Tema 17. Gestión clínica: conceptos básicos en evaluación de beneficios, daños y costes de las intervenciones médicas, y en el uso apropiado de test diagnósticos y de cribado. Guías de práctica clínica (GPC) y vías clínicas. Repositorio de GPC del SNS (GuiaSalud): características y criterios de inclusión. Gestión por procesos: los Procesos Asistenciales Integrados (PAIs) y Procesos de Soporte del SSPA; Mapa de Procesos y arquitectura básica de los mismos. Sistemas de Información para la atención sanitaria en el SSPA: Historia Clínica Digital y su soporte en el SAS (Diraya): principales módulos y especial referencia al que utiliza el/la profesional en su actividad asistencial. El Acuerdo de Gestión como instrumento de planificación y fijación de objetivos y compromisos anuales con cada una de las unidades de gestión clínica.

46 min agosto 30, 2026 Media Nuevo

Tema 17. Gestión clínica: evaluación de intervenciones, guías de práctica clínica, gestión por procesos, sistemas de información y Acuerdo de Gestión

Decidir bien con recursos limitados: qué aporta cada intervención, cómo se ordena la atención y con qué se mide
Oposición: Facultativo Especialista de Área (SAS) — tronco común
Bloque: Común FEA (11-25) | Última actualización: Agosto 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN: QUÉ ES GESTIÓN CLÍNICA Y POR QUÉ TE LA PREGUNTAN

La gestión clínica es la gestión que hace el propio clínico. No es la administración del hospital vista desde arriba, ni un asunto de gerentes: es la decisión de pedir o no pedir una prueba, de seguir o no una guía, de organizar la consulta de una manera u otra. Su premisa es incómoda pero honesta: los recursos son finitos y cada euro gastado en algo poco útil es un euro que no está en otra parte. No en una parte abstracta: en la lista de espera de otro paciente concreto.

De ahí que el temario junte en un solo tema cosas que parecen dispares —evaluación económica, guías de práctica clínica, gestión por procesos, sistemas de información, acuerdos de gestión—. Todas responden a la misma pregunta: cómo se toma una decisión clínica que además sea sostenible, comparable y trazable.

1.1. Las tres ideas que vertebran el tema

Si tuvieras que quedarte con tres, serían estas, y conviene tenerlas presentes al leer el resto:

  • Toda decisión tiene coste de oportunidad. No existe la opción gratuita: hacer algo implica no hacer otra cosa con esos mismos recursos. Es la base de la evaluación económica.
  • La variabilidad injustificada es un problema de calidad. Que dos pacientes iguales reciban atención distinta según a quién les toque no es riqueza clínica, es un defecto. Es la base de las guías y las vías clínicas.
  • Lo que no se mide no se gestiona, pero lo que se mide mal se gestiona peor. Es la base de los sistemas de información y del acuerdo de gestión, y también su principal riesgo.
Este tema es de los más rentables del tronco común, porque el SAS lo pregunta con datos concretos y comprobables: qué mide un AVAC, cómo se llama el módulo de receta electrónica, cuántos días da un PAI para remitir un informe, cuáles son las perspectivas del contrato programa. No son preguntas de opinión: o te lo sabes o no lo sabes.
El error de enfoque más común es estudiar esto como si fuera economía de la salud. No lo es. Se pregunta por el vocabulario y los instrumentos concretos del SSPA: PAI, Diraya, Acuerdo de Gestión y GuiaSalud. Dominar los tipos de evaluación económica y no saber qué es Receta XXI es un mal reparto del esfuerzo.
Un apunte de perspectiva para quien viene de una especialidad de laboratorio o de diagnóstico: buena parte de este tema te afecta como proveedor de servicio interno. Los tiempos de respuesta de tu unidad son objetivo de otros, y eso se decide en documentos que conviene saber leer.

2. EVALUAR BENEFICIOS, DAÑOS Y COSTES

Toda intervención sanitaria tiene tres caras: lo que aporta, lo que puede dañar y lo que cuesta. La evaluación económica las pone juntas para comparar alternativas. Su rasgo distintivo, y el que más se olvida, es que siempre es comparativa: no dice si algo «vale la pena» en abstracto, sino si vale más la pena que la alternativa con la que se compara. Una técnica no es eficiente o ineficiente en sí misma; lo es frente a algo.

2.1. Los cuatro tipos, y qué los distingue

Lo que cambia entre ellos no es cómo se miden los costes —siempre en unidades monetarias— sino cómo se miden los resultados. Ese es el único criterio que hay que retener para no confundirlos nunca.

Tipo Cómo mide los resultados Cuándo se usa
Minimización de costes No los mide: asume que son equivalentes Solo si está demostrado que las alternativas dan el mismo resultado
Coste-efectividad Unidades clínicas naturales (mmHg, casos evitados, años de vida ganados) Alternativas con el mismo tipo de resultado
Coste-utilidad AVAC / QALY: cantidad y calidad de vida en una sola cifra Alternativas con resultados de distinta naturaleza
Coste-beneficio En dinero, también los resultados en salud Comparar programas sanitarios con no sanitarios

La minimización de costes es la que más se usa mal. Solo es legítima cuando existe evidencia previa de que las alternativas producen el mismo resultado: si eso no está demostrado, elegir la más barata no es eficiencia, es un recorte disfrazado de análisis. El examen a veces la presenta como si fuera aplicable siempre.

El coste-beneficio tiene el problema opuesto: para expresar la salud en dinero hay que ponerle precio a un año de vida, y eso genera un rechazo comprensible. Su utilidad real aparece cuando hay que comparar un programa sanitario con uno que no lo es —una campaña de vacunación frente a una inversión en carreteras—, porque es el único que permite esa comparación.

2.2. El AVAC, que es lo que más cae

El Año de Vida Ajustado por Calidad (AVAC, o QALY en inglés) integra en una sola unidad cuánto se vive y cómo se vive. La escala va de 1 —un año en salud perfecta— a 0 —la muerte—, y admite valores intermedios: un año en un estado de salud valorado en 0,6 vale 0,6 AVAC. Dos años en ese estado equivalen, en esta métrica, a 1,2 años de salud plena.

Esa aritmética es la que permite comparar cosas clínicamente incomparables. Una prótesis de cadera no alarga la vida pero mejora mucho su calidad; un antihipertensivo alarga la vida sin cambiar cómo se siente el paciente. Sin una unidad común no hay forma de decidir cuál merece más recursos. Con AVAC, sí.

