sueño Dificultad de conciliación, despertares, sueño no reparador Higiene del sueño y reducción de estimulantes

Un ataque de pánico es una aparición brusca de miedo o malestar intenso acompañada de síntomas físicos y cognitivos. Tener un ataque de pánico aislado no equivale automáticamente a padecer trastorno de pánico. Para este último se requiere una evaluación longitudinal que determine recurrencia, preocupación posterior y cambios conductuales.

3.3. Valoración enfermera

Además del examen mental general, la valoración debe precisar inicio, frecuencia, duración, desencadenantes, evitaciones, consumo de cafeína u otras sustancias, medicación, sueño, antecedentes y repercusión en la vida diaria. Ante síntomas como dolor torácico, síncope, disnea intensa, arritmia, alteración neurológica o inicio atípico, se prioriza la seguridad y la exclusión de causas orgánicas.

En personas con enfermedades crónicas, la ansiedad puede empeorar la percepción sintomática y la adherencia, pero esto no autoriza a atribuir automáticamente nuevas manifestaciones a ansiedad. El razonamiento clínico debe mantenerse abierto.

3.4. Cuidados durante una crisis de ansiedad intensa

Cuando la activación es muy elevada disminuye la capacidad de procesar información compleja. La enfermera debe reducir estímulos, mantener una presencia calmada, utilizar frases breves y claras y permanecer con la persona cuando sea necesario. Se explica lo que se está haciendo y se evitan discusiones extensas mientras persiste la máxima activación.

Puede guiarse una respiración lenta y cómoda, evitando respiraciones forzadamente profundas que favorezcan hiperventilación. También pueden utilizarse técnicas de orientación al presente o grounding, relajación muscular cuando la persona las conozca y focalización de la atención sobre estímulos concretos del entorno.

No utilizar la respiración dentro de una bolsa de papel como intervención rutinaria ante hiperventilación. Si la disnea o la hiperventilación tienen una causa médica, esta práctica puede resultar peligrosa. Primero debe valorarse la situación clínica.

3.5. Intervenciones a medio y largo plazo

La psicoeducación ayuda a entender el ciclo de ansiedad: percepción de amenaza, activación física, interpretación de las sensaciones, evitación y mantenimiento del problema. Enseñar este mecanismo permite que el paciente interprete las sensaciones corporales de forma menos catastrófica y participe activamente en el tratamiento.

Las intervenciones psicológicas basadas en terapia cognitivo-conductual y técnicas como la relajación aplicada cuentan con evidencia para el trastorno de ansiedad generalizada. En cuadros menos complejos pueden emplearse intervenciones de menor intensidad, educación estructurada y autoayuda guiada. La elección depende de gravedad, preferencias, disponibilidad y respuesta previa.

Cuando se prescribe tratamiento farmacológico, los antidepresivos, particularmente determinados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, constituyen una opción frecuente en los trastornos de ansiedad. Las benzodiacepinas no deben convertirse en tratamiento crónico rutinario del TAG: pueden producir sedación, deterioro psicomotor, caídas, tolerancia, dependencia y síndrome de retirada. Las recomendaciones contemporáneas reservan su utilización, cuando procede, para periodos breves y situaciones concretas de crisis.

Enfermería controla adherencia, respuesta, somnolencia, riesgo de caídas, consumo concomitante de alcohol u otros depresores, automedicación y dificultades para retirar medicación. También trabaja ejercicio físico adaptado, higiene del sueño, estructuración de actividades, reducción de estimulantes y estrategias de afrontamiento.

Ansiedad no significa ausencia de enfermedad física. La primera crisis intensa, la presentación atípica o los síntomas con signos de alarma exigen una valoración clínica adecuada. “Es ansiedad” es una conclusión diagnóstica, no un punto de partida.

4. PROCESO Y ATENCIÓN A LAS PERSONAS CON DEPRESIÓN

4.1. Concepto clínico

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que afecta emoción, pensamiento, conducta, actividad física, sueño, apetito, motivación y capacidad de experimentar placer. No debe confundirse con una reacción transitoria de tristeza. El diagnóstico clínico exige considerar intensidad, duración, número de síntomas, deterioro funcional, contexto y exclusión de otras explicaciones.

Los síntomas nucleares incluyen ánimo depresivo y pérdida de interés o placer. Pueden coexistir cambios de apetito o peso, insomnio o hipersomnia, enlentecimiento o agitación psicomotora, fatiga, sentimientos de inutilidad o culpa, dificultad para concentrarse, indecisión y pensamientos de muerte o suicidio.

La presentación varía según edad, contexto y comorbilidad. Algunas personas consultan fundamentalmente por cansancio, insomnio, dolor o síntomas digestivos. En personas mayores pueden destacar apatía, deterioro funcional o quejas cognitivas. En adolescentes puede existir irritabilidad. La enfermera debe evitar estereotipos y valorar el cambio respecto del funcionamiento habitual.

4.2. Diagnóstico diferencial y bipolaridad

Antes de considerar un cuadro como depresión unipolar es importante explorar antecedentes de episodios de elevación o irritabilidad patológica del ánimo, disminución de necesidad de sueño, aumento anormal de actividad, impulsividad o conducta de riesgo compatibles con manía o hipomanía. Confundir una depresión bipolar con depresión unipolar puede modificar de forma importante las decisiones terapéuticas.

Deben considerarse también duelo, consumo de sustancias, efectos de medicamentos, hipotiroidismo, anemia, procesos neurológicos y otras enfermedades que puedan contribuir a la sintomatología. La coexistencia de una enfermedad física no invalida el diagnóstico de depresión.

4.3. Valoración enfermera

La enfermera evalúa intensidad del ánimo depresivo, anhedonia, energía, sueño, alimentación, peso, autocuidado, concentración, capacidad para trabajar o estudiar, aislamiento, relaciones, sentimientos de culpa y esperanza respecto al futuro. Se pregunta directamente por ideas de muerte, autolesión y suicidio cuando esté indicado; evitar el tema por miedo a “dar ideas” constituye una práctica insegura.

Debe revisarse la medicación prescrita, cumplimiento, efectos secundarios, consumo de alcohol y otras sustancias y capacidad para manejar el tratamiento. También se identifican factores sociales que puedan perpetuar el problema: violencia, soledad, desempleo, precariedad, sobrecarga cuidadora, conflictos familiares o ausencia de vivienda estable.

4.4. Cuidados de enfermería

La comunicación terapéutica con una persona deprimida requiere paciencia. El enlentecimiento psicomotor y cognitivo puede aumentar la latencia de respuesta, por lo que no conviene llenar inmediatamente cada silencio. Las preguntas deben ser claras y la información puede necesitar repetirse. Se evitan mensajes culpabilizadores o exhortaciones simplistas como “anímate”.

