Tema 63. El dolor y los signos clínicos como parámetro de control. Diseño de la sesión de recuperación. Recuperación al esfuerzo, resistencia y flexibilidad en el paciente. Metodologías de intervención y sistemas de recuperación.

23 min julio 10, 2026 Media Nuevo

Tema 63. El dolor y los signos clínicos como parámetro de control. Diseño de la sesión de recuperación. Recuperación al esfuerzo, resistencia y flexibilidad en el paciente. Metodologías de intervención y sistemas de recuperación

Del control clínico del dolor y el esfuerzo al diseño razonado de la sesión de recuperación funcional del paciente
Oposición: Fisioterapeuta – Servicio Andaluz de Salud (SAS)
Bloque: Específico | Última actualización: Julio 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS

1. INTRODUCCIÓN

Cuando trabajas con un paciente que se está recuperando de una lesión, de una cirugía o de un proceso de descompensación cardiorrespiratoria, tu principal herramienta de decisión no es un protocolo cerrado, sino la lectura constante de dos tipos de señales: lo que el paciente te dice que siente (el dolor, la fatiga percibida) y lo que su cuerpo te muestra de forma objetiva (frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, tensión arterial, sudoración, palidez). Ambas son, en realidad, la misma cosa vista desde dos ángulos: parámetros de control que te permiten decidir si sigues, si modificas la carga o si detienes la sesión.

Este tema aborda cómo el dolor y los signos clínicos se convierten en herramientas de monitorización durante la intervención fisioterápica, cómo se traduce esa monitorización en el diseño concreto de una sesión de recuperación, y cómo se recupera de forma específica cada cualidad física comprometida: el esfuerzo general, la resistencia cardiorrespiratoria y la flexibilidad articular y muscular. Cerramos con las metodologías de intervención y los sistemas físicos de recuperación (crioterapia, termoterapia, hidroterapia, electroestimulación, compresión, masaje) que forman parte del arsenal habitual del fisioterapeuta.

Es un tema eminentemente práctico: en el SAS lo vas a aplicar tanto en unidades de rehabilitación traumatológica y neurológica como en rehabilitación cardíaca y respiratoria, en unidades de fisioterapia deportiva, en atención primaria y en el ámbito geriátrico, siempre con el mismo hilo conductor: controlar antes de progresar, y progresar antes de dar el alta.

2. EL DOLOR COMO PARÁMETRO DE CONTROL EN LA INTERVENCIÓN FISIOTERÁPICA

El dolor como quinta constante vital: desde finales de los años 90 se defiende la idea de registrar el dolor junto a la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria, la tensión arterial y la temperatura. En fisioterapia esto se traduce en valorar el dolor antes, durante y después de cada técnica o ejercicio, no solo al inicio del tratamiento.

El dolor no es un simple síntoma molesto que hay que eliminar: es una señal de alarma del sistema nervioso que, bien interpretada, te dice mucho sobre el estado de los tejidos, sobre la tolerancia a la carga y sobre el riesgo de sobrepasar la capacidad de adaptación del paciente. Como fisioterapeuta necesitas distinguir su origen para decidir cómo actuar:

  • Dolor nociceptivo: originado por la activación de nociceptores ante daño tisular real o potencial (mecánico, térmico, químico). Es el dolor «esperable» tras una cirugía o una lesión reciente, proporcional al estímulo.
  • Dolor neuropático: generado por una lesión o disfunción del sistema nervioso somatosensorial (por ejemplo, radiculopatías, neuropatías periféricas). Suele describirse como quemazón, descargas eléctricas o parestesias, y no siempre guarda relación con la carga mecánica aplicada.
  • Dolor nociplástico: aparece por una alteración en el procesamiento del dolor sin evidencia clara de daño tisular ni de lesión neurológica (sensibilización central). Es frecuente en cuadros de dolor crónico y exige un abordaje de la sesión de recuperación distinto, más centrado en la exposición gradual que en el reposo.

