Tema 21. El accidente de circulación. Comportamiento y actuaciones en caso de accidente. Capacitación en primeros auxilios y resucitación cardiopulmonar (RCP). Traslado y movilización de personas accidentadas.
1. INTRODUCCIÓN
El accidente de circulación constituye una situación en la que confluyen dos riesgos diferentes. El primero es el daño ya producido: personas heridas, vehículos deformados, posibles incendios, derrames, atrapamientos o interrupción de la circulación. El segundo, y con frecuencia olvidado, es el riesgo de que se produzca un segundo accidente mientras se intenta ayudar. Por eso, la actuación correcta no comienza tocando inmediatamente a la persona accidentada, sino asegurando en lo posible el escenario y evitando que el auxiliador se convierta en una nueva víctima.
Para el/la celador/a-conductor/a del Servicio Andaluz de Salud este tema presenta una importancia especial. Su trabajo combina conducción, transporte, colaboración en la movilización de pacientes y presencia frecuente en contextos de urgencia. Sin embargo, debe recordarse desde el principio que se trata de una categoría de Gestión y Servicios y no de una categoría sanitaria. La capacitación en primeros auxilios y soporte vital básico permite reconocer una emergencia, activar correctamente los recursos, realizar determinadas maniobras básicas para mantener la vida y colaborar con los profesionales sanitarios, pero no convierte al celador/a-conductor/a en médico, enfermero/a o técnico/a sanitario/a.
En un accidente grave, unos pocos minutos pueden separar una situación recuperable de una irreversible. Una hemorragia masiva puede producir una pérdida crítica de sangre en poco tiempo; una obstrucción completa de la vía aérea impide la oxigenación; y en una parada cardiorrespiratoria cada minuto sin una actuación eficaz reduce las posibilidades de supervivencia. De ahí que la formación básica se concentre en unas prioridades muy concretas: seguridad, reconocimiento precoz, activación del sistema de emergencias, control de amenazas vitales y mantenimiento de las funciones básicas hasta la llegada del equipo especializado.
La actuación del primer interviniente debe ser, además, proporcionada a su preparación. Hacer poco cuando se sabe qué hacer puede ser perjudicial, pero también lo es improvisar técnicas que no se dominan. Ante una persona atrapada, por ejemplo, sacar rápidamente a la víctima del vehículo puede agravar una lesión vertebral; administrar medicamentos queda fuera de las competencias de un celador/a-conductor/a; y utilizar material de inmovilización complejo sin entrenamiento puede producir movimientos innecesarios. La regla profesional es sencilla: hacer aquello para lo que se está capacitado, pedir ayuda precozmente y colaborar bajo la dirección del equipo sanitario cuando este se haga cargo de la asistencia.
Este tema debe estudiarse combinando tres perspectivas. La primera es la jurídica: existe un deber de auxiliar o solicitar auxilio y una regulación específica del comportamiento ante los accidentes. La segunda es la preventiva: hay que proteger el lugar, advertir a los demás usuarios y reconocer riesgos como tráfico, fuego, combustible, electricidad, mercancías peligrosas o inestabilidad de los vehículos. La tercera es la asistencial básica: reconocimiento de la parada cardiorrespiratoria, RCP, desfibrilación, control de hemorragias, actuación ante una persona inconsciente y movilización únicamente cuando resulte necesaria y segura.
Además, las recomendaciones de resucitación y primeros auxilios evolucionan. En este tema se utilizan como referencia las Guías 2025 del European Resuscitation Council (ERC), vigentes en la fecha de actualización, y se diferencian expresamente de determinadas formulaciones tradicionales que todavía aparecen en preguntas de exámenes anteriores. Esta distinción es esencial para un opositor: una pregunta oficial antigua muestra qué criterio utilizó el tribunal en aquella convocatoria, pero no debe transformarse automáticamente en una recomendación sanitaria permanente si las guías posteriores han evolucionado.
2. EL ACCIDENTE DE CIRCULACIÓN: CONCEPTO Y CLASIFICACIÓN
De forma general, un accidente de circulación es un suceso no intencionado relacionado con el tráfico en el que participa al menos un vehículo en movimiento y del que pueden derivarse daños personales o materiales. Desde el punto de vista operativo interesa menos memorizar una definición aislada que comprender los elementos que condicionan la actuación: dónde se ha producido, cuántos vehículos y personas están implicados, qué mecanismo de impacto ha existido, si hay usuarios vulnerables y cuáles son las consecuencias observables.
Los accidentes pueden clasificarse conforme a distintos criterios. Esta idea ha sido preguntada literalmente por el SAS. Una clasificación puede atender a la forma en que se produce el accidente, al tipo de vía, a las consecuencias o al número y tipo de unidades implicadas. Las clasificaciones son útiles porque orientan sobre el mecanismo lesional y las necesidades de seguridad, pero no deben confundirse con una valoración clínica del paciente.
2.1. Clasificación según la forma de producción
En la terminología tradicional utilizada en formación vial se distinguen, entre otros, colisiones, choques, atropellos, vuelcos y salidas de vía. La colisión suele referirse al impacto entre vehículos que participan en la circulación; el choque se emplea clásicamente para el impacto de un vehículo en movimiento contra un elemento fijo; el atropello describe el impacto sobre un peatón u otro usuario vulnerable; el vuelco supone la pérdida de la posición normal del vehículo; y la salida de vía implica que el vehículo abandona la superficie destinada ordinariamente a la circulación.
Para los primeros auxilios, esta información tiene valor porque proporciona pistas sobre las energías implicadas. Un impacto frontal a alta energía, un vuelco o un atropello pueden asociarse a lesiones múltiples aunque externamente la persona parezca encontrarse bien. El primer interviniente no diagnostica esas lesiones, pero sí debe transmitir el mecanismo al centro coordinador y evitar actuaciones que incrementen el daño.
2.2. Clasificación según la vía y las consecuencias
También puede diferenciarse entre accidentes producidos en vías urbanas e interurbanas, autopistas, autovías, carreteras convencionales u otros entornos. El tipo de vía modifica de forma radical el riesgo para quien presta ayuda. Una intervención en una autovía implica velocidades elevadas, largos recorridos de detención de los vehículos que se aproximan y un riesgo importante de atropello secundario. En una vía urbana pueden existir peatones, motocicletas, bicicletas, cruces y elevada densidad de tráfico.
Según sus consecuencias, puede hablarse de accidentes con daños exclusivamente materiales, con personas heridas o con fallecidos. Esta clasificación administrativa no debe inducir al primer interviniente a minusvalorar un accidente aparentemente leve. Determinadas lesiones internas no son visibles inicialmente y una persona puede deteriorarse posteriormente. Si existe una sospecha razonable de lesión, deben facilitarse los datos al servicio de emergencias y seguirse sus instrucciones.
2.3. El mecanismo del accidente como información útil
El mecanismo de producción debe comunicarse de forma sencilla y objetiva. No es lo mismo informar al 112 de «un accidente» que indicar «colisión frontal de dos turismos, uno volcado, tres personas visibles y una aparentemente atrapada». Tampoco debe afirmarse que una víctima presenta una determinada lesión si no se posee capacidad para diagnosticarla. Es preferible describir hechos: «no responde», «respira de forma irregular», «presenta sangrado abundante en una pierna» o «permanece atrapado por las piernas».