Cuando existe deterioro funcional se priorizan objetivos pequeños y alcanzables. Una persona que ha abandonado higiene, alimentación y actividad puede beneficiarse inicialmente de una rutina básica antes de plantear objetivos complejos. La activación conductual busca aumentar progresivamente actividades con sentido y reducir el patrón de inactividad y aislamiento que mantiene el estado depresivo.

  • Facilitar higiene, vestido y autocuidado sin sustituir innecesariamente las capacidades conservadas.
  • Organizar horarios realistas de sueño, comidas y actividad.
  • Favorecer contacto social de forma progresiva, respetando tolerancia y preferencias.
  • Detectar reducción marcada de ingesta o hidratación.
  • Promover ejercicio adaptado y exposición a actividades significativas cuando esté indicado.
  • Reforzar logros concretos sin recurrir a elogios artificiales.
  • Facilitar participación en la elección del tratamiento.
  • Trabajar con la familia, con consentimiento y respetando confidencialidad, para reducir estigma y mejorar apoyo.

4.5. Tratamiento y vigilancia enfermera

El tratamiento se individualiza según gravedad, preferencias, tratamientos previos, comorbilidad y disponibilidad. Las intervenciones psicológicas incluyen, entre otras, terapia cognitivo-conductual, activación conductual y otras psicoterapias estructuradas. En determinados cuadros están indicados antidepresivos o la combinación de tratamiento psicológico y farmacológico.

La enfermera explica que la respuesta antidepresiva no es inmediata, favorece adherencia y monitoriza efectos adversos. Es particularmente importante vigilar cambios de agitación, ansiedad, sueño e ideación suicida durante las primeras fases del tratamiento y en pacientes con riesgo aumentado. Un aumento inicial de energía antes de la mejoría completa del ánimo puede modificar la capacidad para actuar sobre ideas suicidas, por lo que la evolución clínica debe valorarse y no inferirse únicamente por apariencia.

4.6. Terapia electroconvulsiva

La terapia electroconvulsiva puede considerarse en depresión grave cuando se necesita una respuesta rápida por riesgo clínico, cuando otros tratamientos no han sido eficaces o en determinadas situaciones en que resulta la opción más adecuada tras valorar beneficios, riesgos y preferencias. La TEC moderna se realiza bajo anestesia general breve y relajación neuromuscular, con monitorización y participación de un equipo entrenado.

Enfermería participa en la preparación conforme al protocolo anestésico, verificación de seguridad, monitorización, cuidados postprocedimiento, vigilancia de vía aérea y constantes, recuperación de la orientación y valoración de efectos como cefalea, náuseas, confusión transitoria o alteraciones de memoria.

Pregunta histórica sobre TEC: un examen anterior aceptó como correcta una opción global que incluía depresión grave, anestesia y equipo multidisciplinar, pero una de sus frases calificaba la TEC como “técnica quirúrgica”. Actualización: no memorices “TEC = cirugía”. Es un procedimiento terapéutico médico realizado bajo anestesia general y monitorización; la indicación en determinadas depresiones graves sí continúa vigente.

5. VALORACIÓN Y CUIDADOS ANTE CONDUCTA SUICIDA Y AUTOLESIONES

La prevención del suicidio es una prioridad transversal. La conducta suicida no pertenece exclusivamente a la depresión: puede aparecer asociada a otros trastornos mentales, TCA, consumo de sustancias, dolor crónico, enfermedad física, crisis vitales o situaciones sociales extremas. Por ello, la valoración debe activarse siempre que existan indicios clínicos, independientemente del diagnóstico principal.

5.1. Preguntar directamente

Preguntar de manera clara y respetuosa por suicidio no induce la conducta suicida. Al contrario, permite identificar riesgo, reducir aislamiento y abrir una vía de ayuda. Las preguntas pueden progresar desde pensamientos de muerte hacia ideación suicida, intención, planificación y acceso a medios.

La entrevista debe explorar:

  • Ideas de muerte y frecuencia.
  • Ideación suicida actual o reciente.
  • Intención de actuar.
  • Existencia y grado de concreción de un plan.
  • Acceso a medios potencialmente letales.
  • Intentos y autolesiones previas, circunstancias y letalidad.
  • Desesperanza, agitación, impulsividad y cambios recientes.
  • Consumo de alcohol y otras sustancias.
  • Trastornos mentales y enfermedad física relevante.
  • Pérdidas, violencia, problemas legales, económicos o relacionales.
  • Apoyos, responsabilidades, creencias, proyectos y otros factores protectores.

5.2. La información no procede exclusivamente del paciente

La persona constituye la fuente central de la entrevista, pero no siempre puede o quiere comunicar toda la información. La negación de ideación no elimina automáticamente el riesgo. Cuando la situación lo requiera y dentro del marco legal y de confidencialidad aplicable, deben integrarse antecedentes documentados, observación clínica e información relevante procedente de familiares, cuidadores u otros profesionales.

SAS 2025, turno libre, pregunta 46: se preguntó cuál era la afirmación falsa en la valoración del riesgo suicida. La opción incorrecta sostenía que la información debía proceder exclusivamente del paciente. El examen consideró correctos el papel central de la entrevista, el registro en historia clínica y la valoración de intentos previos, sustancias, trastornos mentales, desesperanza, ansiedad y agitación. Actualización 2026: este contenido continúa plenamente vigente.

5.3. Escalas y formulación del riesgo

Las escalas pueden ayudar a estructurar la recogida de información o medir determinados constructos, pero su capacidad predictiva individual es limitada. Las recomendaciones actuales sobre autolesión insisten en que no debe utilizarse una puntuación para clasificar de forma global a una persona como de riesgo bajo, medio o alto y tomar sobre esa etiqueta decisiones de alta o tratamiento.

Es preferible realizar una formulación clínica del riesgo: qué factores predisponen, qué ha precipitado la crisis, qué factores mantienen el riesgo, qué puede cambiar en horas o días, qué protege a la persona y qué actuaciones son necesarias. La formulación es dinámica; una valoración realizada ayer puede no representar el riesgo de hoy.

Perla actual de examen: escala de riesgo suicida ≠ predicción individual de suicidio. Un resultado numérico nunca justifica por sí solo decir “riesgo bajo, alta a domicilio” ni sustituye la valoración clínica y psicosocial.

5.4. Actuación enfermera ante riesgo inmediato

Ante ideación con intención, planificación, acceso a medios, intento reciente o cualquier situación que sugiera peligro inmediato, la prioridad es la seguridad. La persona no debe quedar sin la supervisión que requiera su situación mientras se organiza la evaluación urgente. Se reduce el acceso a medios peligrosos de acuerdo con el entorno asistencial y se activa el circuito de atención urgente correspondiente.

La enfermera mantiene una actitud calmada y no moralizante, informa de los pasos que se van a realizar y documenta de manera precisa los hallazgos, fuentes de información, actuaciones, comunicaciones y plan de continuidad. La confidencialidad es fundamental, pero no debe interpretarse como obligación de permanecer pasivo ante un riesgo grave para la vida.

