Tema 85. Neurorehabilitación (VI). Enfermedades Neuromusculares: Neuropatías Hereditarias Sensitivo-Motoras. Distrofias Musculares. Miastenia Gravis. Miopatías. Clínica. Diagnóstico. Clasificación. Evaluación. Pronóstico funcional. Programa rehabilitador

47 min septiembre 9, 2026 Media Nuevo

Tema 85. Neurorehabilitación (VI). Enfermedades Neuromusculares: Neuropatías Hereditarias Sensitivo-Motoras. Distrofias Musculares. Miastenia Gravis. Miopatías. Clínica. Diagnóstico. Clasificación. Evaluación. Pronóstico funcional. Programa rehabilitador

Localiza la lesión, mide la función y prescribe actividad sin añadir daño por desuso ni por sobrecarga
Oposición: FEA Medicina Física y Rehabilitación (SAS)
Bloque: Específico · Neurorrehabilitación (80-90) | Última actualización: Septiembre 2026
Preparador: Esteban Castro | Material basado en exámenes oficiales SAS y guías clínicas vigentes

1. MAPA CLÍNICO: ANTES DEL DIAGNÓSTICO, LOCALIZA LA LESIÓN

Las enfermedades neuromusculares no son un cajón de sastre de pacientes con debilidad. Para el rehabilitador, la primera decisión intelectual es localizar el nivel fisiopatológico predominante: asta anterior, nervio periférico, unión neuromuscular o fibra muscular. En este tema nos vamos a concentrar en tres grandes territorios —nervio periférico hereditario, unión neuromuscular y músculo— porque son los que figuran expresamente en el programa. El diagnóstico etiológico vendrá después; si la localización inicial es errónea, también lo serán la exploración complementaria, el pronóstico y la prescripción de ejercicio.

Debilidad → patrón → localización → etiología → impacto CIF → objetivo rehabilitador.
Distal + arreflexia + déficit sensitivo: piensa primero en neuropatía.
Fluctuante + fatigabilidad + ocular/bulbar + sensibilidad normal: piensa en unión neuromuscular.
Proximal + sensibilidad conservada + reflejos preservados hasta fases avanzadas: piensa en miopatía.
Pseudohipertrofia, retracciones o distribución selectiva: orientan a distrofia concreta, pero nunca sustituyen la genética.

La CIF de la OMS (2001) obliga a no confundir la lesión biológica con sus consecuencias. La debilidad de dorsiflexores en una Charcot-Marie-Tooth es una deficiencia de función corporal; tropezar al caminar por terreno irregular es una limitación de la actividad; dejar de desempeñar un trabajo que exige desplazamientos frecuentes es una restricción de la participación. Una AFO puede no cambiar la velocidad de conducción nerviosa ni la fuerza MRC, y aun así producir una mejora clínicamente importante en actividad y participación. Ese es el lenguaje correcto de Rehabilitación.

La distribución de la debilidad tiene alto valor diagnóstico. La neuropatía hereditaria clásica produce debilidad distal, atrofia de piernas y pies, arreflexia distal y alteración sensitiva de predominio distal. Las distrofias de cinturas producen debilidad escapular y/o pelviana; Duchenne y Becker afectan precozmente la cintura pélvica; la FSHD añade afectación facial y fijadores escapulares; la distrofia miotónica asocia miotonía y manifestaciones multisistémicas. En la miastenia gravis, el dato nuclear no es simplemente «debilidad», sino debilidad fluctuante y fatigable, habitualmente con músculos oculares, bulbares, cervicales y proximales comprometidos y sin pérdida sensitiva.

El segundo eje es temporal. Un trastorno hereditario lentamente progresivo permite anticipar deformidad, ortesis, adaptaciones y transición de la marcha a movilidad asistida. Una miopatía inflamatoria puede evolucionar en semanas o meses y requiere identificar actividad de enfermedad para no interpretar como «desentrenamiento» lo que es inflamación activa. Una miastenia puede oscilar en horas y descompensarse con infección, cirugía o fármacos. La misma debilidad de cuatro sobre cinco tiene, por tanto, significados funcionales y riesgos radicalmente distintos.

Idea de examen: no memorices listas sin localización. Si hay déficit sensitivo, una miopatía primaria o una miastenia dejan de ser la explicación natural. Si hay ptosis y diplopía fluctuantes con pupilas respetadas, la unión neuromuscular sube al primer lugar. Si hay debilidad proximal simétrica con CK elevada y sensibilidad normal, piensa en músculo.

2. CLASIFICACIÓN PRÁCTICA DE LAS ENFERMEDADES NEUROMUSCULARES

Una clasificación útil para el examen y para la consulta debe responder a dos preguntas: dónde está la lesión y qué mecanismo la produce. La taxonomía genética crece cada año, por lo que el opositor no debe perseguir una lista interminable de genes; debe dominar los grupos prototípicos, reconocer el patrón clínico y entender cuándo la genética redefine el nombre de la enfermedad.

Nivel Grupo principal Pistas clínicas Pruebas que más orientan
Nervio periférico Neuropatías hereditarias sensitivo-motoras, especialmente CMT Déficit distal, pie cavo, atrofia distal, arreflexia, alteración sensitiva ENG/EMG + genética dirigida/secuencial
Unión neuromuscular Miastenia gravis; síndromes miasténicos Fatigabilidad, fluctuación, ocular/bulbar, sensibilidad normal Anticuerpos + estimulación repetitiva/jitter
Músculo hereditario Distrofinopatías, FSHD, LGMD, distrofias miotónicas, Emery-Dreifuss Debilidad selectiva, contracturas, miotonía o afectación multisistémica según entidad CK + genética; RM muscular y biopsia en casos seleccionados
Músculo adquirido Miopatías inflamatorias, endocrinas, tóxicas, metabólicas Debilidad proximal subaguda o patrón relacionado con desencadenante Laboratorio, anticuerpos, RM, EMG, genética/metabolismo o biopsia según sospecha

En las neuropatías hereditarias, la clasificación histórica de CMT combinaba patrón de herencia, neurofisiología y genética. Sigue siendo útil distinguir fenotipos desmielinizantes, axonales e intermedios, pero la práctica actual debe integrar el defecto molecular. La guía española de CMT desarrollada por un panel multidisciplinar y publicada en 2024/2025 insiste en una secuencia diagnóstica clínica → neurofisiológica → genética, comenzando por alteraciones frecuentes como la duplicación de PMP22 cuando el fenotipo y la neurofisiología lo justifican, y progresando a secuenciación masiva cuando procede (Guía española CMT, 2024; PMID 38431252).

En las distrofias musculares, la denominación puramente fenotípica se ha ido sustituyendo por clasificaciones genéticas. Aun así, los síndromes clásicos conservan enorme valor clínico: distrofia muscular de Duchenne (DMD), Becker (BMD), facioescapulohumeral (FSHD), distrofias de cinturas o limb-girdle muscular dystrophies (LGMD), distrofia miotónica y Emery-Dreifuss. El rehabilitador debe añadir a la etiqueta molecular una descripción funcional: ambulante/no ambulante, capacidad de transferencias, función de miembro superior, función respiratoria, deglución, dolor, contracturas y participación.

Las miopatías no son sinónimo de distrofia. Una distrofia es un trastorno muscular hereditario con degeneración progresiva de la fibra y un patrón clínico-genético determinado; una miopatía es un concepto más amplio que incluye enfermedades inflamatorias, metabólicas, mitocondriales, endocrinas, tóxicas y congénitas, entre otras. Esta distinción ha sido preguntada de forma explícita por el SAS.

En el examen de 2025 (turno libre), pregunta 153, se preguntó qué miopatía NO se clasificaba como hereditaria. La plantilla definitiva marcó la C: dermatomiositis. Distrofia de Becker, síndrome de Leigh y miopatía centronuclear eran las alternativas hereditarias. El razonamiento procede de la clasificación etiopatogénica; el SAS solo aporta enunciado y letra correcta.