Para convertir el dolor en un dato utilizable dentro del diseño de la sesión, necesitas herramientas de medida validadas. Las más habituales en la práctica clínica del fisioterapeuta son:

Herramienta Rango / formato Uso principal en fisioterapia
Escala Visual Analógica (EVA) Línea continua de 10 cm, sin números Valoración rápida de la intensidad del dolor antes/después de la sesión
Escala Numérica del Dolor (EVN/NRS) 0 (sin dolor) a 10 (peor dolor imaginable) Registro evolutivo en la historia clínica, fácil de aplicar verbalmente
Escala Verbal Simple (EVS) Categorías: ausente, leve, moderado, intenso, muy intenso Pacientes con dificultad de comprensión numérica o abstracción (geriatría)
Cuestionario de McGill Descriptores sensoriales, afectivos y evaluativos Valoración multidimensional en dolor crónico, no solo intensidad
Regla práctica de control del dolor durante la sesión: como referencia orientativa, si el dolor durante el ejercicio se mantiene igual o inferior al que el paciente tenía antes de empezar, o desciende en las horas posteriores, la carga suele ser adecuada. Un aumento sostenido del dolor basal en las 24 horas siguientes es indicativo de que la carga aplicada ha superado la capacidad de tolerancia del tejido y debe revisarse.

El dolor, por tanto, no se valora una única vez: se integra como parámetro dinámico dentro de cada sesión, junto con los signos clínicos objetivos que veremos en el siguiente epígrafe, para tomar decisiones sobre intensidad, volumen y progresión del tratamiento.

3. LOS SIGNOS CLÍNICOS COMO PARÁMETRO DE CONTROL DEL ESFUERZO

Además del dolor, necesitas monitorizar variables fisiológicas objetivas que te informan sobre cómo está tolerando el organismo el esfuerzo que le estás pidiendo. Esto es especialmente relevante en pacientes con patología cardiorrespiratoria, en fases postquirúrgicas tempranas, en personas mayores y en cualquier paciente al que sometas a ejercicio terapéutico progresivo.

3.1. Parámetros cardiorrespiratorios de control

  • Frecuencia cardíaca (FC): parámetro de primera línea. Se puede monitorizar de forma manual (palpación radial o carotídea) o con pulsioxímetro/monitor. Se relaciona con la FC máxima teórica y con la FC de reserva (fórmula de Karvonen) para prescribir intensidades de entrenamiento.
  • Frecuencia respiratoria (FR): su aumento desproporcionado respecto a la carga, o la aparición de patrón respiratorio disfuncional (uso de musculatura accesoria, taquipnea marcada), es un signo de alarma.
  • Saturación de oxígeno (SatO2): especialmente relevante en pacientes respiratorios y en rehabilitación cardíaca; un descenso significativo durante el esfuerzo obliga a interrumpir o modificar la actividad.
  • Tensión arterial (TA): tanto la hipotensión como la hipertensión inducidas por el ejercicio son criterios de interrupción de la sesión.
  • Coloración cutánea, sudoración y disnea subjetiva: signos clínicos visibles que, junto a los anteriores, completan la valoración global de la tolerancia al esfuerzo.

3.2. Percepción subjetiva del esfuerzo

Junto a los parámetros objetivos, se emplean escalas de esfuerzo percibido que permiten al paciente comunicar su sensación subjetiva de fatiga, muy útiles cuando la monitorización instrumental no está disponible o como complemento de esta:

Escala Rango Característica
Escala de Borg original (RPE) 6 – 20 Diseñada para correlacionarse aproximadamente con la FC dividiendo entre 10 (ej. 13 ≈ 130 lpm)
Escala de Borg modificada (CR-10) 0 – 10 Más intuitiva, de uso frecuente en rehabilitación cardiorrespiratoria y en valoración de disnea
Escala OMNI 0 – 10, con apoyo gráfico/pictórico Útil en niños, mayores o pacientes con dificultades de comprensión verbal
Signos de alarma y sobreentrenamiento: fatiga desproporcionada que no cede con el reposo habitual, dolor muscular que aumenta en vez de disminuir con las sesiones, alteraciones del sueño, disminución del rendimiento pese a mantener o aumentar la carga, taquicardia de reposo elevada respecto a la basal del paciente y cambios de humor o irritabilidad. Ante estos signos, el diseño de la sesión debe orientarse hacia la recuperación activa y la reducción de carga, nunca hacia la progresión.
Pregunta frecuente de examen: los exámenes oficiales de Fisioterapeuta del SAS han preguntado en convocatorias recientes por la estrategia adecuada para reducir la fatiga en pacientes con patologías que cursan con fatiga central (por ejemplo, esclerosis múltiple), siendo la respuesta correcta el entrenamiento aeróbico suave con incremento progresivo de la carga, frente a estrategias de alta intensidad o de concentración de esfuerzo en un único bloque diario.