Ha caído dos veces con la misma idea y distinta redacción. En FEA Anatomía Patológica — convocatoria 2018, turno libre, pregunta 11 se preguntó de qué son unidades los AVAC o QALY: la correcta fue la D, coste-utilidad. Y en FEA Anatomía Patológica — convocatoria 2021, turno libre, pregunta 10 se preguntó al revés —qué unidad integra duración y calidad de vida en los estudios de coste-utilidad—, con la C: año de vida ajustado por calidad. Fíjate en el distractor de 2021: «año de vida ajustado por comorbilidad» no existe, pero suena razonable.
No confundas el AVAC con el AVAD (año de vida ajustado por discapacidad, DALY). El AVAC mide salud ganada y por tanto suma; el AVAD mide carga de enfermedad y por tanto resta —cuenta lo que se pierde—. Se usan en contextos distintos: el AVAC en evaluación de tecnologías sanitarias, el AVAD en estudios de carga global de enfermedad.

2.3. La razón incremental y el umbral

El resultado de una evaluación no es un coste, es un cociente incremental: cuánto cuesta de más obtener una unidad más de resultado respecto a la alternativa. Se calcula como la diferencia de costes dividida entre la diferencia de resultados, y suele expresarse en euros por AVAC ganado.

De ahí se sigue algo que va contra la intuición: un tratamiento carísimo puede ser eficiente si aporta mucho, y uno barato puede ser ineficiente si no aporta casi nada. La pregunta nunca es «¿cuánto cuesta?», sino «¿cuánto cuesta lo que añade?».

Para interpretar ese cociente hace falta un punto de referencia, un umbral de disposición a pagar por AVAC. Los sistemas sanitarios manejan umbrales orientativos, no reglas automáticas: por encima de cierto coste por AVAC una tecnología se considera difícilmente financiable. Es una convención discutible, y conviene saber que lo es.

2.4. Perspectiva, horizonte y tipos de coste

Tres decisiones metodológicas condicionan el resultado antes de calcular nada, y por eso hay que declararlas siempre:

  • Perspectiva: desde dónde se miran los costes. La del financiador ve solo lo que paga el sistema; la social incluye además lo que cuesta al paciente y a la sociedad —desplazamientos, pérdida de productividad, cuidados informales—. Una misma intervención puede parecer cara desde una y barata desde la otra.
  • Horizonte temporal: cuánto tiempo se sigue. Un horizonte corto penaliza a las intervenciones preventivas, cuyos beneficios llegan tarde.
  • Descuento: los costes y beneficios futuros se ajustan a valor presente, porque no se valora igual un año de vida hoy que dentro de treinta.

Y los costes se clasifican en directos (sanitarios y no sanitarios), indirectos (productividad perdida) e intangibles (dolor, ansiedad, sufrimiento), estos últimos difíciles de cuantificar y frecuentemente omitidos, lo que sesga los resultados.

Eficaz, efectivo y eficiente no son sinónimos, y el examen juega con ello sistemáticamente. Eficacia = funciona en condiciones ideales, típicamente el ensayo clínico. Efectividad = funciona en condiciones reales, con pacientes menos seleccionados y adherencia imperfecta. Eficiencia = lo consigue con un uso razonable de recursos. Una intervención puede ser eficaz y no efectiva, y ser efectiva y no eficiente. Nunca al revés: sin eficacia demostrada, lo demás no se plantea.
¿Merece la pena esta intervención?
├── ¿Funciona en condiciones ideales? → EFICACIA (ensayo clínico)
│ └── no ──► se detiene aquí
├── ¿Funciona en la práctica real? → EFECTIVIDAD (estudios pragmáticos)
│ └── no ──► investigar por qué (adherencia, selección, contexto)
└── ¿A qué coste por unidad de resultado? → EFICIENCIA (evaluación económica)
├── unidades naturales → coste-efectividad
├── AVAC → coste-utilidad
└── dinero → coste-beneficio

2.5. Del resultado del ensayo al beneficio neto para el paciente

El temario no habla solo de costes: exige evaluar beneficios y daños. Para hacerlo bien hay que abandonar la pregunta simplista «¿funciona?» y pasar a otra más útil: ¿qué balance neto produce en este paciente y frente a qué alternativa?. Una intervención puede reducir un desenlace importante y, a la vez, aumentar eventos adversos; puede producir un beneficio relativo llamativo pero un beneficio absoluto mínimo; o puede aportar una ganancia media que no compense la carga de tratamiento en determinados subgrupos.

Por eso deben leerse conjuntamente el efecto relativo y el efecto absoluto. Si un tratamiento reduce un riesgo del 2% al 1%, la reducción relativa es del 50%, pero la reducción absoluta es de un punto porcentual y el NNT es 100. Las tres cifras son ciertas, pero cuentan historias distintas. La comunicación rigurosa evita usar únicamente la medida que haga parecer más grande el efecto.

El mismo razonamiento se aplica a los daños. El NNH —número necesario para dañar— expresa cuántos pacientes habría que exponer para provocar un evento adverso adicional. Comparar NNT y NNH no resuelve automáticamente la decisión, porque beneficio y daño pueden tener gravedad muy distinta, pero obliga a explicitar el intercambio. En gestión clínica interesa además quién soporta cada consecuencia: el paciente, la organización o ambos.

Apropiación clínica no significa «hacer menos». Significa usar una intervención cuando la probabilidad de beneficio supera razonablemente sus daños, costes y alternativas. A veces la decisión apropiada es pedir una prueba compleja o usar una tecnología cara; otras, la decisión de mayor valor es no hacer nada todavía. La unidad de análisis es el valor añadido, no el precio aislado.

2.6. De la evidencia poblacional a la decisión individual

Los ensayos y evaluaciones producen promedios. El clínico trabaja con personas concretas. Entre ambos niveles aparecen la heterogeneidad del efecto, la comorbilidad, el riesgo basal, las preferencias, la esperanza de vida, la adherencia y la factibilidad. Cuanto mayor sea el riesgo basal de un desenlace, mayor suele ser el beneficio absoluto de una intervención que mantenga el mismo efecto relativo; por eso seleccionar bien a la población puede mejorar simultáneamente resultados y eficiencia.

Esta es también la lógica de las recomendaciones «no hacer»: no prohíben una técnica por definición, sino que identifican situaciones en las que su valor esperado es bajo o negativo. El examen puede formularlo como un conflicto entre «más actividad» y «mejor atención». En gestión clínica, actividad no equivale a resultado. Repetir pruebas, duplicar consultas o tratar hallazgos incidentales puede aumentar la producción registrada y empeorar el valor asistencial.