En los accidentes con motocicletas debe sospecharse un mecanismo potencialmente importante incluso cuando el motorista se encuentre consciente. En los atropellos deben extremarse las precauciones por la posibilidad de lesiones múltiples. En vuelcos o impactos de gran energía hay que evitar movilizaciones innecesarias. Esta conducta prudente no supone asumir que siempre existe una lesión vertebral, sino reconocer que una manipulación brusca antes de la valoración profesional puede resultar perjudicial.
| Criterio | Ejemplos | Utilidad práctica |
|---|---|---|
| Forma | Colisión, choque, atropello, vuelco, salida de vía | Orienta sobre el mecanismo y la energía del impacto |
| Vía | Urbana, autovía, autopista, carretera convencional | Determina riesgos de tráfico y forma de acceso |
| Consecuencias | Daños materiales, heridos, fallecidos | Condiciona recursos y actuación de autoridades |
| Unidades implicadas | Un vehículo, varios vehículos, peatón, ciclista | Ayuda a calcular víctimas y necesidades operativas |
3. DEBER DE AUXILIO Y MARCO JURÍDICO DE LA ACTUACIÓN
El comportamiento ante un accidente de circulación no depende únicamente de la solidaridad personal. La legislación establece obligaciones para quienes se encuentran implicados, presencian el accidente o tienen conocimiento de él. El texto refundido de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, aprobado por Real Decreto Legislativo 6/2015, contempla el deber de adoptar medidas para atender a las víctimas, evitar mayores peligros y colaborar en el restablecimiento de la seguridad.
Este mandato contiene una idea fundamental para el opositor: auxiliar no significa necesariamente ejecutar técnicas sanitarias. Una persona sin conocimientos suficientes cumple una parte esencial de su deber llamando correctamente al 112 o al 061, evitando nuevos riesgos y siguiendo las indicaciones recibidas. La obligación jurídica no exige realizar maniobras para las que no se dispone de preparación y, menos aún, exponerse a un peligro grave.
El Reglamento General de Circulación desarrolla esta materia en su artículo 129. Quien esté implicado en un accidente debe detenerse sin crear un nuevo peligro, hacerse una idea general de las circunstancias, adoptar medidas para restablecer o mantener la seguridad, prestar a los heridos el auxilio más adecuado según las circunstancias y pedir asistencia sanitaria cuando resulte necesaria. Cuando existan personas heridas o fallecidas deben cumplirse además las obligaciones de comunicación y colaboración previstas reglamentariamente.
El reglamento también contempla una excepción que ha sido objeto de pregunta oficial. Cuando únicamente existan heridas que sean claramente leves, se haya restablecido la seguridad de la circulación y ninguna persona implicada solicite la presencia de la autoridad, no resulta necesario efectuar dicho aviso en los mismos términos que en un accidente con lesiones de mayor entidad. Esta excepción no significa que pueda abandonarse a una persona que necesita ayuda ni que el testigo quede liberado automáticamente de cualquier obligación.
3.1. Omisión del deber de socorro
El Código Penal refuerza el deber general de solidaridad ante situaciones graves. Su artículo 195 sanciona, en los términos legalmente establecidos, a quien no socorra a una persona que se encuentre desamparada y en peligro manifiesto y grave cuando pueda hacerlo sin riesgo propio ni de terceros. Cuando no sea posible prestar directamente el socorro, la obligación se proyecta sobre la petición urgente de ayuda ajena.
La expresión relativa al riesgo es especialmente importante. El deber de socorro no obliga a entrar en un vehículo ardiendo, penetrar en una nube de productos tóxicos, cruzar una calzada con tráfico sin protección o tocar un cable eléctrico. En esas circunstancias, la conducta correcta es mantener una distancia segura, impedir en lo posible que otras personas se expongan y activar inmediatamente a los servicios especializados.
El Código Penal regula asimismo el abandono del lugar del accidente por el conductor responsable en determinados supuestos mediante el artículo 382 bis. Para la preparación de este tema no es necesario convertir al opositor en especialista en Derecho penal, pero sí comprender una idea básica: abandonar deliberadamente una situación grave puede tener consecuencias jurídicas independientes de las responsabilidades derivadas del propio accidente.
3.2. Colaboración con la autoridad y conservación del escenario
Además de socorrer, las personas implicadas deben facilitar los datos e información que procedan y colaborar en el esclarecimiento de los hechos. Esto exige evitar modificaciones innecesarias del escenario cuando puedan dificultar la investigación, salvo que sea preciso actuar para proteger a las víctimas o restablecer la seguridad. La vida y la seguridad prevalecen sobre la conservación material del lugar del accidente.
Para el/la celador/a-conductor/a que acude integrado en un recurso asistencial, la llegada de Guardia Civil, Policía, Bomberos o servicios sanitarios supone la incorporación a una estructura coordinada. A partir de ese momento no debe actuar de manera independiente ignorando las instrucciones del mando operativo o sanitario. Una intervención eficaz depende de que cada profesional desempeñe su función y de que nadie invada áreas de riesgo o asistenciales para las que no está autorizado.
4. CONDUCTA PAS: PROTEGER, AVISAR Y SOCORRER
La regla PAS —Proteger, Avisar y Socorrer— constituye una de las herramientas didácticas más útiles en primeros auxilios. Su valor radica en que ordena las acciones. Ante el estrés de un accidente es frecuente que una persona corra directamente hacia la víctima sin observar el tráfico, que intente moverla inmediatamente o que se entretenga realizando actuaciones secundarias antes de haber solicitado ayuda. PAS evita este desorden.
4.1. Proteger
Proteger significa valorar primero la propia seguridad, después la de las víctimas y finalmente la del resto de usuarios. Antes de aproximarse deben identificarse peligros: circulación no detenida, escasa visibilidad, curvas, cambios de rasante, vehículos inestables, combustible derramado, fuego, humo, mercancías peligrosas, cables, estructuras deformadas, airbags no desplegados, cristales, tráfico ferroviario o condiciones meteorológicas adversas.
El/la celador/a-conductor/a que acude con un vehículo sanitario debe estacionarlo conforme a los procedimientos del servicio y de forma que no añada un riesgo al escenario. Como criterio general, se busca un emplazamiento seguro que preserve un acceso y una salida del recurso y evite que el personal tenga que cruzar innecesariamente carriles abiertos al tráfico. La posición exacta del vehículo dependerá de la vía, la señalización policial, la presencia de bomberos, las condiciones de visibilidad y los protocolos operativos.
Los exámenes históricos han utilizado distancias concretas de estacionamiento. Sin embargo, no deben transformarse en una supuesta regla legal universal aplicable a cualquier accidente. En una misma convocatoria se han manejado referencias distintas según el enunciado: una pregunta indicaba que, si no era posible estacionar fuera de la calzada o en el arcén, el vehículo se situaría en la calzada a más de veinte metros; otro caso práctico hablaba de una distancia mínima de veinticinco metros cuando el paciente se encontraba en calzada o arcén. Estas cifras pertenecen al criterio formativo de aquellas preguntas y no sustituyen a la valoración profesional y a los procedimientos vigentes de seguridad de escena.