4. DISEÑO DE LA SESIÓN DE RECUPERACIÓN: ESTRUCTURA Y FASES

Diseñar una sesión de recuperación no es «hacer menos ejercicio»: es planificar de forma intencionada una secuencia que facilite la vuelta del organismo a su estado basal minimizando el riesgo de lesión y maximizando la adaptación positiva al esfuerzo previo (entrenamiento, cirugía, brote de la patología, etc.).

Sesión de recuperación

├── Fase inicial (valoración + activación suave)
│ ├── Anamnesis rápida del estado del paciente (dolor, sueño, fatiga percibida)
│ ├── Toma de constantes basales (FC, TA, SatO2 si procede)
│ └── Movilidad articular activa suave / activación cardiovascular ligera

├── Fase principal (intervención específica)
│ ├── Técnicas de recuperación de la resistencia
│ ├── Técnicas de recuperación de la flexibilidad
│ └── Técnicas y sistemas físicos de recuperación (crio, hidro, masaje…)

└── Fase final (vuelta a la calma + reevaluación)
├── Estiramientos suaves y ejercicios respiratorios
├── Reevaluación de dolor y constantes
└── Pautas de autocuidado hasta la siguiente sesión

4.1. Fase inicial

Antes de aplicar cualquier técnica debes valorar el estado del paciente ese día concreto: cómo ha dormido, cómo siente el dolor respecto a la sesión anterior, y tomar sus constantes basales si el cuadro lo requiere. Esta fase también incluye una activación suave (movilizaciones activas, marcha ligera) que prepara el sistema cardiovascular y musculoesquelético sin generar fatiga añadida.

4.2. Fase principal

Aquí se aplican las técnicas específicas orientadas a recuperar la cualidad física comprometida (resistencia, flexibilidad) y los sistemas físicos de recuperación que veremos en los epígrafes 6, 7 y 9. La dosificación (intensidad, duración, número de series) se ajusta en tiempo real según el dolor referido y los signos clínicos monitorizados.

4.3. Fase final

Incluye estiramientos suaves, ejercicios de respiración diafragmática o de control respiratorio, y una reevaluación final de dolor y constantes que se compara con los valores basales tomados al inicio. Es también el momento de dar pautas de autocuidado (hidratación, crioterapia domiciliaria si procede, reposo relativo) hasta la siguiente sesión.

Recuerda: el diseño de la sesión de recuperación debe ser individualizado y dinámico. Un mismo paciente puede necesitar una sesión de recuperación distinta según cómo haya evolucionado su dolor o su fatiga en las últimas 24-48 horas, por lo que la reevaluación inicial condiciona directamente el contenido de la fase principal.

5. RECUPERACIÓN AL ESFUERZO: BASES FISIOLÓGICAS Y METODOLOGÍA

Tras un esfuerzo físico significativo (ya sea una sesión de ejercicio terapéutico, una descompensación de la patología de base o el postoperatorio inmediato), el organismo necesita restablecer el equilibrio homeostático: reponer sustratos energéticos, eliminar metabolitos, reparar microlesiones tisulares y normalizar las constantes cardiorrespiratorias.