Cuando la situación permite manejo ambulatorio, el plan de seguridad puede incluir reconocimiento de señales personales de crisis, estrategias internas de afrontamiento, personas y lugares de apoyo, profesionales o dispositivos a los que recurrir y reducción de acceso a medios. Un simple “contrato de no suicidio” no sustituye este trabajo ni constituye una garantía de seguridad.

5.5. Seguimiento y continuidad

Tras una crisis, la continuidad es esencial. Debe asegurarse que la persona comprende el plan, dispone de acceso efectivo al seguimiento y conoce qué hacer si el riesgo aumenta. También se valoran adherencia, consumo de sustancias, entorno domiciliario y capacidad de los apoyos para colaborar sin asumir responsabilidades que corresponden a los servicios sanitarios.

OEP extraordinaria, cuadernillo 56042, pregunta 58: la opción válida indicaba que los factores sociales y ambientales deben considerarse al valorar riesgo suicida. Los distractores reproducían mitos como que hablar del suicidio lo provoca o que quien verbaliza intención nunca lo realiza. Actualización: esos distractores siguen siendo falsos y potencialmente peligrosos.

En el plano estratégico, España dispone del Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027, y Andalucía integra la reducción de las conductas suicidas dentro del PESMA-A 2026-2029. Esto refuerza la necesidad de detección precoz, coordinación, continuidad y abordaje de factores sociales, no únicamente de síntomas psiquiátricos.

6. PROCESO Y ATENCIÓN A LAS PERSONAS CON SOMATIZACIONES

6.1. Del concepto clásico al enfoque actual

El término “somatización” se ha utilizado para describir la expresión de malestar psicológico mediante síntomas físicos, pero la conceptualización diagnóstica contemporánea es más cuidadosa. El trastorno de síntomas somáticos se caracteriza por uno o más síntomas físicos que producen malestar o deterioro relevante asociados a pensamientos, ansiedad o conductas excesivas relacionadas con esos síntomas o con la salud.

La clave actual es que no se exige que el síntoma sea médicamente inexplicable. El paciente puede tener una enfermedad orgánica real. Lo patológico reside en la desproporción y persistencia de la preocupación, tiempo, energía o conducta asociada, siempre tras una evaluación clínica adecuada.

Actualización imprescindible: el material antiguo que define somatización como “síntomas físicos sin causa orgánica” es insuficiente para la práctica actual. Tampoco debe interpretarse un diagnóstico de trastorno de síntomas somáticos como demostración de que el síntoma es imaginario.

6.2. Diferencias con otros cuadros

Situación Rasgo principal Clave diferencial
Trastorno de síntomas somáticos Síntomas físicos con preocupación o conductas excesivas El síntoma puede tener o no enfermedad médica asociada
Trastorno de ansiedad por enfermedad Preocupación intensa por padecer o adquirir una enfermedad Los síntomas somáticos son ausentes o relativamente leves
Trastorno neurológico funcional Síntomas motores o sensitivos incompatibles con patrones neurológicos reconocidos Requiere diagnóstico positivo basado en hallazgos clínicos, no solo pruebas normales
Trastorno facticio Producción o falsificación intencionada para asumir el papel de enfermo Existe engaño deliberado, sin el beneficio externo típico de simulación
Simulación Producción intencional de síntomas Persigue un incentivo externo identificable

Estas distinciones tienen implicaciones éticas. Una persona con trastorno de síntomas somáticos no finge. Tratarla como simuladora destruye la alianza terapéutica y puede retrasar la detección de patología física posterior.

6.3. Valoración enfermera

Se exploran características del síntoma, cronología, factores que lo agravan o alivian, repercusión funcional, consultas y pruebas previas, medicación, automedicación, interpretación que hace la persona, temor asociado, conductas de comprobación, búsqueda de seguridad y uso de servicios sanitarios. También se valoran ansiedad, depresión, trauma, estrés, sueño y circunstancias sociales.

En cada contacto deben reconsiderarse las señales de alarma correspondientes al síntoma. El antecedente de somatización nunca autoriza a ignorar un nuevo dolor torácico, pérdida de peso inexplicada, déficit neurológico, hemorragia, fiebre persistente u otro hallazgo clínicamente relevante.

6.4. Cuidados de enfermería

La primera intervención es validar: “veo que estos síntomas te están afectando mucho” resulta terapéuticamente muy diferente de “no tienes nada”. Validar no significa confirmar una enfermedad no demostrada, sino reconocer el sufrimiento.

Una estrategia eficaz consiste en centrar progresivamente el seguimiento en funcionamiento y autocuidado, no únicamente en la desaparición completa de cada sensación corporal. Pueden acordarse revisiones programadas, evitando que la única vía de contacto con el sistema sea la aparición de una nueva crisis. La coordinación entre profesionales reduce pruebas duplicadas, mensajes contradictorios e iatrogenia.

  • Favorecer un profesional o equipo de referencia y continuidad.
  • Revisar medicación y riesgo de automedicación.
  • Establecer objetivos funcionales graduales.
  • Identificar relación entre estrés y exacerbación sin afirmar que el síntoma es imaginario.
  • Entrenar técnicas de afrontamiento y regulación de activación.
  • Tratar adecuadamente ansiedad o depresión comórbidas.
  • Evitar reforzar indirectamente conductas de dependencia o incapacidad innecesarias.
  • Realizar educación sobre signos que sí requieren nueva valoración médica.

La psicoterapia, especialmente enfoques cognitivo-conductuales en los casos indicados, puede ayudar a modificar interpretaciones, conductas de comprobación y evitación. La farmacoterapia se dirige a problemas clínicos concretos y comorbilidades; no existe una “pastilla para demostrar que el síntoma era psicológico”.

PAI ADS y actualización: el PAI andaluz de 2011 utiliza terminología de CIE-10 y expresiones propias de la época, como trastornos somatomorfos o síntomas no relacionados con enfermedad orgánica. Para una pregunta literal sobre el PAI debes reconocer esa terminología; para una pregunta clínica actual, no exijas que todo síntoma sea “médicamente inexplicado” para comprender el trastorno de síntomas somáticos.

7. TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA: CONCEPTO, CLASIFICACIÓN Y DETECCIÓN

Los trastornos de la conducta alimentaria son trastornos mentales caracterizados por alteraciones persistentes de la alimentación o de conductas relacionadas con ella que deterioran la salud física o el funcionamiento psicosocial. Su etiología es multifactorial: intervienen vulnerabilidad biológica, factores psicológicos, familiares, sociales y culturales. Reducirlos a “querer estar delgado” es una simplificación que dificulta la detección y aumenta el estigma.

Pueden afectar a personas de cualquier sexo, edad, origen y tamaño corporal. La apariencia externa no permite descartar un TCA. Esta idea es particularmente importante en bulimia, trastorno por atracón y presentaciones restrictivas en personas que han perdido una cantidad clínicamente importante de peso pero aún conservan un IMC aparentemente normal.