3. USO APROPIADO DE LAS PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

Pedir una prueba no es un acto neutro: consume recursos, retrasa decisiones y, sobre todo, puede hacer daño. Un falso positivo desencadena una cascada de pruebas confirmatorias, cada una con su propio riesgo; un falso negativo tranquiliza a quien no debería estar tranquilo y retrasa el diagnóstico verdadero.

3.1. Las cuatro medidas clásicas

  • Sensibilidad: de los enfermos, cuántos da positivos. Una prueba muy sensible, cuando sale negativa, descarta.
  • Especificidad: de los sanos, cuántos da negativos. Una prueba muy específica, cuando sale positiva, confirma.
  • Valor predictivo positivo: de los que dan positivo, cuántos están realmente enfermos.
  • Valor predictivo negativo: de los que dan negativo, cuántos están realmente sanos.

Sensibilidad y especificidad se leen desde la enfermedad hacia la prueba; los valores predictivos, desde la prueba hacia la enfermedad. Esa inversión de la dirección es lo que hace que se confundan, y es también lo que explica su comportamiento distinto.

La diferencia que decide muchas preguntas: sensibilidad y especificidad son propiedades de la prueba y no dependen de la prevalencia. Los valores predictivos sí dependen de ella. La misma prueba, aplicada en una consulta especializada y en un cribado poblacional, tiene idéntica sensibilidad y un valor predictivo positivo radicalmente distinto: en población de baja prevalencia, la mayoría de los positivos serán falsos.

3.2. Un ejemplo con números, que es como se entiende

Supón una prueba con sensibilidad del 99% y especificidad del 99%, que parece excelente. Aplicada a 10.000 personas con una prevalencia del 1%:

  • Enfermos: 100. La prueba detecta 99 (verdaderos positivos) y falla 1.
  • Sanos: 9.900. La prueba acierta en 9.801 y da 99 falsos positivos.
  • Total de positivos: 99 + 99 = 198. De ellos, solo la mitad están enfermos.

Con una prueba del 99% en ambas medidas, el valor predictivo positivo es del 50%. Si la prevalencia bajara al 0,1%, sería del 9%: nueve de cada diez positivos serían falsos. Ese es el motivo por el que un cribado poblacional exige especificidad altísima y siempre una prueba de confirmación.

3.3. Cocientes de probabilidad y punto de corte

Los cocientes de probabilidad o razones de verosimilitud combinan sensibilidad y especificidad y permiten actualizar la probabilidad que ya se tenía antes de la prueba. Traducen a números lo que el clínico hace de forma intuitiva: una prueba solo aporta si mueve la decisión. Un cociente positivo alto empuja la probabilidad hacia arriba; uno cercano a 1 no cambia nada, y entonces la prueba era innecesaria.

En pruebas cuantitativas hay además que elegir un punto de corte, y ahí no existe la elección neutra: bajarlo gana sensibilidad y pierde especificidad, subirlo hace lo contrario. La curva ROC representa ese intercambio, y el área bajo la curva resume la capacidad discriminativa global de la prueba, con independencia del corte elegido.

La elección del corte no es una decisión estadística sino clínica: depende de qué error es más grave. En una prueba de descarte ante una enfermedad grave y tratable, un falso negativo es mucho peor que un falso positivo, y el corte se baja aunque suba el número de confirmaciones innecesarias.

3.4. Probabilidad preprueba, posprueba y umbrales de decisión

Una prueba diagnóstica tiene valor cuando cambia suficientemente la probabilidad de enfermedad como para modificar la conducta. Antes de pedirla existe una probabilidad preprueba, construida con prevalencia, síntomas, antecedentes y hallazgos disponibles. El resultado de la prueba, mediante sus cocientes de probabilidad, la transforma en una probabilidad posprueba. Esa secuencia es la versión cuantitativa del razonamiento clínico.

Esto permite entender los umbrales de prueba y de tratamiento. Si la probabilidad es tan baja que incluso un resultado positivo no llevaría a tratar, la prueba sobra. Si es tan alta que un resultado negativo tampoco cambiaría la decisión, puede sobrar igualmente. El intervalo en el que una prueba es realmente útil está entre ambos umbrales. Pedirla fuera de ese intervalo añade ruido, falsos resultados y cascadas sin modificar la conducta.

Los cocientes de probabilidad ayudan porque, a diferencia de los valores predictivos, son más transportables entre poblaciones. El LR+ se calcula como sensibilidad/(1−especificidad) y el LR− como (1−sensibilidad)/especificidad. Un LR cercano a 1 apenas mueve la probabilidad; cuanto más se aleja de 1 en la dirección adecuada, más información aporta. No hace falta memorizar una tabla rígida de «buenos» cocientes: lo importante es preguntarse si el resultado cruza un umbral clínico.

Regla de examen: no elijas una prueba por su sensibilidad aislada si el enunciado pregunta por utilidad clínica. Primero identifica para qué se quiere usar —descartar, confirmar, estratificar o cribar— y cuál es el coste del error. La misma prueba puede ser apropiada en una población y poco útil en otra.
¿Aporta algo pedir esta prueba?
├── ¿Qué probabilidad tengo ANTES de pedirla?
│ ├── Muy baja → un positivo será probablemente falso
│ └── Muy alta → un negativo no me tranquilizará
├── ¿Cambiará mi decisión el resultado?
│ └── NO → no la pidas: solo añade coste, demora y riesgo de cascada
└── ¿Qué daño puede hacer?
├── Directo → radiación, invasividad, contraste
└── En cascada → confirmatorias, sobrediagnóstico, ansiedad

4. CRIBADO: CUÁNDO BUSCAR ENFERMEDAD EN QUIEN NO LA NOTA

Cribar es aplicar una prueba a personas asintomáticas para detectar enfermedad antes de que dé la cara. La diferencia con el diagnóstico es esencial y de naturaleza ética: en el cribado la iniciativa es del sistema, no del paciente. A quien viene con un síntoma se le ofrece ayuda; a quien está bien se le va a buscar, y por eso hay que estar muy seguro de que el balance le favorece.

4.1. Los criterios clásicos

Los criterios de Wilson y Jungner, formulados para la OMS en 1968, siguen siendo la referencia. En esencia exigen que la enfermedad sea un problema importante de salud, que su historia natural se conozca, que tenga una fase presintomática detectable, que exista una prueba aceptable para la población, que haya tratamiento eficaz en esa fase precoz, que estén acordados a quién tratar y con qué, y que el conjunto sea coste-efectivo y continuado en el tiempo, no una campaña puntual.