La persona que abandona un vehículo inmovilizado debe hacerlo únicamente cuando pueda hacerlo con seguridad. En España, desde el 1 de enero de 2026, la baliza V-16 conectada es el dispositivo reglamentario ordinario para señalizar un vehículo inmovilizado en los supuestos en que resulta exigible, sustituyendo a los antiguos triángulos de preseñalización. La ventaja preventiva es evidente: permite señalizar sin desplazarse decenas de metros por la calzada. En un recurso de emergencia, no obstante, la señalización específica de la escena y el posicionamiento operativo del vehículo se realizarán conforme a los protocolos profesionales y a las indicaciones de los agentes.
La protección personal incluye, cuando proceda, prendas de alta visibilidad y guantes de protección. En presencia de sangre o fluidos corporales debe reducirse el contacto directo. Si no se dispone de barrera y la situación permite esperar unos instantes a personal equipado, no debe asumirse un riesgo biológico evitable. La prioridad es ayudar, pero hacerlo de forma segura.
4.2. Avisar
Después de controlar en lo posible los riesgos inmediatos se activa el sistema de emergencias. Avisar precozmente es una intervención asistencial en sí misma: permite que comiencen a movilizarse ambulancias, equipos sanitarios, bomberos y fuerzas de seguridad mientras el primer interviniente realiza las maniobras básicas.
4.3. Socorrer
Socorrer significa actuar sobre las amenazas vitales con técnicas adecuadas al nivel de capacitación: comprobar respuesta y respiración, iniciar RCP cuando esté indicada, utilizar un DEA cuando proceda y se disponga de capacitación conforme al marco aplicable, controlar una hemorragia que amenaza la vida, mantener la vía aérea y evitar movimientos innecesarios. Socorrer no significa diagnosticar, administrar medicamentos ni improvisar procedimientos invasivos.
5. AVISO Y COORDINACIÓN CON 112 Y 061
La llamada a emergencias debe ser breve, estructurada y suficientemente informativa. En Andalucía existen dos referencias especialmente relevantes. El 112 es el número único europeo de emergencias y permite coordinar de forma integrada recursos sanitarios, policiales, de extinción y salvamento u otros servicios. El 061 es el servicio de emergencias sanitarias y constituye una referencia directa ante situaciones sanitarias graves. En un accidente de circulación complejo con necesidad previsible de policía, bomberos y asistencia sanitaria, el 112 ofrece una vía especialmente apropiada de coordinación multidisciplinar.
No debe perderse tiempo intentando decidir qué número es «más correcto» cuando una persona se encuentra en peligro vital. Ambos sistemas permiten activar respuesta ante una emergencia y el operador orientará la actuación. Lo importante es llamar precozmente, responder con precisión y cumplir las instrucciones del centro coordinador.
5.1. Información que debe comunicarse
La llamada debe comenzar identificando dónde se encuentra el accidente. En carretera son útiles la denominación de la vía, punto kilométrico aproximado, sentido de circulación, salida o enlace próximo y cualquier referencia que facilite el acceso. Un error de sentido puede obligar a un recurso a recorrer muchos kilómetros antes de alcanzar el punto correcto.
Después se informa de qué ha ocurrido: colisión entre vehículos, atropello, vuelco, salida de vía, incendio u otra circunstancia. Se proporciona una estimación del número de víctimas y se describen sus estados observables sin inventar diagnósticos: «una persona no responde y no respira normalmente», «dos personas conscientes», «una persona atrapada» o «hay una hemorragia abundante».
Deben comunicarse igualmente los riesgos añadidos: humo, fuego, combustible, mercancías peligrosas, cableado, vehículo situado en una zona inestable, víctimas en la calzada, tráfico intenso o dificultad de acceso. Esta información puede modificar los recursos enviados y la forma de aproximación de los equipos.
Finalmente, se facilita un teléfono de contacto y se permanece disponible. No conviene finalizar unilateralmente la comunicación mientras el operador esté dando instrucciones. Si el teléfono dispone de altavoz, puede utilizarse para mantener las manos libres durante las maniobras de soporte vital básico, siguiendo las indicaciones del centro coordinador.
5.2. No colapsar el sistema ni duplicar acciones
Cuando varias personas presencian el accidente, conviene asignar tareas concretas. Si alguien ya está comunicándose con emergencias, otra persona puede ocuparse de traer un DEA, controlar el tráfico desde una posición segura o atender a otra víctima. Una orden genérica del tipo «que alguien llame» puede hacer que nadie lo haga. Es mejor dirigirse a una persona concreta: «usted, llame al 112 y vuelva para decirme qué instrucciones le han dado».
Cuando el/la celador/a-conductor/a forma parte de un recurso SAS, la comunicación se realizará también a través de los canales profesionales establecidos. No debe modificarse por iniciativa propia un destino hospitalario, iniciar un traslado no indicado o abandonar la escena sin coordinación cuando el equipo sanitario o el centro coordinador haya establecido otro plan.
6. VALORACIÓN INICIAL DE LA PERSONA ACCIDENTADA
Una vez asegurada en lo posible la escena y activados los recursos, la actuación se centra en identificar aquello que puede matar a la persona en pocos minutos. La valoración inicial no pretende emitir un diagnóstico, sino reconocer amenazas vitales evidentes. En primeros auxilios modernos se utilizan aproximaciones estructuradas que priorizan la hemorragia catastrófica, la vía aérea, la respiración, la circulación y el estado neurológico.
En un primer interviniente no sanitario es preferible manejar una secuencia sencilla. Al acercarse se observa si existe una hemorragia externa masiva que exija control inmediato. Se comprueba después si la persona responde, hablándole y estimulándola de forma prudente. Una persona que habla demuestra en ese momento que conserva consciencia y que el aire puede pasar por la vía aérea, aunque todavía pueda presentar lesiones graves.
6.1. Comprobación de respuesta
Se pregunta en voz alta si se encuentra bien y se comprueba si responde de manera adecuada. No se debe sacudir violentamente a una víctima de tráfico. Si responde, se mantiene en la posición más segura posible, se tranquiliza y se continúa observando su respiración, sangrados, dolor intenso, deformidades y cambios de estado hasta que llegue el equipo sanitario.
Si no responde, se necesita ayuda inmediata. Las guías actuales de soporte vital básico enfatizan la activación precoz del sistema de emergencias. Con un teléfono móvil puede iniciarse la llamada y utilizar el altavoz mientras se comprueba la respiración. La valoración de la respiración debe centrarse en determinar si existe una respiración normal, no simplemente si se percibe algún movimiento ocasional.
6.2. Respiración agónica
Una de las trampas más peligrosas es confundir las respiraciones agónicas con una respiración eficaz. Una persona en parada cardiaca puede presentar jadeos aislados, lentos, ruidosos o irregulares durante los primeros momentos. Estas respiraciones no deben considerarse normales. Ante una persona inconsciente que no respira normalmente, debe sospecharse parada cardiorrespiratoria e iniciarse RCP.
El reanimador básico no debe perder tiempo intentando localizar un pulso si no está específicamente entrenado para ello. La identificación de la parada por parte del primer interviniente se basa fundamentalmente en la falta de respuesta y la ausencia de respiración normal. La duda debe favorecer la actuación: es preferible iniciar compresiones en una persona que finalmente no estuviera en parada que dejar sin RCP a una persona que sí lo está.