7.1. Principales categorías

Para el nivel de oposición deben conocerse, al menos:

  • Anorexia nerviosa: restricción energética que conduce a un peso significativamente bajo en el contexto individual, acompañada de miedo intenso a ganar peso o conductas persistentes que interfieren con la ganancia ponderal y alteración en la forma de experimentar peso o figura o en el reconocimiento de la gravedad.
  • Bulimia nerviosa: episodios recurrentes de atracón con pérdida de control seguidos de conductas compensatorias inapropiadas recurrentes y excesiva influencia del peso o la figura en la autoevaluación.
  • Trastorno por atracón: atracones recurrentes con pérdida de control y malestar, sin las conductas compensatorias recurrentes características de la bulimia.
  • Trastorno evitativo/restrictivo de la ingesta de alimentos: restricción o evitación por falta de interés, características sensoriales o temor a consecuencias adversas, sin que la motivación principal sea adelgazar o modificar la figura.
  • Otros trastornos alimentarios especificados o no especificados: presentaciones clínicamente relevantes que no cumplen todos los criterios de los cuadros anteriores.

7.2. Señales de sospecha

La detección debe basarse en un conjunto de señales, no en el IMC aislado:

  • Pérdida o fluctuaciones de peso, especialmente si son rápidas.
  • Restricción progresiva, eliminación de grupos completos de alimentos o rituales rígidos.
  • Episodios de ingesta con pérdida de control.
  • Vómitos provocados o abuso de laxantes, diuréticos u otros productos.
  • Ejercicio compulsivo o realizado pese a lesión, enfermedad o contraindicación.
  • Visitas al baño inmediatamente después de comer.
  • Preocupación intensa por peso, figura, calorías o composición de alimentos.
  • Evitar comer con otras personas.
  • Mareo, síncope, fatiga, intolerancia al frío, alteraciones menstruales o sexuales.
  • Erosión dental, hipertrofia parotídea o lesiones en nudillos asociadas a vómitos repetidos.
  • Cambio de rendimiento académico, aislamiento, irritabilidad, ansiedad o síntomas depresivos.

7.3. Cribado

El cuestionario SCOFF puede utilizarse como ayuda para detectar posibles TCA, pero un resultado negativo no excluye el diagnóstico. La entrevista clínica, la evolución ponderal y la evaluación de conductas alimentarias son esenciales. El PAI TCA andaluz contempla además instrumentos específicos según edad, pero la decisión de derivación no debe descansar únicamente en un cuestionario.

Regla de seguridad: no utilizar exclusivamente IMC, duración de la enfermedad o una puntuación de cribado para decidir si se ofrece tratamiento. La inestabilidad médica y la gravedad psicológica pueden existir con pesos muy diferentes.
SAS 2025, turno libre, pregunta 44: confirmó que anorexia y bulimia son TCA, que el tratamiento puede incorporar psicoterapia individual, grupal o familiar y que Enfermería participa en soporte educativo para modificar hábitos alimentarios. Continúa actualizado.

8. ANOREXIA NERVIOSA

8.1. Elementos clínicos fundamentales

La anorexia nerviosa implica restricción persistente de la ingesta con peso significativamente bajo para las características de la persona, acompañada de miedo intenso a ganar peso o conductas que impiden recuperarlo y una alteración relevante en la valoración del peso, la figura corporal o la gravedad del bajo peso.

La expresión “peso significativamente bajo” exige contexto. En personas adultas se consideran indicadores antropométricos, pero en infancia y adolescencia deben analizarse edad, sexo, trayectoria de crecimiento y percentiles. Incluso en adultos, el IMC no describe por sí solo velocidad de pérdida, composición corporal, alteraciones electrolíticas, cardiovascularidad o riesgo suicida.

No memorices “anorexia = IMC ≤17,5 + amenorrea”. Esa fórmula procede de criterios históricos. La amenorrea puede aparecer como consecuencia de desnutrición, pero no es requisito diagnóstico actual y excluiría injustificadamente a varones, personas premenárquicas, posmenopáusicas o personas que mantienen menstruación.

8.2. Presentaciones clínicas

Puede existir una presentación predominantemente restrictiva o coexistir episodios de atracón o purga. En cualquier modalidad deben investigarse ejercicio compulsivo, vómitos, laxantes, diuréticos, productos adelgazantes y manipulación del peso antes de controles.

La falta de conciencia de enfermedad puede ser marcada. El paciente puede interpretar la recuperación ponderal como una amenaza y experimentar ansiedad intensa ante las comidas. Por ello, la resistencia al tratamiento no debe entenderse como simple “mala conducta”; forma parte de la psicopatología y exige una combinación de alianza terapéutica, límites consistentes y decisiones de seguridad.

8.3. Repercusiones físicas

La malnutrición prolongada puede afectar prácticamente a todos los sistemas:

  • Cardiovascular: bradicardia, hipotensión, alteraciones ortostáticas, reducción de masa miocárdica y riesgo de arritmias, especialmente con alteraciones electrolíticas.
  • Termorregulación: hipotermia e intolerancia al frío.
  • Endocrino-reproductivo: alteraciones del eje gonadal, irregularidad o pérdida menstrual, reducción de hormonas sexuales y repercusión sobre salud ósea.
  • Óseo: disminución de densidad mineral ósea y mayor riesgo de fractura.
  • Digestivo: estreñimiento, plenitud precoz, retraso del vaciamiento y molestias abdominales.
  • Hematológico: citopenias en malnutrición avanzada.
  • Renal y metabólico: deshidratación, alteraciones de electrolitos y función renal.
  • Neuromuscular: debilidad, pérdida muscular y fatiga.
  • Cutáneo: piel seca, cabello frágil y lanugo en algunas personas.
  • Neuropsicológico: disminución de concentración, rigidez cognitiva, irritabilidad y empeoramiento del estado de ánimo.

La presencia de estos signos no debe esperarse para iniciar intervención. El tratamiento precoz mejora posibilidades de recuperación.

8.4. Valoración enfermera específica

Se documenta evolución del peso, pauta alimentaria, alimentos evitados, rituales, actividad física, episodios de atracón o purga, ingesta de líquidos, productos empleados para modificar peso y percepción corporal. Se valora frecuencia cardiaca, tensión arterial, temperatura, hidratación, signos de perfusión y cualquier síntoma de síncope, dolor torácico o debilidad intensa.

La entrevista debe explorar ansiedad ante la comida, grado de motivación, objetivos personales, aislamiento, funcionamiento académico o laboral, depresión, autolesiones y suicidio. La gravedad psicológica puede ser alta incluso cuando las alteraciones bioquímicas son discretas.

8.5. Tratamiento

El tratamiento integra rehabilitación nutricional, intervención psicológica y manejo de complicaciones médicas. La recuperación de la nutrición es indispensable, pero no constituye por sí sola la curación. Deben abordarse los patrones cognitivos, emocionales y conductuales que mantienen la enfermedad y favorecer recuperación social y funcional.