La miastenia gravis ocupa un grupo aparte porque el músculo puede ser estructuralmente normal y el nervio periférico conducir adecuadamente: falla la transmisión neuromuscular. La clasificación clínica de la Myasthenia Gravis Foundation of America (MGFA) diferencia afectación exclusivamente ocular (clase I) de enfermedad generalizada de gravedad creciente (II-IV), reservando la clase V para pacientes que requieren intubación, con las precisiones de la propia clasificación. La clasificación no sustituye a escalas de actividad como MG-ADL o QMG; son herramientas complementarias (guía de síndromes miasténicos 2023, PMID 38152089).

3. DIAGNÓSTICO: PATRÓN CLÍNICO, NEUROFISIOLOGÍA, LABORATORIO, GENÉTICA Y BIOPSIA

El diagnóstico moderno de una enfermedad neuromuscular es jerárquico. No se empieza solicitando «todo»: se construye una hipótesis anatómica y fisiopatológica y se eligen pruebas que aumenten o disminuyan su probabilidad. El interrogatorio debe cubrir edad de inicio, forma de progresión, distribución de la debilidad, caídas, intolerancia al ejercicio, mialgias, calambres, miotonía, fluctuación, síntomas oculares, bulbares y respiratorios, antecedentes familiares, consanguinidad, exposición farmacológica o tóxica, episodios de rabdomiólisis y comorbilidad endocrina.

3.1. Exploración clínica

La exploración incluye balance muscular segmentario, trofismo, reflejos, sensibilidad, coordinación, marcha, maniobra de Gowers, capacidad de levantarse del suelo y de una silla, marcha de talones y puntillas, movilidad articular, contracturas y deformidades. En una neuropatía se busca pie cavo, dedos en garra, debilidad de dorsiflexores y eversores, arreflexia y pérdida sensitiva distal. En miopatía se busca debilidad proximal, dificultad para escaleras y transferencias, escapular alada y distribución selectiva. En miastenia hay que demostrar fatigabilidad de forma segura y reproducible, sin convertir la exploración en una prueba de agotamiento.

3.2. Neurofisiología

Los estudios de conducción nerviosa diferencian un patrón predominantemente desmielinizante de uno axonal y ayudan a clasificar CMT. La EMG de aguja identifica patrones neurogénicos o miopáticos y permite seleccionar músculo para biopsia cuando esta es necesaria. En la miastenia, la estimulación nerviosa repetitiva y la electromiografía de fibra única —mediante el análisis del jitter— estudian transmisión neuromuscular; su interpretación depende del músculo estudiado, la técnica y el contexto clínico.

La neurofisiología no debe pedirse como un ritual de seguimiento en una enfermedad genética estable si no va a modificar la conducta. La guía española de CMT de 2024/2025 es muy clara: el seguimiento ordinario es clínico y las pruebas complementarias no son necesarias de forma rutinaria para monitorizar a un paciente ya caracterizado (PMID 38431252).

3.3. Laboratorio y biomarcadores

La creatincinasa (CK) ayuda a situar el problema en músculo, pero una CK normal no excluye miopatía y una CK elevada no identifica por sí sola la etiología. En distrofias como DMD suele estar marcadamente elevada desde fases tempranas; en algunas miopatías inflamatorias también aumenta, mientras que en determinadas miopatías estructurales o endocrinas puede ser normal o discretamente elevada. El laboratorio debe ajustarse a la sospecha: función tiroidea, electrólitos, vitamina D, marcadores de daño hepático interpretados en contexto muscular, autoanticuerpos específicos de miositis, lactato u otras determinaciones metabólicas cuando el fenotipo las justifique.

3.4. Genética

La genética ha pasado de ser una prueba confirmatoria tardía a ocupar un lugar central. En DMD/BMD se busca una variante patogénica en el gen DMD; la identificación molecular confirma el diagnóstico, permite consejo genético y puede condicionar elegibilidad para terapias dirigidas a variantes concretas. En CMT, la estrategia debe ser secuencial y guiada por el fenotipo y la neurofisiología. En FSHD el mecanismo molecular es distinto al de una mutación codificante convencional y requiere técnicas específicas. En LGMD y miopatías congénitas, los paneles y la secuenciación masiva han reducido el papel de la biopsia como primer paso.

3.5. RM muscular y biopsia

La RM muscular puede mostrar patrones de afectación y reemplazo graso que orientan hacia determinados diagnósticos, seleccionar el lugar de biopsia y proporcionar un biomarcador de progresión en contextos concretos. La biopsia muscular sigue siendo decisiva cuando se sospecha una miopatía inflamatoria, cuando la genética no resuelve el caso o cuando el patrón histológico puede cambiar el diagnóstico. Pero en una distrofinopatía con genética concluyente no tiene sentido mantener el paradigma antiguo de «biopsiar siempre».

Red flags diagnósticas y de seguridad: disnea de nueva aparición, ortopnea, cefalea matutina o somnolencia diurna pueden expresar hipoventilación; disfagia con pérdida de peso o infecciones respiratorias sugiere riesgo aspirativo; deterioro rápido con debilidad cervical o bulbar exige descartar crisis miasténica o miopatía inflamatoria grave; dolor muscular intenso con orina oscura obliga a valorar rabdomiólisis. En estos escenarios, el programa de ejercicio no se «intensifica»: primero se estabiliza el problema médico.

4. NEUROPATÍAS HEREDITARIAS SENSITIVO-MOTORAS: ENFERMEDAD DE CHARCOT-MARIE-TOOTH

La enfermedad de Charcot-Marie-Tooth (CMT) es el prototipo de neuropatía hereditaria sensitivo-motora. No es una única enfermedad, sino un grupo genéticamente heterogéneo con un fenotipo común: debilidad y atrofia distal de predominio en miembros inferiores, deformidad progresiva del pie, arreflexia distal y alteración sensitiva variable. La progresión suele ser lenta, pero la discapacidad acumulada depende no solo de la pérdida axonal, sino de deformidad, dolor, fatiga, caídas, déficit propioceptivo, adaptación ortésica y demandas del entorno.

4.1. Clasificación y genética

La división clásica diferencia formas desmielinizantes (tradicionalmente CMT1), axonales (CMT2), ligadas al X (CMTX) e intermedias, pero la denominación genética concreta es cada vez más importante. CMT1A, asociada a duplicación de PMP22, es una forma frecuente y debe considerarse específicamente cuando el fenotipo y la neurofisiología son compatibles. La deleción de la misma región de PMP22 se asocia a neuropatía hereditaria con susceptibilidad a parálisis por presión, entidad distinta aunque relacionada molecularmente. La guía española de CMT (2024; PMID 38431252) recomienda un abordaje genético escalonado, no un panel indiscriminado de entrada en todos los pacientes.

4.2. Clínica y deformidad

El patrón funcional típico comienza por los músculos distales: debilidad de dorsiflexión produce foot drop y marcha en steppage; el desequilibrio entre musculatura intrínseca y extrínseca favorece pie cavo, retropié en varo y dedos en garra. La afectación de manos aparece de forma variable y puede comprometer pinza, escritura y manipulación fina. El dolor no debe banalizarse: puede ser musculoesquelético por deformidad y sobrecarga o neuropático. La fatiga y el miedo a caerse reducen actividad y participación incluso cuando el balance muscular aislado cambia poco.