6.3. Prioridad de una hemorragia que amenaza la vida
En los últimos años se ha reforzado el reconocimiento precoz de la hemorragia catastrófica. Si al aproximarse existe una pérdida de sangre masiva, continua o pulsátil, ropa rápidamente empapada o un charco importante de sangre, el control de esa hemorragia puede requerir actuación inmediata y simultánea a la activación del sistema de emergencias. No debe demorarse una medida sencilla y eficaz como la presión directa mientras se realiza una exploración extensa.
Después de controlar las amenazas inmediatas se evita que la persona pierda calor, se continúa vigilando su estado y se espera al recurso asistencial. No se administran alimentos, bebidas o medicamentos a una persona traumatizada que podría necesitar procedimientos posteriores o presentar alteración de consciencia.
7. RESUCITACIÓN CARDIOPULMONAR BÁSICA DEL ADULTO
La parada cardiorrespiratoria es el cese de una circulación eficaz asociado a ausencia de respuesta y falta de respiración normal. La RCP básica intenta mantener un flujo mínimo de sangre al cerebro y al corazón mediante compresiones torácicas y, cuando el reanimador está entrenado y puede realizarlas, ventilaciones. La RCP no sustituye a la desfibrilación ni al soporte vital avanzado, pero puede mantener una posibilidad de recuperación hasta la llegada de estos recursos.
7.1. Secuencia básica
La secuencia comienza comprobando que el lugar es seguro. Se valora si la persona responde. Si no responde se activa precozmente el sistema de emergencias y se solicita un DEA si existe uno disponible. Mientras se realiza la llamada, se comprueba si la respiración es normal. Si la víctima no responde y no respira normalmente, se comienza inmediatamente la RCP.
La persona debe situarse, siempre que sea posible, sobre una superficie firme. Las manos se colocan en el centro del tórax, sobre la mitad inferior del esternón. Los brazos se mantienen rectos y los hombros aproximadamente sobre las manos para transmitir el peso corporal de manera eficaz. Deben evitarse compresiones superficiales o realizadas únicamente con la fuerza de los brazos.
7.2. Frecuencia y profundidad
Las guías ERC 2025 mantienen una frecuencia de 100 a 120 compresiones por minuto y una profundidad aproximada de 5 a 6 centímetros en el adulto. Después de cada compresión debe permitirse que el tórax vuelva a expandirse completamente. Apoyarse permanentemente sobre el pecho reduce el retorno de sangre al corazón y empeora la calidad de la RCP.
Las interrupciones deben ser las mínimas posibles. Una RCP con pausas frecuentes pierde eficacia. Si intervienen varios reanimadores entrenados pueden relevarse para reducir la fatiga, procurando que el cambio no provoque una interrupción prolongada.
| Elemento | RCP básica del adulto |
|---|---|
| Reconocimiento | No responde y no respira normalmente |
| Frecuencia | 100–120 compresiones por minuto |
| Profundidad | 5–6 cm aproximadamente |
| Relación con ventilaciones | 30 compresiones y 2 ventilaciones cuando se realizan ventilaciones |
| Reexpansión | Completa después de cada compresión |
| Interrupciones | Reducirlas al mínimo |
7.3. Relación 30:2
Cuando el reanimador está formado y puede efectuar ventilaciones, la secuencia en el adulto es de 30 compresiones y 2 ventilaciones. Cada ventilación debe ser suficiente para producir una elevación visible del tórax sin provocar una pausa innecesariamente larga. No se debe hiperventilar.
Si el reanimador no está entrenado, no puede realizar ventilaciones o existe una circunstancia que se lo impide, debe realizar compresiones torácicas continuas hasta recibir nuevas instrucciones, disponer de un DEA o ser relevado. No realizar ventilaciones nunca debe convertirse en una razón para no iniciar las compresiones.
7.4. RCP en una víctima de tráfico
La sospecha de lesión cervical no debe impedir realizar las maniobras necesarias para mantener la vida. Si una víctima de un accidente no responde y no respira normalmente, la prioridad es la RCP. El temor a mover la columna no justifica dejar a una persona sin circulación. Las técnicas de apertura de vía aérea o movilización se adaptarán al nivel de entrenamiento, pero vía aérea, respiración y circulación tienen prioridad sobre una inmovilización perfecta.
La RCP se mantiene hasta que la víctima muestre signos claros de vida y respire normalmente, el equipo sanitario se haga cargo, el reanimador quede físicamente incapaz de continuar, aparezca un peligro que obligue a abandonar el lugar o se reciban instrucciones profesionales para detenerla.
8. DESFIBRILACIÓN EXTERNA AUTOMATIZADA
Muchas paradas cardiacas iniciales presentan ritmos eléctricos susceptibles de desfibrilación. La desfibrilación externa automatizada permite analizar el ritmo mediante un equipo diseñado para indicar al interviniente si debe o no administrarse una descarga. El DEA forma, junto con la RCP precoz y la activación rápida de emergencias, una parte esencial de la cadena de supervivencia.
El principio básico es utilizar el desfibrilador tan pronto como esté disponible. No debe demorarse su colocación para completar múltiples ciclos de RCP si ya se encuentra junto a la víctima. Mientras otra persona prepara el equipo, las compresiones deben continuar siempre que sea posible.
8.1. Secuencia de utilización
Se enciende el DEA y se siguen sus instrucciones de voz o visuales. Se descubre el tórax lo necesario para colocar los electrodos adhesivos en las posiciones indicadas por los dibujos del propio material. Una vez colocados, el aparato analiza el ritmo. Durante este análisis nadie debe tocar a la víctima, porque el movimiento puede interferir y porque el dispositivo necesita una señal adecuada.
Si el DEA indica descarga, se comprueba visualmente que nadie esté en contacto con la persona y se sigue la indicación del equipo. Inmediatamente después se reanudan las compresiones. Si el aparato indica que no debe administrarse descarga, también se reanuda la RCP salvo que la persona muestre signos claros de recuperación y respire normalmente.
Los electrodos no deben colocarse directamente sobre parches medicamentosos; si existe humedad importante en el tórax se seca rápidamente la zona de adhesión. No se utilizan dispositivos eléctricos en un entorno que no sea seguro, por ejemplo en contacto directo con agua abundante o riesgo de explosión, hasta corregir el peligro.
8.2. DEA y capacitación del/de la celador/a-conductor/a
En Andalucía, la utilización de desfibriladores fuera del ámbito sanitario está regulada por normativa autonómica. El Decreto 22/2012 contempla su utilización por personas que dispongan de conocimientos básicos o mínimos verificables en resucitación cardiopulmonar, soporte vital básico y manejo del desfibrilador, además de determinados profesionales sanitarios y técnicos contemplados en la propia regulación. La utilización debe integrarse en la activación del sistema de emergencias.
Ser celador/a-conductor/a no equivale, por sí mismo, a ser profesional sanitario ni técnico en emergencias sanitarias. Por ello, la actuación con un DEA debe encuadrarse en la formación recibida, el protocolo del centro y la normativa vigente. En un equipo asistencial, el/la celador/a-conductor/a colaborará según la organización del recurso y las indicaciones del personal responsable.