En población infantil y adolescente la participación familiar es especialmente relevante. En adultos existen distintas psicoterapias específicas para TCA. No debe ofrecerse medicación como tratamiento único de la anorexia nerviosa. Los fármacos pueden estar indicados por comorbilidades concretas, siempre valorando que la malnutrición puede modificar eficacia, tolerancia y riesgo cardiovascular.

Si la ingesta oral es insuficiente y la situación médica lo exige, puede necesitarse soporte nutricional enteral dentro de un plan especializado. La nutrición parenteral no constituye una estrategia rutinaria cuando el tubo digestivo es utilizable.

9. BULIMIA NERVIOSA, TRASTORNO POR ATRACÓN Y OTROS TCA

9.1. Bulimia nerviosa

El atracón combina dos elementos: ingesta de una cantidad anormalmente grande de alimentos en un periodo limitado y sensación de pérdida de control. En bulimia nerviosa estos episodios se acompañan de conductas compensatorias recurrentes para impedir el aumento de peso, como vómitos autoinducidos, ayuno, ejercicio excesivo o utilización inapropiada de determinados productos.

La autoestima se encuentra excesivamente influida por peso y figura. Una dificultad diagnóstica importante es que el peso puede encontrarse en un rango aparentemente normal. Por ello, la ausencia de bajo peso visible nunca excluye bulimia.

OEP extraordinaria, cuadernillo 56042, pregunta 65: la descripción de episodios compulsivos seguidos de culpa y conductas como vómitos, laxantes o ejercicio correspondía a bulimia. Actualización 2026: el elemento discriminante atracón + conductas compensatorias sigue siendo válido.

9.2. Complicaciones de las conductas purgativas

Los vómitos repetidos pueden ocasionar deshidratación, hipopotasemia y alteraciones ácido-base, con riesgo de arritmias. También pueden aparecer esofagitis, reflujo, erosión del esmalte dental, aumento de glándulas salivales y lesiones en nudillos por inducción manual del vómito. El abuso de laxantes puede ocasionar alteraciones hidroelectrolíticas y disfunción intestinal.

Enfermería debe explicar que las conductas purgativas no constituyen un método seguro ni eficaz de “compensar” el atracón y pueden causar complicaciones graves. La educación se realiza sin culpabilizar.

9.3. Trastorno por atracón

El trastorno por atracón presenta episodios recurrentes con pérdida de control y malestar clínicamente significativo, pero sin conductas compensatorias inapropiadas recurrentes. Esta ausencia es la diferencia clásica respecto de bulimia nerviosa.

Los episodios pueden acompañarse de comer con rapidez, hacerlo hasta sentirse desagradablemente lleno, ingerir sin hambre fisiológica, comer en solitario por vergüenza y experimentar culpa o malestar posteriormente. El peso corporal no define el trastorno.

El abordaje psicológico se centra en regular los episodios de atracón, establecer una alimentación estructurada, identificar desencadenantes y modificar cogniciones y conductas mantenedoras. Convertir inmediatamente el tratamiento en una intervención de adelgazamiento puede interferir con los objetivos específicos del TCA.

9.4. Trastorno evitativo/restrictivo de la ingesta

En este cuadro la evitación puede relacionarse con sensibilidad a textura, olor o aspecto del alimento, falta de interés por comer o temor a consecuencias como atragantamiento o vómito. Lo que lo diferencia de anorexia es que la restricción no está impulsada por una alteración de la imagen corporal o miedo a engordar. Puede causar pérdida de peso, deficiencias, necesidad de suplementos y deterioro psicosocial.

9.5. Comorbilidad

Los TCA pueden coexistir con depresión, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, trauma, consumo de sustancias, autolesiones y conducta suicida. Estas comorbilidades deben evaluarse activamente porque modifican el riesgo y el plan terapéutico.

También debe explorarse violencia, abuso, acoso, diversidad corporal, estigma, ejercicio compulsivo y uso problemático de redes sociales cuando resulte clínicamente relevante. La etiología nunca debe atribuirse a un único factor familiar o cultural.

10. VALORACIÓN INTEGRAL, RIESGO MÉDICO Y SÍNDROME DE REALIMENTACIÓN EN LOS TCA

10.1. Valoración física inicial

La evaluación de un TCA debe valorar simultáneamente riesgo psiquiátrico y riesgo médico. La exploración incluye como mínimo los parámetros clínicos necesarios para conocer repercusión nutricional y hemodinámica. En el PAI andaluz se concede especial importancia a peso, talla, frecuencia cardiaca, tensión arterial y temperatura, completando la exploración según presentación.

La trayectoria es tan importante como el valor actual. Una pérdida rápida desde un peso alto puede producir inestabilidad grave aunque el IMC final no parezca bajo. En menores debe interpretarse la desviación respecto de la curva de crecimiento.

Se interroga específicamente por:

  • Restricción y duración.
  • Velocidad y magnitud de cambios de peso.
  • Vómitos y frecuencia.
  • Laxantes, diuréticos y otros productos.
  • Atracones.
  • Ejercicio compulsivo.
  • Ingesta de líquidos.
  • Síncopes, palpitaciones y dolor torácico.
  • Debilidad, caídas o confusión.
  • Función gastrointestinal.
  • Alteraciones menstruales o endocrinas cuando proceda.
  • Medicamentos capaces de prolongar QT o modificar electrolitos.

10.2. Pruebas complementarias

Las exploraciones complementarias se adaptan a la situación y al protocolo. Pueden incluir hemograma, función renal y hepática, glucosa y electrolitos, y cuando existe riesgo de realimentación deben considerarse especialmente fósforo, potasio y magnesio. El electrocardiograma es relevante ante pérdida rápida, purgas, bradicardia, alteraciones electrolíticas, síncope, medicación de riesgo u otros datos clínicos que puedan comprometer función cardiaca.

2025, prueba aplazada, pregunta 44: la opción válida señalaba que la exploración física del PAI TCA se centra especialmente en peso, talla, IMC, frecuencia cardiaca, tensión arterial, temperatura, inspección bucal y exploración neurológica. Un distractor añadía de forma indiscriminada gasometría arterial y ecografía abdominal a un paquete de pruebas. Actualización: el principio continúa siendo correcto: la valoración inicial debe ser dirigida; las pruebas se solicitan según protocolo y situación clínica, no como una batería indiscriminada.

10.3. ¿Cuándo es urgente?

La derivación urgente o el ingreso no deben depender de una única cifra. Requieren especial preocupación la inestabilidad cardiovascular, síncope, bradicardia o hipotensión clínicamente significativas, hipotermia, deshidratación, alteraciones electrolíticas importantes, arritmias, alteración de conciencia, convulsiones, fracaso orgánico, imposibilidad o negativa persistente a ingerir líquidos o alimentos con deterioro, pérdida ponderal rápida y riesgo suicida agudo.