4.3. Evaluación

El seguimiento debe documentar marcha, caídas, movilidad de tobillo, deformidad flexible o rígida, fuerza de dorsiflexores/eversores y musculatura intrínseca, sensibilidad, dolor, función de mano y necesidades de participación. Escalas como CMT Neuropathy Score y sus versiones clínicas se utilizan en unidades especializadas y ensayos, pero el rehabilitador debe añadir medidas orientadas a tarea: velocidad de marcha, prueba de 6 minutos cuando sea apropiada, equilibrio, subir escaleras y desempeño manual. La fotografía funcional del paciente es más útil que repetir neurofisiología sin una pregunta concreta.

4.4. Programa rehabilitador

La guía española de 2024/2025 recomienda iniciar precozmente el abordaje rehabilitador y ortopédico, con ejercicio individualizado, adaptación ortésica y valoración de cirugía conservadora, como transferencias tendinosas, cuando la deformidad y el balance muscular lo justifican (PMID 38431252). El ejercicio aeróbico de intensidad ligera-moderada y el fortalecimiento ajustado a músculos con capacidad contráctil útil buscan combatir el desacondicionamiento sin inducir sobrecarga mantenida. El estiramiento se dirige especialmente al complejo aquíleo y estructuras que tienden a acortarse, y la reeducación de equilibrio y marcha se adapta al déficit propioceptivo.

La AFO se indica cuando la caída del pie, la inestabilidad o el gasto energético deterioran la marcha. No hay una «AFO de CMT» universal: la rigidez, articulación, control frontal y almacenamiento/liberación de energía se eligen según deformidad, rango pasivo, fuerza y objetivos. Una ortesis que corrige demasiado una deformidad rígida genera presión y dolor; una demasiado flexible puede no controlar el foot drop. En mano, las ortesis se reservan para objetivos funcionales concretos, deformidad o dolor, evitando inmovilización innecesaria.

En CMT, más pruebas no equivalen a mejor seguimiento. Una vez definido el diagnóstico, la guía española de 2024/2025 considera el seguimiento fundamentalmente clínico. Lo que interesa a Rehabilitación es si el paciente cae más, pierde rango, tolera peor la ortesis, deja de caminar distancias útiles o reduce participación.

5. DISTROFINOPATÍAS: DUCHENNE Y BECKER

La distrofia muscular de Duchenne (DMD) y la de Becker (BMD) se deben a variantes patogénicas del gen DMD, localizado en el cromosoma X, que alteran la distrofina. En DMD la deficiencia funcional de distrofina es grave y el fenotipo es más precoz y progresivo; en BMD suele conservarse mayor cantidad o función de la proteína y el curso es más variable. Para el rehabilitador, la diferencia no es solo genética: condiciona el ritmo de pérdida funcional, la aparición de contracturas, el riesgo respiratorio y cardiaco y la planificación de ayudas.

En el examen de 2021 (turno libre), pregunta 60, se preguntó cuál era la distrofia muscular más frecuente. La plantilla definitiva señaló la C: distrofia muscular de Duchenne. El dato es clásico, pero lo que debes retener es que Duchenne es la distrofinopatía grave de inicio infantil que estructura buena parte de los estándares de atención multidisciplinar.

5.1. Clínica y diagnóstico

El fenotipo de DMD combina retraso motor relativo, dificultad para correr y saltar, caídas, dificultad para subir escaleras y levantarse del suelo, marcha con hiperlordosis y base amplia, debilidad proximal y signo de Gowers. La pseudohipertrofia gemelar es orientativa, no diagnóstica. El diagnóstico actual se confirma prioritariamente mediante estudio genético, apoyado por CK y evaluación neuromuscular. La biopsia queda para situaciones no resueltas por genética o diagnósticos diferenciales. Las DMD Care Considerations de 2018 mantienen el enfoque multidisciplinar como estándar y sitúan rehabilitación, prevención de contracturas, soporte respiratorio, cardiología, salud ósea, nutrición y transición a la edad adulta como componentes inseparables (PMID 29395989, 29395990 y 29398641).

5.2. Evolución funcional

La historia natural ya no debe estudiarse con edades rígidas aprendidas de textos antiguos. Corticoides, soporte respiratorio, cardiológico, ortopédico, tecnología y terapias dirigidas han modificado la trayectoria funcional. Por eso el pronóstico se expresa mejor por hitos funcionales: velocidad de progresión en pruebas cronometradas, tendencia de la North Star Ambulatory Assessment (NSAA), capacidad de levantarse del suelo, subir escalones, caminar distancias comunitarias, pérdida de marcha, función de miembros superiores y necesidad de ventilación. El documento de consenso para adultos con DMD de 2021 subraya precisamente que cada vez hay más adultos con necesidades complejas y que el seguimiento no puede terminar con la pérdida de marcha (PMID 34511509).

5.3. Contracturas, postura y escoliosis

Las contracturas se previenen mejor antes de que se establezcan. El programa incluye posicionamiento, estiramientos regulares, mantenimiento del rango y ortesis nocturnas cuando están indicadas y toleradas. Tras la pérdida de marcha, el objetivo no es «forzar» bipedestación a cualquier precio, sino mantener alineación, confort, acceso funcional y salud respiratoria. La sedestación debe permitir estabilidad pélvica y movilidad del miembro superior; los sistemas de basculación y reclinación son herramientas para redistribuir presión, variar postura y facilitar cuidados.

En 2018 (turno libre), pregunta 81, sobre escoliosis y enfermedades neuromusculares, la respuesta correcta fue la B: se había relacionado la gravedad de la escoliosis con el deterioro de la función respiratoria. No conviertas esto en una causalidad lineal: escoliosis, debilidad axial y deterioro respiratorio progresan dentro de un mismo fenotipo neuromuscular y deben evaluarse conjuntamente.

5.4. Ejercicio y preservación funcional

El objetivo del ejercicio en DMD no es hipertrofiar hasta el fallo. Se busca mantener actividad submáxima, prevenir desacondicionamiento y conservar participación evitando fatiga excesiva, dolor persistente y daño por sobrecarga. El consenso rehabilitador de DMD y las recomendaciones de profesionales aliados insisten en actividad adaptada, prevención de contracturas, ayudas tempranas y conservación de energía (Rehabilitation Management of DMD, 2018, PMID 30275246; guideline allied health, 2021, PMID 34165385). La intensidad debe reducirse si aparecen dolor muscular prolongado, pérdida funcional al día siguiente o fatiga que interfiera con AVD.

5.5. Cardiopulmonar y tratamiento médico

La miocardiopatía y la debilidad respiratoria son determinantes pronósticos. El rehabilitador debe conocer la función ventricular, la situación respiratoria, la tos y la necesidad de ventilación no invasiva antes de prescribir ejercicio. Los glucocorticoides forman parte del tratamiento estándar de DMD; las terapias dirigidas a variantes concretas y las terapias génicas cambian rápidamente y su disponibilidad depende de indicación y autorización regulatoria. En un tema de oposición actualizado, es más seguro entender el principio —tratamiento molecular dependiente del genotipo— que memorizar una lista comercial que puede cambiar durante la vigencia del temario.

En el examen APES 2023, pregunta 57, el SAS pidió la afirmación falsa sobre DMD y marcó la A. Una de las opciones verdaderas era que el signo de Gowers indica debilidad de la cintura pélvica. Es una perla estable. En cambio, los porcentajes de escoliosis o las edades fijas deben manejarse con cautela porque la historia natural cambia con el tratamiento contemporáneo.

6. OTRAS DISTROFIAS MUSCULARES: FSHD, LGMD, DISTROFIAS MIOTÓNICAS Y EMERY-DREIFUSS

6.1. Distrofia facioescapulohumeral (FSHD)

La FSHD se reconoce por una distribución selectiva: debilidad facial, fijadores escapulares y musculatura humeral, con posible afectación asimétrica. La incapacidad para cerrar los ojos con fuerza, silbar o fruncir labios, la escápula alada y la dificultad para elevar los brazos son pistas clínicas. La afectación de cintura pélvica y dorsiflexores puede aparecer con la progresión. La preservación relativa de otros grupos musculares crea un fenotipo muy característico y permite objetivos de rehabilitación altamente específicos.