El criterio que más se olvida es el del tratamiento: si detectar antes no cambia lo que se puede hacer, el cribado no aporta salud, solo adelanta el momento en que la persona se sabe enferma. Y el segundo más olvidado es el de la continuidad: un programa que se interrumpe deja a medias a quienes ya entraron.

4.2. Poblacional frente a oportunista

El cribado poblacional invita activamente a toda la población diana, con un sistema de información que registra quién ha participado y quién no, control de calidad y circuito de confirmación garantizado. El cribado oportunista aprovecha una consulta motivada por otra cosa.

El oportunista parece más barato y es peor: llega antes a quien más acude —que suele ser quien menos lo necesita— y amplía las desigualdades en lugar de reducirlas. Además, sin registro poblacional no hay forma de evaluar el programa.

4.3. Los tres sesgos que hacen parecer bueno un cribado malo

  • Sesgo de adelanto diagnóstico (lead time): la supervivencia medida desde el diagnóstico parece mayor solo porque el diagnóstico se ha adelantado, aunque la muerte ocurra exactamente el mismo día.
  • Sesgo de duración (length): el cribado capta preferentemente los casos de evolución lenta, que son los de mejor pronóstico. Los agresivos aparecen entre dos rondas, sintomáticos, y no cuentan como detectados por el programa.
  • Sobrediagnóstico: detectar lesiones que nunca habrían dado síntomas ni causado la muerte. El daño es real —tratamiento, ansiedad, etiqueta de enfermo— y el beneficio, nulo. Es la forma extrema del sesgo de duración.
Por eso la supervivencia no sirve para evaluar un programa de cribado: la inflan a la vez el adelanto diagnóstico y el sobrediagnóstico. La medida válida es la mortalidad por esa causa en la población invitada, comparada con la no invitada, y por eso los ensayos de cribado necesitan seguimientos larguísimos.
Consecuencia para un especialista de diagnóstico: en un programa de cribado, tu unidad forma parte del circuito de confirmación, y los tiempos de ese circuito son parte del programa. Un retraso en la confirmación no solo angustia: reduce el beneficio que justificaba cribar.

5. GUÍAS DE PRÁCTICA CLÍNICA Y VÍAS CLÍNICAS

Son instrumentos distintos y el examen los confunde a propósito. La diferencia está en qué pregunta responde cada uno.

Instrumento Qué responde Naturaleza
Guía de práctica clínica Qué hacer ante un problema de salud Recomendaciones basadas en evidencia, con su nivel y grado. Orientan; no obligan
Protocolo Cómo hacer una actuación concreta Más rígido y detallado, de ámbito local
Vía clínica Qué, quién y cuándo, día a día Plan de asistencia con secuencia temporal para un proceso previsible

5.1. Cómo se construye una guía

Una guía metodológicamente seria sigue siempre los mismos pasos: se delimita el alcance y las preguntas clínicas que va a responder, se constituye un grupo elaborador multidisciplinar con declaración de conflictos, se hace una búsqueda sistemática, se evalúa críticamente la evidencia encontrada, se gradúan las recomendaciones y se somete el borrador a revisión externa. Lo que distingue una guía de una opinión bien escrita es ese proceso, no la autoridad de quien firma.

En la graduación, el sistema más extendido es GRADE, que separa dos cosas que antes se mezclaban: la calidad de la evidencia —cuánta confianza merece la estimación del efecto— y la fuerza de la recomendación —cuán seguro se está de que los beneficios superan a los riesgos—. Puede haber recomendaciones fuertes con evidencia débil, y al revés, porque intervienen también los valores de los pacientes y el uso de recursos.

5.2. La vía clínica

La vía clínica es la más operativa de las tres: convierte la guía en una matriz de actuaciones por día y por profesional, útil en procesos de curso predecible —una artroplastia programada, una cesárea electiva, una colecistectomía—. Su valor añadido no es solo ordenar: es que hace visibles las variaciones. Cuando algo se sale de la vía queda registrado como tal, y esas desviaciones se analizan periódicamente. Son la principal fuente de mejora del propio instrumento.

Una guía no es de obligado cumplimiento. Es una recomendación fundamentada, y apartarse de ella es legítimo cuando el caso concreto lo justifica —y se deja constancia razonada en la historia clínica—. Lo que no es defendible es desconocerla: ahí la desviación no es una decisión clínica, es un descuido.
Cuidado con la idea de que las guías «recortan la libertad clínica». Lo que limitan es la variabilidad injustificada, que no es lo mismo. La libertad de decidir según el caso sigue intacta; lo que deja de estar amparado es decidir según la costumbre personal sin más fundamento.

5.3. Elaborar una guía no equivale a implantarla

Una GPC puede ser metodológicamente excelente y no cambiar la práctica. Entre la publicación y el resultado clínico hay una fase de implementación que exige identificar barreras, adaptar circuitos, formar a los profesionales y medir si las recomendaciones realmente se aplican. La barrera puede ser de conocimiento —nadie sabe que la guía existe—, de actitud —se discrepa de la recomendación—, de organización —no hay tiempo, tecnología o circuito— o de contexto —la población local no coincide con la de los estudios.

Por eso conviene separar difusión de implementación. Difundir es enviar la guía, colgarla en una intranet o presentarla en una sesión. Implementar es rediseñar la práctica para que la conducta recomendada sea factible y después comprobarla. Las intervenciones suelen combinar recordatorios, auditoría con retroalimentación, formación, cambios en formularios o sistemas de petición y, cuando procede, apoyo a la decisión clínica.

La evaluación posterior necesita indicadores. Puede medirse la adherencia a una recomendación, el tiempo hasta una actuación, la proporción de pacientes correctamente seleccionados o un resultado clínico. Un indicador de adherencia no demuestra por sí solo que el paciente esté mejor; y un resultado final puede depender de muchos factores distintos de la guía. Esa diferencia entre proceso y resultado es la misma que reaparece después en el Acuerdo de Gestión.

5.4. Actualización, adaptación y contextualización

Una guía envejece cuando aparece evidencia capaz de cambiar una recomendación, no simplemente cuando cumple años. Aun así, los sistemas de catalogación necesitan reglas operativas de actualidad; por eso GuíaSalud fija un criterio temporal ligado al cierre de la búsqueda. Si una recomendación depende de un tratamiento, una prueba o una tecnología con evolución rápida, el riesgo de obsolescencia es mayor que en cuestiones organizativas estables.

Adaptar una guía no consiste en copiarla y cambiar el logotipo. Requiere comprobar si la evidencia, los recursos, la epidemiología, los valores de los pacientes y la organización permiten transferir las recomendaciones al contexto local. La adaptación rigurosa conserva la trazabilidad: debe saberse qué recomendación procede de la guía fuente, cuál se ha modificado y por qué.