Las guías actuales desaconsejan usar un umbral único de IMC para decidir tratamiento o ingreso. El ritmo de pérdida, los signos vitales, ECG, electrolitos, capacidad de alimentación segura, edad, comorbilidades y riesgo psiquiátrico forman parte de la decisión.

Trampa de actualización del PAI: la cartera andaluza de 2018 contiene porcentajes concretos de pérdida ponderal para determinados circuitos de derivación. Esos umbrales sirven para reconocer la literalidad del documento si una pregunta lo exige, pero no son límites por debajo de los cuales resulte seguro esperar. En 2026, cualquier inestabilidad médica o psiquiátrica relevante exige actuación proporcional aunque no se alcance un porcentaje histórico.

10.4. Síndrome de realimentación

El síndrome de realimentación es una complicación potencialmente mortal al reiniciar nutrición en una persona gravemente desnutrida. Durante el ayuno prolongado disminuye la secreción de insulina y el organismo adapta su metabolismo. Al reintroducir carbohidratos aumenta la insulina y se produce una entrada intracelular de fósforo, potasio y magnesio junto con cambios en agua y sodio.

La hipofosfatemia es un hallazgo especialmente característico y puede contribuir a debilidad muscular, insuficiencia respiratoria, alteraciones cardiacas, neurológicas y hematológicas. También pueden aparecer hipopotasemia, hipomagnesemia, sobrecarga de volumen y déficit funcional de tiamina.

El riesgo aumenta con malnutrición importante, ingesta mínima prolongada, grandes pérdidas de peso y determinadas enfermedades o consumos. La prevención exige identificar el riesgo antes de iniciar rehabilitación nutricional, planificar el aporte por un equipo experimentado, corregir o vigilar alteraciones, considerar tiamina según protocolo y monitorizar clínica, balance y parámetros bioquímicos.

No debe interpretarse “riesgo de realimentación” como motivo para mantener indefinidamente a una persona malnutrida sin nutrición. La solución es una realimentación protocolizada y monitorizada, no evitar el tratamiento nutricional.

OEP 2016, pregunta 46: el examen reconoció como intervenciones hospitalarias en anorexia y bulimia la reposición de déficits y control analítico, junto con el manejo nutricional y las pautas de realimentación cuando fueran necesarias. Un distractor hablaba de hierro intravenoso diario para descartar síndrome de realimentación. Actualización: sigue siendo falso; el riesgo de realimentación se relaciona especialmente con fósforo, potasio, magnesio, equilibrio hídrico y tiamina, no con un supuesto control diario de hierro IV.

10.5. Salud bucodental y digestiva

En personas con vómitos frecuentes se inspeccionan cavidad oral y dientes y se recomienda valoración odontológica. El ácido gástrico favorece erosión del esmalte. Tras un vómito puede recomendarse enjuagar la boca y evitar una abrasión inmediata intensa sobre un esmalte temporalmente expuesto al ácido, además de trabajar la eliminación de la conducta purgativa como intervención fundamental.

La presencia de hematemesis, dolor torácico importante, alteración de conciencia o signos de deshidratación requiere valoración médica urgente.

11. CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN LOS TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA

11.1. Objetivos

Los cuidados buscan proteger la vida, recuperar estabilidad física, normalizar progresivamente la alimentación, reducir conductas compensatorias, mejorar conciencia de enfermedad, fortalecer afrontamiento e imagen corporal, tratar comorbilidades y favorecer recuperación familiar, social, académica o laboral.

Estos objetivos deben individualizarse. “Ganar peso” puede ser un resultado médico imprescindible en anorexia, pero no describe por sí solo la recuperación. Una persona puede alcanzar un peso más seguro y continuar con miedo intenso, rituales, ejercicio compulsivo y elevado riesgo de recaída.

11.2. Relación terapéutica

La entrevista debe evitar confrontaciones humillantes y discusiones sobre si la persona “debería saber” que está demasiado delgada. Se reconoce la ambivalencia: parte del paciente puede desear recuperarse y otra parte temer intensamente los cambios requeridos.

La comunicación eficaz utiliza límites claros y consistentes, explicación del propósito de cada medida y participación del paciente siempre que resulte compatible con la seguridad. Las reglas no se utilizan como castigo. Los distintos profesionales deben ofrecer mensajes coherentes para evitar confusión y negociaciones contradictorias.

11.3. Comidas terapéuticas

Cuando el plan asistencial incluye supervisión de comidas, la enfermera prepara un ambiente estructurado, reduce discusiones sobre calorías o peso y observa conductas de evitación, fragmentación extrema, ocultación de alimentos o intento de compensación. Durante el periodo posterior a la comida puede ser necesario acompañamiento para prevenir vómito o ejercicio compensatorio conforme al protocolo individual.

Las medidas de supervisión deben tener una justificación clínica, ser proporcionales y utilizar el nivel menos restrictivo compatible con seguridad. Su finalidad es terapéutica, no disciplinaria.

11.4. Control ponderal

El peso se obtiene con una metodología consistente cuando forme parte del seguimiento. La frecuencia y las condiciones deben seguir el plan terapéutico y evitar pesajes compulsivos no indicados. La decisión de comunicar o no inmediatamente la cifra se individualiza según el modelo terapéutico; no existe una única regla válida para todos los pacientes.

Más importante que la cifra aislada es su tendencia junto con signos vitales, ingesta, conductas compensatorias, hidratación, laboratorio y funcionamiento psicológico.

11.5. Imagen corporal y autoestima

La alteración de imagen corporal no se trata discutiendo si el paciente “está gordo o delgado”. Se trabaja la relación entre cuerpo, emociones, autovalía y conductas, evitando reforzar que el valor personal depende de peso o apariencia. Conviene no hacer comentarios innecesarios sobre cambios físicos, incluso cuando pretendan ser elogios.

11.6. Manejo de purgas y ejercicio compulsivo

Se registran episodios, desencadenantes y consecuencias sin culpabilizar. El equipo acuerda medidas para reducir oportunidad de purga, aborda abuso de laxantes o diuréticos y monitoriza repercusión hidroelectrolítica. El ejercicio se valora como conducta clínica: no todo ejercicio es saludable si se realiza de forma compulsiva, pese a lesión o en presencia de inestabilidad médica.

11.7. Psicoeducación

La educación debe explicar efectos de restricción, purgas y malnutrición; relación entre ayuno y riesgo de atracón; complicaciones de laxantes y vómitos; necesidad de regularidad alimentaria; señales de alarma y finalidad del tratamiento. La información se adapta a capacidad de comprensión y fase motivacional.

Enfermería puede utilizar principios de entrevista motivacional: explorar ambivalencia, formular preguntas abiertas, reflejar el discurso de cambio y apoyar autonomía sin renunciar a medidas necesarias para proteger la vida.

