Tema 17. Gestión clínica: evaluación de intervenciones, guías de práctica clínica, gestión por procesos, sistemas de información y Acuerdo de Gestión
1. INTRODUCCIÓN: QUÉ ES GESTIÓN CLÍNICA Y POR QUÉ TE LA PREGUNTAN
La gestión clínica es la gestión que hace el propio clínico. No es la administración del hospital vista desde arriba, ni un asunto de gerentes: es la decisión de pedir o no pedir una prueba, de seguir o no una guía, de organizar la consulta de una manera u otra. Su premisa es incómoda pero honesta: los recursos son finitos y cada euro gastado en algo poco útil es un euro que no está en otra parte. No en una parte abstracta: en la lista de espera de otro paciente concreto.
De ahí que el temario junte en un solo tema cosas que parecen dispares —evaluación económica, guías de práctica clínica, gestión por procesos, sistemas de información, acuerdos de gestión—. Todas responden a la misma pregunta: cómo se toma una decisión clínica que además sea sostenible, comparable y trazable.
1.1. Las tres ideas que vertebran el tema
Si tuvieras que quedarte con tres, serían estas, y conviene tenerlas presentes al leer el resto:
- Toda decisión tiene coste de oportunidad. No existe la opción gratuita: hacer algo implica no hacer otra cosa con esos mismos recursos. Es la base de la evaluación económica.
- La variabilidad injustificada es un problema de calidad. Que dos pacientes iguales reciban atención distinta según a quién les toque no es riqueza clínica, es un defecto. Es la base de las guías y las vías clínicas.
- Lo que no se mide no se gestiona, pero lo que se mide mal se gestiona peor. Es la base de los sistemas de información y del acuerdo de gestión, y también su principal riesgo.
2. EVALUAR BENEFICIOS, DAÑOS Y COSTES
Toda intervención sanitaria tiene tres caras: lo que aporta, lo que puede dañar y lo que cuesta. La evaluación económica las pone juntas para comparar alternativas. Su rasgo distintivo, y el que más se olvida, es que siempre es comparativa: no dice si algo «vale la pena» en abstracto, sino si vale más la pena que la alternativa con la que se compara. Una técnica no es eficiente o ineficiente en sí misma; lo es frente a algo.
2.1. Los cuatro tipos, y qué los distingue
Lo que cambia entre ellos no es cómo se miden los costes —siempre en unidades monetarias— sino cómo se miden los resultados. Ese es el único criterio que hay que retener para no confundirlos nunca.
| Tipo | Cómo mide los resultados | Cuándo se usa |
|---|---|---|
| Minimización de costes | No los mide: asume que son equivalentes | Solo si está demostrado que las alternativas dan el mismo resultado |
| Coste-efectividad | Unidades clínicas naturales (mmHg, casos evitados, años de vida ganados) | Alternativas con el mismo tipo de resultado |
| Coste-utilidad | AVAC / QALY: cantidad y calidad de vida en una sola cifra | Alternativas con resultados de distinta naturaleza |
| Coste-beneficio | En dinero, también los resultados en salud | Comparar programas sanitarios con no sanitarios |
La minimización de costes es la que más se usa mal. Solo es legítima cuando existe evidencia previa de que las alternativas producen el mismo resultado: si eso no está demostrado, elegir la más barata no es eficiencia, es un recorte disfrazado de análisis. El examen a veces la presenta como si fuera aplicable siempre.
El coste-beneficio tiene el problema opuesto: para expresar la salud en dinero hay que ponerle precio a un año de vida, y eso genera un rechazo comprensible. Su utilidad real aparece cuando hay que comparar un programa sanitario con uno que no lo es —una campaña de vacunación frente a una inversión en carreteras—, porque es el único que permite esa comparación.
2.2. El AVAC, que es lo que más cae
El Año de Vida Ajustado por Calidad (AVAC, o QALY en inglés) integra en una sola unidad cuánto se vive y cómo se vive. La escala va de 1 —un año en salud perfecta— a 0 —la muerte—, y admite valores intermedios: un año en un estado de salud valorado en 0,6 vale 0,6 AVAC. Dos años en ese estado equivalen, en esta métrica, a 1,2 años de salud plena.
Esa aritmética es la que permite comparar cosas clínicamente incomparables. Una prótesis de cadera no alarga la vida pero mejora mucho su calidad; un antihipertensivo alarga la vida sin cambiar cómo se siente el paciente. Sin una unidad común no hay forma de decidir cuál merece más recursos. Con AVAC, sí.
2.3. La razón incremental y el umbral
El resultado de una evaluación no es un coste, es un cociente incremental: cuánto cuesta de más obtener una unidad más de resultado respecto a la alternativa. Se calcula como la diferencia de costes dividida entre la diferencia de resultados, y suele expresarse en euros por AVAC ganado.
De ahí se sigue algo que va contra la intuición: un tratamiento carísimo puede ser eficiente si aporta mucho, y uno barato puede ser ineficiente si no aporta casi nada. La pregunta nunca es «¿cuánto cuesta?», sino «¿cuánto cuesta lo que añade?».
Para interpretar ese cociente hace falta un punto de referencia, un umbral de disposición a pagar por AVAC. Los sistemas sanitarios manejan umbrales orientativos, no reglas automáticas: por encima de cierto coste por AVAC una tecnología se considera difícilmente financiable. Es una convención discutible, y conviene saber que lo es.