5.1. Recuperación activa frente a recuperación pasiva

  • Recuperación pasiva: el paciente permanece en reposo total. Es la opción indicada en fases muy agudas, con dolor intenso o inestabilidad clínica, pero prolongada en el tiempo puede favorecer la pérdida de condición física y el desacondicionamiento.
  • Recuperación activa: se realiza actividad de baja intensidad (marcha suave, cicloergómetro sin carga, movilizaciones activas) que favorece el retorno venoso, acelera el aclaramiento de metabolitos y mantiene cierto estímulo cardiovascular sin generar fatiga adicional. En pacientes estables suele ser preferible a la recuperación pasiva total.
Concepto clave: la recuperación al esfuerzo no consiste solo en «dejar de moverse», sino en aplicar el nivel de actividad (nulo, muy bajo o bajo) que mejor favorece los procesos fisiológicos de reparación en cada momento evolutivo del paciente, siempre guiado por el dolor y los signos clínicos descritos en los epígrafes 2 y 3.

5.2. Variables fisiológicas implicadas

La recuperación al esfuerzo se apoya en varios procesos: el aclaramiento del lactato y otros metabolitos musculares, la restitución de las reservas de fosfocreatina y glucógeno, el llamado consumo de oxígeno post-ejercicio (EPOC), que explica por qué la frecuencia respiratoria y cardíaca tardan un tiempo en normalizarse tras el esfuerzo, y los procesos de reparación de microdaño en el tejido conectivo y muscular. El tiempo de recuperación necesario depende de la intensidad y duración del esfuerzo previo, del estado de forma física del paciente y de su patología de base, por lo que no existe un tiempo estándar aplicable a todos los casos: debe individualizarse a partir de la evolución del dolor, de la FC de recuperación y de la fatiga percibida.

5.3. Frecuencia cardíaca de recuperación como indicador

La velocidad con la que la FC desciende tras finalizar un esfuerzo es un indicador útil del estado de condición física y de la tolerancia al ejercicio: cuanto más rápido se recupera hacia valores basales, mejor es, en general, la capacidad de adaptación cardiovascular del paciente. Un descenso lento o insuficiente puede orientar a mantener la sesión siguiente con menor intensidad.

6. RECUPERACIÓN DE LA RESISTENCIA EN EL PACIENTE

La inmovilización, el reposo prolongado, la cirugía o el propio curso de muchas patologías crónicas producen un deterioro de la capacidad aeróbica del paciente conocido como desacondicionamiento físico. Recuperar la resistencia cardiorrespiratoria es, por tanto, un objetivo central en numerosos procesos de rehabilitación del SAS: cardíaca, respiratoria, oncológica, geriátrica y postquirúrgica.

6.1. Principios de la reconstrucción de la resistencia

El reacondicionamiento aeróbico se planifica siguiendo el principio FITT (Frecuencia, Intensidad, Tiempo, Tipo de ejercicio), adaptado a la situación clínica del paciente:

  • Frecuencia: generalmente se inicia con sesiones cortas y frecuentes, progresando hacia sesiones más largas y espaciadas conforme mejora la tolerancia.
  • Intensidad: se prescribe habitualmente mediante porcentaje de FC de reserva (fórmula de Karvonen) o mediante escalas de esfuerzo percibido (Borg), especialmente quando la medicación del paciente (por ejemplo, betabloqueantes) altera la respuesta cronotrópica y hace menos fiable el uso exclusivo de la FC.
  • Tiempo: se progresa de forma gradual en la duración total del esfuerzo, permitiendo descansos fraccionados si la tolerancia inicial es baja (entrenamiento interválico).
  • Tipo de ejercicio: marcha, cicloergómetro, ejercicios en piscina o circuitos de baja carga articular, priorizando actividades de bajo impacto en fases iniciales.
Progresión segura: como norma general se recomienda incrementar la carga de entrenamiento de forma gradual (evitando saltos bruscos de intensidad o volumen de una sesión a otra), reduciendo así el riesgo de sobrecarga y de reagudización de la sintomatología.

6.2. Entrenamiento interválico como herramienta de recuperación funcional

En pacientes muy desacondicionados, el entrenamiento continuo de baja intensidad puede resultar insuficiente o mal tolerado desde el punto de vista de la fatiga. El entrenamiento interválico, alternando periodos breves de esfuerzo con periodos de recuperación activa o pasiva, permite acumular un mayor volumen total de trabajo con menor sensación de fatiga y menor respuesta cardiorrespiratoria pico, siendo especialmente útil en rehabilitación respiratoria y cardíaca.