11.8. Familia y entorno

En menores, la familia suele desempeñar un papel terapéutico central. En adultos también puede constituir un recurso importante si el paciente consiente su participación. La familia necesita información para evitar culpabilización, vigilancia caótica, comentarios sobre peso y discusiones constantes durante las comidas.

También debe valorarse la carga de los cuidadores. Facilitar apoyo no significa trasladar a la familia toda la responsabilidad del control clínico.

11.9. Cuidados al alta y prevención de recaídas

Antes de la transición asistencial se revisan señales tempranas de recaída: reaparición de restricciones, aumento de ejercicio, pesajes repetidos, aislamiento, retorno de purgas, cambios de peso, abandono de controles o deterioro del estado de ánimo. Se acuerda a quién contactar y cómo mantener seguimiento médico, nutricional y psicológico.

Principio de continuidad: el alta no debe entenderse como “peso corregido = problema resuelto”. La recuperación del TCA es multidimensional y requiere vigilar nutrición, conductas, cogniciones, funcionamiento, comorbilidad y riesgo de recaída.

12. ORGANIZACIÓN ASISTENCIAL EN EL SSPA: PAI ADS, PAI TCA Y MARCO ESTRATÉGICO VIGENTE

12.1. PAI Ansiedad, Depresión y Somatizaciones

La Junta de Andalucía mantiene publicado el Proceso Asistencial Integrado Ansiedad, Depresión y Somatizaciones, segunda edición 2011. Su principio organizativo fundamental es la cooperación entre Atención Primaria y Salud Mental, evitando tanto la biologización indiscriminada del malestar como la psiquiatrización innecesaria de problemas que pueden abordarse con recursos menos especializados.

La actual cartera de servicios del SAS para ADS mantiene una valoración inicial desde Atención Primaria y contempla exploración de patología orgánica, sustancias, acontecimientos vitales, tratamientos, comorbilidad, aislamiento social y riesgo suicida. Cuando se considera necesario cita GAD-7 o Hamilton para ansiedad y PHQ-9 para depresión.

El propio SAS especifica situaciones en las que resulta especialmente pertinente la evaluación enfermera: riesgo asociado a medicación, caídas, sobrecarga cuidadora, discapacidad, enfermedad crónica, aislamiento social y determinadas circunstancias de duelo con mayor probabilidad de complicación.

Cómo estudiar un PAI antiguo: la edición 2011 sigue siendo una referencia organizativa oficial, pero conserva terminología CIE-10 y conceptos de su época. Si el examen pregunta literalmente por el PAI, estudia su circuito y contenido; si pregunta por criterios diagnósticos actuales, prioriza la nosología y evidencia contemporáneas.

12.2. PAI Trastornos de la Conducta Alimentaria

El PAI TCA vigente en la web de la Junta corresponde a la segunda edición de 2018. Define un proceso multidisciplinar que integra Atención Primaria, Pediatría, Salud Mental, Endocrinología, Medicina Interna, Enfermería, Trabajo Social y, según nivel, Terapia Ocupacional.

Una aportación relevante de esa edición es el espacio de colaboración Atención Primaria-Salud Mental para realizar valoraciones conjuntas, consensuar actuaciones y garantizar continuidad. Ante un diagnóstico establecido o necesidad de atención especializada, la coordinación no debe limitarse a una derivación administrativa: el propósito es construir un tratamiento integral.

En Atención Primaria se valoran alimentación, peso, sueño, ejercicio, imagen corporal, estado emocional, relaciones familiares, sustancias y factores de vulnerabilidad. La exploración física y la evaluación de repercusión orgánica permiten decidir intensidad y urgencia.

Actualización crítica del PAI TCA: la página de cartera de servicios de 2018 todavía incluye la amenorrea entre los datos a explorar ante sospecha de anorexia y utiliza categorías CIE-10. Explorar menstruación puede ser clínicamente útil, pero amenorrea no es un requisito diagnóstico actual de anorexia nerviosa.

12.3. PESMA-A 2026-2029

El 6 de mayo de 2026 el Consejo de Gobierno aprobó el I Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones de Andalucía 2026-2029, publicado posteriormente en BOJA. Constituye el marco estratégico autonómico vigente y sustituye como referencia actual a planes integrales anteriores.

El PESMA-A integra salud mental y adicciones y se orienta a promoción, prevención, detección precoz, atención integral, recuperación, inclusión y coordinación. Potencia el modelo comunitario, recursos ambulatorios, alternativas a la hospitalización y atención centrada en las personas. Para el opositor, el dato esencial es temporal: en agosto de 2026, citar el III PISMA 2016-2020 como “plan vigente” es incorrecto.

Actualización que puede generar pregunta: páginas antiguas de los PAI todavía enlazan el III Plan Integral de Salud Mental de Andalucía 2016-2020 como recurso relacionado. Ese enlace histórico no lo convierte en plan vigente. El marco andaluz actual es PESMA-A 2026-2029.

12.4. Marco estatal

En el Sistema Nacional de Salud continúan siendo referencias la Estrategia de Salud Mental del SNS y el Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027, junto con el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027. Estos documentos refuerzan atención comunitaria, coordinación, derechos, prevención y continuidad.

Además, el artículo 20 de la Ley 14/1986, General de Sanidad, mantiene la orientación comunitaria de la atención a salud mental y la integración de la hospitalización psiquiátrica necesaria en el ámbito hospitalario general.

SAS 2025, turno libre, pregunta 3: se preguntó por el artículo 20 de la Ley General de Sanidad y la respuesta oficial reconocía la especial consideración de los problemas de psiquiatría infantil y psicogeriatría. La idea normativa continúa vigente, aunque la terminología asistencial actual debe interpretarse dentro del modelo comunitario contemporáneo.

12.5. Registro y continuidad

La historia clínica debe reflejar valoración, problemas identificados, riesgos, objetivos, actuaciones y respuesta. En especial, la información relevante para seguridad —riesgo suicida, alteraciones nutricionales graves, conductas purgativas, incapacidad para manejar medicación o decisiones de derivación— debe quedar documentada de forma clara.

La continuidad entre Atención Primaria, Salud Mental, hospitalización y otros dispositivos depende de que la información clínica relevante sea accesible a los profesionales legitimados y de que existan responsabilidades claras de seguimiento. El registro no sustituye la comunicación clínica directa cuando existe un problema de seguridad urgente.