8.3. Errores frecuentes
Un error común es pensar que el DEA «da una descarga siempre». No es así. El dispositivo analiza el ritmo y únicamente recomienda la descarga cuando detecta un ritmo para el que esta intervención está indicada. Otro error es suspender definitivamente la RCP después de una descarga. En ausencia de recuperación evidente, las compresiones deben reanudarse inmediatamente siguiendo las indicaciones del equipo.
También es incorrecto esperar pasivamente a que llegue el DEA sin realizar compresiones. La desfibrilación y la RCP son intervenciones complementarias. Las compresiones mantienen cierto flujo sanguíneo mientras se prepara el dispositivo y entre los análisis.
9. HEMORRAGIAS, HERIDAS Y ESTADO DE SHOCK
Una hemorragia es la salida de sangre del sistema circulatorio. En primeros auxilios interesa distinguir principalmente si existe una hemorragia externa visible y potencialmente mortal. La prioridad no depende de clasificaciones complejas, sino de reconocer una pérdida de sangre que exige intervención inmediata.
9.1. Control inicial de una hemorragia externa grave
La primera medida general ante una hemorragia externa importante es ejercer presión manual directa y firme sobre la zona de sangrado utilizando, cuando sea posible, una gasa, apósito o material limpio. Si el apósito se empapa, no debe perderse tiempo retirándolo repetidamente para mirar la herida; puede reforzarse la compresión manteniendo una presión eficaz.
Cuando la hemorragia se controla, puede utilizarse un vendaje compresivo adecuado para mantener la presión mientras se continúa observando a la víctima. Si existen cuerpos extraños clavados no deben extraerse de forma improvisada: se evita presionarlos directamente y se espera a personal capacitado para su manejo.
9.2. Torniquete: diferencia entre preguntas históricas y recomendaciones actuales
Este apartado requiere especial atención porque las preguntas oficiales reflejan una enseñanza tradicional que posteriormente se ha matizado. En el examen SAS 2021 aplazado, pregunta 86, y en el examen 2025, pregunta 47, la plantilla oficial indicó que el torniquete se utilizaría como último recurso después de fallar otras técnicas de control. Esa formulación debe conocerse porque constituye un antecedente real de examen.
Sin embargo, las recomendaciones actuales de primeros auxilios no exigen agotar literalmente todas las técnicas imaginables antes de utilizar un torniquete. Las Guías ERC 2025 recomiendan presión manual directa y, ante una hemorragia de una extremidad que amenaza la vida y que no se controla mediante presión directa, la aplicación precoz de un torniquete apropiado. Por tanto, «torniquete para cualquier hemorragia» sigue siendo incorrecto, pero también es excesivamente rígido memorizar que siempre debe reservarse hasta después de haber probado de forma sucesiva todas las demás medidas.
El torniquete debe colocarse sobre la extremidad en una localización adecuada, utilizando un dispositivo diseñado para este fin y conforme a la capacitación recibida. Debe anotarse la hora de aplicación y no aflojarse periódicamente por iniciativa propia. Su retirada corresponde a personal sanitario en un entorno adecuado. Un torniquete improvisado mal colocado puede ser ineficaz y producir daño, por lo que la formación práctica es fundamental.
9.3. Heridas y sangrados especiales
Las heridas deben protegerse sin realizar exploraciones profundas ni introducir materiales en ellas. No se extraen objetos enclavados. En una amputación traumática, la prioridad es controlar la hemorragia de la persona; el segmento amputado se manejará posteriormente conforme a las indicaciones profesionales, evitando actuaciones que retrasen el control vital.
Una hemorragia por el oído después de un traumatismo puede acompañar una lesión craneal. No debe taponarse el conducto auditivo. La enseñanza clásica recomienda facilitar el drenaje situando, cuando sea seguro y no exista contraindicación traumática para mover a la persona, el oído afectado hacia abajo. En una víctima con sospecha de lesión vertebral, la necesidad de movilizarla debe valorarse con extrema prudencia y prevalece el criterio del equipo sanitario.
9.4. Estado de shock
Una hemorragia importante puede producir un estado de insuficiente perfusión de los tejidos. La persona puede mostrarse pálida, fría, sudorosa, débil, confusa o progresivamente somnolienta. El primer interviniente no necesita diagnosticar el tipo de shock para actuar correctamente: debe controlar la causa visible si puede hacerlo, activar ayuda, mantener a la persona en una posición segura, evitar pérdidas de calor y vigilar continuamente su respiración y estado de consciencia.
No debe utilizarse de forma automática la posición de Trendelenburg como tratamiento universal del shock. Tampoco se administran líquidos o alimentos por boca a una persona gravemente traumatizada. Si se deteriora y deja de respirar normalmente, se pasa inmediatamente al algoritmo de RCP.
10. TRAUMATISMOS, FRACTURAS, LESIONES VERTEBRALES Y QUEMADURAS
Los accidentes de circulación pueden producir lesiones múltiples. El objetivo del primer interviniente no es identificar todas ellas, sino evitar que una actuación precipitada agrave el daño. El principio general ante un traumatismo potencialmente importante es no movilizar innecesariamente a la persona y priorizar siempre las amenazas vitales.
10.1. Sospecha de lesión vertebral
Debe extremarse la precaución cuando exista un mecanismo de alta energía, dolor cervical o dorsal, alteraciones de sensibilidad o movimiento, pérdida de consciencia, traumatismo craneal importante o deformidad significativa del vehículo. Sin embargo, incluso en estas situaciones la inmovilización nunca debe anteponerse a la necesidad de respirar o mantener la circulación.
Si la víctima está consciente, respira y el escenario es seguro, se le indica que permanezca quieta y se evita que gire innecesariamente la cabeza. Una estabilización manual puede realizarse por personal entrenado mientras llega el equipo especializado. No se colocan dispositivos complejos por improvisación.
Las recomendaciones actuales han reducido el uso indiscriminado del collarín cervical por primeros intervinientes no especializados. El collarín no es un objeto que deba colocarse automáticamente a todo accidentado. La restricción del movimiento espinal forma parte de un conjunto de decisiones y técnicas profesionales. En un recurso sanitario, se seguirán los protocolos del servicio y las indicaciones del personal asistencial.
10.2. Casco de motorista
Como norma de primeros auxilios, no debe retirarse el casco a un motorista de forma innecesaria. La extracción puede generar movimientos cervicales y requiere técnica coordinada. No obstante, tampoco debe memorizarse un «nunca» absoluto: si una persona no respira normalmente y el casco impide realizar las maniobras vitales, la vía aérea y la RCP tienen prioridad. La retirada, cuando resulte imprescindible, debe efectuarla personal entrenado o realizarse siguiendo las instrucciones del sistema de emergencias.
10.3. Fracturas y luxaciones
Una extremidad dolorosa, deformada, hinchada o con incapacidad para el movimiento puede presentar una fractura o luxación. No debe intentarse «colocar el hueso en su sitio». Se mantiene la extremidad en una posición que no incremente el dolor, se controla cualquier sangrado y se espera al equipo sanitario. Si existe una herida asociada, se cubre sin presionar directamente sobre fragmentos óseos expuestos.
La inmovilización con férulas debe realizarse de acuerdo con la capacitación y con material adecuado. Una férula mal ajustada puede comprimir vasos, aumentar el dolor o provocar movimientos del foco de fractura. El/la celador/a-conductor/a podrá colaborar en su colocación cuando el equipo sanitario se lo indique, pero no debe adoptar autónomamente decisiones clínicas sobre la técnica de inmovilización.