La guía AAN/AANEM de 2015 continúa siendo una referencia para manejo de FSHD y señala que el ejercicio aeróbico de baja intensidad parece seguro y potencialmente beneficioso (PMID 26215877). La fijación escapular quirúrgica puede considerarse en pacientes seleccionados cuando la movilidad escapulotorácica limita de forma importante la elevación del brazo y existe fuerza glenohumeral suficiente; no es una indicación automática. La fisioterapia busca mantener movilidad, manejar dolor, adaptar tareas y evitar la inactividad.

6.2. Distrofias de cinturas (LGMD)

Las LGMD constituyen un grupo heterogéneo de distrofias con debilidad predominantemente pelviana y/o escapular. La nomenclatura actual intenta reflejar herencia y gen/proteína, pero para el examen importa comprender la heterogeneidad: algunas formas tienen cardiomiopatía relevante, otras afectación respiratoria precoz, otras contracturas o riesgo de rabdomiólisis. Por eso la etiqueta «LGMD» nunca es suficiente para prescribir ejercicio sin conocer el subtipo o, al menos, su fenotipo sistémico.

El programa rehabilitador prioriza actividad aeróbica moderada y fortalecimiento submáximo, prevención de contracturas, evaluación de marcha y ayudas, y vigilancia cardiopulmonar según subtipo. Si hay debilidad marcada de extensores de cadera y rodilla, insistir en ejercicios contra resistencias altas hasta el fallo puede empeorar fatiga y reducir participación; el objetivo es conservar capacidad funcional útil.

6.3. Distrofia miotónica

La distrofia miotónica tipo 1 (DM1) es una enfermedad multisistémica: además de debilidad y miotonía, puede asociar alteraciones de conducción cardiaca, trastornos respiratorios y del sueño, cataratas, afectación endocrino-metabólica, disfagia y cambios cognitivo-conductuales. En DM2 predominan dolor y debilidad proximal con menor miotonía clínica en muchos casos. Las recomendaciones de consenso para adultos con DM1 (2018; PMID 30588381) y DM2 (2019; PMID 31583190) subrayan que la vigilancia sistémica es parte del tratamiento, no una tarea separada de la rehabilitación.

En Rehabilitación hay que valorar fatiga, somnolencia, caídas, debilidad distal o proximal, función respiratoria, deglución y barreras cognitivas para adherencia. El ejercicio se prescribe de forma progresiva y supervisada, evitando atribuir automáticamente toda fatiga a «falta de motivación». En DM1, una arritmia o un trastorno respiratorio del sueño puede estar detrás de la reducción de tolerancia al esfuerzo.

6.4. Emery-Dreifuss y distrofias con contracturas precoces

La distrofia de Emery-Dreifuss recuerda por qué el rehabilitador debe mirar más allá de la fuerza: contracturas precoces de codos y Aquiles, rigidez axial y alteraciones cardiacas de conducción pueden dominar el cuadro. El estiramiento y la prevención de retracciones tienen valor, pero la seguridad cardiológica condiciona el ejercicio. En cualquier distrofia con afectación cardiaca potencial, una prescripción de ejercicio basada solo en MRC y 6MWT es incompleta.

Patrón que merece memorizarse: FSHD = cara + escápula + húmero; LGMD = cinturas con fenotipo genéticamente heterogéneo; distrofia miotónica = músculo + miotonía + enfermedad multisistémica; Emery-Dreifuss = contracturas precoces + riesgo cardiaco. Son mapas, no diagnósticos moleculares definitivos.

7. MIASTENIA GRAVIS: FATIGABILIDAD, CRISIS Y REHABILITACIÓN ACTIVA

La miastenia gravis (MG) es una enfermedad autoinmune de la unión neuromuscular caracterizada por debilidad fluctuante y fatigable. Los anticuerpos frente al receptor de acetilcolina (AChR) son los más frecuentes; en otros pacientes se identifican anticuerpos frente a MuSK, LRP4 u otros mecanismos, y existe un grupo seronegativo con las técnicas disponibles. La distribución clínica y el subtipo inmunológico influyen en el tratamiento, por lo que «miastenia» no debe tratarse como un fenotipo homogéneo.

7.1. Clínica

Ptosis y diplopía fluctuantes son formas frecuentes de presentación. La afectación bulbar produce disartria, voz nasal, fatiga masticatoria y disfagia; la debilidad cervical puede generar head drop; la enfermedad generalizada compromete musculatura proximal de miembros. La sensibilidad es normal y las pupilas no forman parte del síndrome típico. La debilidad aumenta con el uso repetido y mejora con descanso, aunque este patrón no debe entenderse como una regla matemática presente en toda exploración.

7.2. Diagnóstico y clasificación

El diagnóstico integra clínica, anticuerpos y neurofisiología. La estimulación repetitiva y el jitter de fibra única apoyan el defecto de transmisión. La clasificación MGFA permite describir gravedad clínica; las escalas MG-ADL, QMG y medidas de calidad de vida permiten seguir actividad y respuesta. El consenso europeo de 2024 sobre evaluación de MG generalizada recomienda combinar valoración clínica objetiva y perspectiva del paciente para estandarizar seguimiento (PMID 38523419).

Clase MGFA Idea clínica Implicación rehabilitadora
I Afectación ocular Fatiga visual, diplopía, seguridad en conducción y tareas visuales
II Debilidad generalizada leve Ejercicio individualizado, dosificación por síntomas
III Debilidad generalizada moderada Mayor vigilancia bulbar/respiratoria y de fatiga
IV Debilidad generalizada grave Prioridad a seguridad, AVD, ahorro energético y soporte
V Necesidad de intubación según definición MGFA Situación aguda; no es escenario de entrenamiento convencional

7.3. Tratamiento médico que el rehabilitador debe conocer

La guía internacional actualizada en 2020 y publicada en 2021 (PMID 33144515), junto con la guía de síndromes miasténicos de 2023 (PMID 38152089), sitúan el tratamiento según actividad, anticuerpos y patología tímica. La piridostigmina es tratamiento sintomático; glucocorticoides e inmunosupresores clásicos se utilizan como tratamiento modificador en muchos pacientes; la timectomía tiene indicaciones concretas; y los tratamientos biológicos dirigidos a complemento o receptor Fc neonatal han ampliado las opciones en MG generalizada seleccionada. La crisis miasténica exige tratamiento urgente y puede requerir inmunoglobulina intravenosa o intercambio plasmático, además de soporte respiratorio.

No confundas fatiga con crisis. Disnea, debilidad bulbar progresiva, dificultad para manejar secreciones, voz cada vez más débil o deterioro rápido de la función respiratoria obligan a valoración urgente. Una sesión de fisioterapia no debe «probar hasta dónde aguanta» un paciente con sospecha de descompensación miasténica.

7.4. Ejercicio: el cambio de paradigma

Durante años se recomendó evitar el ejercicio por miedo a exacerbar la debilidad. Esa recomendación global ya no se sostiene. Una revisión sistemática de 2026 encontró que los programas individualizados, guiados por síntomas y realizados en pacientes clínicamente estables son generalmente bien tolerados y pueden mejorar capacidad funcional, fuerza, AVD y calidad de vida, aunque los estudios son pequeños y heterogéneos (PMID 42072999). Una revisión con metaanálisis de 2025/2026 también apoya efectos favorables de entrenamiento físico y respiratorio con buena tolerancia, manteniendo la necesidad de estandarizar protocolos (PMID 41781681).

En el examen de 2025 (turno libre), pregunta 90, se pidió la afirmación FALSA sobre rehabilitación en miastenia gravis. La respuesta oficial fue la C: «el entrenamiento físico domiciliario supervisado no está recomendado». La dirección del tribunal coincide con la evidencia contemporánea: en MG estable, el ejercicio individualizado no debe prohibirse por sistema.