7. RECUPERACIÓN DE LA FLEXIBILIDAD: TÉCNICAS DE ESTIRAMIENTO

La pérdida de flexibilidad tras la inmovilización, la cirugía o el propio dolor (que induce contractura antiálgica de protección) limita el rango articular y perpetúa patrones de movimiento compensatorios. Recuperar la flexibilidad forma parte, junto con la resistencia, de los objetivos centrales de la sesión de recuperación.

7.1. Objetivos del estiramiento en fisioterapia

El estiramiento terapéutico persigue de forma conjunta: aumentar la flexibilidad general de la zona tratada en combinación con el trabajo de fortalecimiento, prevenir o minimizar el riesgo de lesiones musculotendinosas asociadas a la actividad física, y contribuir a la prevención de contracturas y acortamientos musculares que limitan la función.

7.2. Técnicas principales

Técnica Descripción Indicación habitual
Estiramiento estático Elongación mantenida del músculo hasta el límite confortable, sin rebote Fase final de la sesión, recuperación post-esfuerzo
Estiramiento dinámico Movimientos controlados que llevan progresivamente la articulación a su rango Fase inicial/calentamiento, preparación al esfuerzo
Facilitación neuromuscular propioceptiva (FNP/PNF) Combina contracción activa del músculo agonista/antagonista con estiramiento pasivo (técnicas de contracción-relajación, sostener-relajar) Ganancias de rango articular más rápidas en rehabilitación, requiere colaboración del paciente
Autoestiramiento asistido El propio paciente ejecuta el estiramiento con supervisión y pautas del fisioterapeuta Programas domiciliarios de mantenimiento
Pregunta frecuente de examen: se ha preguntado en convocatorias del SAS por los parámetros de elongación (posición articular exacta) necesarios para estirar músculos concretos, como el bíceps braquial (que requiere extensión de hombro, extensión de codo y pronación de antebrazo para lograr su elongación máxima). Conviene repasar la biomecánica de estiramiento de los principales grupos musculares del miembro superior e inferior.
Precaución clínica: el estiramiento agresivo o en balístico (con rebotes) está contraindicado en tejido recientemente reparado quirúrgicamente, en fases muy agudas del dolor y en pacientes con hiperlaxitud o riesgo de inestabilidad articular. La progresión del rango debe ser siempre gradual y guiada por la respuesta dolorosa.

8. METODOLOGÍAS DE INTERVENCIÓN EN LA RECUPERACIÓN

Más allá de las técnicas concretas, el fisioterapeuta necesita un marco metodológico que ordene cómo y cuándo aplicar cada herramienta. Los principios metodológicos más relevantes en el diseño de la recuperación son:

  • Individualización: la carga, el tipo de técnica y la progresión se ajustan al estado clínico, edad, patología de base y objetivos funcionales de cada paciente concreto, no a un protocolo genérico.
  • Progresión gradual (sobrecarga progresiva controlada): los incrementos de carga, rango o intensidad deben ser pequeños y sostenidos en el tiempo, evitando saltos que sobrepasen la capacidad de adaptación tisular.
  • Especificidad: las técnicas de recuperación deben orientarse a la cualidad física y a la estructura concretamente afectadas (no tiene sentido priorizar flexibilidad de tronco en un paciente cuyo déficit principal es la resistencia cardiorrespiratoria).
  • Reversibilidad y mantenimiento: las ganancias obtenidas se pierden si no se mantiene un mínimo de actividad, por lo que la sesión de recuperación debe conectar con pautas domiciliarias de continuidad.
  • Monitorización continua: integrando de forma sistemática el dolor y los signos clínicos (epígrafes 2 y 3) como criterio de ajuste de la metodología sesión a sesión.