Secuencia para examen: evidencia → recomendación → adaptación al contexto → implementación → indicador → auditoría → actualización. Si una opción salta directamente de «publicar una guía» a «mejorar resultados» sin ningún mecanismo intermedio, está simplificando en exceso.

6. GUIASALUD: EL CATÁLOGO DE GPC DEL SNS

GuíaSalud es el organismo del Sistema Nacional de Salud orientado a mejorar la calidad de la atención mediante productos basados en la evidencia. Su Catálogo de Guías de Práctica Clínica del SNS no funciona como un repositorio abierto en el que cualquier documento se deposita sin filtro: las guías candidatas se valoran mediante seis criterios de inclusión aprobados por su Consejo Ejecutivo, y deben cumplirlos todos.

6.1. Los seis criterios de inclusión, tal como están publicados actualmente

Criterio Qué exige Trampa de examen
1 El documento remitido debe ser realmente una GPC: recomendaciones sustentadas en revisión sistemática de la evidencia y valoración de beneficios y riesgos. No basta con llamarlo «guía», «consenso» o «protocolo».
2 Puede ser producida en España, en cualquier lengua oficial, por instituciones, sociedades, paneles o grupos profesionales y con ámbito estatal, regional o local. También se admiten GPC extranjeras si han sido traducidas y respaldadas por una institución o grupo de los contemplados. No es cierto que solo admita guías estatales o autonómicas ni exclusivamente españolas de origen.
3 Entre el cierre de la búsqueda de evidencia y la inclusión en el catálogo deben haber transcurrido menos de cinco años. La fecha relevante no es solo la de publicación: importa cuándo terminó la búsqueda.
4 Deben constar los datos de autoría —nombre, titulación, especialidad cuando proceda, institución— y la declaración de intereses. La declaración de intereses forma parte expresa del criterio.
5 La guía debe haberse elaborado, adaptado o actualizado con metodología contrastada y describir la búsqueda: términos, fuentes, fechas, criterios de inclusión/exclusión y calidad de los estudios. «Basada en evidencia» sin método reproducible no basta.
6 Las recomendaciones han de ser explícitas, identificar la bibliografía que las sustenta y formularse considerando beneficios y posibles riesgos de las alternativas. La bibliografía general al final no sustituye la trazabilidad de las recomendaciones.
Número que conviene memorizar: seis. La página oficial del Catálogo indica que todas las GPC se valoran con seis criterios y que solo se incluyen las que cumplen todos. Además, GuíaSalud ofrece acceso libre al texto completo; si una guía se publicó en una revista de pago, debe facilitar una versión abierta para poder incorporarse al Catálogo.

Existe además una exclusión específica: no se valoran para inclusión las solicitudes cuyo alcance y contenido principal estén orientados al uso de medicamentos en condiciones diferentes de las autorizadas. Es un matiz concreto y examinable porque no se deduce simplemente de «tener buena metodología».

6.2. Qué evalúa y qué no evalúa el catálogo

La lógica de GuíaSalud es metodológica. Una GPC no entra por la autoridad de su autor ni por coincidir con la práctica local; entra porque su proceso de elaboración permite rastrear de dónde sale cada recomendación y cómo se ponderaron beneficios y daños. Herramientas como AGREE II ayudan a valorar calidad metodológica, alcance, participación, rigor, claridad, aplicabilidad e independencia editorial, aunque los seis criterios del Catálogo son los que debes memorizar para esta parte del programa.

La existencia de una guía en el catálogo tampoco significa que vaya a permanecer vigente indefinidamente. La propia exigencia de actualidad de la búsqueda obliga a mirar la fecha. En un examen, una opción que diga «una GPC incluida en GuíaSalud es válida sin límite temporal» debe hacerte desconfiar.

Corrección de una simplificación frecuente: «GuíaSalud solo admite guías españolas de ámbito estatal o autonómico» es falso. El criterio 2 admite ámbito local y contempla también guías producidas fuera de España si han sido traducidas y respaldadas por las instituciones o grupos previstos.

7. GESTIÓN POR PROCESOS: LOS PAI DEL SSPA

La gestión por procesos mira la asistencia como la recorre el paciente, no como la organiza el hospital. El paciente no vive «una consulta de digestivo, una endoscopia y una cirugía»: vive un problema de salud de principio a fin, atravesando servicios, niveles asistenciales y a veces varios centros. El proceso es esa trayectoria completa, y mirarla entera es lo que hace visibles las discontinuidades.

El cambio de perspectiva no es retórico. La organización tradicional por servicios optimiza cada pieza por separado, y el resultado puede ser un conjunto pésimo: cada servicio cumple sus tiempos y el paciente espera cuatro meses porque nadie mide la suma. La gestión por procesos mide la suma.

7.1. Qué es un PAI

Un Proceso Asistencial Integrado es el instrumento con el que el SSPA ordena la atención a un problema de salud concreto, definiendo qué se hace, quién lo hace, en qué orden y con qué expectativas de tiempo, desde la entrada del paciente hasta su salida. La palabra «integrado» apunta a lo importante: atraviesa atención primaria y hospitalaria, que es justo donde se producen las rupturas que el paciente sufre.

7.2. Arquitectura de un PAI

Todos los PAI comparten una estructura reconocible, y conviene saber nombrarla:

  • Definición funcional: qué incluye el proceso y qué no.
  • Límites: de entrada (qué hace que un paciente entre), de salida (qué lo cierra) y marginales (lo que queda fuera aunque se le parezca).
  • Destinatarios y expectativas: qué espera el paciente, expresado como tal.
  • Componentes: la secuencia de actividades, con el profesional responsable de cada una y sus características de calidad.
  • Representación gráfica: el recorrido dibujado, que es donde se ven los cuellos de botella.
  • Indicadores: con qué se va a medir si el proceso funciona.

Los límites son la parte que más se pregunta y la que más se descuida al leer un PAI: sin ellos no se sabe a quién se aplica, y un proceso mal delimitado no se puede medir.