10.4. Traumatismo craneal
Después de un golpe en la cabeza deben vigilarse cambios en la consciencia, vómitos, convulsiones, alteraciones de conducta, salida de sangre o líquido por oído o nariz y deterioro respiratorio. No se introducen objetos en oído o nariz ni se intenta detener mediante taponamiento una posible salida de líquido. Cualquier deterioro debe comunicarse inmediatamente al centro coordinador o al personal sanitario.
10.5. Quemaduras
En un accidente puede existir fuego, contacto con superficies calientes, electricidad o sustancias químicas. Antes de atender la quemadura debe eliminarse la fuente de peligro sin exponerse. Una persona envuelta en llamas requiere extinguir el fuego de forma segura; un vehículo con riesgo de incendio o explosión exige distancia y recursos especializados.
En una quemadura térmica, una vez controlada la fuente, puede enfriarse la zona con agua corriente limpia y fresca evitando el hielo directo. No se aplican pomadas, aceites, pasta dentífrica ni remedios caseros. No se rompen ampollas ni se arranca ropa adherida a la piel. Posteriormente se protege la zona con material limpio y se solicita valoración sanitaria en función de extensión, profundidad, localización, edad de la víctima y mecanismo.
11. PERSONA INCONSCIENTE, POSICIÓN LATERAL DE SEGURIDAD Y ATRAGANTAMIENTO
11.1. Persona inconsciente que respira normalmente
La posición lateral de seguridad (PLS) permite mantener permeable la vía aérea y facilitar la salida de secreciones o vómito en una persona con disminución de la consciencia que respira normalmente y que no requiere RCP. La persona queda estable de lado, con la cabeza colocada de forma que la vía aérea permanezca abierta y las secreciones puedan drenar.
Sin embargo, existe una diferencia esencial entre una inconsciencia médica no traumática y una víctima de un accidente de circulación. Las guías actuales recomiendan la PLS fundamentalmente en personas con disminución de consciencia de origen no traumático, respiración normal y ausencia de criterios para iniciar RCP. Ante un traumatismo conocido o sospechado, no debe girarse rutinariamente a la persona únicamente porque esté inconsciente si respira de forma adecuada y la vía aérea puede mantenerse de otro modo.
En un traumatizado, las necesidades de vía aérea prevalecen. Si comienza a vomitar o la vía aérea queda comprometida y no existe otra forma de protegerla, será necesario movilizarlo de manera coordinada, procurando limitar movimientos vertebrales. Si deja de respirar normalmente, se coloca en la posición necesaria para iniciar la RCP.
11.2. Vigilancia continua
Una persona colocada en PLS no puede dejarse sin supervisión. Debe comprobarse periódicamente que continúa respirando normalmente. Una disminución progresiva de la respiración o la aparición de jadeos agónicos obliga a volver a valorar una posible parada e iniciar RCP.
11.3. Obstrucción de la vía aérea por cuerpo extraño
El atragantamiento puede presentarse independientemente del accidente, pero forma parte de la capacitación básica. Si una persona adulta consciente puede toser eficazmente, se la anima a continuar tosiendo y se vigila. No se realizan golpes ni compresiones de forma automática mientras la tos sea eficaz.
Cuando la tos se vuelve ineficaz y la persona no puede respirar o hablar adecuadamente, se solicita ayuda y se administran hasta cinco golpes interescapulares. Si la obstrucción persiste, se realizan hasta cinco compresiones abdominales en el adulto para el que estén indicadas. Se alternan ambas maniobras mientras la persona permanezca consciente y la obstrucción no se resuelva.
Si pierde la consciencia, se activa el sistema de emergencias y se inicia RCP. No se realizan barridos digitales a ciegas dentro de la boca, porque pueden introducir el objeto más profundamente o producir lesiones. Solo se retira un cuerpo extraño cuando se visualiza claramente y puede alcanzarse de forma segura.
| Situación | Conducta básica |
|---|---|
| Tos eficaz | Animar a toser y vigilar |
| Tos ineficaz, consciente | Hasta 5 golpes en la espalda y hasta 5 compresiones abdominales, alternando |
| Pierde la consciencia | Activar emergencias e iniciar RCP |
| Objeto no visible | No realizar barrido digital a ciegas |
12. MOVILIZACIÓN, EXTRACCIÓN Y TRASLADO DE PERSONAS ACCIDENTADAS
La movilización es uno de los momentos con mayor riesgo de producir lesiones añadidas. En un accidente de circulación puede existir daño vertebral, fracturas inestables, lesiones torácicas o abdominales y objetos penetrantes. Por este motivo, una víctima no debe ser movida simplemente para «ponerla más cómoda» o sacarla del vehículo antes de que llegue la asistencia.
12.1. Cuándo no mover
Si la escena es segura, la persona respira adecuadamente, no existe una hemorragia que requiera una maniobra incompatible con su posición y puede mantenerse la vía aérea, lo habitual es esperar al equipo profesional. Se tranquiliza a la víctima, se le pide que no realice movimientos bruscos y se vigila su evolución.
No se debe permitir que una persona potencialmente lesionada se levante de forma precipitada porque asegure encontrarse bien. La adrenalina y el estrés pueden enmascarar temporalmente síntomas. Tampoco debe sacarse a un ocupante del vehículo tirando de los brazos o las piernas si no existe una necesidad inmediata.
12.2. Cuándo puede ser imprescindible movilizar
La movilización de emergencia está justificada cuando permanecer en el lugar supone un peligro mayor: incendio o riesgo inminente de incendio, posibilidad de explosión, vehículo inestable, inmersión, humo tóxico, tráfico imposible de controlar, derrumbe u otra amenaza inmediata. También puede resultar necesaria para acceder a una víctima en parada y colocarla sobre una superficie que permita realizar compresiones torácicas.
En estos supuestos se busca un equilibrio: mover únicamente lo necesario para salir del peligro y hacerlo con la técnica más segura que la situación permita. Las maniobras de arrastre o extracción de emergencia son recursos excepcionales y requieren entrenamiento. No sustituyen a las técnicas de extricación profesional de los servicios de bomberos y emergencias.
12.3. Movilización en equipo
Cuando se dispone de varios intervinientes, las maniobras deben estar coordinadas por una sola persona. Antes de iniciar el movimiento todos conocen qué van a hacer, hacia dónde se desplaza la víctima y qué material se utilizará. La orden de inicio debe ser única para evitar que cada miembro levante en un momento diferente.
En los recursos de emergencias pueden emplearse camillas de cuchara, colchones de vacío, férulas, camillas convencionales y otros dispositivos. Cada material tiene indicaciones, limitaciones y una técnica de uso. El/la celador/a-conductor/a puede participar activamente en la manipulación física y en el traslado cuando se le indique, pero la elección clínica del dispositivo y de la estrategia de inmovilización corresponde al profesional responsable conforme al protocolo.
12.4. Principios ergonómicos para el interviniente
La seguridad del paciente debe ir unida a la del trabajador. Antes de levantar se valora el peso, espacio disponible, obstáculos, altura del vehículo y número de personas necesarias. Se aproxima la carga al cuerpo, se busca una base estable y se evita girar el tronco mientras se sostiene peso. Cuando la carga supera la capacidad segura del equipo se solicitan más medios en lugar de improvisar.