La prescripción debe respetar la fluctuación. Conviene ubicar las sesiones en el momento del día de mayor rendimiento y, cuando sea relevante, coordinar con el efecto del tratamiento sintomático. El entrenamiento aeróbico se inicia a intensidad tolerable, con pausas planificadas; el fortalecimiento evita series hasta el fallo y prioriza grandes grupos musculares. El entrenamiento de equilibrio se justifica si existe inestabilidad o desacondicionamiento, no porque la MG sea una enfermedad vestibular. En afectación respiratoria estable, el entrenamiento inspiratorio puede considerarse dentro de un programa supervisado; si hay debilidad respiratoria grave o hipoventilación, primero se trata el problema ventilatorio.

8. MIOPATÍAS: INFLAMATORIAS, METABÓLICAS, ENDOCRINAS Y TÓXICAS

8.1. Miopatías inflamatorias idiopáticas

Las miopatías inflamatorias idiopáticas (IIM) incluyen dermatomiositis, miopatía necrotizante inmunomediada, síndrome antisintetasa con afectación muscular variable, miopatía por cuerpos de inclusión y otros fenotipos. El término «polimiositis» se utiliza hoy con más cautela porque muchos casos que antiguamente recibían esa etiqueta se reclasifican al aplicar criterios modernos y anatomía patológica.

Los criterios EULAR/ACR de 2017 asignan una probabilidad de IIM a partir de variables clínicas, analíticas y, cuando se dispone, de biopsia. El umbral recomendado para «IIM probable» es una probabilidad mínima del 55%, y «IIM definida» corresponde a una probabilidad de al menos 90% (EULAR/ACR 2017, PMID 29079590 y 29177080). Son criterios de clasificación; no sustituyen el juicio diagnóstico individual.

La dermatomiositis añade manifestaciones cutáneas típicas; la miopatía necrotizante puede causar debilidad intensa y CK elevada; la miopatía por cuerpos de inclusión suele afectar de forma característica flexores profundos de los dedos y cuádriceps, con curso crónico y respuesta limitada a inmunoterapia. La disfagia es especialmente relevante en algunos subtipos y puede condicionar el pronóstico más que la fuerza de miembros.

8.2. Ejercicio en miopatía inflamatoria

El reposo prolongado ya no es el tratamiento rehabilitador de elección. Una revisión sistemática publicada en 2021 concluyó que el ejercicio puede mejorar fuerza, capacidad aeróbica, función y calidad de vida en IIM, aunque los estudios son heterogéneos y la prescripción debe adaptarse a actividad de enfermedad y comorbilidad (PMID 33511721). En enfermedad activa grave se prioriza estabilización médica y movilidad segura; una vez controlada, el ejercicio progresivo combate la atrofia por desuso y por glucocorticoides.

8.3. Miopatías metabólicas y mitocondriales

Las miopatías metabólicas pueden manifestarse como intolerancia al ejercicio, calambres, episodios de rabdomiólisis o debilidad fija. El patrón del desencadenante aporta pistas: esfuerzos breves e intensos, ejercicio prolongado, ayuno, infección o determinados fármacos. Las enfermedades mitocondriales pueden asociar intolerancia al ejercicio y afectación multisistémica. En estos pacientes, prescribir «más intensidad para ganar resistencia» sin conocer el mecanismo puede aumentar síntomas y riesgo. El programa debe coordinarse con la unidad neuromuscular/metabólica y centrarse en ejercicio aeróbico submáximo seguro, educación sobre desencadenantes y reconocimiento precoz de rabdomiólisis.

8.4. Miopatías endocrinas y tóxicas

Hipotiroidismo, hipertiroidismo, hipercortisolismo y otras endocrinopatías pueden producir debilidad muscular. Los glucocorticoides crónicos pueden causar miopatía esteroidea proximal; determinados hipolipemiantes y otros fármacos pueden asociarse a cuadros musculares que van desde mialgias hasta miopatía necrotizante inmunomediada. La clave rehabilitadora es no etiquetar como «desacondicionamiento» una debilidad iatrogénica o endocrina tratable.

Fenotipo Dato orientador Error frecuente
Inflamatoria Debilidad subaguda, CK/anticuerpos/RM según subtipo Reposo prolongado tras controlar actividad
Metabólica Intolerancia al esfuerzo o rabdomiólisis ligada a desencadenantes Prescribir intensidad alta sin diagnóstico
Endocrina Debilidad proximal con contexto hormonal Tratar solo con fortalecimiento
Tóxica/farmacológica Relación temporal con exposición No revisar medicación
Cuerpos de inclusión Cuádriceps + flexores de dedos, curso crónico Esperar respuesta similar a otras IIM

9. EVALUACIÓN FUNCIONAL: QUÉ MEDIR Y CON QUÉ INSTRUMENTOS

La evaluación debe ser multidimensional, repetible y sensible al cambio relevante. No basta con MRC. Un paciente puede mantener un balance 4/5 y, sin embargo, necesitar el doble de tiempo para levantarse, dejar de subir escaleras o reducir drásticamente su participación. La selección de escalas depende de la enfermedad, fase y objetivo terapéutico.

9.1. Fuerza y función motora

La escala Medical Research Council (MRC) gradúa fuerza de 0 a 5 y sigue siendo útil para exploración clínica, pero tiene efecto techo, depende del examinador y discrimina mal cambios pequeños. La dinamometría manual o instrumentada añade cuantificación cuando está disponible. En DMD, la NSAA y las pruebas cronometradas —levantarse del suelo, carrera/marcha, escalones— permiten seguir la fase ambulatoria. En enfermedades neuromusculares diversas, la Motor Function Measure (MFM) puede aportar una visión global de transferencias, función axial, proximal y distal.

En la convocatoria APES 2023, pregunta 18, el SAS preguntó por la escala del Medical Research Council como herramienta de medida de la fuerza muscular y dio como correcta la A: «mide la fuerza estática del músculo contra una resistencia». La perla útil es que MRC es una escala clínica ordinal; no la trates como si fuera un dinamómetro objetivo.

9.2. Marcha y resistencia

La prueba de marcha de 6 minutos es útil en determinados pacientes ambulantes, pero no debe aplicarse de manera automática a fenotipos con alta fatigabilidad sin protocolización. La velocidad de marcha en distancia corta, el Timed Up and Go y las pruebas de escalones pueden ser más funcionales en otros contextos. Hay que registrar uso de ortesis y ayudas, porque comparar una prueba «con AFO» en una visita y «sin AFO» en otra invalida la interpretación.

9.3. Escalas específicas

Enfermedad Instrumentos útiles Qué aportan
CMT CMTNS/CMTES, medidas de marcha y equilibrio Gravedad neuropática + impacto funcional
DMD NSAA, pruebas cronometradas, Brooke/función de miembro superior, PUL Trayectoria ambulatoria y de miembro superior
MG MG-ADL, QMG, MG-QoL Actividad, gravedad y percepción del paciente
IIM MMT, HAQ y core set de miositis según contexto Fuerza, función y respuesta global
NMD heterogéneas MFM, 6MWT, dinamometría, escalas de AVD Comparación longitudinal orientada a función

En MG, el MG-ADL contiene ocho dominios de actividad cotidiana y la puntuación total se utiliza para seguimiento de carga sintomática; el QMG añade exploración objetiva. La guía de 2023 y el consenso europeo de 2024 recomiendan seguimiento periódico con escalas clínicas junto a autopercepción, porque la fluctuación puede hacer que una fotografía puntual de fuerza infravalore la enfermedad (PMID 38152089; PMID 38523419).