2.4. Perspectiva, horizonte y tipos de coste
Tres decisiones metodológicas condicionan el resultado antes de calcular nada, y por eso hay que declararlas siempre:
- Perspectiva: desde dónde se miran los costes. La del financiador ve solo lo que paga el sistema; la social incluye además lo que cuesta al paciente y a la sociedad —desplazamientos, pérdida de productividad, cuidados informales—. Una misma intervención puede parecer cara desde una y barata desde la otra.
- Horizonte temporal: cuánto tiempo se sigue. Un horizonte corto penaliza a las intervenciones preventivas, cuyos beneficios llegan tarde.
- Descuento: los costes y beneficios futuros se ajustan a valor presente, porque no se valora igual un año de vida hoy que dentro de treinta.
Y los costes se clasifican en directos (sanitarios y no sanitarios), indirectos (productividad perdida) e intangibles (dolor, ansiedad, sufrimiento), estos últimos difíciles de cuantificar y frecuentemente omitidos, lo que sesga los resultados.
├── ¿Funciona en condiciones ideales? → EFICACIA (ensayo clínico)
│ └── no ──► se detiene aquí
├── ¿Funciona en la práctica real? → EFECTIVIDAD (estudios pragmáticos)
│ └── no ──► investigar por qué (adherencia, selección, contexto)
└── ¿A qué coste por unidad de resultado? → EFICIENCIA (evaluación económica)
├── unidades naturales → coste-efectividad
├── AVAC → coste-utilidad
└── dinero → coste-beneficio
2.5. Del resultado del ensayo al beneficio neto para el paciente
El temario no habla solo de costes: exige evaluar beneficios y daños. Para hacerlo bien hay que abandonar la pregunta simplista «¿funciona?» y pasar a otra más útil: ¿qué balance neto produce en este paciente y frente a qué alternativa?. Una intervención puede reducir un desenlace importante y, a la vez, aumentar eventos adversos; puede producir un beneficio relativo llamativo pero un beneficio absoluto mínimo; o puede aportar una ganancia media que no compense la carga de tratamiento en determinados subgrupos.
Por eso deben leerse conjuntamente el efecto relativo y el efecto absoluto. Si un tratamiento reduce un riesgo del 2% al 1%, la reducción relativa es del 50%, pero la reducción absoluta es de un punto porcentual y el NNT es 100. Las tres cifras son ciertas, pero cuentan historias distintas. La comunicación rigurosa evita usar únicamente la medida que haga parecer más grande el efecto.
El mismo razonamiento se aplica a los daños. El NNH —número necesario para dañar— expresa cuántos pacientes habría que exponer para provocar un evento adverso adicional. Comparar NNT y NNH no resuelve automáticamente la decisión, porque beneficio y daño pueden tener gravedad muy distinta, pero obliga a explicitar el intercambio. En gestión clínica interesa además quién soporta cada consecuencia: el paciente, la organización o ambos.
2.6. De la evidencia poblacional a la decisión individual
Los ensayos y evaluaciones producen promedios. El clínico trabaja con personas concretas. Entre ambos niveles aparecen la heterogeneidad del efecto, la comorbilidad, el riesgo basal, las preferencias, la esperanza de vida, la adherencia y la factibilidad. Cuanto mayor sea el riesgo basal de un desenlace, mayor suele ser el beneficio absoluto de una intervención que mantenga el mismo efecto relativo; por eso seleccionar bien a la población puede mejorar simultáneamente resultados y eficiencia.
Esta es también la lógica de las recomendaciones «no hacer»: no prohíben una técnica por definición, sino que identifican situaciones en las que su valor esperado es bajo o negativo. El examen puede formularlo como un conflicto entre «más actividad» y «mejor atención». En gestión clínica, actividad no equivale a resultado. Repetir pruebas, duplicar consultas o tratar hallazgos incidentales puede aumentar la producción registrada y empeorar el valor asistencial.
3. USO APROPIADO DE LAS PRUEBAS DIAGNÓSTICAS
Pedir una prueba no es un acto neutro: consume recursos, retrasa decisiones y, sobre todo, puede hacer daño. Un falso positivo desencadena una cascada de pruebas confirmatorias, cada una con su propio riesgo; un falso negativo tranquiliza a quien no debería estar tranquilo y retrasa el diagnóstico verdadero.
3.1. Las cuatro medidas clásicas
- Sensibilidad: de los enfermos, cuántos da positivos. Una prueba muy sensible, cuando sale negativa, descarta.
- Especificidad: de los sanos, cuántos da negativos. Una prueba muy específica, cuando sale positiva, confirma.
- Valor predictivo positivo: de los que dan positivo, cuántos están realmente enfermos.
- Valor predictivo negativo: de los que dan negativo, cuántos están realmente sanos.
Sensibilidad y especificidad se leen desde la enfermedad hacia la prueba; los valores predictivos, desde la prueba hacia la enfermedad. Esa inversión de la dirección es lo que hace que se confundan, y es también lo que explica su comportamiento distinto.
3.2. Un ejemplo con números, que es como se entiende
Supón una prueba con sensibilidad del 99% y especificidad del 99%, que parece excelente. Aplicada a 10.000 personas con una prevalencia del 1%:
- Enfermos: 100. La prueba detecta 99 (verdaderos positivos) y falla 1.