13. MAPA CONCEPTUAL, ERRORES FRECUENTES Y ACTUALIZACIÓN DE PREGUNTAS DE EXAMEN

TEMA 39
|
+– ANSIEDAD
| +– valorar causa organica y sustancias
| +– intensidad + funcion + evitacion
| +– crisis: calma + pocos estimulos + instrucciones breves
| +– tratamiento: educacion + psicoterapia + farmacos si procede
|
+– DEPRESION
| +– animo + anhedonia + sintomas cognitivos y somaticos
| +– descartar bipolaridad y causas medicas
| +– valorar siempre seguridad cuando haya indicios
| +– actividad + autocuidado + adherencia + seguimiento
|
+– SUICIDIO
| +– preguntar directamente
| +– paciente + otras fuentes pertinentes
| +– plan + intencion + medios + intentos + factores protectores
| +– NO decidir con una escala aislada
|
+– SOMATIZACIONES
| +– sintomas reales para la persona
| +– pueden coexistir con enfermedad organica
| +– validar + descartar alarmas + evitar iatrogenia
| +– objetivos centrados en funcion
|
+– TCA
+– anorexia: restriccion + bajo peso significativo + psicopatologia
| +– amenorrea NO obligatoria
| +– IMC aislado NO decide gravedad
|
+– bulimia: atracon + compensacion
|
+– atracon: atracon SIN compensacion recurrente
|
+– riesgo medico
+– constantes + hidratacion + electrolitos + ECG si indicado
+– suicidio y comorbilidad
+– realimentacion: fosforo + potasio + magnesio + tiamina
+– ingreso segun inestabilidad global, no una cifra aislada

13.1. Diez afirmaciones que debes llevar corregidas al examen

  1. “Preguntar por suicidio aumenta el riesgo”. FALSO. Preguntar directamente forma parte de una evaluación segura.
  2. “La información sobre suicidio debe proceder solo del paciente”. FALSO. Se integra información clínica pertinente de distintas fuentes cuando procede.
  3. “Una escala determina por sí sola riesgo suicida bajo, medio o alto”. FALSO. Las escalas no sustituyen la formulación clínica.
  4. “Somatización significa necesariamente síntoma sin ninguna enfermedad física”. FALSO. Puede coexistir enfermedad médica.
  5. “Anorexia nerviosa exige amenorrea”. FALSO en criterios actuales.
  6. “AN se diagnostica automáticamente con IMC ≤17,5”. FALSO. El diagnóstico no descansa en una única cifra.
  7. “Bulimia implica siempre bajo peso”. FALSO. Muchas personas no presentan bajo peso.
  8. “Trastorno por atracón = bulimia sin vómitos”. IMPRECISO. La diferencia es la ausencia de conductas compensatorias inapropiadas recurrentes, no únicamente del vómito.
  9. “El riesgo de realimentación se controla con hierro IV diario”. FALSO. Son fundamentales fósforo, potasio, magnesio, situación hídrica y tiamina según protocolo.
  10. “El III PISMA 2016-2020 sigue vigente”. FALSO. El marco andaluz actual es PESMA-A 2026-2029.

13.2. Tabla rápida de preguntas verificadas y estado actual

Examen Contenido preguntado Estado en 2026
SAS 2025 turno libre, P44 TCA, psicoterapia y educación en hábitos Vigente
SAS 2025 turno libre, P46 Valoración del riesgo suicida y fuentes de información Vigente; reforzado por recomendaciones actuales
2025 prueba aplazada, P44 Valoración física inicial en TCA Concepto vigente; interpretar pruebas según situación clínica
2025 prueba aplazada, P45 Supuestos de valoración enfermera en PAI ADS Continúan recogidos en la cartera SAS
Cuadernillo 56042, P58 Factores sociales y mitos del suicidio Vigente
Cuadernillo 56042, P65 Atracón y conductas compensatorias en bulimia Vigente
OEP 2016, P46 Cuidados orgánico-nutricionales en TCA Concepto vigente; actualizar realimentación y electrolitos
Método de estudio: cuando una pregunta antigua reproduce literalmente un PAI, aprende qué contestó el tribunal, pero añade una segunda capa: comprueba si el dato sigue vigente. En este tema esa distinción es crítica en amenorrea, IMC, somatizaciones, escalas de suicidio, terminología CIE y planes estratégicos andaluces.

14. REFERENCIAS NORMATIVAS, CLÍNICAS Y BIBLIOGRÁFICAS

Normativa y planificación sanitaria

  • Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad. Artículo 20, atención a la salud mental.
  • Junta de Andalucía. Proceso Asistencial Integrado Ansiedad, Depresión y Somatizaciones (ADS). 2ª edición, 2011. Documento que continúa publicado en el catálogo oficial de PAI en 2026.
  • Servicio Andaluz de Salud. Cartera de Servicios de Atención Primaria. Atención a la ansiedad, depresión y somatizaciones.
  • Junta de Andalucía. Proceso Asistencial Integrado Trastornos de la Conducta Alimentaria. 2ª edición, 2018.
  • Servicio Andaluz de Salud. Cartera de Servicios de Atención Primaria. Atención a los trastornos de la conducta alimentaria.
  • Acuerdo de 6 de mayo de 2026, del Consejo de Gobierno, por el que se aprueba el I Plan Estratégico de Salud Mental y Adicciones de Andalucía, PESMA-A 2026-2029. BOJA de mayo de 2026.
  • Ministerio de Sanidad. Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026.
  • Ministerio de Sanidad. Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027.
  • Ministerio de Sanidad. Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2025-2027.

Guías clínicas y sistemas diagnósticos

  • American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM-5-TR.
  • World Health Organization. International Classification of Diseases, 11th Revision, ICD-11.
  • NICE. NG222. Depression in adults: treatment and management. Publicada en 2022 y sometida a nueva vigilancia en 2026.
  • NICE. CG113. Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management.
  • NICE. NG69. Eating disorders: recognition and treatment, con actualización y vigilancia posterior.
  • NICE. NG225. Self-harm: assessment, management and preventing recurrence.

Metodología enfermera

  • NANDA International. Diagnósticos enfermeros: definiciones y clasificación. Utilizar la edición vigente indicada en la convocatoria o sistema asistencial.
  • Clasificación de Intervenciones de Enfermería, NIC. Edición vigente.
  • Clasificación de Resultados de Enfermería, NOC. Edición vigente.

Exámenes SAS contrastados

  • OEP SAS 2025, Enfermero/a, turno libre: preguntas 3, 44 y 46, contrastadas con plantilla definitiva.
  • Cuestionario SAS 2025 prueba aplazada: preguntas 44 y 45.
  • Cuadernillo oficial 56042, Enfermero/a: preguntas 58 y 65.
  • OEP 2016 Enfermero/a: pregunta 46 sobre cuidados orgánico-nutricionales en TCA.
Nota de actualización: se han evitado deliberadamente cifras de prevalencia antiguas, códigos NANDA dependientes de edición y umbrales aislados de IMC que aparecían en material previo. Cuando el PAI andaluz conserva terminología histórica se ha señalado expresamente para distinguir la respuesta literal de examen de la práctica clínica contemporánea.
ansiedad
depresión
riesgo suicida
somatizaciones
anorexia nerviosa
bulimia nerviosa
trastorno por atracón
síndrome de realimentación
PAI ADS
PAI TCA
PESMA-A 2026-2029
cuidados de enfermería

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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el agosto 9, 2026.