En una carretera, la movilización debe además coordinarse con la seguridad del tráfico. Una camilla no debe invadir un carril abierto sin protección. Tampoco se permanece innecesariamente entre dos vehículos que puedan desplazarse o en zonas donde otro automóvil pueda impactar.
12.5. Extracción del vehículo
La extricación de una persona atrapada es responsabilidad de equipos especializados cuando requiere cortar, separar o estabilizar estructuras. El/la celador/a-conductor/a no debe entrar en una zona de rescate técnico sin autorización. Puede colaborar preparando la camilla, facilitando material, ayudando en el movimiento final de la víctima y manteniendo despejada la ruta hacia la ambulancia.
Una vez liberada, el traslado desde el lugar del accidente hasta el centro sanitario constituye un transporte sanitario primario. El transporte entre dos centros sanitarios corresponde, con carácter general, al concepto de transporte secundario. Esta distinción enlaza directamente con el Tema 22.
13. ACCIDENTES CON MÚLTIPLES VÍCTIMAS Y TRIAJE
Un accidente con múltiples víctimas obliga a abandonar la lógica de atender por completo a la primera persona encontrada. Cuando el número de afectados supera inicialmente la capacidad de los recursos disponibles es necesario organizar el escenario, identificar prioridades y distribuir medios. Esta organización corresponde al sistema de emergencias y puede incluir sectorización, mando, áreas funcionales y triaje.
13.1. Qué es el triaje
El triaje es un procedimiento de clasificación y priorización de las víctimas conforme a criterios previamente establecidos, teniendo en cuenta gravedad, posibilidad de beneficio, necesidades asistenciales y recursos disponibles. Su finalidad no es atender primero a quien grita más ni a quien se encuentra físicamente más cerca, sino ordenar la asistencia para obtener el mejor resultado global posible.
En incidentes con múltiples víctimas pueden utilizarse sistemas de categorías identificadas mediante colores u otros códigos. No debe memorizarse un sistema concreto como universal si el programa no lo exige, porque existen distintos modelos y protocolos. Lo relevante para el/la celador/a-conductor/a es comprender que la clasificación clínica corresponde a personal capacitado dentro de la organización del incidente.
13.2. Sectorización del escenario
En accidentes complejos puede dividirse el escenario en distintas áreas de trabajo. La terminología exacta depende del modelo de emergencias utilizado, pero conceptualmente se diferencia una zona próxima al foco y al rescate, zonas de asistencia y clasificación, y zonas de apoyo logístico y coordinación. Esta sectorización evita mezclar vehículos, curiosos, material y víctimas y reduce el riesgo de interferencias.
13.3. Papel del/de la celador/a-conductor/a
En un incidente de múltiples víctimas, el/la celador/a-conductor/a puede tener una función logística muy relevante: posicionar el vehículo donde se ordene, mantener rutas de entrada y salida, preparar camillas, trasladar material, colaborar en la movilización de víctimas ya clasificadas, acompañar al equipo y mantener disponibilidad para el transporte. Todo ello debe realizarse conforme a la cadena de mando.
No corresponde al celador/a-conductor/a efectuar por iniciativa propia una clasificación clínica avanzada, decidir qué paciente debe recibir un tratamiento determinado o modificar prioridades establecidas por el responsable sanitario. Sí debe conocer el significado general del triaje para comprender por qué una persona aparentemente muy llamativa puede no ser la primera en trasladarse.
En estos escenarios la comunicación adquiere especial importancia. Un vehículo mal colocado puede bloquear la salida de otras ambulancias; una camilla abandonada en un corredor puede obstaculizar una evacuación; y trasladar a una víctima sin comunicarlo puede generar pérdida de trazabilidad. La disciplina operativa es, por tanto, una forma de seguridad del paciente.
14. ACTUACIÓN DEL/DE LA CELADOR/A-CONDUCTOR/A: FUNCIONES Y LÍMITES
El/la celador/a-conductor/a posee una situación singular ante este tema. Debe conocer las técnicas básicas de auxilio porque puede ser primer interviniente, conductor de un vehículo del SAS o miembro de un equipo que acude a una emergencia. Pero la categoría sigue siendo no sanitaria. Esta distinción debe aparecer siempre en las respuestas de oposición que planteen qué puede o no puede hacer.
14.1. Actuaciones que sí puede realizar dentro de su capacitación
Puede proteger la escena sin exponerse, alertar a los servicios de emergencia, describir de manera objetiva el estado de las víctimas, comprobar respuesta y respiración, iniciar RCP básica cuando esté indicado, colaborar en la utilización del DEA conforme a su formación y al marco vigente, ejercer presión sobre una hemorragia externa, aplicar las medidas de primeros auxilios para las que esté capacitado y colaborar físicamente en la movilización y traslado del paciente.
Dentro de un equipo profesional puede preparar la camilla y el material, facilitar el acceso del personal sanitario, ayudar en una transferencia, mantener despejada la ruta de evacuación, cargar y descargar el equipamiento y conducir el recurso al destino que se determine. Estas actividades son esenciales para que la asistencia funcione aunque no sean actos clínicos.
14.2. Actuaciones que no debe asumir autónomamente
No diagnostica lesiones, no establece pronósticos, no prescribe ni administra medicamentos por iniciativa propia, no realiza técnicas invasivas reservadas a personal sanitario, no decide tratamientos, no determina autónomamente el destino hospitalario de un paciente atendido por un equipo asistencial y no sustituye al profesional responsable del triaje.
Tampoco debe utilizar material sanitario complejo únicamente porque se encuentre disponible. Un recurso puede transportar oxígeno, dispositivos de vía aérea, inmovilizadores o material de monitorización, pero la presencia de ese material no amplía automáticamente las competencias de quien lo transporta.
14.3. Secuencia práctica ante un accidente
- Detectar el accidente y reducir la propia velocidad, evitando maniobras bruscas que puedan producir un segundo siniestro.
- Elegir un emplazamiento seguro para el vehículo conforme a las condiciones de la vía y al protocolo del servicio.
- Identificar riesgos: tráfico, fuego, humo, derrames, mercancías peligrosas, electricidad, inestabilidad o personas sobre la calzada.
- Protegerse con los medios disponibles y no penetrar en una zona de peligro no controlado.
- Activar 112/061 o el centro coordinador, aportando localización, mecanismo, víctimas y riesgos.
- Realizar una valoración rápida: hemorragia catastrófica, respuesta y respiración normal.
- Iniciar RCP y solicitar DEA si la persona no responde y no respira normalmente.
- Controlar hemorragias graves y aplicar otros primeros auxilios dentro de la capacitación recibida.
- No movilizar innecesariamente a una persona traumatizada.
- Movilizar de emergencia únicamente si existe peligro inmediato o resulta imprescindible para una maniobra vital.
- Colaborar con los servicios especializados cuando lleguen y comunicar qué se ha observado y qué medidas se han realizado.
- Seguir la cadena de mando en accidentes complejos o con múltiples víctimas.