9.4. Respiración, deglución, dolor y fatiga

La capacidad vital forzada, idealmente interpretada también en relación con postura y síntomas cuando procede, las presiones respiratorias máximas y la eficacia de la tos forman parte de la evaluación de enfermedades con debilidad respiratoria. La deglución se explora clínicamente y se estudia instrumentalmente si hay sospecha de aspiración o alteración relevante. Dolor, fatiga y sueño deben medirse porque pueden limitar actividad más que la fuerza. En distrofia miotónica, por ejemplo, la somnolencia puede ser un determinante funcional principal.

9.5. CIF y objetivos

Cada evaluación debe terminar con objetivos. «Mejorar fuerza de tibial anterior» es un objetivo de función corporal; «reducir tropiezos al desplazarse al trabajo» es de actividad/participación y suele ser más relevante. La intervención ideal vincula ambos: AFO + entrenamiento de marcha + adaptación del entorno + estrategia de ejercicio. En una enfermedad progresiva, mantener una función o retrasar la necesidad de ayuda puede ser un resultado terapéutico excelente.

10. RESPIRACIÓN, DEGLUCIÓN, CORAZÓN, HUESO Y DEFORMIDAD: LA DISCAPACIDAD NO ES SOLO FUERZA

10.1. Respiración

La debilidad de músculos inspiratorios y espiratorios puede aparecer en distrofias, miopatías y MG. El paciente puede no referir disnea intensa porque adapta su nivel de actividad. Por eso hay que preguntar por ortopnea, sueño no reparador, cefalea matutina, somnolencia, infecciones respiratorias y dificultad para expulsar secreciones. La evaluación respiratoria y el soporte ventilatorio deben coordinarse con Neumología y la unidad neuromuscular. En DMD, las Care Considerations de 2018 integran de manera explícita vigilancia respiratoria y soporte no invasivo con el resto del programa multidisciplinar (PMID 29395990).

La tos ineficaz no se resuelve simplemente con «ejercicios respiratorios». Las técnicas de asistencia a la tos, insuflación-exuflación mecánica y ventilación no invasiva se indican según evaluación fisiológica y clínica. El entrenamiento de musculatura inspiratoria puede ser útil en algunos pacientes estables —la evidencia en MG ha crecido—, pero no debe sustituir el soporte ventilatorio cuando existe hipoventilación.

10.2. Deglución y nutrición

La disfagia puede aparecer en MG, distrofia miotónica, FSHD avanzada, IIM y otras enfermedades. Tos con ingesta, voz húmeda, comidas prolongadas, pérdida ponderal o infecciones respiratorias obligan a evaluación. Las estrategias incluyen adaptación de volumen/viscosidad cuando está indicada, posturas, maniobras específicas si el paciente puede realizarlas, higiene oral y soporte nutricional. En enfermedades progresivas, la decisión sobre gastrostomía se toma por seguridad y suficiencia nutricional, no como «fracaso de la rehabilitación».

10.3. Corazón

DMD/BMD, distrofias miotónicas, Emery-Dreifuss y algunas LGMD pueden asociar miocardiopatía o trastornos de conducción. Antes de aumentar carga aeróbica es esencial conocer el fenotipo cardiaco. En DMD, la cardiología forma parte del estándar de atención; en distrofia miotónica, la vigilancia de conducción es especialmente relevante. Un paciente con fuerza suficiente para hacer bicicleta puede no ser cardiológicamente apto para una progresión convencional de intensidad.

10.4. Hueso y fracturas

La inmovilidad, la debilidad y el uso prolongado de glucocorticoides incrementan el riesgo de baja salud ósea en DMD y otras enfermedades. Una fractura puede precipitar pérdida de marcha irreversible. La prevención incluye carga segura cuando sea posible, vitamina D y calcio según situación clínica, evaluación endocrinológica/ósea y movilización precoz tras fractura dentro de criterios de estabilidad. En pacientes no ambulantes, el manejo de transferencias y dispositivos de elevación también es prevención de fracturas.

10.5. Deformidad y piel

Pie cavo en CMT, contracturas de Aquiles y rodilla en distrofias, escoliosis neuromuscular y deformidades de mano pueden limitar más que la debilidad aislada. El manejo combina estiramientos, posicionamiento, ortesis, sedestación y cirugía ortopédica seleccionada. La piel debe revisarse de forma sistemática cuando se prescriben AFO, corsés o sedestación prolongada. En neuropatía sensitiva, el riesgo de lesión por presión aumenta porque el dolor protector puede estar disminuido.

Antes de intensificar ejercicio: descarta descompensación cardiaca, hipoventilación, infección respiratoria, crisis miasténica, rabdomiólisis, miopatía inflamatoria activa grave y fractura. La seguridad sistémica manda sobre cualquier objetivo de fuerza.

11. PROGRAMA REHABILITADOR TRANSVERSAL

Un programa de Rehabilitación en enfermedad neuromuscular debe ser anticipatorio, longitudinal e interdisciplinar. No se limita a «fisioterapia dos veces por semana». Empieza por identificar el principal riesgo de pérdida funcional y construir un plan que combine ejercicio, prevención de deformidad, tecnología, educación, soporte respiratorio, manejo del dolor y participación.

11.1. Objetivos por fase

Situación funcional Objetivo dominante Intervenciones
Ambulante estable Evitar desacondicionamiento y prevenir contracturas Actividad aeróbica, fuerza submáxima, estiramiento, ortesis si precisa
Ambulante con caídas/fatiga Preservar movilidad útil y seguridad AFO/ayudas, equilibrio, ahorro energético, adaptación de distancias
Transición a no ambulante Evitar pérdida abrupta de participación Silla eléctrica precoz, transferencias, sedestación, función de MS
No ambulante Confort, independencia de MS, respiración y prevención de complicaciones Tecnología, posicionamiento, movilidad asistida, soporte respiratorio
Enfermedad fluctuante (MG) Adaptar carga a actividad y síntomas Ejercicio fraccionado, descansos, educación y control de red flags

11.2. Prevención de contracturas

El estiramiento aislado no corrige una enfermedad genética, pero puede retrasar la pérdida de rango cuando forma parte de un plan de posicionamiento y actividad. Debe centrarse en grupos con tendencia real a acortarse, con técnica lenta y sin dolor. El estiramiento agresivo sobre músculo débil o tejido ya doloroso no aporta ventaja. En DMD, el control del complejo aquíleo, flexores de rodilla y cadera y, en fases posteriores, miembros superiores forma parte del cuidado rehabilitador (DMD Care Considerations 2018; PMID 29395989).

11.3. Energía y fatiga

Conservar energía no significa promover sedentarismo. Significa reservar capacidad para actividades significativas. Se planifican descansos, se alternan tareas pesadas y ligeras, se modifica la altura de superficies, se optimizan trayectos y se introducen ayudas antes de que el paciente abandone actividades. En CMT, una AFO puede reducir tropiezos y gasto; en MG, distribuir tareas según el momento de mayor rendimiento puede ser más eficaz que «entrenar la resistencia» de forma indiscriminada.

11.4. Terapia ocupacional y miembro superior

La terapia ocupacional analiza autocuidado, estudio, trabajo, escritura, manipulación, acceso digital, transferencias y conducción. En DMD no ambulante, la función de manos y brazos se convierte en un determinante central de independencia. En CMT con afectación de mano, adaptar utensilios, teclados o herramientas puede evitar sobreuso y preservar trabajo. Las ayudas se prescriben cuando aumentan función, no por el mero hecho de existir una discapacidad.

11.5. Dolor

El dolor en enfermedad neuromuscular puede ser mecánico, neuropático, por contractura, sobreuso, mala sedestación o complicación ortésica. Tratar todo dolor con analgésicos sin revisar biomecánica pierde oportunidades terapéuticas. También al contrario: atribuirlo todo a postura puede ocultar neuropatía dolorosa, fractura o proceso inflamatorio. El abordaje es causal y multimodal.