7.3. El mapa de procesos

Los procesos de una organización se ordenan en un mapa con tres familias:

  • Estratégicos: los que orientan a la organización —planificación, calidad, docencia e investigación—. No tocan al paciente, pero deciden el rumbo.
  • Operativos o clave: los que producen el servicio y el paciente percibe directamente. Aquí viven los PAI.
  • De soporte: los que hacen posibles los anteriores sin que el paciente los vea. Anatomía Patológica, el laboratorio, la radiología, la farmacia y los sistemas de información son procesos de soporte.
Que tu servicio sea un proceso de soporte no es un rango menor: significa que varios procesos clave dependen de él simultáneamente. La web oficial mantiene documentos específicos de soporte —por ejemplo, Laboratorios clínicos, Técnicas de imagen, Hemoterapia, Bloque quirúrgico y Nutrición clínica y dietética— y las arquitecturas de distintos PAI sitúan también Anatomía Patológica entre los soportes del itinerario asistencial.

7.4. Arquitectura: niveles y hoja de ruta

La arquitectura del proceso representa visualmente cómo se relacionan los procesos estratégicos, los procesos operativos y los soportes. En las arquitecturas de nivel superior interesa reconocer el recorrido completo; al descender de nivel aparecen actividades concretas, responsables, entradas y salidas. La hoja de ruta traduce esa arquitectura a la secuencia que sigue la persona y permite localizar demoras, duplicidades y puntos en los que el proceso cambia de profesional o nivel asistencial.

La Guía de diseño y mejora continua de PAI, 2.ª edición (2009), sigue siendo el documento metodológico enlazado por la Junta de Andalucía para explicar esta construcción. Sus premisas son especialmente útiles para examen: proceso centrado en la persona, continuidad asistencial, eliminación de actividades sin valor añadido, participación profesional, flexibilidad y orientación a resultados en salud.

PAI no es lo mismo que proceso de soporte. El PAI organiza un problema asistencial de principio a fin; los procesos de soporte prestan capacidades que pueden ser utilizadas por muchos PAI a la vez. Un laboratorio clínico no «pertenece» a un único PAI: da soporte simultáneo a numerosos itinerarios.
Esto se preguntó de la forma más concreta posible en FEA Anatomía Patológica — convocatoria 2025, turno libre, pregunta 16: según la 3.ª edición (2018) del PAI Cáncer Colorrectal, en cuánto tiempo se recomienda remitir el informe de la pieza de resección quirúrgica a quien la solicitó. La correcta fue la B: antes de los 15 días. Los distractores eran 20, 25 y 30. Es el tipo de dato que solo se acierta habiendo mirado el PAI de tu especialidad.
Consecuencia práctica para un FEA: busca el PAI de tu área y mira qué te exige a ti. Los PAI del SSPA fijan tiempos de respuesta concretos para las unidades de soporte, y esos tiempos son a la vez objetivo del Acuerdo de Gestión y material de examen. Es de las pocas lecturas que rinden en las dos direcciones.

8. SISTEMAS DE INFORMACIÓN: DIRAYA

Diraya es el sistema que utiliza el Servicio Andaluz de Salud como soporte de la historia clínica electrónica. La descripción oficial actual subraya que integra la información de salud de las personas atendidas para que esté disponible en el lugar y momento en que sea necesaria y que, además de la función asistencial, sirve para la gestión del sistema sanitario.

Para examen no conviene estudiar Diraya como si fuera una sola aplicación. Es un ecosistema de módulos interconectados. La idea arquitectónica importante es que los componentes comparten información y evitan registrar el mismo dato clínico una y otra vez en aplicaciones aisladas.

8.1. Diraya Atención Hospitalaria: el módulo que usa el facultativo

La referencia expresa del programa al módulo que utiliza el profesional en su actividad asistencial apunta, en el ámbito hospitalario médico, a Diraya Atención Hospitalaria — Estación Clínica (DAH-EC). La documentación de ayudaDIGITAL lo define como la aplicación usada para recoger los datos clínicos de los pacientes atendidos en el hospital, salvo el área específica de urgencias hospitalarias. Incorpora flujos de trabajo e informes generales y adaptados a especialidades.

Componente actual de DAH Función esencial
EC · Estación Clínica Registro y consulta clínica por perfiles médicos en atención hospitalaria.
ECC · Estación Clínica de Cuidados Registros y actividad de cuidados de enfermería.
EG · Estación de Gestión Tareas de gestión derivadas de los procesos asistenciales hospitalarios.
Módulo de urgencias hospitalarias Soporte específico de la atención urgente hospitalaria.
Diraya Portal Acceso y articulación de servicios y ubicaciones dentro del entorno hospitalario, con acceso a otros módulos.
Regla de descarte: si el enunciado pregunta por la aplicación del facultativo médico en hospitalización o consultas hospitalarias, piensa en DAH-Estación Clínica (EC). Si habla de Atención Primaria, la estación de trabajo es Historia de Salud en Atención Primaria (HSAP).

8.2. Otros módulos y servicios que debes reconocer

Módulo/servicio Qué aporta
BDU · Base de Datos de Usuarios Identificación coherente de la persona en el sistema sanitario.
Receta XXI Prescripción electrónica integrada en Diraya y soporte del circuito de dispensación.
MPA · Módulo de Pruebas Analíticas Integra el ciclo de la petición analítica, toma de muestras y resultados en la historia clínica electrónica.
Sistemas de citación Soportan la accesibilidad y la coordinación de citas y derivaciones.
HSAP Estación de trabajo de los profesionales de Atención Primaria y núcleo de sus contactos asistenciales.
FEA Anatomía Patológica — convocatoria 2021, turno libre, pregunta 14: preguntó cómo se llama el sistema de prescripción electrónica incluido en Diraya. La plantilla definitiva señaló la B: Receta XXI. PIRASOA, uno de los distractores, es un programa real del SSPA, pero no el módulo de receta electrónica.

8.3. Interoperabilidad: el dato debe volver a la historia

Los servicios diagnósticos pueden trabajar con sistemas departamentales especializados, pero su resultado útil debe integrarse en la historia. En laboratorio, el MPA corporativo permite que las pruebas queden vinculadas al episodio en que fueron solicitadas. La propia Junta informó en 2023 de que el módulo había superado cien millones de solicitudes analíticas, ilustrando hasta qué punto la integración ya forma parte de la actividad cotidiana y no de un proyecto experimental.

En imagen médica, estándares como DICOM permiten transmitir y almacenar imágenes e información asociada. A nivel interautonómico, los servicios de Historia Clínica Digital del SNS facilitan el intercambio de determinados documentos clínicos. La interoperabilidad no significa que «todo el mundo vea todo»: significa que los sistemas pueden intercambiar información con reglas de identificación, semántica, permisos y trazabilidad.