14.4. La capacitación práctica
Los primeros auxilios y la RCP no se dominan únicamente leyendo. El conocimiento teórico de una frecuencia de 100–120 compresiones por minuto o de una relación 30:2 no garantiza que las compresiones tengan profundidad, posición y reexpansión correctas. La capacitación debe incluir prácticas con maniquí, manejo real o simulado de DEA, control de hemorragias y movilización coordinada.
La actualización periódica es igualmente importante porque las recomendaciones cambian. El ejemplo más claro es el torniquete: durante años se enseñó de forma muy restrictiva y los propios exámenes SAS conservaron esa formulación; las guías contemporáneas reconocen su valor precoz ante una hemorragia de extremidad potencialmente mortal no controlada con presión directa. Otro ejemplo es la señalización del vehículo inmovilizado: los antiguos triángulos han sido sustituidos en 2026 por la V-16 conectada.
15. MAPA CONCEPTUAL Y CLAVES PARA EL EXAMEN
El Tema 21 se resuelve mejor si se memoriza como una cadena de decisiones y no como una suma de maniobras aisladas. La primera pregunta siempre es si el escenario permite aproximarse; la segunda, si se ha solicitado ayuda; la tercera, si existe una amenaza vital que un primer interviniente puede corregir. Todo lo demás se ordena a partir de esas tres cuestiones.
│
├── 1. PROTEGER
│ ├── Seguridad propia
│ ├── Seguridad de las víctimas
│ ├── Tráfico · fuego · humo · derrames · electricidad
│ ├── Evitar un segundo accidente
│ └── Vehículo inmovilizado ── V-16 conectada desde 01/01/2026
│
├── 2. AVISAR
│ ├── 112 ── coordinación multidisciplinar
│ ├── 061 ── emergencia sanitaria en Andalucía
│ └── Comunicar
│ ├── Lugar exacto
│ ├── Tipo de accidente
│ ├── Número de víctimas
│ ├── Estado observable
│ └── Riesgos añadidos
│
├── 3. SOCORRER
│ ├── Hemorragia masiva ── presión directa
│ ├── ¿Responde?
│ ├── ¿Respira normalmente?
│ │ ├── SÍ ── vigilar y evitar movimientos innecesarios
│ │ └── NO ── RCP + DEA
│ │ ├── 100-120 compresiones/min
│ │ ├── Profundidad 5-6 cm
│ │ └── 30:2 si se realizan ventilaciones
│ └── Reevaluación continua
│
├── TRAUMA
│ ├── No movilizar rutinariamente
│ ├── No retirar casco sin necesidad
│ ├── No recolocar fracturas
│ ├── No extraer objetos enclavados
│ └── Mover solo si
│ ├── existe peligro inmediato
│ └── es necesario para una maniobra vital
│
├── MÚLTIPLES VÍCTIMAS
│ ├── Sectorización
│ ├── Triaje
│ ├── Cadena de mando
│ └── Logística y evacuación coordinada
│
└── CELADOR/A-CONDUCTOR/A
├── Protege y alerta
├── Primeros auxilios según capacitación
├── RCP básica
├── Colabora en DEA según formación/protocolo
├── Colabora en movilización y traslado
└── NO diagnostica · NO prescribe · NO realiza técnicas clínicas autónomas
15.1. Perlas que deben quedar memorizadas
- PAS: Proteger → Avisar → Socorrer.
- Deber de auxilio: quien presencia un accidente debe auxiliar o solicitar auxilio en los términos legales y sin exponerse a un riesgo propio o de terceros.
- Excepción de aviso a la autoridad: el Reglamento contempla el supuesto de heridas claramente leves, seguridad restablecida y ausencia de petición de los implicados.
- Parada: no responde y no respira normalmente.
- Respiraciones agónicas: no son respiración normal.
- RCP adulta: 100–120 compresiones/minuto, 5–6 cm y 30:2 cuando se realizan ventilaciones.
- DEA: utilizarlo precozmente y seguir sus indicaciones; después de una descarga se reanuda la RCP.
- Hemorragia grave: presión directa firme; torniquete para una hemorragia de extremidad que amenaza la vida y no se controla mediante presión directa, conforme a capacitación.
- PLS: inconsciente que respira normalmente, con especial cautela si existe traumatismo.
- Traumatizado: no movilizar sin necesidad; la amenaza vital o un peligro inmediato pueden obligar a mover.
- Triaje: clasificación y priorización de víctimas.
- Transporte primario: desde el lugar del accidente al centro sanitario.
- Desde 1 de enero de 2026: V-16 conectada como dispositivo reglamentario ordinario para señalizar la inmovilización del vehículo en los supuestos correspondientes.
16. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS
- Real Decreto Legislativo 6/2015, de 30 de octubre — texto refundido de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial; especial referencia al comportamiento en caso de accidente y deber de auxilio.
- Real Decreto 1428/2003, de 21 de noviembre — Reglamento General de Circulación, texto consolidado; especial referencia al artículo 129 sobre comportamiento en caso de emergencia y accidentes.
- Real Decreto 2822/1998, de 23 de diciembre — Reglamento General de Vehículos y regulación de las señales de los vehículos.
- Real Decreto 159/2021, de 16 de marzo — regulación de los servicios de auxilio en las vías públicas y transición hacia la señal V-16 conectada.
- Real Decreto 1030/2022, de 20 de diciembre — modificación del marco reglamentario relativo, entre otras materias, a la señal V-16.
- Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal — artículo 195 sobre omisión del deber de socorro y artículo 382 bis sobre abandono del lugar del accidente.
- European Resuscitation Council Guidelines 2025: Adult Basic Life Support — recomendaciones actualizadas de soporte vital básico del adulto, reconocimiento de la parada, compresiones, ventilaciones y desfibrilación.
- European Resuscitation Council Guidelines 2025: First Aid — recomendaciones actualizadas sobre valoración inicial, hemorragias, posición de recuperación y otras intervenciones de primeros auxilios.
- European Resuscitation Council Guidelines 2025: Executive Summary — síntesis de las recomendaciones europeas de resucitación vigentes.
- Dirección General de Tráfico — información oficial sobre conducta PAS, actuación ante accidentes y señalización mediante V-16 conectada.
- Emergencias 112 Andalucía — sistema integrado de atención y coordinación de emergencias en la Comunidad Autónoma de Andalucía.
- Servicio de Emergencias Sanitarias 061 de Andalucía — atención sanitaria urgente y coordinación de recursos sanitarios.
- Decreto 22/2012, de 14 de febrero, de Andalucía — regulación del uso de desfibriladores externos automatizados fuera del ámbito sanitario y requisitos relacionados con su utilización.
- Orden de 4 de junio de 2013 de la Junta de Andalucía — desarrollo de la formación para la utilización de desfibriladores externos automatizados fuera del ámbito sanitario.
- Real Decreto 836/2012, de 25 de mayo — características técnicas, equipamiento sanitario y dotación de personal de los vehículos de transporte sanitario por carretera; materia relacionada con el posterior Tema 22.
- Cuestionarios y plantillas definitivas del SAS de Celador/a-Conductor/a — convocatorias 2017, 2021, 2023 y 2025 empleadas para identificar contenidos y formulaciones reales de examen. Las argumentaciones didácticas del presente tema no forman parte de las plantillas oficiales del SAS.
PAS
112
061
RCP
soporte vital básico
DEA
hemorragia
posición lateral de seguridad
movilización
triaje
V-16 conectada