8.1. Periodización aplicada a la recuperación

En procesos de recuperación prolongados (rehabilitación cardíaca, readaptación deportiva, recuperación postquirúrgica de larga duración) resulta útil planificar por fases o periodos con objetivos diferenciados: una fase de estabilización y control del dolor, una fase de reacondicionamiento progresivo de resistencia y flexibilidad, y una fase de reintegración funcional a las actividades previas del paciente (laborales, deportivas o de la vida diaria). Cada fase tiene criterios de progreso objetivables que determinan el paso a la siguiente.

9. SISTEMAS DE RECUPERACIÓN: TÉCNICAS Y MEDIOS FÍSICOS

El fisioterapeuta dispone de un conjunto de agentes físicos y técnicas manuales que complementan el ejercicio terapéutico dentro del diseño de la sesión de recuperación, actuando sobre el dolor, la inflamación, la circulación y el tono muscular.

Sistemas de recuperación

├── Térmicos
│ ├── Crioterapia (frío): antiinflamatorio, analgésico, en fase aguda
│ └── Termoterapia (calor): relajante muscular, en fase subaguda/crónica

├── Hídricos
│ └── Hidroterapia / balneoterapia (efecto descarga + térmico + hidrocinesiterapia)

├── Mecánicos
│ ├── Masoterapia (drenaje, relajación miofascial)
│ ├── Compresión neumática intermitente / prendas de compresión
│ └── Movilización activa/pasiva de recuperación

└── Eléctricos
└── Electroestimulación de recuperación (baja frecuencia, TENS analgésico)

9.1. Crioterapia

Indicada en procesos inflamatorios agudos, tras cirugía reciente y en el control del dolor postesfuerzo, por su efecto vasoconstrictor, antiinflamatorio y analgésico. Tiene, sin embargo, contraindicaciones específicas que debes conocer:

Contraindicación Motivo
Enfermedad de Raynaud Riesgo de vasoespasmo severo inducido por el frío
Crioglobulinemia Precipitación de crioglobulinas con el frío, riesgo vascular
Lesiones cutáneas crónicas (p. ej. pioderma gangrenoso) Riesgo de agravar la lesión cutánea
Alteraciones de la sensibilidad Riesgo de quemadura por frío no percibida
Pregunta frecuente de examen: se ha preguntado explícitamente qué opción NO constituye una contraindicación de la crioterapia entre un listado de patologías, siendo importante diferenciar cuadros vasculares/cutáneos (sí contraindicados) de otras patologías neurológicas no vasculares. Repasa bien el listado completo de contraindicaciones absolutas y relativas.

9.2. Termoterapia, hidroterapia y otras técnicas

La termoterapia (calor superficial o profundo) se reserva para fases subagudas o crónicas, favoreciendo la relajación muscular y la extensibilidad tisular previa al estiramiento. La hidroterapia combina el efecto de descarga articular por el empuje hidrostático con el trabajo activo de resistencia y flexibilidad en un medio de bajo impacto, siendo especialmente útil en pacientes con sobrecarga articular, obesidad o dolor intenso a la carga. La masoterapia y las técnicas de compresión (manual o mediante prendas/sistemas de compresión neumática intermitente) favorecen el retorno venolinfático y la sensación subjetiva de recuperación. La electroestimulación de baja frecuencia y el TENS se emplean como coadyuvantes analgésicos dentro de la sesión de recuperación, nunca como sustitutos del ejercicio terapéutico.

10. EL PAPEL DEL FISIOTERAPEUTA DEL SAS EN EL PROCESO DE RECUPERACIÓN

Dentro del Sistema Sanitario Público de Andalucía, el fisioterapeuta no aplica estas técnicas de forma aislada: forma parte de un equipo multidisciplinar (médico rehabilitador, cardiólogo, neumólogo, enfermería, terapia ocupacional, trabajo social) y su función incluye tanto la aplicación técnica como la valoración continua, el registro en la historia clínica digital y la coordinación del plan de cuidados.