- Sanos: 9.900. La prueba acierta en 9.801 y da 99 falsos positivos.
- Total de positivos: 99 + 99 = 198. De ellos, solo la mitad están enfermos.
Con una prueba del 99% en ambas medidas, el valor predictivo positivo es del 50%. Si la prevalencia bajara al 0,1%, sería del 9%: nueve de cada diez positivos serían falsos. Ese es el motivo por el que un cribado poblacional exige especificidad altísima y siempre una prueba de confirmación.
3.3. Cocientes de probabilidad y punto de corte
Los cocientes de probabilidad o razones de verosimilitud combinan sensibilidad y especificidad y permiten actualizar la probabilidad que ya se tenía antes de la prueba. Traducen a números lo que el clínico hace de forma intuitiva: una prueba solo aporta si mueve la decisión. Un cociente positivo alto empuja la probabilidad hacia arriba; uno cercano a 1 no cambia nada, y entonces la prueba era innecesaria.
En pruebas cuantitativas hay además que elegir un punto de corte, y ahí no existe la elección neutra: bajarlo gana sensibilidad y pierde especificidad, subirlo hace lo contrario. La curva ROC representa ese intercambio, y el área bajo la curva resume la capacidad discriminativa global de la prueba, con independencia del corte elegido.
3.4. Probabilidad preprueba, posprueba y umbrales de decisión
Una prueba diagnóstica tiene valor cuando cambia suficientemente la probabilidad de enfermedad como para modificar la conducta. Antes de pedirla existe una probabilidad preprueba, construida con prevalencia, síntomas, antecedentes y hallazgos disponibles. El resultado de la prueba, mediante sus cocientes de probabilidad, la transforma en una probabilidad posprueba. Esa secuencia es la versión cuantitativa del razonamiento clínico.
Esto permite entender los umbrales de prueba y de tratamiento. Si la probabilidad es tan baja que incluso un resultado positivo no llevaría a tratar, la prueba sobra. Si es tan alta que un resultado negativo tampoco cambiaría la decisión, puede sobrar igualmente. El intervalo en el que una prueba es realmente útil está entre ambos umbrales. Pedirla fuera de ese intervalo añade ruido, falsos resultados y cascadas sin modificar la conducta.
Los cocientes de probabilidad ayudan porque, a diferencia de los valores predictivos, son más transportables entre poblaciones. El LR+ se calcula como sensibilidad/(1−especificidad) y el LR− como (1−sensibilidad)/especificidad. Un LR cercano a 1 apenas mueve la probabilidad; cuanto más se aleja de 1 en la dirección adecuada, más información aporta. No hace falta memorizar una tabla rígida de «buenos» cocientes: lo importante es preguntarse si el resultado cruza un umbral clínico.
├── ¿Qué probabilidad tengo ANTES de pedirla?
│ ├── Muy baja → un positivo será probablemente falso
│ └── Muy alta → un negativo no me tranquilizará
├── ¿Cambiará mi decisión el resultado?
│ └── NO → no la pidas: solo añade coste, demora y riesgo de cascada
└── ¿Qué daño puede hacer?
├── Directo → radiación, invasividad, contraste
└── En cascada → confirmatorias, sobrediagnóstico, ansiedad
4. CRIBADO: CUÁNDO BUSCAR ENFERMEDAD EN QUIEN NO LA NOTA
Cribar es aplicar una prueba a personas asintomáticas para detectar enfermedad antes de que dé la cara. La diferencia con el diagnóstico es esencial y de naturaleza ética: en el cribado la iniciativa es del sistema, no del paciente. A quien viene con un síntoma se le ofrece ayuda; a quien está bien se le va a buscar, y por eso hay que estar muy seguro de que el balance le favorece.
4.1. Los criterios clásicos
Los criterios de Wilson y Jungner, formulados para la OMS en 1968, siguen siendo la referencia. En esencia exigen que la enfermedad sea un problema importante de salud, que su historia natural se conozca, que tenga una fase presintomática detectable, que exista una prueba aceptable para la población, que haya tratamiento eficaz en esa fase precoz, que estén acordados a quién tratar y con qué, y que el conjunto sea coste-efectivo y continuado en el tiempo, no una campaña puntual.
4.2. Poblacional frente a oportunista
El cribado poblacional invita activamente a toda la población diana, con un sistema de información que registra quién ha participado y quién no, control de calidad y circuito de confirmación garantizado. El cribado oportunista aprovecha una consulta motivada por otra cosa.
El oportunista parece más barato y es peor: llega antes a quien más acude —que suele ser quien menos lo necesita— y amplía las desigualdades en lugar de reducirlas. Además, sin registro poblacional no hay forma de evaluar el programa.
4.3. Los tres sesgos que hacen parecer bueno un cribado malo
- Sesgo de adelanto diagnóstico (lead time): la supervivencia medida desde el diagnóstico parece mayor solo porque el diagnóstico se ha adelantado, aunque la muerte ocurra exactamente el mismo día.
- Sesgo de duración (length): el cribado capta preferentemente los casos de evolución lenta, que son los de mejor pronóstico. Los agresivos aparecen entre dos rondas, sintomáticos, y no cuentan como detectados por el programa.