11.6. Educación y autogestión

El paciente y la familia deben reconocer señales de descompensación respiratoria, problemas de deglución, daño cutáneo por ortesis, efectos del desacondicionamiento y criterios para reducir temporalmente ejercicio. En enfermedades progresivas, la planificación anticipada de silla, grúa o adaptaciones evita que la tecnología llegue después de la pérdida de función. El objetivo es mantener autonomía decisional y participación.

Una revisión sistemática de rehabilitación en enfermedades neuromusculares publicada en 2024 encontró evidencia limitada pero favorable para intervenciones dirigidas a actividad y participación, especialmente ejercicio aeróbico de intensidad ligera-moderada en enfermedades de progresión lenta; la heterogeneidad de patologías y muestras pequeñas obliga a individualizar (PMID 38395419). Esto encaja con la práctica: no existe una receta universal de ejercicio neuromuscular.

12. PRESCRIPCIÓN DE EJERCICIO POR FENOTIPO Y FASE EVOLUTIVA

El error histórico fue oscilar entre dos extremos: prohibir ejercicio por miedo a la «debilidad por sobreuso» o aplicar programas de población sana ignorando la enfermedad. La evidencia contemporánea favorece una posición intermedia: el ejercicio es, en general, seguro y potencialmente beneficioso en muchas enfermedades neuromusculares cuando se prescribe de forma individualizada, con intensidad submáxima y monitorización. Un metaanálisis de 2020 con múltiples NMD no encontró eventos adversos graves relacionados con entrenamiento ni incremento significativo de CK, aunque la heterogeneidad limita la extrapolación entre enfermedades (PMID 32671231).

12.1. Principios FITT adaptados

Frecuencia: suficiente para generar adaptación, pero con recuperación entre sesiones. Intensidad: ligera-moderada o submáxima en la mayoría de fenotipos; se evita el fallo muscular. Tiempo: puede fraccionarse en intervalos si hay fatiga. Tipo: aeróbico, fuerza, movilidad y equilibrio según déficit. La progresión se basa en tolerancia y función del día siguiente, no solo en la sensación durante la sesión.

12.2. Neuropatía hereditaria

En CMT se trabaja capacidad aeróbica, fuerza de músculos preservados, equilibrio y tarea funcional. La debilidad distal avanzada no responde a resistencias crecientes si apenas hay capacidad contráctil; allí el rendimiento mejora más con ortesis, calzado, estrategia de marcha y compensación. El objetivo del fortalecimiento no es vencer la denervación, sino optimizar unidades motoras conservadas y reducir desacondicionamiento.

12.3. Distrofias

En distrofias de progresión lenta puede utilizarse ejercicio aeróbico y fuerza submáxima. En DMD se evita el ejercicio excéntrico intenso, las cargas de alta resistencia y el entrenamiento hasta el agotamiento; se favorecen actividades de bajo impacto y movimiento activo dentro de la capacidad del paciente. En FSHD, la guía AAN de 2015 considera razonable recomendar ejercicio aeróbico de baja intensidad (PMID 26215877). En cualquier distrofia, el estado cardiaco y respiratorio puede limitar antes que el músculo esquelético.

12.4. Miastenia gravis

La MG estable admite entrenamiento aeróbico y de fuerza individualizado. Se prefieren sesiones en momentos de mejor rendimiento, calentamiento suficiente, pausas y monitorización de síntomas bulbares o respiratorios. La evidencia de 2026 apoya seguridad y mejoras funcionales, pero aún no permite imponer un único protocolo de intensidad y volumen (PMID 42072999). La fluctuación exige flexibilidad: la carga prescrita puede necesitar reducción temporal sin que eso signifique abandonar el programa.

12.5. Miopatía inflamatoria

Una vez controlada la actividad aguda, el ejercicio ayuda a recuperar fuerza y capacidad aeróbica y a reducir el daño por inactividad y corticoides. En fase muy activa, el objetivo inicial puede ser movilidad, prevención de contracturas y función básica con baja carga. El aumento progresivo se coordina con marcadores clínicos y de enfermedad; el dolor intenso o el deterioro rápido obligan a reevaluar.

Regla práctica: si un programa produce pérdida mantenida de fuerza, dolor muscular desproporcionado, fatiga que empeora las AVD o recuperación anormalmente prolongada, la respuesta no es «insistir para que se adapte». Revisa intensidad, diagnóstico, actividad de enfermedad, nutrición, sueño, respiración y corazón.

12.6. Entrenamiento respiratorio

El entrenamiento inspiratorio tiene evidencia variable según enfermedad. En MG estable puede mejorar parámetros respiratorios en algunos estudios; en otras NMD su utilidad depende del grado de debilidad y del objetivo. No debe utilizarse como sustituto de ventilación no invasiva en hipoventilación ni imponerse en pacientes con reserva respiratoria muy reducida sin supervisión especializada.

12.7. Balance beneficio-riesgo

El beneficio del ejercicio no se mide solo en Newtons o vatios. Mejorar tolerancia a caminar, transferencias, sueño, estado de ánimo y participación puede justificar el programa aunque la enfermedad siga progresando. El riesgo se minimiza con selección del tipo de contracción, carga submáxima, descanso, hidratación, prevención de caídas y vigilancia sistémica. El rehabilitador prescribe actividad útil, no sufrimiento muscular.

13. ORTESIS, AYUDAS TÉCNICAS, TECNOLOGÍA Y PARTICIPACIÓN

13.1. Ortesis de miembro inferior

Las AFO son especialmente útiles en neuropatías con foot drop, inestabilidad o deformidad flexible y en algunas miopatías con debilidad distal. La elección debe considerar rango pasivo, fuerza de flexores plantares y dorsiflexores, control de rodilla, velocidad de marcha, calzado y tolerancia cutánea. En CMT, una ortesis puede reducir tropiezos y mejorar eficiencia, pero requiere revisión periódica porque la deformidad progresa y la sensibilidad puede estar reducida.

En DMD, las ortesis nocturnas de tobillo pueden utilizarse para ayudar a mantener longitud muscular y rango en pacientes seleccionados. No deben impedir sueño ni producir presión. La ortesis no sustituye el posicionamiento ni los estiramientos; es una pieza de un programa preventivo.

13.2. Silla de ruedas y movilidad eléctrica

Introducir una silla eléctrica no significa «rendirse». En enfermedad progresiva puede preservar participación antes de que la marcha se vuelva extremadamente costosa. La prescripción debe anticiparse para que el paciente aprenda a usarla mientras conserva capacidad y para adaptar domicilio, transporte, estudio o trabajo. En DMD y otras distrofias, la silla eléctrica con basculación, reclinación y elevación puede facilitar cambios posturales, alcance, interacción social y transferencias.

13.3. Transferencias y grúas

Cuando las transferencias manuales exigen esfuerzo excesivo o ponen en riesgo a paciente y cuidador, se introducen tablas, discos, ayudas de transferencia o grúas. Esperar a una caída o fractura para prescribirlas es mala rehabilitación. La técnica se entrena con paciente y cuidadores y se reevalúa ante cambios de fuerza o peso.

13.4. Tecnología de acceso

Soportes de antebrazo, brazos robóticos, control ambiental, acceso por voz, conmutadores, ratones adaptados y domótica pueden prolongar independencia en enfermedades con pérdida de fuerza de miembros superiores. La elección depende de la función residual y del entorno. En DMD adulta, la tecnología es parte central de la transición a independencia; en CMT con mano débil, adaptaciones simples de escritura o teclado pueden ser suficientes.