En la práctica del SAS el fisioterapeuta participa en el diseño de la sesión de recuperación en contextos muy diversos: en rehabilitación cardíaca, monitorizando FC, TA y percepción de esfuerzo (Borg) durante el reacondicionamiento aeróbico tras un evento coronario; en rehabilitación respiratoria, controlando SatO2 y disnea durante el reentrenamiento al esfuerzo de pacientes con EPOC u otras patologías respiratorias crónicas; en traumatología y readaptación deportiva, diseñando la progresión de resistencia y flexibilidad tras cirugías de ligamento o fracturas; y en geriatría, priorizando la recuperación funcional segura frente al desacondicionamiento asociado a la hospitalización o a la inmovilidad prolongada.

Una función esencial del fisioterapeuta del SAS es educar al paciente en la interpretación de su propio dolor y de sus signos de fatiga, de modo que pueda autorregular su actividad entre sesiones y reconocer cuándo debe consultar. Esta labor de educación terapéutica forma parte del enfoque biopsicosocial recomendado en el abordaje del dolor y del ejercicio terapéutico, y contribuye a la adherencia al tratamiento y a la prevención de recaídas.

Registro y continuidad asistencial: los datos de dolor, constantes y percepción de esfuerzo recogidos en cada sesión deben quedar registrados de forma sistemática en la historia clínica, permitiendo objetivar la evolución del paciente y facilitar la comunicación con el resto del equipo asistencial y con niveles asistenciales posteriores (atención primaria, domicilio).

11. APLICACIÓN PRÁCTICA: CASO CLÍNICO

Caso: paciente de 62 años, intervenido de artroplastia total de rodilla hace 3 semanas, en seguimiento en unidad de rehabilitación del SAS. Refiere dolor EVA 4/10 en reposo y 6/10 tras la sesión anterior, junto con sensación de fatiga importante e hinchazón vespertina de la rodilla.

Diseño de la sesión de recuperación: en la fase inicial se valora el dolor y se toman constantes basales; dado el aumento de dolor respecto a la sesión previa, se opta por reducir el volumen de ejercicio resistido y priorizar movilidad activa suave y marcha corta como recuperación activa. En la fase principal se combina trabajo de flexibilidad con estiramiento estático suave de isquiotibiales y cuádriceps (evitando estiramiento agresivo por la cirugía reciente) con crioterapia postejercicio de 15-20 minutos para control del dolor y la inflamación, y elevación del miembro. En la fase final se reevalúa el dolor (objetivo: que no supere el valor basal de inicio de sesión) y se pautan crioterapia domiciliaria y reposo relativo con elevación hasta la siguiente sesión.

Este caso ilustra cómo el dolor y los signos clínicos (en este caso, el aumento de dolor postsesión previo y la fatiga referida) condicionan directamente el diseño de la sesión de recuperación, priorizando el control sobre la progresión cuando los parámetros lo indican.

12. REFERENCIAS NORMATIVAS Y BIBLIOGRÁFICAS

  • American College of Sports Medicine (ACSM) — Guidelines for Exercise Testing and Prescription, referencia habitual para la prescripción de intensidad de ejercicio mediante FC de reserva y escalas de esfuerzo percibido.
  • Escala de Borg (Borg RPE Scale, 6-20) y escala CR-10 — herramientas estandarizadas de valoración de la percepción subjetiva del esfuerzo, ampliamente utilizadas en rehabilitación cardiorrespiratoria.
  • Cuestionario de dolor de McGill (McGill Pain Questionnaire) — instrumento multidimensional de valoración del dolor.
  • Kisner, C. y Colby, L. A. — Ejercicio terapéutico: fundamentos y técnicas, referencia clásica en técnicas de estiramiento, FNP y reacondicionamiento físico.
  • Plan Andaluz de Atención a las Personas con Dolor — Consejería de Salud y Consumo, Junta de Andalucía, marco de referencia para el abordaje del dolor en el SSPA.
  • Proceso Asistencial Integrado de Rehabilitación Cardíaca y Rehabilitación Respiratoria del SSPA — protocolos de monitorización y progresión del ejercicio terapéutico en estas unidades.
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escala EVA
escala de Borg
signos clínicos de control
sesión de recuperación
recuperación al esfuerzo
reacondicionamiento aeróbico
estiramiento PNF
crioterapia
sobreentrenamiento
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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el julio 10, 2026.