- Sobrediagnóstico: detectar lesiones que nunca habrían dado síntomas ni causado la muerte. El daño es real —tratamiento, ansiedad, etiqueta de enfermo— y el beneficio, nulo. Es la forma extrema del sesgo de duración.
5. GUÍAS DE PRÁCTICA CLÍNICA Y VÍAS CLÍNICAS
Son instrumentos distintos y el examen los confunde a propósito. La diferencia está en qué pregunta responde cada uno.
| Instrumento | Qué responde | Naturaleza |
|---|---|---|
| Guía de práctica clínica | Qué hacer ante un problema de salud | Recomendaciones basadas en evidencia, con su nivel y grado. Orientan; no obligan |
| Protocolo | Cómo hacer una actuación concreta | Más rígido y detallado, de ámbito local |
| Vía clínica | Qué, quién y cuándo, día a día | Plan de asistencia con secuencia temporal para un proceso previsible |
5.1. Cómo se construye una guía
Una guía metodológicamente seria sigue siempre los mismos pasos: se delimita el alcance y las preguntas clínicas que va a responder, se constituye un grupo elaborador multidisciplinar con declaración de conflictos, se hace una búsqueda sistemática, se evalúa críticamente la evidencia encontrada, se gradúan las recomendaciones y se somete el borrador a revisión externa. Lo que distingue una guía de una opinión bien escrita es ese proceso, no la autoridad de quien firma.
En la graduación, el sistema más extendido es GRADE, que separa dos cosas que antes se mezclaban: la calidad de la evidencia —cuánta confianza merece la estimación del efecto— y la fuerza de la recomendación —cuán seguro se está de que los beneficios superan a los riesgos—. Puede haber recomendaciones fuertes con evidencia débil, y al revés, porque intervienen también los valores de los pacientes y el uso de recursos.
5.2. La vía clínica
La vía clínica es la más operativa de las tres: convierte la guía en una matriz de actuaciones por día y por profesional, útil en procesos de curso predecible —una artroplastia programada, una cesárea electiva, una colecistectomía—. Su valor añadido no es solo ordenar: es que hace visibles las variaciones. Cuando algo se sale de la vía queda registrado como tal, y esas desviaciones se analizan periódicamente. Son la principal fuente de mejora del propio instrumento.
5.3. Elaborar una guía no equivale a implantarla
Una GPC puede ser metodológicamente excelente y no cambiar la práctica. Entre la publicación y el resultado clínico hay una fase de implementación que exige identificar barreras, adaptar circuitos, formar a los profesionales y medir si las recomendaciones realmente se aplican. La barrera puede ser de conocimiento —nadie sabe que la guía existe—, de actitud —se discrepa de la recomendación—, de organización —no hay tiempo, tecnología o circuito— o de contexto —la población local no coincide con la de los estudios.
Por eso conviene separar difusión de implementación. Difundir es enviar la guía, colgarla en una intranet o presentarla en una sesión. Implementar es rediseñar la práctica para que la conducta recomendada sea factible y después comprobarla. Las intervenciones suelen combinar recordatorios, auditoría con retroalimentación, formación, cambios en formularios o sistemas de petición y, cuando procede, apoyo a la decisión clínica.
La evaluación posterior necesita indicadores. Puede medirse la adherencia a una recomendación, el tiempo hasta una actuación, la proporción de pacientes correctamente seleccionados o un resultado clínico. Un indicador de adherencia no demuestra por sí solo que el paciente esté mejor; y un resultado final puede depender de muchos factores distintos de la guía. Esa diferencia entre proceso y resultado es la misma que reaparece después en el Acuerdo de Gestión.
5.4. Actualización, adaptación y contextualización
Una guía envejece cuando aparece evidencia capaz de cambiar una recomendación, no simplemente cuando cumple años. Aun así, los sistemas de catalogación necesitan reglas operativas de actualidad; por eso GuíaSalud fija un criterio temporal ligado al cierre de la búsqueda. Si una recomendación depende de un tratamiento, una prueba o una tecnología con evolución rápida, el riesgo de obsolescencia es mayor que en cuestiones organizativas estables.
Adaptar una guía no consiste en copiarla y cambiar el logotipo. Requiere comprobar si la evidencia, los recursos, la epidemiología, los valores de los pacientes y la organización permiten transferir las recomendaciones al contexto local. La adaptación rigurosa conserva la trazabilidad: debe saberse qué recomendación procede de la guía fuente, cuál se ha modificado y por qué.
6. GUIASALUD: EL CATÁLOGO DE GPC DEL SNS
GuíaSalud es el organismo del Sistema Nacional de Salud orientado a mejorar la calidad de la atención mediante productos basados en la evidencia. Su Catálogo de Guías de Práctica Clínica del SNS no funciona como un repositorio abierto en el que cualquier documento se deposita sin filtro: las guías candidatas se valoran mediante seis criterios de inclusión aprobados por su Consejo Ejecutivo, y deben cumplirlos todos.