8.4. Seguridad, trazabilidad y uso legítimo

Los datos de salud son una categoría especial de datos personales conforme al Reglamento (UE) 2016/679, art. 9. El acceso asistencial se justifica por la finalidad clínica y debe respetar el principio de necesidad. La página oficial de ayudaDIGITAL recuerda que Diraya registra los accesos —quién, cuándo y por qué— y que la historia está protegida mediante medidas de custodia, respaldo y auditoría.

Disponibilidad no equivale a barra libre. Que una historia pueda consultarse desde distintos centros no habilita a acceder por curiosidad. El acceso debe estar vinculado a una finalidad legítima y queda sujeto a trazabilidad y auditoría.
Un sistema de información es a la vez herramienta clínica y fuente de evaluación. Si una actuación relevante no queda registrada de forma estructurada, será difícil incorporarla a indicadores, auditorías de proceso o seguimiento de objetivos de la unidad.

9. EL ACUERDO DE GESTIÓN Y LAS UGC

La Unidad de Gestión Clínica (UGC) acerca capacidad organizativa y responsabilidad sobre resultados al nivel en el que se toman decisiones clínicas. La formulación clásica combina autonomía, corresponsabilidad en el uso de recursos, buena práctica y evaluación. El Acuerdo de Gestión Clínica es el instrumento que formaliza ese marco y traduce las prioridades del centro en objetivos, recursos e indicadores de la unidad.

9.1. Qué dice la norma: no memorices «documento anual» sin matices

En Atención Primaria, el referente normativo expreso es el Decreto 197/2007, de 3 de julio. Su artículo 27 define el acuerdo, determina qué debe contener y establece una duración de cuatro años con seguimiento anual. Esto obliga a distinguir entre vigencia del acuerdo y objetivos/seguimiento anual.

Decreto 197/2007, art. 27 Contenido examinable
27.1 La Dirección Gerencia del distrito establece acuerdos con la dirección de cada UGC, a propuesta de la Dirección de Salud.
27.2 Fija el marco de gestión, métodos y recursos para alcanzar los objetivos; prevé autorización de la Dirección General competente en asistencia sanitaria.
27.3 Orienta la atención a eficacia, efectividad, necesidades de la población, accesibilidad y eficiencia de recursos públicos.
27.4 Incluye objetivos asistenciales, docentes e investigadores, promoción, prevención, protección y educación para la salud, además de recursos asignados.
27.5 Especifica metodología de incentivos en función del cumplimiento de objetivos.
27.6 Duración de cuatro años, renovable por iguales períodos.
27.7 Seguimiento anual para evaluar evolución y corregir elementos necesarios.
Trampa de literalidad: el programa oficial de FEA habla del Acuerdo de Gestión como instrumento de planificación y fijación de objetivos y compromisos anuales. Eso no autoriza a convertir en universal la frase «el acuerdo dura un año». En Atención Primaria, el art. 27.6 fija cuatro años y el 27.7 seguimiento anual. En centros hospitalarios existen además acuerdos publicados por anualidades, por lo que debes identificar siempre el marco concreto que cite la pregunta.

9.2. La cascada de dirección por objetivos

Estrategias y prioridades del SSPA


Contrato Programa ── Dirección Gerencia del SAS ↔ centros


Acuerdo de Gestión ── centro/distrito ↔ Unidad de Gestión Clínica


Objetivos, indicadores, recursos y seguimiento de la unidad

El Contrato Programa y el Acuerdo de Gestión no son sinónimos. El primero opera en el nivel SAS-centro; el segundo desciende al nivel de la UGC. La conexión es deliberada: si el Contrato Programa prioriza accesibilidad, resultados y eficiencia, los acuerdos de unidad deben traducir esas prioridades a objetivos que puedan ser gestionados por los equipos.

La última edición de Contrato Programa disponible en la página oficial del SAS a agosto de 2026 es la de 2025, actualizada el 23 de enero de 2026. Se estructura en tres perspectivas: Accesibilidad, Resultados en Salud y Eficiencia. Esto es importante porque la pregunta oficial de 2022 sobre el Contrato Programa 2023 usó otra formulación; las ediciones móviles se estudian con su año, no como verdades permanentes.

FEA Anatomía Patológica — convocatoria extraordinaria 2022, pregunta 7: sobre el Contrato Programa 2023 se pidió señalar la perspectiva falsa. La plantilla marcó A: desarrollo de los profesionales; las opciones correctas en ese documento eran accesibilidad, asistencia humanizada y eficiencia. Estudia esta perla como pregunta histórica de una edición concreta y, para vigencia actual, retén la estructura del Contrato Programa 2025.

9.3. Cómo leer un objetivo de gestión sin caer en la «dictadura del indicador»

Un objetivo útil identifica al menos qué se quiere cambiar, cómo se mide, de dónde sale el dato, cuál es la meta y cuándo se evalúa. Si falta la fuente, el indicador puede ser imposible de auditar; si falta el denominador, puede ser imposible de interpretar; si la meta no está vinculada a una capacidad real de la unidad, la evaluación deja de ser justa.

Los objetivos pueden ser de estructura —recursos o condiciones disponibles—, de proceso —qué se hace y con qué oportunidad— o de resultado —qué se consigue en salud, seguridad o experiencia—. Una UGC madura no debería evaluarse solo por volumen de actividad. Producir más informes, consultas o procedimientos puede coexistir con peores resultados si aumentan duplicidades, demoras o prácticas de bajo valor.

La gestión clínica conecta las dos mitades del tema: la evidencia dice qué conviene hacer; los procesos ordenan cómo hacerlo; Diraya registra lo ocurrido; y el Acuerdo de Gestión convierte prioridades en objetivos evaluables. Esa cadena es más rentable para resolver preguntas que memorizar cada instrumento como una isla.

10. VARIABILIDAD DE LA PRÁCTICA CLÍNICA

Es el fenómeno que da sentido a casi todo lo anterior. Pacientes clínicamente equivalentes reciben atención distinta según dónde y quién los atienda, en magnitudes que no explican ni la gravedad ni las preferencias. Se documenta desde los años setenta y se mantiene.

Conviene distinguir dos variabilidades. La justificada responde a diferencias reales entre pacientes o a sus preferencias, y es deseable: forma parte de la buena medicina. La injustificada responde a costumbre local, formación desigual, incentivos o disponibilidad de tecnología, y es un defecto de calidad, porque significa que alguien está recibiendo menos de lo que le corresponde, o más de lo que necesita.

La variabilidad injustificada tiene dos caras y las dos son daño: infrautilización de lo que sí aporta —la más invisible— y sobreutilización de lo que no aporta, que además consume lo que otros necesitan. Guías, vías clínicas y PAI son la respuesta organizativa a este problema.