13.5. Trabajo, estudios y conducción

El análisis de participación debe ser explícito. La fatiga, la dificultad de desplazamiento, la necesidad de pausas o la pérdida de manipulación pueden resolverse parcialmente con teletrabajo, adaptación ergonómica, productos de apoyo o reorganización de tareas. En MG con diplopía fluctuante, la seguridad para conducir debe valorarse clínicamente; en neuropatía con pérdida propioceptiva, el control de pedales puede requerir adaptación. La discapacidad no se reduce a un porcentaje: se concreta en tareas y contexto.

La ayuda técnica correcta se prescribe antes de que la pérdida funcional obligue a abandonar una actividad. El objetivo no es demostrar dependencia, sino evitarla.

14. ALGORITMOS DE SEGUIMIENTO, PERLAS DE EXAMEN Y VIGENCIA DE FUENTES

14.1. Algoritmo ante debilidad neuromuscular

1. ¿Hay déficit sensitivo? Sí → prioriza neuropatía. No → músculo/unión neuromuscular.
2. ¿Hay fluctuación y fatigabilidad ocular/bulbar? Sí → estudia unión neuromuscular.
3. ¿Predomina debilidad proximal con CK elevada o patrón miopático? → estudia miopatía/distrofia.
4. ¿Hay historia familiar o fenotipo selectivo? → integra genética precozmente.
5. ¿Hay afectación respiratoria, cardiaca o deglutoria? → prioridad de seguridad antes del ejercicio.
6. ¿Qué limita la vida real? → define objetivo CIF y selecciona ejercicio, ortesis, tecnología y soporte.

14.2. Pronóstico funcional: cómo expresarlo bien

El pronóstico no debe formularse como una fecha rígida («perderá la marcha a tal edad») salvo que una fuente contemporánea y el fenotipo concreto lo justifiquen. En CMT se informa de progresión generalmente lenta con gran variabilidad individual. En DMD se utilizan trayectorias de función ambulatoria, de miembro superior, respiratoria y cardiaca. En FSHD y LGMD el subtipo molecular condiciona la velocidad y los órganos de riesgo. En MG, el pronóstico depende de control de enfermedad y respuesta al tratamiento, y muchos pacientes pueden mantener alta independencia con manejo adecuado. En IIM el pronóstico varía con subtipo, actividad, daño acumulado, afectación pulmonar y disfagia.

Para Rehabilitación, un pronóstico funcional útil responde a cuatro cuestiones: qué función está amenazada, en qué horizonte clínico razonable, qué marcadores anuncian cambio y qué intervención puede preservar participación. Así se justifica anticipar una AFO, una silla eléctrica, una evaluación respiratoria o una adaptación laboral.

14.3. Perlas oficiales SAS del tema

  • 2021 P60: DMD como distrofia muscular más frecuente; correcta C.
  • 2018 P81: en escoliosis y enfermedades neuromusculares, se relaciona su gravedad con deterioro respiratorio; correcta B.
  • APES 2023 P57: pregunta de afirmación falsa sobre DMD; correcta A; una opción verdadera identifica el signo de Gowers con debilidad de cintura pélvica.
  • APES 2023 P18: MRC como escala clínica de fuerza contra resistencia; correcta A.
  • 2025 P90: es falsa la afirmación de que el entrenamiento domiciliario supervisado no está recomendado en MG; correcta C.
  • 2025 P153: dermatomiositis no pertenece al grupo de miopatías hereditarias; correcta C.
Patrón del tribunal: alterna reconocimiento clínico clásico (Gowers, DMD) con cambios de enfoque rehabilitador (ejercicio en MG) y clasificación etiológica (dermatomiositis adquirida). Estudia el mecanismo, no solo la frase.

14.4. Errores que hacen perder preguntas

  • Confundir fatigabilidad con debilidad fija: la primera orienta a unión neuromuscular.
  • Interpretar CK como diagnóstico: es un biomarcador, no una etiqueta etiológica.
  • Pedir biopsia antes que genética en una distrofinopatía típica: el algoritmo actual prioriza confirmación molecular.
  • Prohibir ejercicio en todas las NMD: la evidencia no sostiene esa prohibición global.
  • Entrenar hasta el fallo una distrofia: el objetivo es preservar función, no maximizar hipertrofia.
  • Olvidar corazón, respiración y deglución: pueden determinar el pronóstico más que la fuerza periférica.
  • Prescribir una ayuda demasiado tarde: la tecnología debe anticipar la pérdida de participación.

14.5. Vigencia de fuentes utilizadas

Fuente Año Uso en este tema Revisión prioritaria
OMS, Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) 2001 Marco de función, actividad y participación Estable
Guía práctica española de diagnóstico y manejo de CMT, Sociedad Española de Neurología; PMID 38431252 2024/2025 Diagnóstico, genética, seguimiento y rehabilitación CMT Alta prioridad si aparece terapia modificadora
DMD Care Considerations, Lancet Neurology; PMID 29395989, 29395990, 29398641 2018 Diagnóstico, rehabilitación, respiratorio, cardiaco, ortopedia y transición Revisar por terapias moleculares y estándares adultos
Adult North Star Network DMD; PMID 34511509 2021 Atención del adulto con DMD Media-alta
Guideline allied health DMD; PMID 34165385 2021 Rehabilitación y cuidados aliados Media
AAN/AANEM FSHD guideline; PMID 26215877 2015 Diagnóstico y ejercicio FSHD Alta: guía antigua, aunque aún de referencia
Consensus care DM1; PMID 30588381 / DM2; PMID 31583190 2018/2019 Manejo multisistémico de distrofia miotónica Media-alta
International Consensus Guidance MG 2020 Update; PMID 33144515 2020/2021 Tratamiento MG Alta por nuevos biológicos
Guideline for management of myasthenic syndromes; PMID 38152089 2023 Actividad, clasificación y tratamiento contemporáneo MG Alta
Consenso europeo de evaluación gMG; PMID 38523419 2024 Escalas y seguimiento Media
Systematic review exercise in MG; PMID 42072999 2026 Seguridad y eficacia potencial del ejercicio Baja a corto plazo
EULAR/ACR IIM classification; PMID 29079590/29177080 2017 Clasificación de miopatías inflamatorias Media
Systematic review exercise in IIM; PMID 33511721 2021 Ejercicio en miopatía inflamatoria Media
Systematic review NMD rehabilitation; PMID 38395419 2024 Actividad/participación y evidencia rehabilitadora Media
Exercise meta-analysis in NMD; PMID 32671231 2020 Seguridad y resultados de ejercicio en NMD Media
Actualización 2026: el bloque que antes envejece es el farmacológico de DMD y MG. La parte rehabilitadora es más estable: evaluación funcional longitudinal, actividad individualizada, prevención de contracturas, soporte cardiorrespiratorio y tecnológico, y objetivos centrados en participación.

14.6. Resumen de alta rentabilidad

Para resolver este tema en un test, empieza por el patrón. CMT: neuropatía hereditaria, distal, arreflexia y deformidad del pie; diagnóstico clínico-neurofisiológico-genético y rehabilitación precoz con ejercicio individualizado y ortesis. DMD/BMD: distrofinopatías ligadas al X, debilidad proximal y riesgo multisistémico; el signo de Gowers es una pista, la genética confirma, y el programa busca preservar función, rango, respiración y participación. FSHD: cara-escápula-húmero; ejercicio aeróbico de baja intensidad razonable. Miastenia: fluctuante, fatigable, ocular/bulbar, sensibilidad normal; el ejercicio estable y dosificado no está prohibido. Miopatías inflamatorias: adquiridas, clasificación EULAR/ACR, tratamiento médico más ejercicio progresivo cuando la actividad está controlada. Y en todas ellas, la CIF recuerda que el objetivo no es solo una fibra muscular más fuerte: es una persona que conserve actividades y participación el mayor tiempo posible.

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Elaborado por Esteban Castro Palomo. Actualizado el septiembre 9, 2026.