6.1. Los seis criterios de inclusión, tal como están publicados actualmente
| Criterio | Qué exige | Trampa de examen |
|---|---|---|
| 1 | El documento remitido debe ser realmente una GPC: recomendaciones sustentadas en revisión sistemática de la evidencia y valoración de beneficios y riesgos. | No basta con llamarlo «guía», «consenso» o «protocolo». |
| 2 | Puede ser producida en España, en cualquier lengua oficial, por instituciones, sociedades, paneles o grupos profesionales y con ámbito estatal, regional o local. También se admiten GPC extranjeras si han sido traducidas y respaldadas por una institución o grupo de los contemplados. | No es cierto que solo admita guías estatales o autonómicas ni exclusivamente españolas de origen. |
| 3 | Entre el cierre de la búsqueda de evidencia y la inclusión en el catálogo deben haber transcurrido menos de cinco años. | La fecha relevante no es solo la de publicación: importa cuándo terminó la búsqueda. |
| 4 | Deben constar los datos de autoría —nombre, titulación, especialidad cuando proceda, institución— y la declaración de intereses. | La declaración de intereses forma parte expresa del criterio. |
| 5 | La guía debe haberse elaborado, adaptado o actualizado con metodología contrastada y describir la búsqueda: términos, fuentes, fechas, criterios de inclusión/exclusión y calidad de los estudios. | «Basada en evidencia» sin método reproducible no basta. |
| 6 | Las recomendaciones han de ser explícitas, identificar la bibliografía que las sustenta y formularse considerando beneficios y posibles riesgos de las alternativas. | La bibliografía general al final no sustituye la trazabilidad de las recomendaciones. |
Existe además una exclusión específica: no se valoran para inclusión las solicitudes cuyo alcance y contenido principal estén orientados al uso de medicamentos en condiciones diferentes de las autorizadas. Es un matiz concreto y examinable porque no se deduce simplemente de «tener buena metodología».
6.2. Qué evalúa y qué no evalúa el catálogo
La lógica de GuíaSalud es metodológica. Una GPC no entra por la autoridad de su autor ni por coincidir con la práctica local; entra porque su proceso de elaboración permite rastrear de dónde sale cada recomendación y cómo se ponderaron beneficios y daños. Herramientas como AGREE II ayudan a valorar calidad metodológica, alcance, participación, rigor, claridad, aplicabilidad e independencia editorial, aunque los seis criterios del Catálogo son los que debes memorizar para esta parte del programa.
La existencia de una guía en el catálogo tampoco significa que vaya a permanecer vigente indefinidamente. La propia exigencia de actualidad de la búsqueda obliga a mirar la fecha. En un examen, una opción que diga «una GPC incluida en GuíaSalud es válida sin límite temporal» debe hacerte desconfiar.
7. GESTIÓN POR PROCESOS: LOS PAI DEL SSPA
La gestión por procesos mira la asistencia como la recorre el paciente, no como la organiza el hospital. El paciente no vive «una consulta de digestivo, una endoscopia y una cirugía»: vive un problema de salud de principio a fin, atravesando servicios, niveles asistenciales y a veces varios centros. El proceso es esa trayectoria completa, y mirarla entera es lo que hace visibles las discontinuidades.
El cambio de perspectiva no es retórico. La organización tradicional por servicios optimiza cada pieza por separado, y el resultado puede ser un conjunto pésimo: cada servicio cumple sus tiempos y el paciente espera cuatro meses porque nadie mide la suma. La gestión por procesos mide la suma.
7.1. Qué es un PAI
Un Proceso Asistencial Integrado es el instrumento con el que el SSPA ordena la atención a un problema de salud concreto, definiendo qué se hace, quién lo hace, en qué orden y con qué expectativas de tiempo, desde la entrada del paciente hasta su salida. La palabra «integrado» apunta a lo importante: atraviesa atención primaria y hospitalaria, que es justo donde se producen las rupturas que el paciente sufre.
7.2. Arquitectura de un PAI
Todos los PAI comparten una estructura reconocible, y conviene saber nombrarla:
- Definición funcional: qué incluye el proceso y qué no.
- Límites: de entrada (qué hace que un paciente entre), de salida (qué lo cierra) y marginales (lo que queda fuera aunque se le parezca).
- Destinatarios y expectativas: qué espera el paciente, expresado como tal.
- Componentes: la secuencia de actividades, con el profesional responsable de cada una y sus características de calidad.
- Representación gráfica: el recorrido dibujado, que es donde se ven los cuellos de botella.
- Indicadores: con qué se va a medir si el proceso funciona.
Los límites son la parte que más se pregunta y la que más se descuida al leer un PAI: sin ellos no se sabe a quién se aplica, y un proceso mal delimitado no se puede medir.
7.3. El mapa de procesos
Los procesos de una organización se ordenan en un mapa con tres familias:
- Estratégicos: los que orientan a la organización —planificación, calidad, docencia e investigación—. No tocan al paciente, pero deciden el rumbo.
- Operativos o clave: los que producen el servicio y el paciente percibe directamente. Aquí viven los PAI.
- De soporte: los que hacen posibles los anteriores sin que el paciente los vea. Anatomía Patológica, el laboratorio, la radiología, la farmacia y los sistemas de información son procesos de soporte.
7.4. Arquitectura: niveles y hoja de ruta
La arquitectura del proceso representa visualmente cómo se relacionan los procesos estratégicos, los procesos operativos y los soportes. En las arquitecturas de nivel superior interesa reconocer el recorrido completo; al descender de nivel aparecen actividades concretas, responsables, entradas y salidas. La hoja de ruta traduce esa arquitectura a la secuencia que sigue la persona y permite localizar demoras, duplicidades y puntos en los que el proceso cambia de profesional o nivel asistencial.