De ahí nacen también las iniciativas de desinversión en prácticas de escaso valor —del tipo «no hacer»—, que identifican actuaciones frecuentes cuyo beneficio no está demostrado. Es un buen antídoto contra la idea de que gestionar bien consiste solo en hacer más.

10.1. De dónde sale la variabilidad

Antes de intentar reducirla hay que saber de dónde procede. Parte es variación por necesidad: edad, gravedad, comorbilidad, preferencias o diferencias epidemiológicas. Otra parte aparece por oferta: donde hay más disponibilidad de una tecnología o de una cama hospitalaria puede aumentar su utilización aunque la necesidad sea parecida. También influye la incertidumbre: cuando la evidencia no determina con claridad qué alternativa es mejor, las decisiones dependen más de formación, escuela clínica y experiencia local.

Por eso comparar tasas brutas entre unidades puede ser injusto. Una tasa de intervención mayor no demuestra sobreutilización si la población tiene más necesidad; una tasa menor no demuestra eficiencia si existen barreras de acceso. La evaluación necesita ajustar, cuando sea posible, por riesgo y composición de la población, y complementar el dato cuantitativo con auditoría clínica.

10.2. Adecuación: sobreuso, infrauso y mal uso

La calidad puede deteriorarse por sobreuso —hacer algo cuando el daño esperado supera el beneficio—, por infrauso —no ofrecer una intervención eficaz a quien la necesita— o por mal uso —hacer lo indicado de forma incorrecta, insegura o tardía—. Esta clasificación es útil porque evita identificar gestión clínica con recorte. Reducir una prueba innecesaria y aumentar una intervención infrutilizada son dos decisiones coherentes con el mismo objetivo: mejorar valor.

Las guías reducen incertidumbre; las vías y PAI reducen discontinuidad; los sistemas de información hacen visible el comportamiento real; y los acuerdos de gestión priorizan áreas concretas de mejora. Ninguno sustituye al juicio clínico, pero todos lo hacen observable, comparable y revisable. Esa es la esencia de la gestión clínica moderna.

Cuando un enunciado use palabras como «variabilidad», «adecuación», «bajo valor» o «no hacer», busca el problema de fondo: no se pretende homogeneizar pacientes distintos, sino evitar diferencias no justificadas entre pacientes comparables.

11. ERRORES FRECUENTES EN EL EXAMEN

  • Confundir coste-efectividad con coste-utilidad. Si aparecen AVAC o QALY, es utilidad. Siempre.
  • Creer que los valores predictivos son propiedades de la prueba. Dependen de la prevalencia; sensibilidad y especificidad no.
  • Evaluar un cribado por la supervivencia. La inflan el adelanto diagnóstico y el sobrediagnóstico: se mide por mortalidad específica.
  • Intercambiar Contrato Programa y Acuerdo de Gestión. El primero es SAS↔centro; el segundo desciende al nivel de la UGC.
  • Decir que todo Acuerdo de Gestión dura un año. El Decreto 197/2007, art. 27.6, fija cuatro años en Atención Primaria, con seguimiento anual en el art. 27.7.
  • Reducir GuíaSalud a «guías españolas autonómicas o estatales». El criterio 2 admite ámbito local y determinadas guías extranjeras traducidas y respaldadas.
  • Tratar una guía como norma de obligado cumplimiento. Es una recomendación fundamentada; apartarse es legítimo si se razona y se registra.
  • Olvidar que el laboratorio y Anatomía Patológica son procesos de SOPORTE. De ahí que sus tiempos de respuesta sean objetivo explícito.
  • Aplicar minimización de costes sin evidencia de equivalencia. Sin ella no es un análisis, es elegir lo barato.
  • Ignorar el formato negativo. «Señale la FALSA» aparece con frecuencia en este bloque, como en la pregunta del Contrato Programa 2023.

12. VIGENCIA DE LAS FUENTES

Este tema mezcla reglas estables con instrumentos móviles. No estudies una fecha antigua como si fuera vigente por el hecho de haber aparecido en un examen. A fecha de 28 de agosto de 2026, las referencias siguientes han sido contrastadas en las páginas oficiales indicadas.
Fuente Situación usada en este tema Qué revisar antes del examen
Programa oficial FEA Resoluciones SAS publicadas en BOJA núm. 156, de 12/08/2024: el Tema 17 incluye GPC, GuíaSalud, PAI, Diraya y Acuerdo de Gestión. Solo cambia si se publica un nuevo programa.
GuíaSalud El Catálogo mantiene seis criterios; el criterio 3 exige menos de 5 años desde el cierre de búsqueda hasta la inclusión. Comprobar si el Consejo Ejecutivo modifica criterios.
Diraya / ayudaDIGITAL DAH mantiene EC, ECC, EG, urgencias y Portal; EC es la estación clínica médica hospitalaria. Receta XXI continúa integrada. Los nombres de módulos y versiones son móviles.
Contrato Programa SAS La última edición enlazada oficialmente es Contrato Programa 2025, actualizada el 23/01/2026, con Accesibilidad, Resultados en Salud y Eficiencia. Comprobar si aparece una edición 2026 o posterior.
Acuerdo de Gestión Clínica Decreto 197/2007, art. 27: marco normativo de AP; cuatro años de duración y seguimiento anual. Existen acuerdos hospitalarios publicados por anualidades. Distinguir norma estructural de la edición concreta que cite el enunciado.
PAI La Junta sigue enlazando la Guía de diseño y mejora continua, 2.ª edición 2009. Cada PAI tiene su propia edición. Revisar siempre el PAI concreto y su año.
PAI Cáncer Colorrectal La pregunta FEA AP 2025 citó expresamente la 3.ª edición, 2018, con remisión del informe de resección antes de 15 días. Si el PAI se actualiza, separar la perla histórica de la recomendación vigente.
Regla de estudio: la letra de una plantilla oficial no «actualiza» una norma o plan. Conserva la pregunta con su año para reconocer el estilo del tribunal y, en paralelo, estudia la versión vigente del instrumento. En temas de gestión ambas cosas pueden ser distintas y estar las dos bien en su contexto temporal.

13. REFERENCIAS NORMATIVAS Y DOCUMENTALES

gestión clínica
coste-utilidad
AVAC
razón incremental
sensibilidad y especificidad
valores predictivos
cribado
sobrediagnóstico
guía de práctica clínica
GRADE
GuiaSalud
vía clínica
proceso asistencial integrado
mapa de procesos
Diraya
Receta XXI
acuerdo de gestión
variabilidad de la práctica

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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el agosto 30, 2026.