La Guía de diseño y mejora continua de PAI, 2.ª edición (2009), sigue siendo el documento metodológico enlazado por la Junta de Andalucía para explicar esta construcción. Sus premisas son especialmente útiles para examen: proceso centrado en la persona, continuidad asistencial, eliminación de actividades sin valor añadido, participación profesional, flexibilidad y orientación a resultados en salud.
8. SISTEMAS DE INFORMACIÓN: DIRAYA
Diraya es el sistema que utiliza el Servicio Andaluz de Salud como soporte de la historia clínica electrónica. La descripción oficial actual subraya que integra la información de salud de las personas atendidas para que esté disponible en el lugar y momento en que sea necesaria y que, además de la función asistencial, sirve para la gestión del sistema sanitario.
Para examen no conviene estudiar Diraya como si fuera una sola aplicación. Es un ecosistema de módulos interconectados. La idea arquitectónica importante es que los componentes comparten información y evitan registrar el mismo dato clínico una y otra vez en aplicaciones aisladas.
8.1. Diraya Atención Hospitalaria: el módulo que usa el facultativo
La referencia expresa del programa al módulo que utiliza el profesional en su actividad asistencial apunta, en el ámbito hospitalario médico, a Diraya Atención Hospitalaria — Estación Clínica (DAH-EC). La documentación de ayudaDIGITAL lo define como la aplicación usada para recoger los datos clínicos de los pacientes atendidos en el hospital, salvo el área específica de urgencias hospitalarias. Incorpora flujos de trabajo e informes generales y adaptados a especialidades.
| Componente actual de DAH | Función esencial |
|---|---|
| EC · Estación Clínica | Registro y consulta clínica por perfiles médicos en atención hospitalaria. |
| ECC · Estación Clínica de Cuidados | Registros y actividad de cuidados de enfermería. |
| EG · Estación de Gestión | Tareas de gestión derivadas de los procesos asistenciales hospitalarios. |
| Módulo de urgencias hospitalarias | Soporte específico de la atención urgente hospitalaria. |
| Diraya Portal | Acceso y articulación de servicios y ubicaciones dentro del entorno hospitalario, con acceso a otros módulos. |
8.2. Otros módulos y servicios que debes reconocer
| Módulo/servicio | Qué aporta |
|---|---|
| BDU · Base de Datos de Usuarios | Identificación coherente de la persona en el sistema sanitario. |
| Receta XXI | Prescripción electrónica integrada en Diraya y soporte del circuito de dispensación. |
| MPA · Módulo de Pruebas Analíticas | Integra el ciclo de la petición analítica, toma de muestras y resultados en la historia clínica electrónica. |
| Sistemas de citación | Soportan la accesibilidad y la coordinación de citas y derivaciones. |
| HSAP | Estación de trabajo de los profesionales de Atención Primaria y núcleo de sus contactos asistenciales. |
8.3. Interoperabilidad: el dato debe volver a la historia
Los servicios diagnósticos pueden trabajar con sistemas departamentales especializados, pero su resultado útil debe integrarse en la historia. En laboratorio, el MPA corporativo permite que las pruebas queden vinculadas al episodio en que fueron solicitadas. La propia Junta informó en 2023 de que el módulo había superado cien millones de solicitudes analíticas, ilustrando hasta qué punto la integración ya forma parte de la actividad cotidiana y no de un proyecto experimental.
En imagen médica, estándares como DICOM permiten transmitir y almacenar imágenes e información asociada. A nivel interautonómico, los servicios de Historia Clínica Digital del SNS facilitan el intercambio de determinados documentos clínicos. La interoperabilidad no significa que «todo el mundo vea todo»: significa que los sistemas pueden intercambiar información con reglas de identificación, semántica, permisos y trazabilidad.
8.4. Seguridad, trazabilidad y uso legítimo
Los datos de salud son una categoría especial de datos personales conforme al Reglamento (UE) 2016/679, art. 9. El acceso asistencial se justifica por la finalidad clínica y debe respetar el principio de necesidad. La página oficial de ayudaDIGITAL recuerda que Diraya registra los accesos —quién, cuándo y por qué— y que la historia está protegida mediante medidas de custodia, respaldo y auditoría.
Reglamento (UE) 2016/679, de 27 de abril de 2016, art. 9.2.h.
9. EL ACUERDO DE GESTIÓN Y LAS UGC
La Unidad de Gestión Clínica (UGC) acerca capacidad organizativa y responsabilidad sobre resultados al nivel en el que se toman decisiones clínicas. La formulación clásica combina autonomía, corresponsabilidad en el uso de recursos, buena práctica y evaluación. El Acuerdo de Gestión Clínica es el instrumento que formaliza ese marco y traduce las prioridades del centro en objetivos, recursos e indicadores de la unidad.
9.1. Qué dice la norma: no memorices «documento anual» sin matices
En Atención Primaria, el referente normativo expreso es el Decreto 197/2007, de 3 de julio. Su artículo 27 define el acuerdo, determina qué debe contener y establece una duración de cuatro años con seguimiento anual. Esto obliga a distinguir entre vigencia del acuerdo y objetivos/seguimiento anual.
Decreto 197/2007, de 3 de julio, art. 27.2.
| Decreto 197/2007, art. 27 | Contenido examinable |
|---|---|
| 27.1 | La Dirección Gerencia del distrito establece acuerdos con la dirección de cada UGC, a propuesta de la Dirección de Salud. |
| 27.2 | Fija el marco de gestión, métodos y recursos para alcanzar los objetivos; prevé autorización de la Dirección General competente en asistencia sanitaria. |
| 27.3 | Orienta la atención a eficacia, efectividad, necesidades de la población, accesibilidad y eficiencia de recursos públicos. |
| 27.4 | Incluye objetivos asistenciales, docentes e investigadores, promoción, prevención, protección y educación para la salud, además de recursos asignados. |
| 27.5 | Especifica metodología de incentivos en función del cumplimiento de objetivos. |
| 27.6 | Duración de cuatro años, renovable por iguales períodos. |
| 27.7 | Seguimiento anual para evaluar evolución y corregir elementos necesarios. |
9.2. La cascada de dirección por objetivos
│
▼
Contrato Programa ── Dirección Gerencia del SAS ↔ centros
│
▼
Acuerdo de Gestión ── centro/distrito ↔ Unidad de Gestión Clínica
│
▼
Objetivos, indicadores, recursos y seguimiento de la unidad
El Contrato Programa y el Acuerdo de Gestión no son sinónimos. El primero opera en el nivel SAS-centro; el segundo desciende al nivel de la UGC. La conexión es deliberada: si el Contrato Programa prioriza accesibilidad, resultados y eficiencia, los acuerdos de unidad deben traducir esas prioridades a objetivos que puedan ser gestionados por los equipos.
La última edición de Contrato Programa disponible en la página oficial del SAS a agosto de 2026 es la de 2025, actualizada el 23 de enero de 2026. Se estructura en tres perspectivas: Accesibilidad, Resultados en Salud y Eficiencia. Esto es importante porque la pregunta oficial de 2022 sobre el Contrato Programa 2023 usó otra formulación; las ediciones móviles se estudian con su año, no como verdades permanentes.
9.3. Cómo leer un objetivo de gestión sin caer en la «dictadura del indicador»
Un objetivo útil identifica al menos qué se quiere cambiar, cómo se mide, de dónde sale el dato, cuál es la meta y cuándo se evalúa. Si falta la fuente, el indicador puede ser imposible de auditar; si falta el denominador, puede ser imposible de interpretar; si la meta no está vinculada a una capacidad real de la unidad, la evaluación deja de ser justa.
Los objetivos pueden ser de estructura —recursos o condiciones disponibles—, de proceso —qué se hace y con qué oportunidad— o de resultado —qué se consigue en salud, seguridad o experiencia—. Una UGC madura no debería evaluarse solo por volumen de actividad. Producir más informes, consultas o procedimientos puede coexistir con peores resultados si aumentan duplicidades, demoras o prácticas de bajo valor.
10. VARIABILIDAD DE LA PRÁCTICA CLÍNICA
Es el fenómeno que da sentido a casi todo lo anterior. Pacientes clínicamente equivalentes reciben atención distinta según dónde y quién los atienda, en magnitudes que no explican ni la gravedad ni las preferencias. Se documenta desde los años setenta y se mantiene.
Conviene distinguir dos variabilidades. La justificada responde a diferencias reales entre pacientes o a sus preferencias, y es deseable: forma parte de la buena medicina. La injustificada responde a costumbre local, formación desigual, incentivos o disponibilidad de tecnología, y es un defecto de calidad, porque significa que alguien está recibiendo menos de lo que le corresponde, o más de lo que necesita.
De ahí nacen también las iniciativas de desinversión en prácticas de escaso valor —del tipo «no hacer»—, que identifican actuaciones frecuentes cuyo beneficio no está demostrado. Es un buen antídoto contra la idea de que gestionar bien consiste solo en hacer más.
10.1. De dónde sale la variabilidad
Antes de intentar reducirla hay que saber de dónde procede. Parte es variación por necesidad: edad, gravedad, comorbilidad, preferencias o diferencias epidemiológicas. Otra parte aparece por oferta: donde hay más disponibilidad de una tecnología o de una cama hospitalaria puede aumentar su utilización aunque la necesidad sea parecida. También influye la incertidumbre: cuando la evidencia no determina con claridad qué alternativa es mejor, las decisiones dependen más de formación, escuela clínica y experiencia local.
Por eso comparar tasas brutas entre unidades puede ser injusto. Una tasa de intervención mayor no demuestra sobreutilización si la población tiene más necesidad; una tasa menor no demuestra eficiencia si existen barreras de acceso. La evaluación necesita ajustar, cuando sea posible, por riesgo y composición de la población, y complementar el dato cuantitativo con auditoría clínica.
10.2. Adecuación: sobreuso, infrauso y mal uso
La calidad puede deteriorarse por sobreuso —hacer algo cuando el daño esperado supera el beneficio—, por infrauso —no ofrecer una intervención eficaz a quien la necesita— o por mal uso —hacer lo indicado de forma incorrecta, insegura o tardía—. Esta clasificación es útil porque evita identificar gestión clínica con recorte. Reducir una prueba innecesaria y aumentar una intervención infrutilizada son dos decisiones coherentes con el mismo objetivo: mejorar valor.
Las guías reducen incertidumbre; las vías y PAI reducen discontinuidad; los sistemas de información hacen visible el comportamiento real; y los acuerdos de gestión priorizan áreas concretas de mejora. Ninguno sustituye al juicio clínico, pero todos lo hacen observable, comparable y revisable. Esa es la esencia de la gestión clínica moderna.
11. ERRORES FRECUENTES EN EL EXAMEN
- Confundir coste-efectividad con coste-utilidad. Si aparecen AVAC o QALY, es utilidad. Siempre.
- Creer que los valores predictivos son propiedades de la prueba. Dependen de la prevalencia; sensibilidad y especificidad no.
- Evaluar un cribado por la supervivencia. La inflan el adelanto diagnóstico y el sobrediagnóstico: se mide por mortalidad específica.
- Intercambiar Contrato Programa y Acuerdo de Gestión. El primero es SAS↔centro; el segundo desciende al nivel de la UGC.
- Decir que todo Acuerdo de Gestión dura un año. El Decreto 197/2007, art. 27.6, fija cuatro años en Atención Primaria, con seguimiento anual en el art. 27.7.
- Reducir GuíaSalud a «guías españolas autonómicas o estatales». El criterio 2 admite ámbito local y determinadas guías extranjeras traducidas y respaldadas.
- Tratar una guía como norma de obligado cumplimiento. Es una recomendación fundamentada; apartarse es legítimo si se razona y se registra.
- Olvidar que el laboratorio y Anatomía Patológica son procesos de SOPORTE. De ahí que sus tiempos de respuesta sean objetivo explícito.
- Aplicar minimización de costes sin evidencia de equivalencia. Sin ella no es un análisis, es elegir lo barato.
- Ignorar el formato negativo. «Señale la FALSA» aparece con frecuencia en este bloque, como en la pregunta del Contrato Programa 2023.
12. VIGENCIA DE LAS FUENTES
| Fuente | Situación usada en este tema | Qué revisar antes del examen |
|---|---|---|
| Programa oficial FEA | Resoluciones SAS publicadas en BOJA núm. 156, de 12/08/2024: el Tema 17 incluye GPC, GuíaSalud, PAI, Diraya y Acuerdo de Gestión. | Solo cambia si se publica un nuevo programa. |
| GuíaSalud | El Catálogo mantiene seis criterios; el criterio 3 exige menos de 5 años desde el cierre de búsqueda hasta la inclusión. | Comprobar si el Consejo Ejecutivo modifica criterios. |
| Diraya / ayudaDIGITAL | DAH mantiene EC, ECC, EG, urgencias y Portal; EC es la estación clínica médica hospitalaria. Receta XXI continúa integrada. | Los nombres de módulos y versiones son móviles. |
| Contrato Programa SAS | La última edición enlazada oficialmente es Contrato Programa 2025, actualizada el 23/01/2026, con Accesibilidad, Resultados en Salud y Eficiencia. | Comprobar si aparece una edición 2026 o posterior. |
| Acuerdo de Gestión Clínica | Decreto 197/2007, art. 27: marco normativo de AP; cuatro años de duración y seguimiento anual. Existen acuerdos hospitalarios publicados por anualidades. | Distinguir norma estructural de la edición concreta que cite el enunciado. |
| PAI | La Junta sigue enlazando la Guía de diseño y mejora continua, 2.ª edición 2009. Cada PAI tiene su propia edición. | Revisar siempre el PAI concreto y su año. |
| PAI Cáncer Colorrectal | La pregunta FEA AP 2025 citó expresamente la 3.ª edición, 2018, con remisión del informe de resección antes de 15 días. | Si el PAI se actualiza, separar la perla histórica de la recomendación vigente. |
13. REFERENCIAS NORMATIVAS Y DOCUMENTALES
- Resolución de 7 de agosto de 2024, Dirección General de Personal del SAS, BOJA núm. 156, 12/08/2024 — programa oficial FEA que contiene el Tema 17.
- GuíaSalud — Criterios del Catálogo de GPC del SNS — seis criterios de inclusión consultados en agosto de 2026.
- Guía de diseño y mejora continua de Procesos Asistenciales Integrados, 2.ª edición, Consejería de Salud, 2009.
- Junta de Andalucía — Procesos Asistenciales y Procesos de Soporte.
- Servicio Andaluz de Salud — Diraya.
- ayudaDIGITAL SAS — Estación Clínica / Diraya Atención Hospitalaria.
- SAS — Contrato Programa; última edición enlazada: 2025, actualización 23/01/2026.
- Decreto 197/2007, de 3 de julio, art. 27 — Acuerdo de gestión clínica en Atención Primaria: contenido, duración y seguimiento.
- Reglamento (UE) 2016/679, de 27 de abril de 2016, art. 9 — categorías especiales de datos y tratamiento de datos de salud.
- Wilson JMG, Jungner G. Principles and practice of screening for disease. OMS, 1968.
coste-utilidad
AVAC
razón incremental
sensibilidad y especificidad
valores predictivos
cribado
sobrediagnóstico
guía de práctica clínica
GRADE
GuiaSalud
vía clínica
proceso asistencial integrado
mapa de procesos
Diraya
Receta XXI
acuerdo de gestión
variabilidad de la práctica